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Rastro de sangre: en busca del abuelo César Armestar
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bdswebmaster | 31-05-2017 | 08:02| 0
colegiocesararmestar

 

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Texto: Giancarlo Andaluz / Fernando Gamero

Nunca he sentido la necesidad de hablar de mi pasado, pero desde hace algún tiempo, me viene acechando la necesidad de hacerlo. Mi nombre es Jorge Armestar y soy un ciudadano peruano radicado desde hace 13 años en España, más concretamente, en la comunidad autónoma de Extremadura.

De pequeño viví en mi querido y añorado barrio de Barranco; el corazón cultural y bohemio de la ciudad de Lima y por qué no decirlo, de todo el Perú. En Barranco disfruté de una infancia sencilla y placentera, mis días giraban sin mayores contratiempos en torno a mi hogar, a mis amigos y al colegio. Con el tiempo las cosas fueron cambiando, pero lo que nunca cambió fue el tener a mi madre cerca de mí, quien durante todo el tiempo que viví en el Perú, siempre estuvo a mi lado como una silenciosa vigilante que cuidaba de mis pasos.

Los recuerdos que tengo de mi padre son pocos, por decir lo menos, y se parecen mucho a la entrecortada lluvia que cae sobre Lima; algunas veces tan escasos que apenas logran mojarme, y otras veces violentos y categóricos, capaces de empaparme el alma. Pero con el pasar del tiempo, y como toda lluvia, aquellas evocaciones se convirtieron en un murmullo apenas perceptible, casi sordo, de recuerdos desordenados que finalmente terminaron perdiéndose en los recodos de mi memoria.

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Nunca supe dónde nació mi padre, pero tengo grabada la fecha exacta de su muerte; un 26 octubre del año 2014, dos días después de mi cumpleaños número 31. Su muerte cortó de un tajo el vínculo que mantenía con mi familia paterna, con la que apenas si había tenido contacto en toda mi vida. Esta separación con la otra mitad de mi árbol genealógico, me produjo un gran vacío, vacío que me llevó a perderme durante varios días rememorando los escasos recuerdos que tenía de él. Y de todos ellos, llegó a mi cabeza el recuerdo de una lejana conversación que sostuvimos alguna vez:

 

  • No puedes permitirte vivir una vida mediocre. Tu abuelo César fue una persona honorable y respetada que obró de manera ejemplar toda su vida, hasta tal punto, que una calle de Lima lleva su nombre.

 

Después de recordar aquella charla con papá, y movido por sus palabras, me dispuse a buscar en el Google Maps la calle César Armestar, aunque debo aceptar que con algo de incredulidad. Para mi sorpresa, y luego de peinar el mapa de Lima, allí estaba la calle, como una evidencia de una historia ignorada por mí. Demás está decir que nunca conocí a mi abuelo. ¿Quién fue? ¿Qué hizo exactamente? Esas preguntas desencadenaron muchas otras más en mi cabeza, las que quise llenar con respuestas sacadas de los lejanos recuerdos de mi infancia. Sentí la necesidad de saber de él, de llenar los vacíos dispersos por todo mi pasado, y al ver su nombre en el mapa, comprendí que había una historia desconocida por mí que necesitaba descubrir.

Algunos años después de ese descubrimiento, en los que había acumulado cientos de preguntas sin respuestas, decidí viajar al Perú. Necesitaba encontrar algún indicio de su existencia. Fue así que me dediqué a tiempo completo a encontrar el rastro dejado por mi abuelo, y gracias a mi perseverancia, pude dar con él. Tras las averiguaciones previas, constaté que no solo una calle de Lima llevaba su nombre, sino también un colegio en su tierra natal. Entonces emprendí un nuevo viaje, esta vez al norte del Perú, al departamento de La Libertad, que era donde se encontraba Simbal, el pueblo natal de mi abuelo.

La costa peruana venía siendo golpeada por un fenómeno climatológico de grandes proporciones, por lo que me fue difícil llegar al pueblo de Simbal. Pero cuando al fin llegué, luego de atravesar lodazales y carreteras inundadas por la crecida del río Moche, lo primero que hice fue visitar el colegio que llevaba su nombre.

Una sensación extraña invadió mi cuerpo a medida que me acercaba al colegio, y cuando vi su imagen pintada en la pared exterior, no tuve duda alguna que se trataba de él, de mi abuelo César. Superada la primera impresión, el director del colegio me recibió amablemente, y al preguntarle por mi abuelo, éste apenas tenía algunos datos sobre él. Entre las cosas que me dijo, hubo un dato que me dejó boquiabierto; mi abuelo había llegado a ser Senador del Perú. Después de la reunión con el director, llamé al Museo del Congreso de la República para averiguar más sobre este nuevo dato, pero el encargado quedó en devolverme la llamada apenas tuviera algo para mí. Con este nuevo impulso, regresé a la capital, siguiendo el rastro dejado por mi abuelo.

muralcesasarmestar

En Lima contacté con mi primo Miguel Ángel Armestar, el único familiar paterno con el que mantenía algún contacto. Gracias a él pude acceder a muchos de los datos que buscaba: fotos, recortes de periódicos, historias familiares, en fin. Mientras revisábamos los papeles, me contó que una vez hace mucho tiempo, mi padre llamó por teléfono a su padre, y quedaron en ir juntos al cementerio El Ángel a ponerle flores a nuestro abuelo. Pero por esas cosas del destino, minutos antes de cumplir con la visita pactada, mi tío Fernando falleció a causa de un infarto fulminante. Aquellas flores nunca llegaron al cementerio. Entonces le propuse a mi primo cumplir el propósito de aquel día de nuestros padres, y fue así que juntos fuimos a buscar la tumba del abuelo César.

Gracias a los datos que nos dieron en la Beneficencia de Lima, no nos tomó mucho tiempo dar con su tumba, y cuando la encontramos, dejamos un ramo de flores bajo su lápida. De pie frente a su tumba, nos invadió el silencio. Mi primo y yo nos abrazamos, conscientes de que habíamos cumplido el deseo inconcluso de nuestros padres. Tras el abrazo, mi primo me entregó un documento. “Creo que es mejor que lo tengas tú”, me dijo. Al revisar el folio descubrí que en mis manos tenía la tesis con la que nuestro abuelo se había licenciado en la Universidad de Burdeos: “Tuberculose Pulmonaire et grossesse”. Era sencillamente increíble. Esa fue la primera vez que tocaba algo que le había pertenecido a mi abuelo.

Con aquel pedazo de la historia en mis manos, nos sentamos en una de las bancas de la entrada del cementerio. Recuerdo que hacía mucho calor. Nuestra conversación fue interrumpida por una inesperada llamada; se trataba del jefe del museo del Congreso, el señor Fernando Ayllón, quien tenía algunos datos de mi abuelo. Luego de colgar la llamada, fuimos presurosos a su oficina. El señor Ayllón nos recibió en la oficina. Se trataba de una persona correcta, educada, un caballero con todas sus letras. Nos facilitó algunos datos biográficos de nuestro abuelo, además del nombre del contacto que nos podría ayudar con el documento que firmó cuando juramentó como Senador de la República.

Al día siguiente regresé nuevamente al Congreso, pero esta vez fui solo. Tuve que esperar algunos minutos a que el encargado regresara del archivo central con el documento. El funcionario me permitió sacarle algunas fotografías al documento oficial, y mientras apretaba el disparador, sentí que una página inconclusa de mi pasado se terminaba de llenar.

Después de varios días entregado a la labor de descubrir la historia de mi abuelo, había llegado el momento de regresar a España. En el aeropuerto, esperando mi vuelo de retorno, me llegó un mensaje de un vecino de Simbal, en el que me comentaba -entre otras cosas- que él también había buscado datos de mi abuelo por su cuenta. Fue así que descubrió que mi abuelo tenía conocimientos de relojería, y que era el único que sabía controlar el enorme reloj que se encuentra en la plaza del pueblo. Al leer el mensaje, automáticamente recordé que mi padre coleccionaba relojes, ¿será ésta una inesperada coincidencia?, –pensé–. Entonces me di cuenta que en la vida, como una compleja maquinaria, cada pieza, en algún momento, llega a encajar a la perfección.

Hablando de inesperadas coincidencias, siempre había pensado que mi padre solo tuvo dos familias, pero mi primo me habló de una tercera. Solo pudo decirme que el nombre de su mujer era Charito, de nacionalidad chilena, y que tuvo un hijo con ella. Haciendo cálculos, deduje que mi medio hermano tendría entre 38 y 40 años en la actualidad.

No me dio tiempo a indagar más sobre este nuevo dato, pero es una de las cosas que tengo pendientes por hacer. Mi prioridad de ahora en adelante será averiguar más acerca de mi abuelo César Armestar, el Senador, el que tiene una calle y un colegio con su nombre, el que se licenció de médico en Burdeos, el único que sabía controlar el reloj de la plaza del pueblo. También tenía proyectado ahondar más en la vida de mi padre, el coleccionista de relojes, el que me daba sabios consejos cada vez que nos veíamos, el hombre que tuvo tres familias. Vaya que la vida es impredecible.

Creo que nunca tuve la oportunidad de tener una conversación sincera con mi padre, pero no por eso voy a dejar de seguir cosiendo los retales perdidos de mi vida hasta descubrir su historia y la de mi abuelo. Ahora tengo claro que esa es la única manera de descubrir quién soy, por qué estoy aquí, y hacia dónde ir en un futuro que me espera agazapado e impaciente a la vuelta de la esquina.

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Una visita al muro que quiere ampliar Trump
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Jorge Armestar | 07-03-2017 | 19:35| 0
El muro está jalonado de cruces, una por cada persona que ha perdido la vida intentando cruzarlo.

El muro está jalonado de cruces, una por cada persona que ha perdido la vida intentando cruzarlo.

PINCHA AQUÍ PARA VER GALERÍA COMPLETA. Autor: Jorge Armestar (Todos los Derechos Reservados)

Una vez estuve en Tijuana. Estuve allí con la compañía de teatro E de Streno de Jesús Manchón, quien me contrató para que les hiciera un reportaje en la gira que hacían por ambos países. Antes de la función nos llevaron a ver la playa. Al llegar, vimos un muro enorme que dividía México de Estados Unidos, y que ahora Trump quiere ampliar.
Al verlo, me quedé sin palabras, sobrecogido, con la emoción similar a la que se vive en el velatorio de un ser querido… Al no saber qué hacer, empecé a tomar fotos. No pude atinar a hacer otra cosa.
De las paredes del muro pendían, como lágrimas blancas, miles de pequeñas cruces de madera. Junto a ellas, un graffiti que explicaba todo. Una señora nos explicó que las familias las colocaban en memoria de sus familiares muertos o desaparecidos al intentar cruzar la frontera. Algunas cruces estaban ordenadas, casi pulcras; otras, vencidas por el tiempo, amontonadas en el suelo, simplemente rendidas. Unas pocas, cabeza abajo, posiblemente renegando de un Dios demasiado ajeno a todo.
Mueren entre 300 y 500 personas al año. Este es el muro de los intentos. Simplemente impactante.

Una vez estuve en Tijuana. No sabía lo que duelen las fronteras. Sólo acerté a hacer un puñado de fotos. También estuve del otro lado. No había cruces.

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Un paseo por la comarca de Montánchez y Sierra Tamuja
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Jorge Armestar | 30-12-2016 | 17:47| 0
Un paseo por la comarca de Montánchez y Sierra Tamuja.

Un paseo por la comarca de Montánchez y Sierra Tamuja.

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Llevo casi tres meses trabajando sin parar, recorriendo cada uno de los 22 pueblos de la comarca de Montánchez y Sierra Tamuja por un encargo con fines turísticos que me ha hecho la Diputación de Cáceres. Los he pateado de lunes a domingo, prácticamente, y mi disco duro dice que llevo 19 000 fotografías metidas. Pero independientemente del cansancio, puedo decir que estoy feliz porque he ido a parar a una zona donde los vecinos me han acogido y tratado como a un hijo, sin conocerme de nada.

He terminado llamando a esta zona “La Comarca de la Amabilidad” porque cualquier persona a la que me dirigía estaba dispuesta a ayudarme, a llevarme a los sitios claves para que tomara buenas fotografías, a abrirme sus casas, a invitarme a probar sus vino, sus quesos o embutidos.

A mi amigo Rodian, que me acompañó una vez en la ruta, le regalaron la galga que andaba buscando, y a mi amigo Carlos le invitaron un cochinillo asado que hizo que se le saltaran las lágrimas de lo rico que estaba.

Fuera donde fuera, en cualquer pueblo siempre me han tratado como si fuese alguien de “toda la vida”, como si hubiese nacido ahí, o como si fuese el “hijo de alguien muy querido”, y eso de sentirse uno más, y vivir experiencias auténticas me encanta, y creo que es el espírtu del turismo de verdad.

El cazador.

El cazador.

Puedo contar muchas anécdotas, pero este post sería muy extenso. Recomiendo a todo el mundo que se pase por cualquier de los 22 municipios que componen esta comarca, que vayan sin prisa, y que se dejen llevar por el encanto de la Comarca de la Amabilidad:

Las fotos se corresponden con los pueblos por los que he pasado: Albalá, Alcuéscar, Aldea del Cano, Almoharín, Arroyomolinos, Benquerencia, Botija, Casas de Don Antonio, Montánchez, Plasenzuela, Ruanes, Salvatierra de los Santiago, Santa Ana, Santa Marta de Magasca, Sierra de Fuentes, Torre de Santa María, Torremocha, Torreorgaz, Torrequemada, Valdefuentes, Valdemorales y Zarza de Montánchez.

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10 Razones para no perderse Horteralia Summer Edition
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Jorge Armestar | 05-08-2016 | 19:13| 0

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Este sábado 6 de agosto se celebra en Matalascañas el festival Horteralia Summer Edition.

¿De qué se trata? pues de un concepto diferente. Aquí no tocan los Crystal Fighters, ni los Love of Lesbian ni ningún grupo de moda, es todo lo contrario, aquí se viene a reivindicar la música del guateque, los éxitos pasados de moda, la riñonera, las hombreras, y sobre todo, el sentido del humor.

 

Y ahora quiero a dar 10 razones para no perdérselo.

1º Es el festival mas divertido de España.

2º No existe el sentido del ridículo, el objetivo es reírse de uno mismo.

3º No paras de bailar y te conoces todos los temas.

4º Es en la playa y es donde ahora mismo mejor se está.

5º Como plato fuerte toca un histórico de la música hortera: Georgi Dann.

6º Es un festival para todas las edades.

7º No te tienes que preocupar por qué ponerte, el objetivo es ir hortera, mientras más feo y desconjuntado, mejor.

8º Hay un buen rollo impresionante, haces piña con cualquier grupo.

 

9º La risa está garantizada, ni te imaginas lo ingeniosos y divertidos que puede ser los horteraliers.

10º Es una iniciativa extremeña que se exporta, con lo cual, es necesario apoyarla.

 

 

 

 

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“Pescando fotos” en el Festival Off de Mérida
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Jorge Armestar | 28-07-2016 | 18:14| 0
Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

PARA VER GALERÍA DE FOTOS COMPLETA, PINCHA AQUÍ. (Todas las imágenes son de JORGE ARMESTAR)

 

Me encanta el mundo del teatro, y  mucho más desde que vivo en Mérida. Cubro su Festival  de Teatro Clásico  desde el año 2005,  y desde el 2011, la compañía Taptc Teatro también me tiene en cuenta como fotógrafo para las obras de la Programación en Off del Festival.

Como fotógrafo estoy presente en todas las representaciones del Off y tengo que decir que disfruto de las obras, intento captar las emociones de cada escena, fluir con ella y ser parte de todo. Para ello necesito estar muy concentrado.

En general, la fotografía me recuerda cuando mi papá me llevaba de pequeño a pescar al muelle. Esta tarea requería de mucha atención, elección de buena carnada, tamaño del anzuelo, grosor del hilo, peso del plomo, conocimiento de la zona de la zona en la que quería pescar, etc…

Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

Fotografiar en una representación de teatro es casi lo mismo: requiere conectarse con la obra, ver los rostros de los actores, con el teleobjetivo observo su respiración, escucho el texto, elijo la medición que me permita capturar la escena y hago click. Intento pescar buenas fotos.

La primera obra del Festival en Off que cubrí fue “Las Tesmoforias“, en el año 2011. Fotografié esa obra de manera voluntaria, porque quise, y porque en el fondo quería ligar. Ahí actuaba María, mi pareja actual, y quería sorprenderla… Así que fui con la cámara a hacer un reportaje.  Publiqué las fotos en facebook, y tuvieron éxito, las compartió mucha gente, todos se mostraron muy agradecidos y, en especial, María.

A raíz de esas fotos, Javier Llanos, director de Taptc me contactó y me propuso cubrirle las demás obras. Desde aquel entonces estoy ligado a la compañía TAPTC y al Festival en Off.

Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

Medea. Versión de Raquel Bazo a partir del original de Eurípides. Del 26 al 29 de julio en el Templo de Diana.

 

 

 

 

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Los festivales de música, un proyecto personal
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Jorge Armestar | 25-05-2016 | 15:28| 0

Desde que tenía 16 años voy a festivales de música.

Ver toda la galería de fotos AQUI.

 

Viví el resurgimiento de la denominada “movida subterránea” en mi Lima natal. Por aquel entonces, finales de los 90, había mucho por lo que protestar: delincuencia, corrupción en el gobierno, terrorismo, pobreza, etc. Todos esos factores reanimaron una movida que en realidad nunca había muerto y que estaba a punto de vivir una segunda juventud.

Gente con crestas, tatuajes, pendientes, chupas negras, fanzines y  ¡la posibilidad de protestar! era sorprendente ya que yo venía de un colegio religioso donde era incuestionable la autoridad del profesor, donde formábamos como militares por las mañanas para cantar el himno nacional y rezar el Padre Nuestro, era un colegio sólo de hombres donde llorar estaba prohibido e imperaba la ley del mas fuerte. Era lo que había y lo recuerdo con cariño.

 

 

En fin, la cosa es que no he parado de ir conciertos y festivales, los cuales fotografío. Representan la libertad de ser y de estar, como individuo y en conexión con el entorno.

Ya no me centro tanto en las bandas, sino en su efecto, en la gente y en sus estados de ánimos. Hay elementos que siempre están presentes:  libertad, euforia, liberación, desenfreno y un poco de locura – lo que Nietzsche denominó “estado dionisiaco”.

Confieso que tengo cierto pudor al publicar estas imágenes en mi blog. Tengo la sensación que mas de uno no me entenderá y dirá: que fotos mas horribles. Es verdad, algunas lo son, pero hay mucha historia y simbolismo detrás. Hay mucho de mis deseos y anhelos de libertad.

Creo que este proyecto va por buen camino: unas de estas fotografías fue expuesta en la galería de Leica en Londres y la semana pasada me invitaron a exponer en el London Image Festival.

Espero seguir con este proyecto hasta el final y poder cumplir mi sueño de sacar un libro.

Pasen y vean.

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Bruselas, justo antes de la tragedia
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Jorge Armestar | 23-03-2016 | 11:02| 0

Alrededores del Palacio de Justicia.

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La capital belga nos recibió ya triste, hacía frío y en el centro había poca gente, apenas  unas horas antes habían detenido a Abdeslam  y las sirenas de policía todavía sonaban a lo lejos.

En los  días siguientes, los turistas paseaban, tomaban fotos y bebían cerveza en una ciudad que se esforzaba por recobrar la normalidad entre militares, policías y camiones verdes que custodiaban las zonas más frecuentadas. Algo esperaban pero no sabían cuándo.

Militares en la calle.

Regresamos en el último vuelo del lunes antes de que los demás se cancelasen por la huelga de controladores aéreos.

Ayer martes nos despertamos con la triste noticia de los atentados de Bruselas.

 

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La Semana Santa, vista por primera vez
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Jorge Armestar | 17-03-2016 | 19:45| 0
Debajo de un paso en la procesión.

Debajo de un paso en la procesión.

MIRA LA GALERÍA CON TODAS LAS FOTOS AQUÍ.

 

Soy peruano, y hasta los 22 años no vi en persona una Semana Santa con procesiones. Fue en Mérida, y pensé que en mi vida había visto algo similar. Todo me sorprendió: desde las vestimentas que utilizaban, las tradiciones de las cofradías, los capirotes, el canto de las saetas y sobretodo, cómo se volcaba una ciudad entera para celebrar y vivir una festividad religiosa.

Como adolescente peruano, desde los 15 hasta los 21 años la Semana Santa para mí era sinónimo de acampada libre con amigos en las playas del sur de Lima. Era también: verano, hogueras al lado del mar, era Vicente tocando la guitarra, el loco Quintanilla cantando, el negro Farfán, Arturo “El Chavo” y Eloy dibujando… mis amigos de la infancia reunidos con la única preocupación de que no se nos acabara el trago.

El orgullo de portar un estandarte.

El orgullo de portar un estandarte.

Desde que descubrí que la Semana Santa podía ser algo distinto, pasé cinco o seis años fotografiando todos los aspectos de esta festividad religiosa, sobre todo a los fieles, cuyo fervor y entrega es lo que siempre me llamó la atención.

En 2011 expuse algunas de las fotografías que fui haciendo en esos años como homenaje a todas las personas que hacen posible la Semana Santa en Mérida.

La soledad de los penitentes.

La soledad de los penitentes.

 

 

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Sobre el autor Jorge Armestar
Nací en Lima (Perú), y en mi hogar siempre hubo una cámara de fotos. Con 17 años decidí estudiar Ciencias de la Comunicación y en paralelo me especialicé en fotografía. Tuve la suerte de encontrar mi pasión muy joven, y para mí la fotografía lo es todo, a través de ella, cuento historias, opino sobre situaciones, rescato instantes y, en ocasiones, hago feliz a la gente.