“Elegía”

La Elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento, aunque en su origen no era necesariamente así, como demuestran las elegías de los poetas griegos arcaicos. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido y un largo etcétera. La elegía funeral (también llamada endecha o planto, en la Edad Media) adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un personaje público o un ser querido, y no ha de confundirse con el epitafio o epicedio, que son inscripciones ingeniosas y lapidarias que se inscribían en los monumentos funerarios, más emparentados con el epigrama, otro género lírico.

En la literatura española destacan como elegías:

· Coplas por la muerte de su padre (Jorge Manrique).

· Platero y yo (Juan Ramón Jiménez)

· Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (Federico García Lorca).

· Elegía a Ramón Sijé (Miguel Hernández).

· Elegía ininterrumpida (Octavio Paz).

· Rusticatio Mexicana (Rafael Landívar).

· Réquiem por Mariela (Diego de Santis).

· Requiem (Humberto Díaz-Casanueva)

En la literatura clásica destacan como autores de elegías:

Griegos

Latinos


Miguel Hernández, “Elegía”a Ramón Sijé

La base de este poema descansa en una promesa recíproca establecida entre Ramón Sijé y Miguel Hernández. Se habían jurado que si uno de ellos llegaba a morir el otro debería cavar la tumba del amigo desaparecido. Sijé murió en nochebuena de 1935 y Miguel Hernández se enteró a través de Vicente Alexandre quien, a su vez, había leído la noticia en el periódico. Para cuando llegó Miguel, Sijé ya había sido enterrado.

Fue tal su tristeza que escribió “Elegía”

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


VIDEO

Elegía a Ramón Sijé – Miguel Hernández (Por Serrat) Para mi vecino.-

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