
FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS, EMIGRANTES
Los Emigrantes españoles
NOSOTROS LOS ESPAÑOLES, QUE EN ESTOS ÚLTIMOS AÑOS HEMOS MANTENIDO UNA RARA ECONOMIA,QUE AL PARECER DEMANDABA, MANO DE OBRA EXTRANJERA, CONVERTIENDOSE, NUESTRO PAIS EN LA PANACEA, DE HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS, QUE DEVIDO A LA MALA SI TUACIÓN ECÓNOMICA EN SU PAISES DE ORIGEN, SE VIERON OBLIGADOS, A EMIGRAR, AL NUESTRO. EN BUSCA DE TRABAJO Y BIENESTAR. TENEMOS, QUE REFRESCAR LA MEMORIA COLECTIVA, PARA CONTARLES Y DE CIRLES, A NUESTROS HIJOS, Y A NUESTROS NIETOS, QUE NOSOTROS LOS ESPAÑOLES, FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS, EMIGRANTES. Y DECIRLES, CONTARLES, LAS RAZONES, POR LAS QUE LAS PERSONAS, SE VEN OBLIGADAS A EMIGRAR.Y DE ESO, EL ESPAÑOL, TIENE, MUCHO QUE DECIR, Y MUCHO QUE COMENTAR. LO QUE EN TIEMPO, HASTA SE CANTABA. PARA QUE LAS NUEVAS GENERACIONES, APRENDAN DE LA HISTORIA, Y SE COMPROMETAN EN MEJORAR LA SOCIEDAD EN LA QUE SOMOS TODOS CIUDADANOS DEL MUNDO.






La década de los 60: dos millones de emigrados

Cuando la década de los 50 avanzaba, la situación de España contrastaba fuertemente con la de los países industrializados de Europa:
Alemania, Francia, Bélgica, Reino Unido, Suiza, Holanda. La historia económica de la posguerra española
ofrecía, a grandes rasgos,
las siguientes características: política de autarquía forzosa como consecuencia del bloqueo y del aislamiento internacional; escasez generalizada
y hambres en sectores de la población paliadas; ritmo de crecimiento económico muy bajo debido a que la
producción del país era
eminentemente agrícola y la industrialización se producía de manera muy lenta por la escasez de capital
financiero y por las insuficiencias
infraestructurales (carreteras, ferrocarriles, comunicaciones)a su vez, en esos años las tasas de crecimiento demográfico iban por delante de
las tasas de crecimiento económico. En pocos años se pasó de los 28 millones de habitantes a los 31.
En esa década de los 50 se produjo
un espectacular trasvase de trabajadores del campo que se trasladaron a las ciudades con sus familias
Más de dos millones de personas
-concretamente 2.720.988, según datos oficiales estadísticos de la época- se trasladaron a las
ciudadespara asentarse en ellas no siempre
en condiciones mínimamente dignas. Aquellas migraciones internas, espontáneas y caóticas,
sembraron las afueras de muchas ciudades de
chabolas, viviendas hacinadas, subarriendos y paro. Fue una época dura y triste que empujó a
muchos a buscar mejores condiciones de
vida en la emigración a Europa. Este movimiento migratorio empujó más allá de los Pirineos a una
masa de población que oscila entre el
millón y medio y los dos millonesde españoles que se asentaron en varios países europeos. El flujo
migratorio se intensificó a partir del Plan
de Estabilización del Gobierno español del año 1959, impulsado por el equipo tecnocráticoque
dirigía Ullastres, concebido como antesala
de los Planes de Desarrollo, pero que forzó a numerosas empresas a cerrar o a realizar expedientes
de crisis con los correspondientes
despidos de trabajadores que pasaron a engrosar el paro. En los países industrializados de Europa,
la coyuntura era, por el contrario, muy
otra. Al término de la Segunda Guerra Mundial habían tenido que hacer frente con un enorme esfuerzo a las destrucciones de ciudades y
de industrias. Los créditos del Plan Marshall y la buena capacidad organizativa de estos países
especialmente de la República Federal de
Alemania- hizo que al cabo de diez o quince años ya hubieran recuperado el pulso de sus economías
hasta el punto de sentir la necesidad
de recurrir a mano de obra extranjera para proseguir su desarrollo. Téngase en cuenta que las bajas
padecidas en la guerra habían disminuido
otablemente su población activa. De modo que en esos años mientras que en España la endeble
capacidad productiva arrojaba al paro a una
parte de la población, en los citados países europeos se buscaba mano de obra que les permitiera
seguir su alto ritmo de desarrollo, así que,
dicho sea en términospopulares, se unió el hambre con las ganas de comer; «hambre» de mano de
obra, y las «ganas de comer» de los pueblos
del sur deEuropa, estancados económicamente: españoles, italianos, portugueses, griegos y turcos.
Las nuevas tecnologías y las técnicas de racionalización productiva incrementaban la rentabilidad de
las empresas y provocaron lo que sellamó
el boom europeo. En la República Federal de Alemania el despegue fue tan espectacular que se le
llamó el «milagro alemán». Europa entraba
en una era de abundancia y de prosperidad mientras que los países mediterráneos vivían años de
escasez y de pobreza.Esa tensión
geoeconómica alumbró los movimientos migratorios de estos países. Por lo que se refiere a España,
provocó el flujo migratoriomás
importante del siglo. El sector más modesto de la clase trabajadora española fue empujado por
«las leyes del mercado» a cruzar los Pirineos
en una incierta aventura que en muchos casos resultaría más beneficiosa para la nación de destino
y para la nación de origen que parael propio
emigrado. La necesidad de emigrar, sentida por los trabajadores beneficiaba obviamente al Estado,
lo que transformó las opiniones y
actitudes anteel hecho migratorio. Durante el siglo XIX la emigración había sido considerada un azote
para la nación, por lo que suponía de
pérdidade brazos, de inteligencias y de esfuerzos provechosos para la patria. Esta opinión quedó
reflejada en documentos de la época.
Por ejemplo,en el Real Decreto de 18 de julio de 1891 del Ministerio de Fomento que creaba una
Comisión para estudiar los medios para
contenerla emigración. Ya entonces se era consciente de que la emigración acarrea un sinfín de
calamidades al emigrante.
Otro documento oficial anterior, la Real Orden del Ministerio de la Gobernación de 16 de septiembre
de 1853 advertía en su exposiciónde
Motivos que los emigrantes se exponían a «los abusos a que suele dar lugar la codicia de los
especuladores que, llevados de sórdido interés,
conducen a veces a los que emigran hacinados en estrecho espacio y sin las condiciones sanitarias
que el decoro, la moral y hasta la
humanidadmisma reclaman». Estas opiniones oficiales en el siglo XIX habían tenido precedentes
radicales en los siglos anteriores en que la
emigración era consideradauna grave ofensa a la patria y estaba severamente castigada por la
ley con penas de confiscación de los bienes de
quien emigraba. Esas antiguas leyes fueron abolidas a principios del siglo XIX por los legisladores
de Cádiz. Llegados los años 50 del presente
siglo, la emigración se veía desde los ámbitos oficiales de manera muy distinta.
Una Ley de 17 de julio de 1956 creó el Instituto Español de Emigración con la finalidad de fomentar
y encauzar los movimientos migratorios
hacia Europa. Ahora la prosa oficial hablaba de «acción pública» impregnada de «sentido social»
al estimar que «la emigración como un amplio
campode posibilidades abiertas ante la libertad del individuo y, al propio tiempo, fuente poderosa
de vínculos y relaciones entre pueblos puede
proporcionar resultados beneficiosos económico-sociales y en otros órdenes de la vida humana,
no sólo al que emigra y a sus familiares, sino en
bien general de los países, tanto de origen como de establecimiento». (Exposición de Motivos de
la Ley de Bases de Ordenación de la Emigración
de 22 de diciembre de 1960).
El régimen franquista consideró la emigración como una válvula de seguridad ante las tensiones
sociales provocadas
por el paro, las huelgas y los masivos desplazamientos de las poblaciones rurales empobrecidas
hacia las grandes ciudades. El hecho es que,
estimulados por la necesidad de huir del paro o de un trabajo precario y unas condiciones de
vida muy deficientes, y fomentado desde las instancias
que desconocían por más que pudieran
tener alguna que otra referencia de algún familiar o amigo que les había precedido? Eran trabajadores
poco cualificados, de la construcción,
de la industria o los servicios en pequeñas empresas o negocios familiares, o trabajadores del campo.
Gentes por lo común de bajo nivel
cultural, a veces, analfabetos de deficiente formación profesional. Por lo general eran gente joven
-pocos niños y ancianos, si bien
progresivamente al emigrante aislado le fue acompañando toda la familia-, predominio de hombres
con buena capacidad potencial de
trabajo ya que se decidían a emigrar los más capaces e inquietos.El número de mujeres emigradas
en la década de los sesenta no alcanza a
ser el 20 por ciento, lo que contrasta con la emigración española transoceánica de comienzos de
siglo que fue esencialmente familiar (43,5
.En no pocos casos se trataba de emigrados en «segunda instancia»: no era raro que andaluces,
extremeños o campesinos castellanos que
habían emigrado primero a Madrid, Bilbao o Barcelona, dieran más tarde el salto a Europa. Las
razones que les llevaban a la emigración eran
el paro o la inseguridad en el empleo, o la precariedad derivada de un salario insuficiente o de
trabajos estacionales en el campo, situaciones en
las que no podían sacar adelante a sus familias. «La emigración era la única salida queprácticamente
tenía el trabajador, el obrero, para poder
mantener a su familia. Yo he visto llorar a un hombre a la hora del reconocimiento médico porque le
dijeron que no podía emigrar porque
tenía algo en los riñones», testimonia Ramón Rodríguez, emigrado a Alemania
los emigrados buscaban como fin
una mejora de sus condiciones laborales y
económicas.¿De qué regiones procedían los emigrados y a qué países se dirigían? Las grandes
zonas migratorias eran Andalucía-Extremadura
y Galicia-Asturias. Le seguían Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha. A Francia se dirigieron
el 48 por 100 del total de la emigración;
a Alemania el 19 por 100; a Suiza, el 16 por 100; a Bélgica el 6 por 100; a Holanda el 6 por 100 y al
Reino Unido el 5 por 100. Los emigrados
a Suiza y al Reino Unido procedían en mayor proporción de Galicia. La emigración a Alemania se nutrió fundamentalmente de extremeños y
andaluces. Los que se establecieron en Bélgica procedían sobre todo de Asturias. En Francia se instalaron
emigrantes procedentes de una
mayor variedad de regiones.
Explotados y discriminados
Estación de ferrocarril de Ginebra-Cornavin, 4 de la madrugada. Acaba de llegar un tren que no es como
los demás: sus pasajeros descienden
sin tener el aire de viajeros habituados; los equipajes son toscos bultos, excesivos paquetes y maletas;
sus atuendos denotanuna procedencia
meridional, sombreros, pellizas, ropa oscura, algunos llevan el traje de los domingos o el que se hicieron
para la boda; forman un extraño cortejo
que empieza a hablar en grupos reducidos, por pueblos, por zonas y que se preguntan recíprocamente.
Se oye hablar castellano -con deje
andaluz, extremeño, leonés-. Se escucha también el gallego y el portugués. Son, entre todos, más de un
millar: acaba de llegar un convoy especial
de trabajadores extranjeros a Suiza; son temporeros.
Dentro de tres horas llegará otro; a las 10, otro. Unos, como este, procedente de Irún,
Lisboa, Madrid; otros, de Barcelona, Valencia, del sur. De pronto, cuando ya algunos funcionarios civiles y
de Policía habían comenzado a guiar
a los miembros de la expedición hacia los locales de los primeros trámites, suenan los altavoces. En un
principio nadie pone atención; entre el
cansancio y el desconcierto, nadie cree que vaya para ellos. Pero poco a poco -alguien se ha dado cuenta
y lo ha corrido- se empiezan a
percatar de que la voz del altoparlante habla en español. ¡Les habla a ellos! Las cosas que dice dejan
estupefactos a la mayoría. Se oyen ataques durísimos contra las condicionesde trabajo a que van a ser sometidos, sobre las viviendas indignas que se les van a asignar, sobre la
falta de derechos de todo tipo que van a tener. Se oyen las palabras discriminación, explotación, represión. Se habla de la lucha anticapitalista . la voz altoparlante y anónima calla: ha sido interrumpida bruscamente.

La década de los 60: dos millones de emigrados

Cuando la década de los 50 avanzaba, la situación de España contrastaba fuertemente con la de los países industrializados de Europa:
Alemania, Francia, Bélgica, Reino Unido, Suiza, Holanda. La historia económica de la posguerra española
ofrecía, a grandes rasgos,
las siguientes características: política de autarquía forzosa como consecuencia del bloqueo y del aislamiento internacional; escasez generalizada
y hambres en sectores de la población paliadas; ritmo de crecimiento económico muy bajo debido a que la
producción del país era
eminentemente agrícola y la industrialización se producía de manera muy lenta por la escasez de capital
financiero y por las insuficiencias
infraestructurales (carreteras, ferrocarriles, comunicaciones)a su vez, en esos años las tasas de crecimiento demográfico iban por delante de
las tasas de crecimiento económico. En pocos años se pasó de los 28 millones de habitantes a los 31.
En esa década de los 50 se produjo
un espectacular trasvase de trabajadores del campo que se trasladaron a las ciudades con sus familias
Más de dos millones de personas
-concretamente 2.720.988, según datos oficiales estadísticos de la época- se trasladaron a las
ciudadespara asentarse en ellas no siempre
en condiciones mínimamente dignas. Aquellas migraciones internas, espontáneas y caóticas,
sembraron las afueras de muchas ciudades de
chabolas, viviendas hacinadas, subarriendos y paro. Fue una época dura y triste que empujó a
muchos a buscar mejores condiciones de
vida en la emigración a Europa. Este movimiento migratorio empujó más allá de los Pirineos a una
masa de población que oscila entre el
millón y medio y los dos millonesde españoles que se asentaron en varios países europeos. El flujo
migratorio se intensificó a partir del Plan
de Estabilización del Gobierno español del año 1959, impulsado por el equipo tecnocráticoque
dirigía Ullastres, concebido como antesala
de los Planes de Desarrollo, pero que forzó a numerosas empresas a cerrar o a realizar expedientes
de crisis con los correspondientes
despidos de trabajadores que pasaron a engrosar el paro. En los países industrializados de Europa,
la coyuntura era, por el contrario, muy
otra. Al término de la Segunda Guerra Mundial habían tenido que hacer frente con un enorme esfuerzo a las destrucciones de ciudades y
de industrias. Los créditos del Plan Marshall y la buena capacidad organizativa de estos países
especialmente de la República Federal de
Alemania- hizo que al cabo de diez o quince años ya hubieran recuperado el pulso de sus economías
hasta el punto de sentir la necesidad
de recurrir a mano de obra extranjera para proseguir su desarrollo. Téngase en cuenta que las bajas
padecidas en la guerra habían disminuido
otablemente su población activa. De modo que en esos años mientras que en España la endeble
capacidad productiva arrojaba al paro a una
parte de la población, en los citados países europeos se buscaba mano de obra que les permitiera
seguir su alto ritmo de desarrollo, así que,
dicho sea en términospopulares, se unió el hambre con las ganas de comer; «hambre» de mano de
obra, y las «ganas de comer» de los pueblos
del sur deEuropa, estancados económicamente: españoles, italianos, portugueses, griegos y turcos.
Las nuevas tecnologías y las técnicas de racionalización productiva incrementaban la rentabilidad de
las empresas y provocaron lo que sellamó
el boom europeo. En la República Federal de Alemania el despegue fue tan espectacular que se le
llamó el «milagro alemán». Europa entraba
en una era de abundancia y de prosperidad mientras que los países mediterráneos vivían años de
escasez y de pobreza.Esa tensión
geoeconómica alumbró los movimientos migratorios de estos países. Por lo que se refiere a España,
provocó el flujo migratoriomás
importante del siglo. El sector más modesto de la clase trabajadora española fue empujado por
«las leyes del mercado» a cruzar los Pirineos
en una incierta aventura que en muchos casos resultaría más beneficiosa para la nación de destino
y para la nación de origen que parael propio
emigrado. La necesidad de emigrar, sentida por los trabajadores beneficiaba obviamente al Estado,
lo que transformó las opiniones y
actitudes anteel hecho migratorio. Durante el siglo XIX la emigración había sido considerada un azote
para la nación, por lo que suponía de
pérdidade brazos, de inteligencias y de esfuerzos provechosos para la patria. Esta opinión quedó
reflejada en documentos de la época.
Por ejemplo,en el Real Decreto de 18 de julio de 1891 del Ministerio de Fomento que creaba una
Comisión para estudiar los medios para
contenerla emigración. Ya entonces se era consciente de que la emigración acarrea un sinfín de
calamidades al emigrante.
Otro documento oficial anterior, la Real Orden del Ministerio de la Gobernación de 16 de septiembre
de 1853 advertía en su exposiciónde
Motivos que los emigrantes se exponían a «los abusos a que suele dar lugar la codicia de los
especuladores que, llevados de sórdido interés,
conducen a veces a los que emigran hacinados en estrecho espacio y sin las condiciones sanitarias
que el decoro, la moral y hasta la
humanidadmisma reclaman». Estas opiniones oficiales en el siglo XIX habían tenido precedentes
radicales en los siglos anteriores en que la
emigración era consideradauna grave ofensa a la patria y estaba severamente castigada por la
ley con penas de confiscación de los bienes de
quien emigraba. Esas antiguas leyes fueron abolidas a principios del siglo XIX por los legisladores
de Cádiz. Llegados los años 50 del presente
siglo, la emigración se veía desde los ámbitos oficiales de manera muy distinta.
Una Ley de 17 de julio de 1956 creó el Instituto Español de Emigración con la finalidad de fomentar
y encauzar los movimientos migratorios
hacia Europa. Ahora la prosa oficial hablaba de «acción pública» impregnada de «sentido social»
al estimar que «la emigración como un amplio
campode posibilidades abiertas ante la libertad del individuo y, al propio tiempo, fuente poderosa
de vínculos y relaciones entre pueblos puede
proporcionar resultados beneficiosos económico-sociales y en otros órdenes de la vida humana,
no sólo al que emigra y a sus familiares, sino en
bien general de los países, tanto de origen como de establecimiento». (Exposición de Motivos de
la Ley de Bases de Ordenación de la Emigración
de 22 de diciembre de 1960).
El régimen franquista consideró la emigración como una válvula de seguridad ante las tensiones
sociales provocadas
por el paro, las huelgas y los masivos desplazamientos de las poblaciones rurales empobrecidas
hacia las grandes ciudades. El hecho es que,
estimulados por la necesidad de huir del paro o de un trabajo precario y unas condiciones de
vida muy deficientes, y fomentado desde las instancias
que desconocían por más que pudieran
tener alguna que otra referencia de algún familiar o amigo que les había precedido? Eran trabajadores
poco cualificados, de la construcción,
de la industria o los servicios en pequeñas empresas o negocios familiares, o trabajadores del campo.
Gentes por lo común de bajo nivel
cultural, a veces, analfabetos de deficiente formación profesional. Por lo general eran gente joven
-pocos niños y ancianos, si bien
progresivamente al emigrante aislado le fue acompañando toda la familia-, predominio de hombres
con buena capacidad potencial de
trabajo ya que se decidían a emigrar los más capaces e inquietos.El número de mujeres emigradas
en la década de los sesenta no alcanza a
ser el 20 por ciento, lo que contrasta con la emigración española transoceánica de comienzos de
siglo que fue esencialmente familiar (43,5
.En no pocos casos se trataba de emigrados en «segunda instancia»: no era raro que andaluces,
extremeños o campesinos castellanos que
habían emigrado primero a Madrid, Bilbao o Barcelona, dieran más tarde el salto a Europa. Las
razones que les llevaban a la emigración eran
el paro o la inseguridad en el empleo, o la precariedad derivada de un salario insuficiente o de
trabajos estacionales en el campo, situaciones en
las que no podían sacar adelante a sus familias. «La emigración era la única salida queprácticamente
tenía el trabajador, el obrero, para poder
mantener a su familia. Yo he visto llorar a un hombre a la hora del reconocimiento médico porque le
dijeron que no podía emigrar porque
tenía algo en los riñones», testimonia Ramón Rodríguez, emigrado a Alemania
los emigrados buscaban como fin
una mejora de sus condiciones laborales y
económicas.¿De qué regiones procedían los emigrados y a qué países se dirigían? Las grandes
zonas migratorias eran Andalucía-Extremadura
y Galicia-Asturias. Le seguían Castilla y León, Aragón y Castilla-La Mancha. A Francia se dirigieron
el 48 por 100 del total de la emigración;
a Alemania el 19 por 100; a Suiza, el 16 por 100; a Bélgica el 6 por 100; a Holanda el 6 por 100 y al
Reino Unido el 5 por 100. Los emigrados
a Suiza y al Reino Unido procedían en mayor proporción de Galicia. La emigración a Alemania se nutrió fundamentalmente de extremeños y
andaluces. Los que se establecieron en Bélgica procedían sobre todo de Asturias. En Francia se instalaron
emigrantes procedentes de una
mayor variedad de regiones.
Explotados y discriminados
Estación de ferrocarril de Ginebra-Cornavin, 4 de la madrugada. Acaba de llegar un tren que no es como
los demás: sus pasajeros descienden
sin tener el aire de viajeros habituados; los equipajes son toscos bultos, excesivos paquetes y maletas; sus atuendos denotanuna procedencia meridional, sombreros, pellizas, ropa oscura, algunos llevan el traje de los domingos o el que se hicieron para la boda; forman un extraño cortejo que empieza a hablar en grupos reducidos, por pueblos, por zonas y que se preguntan recíprocamente. Se oye hablar castellano -con deje andaluz, extremeño, leonés-. Se escucha también el gallego y el portugués. Son, entre todos, más de un millar: acaba de llegar un convoy especial de trabajadores extranjeros a Suiza; son temporeros. Dentro de tres horas llegará otro; a las 10, otro. Unos, como este, procedente de Irún, Lisboa, Madrid; otros, de Barcelona, Valencia, del sur. De pronto, cuando ya algunos funcionarios civiles y de Policía habían comenzado a guiar a los miembros de la expedición hacia los locales de los primeros trámites, suenan los altavoces. En un principio nadie pone atención; entre el cansancio y el desconcierto, nadie cree que vaya para ellos. Pero poco a poco -alguien se ha dado cuenta y lo ha corrido- se empiezan a percatar de que la voz del altoparlante habla en español. ¡Les habla a ellos! Las cosas que dice dejan estupefactos a la mayoría. Se oyen ataques durísimos contra las condicionesde trabajo a que van a ser sometidos, sobre las viviendas indignas que se les van a asignar, sobre la la voz altoparlante y anónima calla: ha sido interrumpida bruscamente.
falta de derechos de todo tipo que van a tener. Se oyen las palabras discriminación, explotación, represión. Se habla de la lucha anticapitalista . 

