Arranca un nuevo año agrario

Con la llegada de septiembre iniciamos un nuevo año agrario que se abre con ciertas esperanzas para los sufridos ganaderos, pues a la bajada del precio de los cereales, que aún no se ha trasladado totalmente a los piensos, se une un repunte en los precios del vacuno y del porcino, leve de momento pero positivo, por cuanto indica un cambio de tendencia que ojalá se mantenga y permita que los ganaderos de vacuno y porcino superen la grave crisis que han padecido durante los últimos 12 meses.

Para el resto de sectores el año pinta en bastos. El incremento de los costes va a ser uno de los principales problemas, especialmente en sectores menos productivos o con producciones de escaso valor añadido.

El año agrario arranca con un gasoil mucho más caro del que tuvimos en el inicio del pasado año agrario, en septiembre de 2007 el litro de gasoil estaba a 0,69 euros, mientras que en este momento el precio está en 0,95 euros. Pese a la bajada del precio del barril de crudo, que a finales de agosto había reducido su precio en más de 40 dólares, el precio del litro de gasóleo continúa a unos niveles prohibitivos, y de momento, las compañías suministradoras no han trasladado esta reducción del precio del petróleo al surtidor. Pero no es el gasoil el único coste que pesa sobre las explotaciones, la energía eléctrica, los fitosanitarios y los fertilizantes han duplicado también su precio. Así, fertilizantes como el complejo 15-15-15, uno de los más usuales, ha pasado de 0,28 euros/Kg a 0,55 en un sólo año. El incremento de coste de los imputs se ha comido con creces la subida experimentada en los últimos meses por algunos productos agrarios.

En esta situación es fundamental que en este nuevo año agrario, y de cara a la campaña de siembra que próximamente se inicia, los agricultores y ganaderos echen muy bien sus cuentas y hagan su propio análisis de costes para evitar pillarse los dedos, pues el margen de beneficio es cada vez más reducido, y con estos costes tan altos la rentabilidad de algunas explotaciones es más que dudosa, salvo que de una vez por todas agricultores y ganaderos consigan trasladar el incremento de los costes al resto de la cadena de comercialización.

De cara a esta campaña, será por tanto más importante que nunca optimizar las dosis de fertilizantes, los tratamientos y el propio laboreo en la explotación. Este año agrario cobran más importancia si cabe las técnicas de no laboreo, de siembra directa y de laboreo de conservación que ya se practican en muchas fincas de España y que deben potenciarse más en nuestra región por sus indudables ventajas económicas y medioambientales.

Si no se recurre a estas técnicas será muy complicado que en un año como el actual, con unos costes tan elevados, pueda obtenerse alguna rentabilidad en explotaciones cuya producción sea inferior a los 2.000 o 3.000 kilos de cereal por hectárea, puesto que la venta de la producción ni siquiera garantiza el retorno de los gastos.

Transgénicos: Comemos, pero no producimos

La superficie mundial de cultivos biotecnológicos supera los 114 millones de hectáreas. Después de doce años de comercialización, y tras la evidencia de sus beneficios económicos, doce millones de agricultores de 23 países distintos, se dedican en la actualidad a este tipo de cultivos.

En el artículo anterior de “El Aclareo” –Estados Unidos 10, España 1- comentábamos que los ganaderos de los Estados Unidos consiguen engordar sus terneros a un coste muy inferior al que tiene el cebo en España. Según las estimaciones de la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (ASOPROVAC), una de las causas del incremento de los costes de cebo en España y en Europa se debe a las dificultades para acceder a piensos producidos con cereales y soja transgénica. ASOPROVAC asegura en este estudio que si la política comunitaria en materia de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) se armonizase con la de otros países, los cereales en la Unión Europea estarían del orden de 40 euros por tonelada más baratos.

La comercialización de los cultivos biotecnológicos comenzó hace doce años y desde entonces su superficie no ha dejado de crecer. El informe anual que elabora el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA) cifra la superficie actual de cultivos transgénicos en 114,3 millones de hectáreas de 23 países, una extensión superior a la de toda la Península Ibérica.

Europa no puede continuar dando la espalda al empleo de una tecnología que en los doce años que lleva desarrollándose ha demostrado sobradamente sus beneficios agronómicas y medioambientales. Son ya más de 12 millones de agricultores los que utilizan plantas mejoradas genéticamente que, entre otras ventajas, permite reutilizar para la actividad agraria suelos degradados o salinos, reducir las necesidades hídricas de la planta o reducir el empleo de fitosanitarios y en consecuencia los residuos de plaguicidas.

No tiene sentido que los agricultores de la Unión Europea no puedan acceder a una tecnología que utilizan sus competidores en todo el mundo y que ya viste y alimenta a los ciudadanos europeos. Las prendas de algodón que llevamos se fabrican con algodón transgénico, las palomitas de maíz, la leche de soja y la mayor parte de los derivados de esta planta que consumimos son transgénicos, y el almidón de maíz que utilizan como espesante salsas, sopas y demás alimentos preparados es también transgénico.

Los alimentos transgénicos están ya en nuestra vida diaria y han venido para quedarse, mantener la moratoria a su cultivo dificultando la aprobación de variedades que ya se cultivan con éxito en otros países supone condenar a nuestros agricultores a la yunta de mulas mientras nuestros competidores tienen acceso a tractores con GPS.

Estados Unidos 10, España 1

El pienso por tonelada de carne de vacuno producida es 924 euros más caro en España que en Estados Unidos.

El coste de la alimentación del ganado bovino es mucho más caro en España que en EE.UU. Los ganaderos españoles invierten 2.156 euros para conseguir una tonelada de carne de vacuno, mientras que en Estados Unidos se obtiene una tonelada por menos de 1.233 euros, es decir, el ganadero de EE.UU. consigue una tonelada de carne por 924 euros menos.

Estos datos, difundidos por la Asociación Española de Productores de Vacuno de Carne (ASOPROVAC), reflejan las dificultades por las que atraviesa el sector ganadero español y en especial el sector del vacuno de cebo.

El incremento de los precios de las materias primas para alimentación animal ha sido una de las principales causas de los problemas de rentabilidad de las explotaciones ganaderas.

El informe de ASOPROVAC asegura que los costes de las fórmulas para pienso en Estados Unidos se sitúan en 143 euros/tonelada de media, frente a los 250 euros/tonelada que se pagan en España.

Pero aunque la enorme diferencia en el precio del pienso es una de las causas principales de la merma de rentabilidad de las explotaciones españolas frente a las de EE.UU. o frente a la de otros países competidores como Brasil o Argentina, los costes de las explotaciones españolas y europeas se elevan por la imposición de una abundante normativa medioambiental y de bienestar animal, que aunque no siempre garantiza lo que certifica, sí redunda en un incremento de costes, así la normativa sobre trazabilidad, sobre retirada de cadáveres, los costes de eliminación de los MER, los programas sanitarios, el bienestar animal, las exigencias medioambientales vigentes en la UE, disparan los costes de unas explotaciones que tienen ya un margen muy escaso para asumir más incrementos.

A juicio de ASOPROVAC este diferencial del coste es el que explica la pérdida de mercados exteriores que esta sufriendo la ganadería de la Unión Europea, que además ha perdido ya la capacidad de autoabastecimiento de carne de vacuno y, en breve, de porcino y otras producciones ganaderas.

Con una caída de producción cercana al 5 por ciento en 2007, y que descenderá en torno a un 10 por ciento más a lo largo de este año, la situación del sector vacuno es crítica por lo que se atisba una profunda y acelerada reestructuración del vacuno de carne y los sectores adyacentes. La rentabilidad de las explotaciones que sobrevivan a la actual crisis dependerá de un mejor precio de sus producciones originado por la disminución de la oferta y las restricciones a la importación.

Mientras que por el lado de los costes, es urgente que Europa abra por fin la puerta a la importación y al cultivo de cereales y soja transgénica, lo que pondría nuestros piensos a un precio mucho más bajo, similar al que pagan los ganaderos de los Estados Unidos, y es igualmente urgente que las administraciones replanteen el burocratizado sistema actual de guías, tasas, certificados y papeleos varios que no suponen ninguna garantía e incrementan tremendamente los costes de unas explotaciones que no atraviesan su mejor momento.

VUELVE HERODES

Herodes, rey de Judea tristemente famoso por el cruento infanticidio que promovió para asegurar la muerte del nuevo rey de los judíos, dio nombre a una de las muchas medidas discutibles de la Política Agraria Común: la prima Herodes. Se trataba de una ayuda que la Unión Europea mantuvo en vigor hasta finales de los años 90 con el objetivo de evitar el crecimiento de los stocks de carne de vacuno en los almacenes de intervención. La prima se otorgaba a los productores de vacuno de leche que sacrificaban los terneros menores de tres semanas, renunciando así al cebo y a la comercialización posterior de la carne.

Ahora, diez años después, han sido los propios productores de porcino los que, sin que haya siquiera una prima de por medio, se están viendo obligados a sacrificar sus lechones, pues el hundimiento del mercado del porcino y el encarecimiento de los piensos hacen inviable, en muchos casos, la comercialización siquiera de los lechones.

La crisis se está cebando con los sectores ganaderos, y en especial con aquellos que partían de una situación mayor de desajuste, como es el caso del porcino. Ya hasta el propio consejero de Agricultura, Juan María Vázquez, reconoce la crisis y su gravedad.

Una crisis ganadera que los productores de porcino llevaban varios años barruntando, lo que por desgracia no supuso un freno al ímpetu inversor que ha llevado a miles de familias a endeudarse en la creación y mejora de unas instalaciones de cría sumamente costosas, dotadas con los últimos adelantos (incluyendo sistemas de aire acondicionado) con los que la normativa de condicionalidad y bienestar animal obliga a contar. Instalaciones que en muchos casos han acabado cerrando. Primero retiraron los berracos, después castraron a las cochinas y las enviaron al matadero, y por último, los pocos optimistas que confiaban en una remontada de los precios en el mercado de primavera están sacrificando los lechones de una paridera que no tiene salida comercial.

Tradicionalmente este sector ha estado integrado por pequeños y medianos ganaderos, muy ligados a la tierra y a la actividad extensiva, con explotaciones de dimensiones reducidas que han servido para fijar población en el medio rural y que han hecho rentables obteniendo un producto de alta calidad, pese a carecer de las primas comunitarias que reciben otros sectores ganaderos.

Hasta finales de la década de los 90 España sacrificaba un millón y medio de cochinos ibéricos, de los que aproximadamente 750.000 eran de pienso, más o menos intensivos, y otros 750.000 pisaban la dehesa, de estos, y en función de la montanera disponible, entre 350.000 y 450.000 eran de bellota, el resto de recebo.

A partir del año 2.000 se produce un crecimiento exponencial de los censos. La demanda tradicional de los productos ibéricos curados se ve duplicada por el incremento del consumo de la carne fresca de ibérico: la presa, la pluma, el lomo y el solomillo se ponen de moda, grandes industrias del cerdo blanco, animadas por el diferencial de precios y aprovechando la indefinición normativa del sector y el desconocimiento de los consumidores comienzan a criar y cebar cochinos ibéricos en régimen intensivo.

Este crecimiento exponencial de las producciones estaba apoyado en un pienso barato, que se mantenía a unos precios muy bajos por la abundante entrada de cereal en España. Los fletes baratos, las buenas cosechas en todo el mundo y sobre todo la escasa capacidad de compra de otros actores del mercado mundial (China e India no importaban aún cereales, y los europeos constituíamos el único mercado interesante para los cerealistas de Argentina, Brasil, Canadá o la propia Ucrania) propiciaban estos bajos precios del cereal. Pero a mediados del pasado año, cuando este sistema tan inestable se desequilibra por el incremento del precio del petróleo y los cereales, todas las piezas se desmoronan, y son precisamente los productores tradicionales, que en los últimos años habían invertido para dar el salto al sistema de cebo, los que más sufren las consecuencias de esta crisis, a la que de momento no se le ve fin, y que una vez más, tienen que afrontar los ganaderos en solitario.

La agricultura y la alimentación quedan huérfanas

El presidente del Gobierno en esta su segunda legislatura pretender reforzar su apuesta por situar a España, al menos formalmente, a la vanguardia de los gobiernos más progresistas del mundo, y para ello no duda en reconocer el matrimonio homosexual, en aprobar una ley por la igualdad o en situar a una mujer, en este momento embaraza, al frente del Ministerio de Defensa, gestos que le han granjeado portadas de prensa y aperturas de informativos de televisión dentro y fuera de nuestro país destacando el supuesto carácter progresista y vanguardista de este Gobierno.

En esta línea de actuación se encuadra la creación de una Secretaría de Estado de Cambio Climático con el objetivo de promover medidas que permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y garantizar el cumplimiento de las limitaciones impuestas a nuestro país en el protocolo de Kyoto.

Siendo más o menos discutible el carácter progresista de todos estos gestos, lo que parece una absoluta contradicción es que en un momento como el actual se suprima el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). El presidente Zapatero ha perdido una de las mejores oportunidades para situar de verdad a España a la vanguardia planetaria. Cuando todos los organismos mundiales y agencias oficiales (Banco Mundial, OCDE, FAO…) dan la voz de alarma ante las tensiones que se están generando en el mercado alimentario por el incremento de la demanda en China, India y otros países emergentes y por la especulación desatada por la fuga de capitales a los mercados alimentarios de futuro, este país se queda sin el Ministerio que garantizaba la alimentación de todos los españoles. Una institución creada por cierto durante la Segunda República, y que durante sus más de 70 años de existencia ha sido ejemplo para decenas de gobiernos de toda Iberoamérica y el mejor referente, dentro del Estado, para agricultores, ganaderos y empresas agroalimentarias.

Eliminar la agricultura del frontispicio del MAPA en este momento supone un error estratégico, puesto que le pese a quien le pese, la agricultura estará en los próximos años en la base de todas las soluciones a los graves problemas que amenazan a esta sociedad, empezando por el propio cambio climático, que tiene a la agricultura como su mejor aliada, pues las plantas, y especialmente los cultivos de regadío, tienen un papel esencial en la reducción de los gases de efecto invernadero, sirva un dato para corroborarlo: una hectárea de regadío fija alrededor de 43 toneladas de CO2, el doble de lo que absorbe una hectárea de bosque.

La agricultura, lejos de ser el problema, está en la base de todas las soluciones. La búsqueda de alimentos de calidad, la eficiencia en la gestión y distribución de los recursos hídricos, el mantenimiento de la biodiversidad, la autonomía energética y la lucha contra el cambio climático, que son los cinco grandes retos a los que la tierra ha de hacer frente en el transcurso de este siglo, tienen a la agricultura como principal aliada.

En este escenario resulta incomprensible que un político de gestos de la altura del presidente del Gobierno haya cometido la torpeza de eliminar a la agricultura del nombre del Ministerio, puesto que España, al igual que el resto de países del planeta,necesita hoy más que nunca una actividad agraria moderna, sostenible y abierta a las nuevas tecnologías (incluida la biotecnología) para alimentar a la creciente población mundial, para reducir la dependencia del petróleo mediante la producción agroenergética (biomasa y biocombustibles),y para capturar emisiones de CO2 y amortiguar así los efectos del cambio climático. Una actividad como esta no debe quedar relegada del membrete de su propio Ministerio para esconderla tras el ambiguo concepto de Medio Rural.

La herencia de Moraleda

El pasado viernes varios miles de ganaderos se manifestaron en Mérida en demanda de apoyos para superar la crisis de este sector, incapaz de trasladar en sus precios de venta el incremento de costes sufrido a causa de la subida del precio de los piensos.

Entre las medidas que solicitaban los ganaderos hay varias que no suponen ningún coste adicional para la Administración y que pueden ayudar a paliar la crisis e incluso a que se produzca la necesaria reestructuración de algunos sectores como el del ovino.

La principal de todas estas medidas es el desacoplamiento de las ayudas ganaderas, una medida que libera a los ganaderos de la necesidad de mantener un número de cabezas determinado para recibir la parte de ayuda acoplada, y les permite ajustar su cabaña a las demandas del mercado, optar por el sector que en cada momento sea más rentable o incluso mantenerse en “stand by” mientras arrecia la crisis. Se trata de una medida que también solicitan los ganaderos de otras comunidades autónomas, en la vecina Andalucía la semana pasada ASAJA, UPA y cooperativas suscribieron un documento instando a la Administración a desacoplar totalmente las primas ganaderas.

Sin embargo parece que el camino hacia el desacoplamiento no va a ser nada sencillo. Con la revisión intermedia de la PAC Bruselas establece un nuevo sistema de ayudas, el sistema de Pago Único, que ofrece a los agricultores y ganaderos una ayuda desacoplada que es en esencia un complemento de renta para poder desarrollar su actividad.

Este sistema está en vigor en la mayor parte de los Estados Miembros, sólo unos pocos países, entre ellos España, optaron por mantener un sistema mixto, en el que una parte de las ayudas continúan vinculadas a la superficie y a la cabeza de ganado, y otra parte esta desacoplada y llega a los agricultores como derecho de Pago Único. Y aunque se nos vendió que el tránsito del desacoplamiento parcial al total sería sencillo, la realidad es muy distinta, y Bruselas ni siquiera ha puesto aún en marcha el mecanismo que permita que los pocos Estados que eligieron este sistema mixto puedan ir al desacoplamiento pleno.

Pese a que el mantenimiento de un doble sistema suponía multiplicar por dos la burocracia, los controles y el papeleo, el anterior secretario general del Ministerio de Agricultura, Fernando Moraleda, impuso la peor de las opciones posibles, y hoy, cuatro años después, agricultores y ganaderos pagan las consecuencias.

El Chequeo de la PAC, un nuevo recorte de ayudas

Ajena a todas las señales, a todos los mensajes, a todos los indicios y a todas las demandas la oxidada maquinaria de la Comisión Europea sigue la senda que ya trazó el excomisario Franz Fischler y presenta una propuesta de revisión de la PAC que poco tiene de novedosa, puesto que persevera en la práctica de meter la mano en el bolsillo de los agricultores para dedicar esos fondos a otros fines, con lo que tan sólo propone dar un paso más en el desmantelamiento de esta política, que durante años ha sido santo y seña de la Unión Europea y que hoy, ante los retos que plantea la sociedad global al sector agrario, es más necesaria que nunca.

Tal como estaba previsto, el pasado 24 de noviembre la Comisaria de Agricultura de la Unión Europea, Mariann Fischer-Böel presentó su propuesta de debate sobre la Política Agraria Común, este documento conocido popularmente como la “Revisión Médica de la PAC” es un documento de reflexión para abrir un debate en los distintos estamentos de la UE (Parlamento, Consejo y resto de instituciones), y no será hasta la primavera de 2008 cuando se presente un documento con propuestas definitivas, que deberán ser aprobadas bajo presidencia Eslovena o Francesa a lo largo del 2008, y que serán de aplicación ya en 2009 y 2010.

De entrada, lo que ha presentado hasta ahora la Comisión Europea resulta decepcionante, puesto que plantea esta revisión siguiendo la inercia de las reformas anteriores y sin tener presente el nuevo escenario en el que nos hallamos inmersos y en el que la sociedad europea va a necesitar, cada día más, contar con una agricultura potente.

El “Chequeo Médico” de la PAC es considerado por la propia Comisión como una “acción preparatoria” para la gran revisión presupuestaria de 2008-09, y de hecho, la única  medida concreta que contempla es bajar la renta de los agricultores, con un trasvase al segundo pilar de la PAC (Desarrollo Rural) mediante una mayor retención de ayudas a los agricultores (modulación), que aumentará de forma progresiva del 5% actual al 13% en el año 2013. Este incremento desmesurado de la modulación acrecienta las importantes reducciones ya practicadas con la reforma de 2003.

Además de este incremento de modulación, la “Revisión Médica” propone aplicar la degresividad (reducir gradualmente el nivel de las ayudas conforme aumentan los pagos globales de una explotación), incrementar la superficie mínima necesaria para percibir los pagos, y en aras de la simplificación se proponen dos medidas: elevar el porcentaje de pagos desacoplados (aún hay países como España en el que los pagos se mantienen parcialmente acoplados) y apartarse del concepto de pagos basados en los ingresos históricos (aquellos que derivan de los que se establecieron en su día en función del rendimiento comarcal en el caso de la ayuda a la superficie o aquellos otros establecidos en función de la producción en los años de referencia) para pasar al denominado sistema regional, un sistema a tanto alzado, que es el que ya se emplea en algunos países europeos, y establece una ayuda por hectárea uniforme para todas las superficies. 

Esta última idea puede ser realmente interesante en el caso de Extremadura, comunidad autónoma cuyos derechos de pago único están entre los más bajos de España, pese a que sus agricultores y ganaderos deben asumir los mismos costes que el resto de productores españoles para cumplir con los requisitos de la condicionalidad ambiental y el bienestar animal que fija la PAC y que constituyen el argumento fundamental esgrimido por la Comisión para conceder estas ayudas.

En cualquier caso, las ideas planteadas por la “Revisión Médica” están fuera de lugar, puesto que ante las demandas de la sociedad actual a la agricultura (alimentos, materia prima para bioenergía y otras externalidades positivas) carece de toda lógica que la Comisión Europea retome ideas como la de la modulación o la de la degresividad, propias de la demagogia que empleaban los políticos en el siglo pasado para justificar un recorte presupuestario que, hoy en día, en pleno siglo XXI y ante un escenario totalmente nuevo, resultan de todo punto injustificables.

Dos pasos más para que la Norma no sea de papel


El pasado 2 de noviembre el Consejo de Ministros aprobó el Real Decreto 1469/2007 en el que se establece la norma de calidad para la carne, el jamón, la paleta y el lomo ibéricos. Esta regulación completa y aúna toda la legislación que sobre la regulación de la calidad de los productos del ibérico se ha venido promulgando desde que en 2001 se aprobará, por primera vez, una norma para regular la calidad de estos productos.

El Real Decreto recién aprobado concentra y simplifica todas las órdenes que se habían venido publicando para completar la primera y para cumplir con el objetivo principal de la norma: establecer los parámetros de calidad que deben reunir los productos del ibérico en cada una de sus fases de comercialización.

La orden es muy completa, y establece con claridad todas las etapas del proceso de producción del ibérico y sobre todo deja muy claro como debe etiquetarse cada uno de los productos en función de estos criterios de raza, alimentación y curación. Se trata de una orden oportuna y necesaria.

Sin embargo, con la aprobación de esta Norma no quedan resueltos todos los problemas del ibérico. Sobre el papel, y con fuerza legal, ya ha quedado clara la diferencia entre bellota, recebo, cebo de campo y cebo; sobre el papel han quedado claros también los tiempos de curación de las distintas piezas, y todo esto supone un primer paso en la clarificación de este mercado, pero sin duda, si queremos que la Norma se desarrolle en toda su integridad la Administración debe dar al menos dos pasos más, pues de lo contrario la ley será muy buena… sobre el papel:

1. Extremar los controles en toda la cadena de producción: campo, matadero, secadero, puntos de venta. Para obligar a todos los agentes al cumplimiento escrupuloso de la norma.

2. Educar al consumidor, invirtiendo en difusión y promoción, tal como se hace por ejemplo con los productos ecológicos, para que los consumidores conozcan también el etiquetado del ibérico y lo que cada una de esas etiquetas implica.

Si la Administración y el sector no son capaces de dar estos dos pasos más, tendremos una ley muy completa que no nos servirá para nada. Es fundamental que seamos exquisitos con su cumplimiento desde el propio sector, pero es necesario que las exigencias provengan también de la Administración encargada de la supervisión y el control y de los propios consumidores, que son quienes a la postre van a pagar más por un jamón que lleve la etiqueta de “Ibérico de bellota”. Este camino que para el sector del ibérico es relativamente nuevo, ya lo han recorrido antes los viticultores y bodegueros, y junto a ellos, los maestros de la restauración y los propios consumidores, que pese a ser cada día más exigentes, también están cada día más dispuestos a pagar el precio que vale la calidad contrastada y certificada.

La Junta cumple con los tomateros… a medias

Finalmente han sido 12 y no 18 como prometiera a principios de año Ibarra en AgroExpo. Pero en cualquier caso, estos millones de euros son bienvenidos, y sin duda permitirán completar la renta de los tomateros extremeños en la última campaña (2006/07) en la que las penalizaciones ponían en riesgo la continuidad del propio cultivo.

La campaña próxima, la 2007/08, será la primera en la que entre en vigor el nuevo régimen de ayudas a los transformados, que siguiendo las directrices de Bruselas desacopla las ayudas de la producción y las entrega a los productores históricos, los que hayan cultivado tomate en todas o en alguna de las campañas de referencia (la 2004/05, la 2005/06 y la última, la 2006/07) sin obligarles a cultivar tomate. Esta ayuda, que en el resto de países pasa automáticamente a completar el llamado Pago Único, en el caso de España, y por decisión del Ministerio de Agricultura y de las CC.AA, entre ellas la de Extremadura, permanecerá parcialmente acoplado en las tres próximas campañas. ¿Y esto que quiere decir?

Esto supone que los tomateros históricos, los que sembraron en alguna de las tres campañas de referencia, sólo recibirán la ayuda plena a partir de la campaña de 2010/2011, hasta entonces recibirán el 50% de la ayuda que les corresponda. El otro 50% quedará como un incentivo para quienes siembren tomate en todas o en alguna de las tres próximas campañas (2007/08, 2008/09 y 2009/10). En estas tres campañas, y para recibir esa ayuda equivalente al 50% de la que se desacopla pueden sembrar tomates todos los agricultores que quieran, no es necesario ser tomatero histórico, pero ojo: el sembrar en esas campañas ni da ni quita derechos, la ayuda plena en concepto de pago único, el 100% sólo lo recibirán, a partir de la campaña de 2010/11 quienes sembrarán tomates en las campañas de 2004/05, 2005/06 y 2006/07, con independencia de lo que siembren en las tres próximas, en las que no están obligados a sembrar tomates, y sólo deben hacerlo si consideran que les resulta más rentable que sembrar maíz, arroz o cualquier otro cultivo alternativo.

En las tres próximas campañas de acoplamiento transitorio, la ayuda acoplada se concederá en función del número de hectáreas  -no de los kilos producidos- a los tomateros que cultiven bajo contrato con una industria de transformación.

Al final la Administración española ha optado por esta vía intermedia, la de más papeleo y más burocracia.

Encinal, el foro transfronterizo de la dehesa

La Feria Internacional Ganadera de Zafra acogió el pasado 2 de octubre la presentación en Extremadura de Encinal, un Foro transfronterizo para la Conservación y Defensa de la Dehesa. Y fue precisamente en Zafra donde se sustanció el carácter transfronterizó de este foro, pues en la capital de la Baja Extremadura suscribió su incorporación al mismo la Confederación Agraria Portuguesa (CAP), primera organización agraria de Portugal.

Este Foro, al que pertenecen ya más de 20 entidades públicas y privadas de Extremadura, Andalucía y Portugal surge con el objetivo de preservar la dehesa, ecosistema propio del suroeste de la Península Ibérica, y que entre los dos países ocupa una superficie superior a los tres millones de hectáreas.

La aparición de este foro no es casual ni caprichosa. La dehesa, el ecosistema que pretende proteger y potenciar vive sus horas más bajas. Su rentabilidad económica está fuertemente comprometida. El ovino y el porcino, dos de sus principales aprovechamientos junto al vacuno, no atraviesan por su mejor momento, y sus otros aprovechamientos tradicionales (madera, picón…) hace tiempo que dejaron de ser una fuente de ingresos y la poda constituyen hoy en día un gasto más para los propietarios de dehesa.

Paralelamente nos encontramos con el resto de sus aprovechamientos, es decir las aportaciones de la dehesa al medio ambiente y a la sociedad en general (sumidero de CO2, mantenimiento de la biodiversidad, generadora de paisajes, etc). no son suficientemente valoradas por cuanto no están contabilizados ni están siendo por tanto remunerados.

En esta situación nos encontramos con una dehesa envejecida y en regresión, con muy poca renovación y con una elevada erosión, fruto del incremento de la cabaña ganadera, única vía que han encontrado los ganaderos para conseguir sus explotaciones ante la baja remuneración que obtienen de la venta de sus producciones.

En este escenario es en el que surge Encinal, aglutinando a universidades, a organizaciones agrarias, ganaderas y forestales; a denominaciones de origen, y a todas aquellas entidades e instituciones convencidas de que este ecosistema tan nuestro debemos salvarlo nosotros mismos potenciándolo y dándolo a conocer, y esto es lo que se ha propuesto Encinal que ya ha contactado con el ministro de Agricultura de Portugal, con el consejero extremeño de Agricultura, con el presidente del Congreso de los Diputados, con el presidente del Senado y con todas aquellas autoridades que tienen capacidad, y esperemos que también voluntad, para promover las medidas necesarias que permitan sacar adelante a este sector emblemático, paradigma de la conservación y ejemplo de sostenibilidad y equilibrio medioambiental que en estas horas bajas no está recibiendo el apoyo que merece.