Con la llegada de septiembre iniciamos un nuevo año agrario que se abre con ciertas esperanzas para los sufridos ganaderos, pues a la bajada del precio de los cereales, que aún no se ha trasladado totalmente a los piensos, se une un repunte en los precios del vacuno y del porcino, leve de momento pero positivo, por cuanto indica un cambio de tendencia que ojalá se mantenga y permita que los ganaderos de vacuno y porcino superen la grave crisis que han padecido durante los últimos 12 meses.
Para el resto de sectores el año pinta en bastos. El incremento de los costes va a ser uno de los principales problemas, especialmente en sectores menos productivos o con producciones de escaso valor añadido.
El año agrario arranca con un gasoil mucho más caro del que tuvimos en el inicio del pasado año agrario, en septiembre de 2007 el litro de gasoil estaba a 0,69 euros, mientras que en este momento el precio está en 0,95 euros. Pese a la bajada del precio del barril de crudo, que a finales de agosto había reducido su precio en más de 40 dólares, el precio del litro de gasóleo continúa a unos niveles prohibitivos, y de momento, las compañías suministradoras no han trasladado esta reducción del precio del petróleo al surtidor. Pero no es el gasoil el único coste que pesa sobre las explotaciones, la energía eléctrica, los fitosanitarios y los fertilizantes han duplicado también su precio. Así, fertilizantes como el complejo 15-15-15, uno de los más usuales, ha pasado de 0,28 euros/Kg a 0,55 en un sólo año. El incremento de coste de los imputs se ha comido con creces la subida experimentada en los últimos meses por algunos productos agrarios.
En esta situación es fundamental que en este nuevo año agrario, y de cara a la campaña de siembra que próximamente se inicia, los agricultores y ganaderos echen muy bien sus cuentas y hagan su propio análisis de costes para evitar pillarse los dedos, pues el margen de beneficio es cada vez más reducido, y con estos costes tan altos la rentabilidad de algunas explotaciones es más que dudosa, salvo que de una vez por todas agricultores y ganaderos consigan trasladar el incremento de los costes al resto de la cadena de comercialización.
De cara a esta campaña, será por tanto más importante que nunca optimizar las dosis de fertilizantes, los tratamientos y el propio laboreo en la explotación. Este año agrario cobran más importancia si cabe las técnicas de no laboreo, de siembra directa y de laboreo de conservación que ya se practican en muchas fincas de España y que deben potenciarse más en nuestra región por sus indudables ventajas económicas y medioambientales.
Si no se recurre a estas técnicas será muy complicado que en un año como el actual, con unos costes tan elevados, pueda obtenerse alguna rentabilidad en explotaciones cuya producción sea inferior a los 2.000 o 3.000 kilos de cereal por hectárea, puesto que la venta de la producción ni siquiera garantiza el retorno de los gastos.

