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‘Troyanas’ bebe de grandes obras del Festival de Mérida para quedarse a medio camino entre ellas
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Paco Vadillo | 20-07-2017 | 09:23| 1

El tercer montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida no quedó indiferente a nadie. Y esto es un auténtico lujo tras disfrutar de una obra artística. Si el arte no genera debate, confusión, discusión o te genera sensaciones dispares se queda en un mero elemento decorativo, ya sea una obra escultórica, una película de cine o un montaje teatral. Aunque el debate, tras el estreno al que acudieron unas 3.000 personas (Datazo) se centró en “me gusta” o “no me gusta”. Está claro que el estreno de ‘Troyanas’ tras la abrumadora ‘Calígula’ provoca una comparativa injusta entre ambas de la que sale ganadora la obra de Pablo Derqui.

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Pero para ser lo más ecléctico posible e intentar no fusionar los dos montajes sin que ninguno se vea agraviado por esta situación, analizaremos el estreno de ‘Troyanas’ con la mente en blanco.

El espectáculo dispuesto por Carme Portaceli se queda a medio camino entre varias propuestas escénicas y artísticas que hemos disfrutado en la historia reciente de nuestro certamen. Es un quiero y no puedo constante que provoca en el espectador las ansias por entrar de lleno en la obra, pero la tibieza de comprobar que nos quedamos en la mitad de ese recorrido sentimental. La versión de Alberto Conejero y Portaceli es sencilla de entender, dirigida al gran público, con un buen texto y elementos dramáticos reconocibles, pero adolece de intensidad en muchas ocasiones. A veces parece una sucesión de monólogos que intentan conectar sensaciones pero, que logran la dispersión del público por momentos.

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No podríamos definir el montaje como lento, puesto que la directora ha dispuesto los silencios como discurso narrativo imprescindible para ir saltando por las historias de sus protagonistas. Pero prescindir de personajes, añadir otros que no aparecen en el texto de Eurípides y convertir el montaje en un ágora de mujeres que exponen su historia hace, por momentos, tediosa la narración. Además el espectador comprueba como exageradas algunas declamaciones de sus protagonistas sin entender de dónde viene…Falta el proceso que nos lleva al grito o al llanto, puesto que las actrices nos muestran su desgarro de una manera que parece, a veces, forzada, sin darnos tiempo a digerirlo. Su protagonista, Aitana Sánchez Gijón, maneja la escena como nadie. Sus movimientos y proyección vocal parecen haber nacido en la arena del Teatro Romano. Llega y es creíble, pero la composición de su personaje, Hécuba, nos recuerda a la Medea que presentó en Mérida hace dos años. Es desgarrada, protectora…Rebajar la edad del personaje la convierte en una líder creíble, pero aún así le falta un proceso de desarrollo del personaje para que pase de ser “la constante sufridora” de la historia a la jerarca o adalid del grupo de protagonistas.

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Durante toda la semana anterior nos han contado que uno de los objetivos del montaje es dar voz a las mujeres víctimas de todas las guerras. La lucha por la femineidad se cae al vacío tras la aparición de Helena de Troya. Las mujeres la llaman “zorra” “ramera” “puta”…tal y como la han denominado los hombres autores de la historia que conocemos. Helena se defiende de las propias mujeres, no de la historia de los vencedores ni del machismo literario. Su argumentario es espectacular, poniendo en duda si la guerra de Troya fue motivada por ella y si ella fue realmente la causa o la excusa de todo. Pero son las mujeres, de una manera evidente quienes más la machacan…

La madre, la amante, la hija, la abuela, la trabajadora… Los perfiles de la mujer de nuestros días, sus reivindicaciones, su lucha por la igualdad, su abnegación…Se ve bien reflejado en cada uno de los monólogos de sus protagonistas. Pero cuando llega Helena todo se cae al vacío.

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Es inevitable tras ver la obra, que recibió una larga ovación del público asistente, recordar con anhelo montajes que hemos visto en este certamen y que beben de la historia de ‘Troyanas’. En ‘Juicio a una zorra’ de Miguel del Arco, Carmen Machi realiza una exhibición de argumentos en su favor que convierten este monólogo de Maggie Civantos en una evocación de aquel que vimos en la Alcazaba emeritense. En los desgarros de Hécuba, con Aitana Sánchez Gijón, vemos el dolor exagerado que Concha Velasco nos regaló ediciones atrás. La Hécuba de ‘Troyanas’ nos hace viajar hacia la de José Carlos Plaza debatiendo como espectadores si la intensidad de la actual debería compararse con la de la actriz vallisoletana. Buscábamos más líder, más venganza o más dolor?… Debate interesante. Incluso la gabardina y monólogo de su protagonista en medio de la escena nos evoca a la Medea que ella misma puso en pie hace dos años, incluso a la estética de la de Tomaz Pandur con Blanca Portillo al frente.

Mención a parte merece un Ernesto Alterio que sorprende. Y sorprende por su exagerada declamación. Al principio impacta, parece sacada de contexto, pero conforme avanza la obra, esa misma exageración hace creíble su personaje. Incluso genera cierta dependencia. El espectador le requiere en el escenario de forma constante. Es un hilo conductor casi imprescindible. Una buena idea creada por la directora que conecta con el público, dota de ritmo al montaje y aporta un aire diferente.

Y cómo no destacar la espectacular escenografía de Paco Azorín. Vuelve a sorprender en un espacio tan difícil como el Teatro Romano de Mérida. Una gran ‘T’ tumbada sobre la arena hace las veces de atalaya de los muros de Troya. Preside un campo lleno de muertos y genera cierta inquietud desde que llegas a las caveas hasta que te marchas. Todo esto apoyado por una muy buena selección de proyecciones audiovisuales que permiten que el texto del montaje recobre actualidad con las situaciones que vivimos en Siria o en múltiples países africanos, hacen de la dirección de escena uno de los auténticos reclamos de este montaje. Montaje que sin duda ha levantado mucha expectación entre el público, y que en cuanto a taquilla, será uno de los éxitos de esta edición.

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La pedagogía de los clásicos para los niños
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Paco Vadillo | 14-07-2017 | 08:51| 0

“Érase que se era…” Así comienza cada domingo a las 12:00h en la Plaza de España de Mérida, frente al Palacio de la China, la dramatización de los clásicos dirigidos a los más pequeños de la casa. El Festival Internacional de Teatro Clásico apuesta, una edición más, por el programa “Cuentaclásicos” donde Sergio Pérez, Rubén Lanchazo y la recién incorporada Cristina Martín acercan a los niños y niñas que les visitan las historias que siempre nos han narrado los grandes de la escena española en el Teatro Romano.

Los jóvenes actores extremeños en el primero de los CUENTACLÁSICOS desarrollados en la Plaza de España de Mérida

Los jóvenes actores extremeños en el primero de los CUENTACLÁSICOS desarrollados en la Plaza de España de Mérida

Lo hacen con un trabajo pedagógico exquisito, elaborado y con todos los detalles. Explican las historias de los grandes mitos clásicos con una dramaturgia sencilla, divertida y que llega a todos los públicos. Gran trabajo el de estos tres jóvenes actores extremeños que, sin duda, facilitan la digestión de las grandes historias para los más pequeños.

Es una manera muy inteligente de que las nuevas generaciones se familiaricen con los textos grecolatinos que forman parte de la historia del Festival. Y lo ejecutan haciendo partícipes a los menores que asisten de una manera activa. El público es espectador pero, también protagonista de cada uno de sus espectáculos. Pequeños montajes de calle que duran en torno a 30′ y que convierten las mañanas de los domingos en la capital extremeña en una clase abierta a la literatura clásica.

Además, para los pequeños han dispuesto cojines para que disfruten desde el suelo con la boca abierta de cada una de las historias. Los adultos rellenan esta sombreada zona de la plaza que se convierte en el epicentro del festival en las mañanas dominicales. Acercar la cultura clásica a los menores de edad es una forma de normalizar la vida del certamen emeritense, además de generar la pasión por las historias dramatizadas en el Teatro Romano y ser un semillero de público del futuro. Un gran trabajo que realizan los tres profesionales que acaban cada domingo con la prolongada ovación del público a quien se le queda corto el desarrollo de cada cuento. Sin duda, felicidades a los profesionales y al Festival por una iniciativa que podría verse ampliada a otros días de la semana con el mismo atractivo que tiene ahora.

CUENTACLÁSICOS 2017
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Calígula, la lógica perturbadora de un loco
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Paco Vadillo | 13-07-2017 | 06:24| 1

Activista, agitador, alarmante, alborotador, amotinador, convulsivo, incómodo… Explican los expertos que los psicópatas se caracterizan por ser mitómanos, irresponsables, tener una falsa adaptación a la sociedad que les ha tocado vivir. Resultan problemáticos, son manipuladores, carecen de empatía y no sienten miedo, culpa o vergüenza. ¿Era Calígula un psicópata como la historia nos lo ha descrito? Tras ver la obra de Mario Gas consigues cruzar la línea del protagonista, empatizar con él y comprobar con cierta inquietud si los psicópatas eran realmente quienes le rodeaban…

Extraordinaria. Así podíamos definir el segundo montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. ‘Calígula’ de Albert Camus, versionada y dirigida por Mario Gas, es uno de esos montajes que echábamos de menos en la programación del certamen. Un montaje intenso, perturbador, moderno, alejado de los convencionalismos del teatro clásico, con un texto espectacular y una interpretación que, sin duda, pasará a la historia de este evento cultural. Su protagonista, Pablo Derqui, se consagra como uno de los mejores actores que han pisado la arena (‘arena figurada’) del Teatro Romano de Mérida en los últimos lustros.

Reparto completo Calígula

Derqui es capaz de hacer creíble su papel, incluso minutos antes de salir a escena. Sí, algo sorprendente que sólo está al alcance de muy pocos actores. El control sobre la tensión dramática que ejerce de forma constante en su recital es una de las claves del éxito de la función. Y por el que las más de 1.500 personas que acudieron al estreno se quedaron con la boca abierta. Posee una declamación perfecta, alejada de excesos y con gran carga de realismo. Su cara desencajada, su mirada, cada pisada sobre el espectacular escenario diseñado por Paco Azorín, reviven al Calígula más ‘humano’ que se ha visto en el Festival.

Derqui consigue que entendamos su locura, que traspase la escena y perturbe al espectador. Sus respiraciones, sus silencios e incluso el uso de una ‘s’ líquida que genera cierta ansiedad en cada frase del texto, le convierten en uno de los intérpretes más sólidos que han pasado por este certamen.

Que nadie pretenda ver túnicas de romanos, o la lógica de la narración tradicional de los clásicos. Este montaje está cargado de símbolos que viajan desde los primeros años del siglo XX a nuestros días. Mario Gas se permite unas licencias dramáticas que sin duda, lo hacen más atractivos. No hay caballos, ni actores vestidos de romanos…hay color, David Bowie y proyecciones audiovisuales…Todo para conseguir poner en jaque la justicia, la divinidad, el poder, la política , el amor, la felicidad , las relaciones personales, la literatura… Una actualización del clásico que se convierte en imprescindible y cuyo texto es uno de los más potentes de los últimos años sobre la arena del Teatro Romano.

Cartel 'Calígula'

Todos los ingredientes bien hilados para intentar conseguir esa “Felicidad demente. Saber que nada dura. Esa insoportable liberación y desprecio es la felicidad”… asevera el personaje. Y todo dispuesto sobre una tarima en pendiente, que convierte en más tensa aún cada escena por la sensación de que todo se viene abajo de forma constante. Azorín ha creado un palacio en tiempos de guerra en el siglo veinte, pero también puede ser un columbario bajo los pies de sus protagonistas…Movimientos estudiados, casi como si de una partida de ajedrez se tratara sobre el tablero dispuesto en el Teatro Romano, donde el objetivo es mover las fichas (los actores) para matar al REY.

Espectacular el diálogo entre Querea y Calígula tras el baño del protagonista. Cada frase, cada gesto medido…emoción hecha teatro. Todo bien organizado y estudiado.. “Se necesita organización en todo hasta en el arte”. Que nadie espere algo clásico, porque a pesar que la historia lo es, Mario Gas le ha dado una vuelta de tuerca. Sin duda un montaje para no perderse, disfrutar y meterse de lleno. Felicidades.

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La huella de David Delfín en el Festival de Mérida
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Paco Vadillo | 07-07-2017 | 15:01| 0

Ha pasado ya un mes del fallecimiento de uno de los diseñadores más prestigiosos de este país. David Delfín falleció con 46 años tras luchar de forma incansable contra un cáncer cerebral. El mundo de la moda le sigue recordando como un elemento imprescindible para entender la industria española en los últimos lustros. Lo suyo, más que vanguardia, era riesgo y provocación. Una provocación que le llevó en pocos años a ser considerado uno de los mejores diseñadores de moda del mundo. No sólo era Cibeles, Nueva York también se rindió a sus pies. Y en Mérida, en nuestro Festival Internacional de Teatro Clásico también disfrutamos de su talento y su riesgo.

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Fue en el año 2011, cuando Blanca Portillo decidió que el equipo imprescindible de acomodadores debía tener también su protagonismo. Para ello encargó a Delfín que diseñara el nuevo vestuario de los jóvenes emeritenses responsables de acomodar a cada persona en su cojín del Teatro Romano. Una tarea que pasa casi desapercibida, pero que funciona como un reloj suizo, y que sin duda, es una de las características de nuestro certamen. Una red de jóvenes de negro corriendo por las empinadas caveas del monumento para que el público disfrute sin sobresaltos del espectáculo. Siempre van de negro, excepto ese año. Ese 2011 donde Delfín les colocó un atuendo blanco, visible y ‘fresquito’.

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

Compuesto por una camiseta de tirantes anchos, sin tapar los hombros, como si de una tradicional de ‘abanderado’ se tratase. Un pantalón medio bombacho corto, justo a la altura de las rodillas. Y una corbata sin finalizar en punta que aparecía, casi por sorpresa, de un falso cuello en pico, dotándolo de cierta elegancia. Sport y gala unidos en un diseño algo diferente, que provocó que el cuerpo de acomodadores pasara más frío de lo normal, pero que sin duda se llevaron las fotografías de muchos visitantes. David Delfín dejó, de este modo, su sello en Mérida y pasó del negro al blanco en una edición muy recordada, por motivos muy diversos.

Delfín cumplía en 2011 nueve años en la cresta de la ola del diseño en España. Atrás quedó el año 2002 cuando se presentó en Cibeles, Madrid, revolucionando la pasarela. Con modelos a las que les colgaba una soga del cuello y que generó un agrio debate en todos los círculos. Pero él supo ir más allá, y consiguió crear de su nombre una de las marcas más reconocidas de la moda en nuestro país. Contar con David Delfín, más allá de lo acertado o no de sus diseños en Mérida, era colocar al Festival en otros derroteros menos frecuentes, publicidad al fin y al cabo.

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A pesar de este riesgo, las sucesivas direcciones del certamen han apostado por continuar con la línea clásica a la hora de vestir al personal que trabaja en sala. Un personal que es la voz callada del evento, pero que sin ellos, las noches de verano emeritense serían menos mágicas. Aguantaron en 2011 el frío, las miradas y cómo les señalaban por sus atuendos. Seis años después, siguen siendo los ojos y los pies de cientos de espectadores. Conocen el Teatro Romano de Mérida como nadie y son capaces de realizar las críticas más completas de los montajes. No son periodistas pero, sí profesionales a los que hay que tener en cuenta para recabar la información de cada uno de los montajes. Ellos lo ven con respeto, cariño y mucho orgullo. La clave fundamental para que todo transcurra según lo previsto. Con o sin David Delfín, sin ellos, este Festival no sería el mismo.

 

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La versión de Luis García Montero hace aún más grande a ‘La Orestíada’
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Paco Vadillo | 06-07-2017 | 01:19| 0

Agamenón, Orestes, La Democracia…poner en pie sobre la arena del Teatro Romano la trilogía de Esquilo es un trabajo que requiere un ejercicio de contención, contención en la intensidad de cada una de las historias y de su extensión. En Mérida hemos visto Orestíadas ‘kilométricas’, pero éste no es el caso. El montaje inaugural puesto en pie por José Carlos Plaza cumple con el objetivo fundamental de hacer pedagógica la compleja historia de Esquilo. Y lo consigue gracias a quien ha versionado el texto para que lo podamos disfrutar en este bello montaje: Luis García Montero. Para quien los directores de escena de todo el país se pelean porque sea él quien escriba sus obras teatrales.

García Montero dota al texto no sólo de pedagogía, sino de ritmo (que es difícil), le da un aire poético que envuelve cada frase y naturaliza el drama, con lo que consigue descargar de tensión dramática una historia que ya de por sí lo es, pero de este modo consigue no saturar al público. Para que un texto sea eficaz, necesita de unos actores eficaces, en esta ocasión, el casting es desigual. Tras ver el estreno descubres en Mérida a una intensa Ana Wagener, con todos los ingredientes de las heroínas de Plaza: quietud en el centro de la escena, vestuario donde el rojo es el protagonista, movimientos claros de los brazos del cuerpo para cargar de crudeza las frases del texto y constante variación del tono de voz que la convierten en la protagonista absoluta, y también, la que más aplausos recibió tras el estreno.

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Ana Wagener, Alberto Berzal, María Isasi y Juan Fernández están muy por encima de sus compañeros en las interpretaciones. A la carga dramática ellos le aportan credibilidad, algo muy difícil de transmitir en un teatro con 3.000 localidades. Sentir cada jirón de texto en las esquinas más recónditas de las caveas de este teatro, y sentir cómo te arañan la piel, es un trabajo que sólo saben hacer los grandes actores y actrices de la escena. Y ellos lo tienen más que conseguido. Son credibilidad e intensidad, el punto justo para un drama clásico.

En cuanto a Ricardo Gómez o Amaia Salamanca, valores jóvenes que se estrenaban en la arena del Teatro Romano, la opinión va por barrios. Aunque la mayoría de espectadores, incluido el que escribe esto, es consciente y recibe el trabajo arduo que han realizado los dos para montar sus personajes. La energía que muestran en sus interpretaciones y el esfuerzo que ello le requiere, les falta el poso de un actor o actriz más trabajado en las grandes tragedias. Eso que no te da el ser mejor o peor que nadie, sino que te lo otorga la experiencia. Y a Amaia y Ricardo les falta eso, aunque tienen visos de convertirse en muy buenos artistas de teatro clásico…El tiempo lo dirá y ójala les volvamos a ver en Mérida. 

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Plaza, el director, es un experto en cuidar la escena del Teatro Romano de Mérida. Y aquí lo vuelve a conseguir. No defrauda al espectador tradicional que viene a buscar un montaje clásico con el máximo aprovechamiento de la boca del teatro. Una macro estructura en forma de escalinata, que eleva la posición de los actores sobre la grada y democratiza de este modo la escena haciéndola más accesible al público y a la línea visual que tenemos, otorga una belleza al conjunto de historias que sobrepasan por allí. Además, la iluminación, proyectando diseños constantes, desde el fuego a las estrellas, sobre el monumento, dotan a las escenas de cierto realismo ilusorio que carga de poesía el texto que se está recitando. Un vestuario cuidado y una dirección artística más que correcta hacen de ‘La Orestíada’ un montaje que se puede ver, disfrutar y sufrir. Una clase magistral de poesía del versionador y la revisión de una historia, en dos horas y cuarto, que en Mérida conocemos muy bien.

Sólo nos queda mandarle un mensaje a Plaza…te esperamos en la décimo segunda obra en Mérida.

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Guía básica para vivir la 63 edición del Festival de Mérida
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Paco Vadillo | 05-07-2017 | 17:37| 0

Un año más, y como marca la tradición de este blog, os propongo una guía para vivir la 63 edición del Festival Internacional. Y conseguir que lo disfrutes con los cinco sentidos. El primer espectáculo en llegar es ‘La Orestiada’ de José Carlos Plaza, y con Amaia Salamanca y Ricardo Gómez como reclamo para el gran público.  Aún nos quedan muchas noches por vivir. Por ello, me atrevo a realizarles y proponerles una sencilla guía para que disfruten del Festival desde que aparquen en Mérida, hasta que vuelvan a sus casas:

terraza festival

1.- Tapear. Intenten llegar a la zona del Museo Nacional de Arte Romano sobre las 21:00 horas. ¿El objetivo? Conseguir una mesa en las terrazas de José Ramón Mélida y aledaños. Le recomiendo probar las tostas de jamón ibérico, torta del Casar y morcilla de Guadalupe. Regadas por buenos vinos extremeños. Para los cerveceros pregunten si tienen cervezas artesanas extremeñas. En los últimos meses se han abierto nuevos establecimientos en la zona del Teatro, pero también por todo el centro de la ciudad. Tener una previsión horaria para comer puede ayudarnos a “digerir” mejor el montaje. Para los que no quieran cenar, cada Jueves de julio y agosto, el Museo Nacional de Arte Romano abre sus puertas de forma gratuita antes de cada espectáculo.

2.- Entrada al recinto. Yo recomiendo entrar al recinto sobre las 22:30 horas. Unos 15 minutos antes de las representaciones. De esta manera podrán recorrer tranquilamente el complicado empedrado de acceso. Aunque el Consorcio, dentro de su plan de accesibilidad, ha creado nuevas rampas, eliminando escaleras. Pero en el entorno de las caveas las piedras siguen protagonizando el recorrido, que puede complicarse, sobre todo si llevan zapatos de tacón. Disfrutar del entorno monumental y empezar a sentir el Festival y su noche. El romanticismo del empedrado nunca se pierde.

3.-Descubrir. Una vez ubicado en nuestra localidad. (No se lleven cojines que, excepto en gallinero (cavea media), todas las localidades tienen su cojín ya incorporado) Es importante mirar el monumento, disfrutar de él bajo la noche emeritense. Además, muy recomendable en esos minutos de abstracción, leer el ‘libreto’ de la obra en cuestión. Nos ayudará a comprender mejor el desarrollo de la historia y conocer su cuadro técnico y artístico.

4.-La obra. Si una obra tiene demasiada intensidad dramática, hay muchas posibilidades de que nos despistemos con las columnas o con las estrellas del cielo de Mérida. Y esto nos puede provocar una desconexión total del montaje. Céntrese en la historia, como si a su alrededor no estuvieran miles de personas. Es difícil, pero posible.

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5.- El después. Tras los prolongados aplausos del público emeritense, famoso por ser abundante en sus elogios y palmas. Le recomiendo que se acerque a la terraza ubicada justo encima de los camerinos. Desde allí, y con un mojito o refresco, contemplarán la espalda de Teatro Romano, sinuosa, provocándonos. En dicha terraza es habitual compartir copas con los actores y estrellas del montaje. Si está lleno, cualquier bar del entorno o centro de la ciudad es bueno para comentar las obras.

6.-No olvides. No hay que olvidar abanicos y rebecas. Sí, contradictorio. Pero las noches emeritenses son así de extrañas. Tan pronto hace un frío insoportable como un calor que derrite. También recomiendo una botella de agua durante la representación. Porque salir del graderío a oscuras hacia las barras es bastante complicado. Apagar el flash de tu móvil o cámara de fotos. Es horroroso comprobar cómo algún espectador cree que su pequeño flash llega hasta la escena del teatro. Además despista a cualquiera.

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¿Qué obra ver en esta 63 edición del Festival de Mérida?
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Paco Vadillo | 03-07-2017 | 20:28| 0

Vamos con algo de retraso, pero suele ser habitual, antes que comience la edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que cada uno eche un vistazo a la programación para escoger qué montaje ver con su familia, pareja o amigos durante el verano extremeño. La mayoría, a no ser que lo compre por Oferplan o le toque algún sorteo, no suele ir a todas las obras. Ya no es una cuestión económica, sino de gustos. El espectador habitual del certamen, mayoritario por cierto, que repite año tras año como una tradición, cada vez es más exigente a la hora de decantarse por un espectáculo en concreto. Mira su ficha técnica, artística y las fechas, para que no les coincida con su escapada a Isla Cristina…

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Esta entrada no pretende predisponer a nadie, ni por supuesto, expresar la última razón. No hay verdades absolutas en esta vida, y menos las referidas al arte. Cada uno tiene una motivación. Y quien las escribe, por suerte, disfruta de todas las obras de la edición. Haremos un repaso desde las obras más clásicas, llamémoslas tradicionales, a las que aportan un punto más de vanguardia…si realmente existe, porque en el arte teatral está ya casi todo inventado. Y muchas cosas que se presentan como vanguardia, ya las hemos visto hace lustros, por lo tanto no son caducas, pero sí manidas. Las fórmulas para los químicos…Aquí sólo va la opinión de un niño que disfruta con el Teatro como a quien le compran el último Geiperman…(Siempre he sido muy vintage):

1.- La ORESTIADA

A quien le guste la fórmula ‘clásica’ de representación en nuestro Festival que no se pierda este montaje del incombustible José Carlos Plaza, que ha regalado para el público de las caveas emeritenses noches para la historia. Hécuba, Medea, incluso la propia Orestiada en 1.990. Plaza conoce el espacio, conoce al público y conoce las exigencias de los más ‘clásicos’. Su teatro es el juego del auto conocimiento. Trabaja en exceso el proceso en el que el actor interioriza un personaje hasta que no puede desprenderse de él ni para comprar una baguette. Las declamaciones de sus actores y actrices son ‘las de toda la vida’. El montaje está cargado de intensidad dramática. Y conjuga, una vez más, la veteranía escénica con los nuevos valores. Valores que habrá que descubrir…Ya sabemos que el Teatro Romano puede tragarse a más de uno, la historia así nos lo ha demostrado. Su intensidad puede jugar malas pasadas al espectador que espera una obra corta y ágil. Los montajes de Plaza son para no despistarse, y rara vez su duración baja de las dos horas de teatro del denso. Siempre destaca por buenas escenografías, buen aprovechamiento del espacio escénico y un cuidado trabajo de iluminación y vestuario. Pero algunos montajes suyos vistos en la arena del Teatro Romano ha adolecido de ritmo y han sobrepasado la intensidad.

2.-CALÍGULA

Sobre el papel se presenta como una de las propuestas más interesantes. Contar con el Teatre Romea y el Festival Grec es un aval de confianza. La calidad de sus montajes está más que demostrada. Pero la clave de este espectáculo es su director, Mario Gas. Su fuerte carácter, tanto dentro como fuera de la escena, han provocado que los emeritenses disfrutemos de obras para el recuerdo. Nunca deja indiferente, ni como actor ni como director, y esto es un lujo en el actual arte de usar y tirar. Sus obras no podrían exponerse en ARCO, porque sus cargas dramáticas sobrepasan la piel, te llegan. Y Gas siempre se rodea de excelentes profesionales que dan un giro constante a las tendencias teatrales de este país. Paco Azorín retuerce las escenografías para ser un adelantado de nuestros tiempos y expresar con elementos escénicos cada uno de los motivos por los que las obras de Gas son para recordar. El texto es de Albert Camus, otro aval más para que a quien le guste el teatro actual, pero con un texto clásico, no se pierda este montaje.

3.- TROYANAS

La obra dramática que más expectativas ha levantado entre la crítica y el público. No me extrañaría que el montaje protagonizado por Aitana Sánchez Gijón se estrene el próximo 19 de julio con todas las entradas agotadas para sus cinco sesiones. Estamos hablando, no obstante, de uno de los montajes con el cuadro artístico y técnico más potente del certamen. Carmen Portaceli es una directora reconocida que se ha arropado para esta ocasión de profesionales premiados de primer nivel. Casandra, Helena, Andrómaca, Hécuba, Políxena, Clitemnestra, Ifigenia, Hermione… una historia de sobra conocida por los espectadores de Mérida, pero que cuenta con un cartel de lujo como Alba Flores o Ernesto Alterio. Portaceli y Cimarro saben mucho de este negocio, y para protagonizar el drama por antonomasia de la edición, han escogido a dos actores que han dado noches históricas para el Festival. Eso es un vala de éxito, otra cosa es que nos termine por convencer…pero ingredientes tiene, y de sobra.

4.-SÉNECA

La corrupción, el agotamiento personal, las ambiciones…la Séneca que escribió Antonio Gala y que ha versionado para Mérida Emilio Hernández es un arma de doble filo. Por un lado, se presenta interesante descubrir como espectador a este personaje que puso en pie Gala hace 30 años, pero que se ha actualizado. También lo apoya que detrás esté el Centro Dramático Nacional. Pero puede adolecer de intensidad. Esa que en las noches de verano emeritense provocan a quien se sienta en los cojines que desconecten. De la medida en la que gestione su director la transmisión de esa intensidad al público podremos decir si Séneca se corona en Mérida o no. Ver un montaje del CDN ya es un lujo, verlo llegar a Mérida una oportunidad para revisar en qué han convertido la obra que ya escribiera Gala hace 3 décadas…está por ver y comprobar si el montaje ya estrenado se corona en la capital extremeña.

4.- LA BELLA HELENA

Llega el musical al Festival de Teatro, en esta edición claro, porque tras Hércules, parece ya imprescindible programar un espectáculo “para toda la familia”. ¿Esto quiere decir que nos entretendrá pero no pasará a nuestro recuerdo?… Bueno, eso decíamos de las comedias clásicas hasta que llegó ‘Los Gemelos’ para darnos una bofetada artística a todos los que pensábamos de esta manera. Aún así, el cartel, la producción, la elección del casting, incluso los adaptadores (Entre ellos Miguel Murillo), están pensados para agradar al gran público. Un musical es costoso, por eso no se producen muchos más allá de la Gran Vía de Madrid. Verlo en Mérida, y con un elenco tan amplio, puede ser la oportunidad perfecta para que los pequeños de la casa vivan el Festival junto a sus padres, madres y abuelos…Lo que opine la crítica tras el estreno será harina de otro costal.

5.- LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS 

Esta obra funciona. Es la frase que todos dijimos cuando presentaron la programación de la 63 edición. Llega la comedia al certamen de la mano de un experto en ella: Pepón Nieto, quien nos diera noches gloriosas con su Eunuco ediciones atrás. Y además, la programan 10 días…huele a lleno total. Y además (y ya van dos ‘además’) el productor ejecutivo (el de los billetes) es Jesús Cimarro…pues parece que la apuesta es a caballo ganador. Las comedias siempre triunfan entre el público emeritense, otra cuestión es que hagan reír…qué paradoja. Porque en el Festival hemos visto de todo al respecto. Con las comedias me ocurre lo que con la comida mejicana…sabes que pica, pero no si te va a gustar su picor. Aunque lo que es innegable que su atractivo, con Pepón Nieto, Paco Tous o Canco Rodríguez al frente es grande. Cimarro ha sabido escoger actores y actrices reconocibles por el gran público gracias a la televisión y conjugarlos en torno a una versión de Pep Anton Gómez y Sergi Pomermayer, a partir de la obra de Plauto. Una mezcla entre Sueño de una Noche de Verano, incluso con ingredientes de Los Gemelos…este montaje de líos, amores no correspondidos y encuentros a escondidas tiene todos los ingredientes para reventar la taquilla.

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6.-VIRIATO

Que vuelva ‘Verbo Producciones‘ es que vuelva ya un clásico. Cimarro confía en quien ha sido la ‘voz en off’ del Teatro Romano en los últimos años para cerrar edición una vez más. Y sus éxitos le avalan: Los Gemelos y El Cerco de Numancia. Es cierto que el montaje extremeño se ha convertido por méritos propios en uno de los montajes más esperados por el público castizo que acude fiel al Festival cada año. Y también es cierto que no suele defraudar. Y para que no me tachen de ‘pelota’ expondré los riesgos que asume Fernando Ramos al protagonizar y producir este montaje de cierre. En primer lugar creo que hemos sido muy excesivos en remarcar cada año que las compañías extremeñas saben “llenar” la boca del Teatro Romano de Mérida…pero esto se ha convertido en un peligro, porque cada vez de forma más frecuente, llenan en exceso de elementos, figurantes y coro cada rincón del espacio escénico, provocando que el espectador se despiste de lo esencial. Menos es más…pues casi siempre. Ver ‘Viriato’ es disfrutar de la pluma literaria de Florián Recio, uno de nuestros genios actuales. De la locura sentimental que aporta a cada montaje Paco Carrillo en la dirección y de un elenco, que aunque la obra no nos llegue a convencer, son verdad hecha artistas: Ana García, Pedro Montero o la excelsa Paca Velardíez.

 

Mi recomendación final es que cuando terminéis de leer esta entrada en el blog no os perdáis ninguno de los montajes, sí…porque es muy satisfactorio poder escribirme y decirme: “Paco te has equivocado ….” ¿Será para bien o para mal…disfrutemos del privilegio que tenemos cada verano…las conclusiones llegarán después…esto sólo son palabras de un principiante que ama el Festival… ¿Acertaré? 

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El Festival recupera los grandes nombres de la escena en su 63 edición
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Paco Vadillo | 29-03-2017 | 19:15| 0

Se presenta la programación completa de la 63 edición del Festival de Mérida

Mario Gas, Antonio Gala, José Carlos Plaza, Aitana Sánchez Gijón, María Barranco, Pepón Nieto, Ernesto Alterio…Son sólo algunos de los nombres que este año completan la programación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Grandes nombres de la escena española que ponen, sobre el papel, un alto nivel de expectativas en la próxima edición. Una edición que recorrerá del 5 de julio al 27 de agosto los rincones del Teatro Romano de Mérida y que pretende, al menos, mantener los datos del pasado año, con 163.483 asistentes, pero lo que es más ambicioso: mejorar la calidad artística de los montajes. Un reto que parece más que posible con la programación en la mano.

El director del certamen, Jesús Cimarro, ha recalcado en la presentación que son muchas las compañías cuyas propuestas se han quedado fuera de la 63 edición, por una cuestión, no sólo de programación, sino también de limitación de tiempos. No caben todas, pero ahí está el riesgo de quien programa, eligiendo las más adecuadas o las que cree que van a funcionar mejor. Con estos mimbres, los espectadores podrán ver 6 estrenos absolutos, uno de los hitos de la ‘era Cimarro’ que más valoran los apasionados del Festival. Que los montajes, más allá que estén previstos para girar por teatros a la italiana, se vean por primera vez en Mérida, con el toque de exclusividad que este hecho da.

Además, como plus para el espectador, este año veremos dos textos inéditos,uno de ellos será la Séneca de Antonio Gala coproducida con el Centro Dramático Nacional y que representa uno de los atractivos más destacados de la programación. Aunque será el incombustible José Carlos Plaza quien abrirá el certamen, gran conocedor de la escena emeritense, con La Orestíada de Esquilo, coproducida por Pentación y con los televisivos Ricardo Gómez y Amaia Salamanca entre su reparto.

Uno de los platos fuertes, porque casi nunca falla la calidad de sus montajes, será el regreso de Mario Gas. El director y actor vuelve a Mérida dirigiendo Calígula de Albert Camus. Se presenta como un montaje donde vislumbraremos, gracias a la coproducción con el Festival Grec y Teatro Romea, la utilidad del poder y el sufrimiento que éste genera entre el pueblo y entre quienes ostentan la responsabilidad de repartirlo.

Aitana Sánchez Gijón vuelve a Mérida, tras su Medea multipremiada y que nos supo a poco. Aitana ya estuvo en Mérida protagonizando ‘Odiseo y Penélope’ y ahora volverá encarnando a una de ‘Las Troyanas’ escrita por Alberto Conejero y dirigida por Carme Portaceli, actual directora del Teatro Español. Una posibilidad de ver en Mérida teatro duro, intenso y directo a las emociones.

La parte más naif de la programación la completa el musical ‘La Bella Helena’ con la cantante Gisela al frente en versión de Miguel Murillo. El objetivo es atrapar al público familiar con este tipo de producciones. Habrá que esperar para ver si su resultado cuaja con las exigencias de una gran cartel como el de esta edición.

Y tras la música, (Aunque han insertado un concierto el 17 de agosto de Arcángel, Las Nuevas Voces Búlgaras y Ana Moura), llegan dos apuestas para el mes de agosto que presentan muchas incógnitas pero cuyos repartos artísticos y técnicos son garantía de éxito en cada una de las producciones donde les hemos disfrutado. Por un lado ‘La Comedia de las Mentiras’ de Pep Antón Gómez y Sergi Pomermayer, protagonizado por Pepón Nieto y María Barranco, entre otros. Nos recuerda a la locura y genialidad de ‘El Eunuco’ y puede que sea, al tratarse de comedia y con este cartel, uno de los ‘bombazos’ de esta edición.

Y cierra una apuesta segura: Verbo Producciones, con 2 premios CERES del Público en su haber, vuelve a la que parece su casa en el último lustro para poner otro texto magistral de Florián Recio, dirigido por Paco Carrillo y con el elenco casi completo de ‘El Cerco de Numancia’. Las expectativas son altas, algo que puede jugar en su contra, pero está claro que el conocimiento de la escena y del público que tiene esta producción es una de sus virtudes para poner la guinda a la 63 edición.

Y aderezándolo todo, pues la programación OFF con TAPTC? Teatro, cine en EL FORO, Cuentaclásicos en la Plaza de España, pasacalles, conferencias en el Museo Nacional de Arte Romano…

Las conclusiones las sacaremos en este blog tras disfrutar de cada uno de los montajes, pero sobre el papel, está claro que Cimarro y su equipo traen a Mérida en esta edición, a un nutrido grupo de lo mejor de la escena española para que como reza el título de esta edición: Sintamos la emoción de la Historia.

 

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'Marco Aurelio' se diluye en el pensamiento filosófico del emperador
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Paco Vadillo | 25-08-2016 | 18:47| 0

El espectáculo de ‘Teatrapo‘ se queda a medio camino entre un ensayo filosófico de los pensamientos del emperador Marco Aurelio y una obra de teatro que narra los últimos días del líder romano. Para los amantes al cine y el público en general, la historia teatral les es conocida, gracias al éxito de la película ‘Gladiator‘ que protagonizó Rusell Crowe. Metiéndose en el papel de un gladiador de Emérita Augusta liberado por el propio Marco Aurelio. Aquí no hay gladiadores, tampoco mucha acción, pero nos recuerda la importancia del emperador, su carisma y humanidad y el papel que jugó en el antiguo imperio Romano. Es una anécdota, pero no deja de ser una forma más para atraer al gran público al Teatro Romano.

Vicente Cuesta y José Vicente Moirón

Vicente Cuesta y José Vicente Moirón

Es ahí, donde sin duda se encuentra la clave de este espectáculo. La apuesta de la dirección por contar al público emeritense una historia nueva, jamás puesta en escena. Además, se suma que el texto se ha extraído de una tesis doctoral de Agustín Muñoz Sanz. Retocada para su adaptación teatral por Miguel Murillo y José F. Delgado. Son estas dos circunstancias, el estreno absoluto y la consecución de la dramaturgia, lo que hacen interesante este montaje. 

Pero no llega a cuajar. A mi juicio, y a pesar que la mayoría de críticos y compañeros de los medios de comunicación han resaltado el montaje como un buen espectáculo, la obra no sacia al espectador. Por momentos, y aprovechando la densidad filosófica que imprime Agustín Muñoz, se hace tediosa, a veces inconexa con el resto de la trama teatral. Y provoca que las lecciones de vida, moral y filosofía que se insertan en los monólogos del protagonista no cuajen,  ni conecten con el público.

En cuanto a los aspectos técnicos destacar una sobresaliente iluminación, diseñada por Fran Cordero, que permite que el monumento tenga todo el protagonismo del montaje. Al colocar el cuadro de luces en los laterales del Teatro, permite dar una sensación tridimensional al monumento, incluso pareciendo un maping, resaltando aún más las cualidades del espacio escénico. La escenografía es inexistente, la arena del Teatro es el elemento que el director, Eugenio Amaya ha querido destacar, para que nada despiste de lo importante, que es lo que se cuenta.

Ningún actor o actriz resalta por encima del resto. El elenco está correcto, algo descafeinado por momentos, incluso diríamos nervioso, su protagonista, Vicente Cuesta, a quien le faltó contundencia en sus declamaciones. Pero seguro que es fruto del estreno puesto que, Cuesta es un excelente actor que crecerá con los días de representación en Mérida.

Interesantes las transiciones que nos propone el montaje. El coro hace las veces de cuadro de baile contemporáneo. Unidos a la música generan sensación de incertidumbre, de muerte, de penurias…Las que pasaba el imperio con los problemas económicos y la peste que asolaba pueblos y ciudades de Roma. Pues, esas transiciones musicales y de danza acercan y contextualizan de forma clara el entorno en el que nos sitúa la obra.

Tras el estreno llegan muchos comentarios de un montaje que genera opiniones diversas. A algunos compañeros de la profesión les parece quizás, algo extenso el montaje. Otros centran la atención en los monólogos de su protagonista. Unos para destacar el intenso texto y otros para criticar que esos monólogos, a los que le faltaría fuerza en las declamaciones, permiten la desconexión por momentos del montaje. Sea como fuere, al tratarse de la primera vez que se arriesga por la historia de Marco Aurelio es una buena introducción para futuras representaciones sobre este importante emperador romano.

 

 

 

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'Los Pelópidas' suben al olimpo a Paca Velardíez
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Paco Vadillo | 18-08-2016 | 12:12| 0
La actriz extremeña, Paca Velardíez

La actriz extremeña, Paca Velardíez

La reserva natural del monte Olimpo se encuentra a tres mil metros de altura. Contiene los picos más altos de Grecia y allí, cuenta la mitología, que habitaban los dioses:

ZeusHeraPoseidónAfroditaAresAteneaHermesApoloArtemisaHefestoDeméter y Hestia

La mitología no llegó a tiempo para incluir a la actriz extremeña Paca Velardíez, quien se corona como imprescindible en las noches de verano de Mérida tras un espectacular papel de ‘Electra‘ en ‘Los Pelópidas’.

Comencemos por el principio. Jorge LLópis concibió esta obra como un drama de enredos. Sí, un drama de enredos en verso, donde caricaturiza las tragedias griegas utilizando ingredientes que eran propios del teatro del siglo de oro pero que los introduce en una coctelera y da como resultado una obra contemporánea basada en una historia clásica. En este ‘drama de enredos‘ los personajes de la literatura clásica se entremezclan con lo surrealista dando como resultado un excelente trabajo alocado que pone sobre la mesa lo ‘increíble’ de los grandes mitos clásicos. En otras palabras, es teatro en estado puro, del que no puedes perderte ni una coma y con un toque ácido e irónico que lo dota de originalidad.

Y para aderezar este mejunje es fundamental el papel del autor, del versionador. De Florián Recio que actualiza el texto de Llópis, lo contemporiza y añade las ‘morcillas’ necesarias para conectar con el público del 2016. Recio es un especialista en comedias, al menos se ha graduado en ellas en el Teatro Romano de Mérida, y todo lo que toca funciona. Con ‘Los Pelópidas’ ha realizado un arduo trabajo, puesto que además de retocar el texto lo ha tenido que adaptar al verso, con la dificultad que ello conlleva.

Y es el verso lo que dota de credibilidad al montaje. Puesto que el trabajo que realizan los actores y actrices en este ‘drama de enredos’ es descomunal. Un ejercicio de memorización, concentración y credibilidad pocas veces visto, que permite que cada estrofa se inserte con naturalidad en los diálogos y llegue al público. Al principio cuesta, se hace demasiado rápido para el espectador, pero luego engancha y se valora con carcajadas cada una de las difíciles rimas que componen este montaje de hora y media de duración.

La propuesta es sencilla, sin alharacas. El director, Esteve Ferrer, viejo conocido del Festival, dispone sobre una tarima a varias alturas y con trampillas secretas los movimientos de los actores. A pesar de reducir el espacio escénico al centro de la boca del Teatro Romano, Esteve mueve constantemente a sus protagonista, dotando de ritmo a la narrativa y permitiendo que el espectador no se aburra. Es una propuesta sencilla, pero que encierra mucho trabajo, de movimientos, y de ‘sorpresas’ escénicas. Trabajo que parece sencillo pero, que lleva semanas de ensayos. Además, ha permitido que los actores caricaturicen cada uno de los personajes, diferenciándolos del resto, y dotándolos de vida propia, a veces con vestuarios sorprendentes, pero que encajan en el desarrollo del montaje.

Especial mención para la actriz Paca Velardíez. A quien vimos el año pasado en El Cerco de Numancia y que una vez más cambia de registro con asombrosa perfección. Sus movimientos en la escena, sus gestos, su declamación, la hacen digna de las mejores actrices que han pisado la arena del Teatro Romano. Su ‘Electra‘ será recordada por diferente, neurótica, pasional y coplera. Velardíez ya ha cumplido 21 años desde que se subiera por primera vez a la arena de este monumento, pero reivindica, una vez más, un papel protagonista a la altura de las capacidades de esta actriz. Felicidades.

También sublime Ana García. Lleva varios años sin faltar a su cita con el Festival, pero cada personaje lo dota de credibilidad. En esta ocasión, con un marcado acento de Almendralejo, levanta las mayores carcajadas del montaje. Algo tiene que embelesa al público, lleva casa papel a su terreno y consigue conectar desde el primer verso recitado.

‘Los Pelópidas’ no es la comedia más desternillante que ha pasado por el Festival, pero sin duda, una de las que más trabajo de ensayo ha tenido previo. El esfuerzo de recitar todo el texto en verso, la frescura en la puesta en escena y los elementos escenográficos que no despistan en ningún momento de lo verdaderamente importante, la hacen recomendable. Felicidades a Suripanta Teatro por celebrar su 30 aniversario de esta forma, y arriesgarse en producir un montaje en verso, comedia para más inri, que engancha y sorprende.

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Sobre el autor Paco Vadillo
@pacovadillo - Más que ver una obra de teatro. Mucho más que descubrir las voces de la escena española. Más allá de intentar comprender un mito en el libreto del director de turno...El Festival de Mérida puede ser una experiencia sensorial sencilla de vivir, compleja de entender, pero increíble para enamorarte de ella. Por ello, detrás de la escena, allá donde está el peristilo, donde la Xirgu mira con ojos dramáticos suceden cosas apasionantes. Encuentros imposibles, datos que pasan desapercibidos, recomendaciones para vivir el festival más allá de las caveas. Bienvenidos al entresijo de bambalinas ficticias del Teatro Romano de Mérida

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