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‘Calígula’ y el coro de ‘Viriato’ se llevarían los CERES de la prensa extremeña
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Paco Vadillo | 28-08-2017 | 09:51| 2

No hay CERES, y no los hay porque no se ha conseguido patrocinio privado suficiente como para costear unos premios que desde su origen generaron cierta polémica, precisamente por el gasto que conllevaba. Para la prensa extremeña, los CERES eran la oportunidad perfecta de situar nuestro certamen en la picota de todo el país. Más allá de la discusión sobre su coste, que eso compete a nuestros administradores, lo cierto es que estos extintos galardones posicionaban al certamen. Por ello, y como único blog que existe sobre nuestro FESTIVAL, hemos preguntado a la prensa que tomaba la decisión de otorgar los premios del PÚBLICO y la JUVENTUD a quién se los entregarían tras disfrutar de la 63 edición.

Tras consultar a los periodistas:

-Enrique Treviño – RNE Extremadura

-Sandra Hernández – Canal Extremadura TV

-Olga Ayuso – Canal Extremadura Radio

-Esperanza Rayo – Junta de Extremadura

-Celia Lafuente – COPE Extremadura

-Inmaculada Salguero – SER Extremadura

-Marymar Escobar- ES Radio Extremadura 

-Marta Pérez Guillén- HOY Extremadura 

Todos coinciden que le otorgarían el premio CERES del Público (Es del público aunque lo deciden los periodistas, una contradicción que nos ha generado continuos debates cada año que hemos tenido que elegirlo, puesto que la nomeclatura del galardón no coincide, o suele coincidir, con los montajes más vistos) a CALÍGULA de Mario Gas, protagonizado por Pablo Derqui. 

Momento del espectáculo

“La interpretación de Pablo Derqui pasará a la historia del Festival, aunque el montaje tenía muchos ingredientes para destacar”, apunta Lafuente de COPE Extremadura. “Calígula es lo más diferente y atrevido de esta edición. Me mantenía atenta y en tensión constante. La interpretación de Derqui es la que más me ha gustado este año”, destaca Marymar Escobar de ES Radio. “Calígula es la triunfadora por su interpretación, de notable a sobresaliente. Frases lapidarias que te hacen dudar, reflexionar y resetear sobre todo lo políticamente correcto. Por su locura y por su utopía”, subraya Enrique Treviño de RNE. “La vi tres veces. Amo a Plablo Derqui”, comenta Olga Ayuso de Canal Extremadura Radio.

Subrayando lo dicho por los profesionales que cubren el certamen, Calígula ha supuesto uno de los llamados montajes para la historia del certamen. Y gran parte de la culpa la tiene su protagonista: Pablo Derqui.

Reparto completo Calígula

Derqui fue capaz de hacer creíble su papel. El control sobre la tensión dramática que ejercía de forma constante en su recital fue una de las claves del éxito de la función. Posee una declamación perfecta, alejada de excesos y con gran carga de realismo. Su cara desencajada, su mirada, cada pisada sobre el espectacular escenario diseñado por Paco Azorín, reviven al Calígula más ‘humano’ que se ha visto en el Festival. Derqui consiguió que entendiéramos su locura, que traspasara la escena y perturbara al espectador. Sus respiraciones, sus silencios e incluso el uso de una ‘s’ líquida que genera cierta ansiedad en cada frase del texto, le convierten en uno de los intérpretes más sólidos que han pasado por este certamen.

Aún así, todos destacan el éxito de público de ‘La Comedia de las Mentiras’ que podría llevar a error al público, un año más, cuando conociera el nombre del galardonado. Público y crítica irían, una vez más, por caminos dispares.

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Por su parte, Mario Hernández, del gabinete de comunicación del Ayuntamiento de Mérida le hubiera otorgado el premio CERES del Público a ‘La Orestiada’ porque “me pareció un montaje completo, acorde con la escena de Mérida aunque si pudiera destacar a un intérprete se lo daría a Pablo Derqui por Calígula’. Algo similar opina la periodista Ana Gaviro de ‘Mérida Media’ quien le otorgaría el galardón a ‘La Orestiada’ “para mí la obra más completa, aunque le sobraban algunos minutos”, explica.

Pero hay opiniones divergentes, como la de Mayma Almendro, de Televisión Extremeña, que le otorgaría el premio a ‘La Bella Helena‘ “por tratarse de un musical, que ya es un trabajo extra y conseguir además que fuese divertido”, destaca.

Por su parte, la mayoría de periodista destaca en su reflexión otorgarle el denominado CERES de la Juventud al coro de VIRIATO, compuesto por 15 jóvenes estudiantes de la Escuela de Arte Dramático de Extremadura que realizaron sin duda un trabajo espectacular, siendo uno de los verdaderos atractivos de la 63 edición.

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Sea como fuere, éstas sólo son opiniones de profesionales de la comunicación que ama el certamen, y que año tras año disfrutan de un Festival que da la oportunidad de opinar, divergir y formarse. El Teatro, bendito teatro, que nos forma y entretiene. Que nos hace mejores personas y que supone un punto de inflexión en el año laboral de todos estos periodistas extremeños. ¡Nos vemos en la 64 edición!

 

 

 

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Un espectacular coro sorprende en un tibio ‘Viriato’
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Paco Vadillo | 24-08-2017 | 10:00| 0

¿Quién es Paco Carrillo? Pues para los menos duchos en la materia comenzamos el análisis del último estreno de la edición hablando de uno de los hombres fundamentales para entender y conocer la historia del certamen emeritense de los últimos lustros. Fue director del evento en varias etapas, asociado y por libre (Aunque él siempre ha sido un alma libre, esa libertad privilegiada que gozan los grandes creadores como él). Ha llevado a la escena del Teatro Romano de Mérida numerosas producciones de varios estilos. Ha sido un creador de escenografías imposibles, complejas y sobre todo bellas. Y por encima de todo, es un gran director artístico. Los actores y actrices son su especialidad. Mueve los hilos de la escena como si hubiera nacido en ella, se la conoce con los ojos cerrados y es capaz de sacarle partido a montajes que en principio, no dan más de sí.

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¿Y por qué comenzamos hablando del director del último montaje de la 63 edición del Festival de Mérida? Porque sin duda él es el artífice de sacarle el máximo jugo a una historia que se queda algo tibia, que abusa de los cambios de escena y que nos muestra un coro que será difícil olvidar en muchos años. Carrillo es capaz de empujar un montaje al precipicio para conseguir de él, de sus protagonistas y de su resultado final, el mejor producto posible. Y con ‘Viriato’ lo ha intentado. No es su mejor montaje, pero sí donde se vislumbra un gran trabajo de dirección para sacarle toda la ‘chicha’ posible a una historia que echa aguas por muchos sitios.

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#ElCORO …. con hashtag incluido para marcar tendencia porque lo merece. Un coro formado por 15 jóvenes estudiantes de la Escuela Superior de Arte Dramático de Extremadura. Un coro que atrapa, envuelve y da sentido a un montaje que por momentos se hace algo tedioso. Un coro que sorprende y que acapara la atención del público de principio a fin. Un coro que muestra un trabajo físico brutal, una coordinación digna de aplaudir y un concepto de hilo conductor que embellece una escena desnuda, sin artificios, más que los que soporta el propio coro en forma de vigas y que moldea cada ‘estancia’ de la macro arena del Teatro Romano de Mérida. Un coro que da la oportunidad a nuestro futuros profesionales de la interpretación y que sin duda supone el mayor reclamo del montaje. Felicidades a los jóvenes actores y actrices y a Carrillo por moldearlos con una belleza increíble.

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Carrillo, el CORO…y… el responsable de la iluminación de la escena. Las tres claves del montaje. Francisco Cordero ha diseñado una iluminación justa, que otorga el protagonismo a los actores. Que guía al espectador y que viste una arena desnuda. Complicado, y a la vez sencillo, juego de luces que permiten crear las atmósferas necesarias para cada trama. Felicidades.

Y es que su productor, al que respetamos y admiramos, Fernando Ramos, ha concebido un montaje donde la palabra es protagonista. Huyendo de artificios que podrían despistar en escena, como ocurriera con ‘El Cerco de Numancia’ y dejando que el texto de Florián Recio (Una vez más vuelve a demostrar que es uno de los mejores autores de este país, imprescindible en nuestra cita con Mérida) sea el puñal que se clave en la atención del espectador. Un espectador que aplaudió con ganas el estreno del montaje, pero que echó en falta más intensidad, quizás más rock and roll en la obra.

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Por momentos, ‘Viriato’ es una sucesión de escenas, bien hiladas, pero demasiado pedagógicas. La historia se digiere de forma sencilla, a veces pesada. Los actores y actrices están correctos, quizás sobresalga del resto José F. Ramos, haciendo las veces de narrador y voz del sufrimiento del pueblo lusitano. Atención con este joven actor, que ya recibió el CERES de la Juventud, y cuya calidad se demuestra en cada interpretación. Paca Velardíez pasional y visceral, Juan Carlos Tirado satírico y contundente…El elenco es una joya de la interpretación en Extremadura pero, no llega a conquistar. Quizás sea porque el discurso narrativo, partido constantemente, que impide a estos actores poder desarrollar sus personajes en crecimiento. O quizás, porque la historia de ‘Viriato’ no da para más…para gustos ya saben…

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Sea como fuere el trabajo de ‘Verbo Producciones’ por intentar mostrar algo nuevo en la arena del Teatro Romano de Mérida queda latente un año más en el certamen. Y seguro que el montaje crecerá con los días.

Tras ‘Viriato’… ¿A qué montaje le darías el CERES del público en esta edición? Ah…que no hay CERES… (Que el patronato tome nota)…Preguntaremos entonces nosotros a los periodistas especializados para la próxima entrada del blog.

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Una comedia ligera, alocada y algo extensa que hace las delicias del público
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Paco Vadillo | 10-08-2017 | 10:40| 0

Llegó la comedia al Festival Internacional de Teatro Clásico y cuando llega abarrota las caveas del recinto con público deseoso de olvidarse de los tediosos días de trabajo, del cansancio que supone llevar una casa, de los problemas que nos esperan más allá de la puerta del recinto…La Comedia es una terapia para un público fiel que la espera como agua de mayo (y de abril, y de junio…total no llueve). El público de la comedia en el Festival es el que no falla, el fiel. El que mira con interés en primavera la programación para elegirla. Y con esta comedia dirigida por Pep Anton Gómez consigue su objetivo, disfrutar.

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No es ‘El Eunuco’ ni ‘Los Gemelos’. No vemos una comedia desternillante. Pero sí un montaje teatral que provoca sonrisas constantes y deja un buen sabor de boca, que podría ser mejor si su extensión fuera algo menor. La duración, unas dos horas y diez minutos, provoca que ciertos diálogos se hagan monótonos y tediosos, puesto que los personajes, muy bien definidos desde el principio, a veces, se hacen repetitivos. Pero todos los actores están correctos en sus interpretaciones. No resalta ninguno sobre otro y consiguen una armonía interpretativa que lleva a la trama a desarrollarse de una forma ligera y sin sobresaltos. Es una comedia de enredos de toda la vida con la dificultad añadida de crear la historia a través de varios textos de Plauto. Es, como dice su autor, un “paseo” por las historias cómicas clásicas más reconocibles convertidas en un vodevil con aire setentero.

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El peso del montaje lo lleva su protagonista: Pepón Nieto. Vemos en él retazos del ‘Fanfa’ que tanto éxito dio al certamen hace años con ‘El Eunuco’, pero también una declamación que por momentos nos recuerda a los mejores momentos del gran José Luis López Vázquez. Sabe desenvolverse en el escenario y fuera de él como nadie. Porque ‘La Comedia de las Mentiras’ rompe con la caja escénica tradicional. Los personajes se mueven por la orchestra y el graderío con naturalidad, aunque por momentos, con déficit en la iluminación que no permitía ver desde varios puntos de las caveas con nitidez, los movimientos y gestos de los protagonistas. Nieto es una de las claves del éxito del Festival en la etapa Cimarro, y se lo ha ganado con todos los honores. Su vis cómica es indiscutible. En este montaje convence desde el inicio, aunque conforme va desarrollándose la historia se hace algo repetitivo. Algo que romperá con el transcurso de los días seguro porque las comedias van creciendo con cada función y adaptándose a las necesidades del público.

Las más de 3.000 personas que vieron el estreno no pararon de reír con las ocurrencias de Calidoro, el protagonista. Un esclavo que va enredando la trama hasta desenvolverla. Pero incluso en este punto, en el final, la resolución da un giro y se resuelve con mentiras, la clave de la historia elaborada por Pep Anton Gómez y Sergi Pompermayer. 

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El montaje es una apuesta a caballo ganador. El productor ejecutivo (el de las perras) es Jesús Cimarro, que conoce perfectamente los deseos del gran público: Un elenco atractivo, con calidad interpretativa y una historia de enredos que gusta generación tras generación. Perfecto para mantenerse en cualquier gran teatro de Madrid durante semanas y girar con éxito por el país, pero primero la hemos visto en Mérida, y esto es un plus inequívoco.

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Vestuario, escenografía, movimientos en escena, música…Todo nos recuerda a las clásicas comedias de enredos de hace lustro que siguen triunfando. Es ‘La Comedia de las Mentiras’ pero podría ser cualquier comedia de Jardiel Poncela puesta en escena. Enredos donde lo absurdo, la música, los personajes bien marcados con un punto de disloque… Consiguen crear una atmósfera propicia para las carcajadas. Excelente María Barranco que se “desvirgó” en Mérida con un personaje que, sin duda, ofrece los mejores momentos del montaje. Su complicada dicción otorga a su papel de Cántara un punto de desequilibrio que sin duda la hacen necesaria en cada escena.

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Gran trabajo de transiciones para cambiar escenas y mover escenografía donde participa todo el reparto y otorga ritmo a un montaje que cuaja entre el gran público y que espera ofrecer cifras de récord en cuanto a la taquilla.

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Calca y Menelao salvan una floja Bella Helena
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Paco Vadillo | 06-08-2017 | 20:45| 0

El montaje tiene todos los ingredientes para ser atractivo para el gran público. Sobre todo, para aquel que huye de los clásicos densos, de las dramaturgias enrevesadas o de las historias de toda la vida que despistan en las caveas del Teatro Romano (Vamos, las que me gustan a mí). Un elenco conocido, sobre todo gracias a la televisión, una historia conocida y el aliciente que es un ‘musical’, puestos de moda en España hace lustros gracias al trabajo de varias productoras que arriesgan su dinero por este tipo de macro proyectos.

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En este caso el riesgo económico lo ha puesto el propio Festival Internacional (Como con todos los montajes) y la prestigiosa compañía extremeña Rodetacón, que nos ha dejado para la historia grandes producciones como ‘Yo soy aquel negrito’ o ‘El maravilloso mago de OZ’. Sus montajes dirigidos a los más pequeños de la casa han contado en su historia con el aplauso de la crítica y el público (Como fue el caso de la exitosa Hércules de la pasada edición del certamen emeritense), pero en esta ocasión se han quedado a medio camino. Es un ‘Querer  y no poder’ con una historia a la que le falta romper de forma constante, que con algo de tibieza no llega a explotar como espectáculo para toda la familia, pero tampoco para el adulto.

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Una de las claves podría encontrarse en la elección de los temas musicales, puesto que con una historia de sobra conocida por todos, los temas, la musicalidad, incluso la letra de los mismos se antoja algo infantil. Sin embargo, el texto, acompañado de un original diseño de vestuario a cargo de Maite Álvarez que le da al montaje un aire vistoso, se narra de una forma sensual, erótica y adulta. Esa mezcla que no permite cuajar un montaje en el que sus protagonistas están correctos en sus interpretaciones. Incluso destacando su potencia vocal, con una excelente afinación y una dirección técnica que permite que en cualquier rincón del Teatro Romano se escuche con nitidez cada uno de los temas.

Richard Reguant ha realizado un gran esfuerzo para dirigir a un nutrido grupo de protagonistas, disponerlos sobre la escena intentando ocupar la mayor parte de la macro boca del Teatro Romano y que el ritmo no baje en las dos horas de duración del espectáculo.  Pero no siempre lo consigue. Un descanso en la mitad del montaje metido con calzador, que rompe con el ritmo de la trama, la ausencia de elementos escenográficos y una iluminación sencilla que no convierten el show en una fiesta completa. Triunfa el amor en la historia entre Helena y Paris gracias a Afrodita (Por cierto, grata sorpresa comprobar cómo Leo Rivera (Paris) y Rocío Madrid (Afrodita) cuentan con una voz espectacular).

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Aunque sobre el resto de actores y actrices del montaje se encuentran dos de ellos, Javier Enguix y Joan Carles Bestard interpretando a Menelao y Calca, respectivamente. Los dos demuestran unas dotes interpretativas que traspasan sus personajes, vencen y convencen. Hacen creíbles y naturales sus disparatados perfiles dramáticos y consiguen los mayores aplausos del público. Para el espectador se hace agradable su presencia en escena y dota de credibilidad la narrativa. Tienen una vis cómica inherente y son capaces de generar cierta necesidad entre el público. Dos actores que podrían protagonizar cualquier comedia en el Festival de Mérida en futuras ediciones con el convencimiento que sus trabajos serían un éxito. Felicidades.

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‘La Bella Helena’ es algo más que Gisela pero se queda a medio camino entre el musical y el cabaret. Dos disciplinas artísticas imprescindibles para entender el teatro en España en las últimas décadas pero que en Mérida, no llegan a cuajar.

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La vida de Séneca a través de continuos flash-back no deja indiferente a nadie
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Paco Vadillo | 27-07-2017 | 08:51| 0

El montaje de Emilio Hernández consigue su objetivo: Que todo el público discuta tras el espectáculo si se adecua a sus gustos. La mayoría se marcha sorprendido por la versión de su director, puesto que ha conseguido darle una vuelta de tuerca al texto del genio Antonio Gala. Pero apretar las tuercas a veces acaba con el aire y eso, se nota al final en la respuesta de los asistentes. A muchos les apasionó la escenografía, la disposición y movimientos escénicos y la inclusión de temas musicales que facilitan la narración. Para otros, el montaje se quedaba en un popurrit de propuestas artísticas que poco aportaban a la historia central y que despistaban del texto original de Gala. Sea como fuere, Séneca es de estos espectáculos recomendables para departir con tus amigos y familiares tras disfrutarlo.

Escultura de Séneca

Comencemos por el principio, su protagonista. Antonio Valero se enfunda en la piel del filósofo y consejero de Nerón realizando quizás el mejor papel que ha interpretado en Mérida. Es creíble, intenso y realista. Sus declamaciones son exactas y explica de una manera precisa el proceso personal que vivió el personaje en sus últimos años de vida. Su trabajo interpretativo está a la altura del Festival de Mérida e incluso, el reducido espacio escénico que ha creado Emilio Hernández se convierte en una jaula para un actor que se mueve con naturalidad por la arena del Teatro Romano.

ANTONIO GALA

La música es protagonista del espectáculo. Las piezas musicales, interpretadas con maestría por sus protagonistas, se van insertando en la historia haciendo las veces de coro. Aunque a muchos espectadores consiguió despistarles de la historia central, por lo estrambótico de alguna de ellas, lo cierto, es que dota al montaje de un trabajo escénico diferente. Una propuesta de Hernández que carga a esta obra de un toque irreverente que sin duda envuelve la perversa historia del emperador Nerón.

El problema de la versión es que tanto piezas musicales, como vestuario y escenografía hacen que las contundentes frases de Séneca pasen casi a un segundo plano, perdiendo el interés por un texto bruta

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Séneca es una propuesta diferente, quizás no pasará a la historia de nuestro imaginario colectivo del certamen, pero tampoco en su aspecto negativo. Hay buen trabajo dramático, y la hora y veinticinco minutos que dura el montaje ayuda a digerirlo de forma más ágil.

En una obra de hombres, con Gala, Hernández y Antonio Valero como arquetipos, triunfan las mujeres. Las más de mil personas que acudieron al estreno en Mérida (Porque el montaje ya se ha estrenado en Madrid con disparidad de valoraciones en cuanto a la crítica profesional) pudieron comprobar el excelente trabajo realizado por todas sus actrices. Ellas son las auténticas triunfadoras del espectáculo. Son creíbles en sus papeles, desgarradas…Hacen su personaje natural. Se mueven como serpientes por el espacio escénico provocando una atracción en el espectador irresistible. La actriz Esther Ortega, Agripina, realiza uno de los mejores trabajos dramáticos que hemos visto en el último lustro en el Festival de Mérida.

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Su intensidad interpretativa consigue atrapar al espectador, hacer que digiera cada una de las palabras. Es sensual, pero también perversa e incluso irónica. Y en todas sus facetas lo hace creíble. Llega a cualquier rincón de las caveas como una gran dama del teatro. Las piedras de Mérida no pueden con ella y demuestra unas capacidades dramáticas que hacen que su papel, de madre de Nerón, sea uno de los más interesantes del montaje.

Algo parecido, en menor medida, le ocurre a Carmen Linares que suelta su voz flamenca para esparcirla por las caveas emeritenses. Sorprende en su faceta interpretativa por su naturalidad. Su voz envuelve cada escena en la que aparece dejando un regusto increíble entre los espectadores. Es parte esencial y emotiva de un montaje diferente.

La música, la interpretación, la versión del texto de Gala, la escenografía…Muchos elementos de discusión en un montaje que no deja indiferente a nadie, pero que permite que en Mérida podamos disfrutar de las propuestas artísticas del Centro Dramático Nacional.

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‘Troyanas’ bebe de grandes obras del Festival de Mérida para quedarse a medio camino entre ellas
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Paco Vadillo | 20-07-2017 | 09:23| 1

El tercer montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida no quedó indiferente a nadie. Y esto es un auténtico lujo tras disfrutar de una obra artística. Si el arte no genera debate, confusión, discusión o te genera sensaciones dispares se queda en un mero elemento decorativo, ya sea una obra escultórica, una película de cine o un montaje teatral. Aunque el debate, tras el estreno al que acudieron unas 3.000 personas (Datazo) se centró en “me gusta” o “no me gusta”. Está claro que el estreno de ‘Troyanas’ tras la abrumadora ‘Calígula’ provoca una comparativa injusta entre ambas de la que sale ganadora la obra de Pablo Derqui.

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Pero para ser lo más ecléctico posible e intentar no fusionar los dos montajes sin que ninguno se vea agraviado por esta situación, analizaremos el estreno de ‘Troyanas’ con la mente en blanco.

El espectáculo dispuesto por Carme Portaceli se queda a medio camino entre varias propuestas escénicas y artísticas que hemos disfrutado en la historia reciente de nuestro certamen. Es un quiero y no puedo constante que provoca en el espectador las ansias por entrar de lleno en la obra, pero la tibieza de comprobar que nos quedamos en la mitad de ese recorrido sentimental. La versión de Alberto Conejero y Portaceli es sencilla de entender, dirigida al gran público, con un buen texto y elementos dramáticos reconocibles, pero adolece de intensidad en muchas ocasiones. A veces parece una sucesión de monólogos que intentan conectar sensaciones pero, que logran la dispersión del público por momentos.

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No podríamos definir el montaje como lento, puesto que la directora ha dispuesto los silencios como discurso narrativo imprescindible para ir saltando por las historias de sus protagonistas. Pero prescindir de personajes, añadir otros que no aparecen en el texto de Eurípides y convertir el montaje en un ágora de mujeres que exponen su historia hace, por momentos, tediosa la narración. Además el espectador comprueba como exageradas algunas declamaciones de sus protagonistas sin entender de dónde viene…Falta el proceso que nos lleva al grito o al llanto, puesto que las actrices nos muestran su desgarro de una manera que parece, a veces, forzada, sin darnos tiempo a digerirlo. Su protagonista, Aitana Sánchez Gijón, maneja la escena como nadie. Sus movimientos y proyección vocal parecen haber nacido en la arena del Teatro Romano. Llega y es creíble, pero la composición de su personaje, Hécuba, nos recuerda a la Medea que presentó en Mérida hace dos años. Es desgarrada, protectora…Rebajar la edad del personaje la convierte en una líder creíble, pero aún así le falta un proceso de desarrollo del personaje para que pase de ser “la constante sufridora” de la historia a la jerarca o adalid del grupo de protagonistas.

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Durante toda la semana anterior nos han contado que uno de los objetivos del montaje es dar voz a las mujeres víctimas de todas las guerras. La lucha por la femineidad se cae al vacío tras la aparición de Helena de Troya. Las mujeres la llaman “zorra” “ramera” “puta”…tal y como la han denominado los hombres autores de la historia que conocemos. Helena se defiende de las propias mujeres, no de la historia de los vencedores ni del machismo literario. Su argumentario es espectacular, poniendo en duda si la guerra de Troya fue motivada por ella y si ella fue realmente la causa o la excusa de todo. Pero son las mujeres, de una manera evidente quienes más la machacan…

La madre, la amante, la hija, la abuela, la trabajadora… Los perfiles de la mujer de nuestros días, sus reivindicaciones, su lucha por la igualdad, su abnegación…Se ve bien reflejado en cada uno de los monólogos de sus protagonistas. Pero cuando llega Helena todo se cae al vacío.

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Es inevitable tras ver la obra, que recibió una larga ovación del público asistente, recordar con anhelo montajes que hemos visto en este certamen y que beben de la historia de ‘Troyanas’. En ‘Juicio a una zorra’ de Miguel del Arco, Carmen Machi realiza una exhibición de argumentos en su favor que convierten este monólogo de Maggie Civantos en una evocación de aquel que vimos en la Alcazaba emeritense. En los desgarros de Hécuba, con Aitana Sánchez Gijón, vemos el dolor exagerado que Concha Velasco nos regaló ediciones atrás. La Hécuba de ‘Troyanas’ nos hace viajar hacia la de José Carlos Plaza debatiendo como espectadores si la intensidad de la actual debería compararse con la de la actriz vallisoletana. Buscábamos más líder, más venganza o más dolor?… Debate interesante. Incluso la gabardina y monólogo de su protagonista en medio de la escena nos evoca a la Medea que ella misma puso en pie hace dos años, incluso a la estética de la de Tomaz Pandur con Blanca Portillo al frente.

Mención a parte merece un Ernesto Alterio que sorprende. Y sorprende por su exagerada declamación. Al principio impacta, parece sacada de contexto, pero conforme avanza la obra, esa misma exageración hace creíble su personaje. Incluso genera cierta dependencia. El espectador le requiere en el escenario de forma constante. Es un hilo conductor casi imprescindible. Una buena idea creada por la directora que conecta con el público, dota de ritmo al montaje y aporta un aire diferente.

Y cómo no destacar la espectacular escenografía de Paco Azorín. Vuelve a sorprender en un espacio tan difícil como el Teatro Romano de Mérida. Una gran ‘T’ tumbada sobre la arena hace las veces de atalaya de los muros de Troya. Preside un campo lleno de muertos y genera cierta inquietud desde que llegas a las caveas hasta que te marchas. Todo esto apoyado por una muy buena selección de proyecciones audiovisuales que permiten que el texto del montaje recobre actualidad con las situaciones que vivimos en Siria o en múltiples países africanos, hacen de la dirección de escena uno de los auténticos reclamos de este montaje. Montaje que sin duda ha levantado mucha expectación entre el público, y que en cuanto a taquilla, será uno de los éxitos de esta edición.

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La pedagogía de los clásicos para los niños
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Paco Vadillo | 14-07-2017 | 08:51| 0

“Érase que se era…” Así comienza cada domingo a las 12:00h en la Plaza de España de Mérida, frente al Palacio de la China, la dramatización de los clásicos dirigidos a los más pequeños de la casa. El Festival Internacional de Teatro Clásico apuesta, una edición más, por el programa “Cuentaclásicos” donde Sergio Pérez, Rubén Lanchazo y la recién incorporada Cristina Martín acercan a los niños y niñas que les visitan las historias que siempre nos han narrado los grandes de la escena española en el Teatro Romano.

Los jóvenes actores extremeños en el primero de los CUENTACLÁSICOS desarrollados en la Plaza de España de Mérida

Los jóvenes actores extremeños en el primero de los CUENTACLÁSICOS desarrollados en la Plaza de España de Mérida

Lo hacen con un trabajo pedagógico exquisito, elaborado y con todos los detalles. Explican las historias de los grandes mitos clásicos con una dramaturgia sencilla, divertida y que llega a todos los públicos. Gran trabajo el de estos tres jóvenes actores extremeños que, sin duda, facilitan la digestión de las grandes historias para los más pequeños.

Es una manera muy inteligente de que las nuevas generaciones se familiaricen con los textos grecolatinos que forman parte de la historia del Festival. Y lo ejecutan haciendo partícipes a los menores que asisten de una manera activa. El público es espectador pero, también protagonista de cada uno de sus espectáculos. Pequeños montajes de calle que duran en torno a 30′ y que convierten las mañanas de los domingos en la capital extremeña en una clase abierta a la literatura clásica.

Además, para los pequeños han dispuesto cojines para que disfruten desde el suelo con la boca abierta de cada una de las historias. Los adultos rellenan esta sombreada zona de la plaza que se convierte en el epicentro del festival en las mañanas dominicales. Acercar la cultura clásica a los menores de edad es una forma de normalizar la vida del certamen emeritense, además de generar la pasión por las historias dramatizadas en el Teatro Romano y ser un semillero de público del futuro. Un gran trabajo que realizan los tres profesionales que acaban cada domingo con la prolongada ovación del público a quien se le queda corto el desarrollo de cada cuento. Sin duda, felicidades a los profesionales y al Festival por una iniciativa que podría verse ampliada a otros días de la semana con el mismo atractivo que tiene ahora.

CUENTACLÁSICOS 2017
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Calígula, la lógica perturbadora de un loco
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Paco Vadillo | 13-07-2017 | 06:24| 1

Activista, agitador, alarmante, alborotador, amotinador, convulsivo, incómodo… Explican los expertos que los psicópatas se caracterizan por ser mitómanos, irresponsables, tener una falsa adaptación a la sociedad que les ha tocado vivir. Resultan problemáticos, son manipuladores, carecen de empatía y no sienten miedo, culpa o vergüenza. ¿Era Calígula un psicópata como la historia nos lo ha descrito? Tras ver la obra de Mario Gas consigues cruzar la línea del protagonista, empatizar con él y comprobar con cierta inquietud si los psicópatas eran realmente quienes le rodeaban…

Extraordinaria. Así podíamos definir el segundo montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. ‘Calígula’ de Albert Camus, versionada y dirigida por Mario Gas, es uno de esos montajes que echábamos de menos en la programación del certamen. Un montaje intenso, perturbador, moderno, alejado de los convencionalismos del teatro clásico, con un texto espectacular y una interpretación que, sin duda, pasará a la historia de este evento cultural. Su protagonista, Pablo Derqui, se consagra como uno de los mejores actores que han pisado la arena (‘arena figurada’) del Teatro Romano de Mérida en los últimos lustros.

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Derqui es capaz de hacer creíble su papel, incluso minutos antes de salir a escena. Sí, algo sorprendente que sólo está al alcance de muy pocos actores. El control sobre la tensión dramática que ejerce de forma constante en su recital es una de las claves del éxito de la función. Y por el que las más de 1.500 personas que acudieron al estreno se quedaron con la boca abierta. Posee una declamación perfecta, alejada de excesos y con gran carga de realismo. Su cara desencajada, su mirada, cada pisada sobre el espectacular escenario diseñado por Paco Azorín, reviven al Calígula más ‘humano’ que se ha visto en el Festival.

Derqui consigue que entendamos su locura, que traspase la escena y perturbe al espectador. Sus respiraciones, sus silencios e incluso el uso de una ‘s’ líquida que genera cierta ansiedad en cada frase del texto, le convierten en uno de los intérpretes más sólidos que han pasado por este certamen.

Que nadie pretenda ver túnicas de romanos, o la lógica de la narración tradicional de los clásicos. Este montaje está cargado de símbolos que viajan desde los primeros años del siglo XX a nuestros días. Mario Gas se permite unas licencias dramáticas que sin duda, lo hacen más atractivos. No hay caballos, ni actores vestidos de romanos…hay color, David Bowie y proyecciones audiovisuales…Todo para conseguir poner en jaque la justicia, la divinidad, el poder, la política , el amor, la felicidad , las relaciones personales, la literatura… Una actualización del clásico que se convierte en imprescindible y cuyo texto es uno de los más potentes de los últimos años sobre la arena del Teatro Romano.

Cartel 'Calígula'

Todos los ingredientes bien hilados para intentar conseguir esa “Felicidad demente. Saber que nada dura. Esa insoportable liberación y desprecio es la felicidad”… asevera el personaje. Y todo dispuesto sobre una tarima en pendiente, que convierte en más tensa aún cada escena por la sensación de que todo se viene abajo de forma constante. Azorín ha creado un palacio en tiempos de guerra en el siglo veinte, pero también puede ser un columbario bajo los pies de sus protagonistas…Movimientos estudiados, casi como si de una partida de ajedrez se tratara sobre el tablero dispuesto en el Teatro Romano, donde el objetivo es mover las fichas (los actores) para matar al REY.

Espectacular el diálogo entre Querea y Calígula tras el baño del protagonista. Cada frase, cada gesto medido…emoción hecha teatro. Todo bien organizado y estudiado.. “Se necesita organización en todo hasta en el arte”. Que nadie espere algo clásico, porque a pesar que la historia lo es, Mario Gas le ha dado una vuelta de tuerca. Sin duda un montaje para no perderse, disfrutar y meterse de lleno. Felicidades.

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La huella de David Delfín en el Festival de Mérida
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Paco Vadillo | 07-07-2017 | 15:01| 0

Ha pasado ya un mes del fallecimiento de uno de los diseñadores más prestigiosos de este país. David Delfín falleció con 46 años tras luchar de forma incansable contra un cáncer cerebral. El mundo de la moda le sigue recordando como un elemento imprescindible para entender la industria española en los últimos lustros. Lo suyo, más que vanguardia, era riesgo y provocación. Una provocación que le llevó en pocos años a ser considerado uno de los mejores diseñadores de moda del mundo. No sólo era Cibeles, Nueva York también se rindió a sus pies. Y en Mérida, en nuestro Festival Internacional de Teatro Clásico también disfrutamos de su talento y su riesgo.

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Fue en el año 2011, cuando Blanca Portillo decidió que el equipo imprescindible de acomodadores debía tener también su protagonismo. Para ello encargó a Delfín que diseñara el nuevo vestuario de los jóvenes emeritenses responsables de acomodar a cada persona en su cojín del Teatro Romano. Una tarea que pasa casi desapercibida, pero que funciona como un reloj suizo, y que sin duda, es una de las características de nuestro certamen. Una red de jóvenes de negro corriendo por las empinadas caveas del monumento para que el público disfrute sin sobresaltos del espectáculo. Siempre van de negro, excepto ese año. Ese 2011 donde Delfín les colocó un atuendo blanco, visible y ‘fresquito’.

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

Compuesto por una camiseta de tirantes anchos, sin tapar los hombros, como si de una tradicional de ‘abanderado’ se tratase. Un pantalón medio bombacho corto, justo a la altura de las rodillas. Y una corbata sin finalizar en punta que aparecía, casi por sorpresa, de un falso cuello en pico, dotándolo de cierta elegancia. Sport y gala unidos en un diseño algo diferente, que provocó que el cuerpo de acomodadores pasara más frío de lo normal, pero que sin duda se llevaron las fotografías de muchos visitantes. David Delfín dejó, de este modo, su sello en Mérida y pasó del negro al blanco en una edición muy recordada, por motivos muy diversos.

Delfín cumplía en 2011 nueve años en la cresta de la ola del diseño en España. Atrás quedó el año 2002 cuando se presentó en Cibeles, Madrid, revolucionando la pasarela. Con modelos a las que les colgaba una soga del cuello y que generó un agrio debate en todos los círculos. Pero él supo ir más allá, y consiguió crear de su nombre una de las marcas más reconocidas de la moda en nuestro país. Contar con David Delfín, más allá de lo acertado o no de sus diseños en Mérida, era colocar al Festival en otros derroteros menos frecuentes, publicidad al fin y al cabo.

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A pesar de este riesgo, las sucesivas direcciones del certamen han apostado por continuar con la línea clásica a la hora de vestir al personal que trabaja en sala. Un personal que es la voz callada del evento, pero que sin ellos, las noches de verano emeritense serían menos mágicas. Aguantaron en 2011 el frío, las miradas y cómo les señalaban por sus atuendos. Seis años después, siguen siendo los ojos y los pies de cientos de espectadores. Conocen el Teatro Romano de Mérida como nadie y son capaces de realizar las críticas más completas de los montajes. No son periodistas pero, sí profesionales a los que hay que tener en cuenta para recabar la información de cada uno de los montajes. Ellos lo ven con respeto, cariño y mucho orgullo. La clave fundamental para que todo transcurra según lo previsto. Con o sin David Delfín, sin ellos, este Festival no sería el mismo.

 

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La versión de Luis García Montero hace aún más grande a ‘La Orestíada’
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Paco Vadillo | 06-07-2017 | 01:19| 0

Agamenón, Orestes, La Democracia…poner en pie sobre la arena del Teatro Romano la trilogía de Esquilo es un trabajo que requiere un ejercicio de contención, contención en la intensidad de cada una de las historias y de su extensión. En Mérida hemos visto Orestíadas ‘kilométricas’, pero éste no es el caso. El montaje inaugural puesto en pie por José Carlos Plaza cumple con el objetivo fundamental de hacer pedagógica la compleja historia de Esquilo. Y lo consigue gracias a quien ha versionado el texto para que lo podamos disfrutar en este bello montaje: Luis García Montero. Para quien los directores de escena de todo el país se pelean porque sea él quien escriba sus obras teatrales.

García Montero dota al texto no sólo de pedagogía, sino de ritmo (que es difícil), le da un aire poético que envuelve cada frase y naturaliza el drama, con lo que consigue descargar de tensión dramática una historia que ya de por sí lo es, pero de este modo consigue no saturar al público. Para que un texto sea eficaz, necesita de unos actores eficaces, en esta ocasión, el casting es desigual. Tras ver el estreno descubres en Mérida a una intensa Ana Wagener, con todos los ingredientes de las heroínas de Plaza: quietud en el centro de la escena, vestuario donde el rojo es el protagonista, movimientos claros de los brazos del cuerpo para cargar de crudeza las frases del texto y constante variación del tono de voz que la convierten en la protagonista absoluta, y también, la que más aplausos recibió tras el estreno.

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Ana Wagener, Alberto Berzal, María Isasi y Juan Fernández están muy por encima de sus compañeros en las interpretaciones. A la carga dramática ellos le aportan credibilidad, algo muy difícil de transmitir en un teatro con 3.000 localidades. Sentir cada jirón de texto en las esquinas más recónditas de las caveas de este teatro, y sentir cómo te arañan la piel, es un trabajo que sólo saben hacer los grandes actores y actrices de la escena. Y ellos lo tienen más que conseguido. Son credibilidad e intensidad, el punto justo para un drama clásico.

En cuanto a Ricardo Gómez o Amaia Salamanca, valores jóvenes que se estrenaban en la arena del Teatro Romano, la opinión va por barrios. Aunque la mayoría de espectadores, incluido el que escribe esto, es consciente y recibe el trabajo arduo que han realizado los dos para montar sus personajes. La energía que muestran en sus interpretaciones y el esfuerzo que ello le requiere, les falta el poso de un actor o actriz más trabajado en las grandes tragedias. Eso que no te da el ser mejor o peor que nadie, sino que te lo otorga la experiencia. Y a Amaia y Ricardo les falta eso, aunque tienen visos de convertirse en muy buenos artistas de teatro clásico…El tiempo lo dirá y ójala les volvamos a ver en Mérida. 

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Plaza, el director, es un experto en cuidar la escena del Teatro Romano de Mérida. Y aquí lo vuelve a conseguir. No defrauda al espectador tradicional que viene a buscar un montaje clásico con el máximo aprovechamiento de la boca del teatro. Una macro estructura en forma de escalinata, que eleva la posición de los actores sobre la grada y democratiza de este modo la escena haciéndola más accesible al público y a la línea visual que tenemos, otorga una belleza al conjunto de historias que sobrepasan por allí. Además, la iluminación, proyectando diseños constantes, desde el fuego a las estrellas, sobre el monumento, dotan a las escenas de cierto realismo ilusorio que carga de poesía el texto que se está recitando. Un vestuario cuidado y una dirección artística más que correcta hacen de ‘La Orestíada’ un montaje que se puede ver, disfrutar y sufrir. Una clase magistral de poesía del versionador y la revisión de una historia, en dos horas y cuarto, que en Mérida conocemos muy bien.

Sólo nos queda mandarle un mensaje a Plaza…te esperamos en la décimo segunda obra en Mérida.

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Sobre el autor Paco Vadillo
@pacovadillo - Más que ver una obra de teatro. Mucho más que descubrir las voces de la escena española. Más allá de intentar comprender un mito en el libreto del director de turno...El Festival de Mérida puede ser una experiencia sensorial sencilla de vivir, compleja de entender, pero increíble para enamorarte de ella. Por ello, detrás de la escena, allá donde está el peristilo, donde la Xirgu mira con ojos dramáticos suceden cosas apasionantes. Encuentros imposibles, datos que pasan desapercibidos, recomendaciones para vivir el festival más allá de las caveas. Bienvenidos al entresijo de bambalinas ficticias del Teatro Romano de Mérida

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