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La versión de Luis García Montero hace aún más grande a ‘La Orestíada’
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Paco Vadillo | 06-07-2017 | 01:19

Agamenón, Orestes, La Democracia…poner en pie sobre la arena del Teatro Romano la trilogía de Esquilo es un trabajo que requiere un ejercicio de contención, contención en la intensidad de cada una de las historias y de su extensión. En Mérida hemos visto Orestíadas ‘kilométricas’, pero éste no es el caso. El montaje inaugural puesto en pie por José Carlos Plaza cumple con el objetivo fundamental de hacer pedagógica la compleja historia de Esquilo. Y lo consigue gracias a quien ha versionado el texto para que lo podamos disfrutar en este bello montaje: Luis García Montero. Para quien los directores de escena de todo el país se pelean porque sea él quien escriba sus obras teatrales.

García Montero dota al texto no sólo de pedagogía, sino de ritmo (que es difícil), le da un aire poético que envuelve cada frase y naturaliza el drama, con lo que consigue descargar de tensión dramática una historia que ya de por sí lo es, pero de este modo consigue no saturar al público. Para que un texto sea eficaz, necesita de unos actores eficaces, en esta ocasión, el casting es desigual. Tras ver el estreno descubres en Mérida a una intensa Ana Wagener, con todos los ingredientes de las heroínas de Plaza: quietud en el centro de la escena, vestuario donde el rojo es el protagonista, movimientos claros de los brazos del cuerpo para cargar de crudeza las frases del texto y constante variación del tono de voz que la convierten en la protagonista absoluta, y también, la que más aplausos recibió tras el estreno.

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Ana Wagener, Alberto Berzal, María Isasi y Juan Fernández están muy por encima de sus compañeros en las interpretaciones. A la carga dramática ellos le aportan credibilidad, algo muy difícil de transmitir en un teatro con 3.000 localidades. Sentir cada jirón de texto en las esquinas más recónditas de las caveas de este teatro, y sentir cómo te arañan la piel, es un trabajo que sólo saben hacer los grandes actores y actrices de la escena. Y ellos lo tienen más que conseguido. Son credibilidad e intensidad, el punto justo para un drama clásico.

En cuanto a Ricardo Gómez o Amaia Salamanca, valores jóvenes que se estrenaban en la arena del Teatro Romano, la opinión va por barrios. Aunque la mayoría de espectadores, incluido el que escribe esto, es consciente y recibe el trabajo arduo que han realizado los dos para montar sus personajes. La energía que muestran en sus interpretaciones y el esfuerzo que ello le requiere, les falta el poso de un actor o actriz más trabajado en las grandes tragedias. Eso que no te da el ser mejor o peor que nadie, sino que te lo otorga la experiencia. Y a Amaia y Ricardo les falta eso, aunque tienen visos de convertirse en muy buenos artistas de teatro clásico…El tiempo lo dirá y ójala les volvamos a ver en Mérida. 

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Plaza, el director, es un experto en cuidar la escena del Teatro Romano de Mérida. Y aquí lo vuelve a conseguir. No defrauda al espectador tradicional que viene a buscar un montaje clásico con el máximo aprovechamiento de la boca del teatro. Una macro estructura en forma de escalinata, que eleva la posición de los actores sobre la grada y democratiza de este modo la escena haciéndola más accesible al público y a la línea visual que tenemos, otorga una belleza al conjunto de historias que sobrepasan por allí. Además, la iluminación, proyectando diseños constantes, desde el fuego a las estrellas, sobre el monumento, dotan a las escenas de cierto realismo ilusorio que carga de poesía el texto que se está recitando. Un vestuario cuidado y una dirección artística más que correcta hacen de ‘La Orestíada’ un montaje que se puede ver, disfrutar y sufrir. Una clase magistral de poesía del versionador y la revisión de una historia, en dos horas y cuarto, que en Mérida conocemos muy bien.

Sólo nos queda mandarle un mensaje a Plaza…te esperamos en la décimo segunda obra en Mérida.

Sobre el autor Paco Vadillo
@pacovadillo - Más que ver una obra de teatro. Mucho más que descubrir las voces de la escena española. Más allá de intentar comprender un mito en el libreto del director de turno...El Festival de Mérida puede ser una experiencia sensorial sencilla de vivir, compleja de entender, pero increíble para enamorarte de ella. Por ello, detrás de la escena, allá donde está el peristilo, donde la Xirgu mira con ojos dramáticos suceden cosas apasionantes. Encuentros imposibles, datos que pasan desapercibidos, recomendaciones para vivir el festival más allá de las caveas. Bienvenidos al entresijo de bambalinas ficticias del Teatro Romano de Mérida

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