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‘Troyanas’ bebe de grandes obras del Festival de Mérida para quedarse a medio camino entre ellas
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Paco Vadillo | 20-07-2017 | 09:23

El tercer montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida no quedó indiferente a nadie. Y esto es un auténtico lujo tras disfrutar de una obra artística. Si el arte no genera debate, confusión, discusión o te genera sensaciones dispares se queda en un mero elemento decorativo, ya sea una obra escultórica, una película de cine o un montaje teatral. Aunque el debate, tras el estreno al que acudieron unas 3.000 personas (Datazo) se centró en “me gusta” o “no me gusta”. Está claro que el estreno de ‘Troyanas’ tras la abrumadora ‘Calígula’ provoca una comparativa injusta entre ambas de la que sale ganadora la obra de Pablo Derqui.

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Pero para ser lo más ecléctico posible e intentar no fusionar los dos montajes sin que ninguno se vea agraviado por esta situación, analizaremos el estreno de ‘Troyanas’ con la mente en blanco.

El espectáculo dispuesto por Carme Portaceli se queda a medio camino entre varias propuestas escénicas y artísticas que hemos disfrutado en la historia reciente de nuestro certamen. Es un quiero y no puedo constante que provoca en el espectador las ansias por entrar de lleno en la obra, pero la tibieza de comprobar que nos quedamos en la mitad de ese recorrido sentimental. La versión de Alberto Conejero y Portaceli es sencilla de entender, dirigida al gran público, con un buen texto y elementos dramáticos reconocibles, pero adolece de intensidad en muchas ocasiones. A veces parece una sucesión de monólogos que intentan conectar sensaciones pero, que logran la dispersión del público por momentos.

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No podríamos definir el montaje como lento, puesto que la directora ha dispuesto los silencios como discurso narrativo imprescindible para ir saltando por las historias de sus protagonistas. Pero prescindir de personajes, añadir otros que no aparecen en el texto de Eurípides y convertir el montaje en un ágora de mujeres que exponen su historia hace, por momentos, tediosa la narración. Además el espectador comprueba como exageradas algunas declamaciones de sus protagonistas sin entender de dónde viene…Falta el proceso que nos lleva al grito o al llanto, puesto que las actrices nos muestran su desgarro de una manera que parece, a veces, forzada, sin darnos tiempo a digerirlo. Su protagonista, Aitana Sánchez Gijón, maneja la escena como nadie. Sus movimientos y proyección vocal parecen haber nacido en la arena del Teatro Romano. Llega y es creíble, pero la composición de su personaje, Hécuba, nos recuerda a la Medea que presentó en Mérida hace dos años. Es desgarrada, protectora…Rebajar la edad del personaje la convierte en una líder creíble, pero aún así le falta un proceso de desarrollo del personaje para que pase de ser “la constante sufridora” de la historia a la jerarca o adalid del grupo de protagonistas.

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Durante toda la semana anterior nos han contado que uno de los objetivos del montaje es dar voz a las mujeres víctimas de todas las guerras. La lucha por la femineidad se cae al vacío tras la aparición de Helena de Troya. Las mujeres la llaman “zorra” “ramera” “puta”…tal y como la han denominado los hombres autores de la historia que conocemos. Helena se defiende de las propias mujeres, no de la historia de los vencedores ni del machismo literario. Su argumentario es espectacular, poniendo en duda si la guerra de Troya fue motivada por ella y si ella fue realmente la causa o la excusa de todo. Pero son las mujeres, de una manera evidente quienes más la machacan…

La madre, la amante, la hija, la abuela, la trabajadora… Los perfiles de la mujer de nuestros días, sus reivindicaciones, su lucha por la igualdad, su abnegación…Se ve bien reflejado en cada uno de los monólogos de sus protagonistas. Pero cuando llega Helena todo se cae al vacío.

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Es inevitable tras ver la obra, que recibió una larga ovación del público asistente, recordar con anhelo montajes que hemos visto en este certamen y que beben de la historia de ‘Troyanas’. En ‘Juicio a una zorra’ de Miguel del Arco, Carmen Machi realiza una exhibición de argumentos en su favor que convierten este monólogo de Maggie Civantos en una evocación de aquel que vimos en la Alcazaba emeritense. En los desgarros de Hécuba, con Aitana Sánchez Gijón, vemos el dolor exagerado que Concha Velasco nos regaló ediciones atrás. La Hécuba de ‘Troyanas’ nos hace viajar hacia la de José Carlos Plaza debatiendo como espectadores si la intensidad de la actual debería compararse con la de la actriz vallisoletana. Buscábamos más líder, más venganza o más dolor?… Debate interesante. Incluso la gabardina y monólogo de su protagonista en medio de la escena nos evoca a la Medea que ella misma puso en pie hace dos años, incluso a la estética de la de Tomaz Pandur con Blanca Portillo al frente.

Mención a parte merece un Ernesto Alterio que sorprende. Y sorprende por su exagerada declamación. Al principio impacta, parece sacada de contexto, pero conforme avanza la obra, esa misma exageración hace creíble su personaje. Incluso genera cierta dependencia. El espectador le requiere en el escenario de forma constante. Es un hilo conductor casi imprescindible. Una buena idea creada por la directora que conecta con el público, dota de ritmo al montaje y aporta un aire diferente.

Y cómo no destacar la espectacular escenografía de Paco Azorín. Vuelve a sorprender en un espacio tan difícil como el Teatro Romano de Mérida. Una gran ‘T’ tumbada sobre la arena hace las veces de atalaya de los muros de Troya. Preside un campo lleno de muertos y genera cierta inquietud desde que llegas a las caveas hasta que te marchas. Todo esto apoyado por una muy buena selección de proyecciones audiovisuales que permiten que el texto del montaje recobre actualidad con las situaciones que vivimos en Siria o en múltiples países africanos, hacen de la dirección de escena uno de los auténticos reclamos de este montaje. Montaje que sin duda ha levantado mucha expectación entre el público, y que en cuanto a taquilla, será uno de los éxitos de esta edición.

Sobre el autor Paco Vadillo
@pacovadillo - Más que ver una obra de teatro. Mucho más que descubrir las voces de la escena española. Más allá de intentar comprender un mito en el libreto del director de turno...El Festival de Mérida puede ser una experiencia sensorial sencilla de vivir, compleja de entender, pero increíble para enamorarte de ella. Por ello, detrás de la escena, allá donde está el peristilo, donde la Xirgu mira con ojos dramáticos suceden cosas apasionantes. Encuentros imposibles, datos que pasan desapercibidos, recomendaciones para vivir el festival más allá de las caveas. Bienvenidos al entresijo de bambalinas ficticias del Teatro Romano de Mérida

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