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‘Troyanas’ bebe de grandes obras del Festival de Mérida para quedarse a medio camino entre ellas

El tercer montaje de la 63 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida no quedó indiferente a nadie. Y esto es un auténtico lujo tras disfrutar de una obra artística. Si el arte no genera debate, confusión, discusión o te genera sensaciones dispares se queda en un mero elemento decorativo, ya sea una obra escultórica, una película de cine o un montaje teatral. Aunque el debate, tras el estreno al que acudieron unas 3.000 personas (Datazo) se centró en “me gusta” o “no me gusta”. Está claro que el estreno de ‘Troyanas’ tras la abrumadora ‘Calígula’ provoca una comparativa injusta entre ambas de la que sale ganadora la obra de Pablo Derqui.

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Pero para ser lo más ecléctico posible e intentar no fusionar los dos montajes sin que ninguno se vea agraviado por esta situación, analizaremos el estreno de ‘Troyanas’ con la mente en blanco.

El espectáculo dispuesto por Carme Portaceli se queda a medio camino entre varias propuestas escénicas y artísticas que hemos disfrutado en la historia reciente de nuestro certamen. Es un quiero y no puedo constante que provoca en el espectador las ansias por entrar de lleno en la obra, pero la tibieza de comprobar que nos quedamos en la mitad de ese recorrido sentimental. La versión de Alberto Conejero y Portaceli es sencilla de entender, dirigida al gran público, con un buen texto y elementos dramáticos reconocibles, pero adolece de intensidad en muchas ocasiones. A veces parece una sucesión de monólogos que intentan conectar sensaciones pero, que logran la dispersión del público por momentos.

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No podríamos definir el montaje como lento, puesto que la directora ha dispuesto los silencios como discurso narrativo imprescindible para ir saltando por las historias de sus protagonistas. Pero prescindir de personajes, añadir otros que no aparecen en el texto de Eurípides y convertir el montaje en un ágora de mujeres que exponen su historia hace, por momentos, tediosa la narración. Además el espectador comprueba como exageradas algunas declamaciones de sus protagonistas sin entender de dónde viene…Falta el proceso que nos lleva al grito o al llanto, puesto que las actrices nos muestran su desgarro de una manera que parece, a veces, forzada, sin darnos tiempo a digerirlo. Su protagonista, Aitana Sánchez Gijón, maneja la escena como nadie. Sus movimientos y proyección vocal parecen haber nacido en la arena del Teatro Romano. Llega y es creíble, pero la composición de su personaje, Hécuba, nos recuerda a la Medea que presentó en Mérida hace dos años. Es desgarrada, protectora…Rebajar la edad del personaje la convierte en una líder creíble, pero aún así le falta un proceso de desarrollo del personaje para que pase de ser “la constante sufridora” de la historia a la jerarca o adalid del grupo de protagonistas.

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Durante toda la semana anterior nos han contado que uno de los objetivos del montaje es dar voz a las mujeres víctimas de todas las guerras. La lucha por la femineidad se cae al vacío tras la aparición de Helena de Troya. Las mujeres la llaman “zorra” “ramera” “puta”…tal y como la han denominado los hombres autores de la historia que conocemos. Helena se defiende de las propias mujeres, no de la historia de los vencedores ni del machismo literario. Su argumentario es espectacular, poniendo en duda si la guerra de Troya fue motivada por ella y si ella fue realmente la causa o la excusa de todo. Pero son las mujeres, de una manera evidente quienes más la machacan…

La madre, la amante, la hija, la abuela, la trabajadora… Los perfiles de la mujer de nuestros días, sus reivindicaciones, su lucha por la igualdad, su abnegación…Se ve bien reflejado en cada uno de los monólogos de sus protagonistas. Pero cuando llega Helena todo se cae al vacío.

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Es inevitable tras ver la obra, que recibió una larga ovación del público asistente, recordar con anhelo montajes que hemos visto en este certamen y que beben de la historia de ‘Troyanas’. En ‘Juicio a una zorra’ de Miguel del Arco, Carmen Machi realiza una exhibición de argumentos en su favor que convierten este monólogo de Maggie Civantos en una evocación de aquel que vimos en la Alcazaba emeritense. En los desgarros de Hécuba, con Aitana Sánchez Gijón, vemos el dolor exagerado que Concha Velasco nos regaló ediciones atrás. La Hécuba de ‘Troyanas’ nos hace viajar hacia la de José Carlos Plaza debatiendo como espectadores si la intensidad de la actual debería compararse con la de la actriz vallisoletana. Buscábamos más líder, más venganza o más dolor?… Debate interesante. Incluso la gabardina y monólogo de su protagonista en medio de la escena nos evoca a la Medea que ella misma puso en pie hace dos años, incluso a la estética de la de Tomaz Pandur con Blanca Portillo al frente.

Mención a parte merece un Ernesto Alterio que sorprende. Y sorprende por su exagerada declamación. Al principio impacta, parece sacada de contexto, pero conforme avanza la obra, esa misma exageración hace creíble su personaje. Incluso genera cierta dependencia. El espectador le requiere en el escenario de forma constante. Es un hilo conductor casi imprescindible. Una buena idea creada por la directora que conecta con el público, dota de ritmo al montaje y aporta un aire diferente.

Y cómo no destacar la espectacular escenografía de Paco Azorín. Vuelve a sorprender en un espacio tan difícil como el Teatro Romano de Mérida. Una gran ‘T’ tumbada sobre la arena hace las veces de atalaya de los muros de Troya. Preside un campo lleno de muertos y genera cierta inquietud desde que llegas a las caveas hasta que te marchas. Todo esto apoyado por una muy buena selección de proyecciones audiovisuales que permiten que el texto del montaje recobre actualidad con las situaciones que vivimos en Siria o en múltiples países africanos, hacen de la dirección de escena uno de los auténticos reclamos de este montaje. Montaje que sin duda ha levantado mucha expectación entre el público, y que en cuanto a taquilla, será uno de los éxitos de esta edición.

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La huella de David Delfín en el Festival de Mérida

Ha pasado ya un mes del fallecimiento de uno de los diseñadores más prestigiosos de este país. David Delfín falleció con 46 años tras luchar de forma incansable contra un cáncer cerebral. El mundo de la moda le sigue recordando como un elemento imprescindible para entender la industria española en los últimos lustros. Lo suyo, más que vanguardia, era riesgo y provocación. Una provocación que le llevó en pocos años a ser considerado uno de los mejores diseñadores de moda del mundo. No sólo era Cibeles, Nueva York también se rindió a sus pies. Y en Mérida, en nuestro Festival Internacional de Teatro Clásico también disfrutamos de su talento y su riesgo.

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Fue en el año 2011, cuando Blanca Portillo decidió que el equipo imprescindible de acomodadores debía tener también su protagonismo. Para ello encargó a Delfín que diseñara el nuevo vestuario de los jóvenes emeritenses responsables de acomodar a cada persona en su cojín del Teatro Romano. Una tarea que pasa casi desapercibida, pero que funciona como un reloj suizo, y que sin duda, es una de las características de nuestro certamen. Una red de jóvenes de negro corriendo por las empinadas caveas del monumento para que el público disfrute sin sobresaltos del espectáculo. Siempre van de negro, excepto ese año. Ese 2011 donde Delfín les colocó un atuendo blanco, visible y ‘fresquito’.

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

La imagen de Ceferino López, colgada en el antiguo facebook del certamen es de las pocas que se conservan del trabajo de David Delfín en el Festival de Mérida

Compuesto por una camiseta de tirantes anchos, sin tapar los hombros, como si de una tradicional de ‘abanderado’ se tratase. Un pantalón medio bombacho corto, justo a la altura de las rodillas. Y una corbata sin finalizar en punta que aparecía, casi por sorpresa, de un falso cuello en pico, dotándolo de cierta elegancia. Sport y gala unidos en un diseño algo diferente, que provocó que el cuerpo de acomodadores pasara más frío de lo normal, pero que sin duda se llevaron las fotografías de muchos visitantes. David Delfín dejó, de este modo, su sello en Mérida y pasó del negro al blanco en una edición muy recordada, por motivos muy diversos.

Delfín cumplía en 2011 nueve años en la cresta de la ola del diseño en España. Atrás quedó el año 2002 cuando se presentó en Cibeles, Madrid, revolucionando la pasarela. Con modelos a las que les colgaba una soga del cuello y que generó un agrio debate en todos los círculos. Pero él supo ir más allá, y consiguió crear de su nombre una de las marcas más reconocidas de la moda en nuestro país. Contar con David Delfín, más allá de lo acertado o no de sus diseños en Mérida, era colocar al Festival en otros derroteros menos frecuentes, publicidad al fin y al cabo.

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A pesar de este riesgo, las sucesivas direcciones del certamen han apostado por continuar con la línea clásica a la hora de vestir al personal que trabaja en sala. Un personal que es la voz callada del evento, pero que sin ellos, las noches de verano emeritense serían menos mágicas. Aguantaron en 2011 el frío, las miradas y cómo les señalaban por sus atuendos. Seis años después, siguen siendo los ojos y los pies de cientos de espectadores. Conocen el Teatro Romano de Mérida como nadie y son capaces de realizar las críticas más completas de los montajes. No son periodistas pero, sí profesionales a los que hay que tener en cuenta para recabar la información de cada uno de los montajes. Ellos lo ven con respeto, cariño y mucho orgullo. La clave fundamental para que todo transcurra según lo previsto. Con o sin David Delfín, sin ellos, este Festival no sería el mismo.

 

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La versión de Luis García Montero hace aún más grande a ‘La Orestíada’

Agamenón, Orestes, La Democracia…poner en pie sobre la arena del Teatro Romano la trilogía de Esquilo es un trabajo que requiere un ejercicio de contención, contención en la intensidad de cada una de las historias y de su extensión. En Mérida hemos visto Orestíadas ‘kilométricas’, pero éste no es el caso. El montaje inaugural puesto en pie por José Carlos Plaza cumple con el objetivo fundamental de hacer pedagógica la compleja historia de Esquilo. Y lo consigue gracias a quien ha versionado el texto para que lo podamos disfrutar en este bello montaje: Luis García Montero. Para quien los directores de escena de todo el país se pelean porque sea él quien escriba sus obras teatrales.

García Montero dota al texto no sólo de pedagogía, sino de ritmo (que es difícil), le da un aire poético que envuelve cada frase y naturaliza el drama, con lo que consigue descargar de tensión dramática una historia que ya de por sí lo es, pero de este modo consigue no saturar al público. Para que un texto sea eficaz, necesita de unos actores eficaces, en esta ocasión, el casting es desigual. Tras ver el estreno descubres en Mérida a una intensa Ana Wagener, con todos los ingredientes de las heroínas de Plaza: quietud en el centro de la escena, vestuario donde el rojo es el protagonista, movimientos claros de los brazos del cuerpo para cargar de crudeza las frases del texto y constante variación del tono de voz que la convierten en la protagonista absoluta, y también, la que más aplausos recibió tras el estreno.

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Ana Wagener, Alberto Berzal, María Isasi y Juan Fernández están muy por encima de sus compañeros en las interpretaciones. A la carga dramática ellos le aportan credibilidad, algo muy difícil de transmitir en un teatro con 3.000 localidades. Sentir cada jirón de texto en las esquinas más recónditas de las caveas de este teatro, y sentir cómo te arañan la piel, es un trabajo que sólo saben hacer los grandes actores y actrices de la escena. Y ellos lo tienen más que conseguido. Son credibilidad e intensidad, el punto justo para un drama clásico.

En cuanto a Ricardo Gómez o Amaia Salamanca, valores jóvenes que se estrenaban en la arena del Teatro Romano, la opinión va por barrios. Aunque la mayoría de espectadores, incluido el que escribe esto, es consciente y recibe el trabajo arduo que han realizado los dos para montar sus personajes. La energía que muestran en sus interpretaciones y el esfuerzo que ello le requiere, les falta el poso de un actor o actriz más trabajado en las grandes tragedias. Eso que no te da el ser mejor o peor que nadie, sino que te lo otorga la experiencia. Y a Amaia y Ricardo les falta eso, aunque tienen visos de convertirse en muy buenos artistas de teatro clásico…El tiempo lo dirá y ójala les volvamos a ver en Mérida. 

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Plaza, el director, es un experto en cuidar la escena del Teatro Romano de Mérida. Y aquí lo vuelve a conseguir. No defrauda al espectador tradicional que viene a buscar un montaje clásico con el máximo aprovechamiento de la boca del teatro. Una macro estructura en forma de escalinata, que eleva la posición de los actores sobre la grada y democratiza de este modo la escena haciéndola más accesible al público y a la línea visual que tenemos, otorga una belleza al conjunto de historias que sobrepasan por allí. Además, la iluminación, proyectando diseños constantes, desde el fuego a las estrellas, sobre el monumento, dotan a las escenas de cierto realismo ilusorio que carga de poesía el texto que se está recitando. Un vestuario cuidado y una dirección artística más que correcta hacen de ‘La Orestíada’ un montaje que se puede ver, disfrutar y sufrir. Una clase magistral de poesía del versionador y la revisión de una historia, en dos horas y cuarto, que en Mérida conocemos muy bien.

Sólo nos queda mandarle un mensaje a Plaza…te esperamos en la décimo segunda obra en Mérida.

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Guía básica para vivir la 63 edición del Festival de Mérida

Un año más, y como marca la tradición de este blog, os propongo una guía para vivir la 63 edición del Festival Internacional. Y conseguir que lo disfrutes con los cinco sentidos. El primer espectáculo en llegar es ‘La Orestiada’ de José Carlos Plaza, y con Amaia Salamanca y Ricardo Gómez como reclamo para el gran público.  Aún nos quedan muchas noches por vivir. Por ello, me atrevo a realizarles y proponerles una sencilla guía para que disfruten del Festival desde que aparquen en Mérida, hasta que vuelvan a sus casas:

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1.- Tapear. Intenten llegar a la zona del Museo Nacional de Arte Romano sobre las 21:00 horas. ¿El objetivo? Conseguir una mesa en las terrazas de José Ramón Mélida y aledaños. Le recomiendo probar las tostas de jamón ibérico, torta del Casar y morcilla de Guadalupe. Regadas por buenos vinos extremeños. Para los cerveceros pregunten si tienen cervezas artesanas extremeñas. En los últimos meses se han abierto nuevos establecimientos en la zona del Teatro, pero también por todo el centro de la ciudad. Tener una previsión horaria para comer puede ayudarnos a “digerir” mejor el montaje. Para los que no quieran cenar, cada Jueves de julio y agosto, el Museo Nacional de Arte Romano abre sus puertas de forma gratuita antes de cada espectáculo.

2.- Entrada al recinto. Yo recomiendo entrar al recinto sobre las 22:30 horas. Unos 15 minutos antes de las representaciones. De esta manera podrán recorrer tranquilamente el complicado empedrado de acceso. Aunque el Consorcio, dentro de su plan de accesibilidad, ha creado nuevas rampas, eliminando escaleras. Pero en el entorno de las caveas las piedras siguen protagonizando el recorrido, que puede complicarse, sobre todo si llevan zapatos de tacón. Disfrutar del entorno monumental y empezar a sentir el Festival y su noche. El romanticismo del empedrado nunca se pierde.

3.-Descubrir. Una vez ubicado en nuestra localidad. (No se lleven cojines que, excepto en gallinero (cavea media), todas las localidades tienen su cojín ya incorporado) Es importante mirar el monumento, disfrutar de él bajo la noche emeritense. Además, muy recomendable en esos minutos de abstracción, leer el ‘libreto’ de la obra en cuestión. Nos ayudará a comprender mejor el desarrollo de la historia y conocer su cuadro técnico y artístico.

4.-La obra. Si una obra tiene demasiada intensidad dramática, hay muchas posibilidades de que nos despistemos con las columnas o con las estrellas del cielo de Mérida. Y esto nos puede provocar una desconexión total del montaje. Céntrese en la historia, como si a su alrededor no estuvieran miles de personas. Es difícil, pero posible.

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5.- El después. Tras los prolongados aplausos del público emeritense, famoso por ser abundante en sus elogios y palmas. Le recomiendo que se acerque a la terraza ubicada justo encima de los camerinos. Desde allí, y con un mojito o refresco, contemplarán la espalda de Teatro Romano, sinuosa, provocándonos. En dicha terraza es habitual compartir copas con los actores y estrellas del montaje. Si está lleno, cualquier bar del entorno o centro de la ciudad es bueno para comentar las obras.

6.-No olvides. No hay que olvidar abanicos y rebecas. Sí, contradictorio. Pero las noches emeritenses son así de extrañas. Tan pronto hace un frío insoportable como un calor que derrite. También recomiendo una botella de agua durante la representación. Porque salir del graderío a oscuras hacia las barras es bastante complicado. Apagar el flash de tu móvil o cámara de fotos. Es horroroso comprobar cómo algún espectador cree que su pequeño flash llega hasta la escena del teatro. Además despista a cualquiera.

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¿Qué obra ver en esta 63 edición del Festival de Mérida?

Vamos con algo de retraso, pero suele ser habitual, antes que comience la edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, que cada uno eche un vistazo a la programación para escoger qué montaje ver con su familia, pareja o amigos durante el verano extremeño. La mayoría, a no ser que lo compre por Oferplan o le toque algún sorteo, no suele ir a todas las obras. Ya no es una cuestión económica, sino de gustos. El espectador habitual del certamen, mayoritario por cierto, que repite año tras año como una tradición, cada vez es más exigente a la hora de decantarse por un espectáculo en concreto. Mira su ficha técnica, artística y las fechas, para que no les coincida con su escapada a Isla Cristina…

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Esta entrada no pretende predisponer a nadie, ni por supuesto, expresar la última razón. No hay verdades absolutas en esta vida, y menos las referidas al arte. Cada uno tiene una motivación. Y quien las escribe, por suerte, disfruta de todas las obras de la edición. Haremos un repaso desde las obras más clásicas, llamémoslas tradicionales, a las que aportan un punto más de vanguardia…si realmente existe, porque en el arte teatral está ya casi todo inventado. Y muchas cosas que se presentan como vanguardia, ya las hemos visto hace lustros, por lo tanto no son caducas, pero sí manidas. Las fórmulas para los químicos…Aquí sólo va la opinión de un niño que disfruta con el Teatro como a quien le compran el último Geiperman…(Siempre he sido muy vintage):

1.- La ORESTIADA

A quien le guste la fórmula ‘clásica’ de representación en nuestro Festival que no se pierda este montaje del incombustible José Carlos Plaza, que ha regalado para el público de las caveas emeritenses noches para la historia. Hécuba, Medea, incluso la propia Orestiada en 1.990. Plaza conoce el espacio, conoce al público y conoce las exigencias de los más ‘clásicos’. Su teatro es el juego del auto conocimiento. Trabaja en exceso el proceso en el que el actor interioriza un personaje hasta que no puede desprenderse de él ni para comprar una baguette. Las declamaciones de sus actores y actrices son ‘las de toda la vida’. El montaje está cargado de intensidad dramática. Y conjuga, una vez más, la veteranía escénica con los nuevos valores. Valores que habrá que descubrir…Ya sabemos que el Teatro Romano puede tragarse a más de uno, la historia así nos lo ha demostrado. Su intensidad puede jugar malas pasadas al espectador que espera una obra corta y ágil. Los montajes de Plaza son para no despistarse, y rara vez su duración baja de las dos horas de teatro del denso. Siempre destaca por buenas escenografías, buen aprovechamiento del espacio escénico y un cuidado trabajo de iluminación y vestuario. Pero algunos montajes suyos vistos en la arena del Teatro Romano ha adolecido de ritmo y han sobrepasado la intensidad.

2.-CALÍGULA

Sobre el papel se presenta como una de las propuestas más interesantes. Contar con el Teatre Romea y el Festival Grec es un aval de confianza. La calidad de sus montajes está más que demostrada. Pero la clave de este espectáculo es su director, Mario Gas. Su fuerte carácter, tanto dentro como fuera de la escena, han provocado que los emeritenses disfrutemos de obras para el recuerdo. Nunca deja indiferente, ni como actor ni como director, y esto es un lujo en el actual arte de usar y tirar. Sus obras no podrían exponerse en ARCO, porque sus cargas dramáticas sobrepasan la piel, te llegan. Y Gas siempre se rodea de excelentes profesionales que dan un giro constante a las tendencias teatrales de este país. Paco Azorín retuerce las escenografías para ser un adelantado de nuestros tiempos y expresar con elementos escénicos cada uno de los motivos por los que las obras de Gas son para recordar. El texto es de Albert Camus, otro aval más para que a quien le guste el teatro actual, pero con un texto clásico, no se pierda este montaje.

3.- TROYANAS

La obra dramática que más expectativas ha levantado entre la crítica y el público. No me extrañaría que el montaje protagonizado por Aitana Sánchez Gijón se estrene el próximo 19 de julio con todas las entradas agotadas para sus cinco sesiones. Estamos hablando, no obstante, de uno de los montajes con el cuadro artístico y técnico más potente del certamen. Carmen Portaceli es una directora reconocida que se ha arropado para esta ocasión de profesionales premiados de primer nivel. Casandra, Helena, Andrómaca, Hécuba, Políxena, Clitemnestra, Ifigenia, Hermione… una historia de sobra conocida por los espectadores de Mérida, pero que cuenta con un cartel de lujo como Alba Flores o Ernesto Alterio. Portaceli y Cimarro saben mucho de este negocio, y para protagonizar el drama por antonomasia de la edición, han escogido a dos actores que han dado noches históricas para el Festival. Eso es un vala de éxito, otra cosa es que nos termine por convencer…pero ingredientes tiene, y de sobra.

4.-SÉNECA

La corrupción, el agotamiento personal, las ambiciones…la Séneca que escribió Antonio Gala y que ha versionado para Mérida Emilio Hernández es un arma de doble filo. Por un lado, se presenta interesante descubrir como espectador a este personaje que puso en pie Gala hace 30 años, pero que se ha actualizado. También lo apoya que detrás esté el Centro Dramático Nacional. Pero puede adolecer de intensidad. Esa que en las noches de verano emeritense provocan a quien se sienta en los cojines que desconecten. De la medida en la que gestione su director la transmisión de esa intensidad al público podremos decir si Séneca se corona en Mérida o no. Ver un montaje del CDN ya es un lujo, verlo llegar a Mérida una oportunidad para revisar en qué han convertido la obra que ya escribiera Gala hace 3 décadas…está por ver y comprobar si el montaje ya estrenado se corona en la capital extremeña.

4.- LA BELLA HELENA

Llega el musical al Festival de Teatro, en esta edición claro, porque tras Hércules, parece ya imprescindible programar un espectáculo “para toda la familia”. ¿Esto quiere decir que nos entretendrá pero no pasará a nuestro recuerdo?… Bueno, eso decíamos de las comedias clásicas hasta que llegó ‘Los Gemelos’ para darnos una bofetada artística a todos los que pensábamos de esta manera. Aún así, el cartel, la producción, la elección del casting, incluso los adaptadores (Entre ellos Miguel Murillo), están pensados para agradar al gran público. Un musical es costoso, por eso no se producen muchos más allá de la Gran Vía de Madrid. Verlo en Mérida, y con un elenco tan amplio, puede ser la oportunidad perfecta para que los pequeños de la casa vivan el Festival junto a sus padres, madres y abuelos…Lo que opine la crítica tras el estreno será harina de otro costal.

5.- LA COMEDIA DE LAS MENTIRAS 

Esta obra funciona. Es la frase que todos dijimos cuando presentaron la programación de la 63 edición. Llega la comedia al certamen de la mano de un experto en ella: Pepón Nieto, quien nos diera noches gloriosas con su Eunuco ediciones atrás. Y además, la programan 10 días…huele a lleno total. Y además (y ya van dos ‘además’) el productor ejecutivo (el de los billetes) es Jesús Cimarro…pues parece que la apuesta es a caballo ganador. Las comedias siempre triunfan entre el público emeritense, otra cuestión es que hagan reír…qué paradoja. Porque en el Festival hemos visto de todo al respecto. Con las comedias me ocurre lo que con la comida mejicana…sabes que pica, pero no si te va a gustar su picor. Aunque lo que es innegable que su atractivo, con Pepón Nieto, Paco Tous o Canco Rodríguez al frente es grande. Cimarro ha sabido escoger actores y actrices reconocibles por el gran público gracias a la televisión y conjugarlos en torno a una versión de Pep Anton Gómez y Sergi Pomermayer, a partir de la obra de Plauto. Una mezcla entre Sueño de una Noche de Verano, incluso con ingredientes de Los Gemelos…este montaje de líos, amores no correspondidos y encuentros a escondidas tiene todos los ingredientes para reventar la taquilla.

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6.-VIRIATO

Que vuelva ‘Verbo Producciones‘ es que vuelva ya un clásico. Cimarro confía en quien ha sido la ‘voz en off’ del Teatro Romano en los últimos años para cerrar edición una vez más. Y sus éxitos le avalan: Los Gemelos y El Cerco de Numancia. Es cierto que el montaje extremeño se ha convertido por méritos propios en uno de los montajes más esperados por el público castizo que acude fiel al Festival cada año. Y también es cierto que no suele defraudar. Y para que no me tachen de ‘pelota’ expondré los riesgos que asume Fernando Ramos al protagonizar y producir este montaje de cierre. En primer lugar creo que hemos sido muy excesivos en remarcar cada año que las compañías extremeñas saben “llenar” la boca del Teatro Romano de Mérida…pero esto se ha convertido en un peligro, porque cada vez de forma más frecuente, llenan en exceso de elementos, figurantes y coro cada rincón del espacio escénico, provocando que el espectador se despiste de lo esencial. Menos es más…pues casi siempre. Ver ‘Viriato’ es disfrutar de la pluma literaria de Florián Recio, uno de nuestros genios actuales. De la locura sentimental que aporta a cada montaje Paco Carrillo en la dirección y de un elenco, que aunque la obra no nos llegue a convencer, son verdad hecha artistas: Ana García, Pedro Montero o la excelsa Paca Velardíez.

 

Mi recomendación final es que cuando terminéis de leer esta entrada en el blog no os perdáis ninguno de los montajes, sí…porque es muy satisfactorio poder escribirme y decirme: “Paco te has equivocado ….” ¿Será para bien o para mal…disfrutemos del privilegio que tenemos cada verano…las conclusiones llegarán después…esto sólo son palabras de un principiante que ama el Festival… ¿Acertaré? 

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El Festival recupera los grandes nombres de la escena en su 63 edición

Se presenta la programación completa de la 63 edición del Festival de Mérida

Mario Gas, Antonio Gala, José Carlos Plaza, Aitana Sánchez Gijón, María Barranco, Pepón Nieto, Ernesto Alterio…Son sólo algunos de los nombres que este año completan la programación del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Grandes nombres de la escena española que ponen, sobre el papel, un alto nivel de expectativas en la próxima edición. Una edición que recorrerá del 5 de julio al 27 de agosto los rincones del Teatro Romano de Mérida y que pretende, al menos, mantener los datos del pasado año, con 163.483 asistentes, pero lo que es más ambicioso: mejorar la calidad artística de los montajes. Un reto que parece más que posible con la programación en la mano.

El director del certamen, Jesús Cimarro, ha recalcado en la presentación que son muchas las compañías cuyas propuestas se han quedado fuera de la 63 edición, por una cuestión, no sólo de programación, sino también de limitación de tiempos. No caben todas, pero ahí está el riesgo de quien programa, eligiendo las más adecuadas o las que cree que van a funcionar mejor. Con estos mimbres, los espectadores podrán ver 6 estrenos absolutos, uno de los hitos de la ‘era Cimarro’ que más valoran los apasionados del Festival. Que los montajes, más allá que estén previstos para girar por teatros a la italiana, se vean por primera vez en Mérida, con el toque de exclusividad que este hecho da.

Además, como plus para el espectador, este año veremos dos textos inéditos,uno de ellos será la Séneca de Antonio Gala coproducida con el Centro Dramático Nacional y que representa uno de los atractivos más destacados de la programación. Aunque será el incombustible José Carlos Plaza quien abrirá el certamen, gran conocedor de la escena emeritense, con La Orestíada de Esquilo, coproducida por Pentación y con los televisivos Ricardo Gómez y Amaia Salamanca entre su reparto.

Uno de los platos fuertes, porque casi nunca falla la calidad de sus montajes, será el regreso de Mario Gas. El director y actor vuelve a Mérida dirigiendo Calígula de Albert Camus. Se presenta como un montaje donde vislumbraremos, gracias a la coproducción con el Festival Grec y Teatro Romea, la utilidad del poder y el sufrimiento que éste genera entre el pueblo y entre quienes ostentan la responsabilidad de repartirlo.

Aitana Sánchez Gijón vuelve a Mérida, tras su Medea multipremiada y que nos supo a poco. Aitana ya estuvo en Mérida protagonizando ‘Odiseo y Penélope’ y ahora volverá encarnando a una de ‘Las Troyanas’ escrita por Alberto Conejero y dirigida por Carme Portaceli, actual directora del Teatro Español. Una posibilidad de ver en Mérida teatro duro, intenso y directo a las emociones.

La parte más naif de la programación la completa el musical ‘La Bella Helena’ con la cantante Gisela al frente en versión de Miguel Murillo. El objetivo es atrapar al público familiar con este tipo de producciones. Habrá que esperar para ver si su resultado cuaja con las exigencias de una gran cartel como el de esta edición.

Y tras la música, (Aunque han insertado un concierto el 17 de agosto de Arcángel, Las Nuevas Voces Búlgaras y Ana Moura), llegan dos apuestas para el mes de agosto que presentan muchas incógnitas pero cuyos repartos artísticos y técnicos son garantía de éxito en cada una de las producciones donde les hemos disfrutado. Por un lado ‘La Comedia de las Mentiras’ de Pep Antón Gómez y Sergi Pomermayer, protagonizado por Pepón Nieto y María Barranco, entre otros. Nos recuerda a la locura y genialidad de ‘El Eunuco’ y puede que sea, al tratarse de comedia y con este cartel, uno de los ‘bombazos’ de esta edición.

Y cierra una apuesta segura: Verbo Producciones, con 2 premios CERES del Público en su haber, vuelve a la que parece su casa en el último lustro para poner otro texto magistral de Florián Recio, dirigido por Paco Carrillo y con el elenco casi completo de ‘El Cerco de Numancia’. Las expectativas son altas, algo que puede jugar en su contra, pero está claro que el conocimiento de la escena y del público que tiene esta producción es una de sus virtudes para poner la guinda a la 63 edición.

Y aderezándolo todo, pues la programación OFF con TAPTC? Teatro, cine en EL FORO, Cuentaclásicos en la Plaza de España, pasacalles, conferencias en el Museo Nacional de Arte Romano…

Las conclusiones las sacaremos en este blog tras disfrutar de cada uno de los montajes, pero sobre el papel, está claro que Cimarro y su equipo traen a Mérida en esta edición, a un nutrido grupo de lo mejor de la escena española para que como reza el título de esta edición: Sintamos la emoción de la Historia.

 

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Sobre el autor Paco Vadillo
@pacovadillo - Más que ver una obra de teatro. Mucho más que descubrir las voces de la escena española. Más allá de intentar comprender un mito en el libreto del director de turno...El Festival de Mérida puede ser una experiencia sensorial sencilla de vivir, compleja de entender, pero increíble para enamorarte de ella. Por ello, detrás de la escena, allá donde está el peristilo, donde la Xirgu mira con ojos dramáticos suceden cosas apasionantes. Encuentros imposibles, datos que pasan desapercibidos, recomendaciones para vivir el festival más allá de las caveas. Bienvenidos al entresijo de bambalinas ficticias del Teatro Romano de Mérida

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