La amenaza fantasma

 

Europa y la democracia están cavando su tumba en la que fue su cuna, Grecia. Allí está emergiendo un fantasmagórico Amanecer Dorado, pero de desesperanza, la que ha llevado a casi medio millón de griegos a votar a un partido nazi que ha irrumpido en un atomizado Parlamento con 21 diputados al grito de “¡ha llegado la hora del miedo para los traidores de la patria!” y “’¡fuera la escoria humana de mi casa!”, en alusión a los inmigrantes. “Grecia es solo el comienzo”, amenaza su führer. Hay indicios para temer que sea así, como el ascenso electoral de la ultraderecha en Francia, los países nórdicos, Bélgica, Holanda o Austria, países estos dos dos últimos donde ha sostenido gobiernos.

“Si no salimos del atolladero de los mercados, vamos a una Europa de extrema derecha de aquí a cinco años”, advierte Ignacio Ramonet, director de ‘Le Monde Diplomatique’ en una entrevista en Máspúblico.org. Es un aviso de adónde nos conduce el ultraliberalismo, tanta austeridad, tanto ajuste de cuentas, de qué pasa cuando se toca demasiado los ‘collons’, que diría nuestro ‘amado líder’, a los ciudadanos. Como explica Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias, en ‘El miedo a los bárbaros’, cuando el pueblo tiene la impresión de que sus condiciones de vida se degradan está tentado de buscar un culpable fácil de identificar. El populismo de izquierdas culpa a los ricos, así que hay que apropiarse de sus bienes y distribuirlos entre los pobres. El populismo de derechas no defiende una clase social sino una nación, y culpa a los extranjeros. Para no perder electores, el centroderecha está satisfaciendo algunas de las exigencias de la extrema derecha. Dos ejemplos en España son la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes irregulares y su hacinamiento en campos de concentración hasta su expulsión del país.

Todorov distingue tres tipos de países: los del “apetito”, las potencias emergentes como China; los del “resentimiento”, como los musulmanes y algunos asiáticos y latinoamericanos, que se sienten humillados por sus antiguos colonizadores europeos y EE UU; y estos son los del “miedo”, los que temen que los dos grupos anteriores acaben con su prosperidad. Sin embargo, los países europeos donde el estado de bienestar se resquebraja víctima de los recortes está virando del miedo al resentimiento, siendo Grecia el paradigma. Amanecer Dorado ha sabido agitar los fantasmas del miedo a los bárbaros y del resentimiento hacia esa UE, con Alemania a la cabeza, que ha puesto de rodillas a la nación helena. Recuerda a la leyenda de Bloody Mary, una chica que enfermó y murió. Su familia la enterró, pero con una cuerda atada a la muñeca y unida a una campana exterior, por si había sufrido una catalepsia y despertaba. Mary despertó y tocó la campana, pero nadie la oyó. A la mañana siguiente los familiares vieron que la campana estaba en el suelo. Al desenterrarla hallaron a Mary sin uñas: estaban incrustadas en el rasgado ataúd. Mary echó una maldición antes de morir: todos los que frente a un espejo la invoquen, morirán. Grecia lleva tiempo tocando la campana. Merkel ha hecho oídos sordos, pero parece que Hollande la ha oído. Esperemos que no sea demasiado tarde.

(Publicado en el diario HOY el 13/5/2012)

¡Madre mía!

Hoy, día de las mamás, he recordado cuando Alberto Ruiz-Gallardón nos mentó la madre hace dos meses. El ministro de Justicia, erigido en martillo de abortistas y gran defensor del derecho a la maternidad, denunció que existe “una violencia de género estructural” que obliga a abortar a las mujeres. Sus palabras sacaron de madre a la izquierda y las feministas, pero, lejos de matizarlas, el ínclito exalcalde de Madrid alzó el cuello y las remachó con un sermón en el Congreso: “La libertad de maternidad es lo que a las mujeres les hace auténticamente mujeres”, dijo, insinuando que una mujer de verdad no renuncia a ser madre. ¡Madre mía!, don Alberto, su prédica sonó rancia, más propia de Pilar Primo de Rivera. Sí estoy de acuerdo con usted en que “ninguna mujer debería verse obligada a renunciar a la maternidad por un conflicto familiar, laboral o social” y, desgraciadamente, como recordó, un informe del Consejo Económico y Social advierte que “las mujeres conciben la maternidad como un riesgo que afecta directamente al ámbito laboral y al desarrollo de sus individualidades”.

Sin embargo, del dicho al hecho hay un trecho, y su Gobierno se lo está poniendo muy complicado a las trabajadoras para ser madres con medidas ‘anticonceptivas’ como la reforma laboral, que abarata y facilita el despido. ¿Qué mujer se va a arriesgar ahora a perder su empleo quedándose embarazada? Además, dificulta la conciliación de la vida familiar y laboral al dar manga ancha a las empresas para bajar salarios y cambiar horarios de trabajo (podrán distribuir de manera unilateral e irregular a lo largo del año el 5% de la jornada) y al permitir que los contratados a tiempo parcial (muchas mujeres) puedan hacer horas extras. Y quien tenga a su cuidado algún menor de ocho años o un discapacitado tendrá derecho a reducirse hasta la mitad la jornada laboral diaria, con la bajada proporcional del salario; la novedad es que la reducción antes podía acumularse y no ir a trabajar un día a la semana o al mes, y ahora no. Para más inri, los niños ya no vienen de París y con un pan debajo del brazo, sino de Berlín y con una cartilla de ahorro. Si ya es caro mantener un hijo, lo será más: habrá que pagar más por las medicinas que necesite y por la matrícula universitaria y lo tendrá más difícil para recibir una beca. Con tantas trabas, no es de extrañar que cada vez más mujeres decidan desafiar la crisis, tirar del carro familiar y montar su propio negocio; en un año se ha casi triplicado el número de emprendedoras en Extremadura (ver HOY del 2 de mayo).

¡Viva la madre que me parió, viva la madre de mis hijos y vivan todas las madres! Lo vuestro cada vez tiene más mérito, pues Rajoy se está saliendo de madre con tanto recorte, forzando a nuestros jóvenes a buscar la madre gallega en Alemania o donde sea (ver HOY de ayer). Yo también me siento cada vez más como una madre, pero con las ubres exprimidas por esos hijos mamones de la Moncloa, y me entran ganas de seguir el ejemplo revolucionario de Pelagia, ‘La madre’ de Máximo Gorki, o la llamada de Howard Beale (Peter Finch) en la película ‘Network’ a abrir la ventana y gritar: “¡Estoy más que harto y no quiero seguir soportándolo!”.

(Publicado en el diario HOY el 6/5/2012)

El club de los pringaos

 

Se veía venir. No, no me refiero a la marcha de Guardiola del Barça, sino a la subida del IVA y de los impuestos especiales que gravan el tabaco, el alcohol y los carburantes en 2013. Era un rumor a voces que confirmó el viernes el mensajero del miedo del Gobierno y ministro de la escasez, Luis de Guindos. “La subida del IVA es un disparate”, porque “afecta fundamentalmente a pensionistas y parados” y “va a repercutir en la financiación de las comunidades autónomas, pensemos en sanidad o educación”. Y no lo digo yo, lo dijo Mariano Rajoy hace dos años. Vale, lo dijo antes de aterrizar en la Moncloa y descubrir que Zapatero le había engañado: el déficit era bastante mayor del previsto. Con ese argumento, justificó que se viera obligado a hacer otras lindezas que prometió no hacer: subirnos el IRPF, la luz y el gas, entre otros ‘lujos’, así como abaratar y facilitar el despido y decretar una amnistía fiscal para los defraudadores y el repago farmacéutico. Sin embargo, en enero aseguró que el aumento del IVA seguía sin estar entre sus previsiones, porque no le parecía lo más justo y equitativo.

Pero una cosa es predicar y otra dar trigo, como bien sabe la Iglesia, que, por boca del cardenal Rouco Varela, apeló esta semana a “la caridad” y al “espíritu de sacrificio” para salir de la crisis. Muy bien, eminencia, pero aplíquese el cuento, porque clama al cielo que la Iglesia y las grandes empresas demuestren menos caridad y espíritu de sacrificio con Hacienda -que, dicen, somos todos- que esos 20 millones de ‘paganos’ con nómina a los que siempre se les toca el bolsillo y que formamos ‘El club de los pringaos’ que da título al último libro del periodista Daniel Montero. Como desvela al detalle Montero, los que menos tienen (las clases bajas y medias del país, los curritos y pequeños empresarios) pagan cinco veces más impuestos que los que más tienen (los grandes capitales y multinacionales). Los 20 millones de asalariados recaudan casi 77.500 millones al año; todas las empresas juntas, 30.000 millones, menos de la mitad. Y, como era de esperar, los ‘pringaos’ estamos siendo los grandes ‘paganos’ de la crisis, pues las compañías españolas abonan la mitad de impuestos que hace cuatro años y han pasado de aportar el 22% al 10% del dinero que necesita el Estado. Y este se lleva de una forma u otra (vía impuestos directos, indirectos y cotizaciones) la mitad del sueldo de un currito.

Por su parte, la Iglesia está exenta del pago del IVA, del Impuesto de Patrimonio, del IBI y de las tasas para solicitar permisos de obra en sus edificios, con lo que deja de ‘donar’ al cepillo común unos 1.000 millones. No obstante, “la Iglesia es santa y pecadora”, como recordó el viernes, en los Desayunos de TVE, Sebastián Mora, secretario general de Cáritas, ONG que también es Iglesia y cuya labor de asistencia a un creciente número de ‘paganos’ enviados al infierno de una cornada por el becerro de oro, como esos ya 1,7 millones de familias con todos sus miembros en paro, es impagable. Que Dios se lo pague, aunque en realidad la pagan incluso los no creyentes que marcan la casilla de fines sociales en la declaración de la renta.

(Publicado en el diario HOY el 29/4/2012)

El futuro es muy oscuro

 

“El día en que nos vayamos, a España no la va a conocer ni la madre que la parió”, dijo Alfonso Guerra tras ganar el PSOE por goleada las elecciones de 1982. Y lo mismo podría haber repetido Rajoy el 20-N, porque en tiempo récord está removiendo los cimientos de aquella nueva España que empezó a levantarse tras el susto del 23-F, el día que Tejero entró en el Congreso como un ‘elefante blanco’ en un cacharrería y el Rey se convirtió en héroe nacional. Treinta años después, Rajoy está demoliendo, piedra a piedra, ese ruinoso edificio, en lugar de rehabilitarlo, y en un momento en que el Rey, de un trompazo, ha pasado de héroe a villano por culpa de otro elefante que casi se lo lleva por delante cuando emulaba a John Huston durante el rodaje de ‘La reina de África’.

Esta España que se está deconstruyendo tampoco la conocerá ni la madre que la parió, pero quizás sí le suene a la abuela. Hijos míos, no es por desanimaros, pero la vida es muy cara y aún lo será más, y encima tendréis menos. Pedir a los Reyes Magos que os regalen una hucha de cerdito y, en cuanto podáis, si alguna vez podéis, empezar a llenarla para pagaros la universidad, las medicinas, la jubilación… Ni se os ocurra meter los ahorros en el banco, que es como un agujero negro. Papi, pero dice el presi que solo nos está pidiendo un “pequeño esfuerzo” de “unos pocos euros al mes” para sostener la sanidad y la educación públicas. Unos pocos euros que, dice la presidenta de Aragón, Rudi, equivalen a seis periódicos -ya estamos matando al mensajero- o, según el consejero de Salud manchego, Echániz, a cuatro cafés. Sí, sí, pero tacita a tacita nos están dejando más secos que la mojama. Y a los bares y editores de diarios les va a hacer mucha gracia seguir perdiendo clientes y verse abocados a echar a más gente o a cerrar.

Volviendo a Guerra. De sí mismo llegó a decir que era el cocinero que preparaba los platos que después Felipe González servía en la mesa. Los de Rajoy son el amargo De Guindos y el agrio Montoro, quienes no hay día que no nos den la comida en el Telediario al son de Antonio Molina: “Cocinero, cocinero enciende bien la candela / y prepara con esmero un arroz con habichuelas / cocinero, cocinero aprovecha la ocasión / que el futuro es muy oscuro, / que el futuro es muy oscuro, / ayyyyyyy, trabajando en el carbón. // Cocinando me doy una maña / que no hay en España quien guise mejor / y con gracia preparo al momento / un buen condimento que está superior / sin pensarlo de repente / yo me guiso un arroz con fideos / que el señor más exigente (señora, en este caso, Ángela), / que el señor más exigente tiene que chuparse los dedos // Cocinero, cocinero… // Si guisando se apaga el hornillo / me canto un tanguillo llevando a torsión / y por arte de birlibirloque sin un palitroque / se enciende el fogón / y a ahorrativo no me gana porque guiso la mar de barato / y me paso la semana / y me paso la semana con agua y bicarbonato”. Con esta carta de ajuste, apaga y vámonos a Argentina (bueno, allí no que igual la momia de Evita nos expropia la vida después de que Mariano nos quitara la bolsa). Total, a la tele pública independiente le quedan dos telediarios.

(Publicado en el diario HOY el 22/4/2012)

Que se mueran los viejos

 

Don Dinero no respeta ni las canas. Por boca de su Fondo de reptiles, ha venido a decir que nuestros mayores son un estorbo, un oneroso lastre que pone en peligro el bienestar de la mayoría. Y el problema va a más porque cada vez hay más viejos y viven más. El FMI alerta “del riesgo financiero de que la gente viva más de lo esperado” para los gobiernos y las empresas que ofrecen planes privados de jubilación, porque tendrán que pagar más en pensiones y prestaciones de la seguridad social. Advierte el Fondo que si la esperanza media de vida aumentara para 2050 tres años más de lo previsto hoy, los costos del envejecimiento, “que ya son enormes”, se incrementarían un 50%.

¿Y qué propone el FMI para mitigar este riesgo? ¿La instauración de la eutanasia obligatoria a partir de cierta edad? ¿Programarnos genéticamente para durar un número determinado de años? Aún no, pero todo se andará. De momento, don Dinero es más partidario del darwinismo social que de la eugenesia, de dejarlos morir que de la “solución final”: aboga por retirar, paulatinamente, la mascarilla de oxígeno pública a los pobres viejos que no se pueden pagar una pensión y una sanidad privadas dignas, para que “la selección natural” siga su curso.

En concreto, el Fondo propone: adoptar métodos para distribuir el riesgo entre los particulares, los gobiernos y las empresas que ofrecen planes de pensiones privados, y recurrir a los mercados de capital para transferir el riesgo de la longevidad a quienes tienen más capacidad para gestionarlo. También recomienda a los gobiernos que aumenten, obligatoriamente o vía incentivos, la edad de jubilación a la par que crece la esperanza de vida. Y si no es posible incrementar las contribuciones o subir la edad de jubilación, “posiblemente haya que recortar las prestaciones”.

En definitiva, el guardián de la ortodoxia neoliberal quiere que el sector privado participe más en el negocio de la jubilación y que trabajemos más tiempo para cobrar la pensión entera. Y en esas estamos aquí en España con la subida de la edad de retiro a los 67 años pergeñada por Zapatero, antes de gozar de un jubilación de oro, y los primeros recortes en la sanidad pública anunciados por el Gabinete del doctor Rajoy. La alternativa es fomentar la natalidad y la inmigración para aumentar los “ingresos” de población en edad de trabajar y con ello las aportaciones a la caja de la Seguridad Social. Pero, lejos de eso, tanto ajuste de cuentas está provocando que sea un lujo tener hijos y trabajo, y utópico que este sea fijo.

No nos engañemos. Esta llamada de atención sobre los riesgos de la longevidad forma parte de la estrategia neoliberal para desmontar el Estado de bienestar. La coyuntura no puede ser más propicia; la crisis es la gran coartada de don Dinero para coger a los gobiernos por las deudas y forzarles a aceptar sus condiciones a cambio de sus favores. Cuando el Titanic se hunde, las mujeres, los niños y los ancianos son los primeros que deben salvarse. Pero resulta que ya no hay botes suficientes ni para ellos, ni tampoco plata para comprar más. La consigna es: ¡sálvese quien pueda!

 (Publicado en el diario HOY el 15 de abril de 2012)

Empujados al suicidio

 

Rajoy ha dejado claro esta semana quién manda aquí: Angela Merkel. ¿Usted la ha votado? Yo tampoco. Pero esto sigue siendo una democracia, ¿eh? El lunes, un día antes de entregar a las Cortes sus Presupuestos “de guerra”, nuestro señor rindió cuentas al emisario de su señora, un tal Kauder, quien se llevó “una excelente impresión”, aunque se mostró receloso con las ‘manirrotas’ comunidades autónomas. Mariano, vasallo fiel, ha prometido ser inflexible con sus barones. “No es momento de pabellones, autopistas o aeropuertos”, les advirtió. También dijo que no le ha quedado más remedio, por culpa de Zapatero, que adoptar medidas “duras y dolorosas”. Era eso o algo “peor”: la intervención de los cien mil hijos de San Angela para restaurar el orden en la Hacienda española, como en Irlanda, Portugal y Grecia. Tranquilos, Kauder asegura que “cuando los problemas se atajan y se acometen reformas, como está haciendo España, se genera confianza en los mercados”. ¡Ja! Lo estamos viendo: la prima de riesgo se acerca peligrosamente a su récord. Porque don Dinero manda más que Merkel, y nos tiene cogidos por las deudas y siempre querrá más. Ahora nos pide la cuadratura del círculo: más recortes y, a la vez, crecer más. Hasta De Guindos reconoce que “si no hay crecimiento, las dificultades para reducir el déficit son mayores”. ¿Y cómo se puede estimular la economía si los bancos mantienen cerrado el grifo del crédito y el Estado reduce casi un 25% su inversión en las autonomías?

Entretanto, se multiplican las víctimas colaterales de esta extorsión: parados, pobres de solemnidad y los que ya no aguantan más y se pegan un tiro, como hizo el miércoles un farmacéutico jubilado griego de 77 años, al que habían bajado la pensión y no le daba para vivir dignamente. “Dado que tengo ya una edad que no me permite recurrir a la fuerza, y a fe que si un griego agarrara un kaláshnikov, yo sería el segundo en hacerlo, no encuentro otra solución que un final digno antes de empezar a rebuscar comida entre la basura”, decía en una nota que llevaba en el bolsillo cuando se suicidó. En ella, culpaba de “aniquilarle” al Ejecutivo del tecnócrata Papadimos, al que comparaba con “el Gobierno de ocupación” nazi. Y animaba a “los jóvenes griegos sin futuro” a colgar, “como los italianos hicieron con Mussolini en 1945”, a los “traidores de la nación”, los “políticos y financieros”.

Con la crisis, los suicidios han ido a más en Europa. En España, según el INE, en 2006 se quitaron la vida 2017 personas; en 2010, 3.145. “Para ser libre hay que tener un equilibrio emocional, pero el que se suicida es que no ve otra salida, luego no hay libertad”, explica la psiquiatra Carmen Tejedor. Y con tanto ajuste de cuentas cada vez más gente se siente esclava de la necesidad y marioneta en manos de políticos y banqueros, viendo solo dos salidas: el suicidio o la violencia. Son síntomas preocupantes del creciente malestar social. Pero a nuestros gobernantes les preocupa más recuperar la confianza de los mercados que perder la de los ciudadanos. Harán lo que sea, hasta cortar las venas del exangüe país y empujar al pueblo a un suicido colectivo o a una rebelión armada.

(Publicado en el diario HOY el 8/4/2012)

Perdónanos nuestras deudas

“Nosotros no vamos a apoyar la amnistía fiscal porque los que pagan van a pagar más y a los que no pagan se les va a perdonar lo que no han pagado, después de lo que se les ha hecho a los pensionistas y funcionarios y después de que en España haya más de cuatro millones y medio de personas que no pueden trabajar queriéndolo”. El esclavo de estas palabras, pronunciadas el 8 de junio de 2010, es Rajoy, que tachó de “ocurrencia” una medida que, según cierta prensa, Zapatero por entonces se planteaba, y finalmente desechó, para aumentar los ingresos de las vacías arcas públicas y que era similar a la puesta en marcha por Felipe González en 1984 y 1991. Ese mismo día, la número dos del PP, Cospedal, fue aún más tajante: “Estamos en contra de subir los impuestos, pero también de perdonar a aquellos que no los pagan”, porque “es tan injusto, tan antisocial y tal barbaridad”.

Totalmente de acuerdo. Pero, casi dos años después, cuales veletas empujadas por los fuertes vientos que arrecian desde Bruselas y Berlín, Rajoy y compañía no han tardado en hacer desde la Moncloa todo lo contrario de lo que predicaban desde la oposición. En diciembre, nada más coronarse de espinas, nos subieron el IRPF y el IBI; el pasado viernes, muy acertadamente, elevaron de facto los impuestos a las empresas, eliminando las deducciones y bonificaciones gracias a las cuales muchas grandes apenas pagaban al fisco. Y el mismo viernes, siguiendo la senda de Berlusconi, aprobaron una amnistía fiscal camuflada de “gravamen especial”. El defraudador, se llame Urdangarin o Pepe Gotera, tendrá, hasta el 30 de noviembre, la oportunidad de blanquear su dinero negro, esté escondido en Suiza o debajo del colchón, previo pago de un 10% del capital aflorado o de un 8% de los dividendos repatriados desde paraísos fiscales. Una ganga, vamos, pues, con las subidas de Rajoy, el tipo máximo del IRPF es del 52%, el del Impuesto de Sociedades del 30% y el de las rentas del capital del 27%. El Gobierno pretende recaudar así 2.500 millones de euros. ¡Cuán largo me lo fiáis, amigo Mariano! La medida puede tener el efecto contrario, como advierten los inspectores de Hacienda, y atraer a muchos contribuyentes honrados hacia el lado oscuro de la economía.

Mariano, ándate con cuidado que, poco a poco, hasta muchos de los tuyos están indignándose con tanto bandazo y te cantan al ritmo de Presuntos Implicados: “¡Ah! Cómo hemos cambiado, / qué lejos ha quedado / aquella amistad. / Así como el viento lo abandona todo al paso, / así con el tiempo todo es abandonado”. Ya te han dado dos avisos: la victoria amarga en los comicios andaluces y no tanto la huelga, que fue más sectorial que general, como su colofón: unas masivas manifestaciones a las que incluso acudieron esquiroles con más hambre de pan que de justicia y que no se podían permitir el lujo de perder un día de sueldo. Sin embargo, tú prefieres cerrar las orejas, pasar el cepillo entre los ladrones de cuello blanco pidiéndoles la voluntad y rezar arrodillado al dios Mammón aquello de “perdónanos nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores”.

(Publicado en el diario HOY el 1/4/2012)

Hay motivos

El jueves todos los indignados curritos de este país estamos convocados a una huelga general. Pero me da en la nariz que Rajoy, amarrado con fuerza al mástil de su «extremadamente agresiva» reforma laboral, capeará bien el temporal. En cambio, Méndez y Toxo volverán a darse un testarazo contra el muro de las lamentaciones al desesperado grito de «pueblo mío, pueblo mío, ¿por qué me has abandonado?». El golpe no será tan fuerte como el que se dieron aquel 29 de septiembre de 2010 en que quisieron parar el país y Zapatero les paró los pies, pero me temo que no salvarán la cara.

A tenor de las encuestas, Mariano mantiene elevada la moral de su tropa, que, entre medrosa y resignada, asume que no es tiempo de caceroladas sino de los sacrificios que le reclama su capitán Alatriste para sacar a la patria del hoyo en el que la metió el chusquero de la ceja. El mensaje de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, un cuento de la lechera y ahora nos toca doblar el espinazo para recoger la leche derramada y pegar con cola los añicos del cántaro ha calado hasta el tuétano en la división azul. Pero, perdone, mi capitán, mis posibilidades, como las de la mayoría de la soldadesca, eran tan justitas antes como ahora. ¿Por qué tenemos que pagar los platos rotos de los Matas, Urdangarin, Camps, Guerrero y demás superiores irresponsables y codiciosos? Chitón, recluta payaso, obedece o te mando al calabozo o, peor, a la calle con una mano delante y otra detrás, y mira que hace frío ahí fuera. Es lo que hay gracias al capitán Rajoy y sus nuevas ordenanzas.

Mientras tanto, en el bando sindical las deserciones son masivas desde que Nicolás Redondo y Marcelino Camacho abandonaron la vanguardia obrera. Los milicianos proletarios, sobre todo los más bisoños, cada vez creen menos en sus mandos. «Estómagos agradecidos», les reprochan unos. «Vendidos», les espetan otros. Y lo cierto es que ese creciente descrédito se lo han ganado a pulso, pues ¿se puede ser verdaderamente independiente de quien te da de comer? ¿Se puede defender a los trabajadores sin haber dado un palo al agua en la vida? El sindicalismo, como la política, ha dejado de ser una vocación para degenerar en una profesión. Los sindicatos son más necesarios que nunca, pero deben cortar el cordón umbilical que les une al poder; tienen que dejar de actuar como direcciones generales del Ministerio de Trabajo, con sus altos cargos (dirigentes sindicales) y funcionarios (liberados). Deben frecuentar más el tajo y la calle y menos los despachos; deben mirarse más en el espejo del movimiento 15M y menos en el de los partidos tradicionales.

También es cierto que las nuevas generaciones no se caracterizan por su solidaridad y conciencia social, pues han nacido con la mesa puesta. Mas, como no espabilen, el lobo acabará robándoles la merienda. Sí, corderitos míos, que viene el lobo, el mismo que nos tiró la casa de ladrillo, y no se quedará satisfecho con quitarnos la cestita que nos legaron nuestros papás; si no le hacemos frente, nos comerá. Por eso, convoque quien la convoque, hay motivos de sobra para hacer huelga, aunque el día después, el 30 de marzo, habrá más aún cuando Rajoy llegue con más rebajas y presente las cuentas del Gran Capitán para este año mariano de penitencia.

(Publicado en el diario HOY el 25/3/2012)

Hacia el estado de malestar

 

“Creo en América”, decía al inicio de la película ‘El Padrino’, que cumple 40 años, Bonasera, dueño de una funeraria. Y la misma fe en el ‘american way of life’ parecen profesar Rajoy y sus socios europeos, quienes podrían pasar a la historia como los enterradores del estado de bienestar. La vieja Europa envidia la suerte de la muy liberal América y, presionada por don Dinero, se ha puesto a imitarla. Allende el Atlántico solo disfruta de bienestar (educación, sanidad y seguridad social) quien puede pagárselo, quien no puede se debe conformar con la beneficencia (pública o privada) o la Providencia. La consecuencia es una creciente desigualdad entre ricos y pobres, que se agrava en estos tiempos de vacas flacas. Y más si, como están haciendo los europeos, los administradores de la Cosa Nostra aprietan más y más las tuercas a la clase media, depauperándola hasta la extinción, para pagar a los extorsionadores del parqué.

Cogido por el cuello por la madrina Angela, el replicante Mariano se está atreviendo a cruzar la delgada línea roja que separa el estado de bienestar del de malestar, algo que ni siquiera osó su mentor, Aznar, el gran amigo de América. Rajoy ha empezado por emular el mercado laboral de ‘la tierra de las oportunidades’, en el que impera la ley del salvaje oeste. Y ya está pergeñando medidas para acercar nuestra sanidad a la estadounidense, que no se caracteriza por su equidad. El germen de esa paulatina metamorfosis es el copago sanitario, amarga pócima elaborada en Cataluña, laboratorio de la reacción neoliberal en España, y bendecida por Rajoy en nombre del dios Mammón. A partir del 1 de julio, los catalanes, excepto los enfermos crónicos y los menos pudientes, pagarán un euro por receta médica. Los doctores Frankenstein regionales del PP toman nota. El extremeño dice que, “por el momento”, no piensa en eso, sabedor de que puede suponer la disolución de su fusión fría con IU. Los más osados, como el gallego y la madrileña, proponen que quienes tengan más paguen más por las medicinas. En cambio, la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, es clara: “Estoy pagando la Seguridad Social y no debo pagar más”. En efecto, aunque la señora Barberá debería saber que la sanidad no la financiamos con las cotizaciones sociales (esas cubren el paro, las pensiones y las bajas) sino vía impuestos.

Pero me temo que la mayoría de las autonomías aplicará fórmulas similares a la catalana para poder cumplir el asfixiante objetivo de déficit impuesto por Mariano Merkel y Angela Rajoy. Y teniendo en cuenta que tres cuartas partes de su gasto se va en sanidad, educación, dependencia y otros servicios sociales, ¿dónde creen que meterán la tijera?

Rajoy nos reserva más sorpresas que nos forzarán a rascarnos más la faltriquera y generarán más malestar, pero se cuida mucho de desvelarlas en público hasta después de las elecciones del 25 de marzo en Andalucía y Asturias, porque quiere que Arenas tenga la fiesta en paz. El padrino del PP lleva a rajatabla una de las máximas de don Vito Corleone: “Nunca digas lo que piensas a alguien fuera de la familia”.

(Publicado en el diario HOY el 18/3/2012)

A trabajar como chinos

El 2011 tiene una cosa buena: que es mejor que el 2012», vaticinó, justo hace un año, Juan Roig, presidente de Mercadona. Y a fe que acertó. Sin embargo, el pasado año fue el mejor de la historia para su empresa: creó 6.500 puestos de trabajo indefinidos, abrió 46 tiendas, facturó un 8% más y su beneficio después de impuestos creció un 19%, hasta 474 millones de euros. Y este ‘annus horribilis’ aspira a ganar 490 millones, a vender un 7% más, a abrir 60 supermercados (algunos de ellos en otros países europeos) y a contratar a 2.000 personas más. Es una prueba palpable de que no es necesaria una «extremadamente agresiva» reforma laboral para generar empleo; lo que se necesita es amor, o sea, demanda. Y Mercadona ha conseguido ganarse el corazón de sus clientes y aumentar las ventas en lo más crudo del crudo invierno con una oferta irresistible: productos de buena calidad a precios económicos. Ahí tienen el secreto del éxito. Y lo ha hecho subiendo los sueldos al personal, que son más que dignos para los tiempos que corren. Una cajera o un reponedor de Mercadona empiezan cobrando 1.050 euros netos al mes y a los cuatro años ya están ganando 1.400 euros netos.

No obstante, el señor Roig está «totalmente a favor» de la reforma laboral de Rajoy; es más, «hubiera ido más lejos» para castigar a los vagos y maleantes: persiguiendo más el absentismo y tomando más medidas para desincentivar el paro, porque «en España nadie recoge la naranja ni la fresa y todos son extranjeros». Y considera que los españoles debemos pensar más en nuestros deberes y menos en nuestros derechos y aprender de los bazares chinos, que «cada vez hay más porque hacen la cultura del esfuerzo que nosotros no hacemos». «Hoy tenemos el nivel de vida más arriba de la productividad. O sube la productividad o baja el nivel de vida», advierte. O sea, el señor Roig nos insta a trabajar como chinos: de sol a sol, incluso a veces de noche, por un sueldo de hambre, dejándonos la salud y la vida en el tajo y sin rechistar. En definitiva, el tercer hombre más rico de España quiere que trabajemos más por menos. Lo mismo opina el director de Fabricación de Ford España, Antonio Adés, quien es firme partidario de que los curritos de este país tengan menos vacaciones, ya que «son excesivas», y echen más horas por el mismo salario. Y si no quieren lentejas, las grandes empresas amenazan con seguir emigrando a tierras de promisión donde la mano de obra es mucho más barata y dócil, como China, que ha hecho realidad la sociedad orwelliana de la novela ‘1984’, una pesadilla para el obrero y el sueño para cada vez más patrones occidentales. «Capitalismo rojo» o «comunismo de mercado», lo llaman; todo un oxímoron. Pero es que los dirigentes chinos, como Roig y Rajoy, son unos maestros en el ‘doblepensar’, herramienta de dominación descrita en ‘1984’ como «la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente (…); decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido solo por el tiempo que convenga…».

(Publicado el 11/3/2012 en el diario HOY)

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