Hoy

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Un fantasma en el Congreso
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El Zurdo | 20-03-2017 | 17:42| 0

Un fantasma recorre el Congreso de los Diputados, el fantasma del adelanto electoral. El pasado jueves, los corifeos del Partido Popular agitaron este espantajo después de que el Gobierno saliera trasquilado del Parlamento, al ser rechazado su decreto ley para liberalizar el sector de la estiba en cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Justicia de la UE.

Este varapalo antológico dado por la oposición al Ejecutivo puede salirnos caro, ya que deberemos pagar una sanción de 134.000 euros diarios por ignorar la mentada sentencia. Mas, sobre todo, evidencia la debilidad parlamentaria de Rajoy y compañía y carga de razones a los que piensan que esta legislatura será corta. De eso se trataba, fue un aviso para navegantes despistados. Daba igual qué se votara el jueves, lo que el resto de grupos ha querido dejar claro al PP es que ya no puede hacer y deshacer a su antojo y que todo, todito lo tendrá que negociar. Hasta ahora, los populares habían ido eludiendo con martingalas y triquiñuelas los mandatos de sus señorías. Hasta ahora, el ilusionista de Rajoy había estirado todo lo posible y un poco más su ‘pacto de las lentejas’ con Albert Rivera y había jugado arteramente a dos bandas con Ciudadanos y el PSOE. Pero, claro, el dispuesto Rivera empieza a estar ya más que harto de tantos aires y desaires del gallego señor presidente, hábil como nadie en poner cara de póquer cuando se le coge en un renuncio.

No obstante, Rajoy se guarda un as en la manga: el adelanto de las elecciones. Sabe que, ahora mismo, nadie las quiere porque probablemente el más beneficiado sería el PP, aunque, a tenor de las encuestas, tampoco cambiaría mucho el sudoku parlamentario actual. Si bien las encuestas son una foto fija y hasta la celebración de las elecciones muchas cosas podrían pasar, amén de que don Mariano volvería a explotar la estrategia de la bipolarización que tan buenos réditos le dio el 26J, cuando se presentó como un hombre de orden frente al caos podemita. Una estrategia que, como se vio, penaliza a los que se sitúan en el medio, como C’s y el PSOE, que, para más inri, podrían pagar su apoyo por activa o por pasiva a la investidura de Rajoy.

Este escenario podría dar un vuelco si Pedro Sánchez recupera el liderazgo socialista y su ‘no es no’. Entonces, Rajoy podría romper la baraja y convocar elecciones para iniciar una nueva partida ante la incapacidad de gobernar, a no ser que lograra el apoyo de C’s, PNV, Coalición Canaria y Nueva Canarias (aliado electoral del PSOE) a los Presupuestos de 2018.

Sin embargo, Rajoy no se siente cómodo en un escenario que le obliga a pactarlo todo con casi todos, pese a que es más democrático. El pacto, la búsqueda de consensos es la esencia de la democracia y esta, como subraya el filósofo italiano Paolo Flores d’Arcais, «es antes que nada y siempre lucha por la democracia», «la revuelta permanente y nunca satisfecha para acercarse a la democracia». Las mayorías absolutas, del color que sean, nos alejan de la democracia porque vacían de contenido a su institución central, la que nos representa a todos, el Parlamento. Pero Rajoy no está acostumbrado a bajar de su nube a la arena de las Cortes tras cuatro años en los que las ha ninguneado. Quizás tenga razón Flores d’Arcais: «Cualquier gobierno de derechas constituye una limitación de la democracia en el marco de la democracia, una democracia en libertad vigilada».

(Publicado en el diario HOY el 19 de marzo de 2017)

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Ni una más
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El Zurdo | 13-03-2017 | 17:46| 0

Este país ha logrado terminar con el terrorismo etarra, mantiene a raya el yihadista tras el funesto 11-M, pero se muestra incapaz de poner freno al machista. En lo que va de 2017 han sido asesinadas al menos 18 mujeres por sus parejas o exparejas, según datos oficiales. Es una cifra terrible e inédita: nunca había habido tantos feminicidios en los dos primeros meses del año desde 2003, cuando empezaron a contabilizarse. Las víctimas mortales de la violencia de género suman ya casi 900 en poco más de 13 años. Asimismo, solo el año pasado, 134.462 mujeres denunciaron haber sufrido maltrato –368 cada día–, 10.737 más que en 2015, según el informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Este notable aumento se debe, por un lado, a que la lacra no remite y, por otro, a que cada vez más víctimas se atreven a denunciar a sus verdugos: siete de cada diez denuncias las presentan ya las propias maltratadas. Esto está haciendo emerger una creciente parte de la violencia machista que permanecía oculta hasta ahora por miedo o vergüenza de las víctimas. Sí, miedo a sus agresores y vergüenza de ser estigmatizadas por su entorno social o familiar. De hecho, solo el 1,44% de las denuncias de 2016 fueron presentadas por familiares o amigos de la acosada o agredida, de lo que se infiere que su entorno no acaba de implicarse. ¿Por miedo, vergüenza, cobardía, ignorancia o tolerancia con el machismo?

Una de las posibles respuestas nos la da Lourdes Cortés, la hermana mayor de Daniel, el vecino de la barriada cacereña del Perú que mató a su padre el 20 de febrero de un disparo de escopeta harto de que vejara a su madre durante décadas. Lourdes reconocía a este diario, en una sobrecogedora entrevista con la compañera Cristina Núñez, que ni ella ni sus hermanos acudieron al juzgado o a la policía porque temían que «le pasara algo horrible» a su madre: «He leído muchos comentarios sobre que teníamos que haber denunciado antes, y que mi hermano es un cobarde, les pediría que se pongan en nuestra piel, que se pongan en nuestra situación, que piensen en que hemos sentido miedo, anulación y vergüenza y las amenazas de que iba a matar a mi madre, a nosotros, y al que entrara por la puerta si le denunciábamos».

Ese «miedo constante» es la principal arma del maltratador, que inocula en sus víctimas hasta anularlas, paralizarlas e, incluso, hacerlas sentir culpables. Ese miedo es el que ataba de manos a los hermanos Cortés y a su madre, que «hubiera aguantado por los siglos de los siglos, hasta el fin de los días, una situación así». Porque, aunque Lourdes cree que hay que denunciar, también advierte que «a muchas que lo han hecho las han matado sus maridos con órdenes de alejamiento». Un signo de que las medidas contra la violencia machista son insuficientes, como sostienen las personas que hicieron huelga de hambre en la madrileña Puerta del Sol entre el 9 de febrero y el 7 de marzo. La víspera del Día de la Mujer pusieron fin a su protesta al conseguir abrir «una vía de diálogo con el Gobierno» y que la mayoría de partidos apoye sus propuestas, que presentarán en la subcomisión creada en el Congreso para mejorar la lucha contra la violencia de género a través de un futuro pacto de Estado. Un pacto que urge, porque a muchas mujeres les va la vida en ello.

(Publicado en el diario HOY el 12 de marzo de 2017)

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Que no te engañen
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El Zurdo | 06-03-2017 | 17:48| 0

«Los niños tienen pene. Las niñas tiene vulva. Que no te engañen. Si naces hombres, eres hombre. Si eres mujer seguirás siéndolo». Este es el ya tristemente célebre eslogan que exhibía el primer autobús que Hazte Oír paseó por Madrid, inmovilizado por un juez que aprecia que ese mensaje menosprecia a los transexuales y lesiona su dignidad. Para burlar la orden judicial, la organización ultracatólica ha fletado una autocaravana que luce el ultramontano lema levemente modificado. Pone entre interrogantes las dos primeras frases: «¿Los niños tienen pene? ¿Las niñas tienen vulva?». Y arteramente suprime el resto, que es lo más punible, porque niega el derecho de las personas a decidir su identidad sexual, su género, que, en su tercera acepción, el diccionario de la RAE define como «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico».

El presidente de Hazte Oír, Ignacio Arsuaga, alega que la soflama de marras «habla de biología», «con independencia de que un señor se sienta mujer u hombre». Pase que es así en su primera parte, pero no precisamente en la eliminada, pues nacer hombre o mujer no obliga a sentirse y, por tanto, seguir siendo hombre o mujer. Es lo mismo que pregonar que si naces esclavo, seguirás siendo esclavo. Justamente esclavos de su cuerpo, de su condición orgánica, se sienten los niños y las niñas que nacen con un sexo con el que no se identifican y negarles la libertad de ser lo que quieran es condenarlos a la esclavitud o peor, negar su existencia. Pero si el ser humano es el rey de la creación, la vida inteligente del planeta es porque ha sido capaz de trascender su animalidad, su estado natural y de controlar sus instintos primarios a través de la cultura. El hombre es cultural por naturaleza o no es.

Hazte Oír se considera víctima de la «ideología de género» y de la «dictadura de la inquisición gay». «¿Estamos en democracia o estamos en ‘apartheid’?», cuestiona, haciendo alarde de un orwelliano ‘doblepensar’, Arsuaga, el vocero de un ente que tacha de «anomalía» la homo y la transexualidad y que difunde una guía escolar en la que rechaza que se hable en los colegios de ellas como algo normal y arremete contra las «leyes de adoctrinamiento sexual» que garantizan los derechos del colectivo LGTBI. ¿Y qué busca Hazte Oír si no adoctrinar e imponer su particular ideología sexista y un ‘apartheid’ sexual?

Mas en una democracia hasta Arsuaga y su caterva de cavernícolas tienen derecho a expresar su opinión por muy deleznable que sea. La mejor forma de combatirla no es prohibiéndola o silenciándola, sino conociéndola para refutarla. De lo contrario, nos pondríamos al nivel de quien perpetró la ‘ley mordaza’ y declaró a Hazte Oír asociación de utilidad pública, al tiempo que alimentaríamos el victimismo de esos pobres blancos heterosexuales y biempensantes, hechos de la misma madera áspera de los que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Creo con el filósofo inglés Jeremy Bentham que «todo acto humano, norma o institución deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas» y que el objetivo último de toda sociedad debe ser lograr «la mayor felicidad para el mayor número de ciudadanos». Hazte Oír debe hacérselo ver, porque está lejos de dicho objetivo con sus prédicas segregacionistas y carpetovetónicas por mucho que las travista de cientificistas. Que no te engañen.

(Publicado en el diario HOY el 5 de marzo de 2017)

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La economía de la langosta
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El Zurdo | 01-03-2017 | 17:43| 0

La vida inteligente del planeta es la más mortal. Nuestra especie es la peor de las plagas. Los humanos, cuanto más desarrollados, más nos comportamos como langostas, como los alienígenas de la película ‘Independence Day’. Arramblamos con todo, saltando de hospedero en hospedero. Y cuando esquilmemos este mundo, volaremos a otros. La necesidad impulsará la carrera espacial, porque nuestra ciencia-ambición no conoce límites.

No obstante, la langosta humana es un dios en potencia, capaz de destruir pero también de crear, de matar y de salvar; es más, está cerca de alcanzar la inmortalidad. En definitiva, es capaz de lo peor y de lo mejor. Esa es la gran paradoja del progreso, como advierte la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos (DNI, por sus siglas en inglés) en su última evaluación de las tendencias globales de los próximos 20 años.

El DNI llega a la conclusión de que estamos «viviendo una paradoja: los logros de la era industrial y de la información están dando forma a un mundo tan peligroso como rico en oportunidades». «Choques» como la primavera árabe, la crisis financiera de 2008 y el aumento de las políticas populistas y antisistema «revelan la fragilidad de los logros alcanzados y subrayan profundos cambios en el panorama global que auguran un futuro cercano oscuro y difícil». Los ojos del águila imperial americana prevén que «los próximos cinco años serán testigo del aumento de las tensiones dentro y entre países. El crecimiento global será más lento, en la medida que desafíos mundiales cada vez más complejos se confirman».

Como explica el economista Michael Roberts, el problema es que la población de EE UU y sus aliados capitalistas es cada vez más vieja y los países en desarrollo tienen poblaciones más jóvenes y productivas, cuyas necesidades no puede satisfacer el capitalismo. Mientras tanto, «la automatización y la inteligencia artificial amenazan con cambiar la estructura productiva más rápido que la capacidad de adaptación de las economías, lo que podría desplazar trabajadores y bloquear la vía habitual de desarrollo de los países pobres». A ello hay que sumar el cambio climático y los desastres ambientales que conlleva. Todo esto va a «hacer más difícil gobernar y cooperar y va a cambiar la naturaleza del poder».

Para Roberts, hay señales cada vez más evidentes de que la era de la globalización y de la expansión del capital a expensas de los trabajadores está agotándose en todas partes. A su juicio, un indicador de ello es el informe de la fundación Global Financial Integrity (GFI), que confirma que los países ricos toman más dinero de los países pobres del que les dan. En 2012, el último año del que hay datos, los segundos recibieron 1,3 billones de dólares, incluyendo todas las ayudas, inversiones y remesas, mientras que salieron fuera de ellos 3,3 billones (16,3 desde 1980). Sin embargo, como apunta Roberts, el comercio mundial y los flujos de capital están decayendo, con lo que es más difícil para las langostas de las multinacionales y los bancos drenar capital desde el sur para compensar la caída de la rentabilidad en el norte. Ello intensificará la rivalidad por el botín entre las potencias imperiales, rivalidad que a principios del siglo XX desembocó en una guerra mundial. Las langostas que ocupan la Casa Blanca y el Kremlin hacen temer que la historia se repita.

(Publicado en el diario HOY el 26 de febrero de 2017)

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Justicia real
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El Zurdo | 20-02-2017 | 19:01| 0

La sentencia del caso Nóos ha dejado claro que Iñaki Urdangarin y su exsocio de fechorías Diego Torres eran unos golfos apandadores, pero también que Cristina de Borbón era «una mujer florero», como ha dicho el juez instructor, José Castro, y que ni Hacienda somos todos, como admitió en el mismo juicio la abogada del Estado, ni todos somos iguales ante la ley.

La Audiencia de Palma estima que la infanta se lucró de los chanchullos de su marido pero no fue cómplice ni cooperadora necesaria, pese a que compartían a medias la sociedad Aizoon, el arma y escudo del delito. Por ende, la absuelve de fraude fiscal alguno y solo le impone una multa de 265.088 euros. Da por buena la tesis que siempre sostuvo el fiscal anticorrupción Pedro Horrach y la defensa. Es decir, que la pobre no se enteraba de nada, era una ingenua y tan ciega como la justicia.

El juez Castro no se la cree. Para él, «consintió, participó y se benefició de los delitos de Nóos». Además, ha sugerido que la justicia no es igual para todos al decir que «se le pregunte a Isabel Pantoja» si considera que ha recibido el mismo trato. Al parecer de la justicia, la morena tonadillera era más lista que la rubia infanta y sí estaba al tanto de los negocios de su entonces pareja, el exalcalde de Marbella Julián Muñoz, y la envió al trullo para «servir de freno» a actuaciones similares futuras, o sea, de ejemplo y aviso para corruptos y consortes. Porque otorgarle la libertad condicional podría identificarse con la «cuasi impunidad material» que parecen tener «banqueros, políticos y personas poderosas o de relevancia pública». Visto lo visto, doña Cristina no entra en estas categorías. Ni su esposo, pues su castigo no es ejemplarizante, precisamente. Irá a la cárcel, pero menos de lo que quisiera Anticorrupción. Esta pedía 19 años para el yerno y cuñado de reyes, cuya pena al final es de poco más de seis. Por menos ha sido condenada a nueve años la exconsejera de Turismo valenciana Milagrosa Martínez en el primer fallo del caso Gürtel.

Va a tener razón el magistrado del Supremo Joaquín Giménez, quien emitió un voto discrepante contra la absolución de Francisco Camps en el caso de los trajes, «quien diga que la justicia es igual para todos no sabe de qué está hablando; claro que la justicia no es igual para todos», pues «no hay una clase de delincuentes, hay delincuentes de clase». Y la exduquesa de Palma, aun caída en desgracia, pertenece a la más alta, la de los intocables. Es más, de casta le viene…

Así lo denuncia sin tapujos el periodista Gregorio Morán en su polémico libro ‘El precio de la Transición’, publicado en 1991 y reeditado en 2015 con la reconstrucción de fragmentos censurados dedicados al rey Juan Carlos. «El rey –afirma y reafirma– era el primer operador fraudulento del país, como lo habían sido todos sus predecesores», gracias «a la impunidad que le concedía el Estado y la de su real gana. Y así siguió hasta que los suyos hubieron de cesarle porque ponía en peligro la supervivencia de la institución».

La abdicación de don Juan Carlos y la condena de Urdangarin son el colofón a lo que en realidad ha sido un proceso contra la Monarquía; era el mínimo precio que esta debía pagar para salvarse. Mas, como dice Castro, la sentencia del caso Nóos «deja un montón de incógnitas» sin despejar, incluida la principal, la X.

(Publicado en el diario HOY el 19 de febrero de 2017)

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Fouché ‘vs.’ Robespierre
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El Zurdo | 12-02-2017 | 22:34| 0

La semana pasada mencioné a Joseph Fouché y el fascinante retrato que de este zorro de la política hace Stefan Zweig, un regalo para cualquier lector que debo a mi amigo Antonio Lorenzo. Dice Antonio, y dice bien, que en todo partido hay un Fouché; a lo que yo añado y un Maximilien Robespierre. Cumbre es el capítulo que el genial escritor austriaco dedica a la lucha entre ambos líderes revolucionarios franceses.

En abril de 1794, Fouché es llamado a París a rendir cuentas por su cruenta etapa como ‘procónsul’ en Lyon –donde mató a dos mil «enemigos de la libertad», lo que le valió el apodo de ‘Mitrailleur de Lyon’ (‘Ametrallador de Lyon’)– ante el Comité de Salud Pública, órgano ejecutivo y ejecutor de la recién nacida república francesa que entonces gobernaba con mano dictatorial Robespierre. Este virtuoso terrorista, conocido como ‘el Incorruptible’, oscilando siempre con habilidad entre los demasiado salvajes y los demasiado mansos, ya ha pasado por la guillotina a todos los que osaron oponerse a su voluntad, a su dogmática vanidad, incluidos a insignes camaradas ‘montañeses’ como el ultrarradical Hébert y los ‘indulgentes’ y carismáticos Desmoulins y Danton. Tras esta purga, tiene la orgullosa conciencia de que ahora nadie osará alzarse contra él. Pero hay alguien que sí se atreve, alguien que ya no tiene nada que perder: Fouché, su otrora amigo, el que estuvo a punto de ser su cuñado.

Impaciente y fanático, Robespierre rechaza todo pacto con sus adversarios, incluso toda capitulación de los mismos; incluso allá donde la Política le impondría el entendimiento, la dureza de su odio y su arrogancia dogmática le frenan. Solo puede soportar a la gente en tanto le devuelve como un espejo sus propias concepciones, en cuanto son almas esclavas, como sus fieles escuderos Saint-Just y Couthon.

Fouché sabe que solo queda una salvación para su cabeza: que la de Robespierre caiga primero en el cesto. Así, se declaran una guerra a vida o muerte. Ambos inteligentes, ambos políticos, tienen un error en común: durante largo tiempo se han subestimado el uno al otro, porque creen conocerse desde hace mucho.

El bilioso Robespierre abre las hostilidades con un aplaudido discurso en el que, con un derechazo directo al corazón, acusa a Fouché ante toda la Asamblea de ateo e impuro. Fouché enmudece y se muerde los labios. Durante semanas no se sabe nada de él. Sin embargo, hace visitas a los comités, busca conocidos entre los diputados, es amable, complaciente con todos y trata de ganarse a cada uno de ellos. Y de pronto, inesperadamente, sobre todo para Robespierre, es elegido presidente del club jacobino. El ‘Incorruptible’ contrataca y logra que su taimado e insolente adversario, al que llama el ‘chef de la Conspiración’, sea expulsado del club. Fouché parece desahuciado. Mas el miedo a Robespierre le salva de Robespierre. Este, poco a poco, ha ofendido a todos, ha concitado odios a diestra y siniestra, y Fouché consigue unir esos odios dispersos en unos fasces cuyo golpe derrocará al tirano el 9 de termidor (27 de julio de 1794). Al día siguiente es guillotinado entre el júbilo popular. Fouché está salvado. El Terror ha terminado, pero también el fogoso espíritu de la Revolución.

Este fin de semana, los fantasmas de Fouché y Robespierre se han aparecido en Vistalegre.

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Harry el sucio ‘vs’ Fouché
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El Zurdo | 06-02-2017 | 18:06| 0

Donald Trump no está decepcionando ni a propios ni extraños; está cumpliendo todo lo que prometió y por lo que lo votaron. Si alguno pensó que el poder lo moderaría, que abandone toda esperanza. Él, al menos, no se esconde, va con su posverdad por delante y airea a los cuatro vientos sus trucos de ilusionismo desde la Casa Blanca, que ha convertido en un plató de televisión y dirige como un ‘reality show’. En cambio, la vieja, pacata e hipócrita Europa le afea en público lo que ella hace a hurtadillas.

No hay que irse a la frontera entre Estados Unidos y México para ver el muro de la vergüenza. Ni siquiera a Hungría. «La misma crítica que se hace al muro de Trump, la merecen las vallas de Ceuta y Melilla», denuncia el presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR-CEAR), Miguel Pajares.

Asimismo, la civilizada Europa, mientras llama a tener «el valor de refutar la retórica de los demagogos» y se rasga las vestiduras porque esa «amenaza exterior» que es Trump ha vetado la entrada en EE UU de los ciudadanos de varios países de mayoría musulmana, paga al gendarme turco, dóberman de la misma rehala que el pitbull americano, para que mantenga a raya y no deje pasar a las hordas de desheredados que huyen de la guerra y la miseria. Porque, como deplora Pajares, «hay toda una política europea de impedir que los refugiados lleguen que vulnera la convención de Ginebra y los tratados internacionales» y que nada tiene que envidiar a la de Trump.

La trágica consecuencia es que el Mediterráneo se ha convertido en un gigantesco cementerio, en el que solo el año pasado fueron sepultadas más de 5.000 personas, y que el general Invierno hace estragos entre los más de 60.000 refugiados confinados en Grecia y Serbia a la espera de ser reubicados dentro de la UE, un compromiso que adquirieron los Veintiocho presionados por la conmoción causada por la muerte fotografiada del niño Aylan en una playa turca y que están cumpliendo, como dice Pajares, a un «ritmo vergonzosamente lento».

Más de un año después de que Aylan perdiera la vida a las puertas de la fortaleza europea, poco o nada ha hecho Europa por evitar la misma suerte a otros cientos de niños. El penúltimo ha sido Samuel, de seis años, cuyo cadáver fue hallado hace unas semanas en la arena de Barbate, tras naufragar la patera en la que viajaba con su madre desde Marruecos, adonde llegó procedente del Congo, país maldito por sus riquezas minerales que se desangra en un conflicto sempiterno y olvidado.

En suma, la aberrante política migratoria del bárbaro americano apenas se diferencia de la de la civilizada Europa. Uno solo dice y hace lo que la otra calla y paga para que otros hagan. Mientras el ‘sheriff ’ estadounidense se comporta como Harry el sucio, Europa ejerce la maquiavélica diplomacia de Joseph Fouché. Como dice Stefan Zweig en su biografía del taimado político francés, «diariamente volvemos a ver que en el discutible y a menudo sacrílego juego de la política, al que los pueblos siguen confiando de buena fe sus hijos y su futuro, no se abren paso los hombres de amplia visión moral, de incomovibles convicciones, sino que siempre se ven desbordados por esos tahúres profesionales a los que llamamos diplomáticos, esos artistas de las manos ágiles, las palabras vacías y los nervios fríos».

(Publicado en el diario HOY el 5 de febrero de 2017)

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Crisis desigual
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El Zurdo | 31-01-2017 | 17:51| 0

Los fríos datos confirman, una vez más, una realidad quemante: la crisis se ha cebado mucho más con los de abajo que con los de arriba y ha abierto la brecha entre pobres y ricos. Entre 2008 y 2014, la riqueza de los españoles se ha reducido el 37,2%, según la Encuesta Financiera de las Familias publicada esta semana por el Banco de España. Para los hogares más desfavorecidos ha sido aún peor: la Gran Recesión ha arrasado con la mitad de su patrimonio. En cambio, los más afortunados solo han perdido un 15%. Como consecuencia de este reparto desigual de las pérdidas ocasionadas por la crisis, el 1% más rico de los españoles pasó de poseer el 16,8% de la riqueza nacional en 2011 a acumular el 20% al cierre de 2014.

Con todo, los que más tienen siguen sin ser los que más contribuyen a la caja común. Todo lo contrario. La grandes empresas tributaron solo un 7,6% de sus beneficios en 2015, la mitad que las pymes (18%), y muy lejos del tipo nominal del Impuesto de Sociedades (el 28% en ese ejercicio y ahora el 25%). «Eso no se entiende», clama el ministro Montoro, quien insiste: «A la grandes empresas les conviene tributar más para que se sostenga la cohesión social». Totalmente de acuerdo con don Cristóbal, que ha pasado de amnistiar a la grandes fortunas cuando su Gobierno tenía mayoría absoluta a, ahora que está en minoría en el Congreso, anunciar que estrechará la vigilancia sobre ellas y las multinacionales para que paguen al fisco como Dios manda y no como el pícaro de Álex Crivillé recomienda.

Como propósito de Año Nuevo está muy bien. No obstante, hasta ahora, la cacareada cruzada contra el fraude y la picaresca fiscal del tesorero del Reino ha sido poco efectiva. El Sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha) ha denunciado que la Agencia Tributaria fue incapaz de detectar el 90% de la elusión fiscal en 2015, lo que acabamos pagando todos los «pringaos» que sí somos Hacienda. Las dudosas prácticas de las grandes corporaciones para eludir el pago de impuestos nos salen muy caras. Gestha cifra en 9.600 millones de euros las pérdidas anuales que suponen para el erario público. Es un 60% de los 16.000 millones que tiene que recortar el Estado para cumplir este año el objetivo de déficit.

Como dice la filósofa Susan George, «en realidad, la austeridad funciona muy bien para lo que ha sido diseñada: transferir riqueza de abajo a arriba». La también presidenta de honor de ATTAC, movimiento a favor de una tasa a las transacciones financieras internacionales (conocida como Tasa Tobin), explica a ‘eldiario.es’ que a mediados de los años 70 en Europa las rentas del trabajo eran el 70% y las del capital el 30%. Ahora las rentas del trabajo son el 60% y las del capital el 40%. Así que, advierte, se ha perdido un 10% de riqueza en el bolsillo de la gente, algo así como 1,6 billones; «es mucho dinero que no va a ir al consumo y a la inversión, y que no pagará impuestos por ello».

En definitiva, como argumenta con datos la periodista Ana Tudela en su más que recomendable libro ‘Crisis S.A.’, la mano invisible del mercado está metida hasta el fondo en el bolsillo de los ciudadanos y «la crisis es un inmenso negocio, una sociedad anónima que trabaja en serie para trasvasar recursos de la clase trabajadora a las élites económicas».

(Publicado en el diario HOY el 29 de enero de 2017)

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Libertad de expresión condicional
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El Zurdo | 22-01-2017 | 21:57| 1

En democracias más representadas que representativas como la nuestra, la censura se disfraza de corrección política y la libertad de expresión es condicional. Aquel que osa incumplir las farisaicas condiciones de decoro que impone la sociedad biempensante y se sale del tiesto ya no es quemado en la hoguera pero sí puede acabar entre rejas. Que se lo digan a César Augusto Montaña, más conocido como ‘César Strawberry’, cantante del grupo Def con Dos, al que sus bromas en la corrala de Twitter le pueden salir caras. El Tribunal Supremo le ha condenado a un año de prisión por enaltecer el terrorismo y humillar a las víctimas, además de inhabilitarle para empleo o cargo público durante seis años y seis meses. El cuerpo del delito son unos tuits en los que daba la nota con unos chistes de humor más tétrico que negro que aludían a, entre otros, los Grapo, el funcionario de prisiones secuestrado por ETA José Antonio Lara o el Rey. El alto tribunal enmienda la plana a la Audiencia Nacional, que había absuelto al provocador rapero, quien ha anunciado que recurrirá la sentencia del Supremo ante el Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos humanos, al considerarla «política» y declararse víctima de un castigo «ejemplarizante».

Suerte similar que ‘Strawberry’ puede correr Cassandra Vera, una joven universitaria para la que la Fiscalía de Murcia pide dos años y seis meses de prisión también por publicar unos tuits chistosos, de mal gusto, eso sí, sobre el almirante Luis Carrero Blanco.

«Asusta» que «la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de cárcel». Y no lo digo yo, lo dice Lucía Carrero Blanco, nieta del expresidente del Gobierno franquista asesinado por ETA, en una carta publicada este jueves en ‘El País’. Hasta ella tacha de «desproporcionada» y un «absoluto disparate» la petición del fiscal y advierte que es «un error peligroso» tratar de que la ciudadanía sea respetuosa «a base de amenazas y sanciones desmedidas».

En efecto, todo esto da miedo, pues es lo que buscan los nuevos Torquemadas. Son un aviso para navegantes osados, para quienes tengan la tentación de hablar más de la cuenta o de señalarle las vergüenzas al rey desnudo ante el mutismo del respetable. Con la excusa de la lucha contra el terrorismo, se han puesto nuestros derechos fundamentales en libertad vigilada. Una vez más, el poder de turno combate el terror con miedo. Si antaño el Gran Inquisidor utilizaba la acusación de herejía para silenciar y eliminar al disidente y al rebelde con causa, hogaño usa la de terrorismo. ¡Pero cuidado! Del pecado de amordazar y forzar a la libertad de expresión no está libre nadie, ni los que se sientan a su diestra ni los que se sientan a su siniestra –la historia nos ha dado muestras de sobra y nos sigue dando–. Aun así, unos y otros no dudan en tirar la primera piedra al de la acera de enfrente cuando consideran que ha abusado de su libertad de expresión o ha pecado de pensamiento o palabra.

Cuidado también con los bocazas que dicen mentiras como puños que pasan por verdades incómodas para el ‘establishment’. Esos que hoy, como Trump, se erigen en la voz del pueblo son los Calvinos de mañana. Defienden su libertad de expresión, pero no la del discrepante; protestan contra el orden establecido para establecer un Nuevo Orden.

(Publicado en el diario HOY el 22 de enero de 2017)

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Principio de incertidumbre
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El Zurdo | 17-01-2017 | 22:50| 0

La vida, de puro líquida, que diría el sociólogo Zygmunt Bauman, fallecido recientemente, se nos escurre entre las manos. Con todo, insistimos en aferrarnos a ella y, paradójicamente, estamos dispuestos a jugárnosla para mantenerla. Es el caso de la miríada de inmigrantes que intentan entrar en nuestro viejo y achacoso continente. Asumen todo tipo de riesgos, como el invernal frío, porque les va la vida en ello, ya que los peligros de los que huyen son mortales de necesidad: la guerra, el hambre y la miseria. Se lanzan a una odisea llena de incertidumbres escapando de la certidumbre de la muerte. La repentina disolución de su sólido mundo ha convertido sus vidas en un torrente sin freno. No saben qué les espera, pero no puede ser peor de lo que dejan atrás. Les impulsa una desesperada esperanza.

Por más diques que construyamos, no lograremos frenar este torrente, que acabará inundando nuestro sólido castillo, levantado sobre una ciénaga. Como explica Bauman en su obra magna, ‘Modernidad líquida’, los líquidos a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Para los fluidos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar, que sólo llenan «por un momento». Además, se desplazan con facilidad y, al contrario que los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente; sortean algunos obstáculos, disuelven otros o se filtran a través de ellos. «Emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que estos últimos, si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro, sufren un cambio: se humedecen o empapan».

El miedo a mojarnos, a que los cimientos de nuestra confortable esclavitud se vengan abajo, a, en definitiva, perder nuestra identidad ha reavivado los nacionalismos y populismos. Estos tratan de hacer frente a la riada de la modernidad apelando a lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck llama «instituciones zombis», que están «muertas y todavía vivas», como el Estado-nación, la familia y la clase. Mas estas se están disolviendo como un azucarillo en el magma de la globalización capitalista.

Esta y la consiguiente crisis han sacudido nuestras certezas. Bajo la cúpula de cristal del Estado de bienestar, nuestra vida era predecible. Ahora que dicha cúpula se resquebraja, el mañana no existe. Vivimos en una sociedad del conocimiento que ha aumentado nuestras incertidumbres. En la era de la posverdad, la verdad es un mutante con poderes sobrehumanos y aspiraciones de trascendencia pero la finitud de todo humano: nace, crece, envejece y muere. Saber es dudar, la duda aumenta la incertidumbre y esta genera ansiedad y, por ende, infelicidad. «La felicidad está en la ignorancia de la verdad», decía el poeta italiano Giacomo Leopardi. Y en la fe, que no es sino ignorancia disfrazada de verdad absoluta.

Hay estudios que determinan que los que creen en Dios son más felices que los agnósticos y ateos. La fe del creyente se sustenta en sólidas certezas aunque indemostrables. Sin embargo, como afirma Stephen Hawking, contradiciendo a Albert Einstein, «Dios no sólo juega a los dados, a veces también echa los dados donde no pueden ser vistos». En fin, nuestro universo se rige por el principio de incertidumbre. Tenía razón Marisol, la vida es un tómbola, aunque no siempre de luz ni de color.

(Publicado en el diario HOY el 15 de enero de 2017)

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