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La rebelión básica
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El Zurdo | 30-05-2017 | 16:36

GRA106. MADRID, 18/10/2015.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención hoy en el acto de presentación, en el polideportivo Magariños de Madrid, de las candidaturas al Congreso y el Senado con las que los socialistas van a concurrir a las elecciones del próximo 20 de diciembre, un día después de que el Comité Federal dé su visto bueno a las listas. EFE/Fernando Alvarado

 

Y a los 232 días resucitó. Siete meses y tres semanas después de aquellas fatídicas calendas de octubre en las que, con la coartada de salvar la patria, fue apuñalado por los mismos barones que le entregaron la corona de laurel y ‘tu quoque’, Antonio, su voz en la casa del pueblo, Pedro Sánchez ha vuelto en olor de santidad. Elevado a los altares por la feligresía socialista, ha pasado de ángel caído a San Pedro Bueno Mártir, de enterrador del PSOE a su gran esperanza roja.

La grey socialista se ha levantado contra los mayorales del cortijo, ha desobedecido la ley de hierro de la oligarquía y ha devuelto el trono a su príncipe valiente. Es un ejemplo más de la rebelión de las bases contra las élites característica de estos tiempos. Como explica Manuel Muñiz, experto en innovación y geopolítica, en una entrevista en ‘El Mundo’, «existe la sensación de que hay una captura del sistema por parte de las élites. Eso, junto a la desigualdad y el pesimismo sobre el futuro, ha producido un movimiento ‘antiestablishment’ que se traduce en votar contra los que representan la estructura que ha fracasado en garantizar la equidad del sistema. Es la forma en la que se manifiestan los votantes de Trump, del ‘brexit’, de Le Pen o de movimientos como Podemos en España o Cinco Estrellas en Italia». Muñiz cree que los cuerpos políticos se mueven siempre a través del dolor, tiene que manifestarse el descontento para que reaccionen; si no, no escuchan.

Hartos de ser ninguneados, los militantes del PSOE le han dado al aparato del partido donde más le duele y han encumbrado a quien ha tenido la astucia de presentarse como un ‘outsider’ converso. El voto a Sánchez ha sido un voto bronca, en contra de la prepotencia de Susana Díaz y demás oligarcas del partido más que a favor del secretario general reelecto. El problema es que las bases han convertido a Sánchez en un mito, es decir, en una «persona o cosa a la que se atribuyen cualidades y excelencias que no tiene» (cuarta acepción del Diccionario de la Real Academia).

Su triunfo quizás se deba más a los deméritos de sus enemigos íntimos, que lo subestimaron, que a méritos propios, aunque los tiene. En su recién publicado libro ‘Los idus de octubre. Reflexiones sobre la crisis de la socialdemocracia y el futuro del PSOE’, Josep Borrell recuerda que el socialista francés Lionel Jospin decía en 2010: «La izquierda debe ser realista, pero el realismo implica hoy audacia». Hoy, como arguye el expresidente de la Eurocámara, «parece como si tuviésemos una izquierda que es audaz, pero que no es realista (la izquierda a la izquierda de la socialdemocracia) y una izquierda que es profundamente realista, pero a la que le falta audacia (la socialdemocracia)». Según advierte el profesor Oriol Bartomeus y recoge Borrell, «la socialdemocracia, en el siglo XX, ha triunfado cuando ha sido audaz, cuando ha sido capaz de pensar un futuro que no existe pero que se desea y se necesita». Esa falta de audacia ha trocado al PSOE en «una fuerza extremadamente conservadora» y ha provocado la fuga de electores hacia una nueva fuerza que dice «sí se puede». El mérito de Sánchez ha sido entender eso y ser tan audaz –temerario para sus detractores– como para plantar cara a toda la plana mayor de su partido y dar un golpe de timón a babor para reconectar con los desencantados. Ahora está por ver si también es realista.

(Publicado en el diario HOY el 28/5/2017)

 

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