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Orgullo e insatisfacción
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El Zurdo | 02-07-2017 | 21:24

Durante esta semana Madrid ha sido la capital mundial del orgullo. Orgullo no solo gay sino de ser lo que cada cual es o quiera ser, sin importarles lo que uno diga o haga a los biempensantes de la acera de enfrente; esos miopes que no ven más allá del ombligo de sus prejuicios; esos daltónicos que perciben el mundo en blanco y negro; esos fariseos de moral castradora que niegan la dignidad y la identidad a quien se sale del armario de la norma, su norma; esos jueces de lo humano que condenan al que se siente divino; esos pastores de almas en pena que excluyen a la oveja negra que levanta la voz en medio del silencio de los borregos.

Sin embargo, el colectivo LGTBIQ (gais, lesbianas, trans, bisesexuales, intersexuales y queer) tiene motivos para expresar su orgullo pero también su insatisfacción, porque la homofobia repunta, pese al reconocimiento de derechos como el matrimonio homosexual, algo en lo que España ha sido pionera, adelantándose a países como Alemania, que no lo ha legalizado hasta doce años después.

Según el Ministerio del Interior, los ataques contra la orientación sexual son los delitos de odio que más se dispararon en 2016: un 36%, hasta 230 investigaciones. Asimismo, las injurias o amenazas en internet y las redes sociales contra el colectivo LGTBIQ crecieron un 57%. Y estos datos muestran la punta del iceberg, pues solo el Observatorio contra la Homofobia de la Comunidad de Madrid registró el año pasado más incidentes: 240, con 316 víctimas. Su coordinador, Rubén López, pone como prueba de que el problema se agrava que este año ya van 115 denuncias, seis más que en el primer semestre de 2016. En realidad son bastantes más, ya que tres de cada cuatro víctimas que pidieron ayuda al observatorio no denunciaron su caso ante la Administración o la Policía, lo que denota su desconfianza en las autoridades y el miedo a ser estigmatizadas por la sociedad. Un sociedad hipócrita que ya tolera la homosexualidad pero no su visibilización; que soporta con resignación cristiana al gay pero ve como una provocación que se bese o coja de la mano con su pareja en la calle.

De hecho, esta cada vez mayor visibilidad es una de las causas del aumento de las agresiones. «A más visibilidad, más reacción», advierte Jesús Generelo, presidente de FELGTB, la federación estatal que reúne a organizaciones LGTB locales y autonómicas. La segunda causa, coinciden López y Generelo, es el «fracaso» de la escuela en educar en la diversidad sexual. Se basan en el perfil «muy preocupante» del agresor: un joven español, de 20 a 30 años, heterosexual. Apuntan como tercera razón los insuficientes instrumentos y medidas legales para defender los derechos del colectivo.

Otro motivo de insatisfacción para un creciente coro de activistas LGTBIQ es «la deriva neoliberal» o «la mercantilización» del movimiento, reflejada, por ejemplo, en la gentrificación del emblemático barrio de Chueca o en la inclusión de carrozas comerciales en el desfile del Orgullo de Madrid. Estos críticos con lo que llaman «el capitalismo rosa» se quejan de que se ha despojado esta fecha de todo su contenido reivindicativo y preguntan de forma retórica: «¿Te imaginas que en el 8 de marzo, Día de la Mujer, hubiera carrozas patrocinadas?, ¿o en el Primero de Mayo?». Y ya se sabe que todo lo que toca el rey Midas se convierte en oro pero el precio es la muerte.

(Publicado en el diario HOY el 2 de julio de 2017)

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