Hoy
img
Fecha: diciembre, 2017
Pierde Rajoy
El Zurdo 26-12-2017 | 5:49 | 0

GRAF756 MADRID, 22/12/2017.- El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha asegurado hoy que hará un "esfuerzo" para mantener el diálogo con el nuevo Gobierno catalán que surja tras las elecciones, pero al mismo tiempo ha advertido de que exigirá que la ley se cumpla y no aceptará que nadie "se salte" la Constitución ni el Estatut.En rueda de prensa en el Palacio de la Moncloa, Rajoy ha confiado en que el nuevo Govern que pueda formarse con la mayoría parlamentaria surgida tras los comicios catalanes "abandone las decisiones unilaterales y no se sitúe por encima de la ley".EFE/Javier Lizón

 

Mariano Rajoy ha sido el gran derrotado en las elecciones catalanas del pasado jueves. Las urnas han penalizado con severidad su errática estrategia en Cataluña, donde causa rechazo hasta en el electorado conservador no independentista. Rajoy y el PP, y menos con un candidato tan contumaz y carpetovetónico como Xavier García Albiol, no han sido capaces de sacudirse el sambenito de herederos del Caudillo. Y eso que el presidente del Gobierno se ha mostrado más comedido en aplicar el artículo 155 de marras de lo que urgía un espídico Albert Rivera, el gran triunfador de la noche del 21-D. Si Rajoy es el hijo político no reconocido por José María Aznar, Rivera es el hijo político deseado por el expresidente. Sin embargo, el líder de Ciudadanos se cree el Macron español y lo cierto es que, a imagen y semejanza del jefe del Estado francés, ha sabido pescar votos a diestra y siniestra en el río revuelto catalán con un discurso más ilusionista que ilusionante.

No obstante, si los populares han obtenido el peor resultado electoral de su historia en Cataluña ha sido más por deméritos propios que por méritos del partido naranja. Y si tras el 21-D, Cataluña está donde está, en la casilla de salida del laberinto, y, como dijo un exultante Carles Puigdemont, «España tiene un pollo de cojones», es también por culpa del inmovilismo de Rajoy. El actual inquilino de la Moncloa es corresponsable del viaje a ninguna parte catalán. De acuerdo, en menor grado que los Mas, Puigdemont, Junqueras, Gabriel y demás compañeros mártires, pero su parte alícuota tiene. Si estos son autores del delito en grado de tentativa, Rajoy ha sido un cooperador necesario.

Tras el simulacro de consulta soberanista del 9-N de 2014, el don Tancredo gallego confiaba en que el suflé catalán acabaría desinflándose, pero se hinchó hasta explotarle en las narices el pasado octubre. Antes del 1-O aseguró que no se celebraría ningún referéndum ilegal, pero se celebró. Encima cometió el craso error de sacar la policía a la calle y dio pie a que la opinión pública internacional sacara a bailar el fantasma de Franco. Tras el 1-O, creía que Puigdemont iba de farol y acabaría por no proclamar la república catalana, pero la proclamó. El único acierto de Rajoy ha sido, con el 155 en la mano, convocar las elecciones lo antes posible, pese a que el resultado aparentemente haya cambiado poco la situación. Y digo aparentemente porque ambas partes están condenadas a entenderse. No cabe otra para resolver el peliagudo problema catalán. El 21-D, en realidad, ningún bloque venció ni convenció. Por tanto, solo tienen dos vías: o sellar una paz duradera o mantener una guerra fría perpetua, con el riesgo de que devenga caliente.

Eso sí, insisto, no podemos confiar en que sofoquen el incendio los pirómanos que lo han provocado y aventado. Por eso, Rajoy debe adelantar las elecciones generales y no presentarse a las próximas y Puigdemont debe renunciar a ser reelegido. Porque ambos, no solo el primero, son cadáveres políticos, y ambos han demostrado su incapacidad como líderes, confirmando el principio de Peter: «En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia: la nata se monta hasta cortarse».

(Publicado en el diario HOY el 24 de diciembre de 2017)

Ver Post >
Dos nacionalismos en liza
El Zurdo 18-12-2017 | 5:20 | 0

1512419920_144389_1512420329_noticia_normal

 

El jueves cambiará algo para que todo siga igual en Cataluña. Las encuestas vaticinan un empate técnico entre el bloque independentista (ERC, Junts per Catalunya y CUP) y el llamado constitucionalista (Ciudadanos, PSC y PP) en las elecciones. Por tanto, la llave del gobierno o la aguja de sutura las puede tener la formación que se sitúa entre ambos extremos, Catalunya en Comú-Podem, ambigua para los más y ambivalente para los menos.

Mas, escuchando a tirios y troyanos, se presenta titánica, casi imposible la operación de cerrar la brecha abierta por el ‘procés’ entre ambos bloques. Bloques que no son monolíticos pero que, ‘grosso modo’, representan dos tipos de nacionalismos. Los soberanistas, el nacionalismo étnico o cultural; los constitucionalistas, el político o cívico. Ambos nacionalismos tienen vocación transversal y echan mano de símbolos imprecisos y relatos, a menudo imaginados o imaginarios, capaces de aglutinar al mayor número posible de individuos, al margen de sus discrepancias ideológicas o socieconómicas, a fin de crear una cierta ilusión comunitaria.

Sin embargo, como explica el profesor Manuel Arias Maldonado en su ensayo ‘La democracia sentimental’, mientras el nacionalismo cívico emplea los símbolos, mitos y rasgos étnicos e históricos de forma débil, como pegamento sentimental para las frías normas e instituciones constitucionales, el nacionalismo cultural se dedica activamente a ‘nacionalizar’ a sus ciudadanos, hasta el punto de que los derechos colectivos de la nación pueden prevalecer, en caso de conflicto, sobre los individuales.

Con frecuencia es difícil distinguirlos, pues banderas hay en todas partes. Pero, según matiza Arias, mientras el primero usa las banderas para fundar un Estado liberal razonablemente neutral y plural, que deja espacio para las diferencias subnacionales (regionales y locales), el otro utiliza las herramientas públicas (la educación, los medios de comunicación, las políticas lingüísticas…) para generar sentimientos nacionales excluyentes que socavan la ciudadanía común. Dicho de otro modo, el nacionalismo cultural está obsesionado con la identidad, mientras que para el cívico la identidad ocupa un rol secundario, solo alterado en caso de guerra o éxito deportivo.

No obstante, el politólogo canadiense Bernard Yack se muestra escéptico con esa caracterización de ambos nacionalismos. «Cuando la forma racional, voluntaria y correcta de hacer las cosas resulta ser la ‘nuestra’, y el modo emocional, heredado e incorrecto de hacerlas resulta ser el ‘suyo’, deberíamos proceder con mucha cautela», advierte.

De hecho, en ambos bloques se dan simultáneamente elementos cívicos y étnicos, aunque unos prevalecen sobre otros. Es más, se dan en distintos grados y maneras entre los propios miembros de cada frente. Así, por ejemplo, en el PSC son más acusados los rasgos catalanistas que en Cs y el PP, en los que predominan los españolistas. Y en la otra orilla, unos sectores de ERC y JxCat son más abiertos que otros, y sobre todo que la CUP, a negociar con el Gobierno central y otros partidos. Eso deja un margen, estrecho, eso sí, al entendimiento entre ambos bloques (o partes de ambos) tras el 21-D. Por eso, son más necesarios que nunca los pontífices, pero en el sentido etimológico del término de «constructor de puentes». Además, ya se sabe que la política hace extraños compañeros de cama.

(Publicado en el diario HOY el 17 de diciembre de 2017)

Ver Post >
La presa
El Zurdo 11-12-2017 | 5:25 | 0

lamanada-kgvf-u50319772871vxg-624x385rc

Esta semana ‘El Mundo’ ha publicado las declaraciones en el juicio, ya visto para sentencia, de uno de los cinco integrantes de ‘La Manada’ y de la chica que los acusa de violarla en grupo en un portal de Pamplona la madrugada de San Fermín de 2016. De esos interrogatorios se infiere que la defensa trató de convertir el juicio contra los denunciados en un juicio contra la denunciante. Su estrategia se centró en la presunción de culpabilidad de la víctima, en poner en cuestión su decencia, a fin de demostrar que fue una relación consentida. La conclusión machista de esta estrategia perversa es que una mujer de «vida alegre» tiene muchas menos probabilidades de ser violada que una mujer recatada y, sobre todo, de ser creída, porque, en definitiva, se lo habrá buscado.

Por tanto, la sentencia del tribunal dependerá de lo que entienda por consentimiento. Consentir no es lo mismo que desear, aunque la defensa haya utilizado ambos términos como sinónimos. Se puede consentir por coacción o miedo. De hecho, así lo refleja la chica en su relato pormenorizado. «Recuerdo la puerta [del portal], llegamos al cubículo ese, y fue cuando empecé a sentir más miedo porque me vi rodeada por ellos», respondió a preguntas de la fiscal. «Estaba totalmente en ‘shock’, no sabía qué hacer, quería que todo pasara rápido y cerré los ojos para no enterarme de nada y que pasara rápido», agregó. «No sabía cómo reaccionar y no reaccioné, reaccioné sometiéndome», admitió.

También, como buscaba la defensa, confesó que al regresar a casa se sentía muy culpable de lo ocurrido porque creía que lo podría haber evitado y pensaba que «les estaba jodiendo la vida» a los encausados. Asimismo, desveló que tenía pesadillas, insomnio, problemas de concentración, que no podía parar de llorar y que sigue una psicoterapia.

Esa mezcla de culpabilidad, vergüenza y depresión es habitual en las víctimas de agresión sexual. Es lo mismo que, por ejemplo, sentía Kozarac, madre de dos hijos violada durante la guerra de Bosnia. En ‘No matarían ni una mosca’, la autora, Slavenka Drakulic, cuenta que Kozarac le describió su sentimiento de humillación y suciedad, de absoluta impotencia, de una especie de ausencia de su cuerpo; le habló de su deseo de desaparecer, de morir instantáneamente.

Sea cual sea el veredicto, hay un hecho que retrata a los acusados, que deja patente su concepción de las mujeres. «Tal y como fuimos eyaculando pues nos fuimos», detalló el considerado cabecilla del grupo, el tal Prenda, al explicar cómo, consumada su correría, se marcharon uno a uno del portal, dejando a la chica allí sola, tirada en el suelo semidesnuda, sin intercambiar una palabra con ella, sin preocuparse lo más mínimo por si lo había pasado bien, sin interés alguno en volver a verla. El quintento se comportó así como lo que hace llamarse, una manada de depredadores, una muta de caza que, una vez abatido el objetivo, una vez cobrado el trofeo y repartido entre sus miembros, una vez ha triunfado su voluntad, una vez aplacado su frenesí, se desentiende de la presa, como el lobo que deja los restos de su cacería a la intemperie para que sirvan de comida a los carroñeros. Y para que quede constancia, para alardear ante el irrespetable, han inmortalizado unos fragmentos de su hazaña, carroña para los devoradores de telebasura y videocarnaza, esa que pasa de móvil a móvil, de manada a manada.

(Publicado en el diario HOY el 10 de diciembre de 2017)

Ver Post >
Por listos
El Zurdo 05-12-2017 | 11:52 | 0

trump2

Un mal muy extendido es el creernos más listos que nadie y de lo que somos. Es lo que se conoce como el efecto o el síndrome de Dunning-Kruger. Por el contrario, los que saben de verdad suelen subestimarse y piensan que lo que es fácil para ellos también lo es para otros. El tal efecto debe su nombre a los psicólogos David Dunning y Justin Kruger, que concluyeron en un estudio publicado en 1999 que: «La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo. La infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás».

Lo primero es un síntoma claro de estupidez y de su hermana bastarda, la arrogancia. Si los sabios más sabios como Sócrates solo saben que no saben nada, «los necios más necios de todos son aquellos que creen que lo saben todo y nunca cometen errores», como diagnostica el publicista italiano Giancarlo Livraghi en su ensayo ‘El poder de la estupidez’.

Solo podemos librarnos de la necedad a través de la duda, de cuestionárnoslo todo. Así lo entiende el escritor checo Milan Kundera, para quien «la estupidez nace de tener una respuesta para todo; la sabiduría de tener una pregunta para todo». El estúpido es un egotista enamorado de su voz. Por ello, para Livraghi, los antídotos más eficaces contra la estupidez son el escuchar y la curiosidad insaciable. «Yo no tengo ningún talento especial. Solo soy un curioso empedernido», decía Albert Einstein.

Sin embargo, Internet y las redes sociales han matado la curiosidad y han alimentado a su hijastra, el chismorreo, propagando el síndrome Dunning-Kruger. En el mundo virtual, la mayoría de la información es manipulada por artificieros que desconocen la materia y que tampoco se molestan en confirmar sus fuentes con el esmero debido, amén de que nuestro filtro o pereza mental nos hace percibir y asumir solo lo que encaja bien con nuestras creencias. De resultas, como advierte Livraghi, cuando las ignorancias de varias personas encajan unas con otras, la cantidad y la calidad de la información intercambiada tienden a cero o llegan a ser negativas, con lo cual reafirman falacias, prejuicios, tópicos y errores.

Esto explica en parte los triunfos de Trump y el ‘brexit’ o el auge de nacional-populismos como el catalán. Trump y Puigdemont son ejemplos de libro del síndrome Dunning-Kruger, que, no obstante, está muy difundido entre los políticos, sin distinción. Lo peor es que el poder es una droga adictiva que acentúa y multiplica ese perverso efecto. Los que ostentan el bastón de mando terminan creyéndose a menudo mejores y más inteligentes que el común de los mortales. Además, están rodeados de palmeros, besapiés y buitres que engordan su superioridad ilusoria. Como señala Livraghi, la gente que está al servicio de los poderosos (o lo desea) medra en una relación de estúpida simbiosis con ellos, lo que tiende a acrecentar la estupidez del poder.

Por ende, el poderoso acaba menospreciando al ciudadano, que deviene súbdito al que trata como a un crío. Y el autor italiano avisa: «Los que nos hacen de niñeras se esfuerzan lo suyo por limitar nuestra libertad, difuminar nuestra capacidad crítica e incrementar su poder. De un modo u otro nos prefieren estúpidos». Sí, porque los estúpidos siguen confiando en quien ya les ha engañado más de una vez. Pero eso tiene una fatal consecuencia: la atrofia degenerativa de la sociedad.

(Publicado en el diario HOY el 3 de diciembre de 2017)

Ver Post >
Sobre el autor El Zurdo

Últimos Comentarios

genadiew_7077 02-10-2017 | 17:37 en:
Choque de nacionalismos
veintitresydoce 25-05-2016 | 16:46 en:
Regreso al futuro

Otros Blogs de Autor