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Autor: Elzurdo
Por un puñado de bancos
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El Zurdo | 26-06-2017 | 6:44| 0

Banco Santander's new chairwoman Ana Patricia Botin attends the 2014 extraordinary general shareholders' meeting in the northern Spanish city of Santander on September 15, 2014. Ana Patricia Botin on September 10 was named the new chairman of Spanish bank Santander, replacing her father who died suddenly of a heart attack after nearly 30 years at its helm. Emilio Botin, a controversial figure who had steered the eurozone's biggest bank by capitalisation through Spain's financial crisis, died overnight aged 79, the bank said in a statement. AFP PHOTO / CESAR MANSO

 

El gran dragón rojo se ha zampado otra presa codiciada y codiciosa servida exangüe en bandeja de plata por las autoridades europeas. No, no hablo de China sino del Santander y de su compra-rescate exprés del Popular a precio de ganga, un euro, en el ‘outlet’ financiero. Esta adquisición recuerda a la de Banesto en 1994 también por la entidad cántabra, después de que el banco que Mario Conde llevó a la quiebra tuviera que ser intervenido por el Banco de España. Aquello sirvió de trampolín a la Casa Botín para erigirse en el primer banco del país y con la fagocitación del ‘Popu’ recupera el liderazgo, superando a Caixabank y al BBVA, que durante la crisis habían aumentado de peso al participar como comensales en la gran comilona de fusiones que ha liquidado a casi todas las cajas de ahorro y las ha reconvertido en bancos. Mas si algo refuta el caso del Popular es la dicotomía «bancos buenos/cajas malas».

El proceso de reestructuración bancaria, amén de salirnos caro a los españoles –no recuperaremos dos de cada tres euros inyectados a la banca para salvarla–, ha reducido alarmantemente el número de jugadores en el tablero financiero patrio, que empieza a parecerse cada vez más al ‘Tragabolas’. Es así hasta el punto de que el propio presidente de la nacionalizada Bankia, la entidad que más ayuda pública ha recibido, ha alertado de los riesgos de oligopolio. Los datos le cargan de razón: los cinco grandes bancos (Santander, BBVA, Caixbank, Sabadell y Bankia) controlan más del 70% de los activos; en 2008 era un 42%. La media de la zona euro se sitúa en el 48%.

Para José Ignacio Goirigolzarri, no sería deseable que la mayor parte del pastel bancario se lo repartieran dos o tres grupos, como ya ocurre en el sector energético (Endesa, Gas Natural Fenosa e Iberdrola), el de combustibles (Repsol, Cepsa y BP) y el de telecomunicaciones (Telefónica, Vodafone y Orange). Como explica el presidente de Bankia, las empresas dependen en España más de los bancos para financiarse que en el resto de Europa o EE UU. El motivo es su pequeño tamaño, que les impide acceder al mercado, con lo que una concentración bancaria excesiva reduciría sus alternativas para obtener créditos.

Sin embargo, la concentración bancaria no es un fenómeno nacional sino global. De hecho, quizá el dinero sea lo único que no conoce fronteras. El mundo está dominado por 28 grandes bancos internacionales –entre ellos, el Santander y el BBVA–, según sostiene François Morin en su libro ‘La hidra mundial, el oligopolio bancario’. Este economista francés advierte que los Estados son rehenes de esa hidra, que «actúa como una banda organizada».

Si en algo acertó Karl Marx es en que el capital tiende a concentrarse. Y si en algo erró Adam Smith es en que la mano invisible del mercado conduce a la competencia perfecta y al bienestar de la sociedad. Sin la intervención de la mano visible del Estado para poner orden, la libertad del mercado acaba en libertinaje y la libre competencia degenera en oligopolio o peor, monopolio, es decir, el pez grande acaba comiéndose al chico. Y cuando esto ocurre se abren las puertas giratorias y las grandes corporaciones se comportan como mafias; acaban controlando no solo el mercado sino también el Gobierno, no solo la economía sino también la política, y el cliente pierde la razón y el ciudadano su soberanía.

(Publicado en el diario HOY el 25 de junio de 2017)

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Ganaron Sánchez y Errejón
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El Zurdo | 19-06-2017 | 5:45| 0

GRA056. MADRID, 14/06/2017.- El diputado de Podemos Íñigo Errejón,iz, conversa con el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en la segunda jornada del debate de la moción de censura de Unidos Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy, que será rechazada por amplia mayoría. EFE/Ballesteros

 

Por fin pasó el martes 13 y se celebró la cacareada moción de censura de Unidos Podemos contra Rajoy, que se prorrogó hasta bien entrado el miércoles 14. ¿Y quién ganó? Tirios dirán que su caudillo salió reforzado, pues se evidenció que no hay alternativa a su ordeno y mando. Troyanos replicarán que su amado líder se encumbró como el auténtico paladín de la democracia y dejó patente que, sumando los votos a favor que recibió y las abstenciones, es posible construir una mayoría suficiente para echar al «presidente de la corrupción». Mas los verdaderos ganadores fueron dos perdedores a los que se quiso enterrar prematuramente, uno ausente y otro silenciado: Pedro Sánchez e Íñigo Errejón.

La moción devino una sesión de investidura del jefe de la oposición. Sin embargo, no fue Iglesias quien salió como tal de las Cortes. Fue el renacido secretario general de los socialistas. Y fue el propio gran timonel de Podemos quien así lo reconoció al tender la mano al nuevo PSOE poniéndose a su disposición para secundar otra moción con Sánchez de candidato. La victoria de este en las primarias, aunque aplaudida por las bases podemitas, no era esperada por Iglesias y su guardia de corps y ha trastocado su estrategia agonista o frentista, la que venció en Vistalegre II. Esta fue concebida para darle guerra más en la calle que en la arena del Parlamento a «la triple alianza» formada por un PSOE con Susana Díaz a la cabeza, el PP y Ciudadanos. Buscaba mantener en permanente estado de agitación a los ciudadanos y consolidar la imagen de los morados como genuina oposición. Tomaba como modelo la que llevó a Syriza al poder en Grecia y al Pasok a la irrelevancia, al pagar su apoyo al Ejecutivo de la corrupta Nueva Democracia (el PP heleno). El giro a la izquierda dado por Sánchez al PSOE ha obligado a Iglesias a replantearse su plan y a asumir la estrategia que perdió en Vistalegre II, la del defenestrado Errejón. Esta busca hacer de Podemos un partido más transversal e institucional, menos agresivo e izquierdista, más convincente que vindicativo y abierto a colaborar con los socialistas para ganar batallas a los populares en el Congreso y ser «útil ya» a la gente. En definitiva, pasar de la protesta a la propuesta.

El golpe de timón de Iglesias se percibió durante el debate de la moción. Se esforzó por dar una imagen más presidenciable, más seductora, hasta se puso chaqueta, con el fin de superar los recelos de buena parte del electorado progresista, aquel millón que se quedó en casa el 26J y que es susceptible ahora de votar al PSOE. De hecho, desde un punto de vista electoralista, el triunfo de Sánchez perjudica a Podemos.

Mas el tiempo de las mayorías absolutas se ha ido para no volver, al menos en una buena temporada. Por ende, PSOE y Podemos están condenados a entenderse si quieren gobernar. Sánchez e Iglesias se han caído del nido y de ahí su muda. Eso sí, el segundo quiere seguir marcando los tiempos y presiona al primero para que antes de Navidad presente una nueva moción contra Rajoy. Pero los números son tozudos, como los nombres que hay detrás, y hoy por hoy esa opción es inviable por los vetos cruzados de Podemos y C’s y la condición ‘sine qua non’ que imponen los independentistas catalanes y vascos, el referéndum, inasumible para el PSOE. Con todo, quien ahora tiene el cronómetro es Sánchez y el 14J dio su primer gran paso hacia la Moncloa, como Felipe González en 1980 con su moción contra Suárez. Tiempo al tiempo.

(Publicado en el diario HOY el 18 de junio de 2017)

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Amnistía judicial
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El Zurdo | 13-06-2017 | 5:08| 0

GRA491. MADRID, 13/06/2017.- El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, durante su asistencia al Pleno del Senado, que debate las enmiendas de veto a la totalidad registradas por los grupos a los Presupuestos Generales del Estado de 2017. EFE/Kiko Huesca

 

El Tribunal Constitucional (TC) ha dado un tirón de orejas al Gobierno de Rajoy por la amnistía fiscal que aprobó en 2012. El guardián de la Carta Magna ha anulado la medida de gracia concedida por decreto a los defraudadores que afloraron dinero negro que guardaban en paraísos fiscales o bajo un colchón de plumas de ganso a cambio de tributar solo un 10% de lo declarado, que al final se quedó en un 3%. Considera que vulnera el artículo 86.1 de la Constitución, que prohíbe el uso del decreto ley cuando las medidas aprobadas afecten a los deberes consagrados en el Título I, como es el «de todos de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos» (artículo 31.1).

No obstante, además de fallar contra la forma de la amnistía, los sumos magistrados arremeten contra el fondo, al advertir que sus perpetradores, con el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, a la cabeza, «en lugar de servir a la lucha contra el fraude fiscal, se aprovechan del mismo so pretexto de la obtención de unos ingresos que se consideran imprescindibles ante un escenario de grave crisis económica». En plata, el fin (la reducción del déficit) no justifica los medios (la amnistía), que, para más inri, poco ayudaron a lograr dicho fin, pues solo reportaron al erario público 1.200 millones de euros, menos de la mitad de lo previsto. De esta forma, subrayan, se legitima como una opción válida «la conducta de quienes, de forma insolidaria, incumplieron su deber de tributar de acuerdo con su capacidad económica, colocándolos finalmente en una situación más favorable que la de aquellos que cumplieron voluntariamente y en plazo su obligación de contribuir». O sea, se avala que todos no somos iguales ante la ley ni ante Hacienda.

Lo insólito es que justo eso, legitimar esa conducta insolidaria y el malfacer de Montoro (por mucho menos se dimite en otros países) y compañía, hace el TC al dejarlos sin castigo. Y es que su reprimenda no tendrá consecuencias para el Ejecutivo ni los sospechosos habituales de cuello blanco (Rato, Bárcenas, el clan Pujol y Granados, entre otros) y alguno de cuello azul, como el líder sindical minero José Ángel Fernández Villa, que se beneficiaron de, en palabras del alto tribunal, «la abdicación del Estado ante su obligación de hacer efectivo el deber de todos de concurrir al sostenimiento de los gastos públicos». Más claro, los doce hombres sin piedad del TC no sancionan al Gobierno por la amnistía ni invalidan la regularización de casi 40.000 millones de origen, cuando menos, dudoso que salieron a la luz con ella. Alegan la necesidad de preservar «la seguridad jurídica», misma razón que adujo el Supremo cuando anuló las cláusulas suelo en 2013 pero sin carácter retroactivo y luego llegó el Tribunal de la UE a enmendarle la plana.

Todo lo contrario. El dejar impunes a esos golfos apandadores y a sus cómplices monclovitas aumenta la inseguridad jurídica, pues de facto se les indulta o amnistía. Como dice el filósofo italiano Paolo Flores d’Arcais en ‘¡Democracia!’, el defraudador es «el parásito que burla a su vecino» y «una fuerza política que no lleve a cabo una lucha sin cuartel contra el fraude fiscal es enemiga de la democracia». Y advierte: «Toda violación o atenuación del principio de legalidad desfigura y pone en mora la democracia». Porque en la democracia la ley es el poder de los sin poder y el Gobierno que la incumple abusa del poder.

(Publicado en el diario HOY el domingo 11 de junio de 2017)

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La resurrección de Hobbes
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El Zurdo | 06-06-2017 | 4:55| 0

GRA575. MADRID, 30/05/2017.- El fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, hoy en la Cadena Ser donde ha sido entrevistado en el programa 'Hora 25'. Moix tiene junto a sus tres hermanos una sociedad en Panamá heredada de sus padres, lo que compromete aún más su posición y ha hecho que todos los grupos de la oposición pidan su dimisión y las asociaciones fiscales le reclamen "explicaciones urgentes". EFE/JuanJo Martín

 

¿Se fiarían del pastor al que prefieren los lobos? Pues eso hizo el Gobierno al colocar a Manuel Moix al frente de la Fiscalía Anticorrupción. Sí, el mismo Moix que ha dimitido tras destapar ‘Infolibre’ que comparte con sus hermanos una empresa en el paraíso fiscal de Panamá, pequeño detalle que, al parecer, ocultó a sus superiores, el fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y el ministro de Justicia, Rafael Catalá. El mismo Moix al que el Congreso reprobó, junto a Catalá y Maza, por su injerencia en causas judiciales como ‘Lezo’. El mismo Moix que en dicho caso trató de frenar varios registros policiales y cuyo nombramiento fue anticipado tres meses antes de que se formalizara y calificado de «cojonudo» por el cabecilla de la trama, el aguador madrileño Ignacio González.

Con todo, su mentor no ve motivos para su cese. Es más, el tal Maza sostiene que «sería de justicia» que Moix continuara en el cargo porque no ha cometido «ilegalidad o irregularidad alguna». No está tan segura la Agencia Tributaria, que, según ‘Infolibre’, investiga si «pudo actuar con posible ánimo de elusión de impuestos». Cometiera o no delito, todas las asociaciones de fiscales, incluida la conservadora que apoyó su designación, exigieron la renuncia de Moix porque comprometía «la imagen de imparcialidad de la institución»; es decir, la mujer del César no solo debe ser honesta, sino también parecerlo. Tras la renuncia de su ahijado, Maza no tuvo empacho en afirmar que la Fiscalía debe ser independiente «de todos los poderes del Estado y otras instituciones». Y lo dice quien la ha convertido en el abogado del Ejecutivo. Hay que ser cínico.

Y es que las elecciones de Maza y Moix forman parte de la operación de los intocables de Rajoy para controlar las instituciones judiciales claves en la lucha contra la corrupción en un momento en que el PP está en el punto de mira de varias causas. Una operación en la que se enmarcan tres polémicos nombramientos en la Audiencia Nacional: el traslado del juez Eloy Velasco del juzgado donde instruía ‘Púnica’ y ‘Lezo’ a la nueva Sala de Apelación, a la que también ha sido ascendido Enrique López, apartado del ‘caso Gürtel’ por su afinidad al PP al igual que Concepción Espejel, que ahora presidirá la Sala de lo Penal.

Mas el de Rajoy no ha sido el único Gobierno que ha intentado mangonear a la Justicia. Sería injusto decir lo contrario. Todos lo han hecho. Alfonso Guerra llegó a sentenciar la muerte de Montesquieu, o sea, de la separación de poderes. Eran tiempos en los que el PSOE imponía el rodillo de su mayoría absoluta. Cuando esta anula el poder legislativo, solo queda el poder judicial como contrapeso al ejecutivo. Ahora que el Parlamento ha recuperado su papel fiscalizador del Gobierno, este trata de controlar la Justicia para escapar a todo control, como Thomas Hobbes manda. En el capítulo 29 del ‘Leviatán’, el filósofo absolutista inglés analiza las causas que, en su opinión, debilitan un Estado. Entre ellas cita la división de poderes y someter el poder soberano a las leyes civiles, lo que tacha de «error», pues «sitúa también sobre él, un juez, y un poder para castigarlo; ello equivale a hacer un nuevo soberano, y por la misma razón un tercero, para castigar al segundo, y así sucesivamente, sin tregua, hasta la confusión y disolución del Estado». Revivido Montesquieu, algunos han resucitado a Hobbes para rematarlo.

(Publicado en el diario HOY el domingo 4 de junio de 2017)

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La rebelión básica
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El Zurdo | 30-05-2017 | 4:31| 0

GRA106. MADRID, 18/10/2015.- El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, durante su intervención hoy en el acto de presentación, en el polideportivo Magariños de Madrid, de las candidaturas al Congreso y el Senado con las que los socialistas van a concurrir a las elecciones del próximo 20 de diciembre, un día después de que el Comité Federal dé su visto bueno a las listas. EFE/Fernando Alvarado

 

Y a los 232 días resucitó. Siete meses y tres semanas después de aquellas fatídicas calendas de octubre en las que, con la coartada de salvar la patria, fue apuñalado por los mismos barones que le entregaron la corona de laurel y ‘tu quoque’, Antonio, su voz en la casa del pueblo, Pedro Sánchez ha vuelto en olor de santidad. Elevado a los altares por la feligresía socialista, ha pasado de ángel caído a San Pedro Bueno Mártir, de enterrador del PSOE a su gran esperanza roja.

La grey socialista se ha levantado contra los mayorales del cortijo, ha desobedecido la ley de hierro de la oligarquía y ha devuelto el trono a su príncipe valiente. Es un ejemplo más de la rebelión de las bases contra las élites característica de estos tiempos. Como explica Manuel Muñiz, experto en innovación y geopolítica, en una entrevista en ‘El Mundo’, «existe la sensación de que hay una captura del sistema por parte de las élites. Eso, junto a la desigualdad y el pesimismo sobre el futuro, ha producido un movimiento ‘antiestablishment’ que se traduce en votar contra los que representan la estructura que ha fracasado en garantizar la equidad del sistema. Es la forma en la que se manifiestan los votantes de Trump, del ‘brexit’, de Le Pen o de movimientos como Podemos en España o Cinco Estrellas en Italia». Muñiz cree que los cuerpos políticos se mueven siempre a través del dolor, tiene que manifestarse el descontento para que reaccionen; si no, no escuchan.

Hartos de ser ninguneados, los militantes del PSOE le han dado al aparato del partido donde más le duele y han encumbrado a quien ha tenido la astucia de presentarse como un ‘outsider’ converso. El voto a Sánchez ha sido un voto bronca, en contra de la prepotencia de Susana Díaz y demás oligarcas del partido más que a favor del secretario general reelecto. El problema es que las bases han convertido a Sánchez en un mito, es decir, en una «persona o cosa a la que se atribuyen cualidades y excelencias que no tiene» (cuarta acepción del Diccionario de la Real Academia).

Su triunfo quizás se deba más a los deméritos de sus enemigos íntimos, que lo subestimaron, que a méritos propios, aunque los tiene. En su recién publicado libro ‘Los idus de octubre. Reflexiones sobre la crisis de la socialdemocracia y el futuro del PSOE’, Josep Borrell recuerda que el socialista francés Lionel Jospin decía en 2010: «La izquierda debe ser realista, pero el realismo implica hoy audacia». Hoy, como arguye el expresidente de la Eurocámara, «parece como si tuviésemos una izquierda que es audaz, pero que no es realista (la izquierda a la izquierda de la socialdemocracia) y una izquierda que es profundamente realista, pero a la que le falta audacia (la socialdemocracia)». Según advierte el profesor Oriol Bartomeus y recoge Borrell, «la socialdemocracia, en el siglo XX, ha triunfado cuando ha sido audaz, cuando ha sido capaz de pensar un futuro que no existe pero que se desea y se necesita». Esa falta de audacia ha trocado al PSOE en «una fuerza extremadamente conservadora» y ha provocado la fuga de electores hacia una nueva fuerza que dice «sí se puede». El mérito de Sánchez ha sido entender eso y ser tan audaz –temerario para sus detractores– como para plantar cara a toda la plana mayor de su partido y dar un golpe de timón a babor para reconectar con los desencantados. Ahora está por ver si también es realista.

(Publicado en el diario HOY el 28/5/2017)

 

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