Hoy

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Autor: Elzurdo
Ni una más
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El Zurdo | 13-03-2017 | 5:46| 0

Este país ha logrado terminar con el terrorismo etarra, mantiene a raya el yihadista tras el funesto 11-M, pero se muestra incapaz de poner freno al machista. En lo que va de 2017 han sido asesinadas al menos 18 mujeres por sus parejas o exparejas, según datos oficiales. Es una cifra terrible e inédita: nunca había habido tantos feminicidios en los dos primeros meses del año desde 2003, cuando empezaron a contabilizarse. Las víctimas mortales de la violencia de género suman ya casi 900 en poco más de 13 años. Asimismo, solo el año pasado, 134.462 mujeres denunciaron haber sufrido maltrato –368 cada día–, 10.737 más que en 2015, según el informe del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ).

Este notable aumento se debe, por un lado, a que la lacra no remite y, por otro, a que cada vez más víctimas se atreven a denunciar a sus verdugos: siete de cada diez denuncias las presentan ya las propias maltratadas. Esto está haciendo emerger una creciente parte de la violencia machista que permanecía oculta hasta ahora por miedo o vergüenza de las víctimas. Sí, miedo a sus agresores y vergüenza de ser estigmatizadas por su entorno social o familiar. De hecho, solo el 1,44% de las denuncias de 2016 fueron presentadas por familiares o amigos de la acosada o agredida, de lo que se infiere que su entorno no acaba de implicarse. ¿Por miedo, vergüenza, cobardía, ignorancia o tolerancia con el machismo?

Una de las posibles respuestas nos la da Lourdes Cortés, la hermana mayor de Daniel, el vecino de la barriada cacereña del Perú que mató a su padre el 20 de febrero de un disparo de escopeta harto de que vejara a su madre durante décadas. Lourdes reconocía a este diario, en una sobrecogedora entrevista con la compañera Cristina Núñez, que ni ella ni sus hermanos acudieron al juzgado o a la policía porque temían que «le pasara algo horrible» a su madre: «He leído muchos comentarios sobre que teníamos que haber denunciado antes, y que mi hermano es un cobarde, les pediría que se pongan en nuestra piel, que se pongan en nuestra situación, que piensen en que hemos sentido miedo, anulación y vergüenza y las amenazas de que iba a matar a mi madre, a nosotros, y al que entrara por la puerta si le denunciábamos».

Ese «miedo constante» es la principal arma del maltratador, que inocula en sus víctimas hasta anularlas, paralizarlas e, incluso, hacerlas sentir culpables. Ese miedo es el que ataba de manos a los hermanos Cortés y a su madre, que «hubiera aguantado por los siglos de los siglos, hasta el fin de los días, una situación así». Porque, aunque Lourdes cree que hay que denunciar, también advierte que «a muchas que lo han hecho las han matado sus maridos con órdenes de alejamiento». Un signo de que las medidas contra la violencia machista son insuficientes, como sostienen las personas que hicieron huelga de hambre en la madrileña Puerta del Sol entre el 9 de febrero y el 7 de marzo. La víspera del Día de la Mujer pusieron fin a su protesta al conseguir abrir «una vía de diálogo con el Gobierno» y que la mayoría de partidos apoye sus propuestas, que presentarán en la subcomisión creada en el Congreso para mejorar la lucha contra la violencia de género a través de un futuro pacto de Estado. Un pacto que urge, porque a muchas mujeres les va la vida en ello.

(Publicado en el diario HOY el 12 de marzo de 2017)

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Que no te engañen
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El Zurdo | 06-03-2017 | 5:46| 0

«Los niños tienen pene. Las niñas tiene vulva. Que no te engañen. Si naces hombres, eres hombre. Si eres mujer seguirás siéndolo». Este es el ya tristemente célebre eslogan que exhibía el primer autobús que Hazte Oír paseó por Madrid, inmovilizado por un juez que aprecia que ese mensaje menosprecia a los transexuales y lesiona su dignidad. Para burlar la orden judicial, la organización ultracatólica ha fletado una autocaravana que luce el ultramontano lema levemente modificado. Pone entre interrogantes las dos primeras frases: «¿Los niños tienen pene? ¿Las niñas tienen vulva?». Y arteramente suprime el resto, que es lo más punible, porque niega el derecho de las personas a decidir su identidad sexual, su género, que, en su tercera acepción, el diccionario de la RAE define como «grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico».

El presidente de Hazte Oír, Ignacio Arsuaga, alega que la soflama de marras «habla de biología», «con independencia de que un señor se sienta mujer u hombre». Pase que es así en su primera parte, pero no precisamente en la eliminada, pues nacer hombre o mujer no obliga a sentirse y, por tanto, seguir siendo hombre o mujer. Es lo mismo que pregonar que si naces esclavo, seguirás siendo esclavo. Justamente esclavos de su cuerpo, de su condición orgánica, se sienten los niños y las niñas que nacen con un sexo con el que no se identifican y negarles la libertad de ser lo que quieran es condenarlos a la esclavitud o peor, negar su existencia. Pero si el ser humano es el rey de la creación, la vida inteligente del planeta es porque ha sido capaz de trascender su animalidad, su estado natural y de controlar sus instintos primarios a través de la cultura. El hombre es cultural por naturaleza o no es.

Hazte Oír se considera víctima de la «ideología de género» y de la «dictadura de la inquisición gay». «¿Estamos en democracia o estamos en ‘apartheid’?», cuestiona, haciendo alarde de un orwelliano ‘doblepensar’, Arsuaga, el vocero de un ente que tacha de «anomalía» la homo y la transexualidad y que difunde una guía escolar en la que rechaza que se hable en los colegios de ellas como algo normal y arremete contra las «leyes de adoctrinamiento sexual» que garantizan los derechos del colectivo LGTBI. ¿Y qué busca Hazte Oír si no adoctrinar e imponer su particular ideología sexista y un ‘apartheid’ sexual?

Mas en una democracia hasta Arsuaga y su caterva de cavernícolas tienen derecho a expresar su opinión por muy deleznable que sea. La mejor forma de combatirla no es prohibiéndola o silenciándola, sino conociéndola para refutarla. De lo contrario, nos pondríamos al nivel de quien perpetró la ‘ley mordaza’ y declaró a Hazte Oír asociación de utilidad pública, al tiempo que alimentaríamos el victimismo de esos pobres blancos heterosexuales y biempensantes, hechos de la misma madera áspera de los que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Creo con el filósofo inglés Jeremy Bentham que «todo acto humano, norma o institución deben ser juzgados según la utilidad que tienen, esto es, según el placer o el sufrimiento que producen en las personas» y que el objetivo último de toda sociedad debe ser lograr «la mayor felicidad para el mayor número de ciudadanos». Hazte Oír debe hacérselo ver, porque está lejos de dicho objetivo con sus prédicas segregacionistas y carpetovetónicas por mucho que las travista de cientificistas. Que no te engañen.

(Publicado en el diario HOY el 5 de marzo de 2017)

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La economía de la langosta
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El Zurdo | 01-03-2017 | 5:31| 0

La vida inteligente del planeta es la más mortal. Nuestra especie es la peor de las plagas. Los humanos, cuanto más desarrollados, más nos comportamos como langostas, como los alienígenas de la película ‘Independence Day’. Arramblamos con todo, saltando de hospedero en hospedero. Y cuando esquilmemos este mundo, volaremos a otros. La necesidad impulsará la carrera espacial, porque nuestra ciencia-ambición no conoce límites.

No obstante, la langosta humana es un dios en potencia, capaz de destruir pero también de crear, de matar y de salvar; es más, está cerca de alcanzar la inmortalidad. En definitiva, es capaz de lo peor y de lo mejor. Esa es la gran paradoja del progreso, como advierte la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos (DNI, por sus siglas en inglés) en su última evaluación de las tendencias globales de los próximos 20 años.

El DNI llega a la conclusión de que estamos «viviendo una paradoja: los logros de la era industrial y de la información están dando forma a un mundo tan peligroso como rico en oportunidades». «Choques» como la primavera árabe, la crisis financiera de 2008 y el aumento de las políticas populistas y antisistema «revelan la fragilidad de los logros alcanzados y subrayan profundos cambios en el panorama global que auguran un futuro cercano oscuro y difícil». Los ojos del águila imperial americana prevén que «los próximos cinco años serán testigo del aumento de las tensiones dentro y entre países. El crecimiento global será más lento, en la medida que desafíos mundiales cada vez más complejos se confirman».

Como explica el economista Michael Roberts, el problema es que la población de EE UU y sus aliados capitalistas es cada vez más vieja y los países en desarrollo tienen poblaciones más jóvenes y productivas, cuyas necesidades no puede satisfacer el capitalismo. Mientras tanto, «la automatización y la inteligencia artificial amenazan con cambiar la estructura productiva más rápido que la capacidad de adaptación de las economías, lo que podría desplazar trabajadores y bloquear la vía habitual de desarrollo de los países pobres». A ello hay que sumar el cambio climático y los desastres ambientales que conlleva. Todo esto va a «hacer más difícil gobernar y cooperar y va a cambiar la naturaleza del poder».

Para Roberts, hay señales cada vez más evidentes de que la era de la globalización y de la expansión del capital a expensas de los trabajadores está agotándose en todas partes. A su juicio, un indicador de ello es el informe de la fundación Global Financial Integrity (GFI), que confirma que los países ricos toman más dinero de los países pobres del que les dan. En 2012, el último año del que hay datos, los segundos recibieron 1,3 billones de dólares, incluyendo todas las ayudas, inversiones y remesas, mientras que salieron fuera de ellos 3,3 billones (16,3 desde 1980). Sin embargo, como apunta Roberts, el comercio mundial y los flujos de capital están decayendo, con lo que es más difícil para las langostas de las multinacionales y los bancos drenar capital desde el sur para compensar la caída de la rentabilidad en el norte. Ello intensificará la rivalidad por el botín entre las potencias imperiales, rivalidad que a principios del siglo XX desembocó en una guerra mundial. Las langostas que ocupan la Casa Blanca y el Kremlin hacen temer que la historia se repita.

(Publicado en el diario HOY el 26 de febrero de 2017)

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Justicia real
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El Zurdo | 20-02-2017 | 7:01| 0

La sentencia del caso Nóos ha dejado claro que Iñaki Urdangarin y su exsocio de fechorías Diego Torres eran unos golfos apandadores, pero también que Cristina de Borbón era «una mujer florero», como ha dicho el juez instructor, José Castro, y que ni Hacienda somos todos, como admitió en el mismo juicio la abogada del Estado, ni todos somos iguales ante la ley.

La Audiencia de Palma estima que la infanta se lucró de los chanchullos de su marido pero no fue cómplice ni cooperadora necesaria, pese a que compartían a medias la sociedad Aizoon, el arma y escudo del delito. Por ende, la absuelve de fraude fiscal alguno y solo le impone una multa de 265.088 euros. Da por buena la tesis que siempre sostuvo el fiscal anticorrupción Pedro Horrach y la defensa. Es decir, que la pobre no se enteraba de nada, era una ingenua y tan ciega como la justicia.

El juez Castro no se la cree. Para él, «consintió, participó y se benefició de los delitos de Nóos». Además, ha sugerido que la justicia no es igual para todos al decir que «se le pregunte a Isabel Pantoja» si considera que ha recibido el mismo trato. Al parecer de la justicia, la morena tonadillera era más lista que la rubia infanta y sí estaba al tanto de los negocios de su entonces pareja, el exalcalde de Marbella Julián Muñoz, y la envió al trullo para «servir de freno» a actuaciones similares futuras, o sea, de ejemplo y aviso para corruptos y consortes. Porque otorgarle la libertad condicional podría identificarse con la «cuasi impunidad material» que parecen tener «banqueros, políticos y personas poderosas o de relevancia pública». Visto lo visto, doña Cristina no entra en estas categorías. Ni su esposo, pues su castigo no es ejemplarizante, precisamente. Irá a la cárcel, pero menos de lo que quisiera Anticorrupción. Esta pedía 19 años para el yerno y cuñado de reyes, cuya pena al final es de poco más de seis. Por menos ha sido condenada a nueve años la exconsejera de Turismo valenciana Milagrosa Martínez en el primer fallo del caso Gürtel.

Va a tener razón el magistrado del Supremo Joaquín Giménez, quien emitió un voto discrepante contra la absolución de Francisco Camps en el caso de los trajes, «quien diga que la justicia es igual para todos no sabe de qué está hablando; claro que la justicia no es igual para todos», pues «no hay una clase de delincuentes, hay delincuentes de clase». Y la exduquesa de Palma, aun caída en desgracia, pertenece a la más alta, la de los intocables. Es más, de casta le viene…

Así lo denuncia sin tapujos el periodista Gregorio Morán en su polémico libro ‘El precio de la Transición’, publicado en 1991 y reeditado en 2015 con la reconstrucción de fragmentos censurados dedicados al rey Juan Carlos. «El rey –afirma y reafirma– era el primer operador fraudulento del país, como lo habían sido todos sus predecesores», gracias «a la impunidad que le concedía el Estado y la de su real gana. Y así siguió hasta que los suyos hubieron de cesarle porque ponía en peligro la supervivencia de la institución».

La abdicación de don Juan Carlos y la condena de Urdangarin son el colofón a lo que en realidad ha sido un proceso contra la Monarquía; era el mínimo precio que esta debía pagar para salvarse. Mas, como dice Castro, la sentencia del caso Nóos «deja un montón de incógnitas» sin despejar, incluida la principal, la X.

(Publicado en el diario HOY el 19 de febrero de 2017)

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Fouché ‘vs.’ Robespierre
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El Zurdo | 12-02-2017 | 10:31| 0

La semana pasada mencioné a Joseph Fouché y el fascinante retrato que de este zorro de la política hace Stefan Zweig, un regalo para cualquier lector que debo a mi amigo Antonio Lorenzo. Dice Antonio, y dice bien, que en todo partido hay un Fouché; a lo que yo añado y un Maximilien Robespierre. Cumbre es el capítulo que el genial escritor austriaco dedica a la lucha entre ambos líderes revolucionarios franceses.

En abril de 1794, Fouché es llamado a París a rendir cuentas por su cruenta etapa como ‘procónsul’ en Lyon –donde mató a dos mil «enemigos de la libertad», lo que le valió el apodo de ‘Mitrailleur de Lyon’ (‘Ametrallador de Lyon’)– ante el Comité de Salud Pública, órgano ejecutivo y ejecutor de la recién nacida república francesa que entonces gobernaba con mano dictatorial Robespierre. Este virtuoso terrorista, conocido como ‘el Incorruptible’, oscilando siempre con habilidad entre los demasiado salvajes y los demasiado mansos, ya ha pasado por la guillotina a todos los que osaron oponerse a su voluntad, a su dogmática vanidad, incluidos a insignes camaradas ‘montañeses’ como el ultrarradical Hébert y los ‘indulgentes’ y carismáticos Desmoulins y Danton. Tras esta purga, tiene la orgullosa conciencia de que ahora nadie osará alzarse contra él. Pero hay alguien que sí se atreve, alguien que ya no tiene nada que perder: Fouché, su otrora amigo, el que estuvo a punto de ser su cuñado.

Impaciente y fanático, Robespierre rechaza todo pacto con sus adversarios, incluso toda capitulación de los mismos; incluso allá donde la Política le impondría el entendimiento, la dureza de su odio y su arrogancia dogmática le frenan. Solo puede soportar a la gente en tanto le devuelve como un espejo sus propias concepciones, en cuanto son almas esclavas, como sus fieles escuderos Saint-Just y Couthon.

Fouché sabe que solo queda una salvación para su cabeza: que la de Robespierre caiga primero en el cesto. Así, se declaran una guerra a vida o muerte. Ambos inteligentes, ambos políticos, tienen un error en común: durante largo tiempo se han subestimado el uno al otro, porque creen conocerse desde hace mucho.

El bilioso Robespierre abre las hostilidades con un aplaudido discurso en el que, con un derechazo directo al corazón, acusa a Fouché ante toda la Asamblea de ateo e impuro. Fouché enmudece y se muerde los labios. Durante semanas no se sabe nada de él. Sin embargo, hace visitas a los comités, busca conocidos entre los diputados, es amable, complaciente con todos y trata de ganarse a cada uno de ellos. Y de pronto, inesperadamente, sobre todo para Robespierre, es elegido presidente del club jacobino. El ‘Incorruptible’ contrataca y logra que su taimado e insolente adversario, al que llama el ‘chef de la Conspiración’, sea expulsado del club. Fouché parece desahuciado. Mas el miedo a Robespierre le salva de Robespierre. Este, poco a poco, ha ofendido a todos, ha concitado odios a diestra y siniestra, y Fouché consigue unir esos odios dispersos en unos fasces cuyo golpe derrocará al tirano el 9 de termidor (27 de julio de 1794). Al día siguiente es guillotinado entre el júbilo popular. Fouché está salvado. El Terror ha terminado, pero también el fogoso espíritu de la Revolución.

Este fin de semana, los fantasmas de Fouché y Robespierre se han aparecido en Vistalegre.

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