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Categoría: Zurdazos diarios
Pagamos justos por pecadores

En una entrevista en HOY publicada el pasado domingo, nuestro barón rojo, José Antonio Monago, soltó de sopetón, sin despeinarse, que no es partidario de subir el IVA porque “aquí no paga el IVA ni Dios”, insinuando que todos los españolitos somos unos defraudadores, unos ladrones, vamos, sin pararse a pensar que cada vez que compramos en, por ejemplo, el súper abonamos el maldito impuesto. Un día después, el tesorero del Reino, Cristóbal Montoro, confirmó que se subiría el IVA con similar argumento: “Se paga poco en comparación con otros países” y “si lo pagaran los que tienen que pagarlo no habría que subirlo tanto”. Hoy, dos días después, el delegado europeo en el protectorado de España, Mariano Rajoy, ha anunciado solemnemente en el Congreso que no le queda más remedio, aunque no le guste, que subir el IVA para cumplir con las exigencias de la UE a cambio de rescatar nuestra agujereada y enladrillada banca: el tipo general se elevará del 18 al 21 por ciento y el reducido del 8 al 10 por ciento.

En definitiva, como el IVA no lo paga ni Dios, que lo paguen los ‘paganos’ de esta crisis, esos 20 millones de asalariados que pagamos cinco veces más impuestos que las grandes empresas y fortunas, como desvela el libro ‘El club de los pringaos’, de Daniel Montero. Total, ¿qué son un eurillos más para los exprimidos bolsillos de los currantes? O sea, a los ‘pringaos’ que cumplimos religiosamente con nuestras obligaciones fiscales se nos premia con una subida de impuestos y a los ‘listos’ se les castiga con una amnistía fiscal encubierta. Dicho de otro modo, pagamos justos por pecadores. Y se quedan tan panchos, mientras a los ‘pringaos’ se nos pone cara de tonto. Pero peor cara se les quedará a los funcionarios, que si no querían caldo, toma dos tazas: también les quitan la paga extra de Navidad. En consecuencia, aquí no va a consumir ni Dios. Bueno, salvo los bienaventurados que guardan el fruto de su ‘caridad’ en paraísos fiscales.

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Res-ca-te

Venga, señores Rajoy y Montoro, digan conmigo y con la diputada Rosa Díez: “Res-ca-te”. Añádanle luego el adjetivo que quieran: “light, blando, bancario…”. Pero no se anden con eufemismos, llamen al pan pan y al vino vino. ¿No decían que siempre iban a decir la verdad a los españoles, aunque doliera? Pues no me vengan entonces con monsergas. Europa ha acudido en rescate de nuestra agujereada banca con 100.000 millones de euros, que el Gobierno español repartirá entre las entidades según las necesidades de recapitalización que determinen las auditorías anunciadas (las entidades nacionalizadas, Bankia, NovacaixaGalicia, Cataluña Caixa y Banco de Valencia, precisarán de unos 40.000 millones). En juego está la propia supervivencia de la zona euro. Sin embargo, que quede claro que esa ayuda no es tal, sino un préstamo que la UE hace al Estado, que debe devolverlo en un plazo aún por precisar y a un interés que, al parecer, rondará el 3%. Por tanto, tendrá un impacto en nuestras ya maltrechas cuentas públicas, es decir, engordará nuestra deuda y, por ende, nuestro déficit. De ahí que persista la desconfianza de los mercados, pues temen que eso mine aún más la solvencia de España. Circunstancia que aprovechan los especuladores del parqué, como Donald Trump, para hacer caja y comprar chollos: a río revuelto ganancia de pescadores (en este caso, de tiburones).

Ya ven, para salvar a los bancos no importa endeudarnos más. No obstante, el Ejecutivo de Rajoy matiza que ese impacto se verá amortiguado por el interés del 8,5% que los bancos que reciban dinero del rescate deberán abonar al Estado español. Veremos. Pío, pío que no me fío. ¿Y por qué la UE no inyecta directamente el dinero en la banca sin que suponga una carga extra al Tesoro Público? Eso es lo que pide Rajoy, con el respaldo del presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, pero la Rottenmeier de Merkel, una vez más, y otros socios se niegan porque lo impiden las normas comunitarias. Pues se cambian, dirán. Sí, pero eso lleva su tiempo y este apremia. Se ha planteado como solución intermedia que Bruselas dé más tiempo a España para devolver el capital prestado y reduzca su coste financiero (es decir, los intereses). Además, el Gobierno negocia que el rescate a la banca se haga a través del FROB (Fondo estatal de Reestructuración Ordenada Bancaria), pero sin computar como deuda. ¿Calmaría esto a los sacrosantos mercados? Lo dudo. Estos han olido la debilidad de España y, como los mafiosos, seguirán extorsionándola para sacarle toda la pringe que puedan. Solo plantándoles cara se les pararía, pero para eso España necesitaría el apoyo de sus colegas europeos, con medidas como los famosos eurobonos o, como paso previo, comprándonos deuda pública de forma masiva. Pero el espíritu de los tres mosqueteros (“uno para todos y todos para uno”) brilla por su ausencia en esta Europa de los mercaderes de Venecia.

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El bueno, el feo y el malo

Europa respira aliviada tras la victoria en la repetición de las elecciones legislativas griegas del ‘bueno’ de Andonis Samarás, cabeza de lista de la conservadora Nueva Democracia (ND). Samarás gobernará sostenido por una mayoría absoluta en el Parlamento, si, como es previsible, es respaldado por el ‘feo’ Evangelos Venizelos, líder del Partido Socialista (Pasok), enemigo íntimo de ND. Venizelos, no obstante, ha puesto como condición que forme parte de ese Ejecutivo de unidad nacional la segunda formación más votada, Syriza, la Izquierda Unida helena, liderada por el ‘malo’ Alexis Tsipras. Pero este ha rechazado la oferta porque se niega a aceptar las draconianas condiciones que la Santísima Trinidad neoliberal (FMI, Banco Central Europeo y UE) ha impuesto a la cuna de la democracia a cambio de prestarle más plata.

Desde Bruselas a Berlín, pasando por Fráncfort, algunos parqués y algunas redacciones de periódicos, los comicios griegos han sido planteados, torticera y maniqueamente, como un plebiscito sobre la continuidad de Grecia en la zona euro. Votar a Samarás o Venizelos era hacerlo con cabeza y a favor del euro. Votar a Tsipras era hacerlo con las tripas, votar lo mismo que los neonazis de Amanecer Dorado, votar no al euro. Era elegir entre Samarás o el caos.

Pero ni Samarás es tan ‘bueno’ ni Tsipras tan ‘malo’ como nos lo pintan Merkel y compañía, los mercados y sus voceros. Durante su último gobierno (2004-2009), el partido de Samarás, entonces liderado por Costas Karamanlis, sobrino del fundador de ND, Constantinos, sembró los vientos que ahora recoge Grecia en forma de tempestades, pues falseó las cuentas públicas y ocultó a sus socios europeos un déficit mucho mayor del anunciado. El ND pagó su engaño en las urnas con una derrota histórica, de la que se benefició el Pasok de Yorgos Papandréu, hijo del fundador del partido, Andreas -tras la Segunda Guerra Mundial, estas dos dinastías se han turnado en el poder en Grecia, con el paréntesis de la dictadura de los coroneles (1967-1974)-. Papandréu se convirtió en primer ministro y Samarás en presidente de ND. Pero entre ellos nunca hubo química y Samarás, movido por intereses electoralistas, torpedeó en el Parlamento una y otra vez los planes de ajuste exigidos por la troika al Ejecutivo de Papandréu a cambio de la ayuda. El caudillo socialista acabó dimitiendo en noviembre de 2011, siendo sustituido por el tecnócrata Lukás Papadimos, para agrado de Bruselas, Berlín y don Dinero, pues no le tembló el pulso con la tijera.

Ahora Samarás, con la bendición de frau Merkel, se presenta como el salvador del euro. No obstante, le ha pedido a su madrina más tiempo para reducir el déficit. Hasta ahora, la canciller de hierro se ha mostrado inflexible y ha respondido con un rotundo ‘nein’. Quizás ese encantador de serpientes que es Obama logre conmover su férreo corazoncito en la cumbre del G-20 (los 20 países que cortan el bacalao en el mundo) en México y convencerla de que griegos y españoles necesitan más amor y menos palmetazos.

El ‘loco’ Tsipras pide lo mismo; nada de que Grecia abandone el euro, sino renegociar las condiciones del rescate de su país. Solo quiere menos austeridad y más crecimiento, como Hollande. El déficit no se reduce solo recortando gastos; también se necesita aumentar los ingresos, y sin crecimiento es imposible. ¡Entérate, Merkel, si sangras más a un organismo anémico como el heleno o el español, acabas matándolo. Lo que precisa es una transfusión!

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La cultura y la educación están que arden

Ayer murió Ray Bradbury, autor de ‘Crónicas marcianas’ y ‘Fahrenheit 451’. El título de esta novela distópica, adaptada al cine por François Truffaut (1966), alude a la temperatura a la que arde el papel de los libros, pues en la sociedad totalitaria que describe los bomberos tienen la misión de quemar libros, ya que, según su gobierno, leer impide ser felices porque llena de angustia; al leer, los hombres empiezan a ser diferentes cuando deben ser iguales, que es el objetivo de los que mandan, que velan por que los ciudadanos sean felices y así no cuestionen sus acciones y rindan en su trabajo. En la sociedad de ‘Fahrenheit 451’, gentes como la joven Clarisse, por la que se siente atraído un bombero, Montag, son tachadas de antisociales y locas por atreverse a leer, pensar y cuestionar el mundo en el que viven. La mujer de Montag es una fiel seguidora de los ideales del Gobierno y se pasa las horas, como la amplia mayoría, viendo la televisión, “esa bestia insidiosa, esa Medusa que convierte en piedra a millones de personas todas las noches mirándola fijamente, esa sirena que llama y canta, que promete mucho y en realidad da muy poco”.

Nuestra sociedad no está tan lejos de la de ‘Fahrenheit 451’, teniendo en cuenta que en estos tiempos de crisis se ha duplicado el dinero destinado por lo españoles a la compra de televisiores desde 2006, como revela la memoria anual del Consejo Económico y Social (CES) y les destacaba ayer. En cambio, la venta de periódicos y libros no deja de caer en picado. Y ya decía Bradbury que “hay una cosa peor que quemar libros, no leerlos”.

A nuestros gobernantes todavía no les ha dado por quemar libros. Pero como criticaba en el artículo ‘Ideas de bombero’, publicado en HOY el 9 de octubre de 2011, han comenzado a arrojar a la hoguera de las vanidades y a sacrificar en el altar de la eficiencia económica cualquier manifestación o actividad cultural (cine, teatro, música, pintura…) que se salga del presupuesto, así como a recortar en educación e investigación y desarrollo, que entienden como un oneroso gasto en lugar de como una inversión de futuro.

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Más pobres y teleadictos

Ayer el Consejo Económico y Social presentó su memoria de 2011. En ella revela datos alarmantes que confirman el incremento de las desigualdades y de la pobreza en España, sobre todo entre los jóvenes y los que viven de alquiler, como consecuencia de la crisis y de los recortes en educación, sanidad y demás políticas sociales: las rentas más altas ganan siete veces más que las más bajas, cuando el promedio europeo es de cinco veces, y uno de cada cuatro hogares está en riesgo de exclusión social.

El empeoramiento de las condiciones de vida de la población y el aumento del desempleo se está traduciendo en que cada vez más jubilados están sosteniendo con su pensión a hijos y nietos en paro. Esto sucedía en 422.600 hogares en el primer trimestre de 2011, el 21,7% más que un año antes. Asimismo, las familias se han visto obligadas a apretarse más el cinturón y a aplazar las grandes compras, como de coches o muebles, y disminuir los gastos en transporte u hostelería (comidas, cenas, cafés, copas…). Lo curioso es que solo ha crecido sobremanera durante la crisis el dinero que los hogares destinan a la adquisición de televisores, que se ha duplicado desde 2006. Es decir, los españoles son cada vez más pobres y teleadictos, quizá porque la caja tonta sea la vía más rápida y barata de evadirse de la cruda realidad. Mal síntoma, que puede ir a más con los tijeretazos en educación, que acabarán deteriorando la calidad de la enseñanza, convirtiendo las escuelas en los depósitos de niños creados por los hombres grises en ‘Momo’.

Como contaba en mi artículo ‘Gran Hermano en la mina’, publicado el 24 de octubre de 2010, el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2010, el sociólogo Zygmunt Bauman, recuerda que, hace un decenio, el filósofo Richard Rorty insinuaba que, tras décadas de «aburguesamiento del proletariado», habría una «proletarización de la clase media, es decir, de la burguesía». Bauman constata que esa profecía se está cumpliendo, como demuestran los datos del CES. De forma paralela, la televisión está fabricando un «proletariado intelectual», como advierte Giovanni Sartori, Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2005, en ‘Homo videns: la sociedad teledirigida’. Este politólogo italiano denuncia que la televisión y el vídeo están empobreciendo nuestra capacidad de entendimiento. Y desde niños, pues nuestros hijos empiezan a tragar tele antes de aprender a leer y escribir. Así el ‘homo sapiens’, fruto de la cultura escrita, se está metamorfoseando en ‘homo videns’, en un hombre que solo ve y no lee, un analfabeto cultural. “El pan y circo” ha sido sustituido por “con tele las penas son menos”.

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Bancatazo

Al socialista Miguel Ángel Fernández Ordóñez, MAFO para los enemigos, le están lloviendo palos por su gestión al frente del Banco de España. Tan harto está de recibir ganchos de derecha que ha decidido tirar la toalla el 10 de junio, un mes antes de que acabe su último asalto como ‘gobernator’. No es para menos, visto que no vio, o no quiso ver, que el castillo de ladrillos se nos venía encima, aplastando las cajas de cartón piedra que lo sostenían. Pero tampoco lo atisbó, o quiso atisbar, su predecesor como superintendente de la policía del sistema financiero patrio entre 2000 y 2006, Jaime Caruana, hombre de Rodrigo Rato, quien luego se lo llevó consigo al Fondo Monetario Internacional (FMI).

El 26 de mayo de 2006, poco antes antes de que Caruana dejara el cargo, los inspectores del Banco de España enviaron una carta al entonces vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, alertándole de la que se nos venía encima. Acusan a Caruana de “falta de voluntad para adoptar las medidas necesarias” para evitar que se inflara una peligrosa burbuja inmobiliaria en el sistema financiero español, que, como todos ya sabemos y sufrimos, acabó estallándonos en los bolsillos. Critican “la pasiva actitud adoptada por los órganos rectores del Banco de España -con su gobernador a la cabeza- ante el insostenible crecimiento del crédito bancario en España durante los años del mandato del señor Caruana”. “Desmedido crecimiento del crédito bancario, destinado en su mayor parte a la financiación de la actividad inmobiliaria en todas sus fases” que, a su entender, es “una de las causas principales de la extraordinaria subida del precios de los inmuebles en España” en esos seis años y que “ha acabado provocando otro tipo de problemas en las entidades de crédito españolas”, como el incremento de su “necesidad de buscar fuentes adicionales de líquidez (dinero)”, dado que “los depósitos bancarios han sido insuficientes para dar contrapartida al acelerado crecimiento del crédito”; y “lo han hecho acudiendo a los mercados financieros de la zona euro, aprovechando las posibilidades que proporciona la moneda única”. Para ello, “han recurrido principalmente a tres vías de financiación ‘no tradicionales'” que,  advertían, tendrían “implicaciones muy importantes para la rentabilidad futura de las entidades y, en último término, también para su solvencia”.

Y así ha sido, viendo los enormes agujeros que tienen los bancos españoles, con las moribundas cajas a la cabeza, en sus balances, que no tapan ni las masivas inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo (BCE). Hecho el roto, se ha exigido a las entidades que se recapitalicen, es decir, que guarden más en la hucha, contribuyendo a que mantengan cerrado el grifo del crédito para particulares y empresas y, por ende, a ahondar la recesión de la economía española. Pero el agujero de algunas entidades, como Bankia, es tal que ha forzado al Gobierno de Rajoy a nacionalizarlas para evitar su quiebra. Pero como no es suficiente para calmar a los insaciables mercados, el Gabinete del doctor Rajoy ha tenido que llamar a las puertas de la UE para pedirle más fondos para rescatar nuestra banca, pero de modo que vayan directamente a las entidades sin pasar por el Estado, para evitar que la Santísima Trinidad neoliberal (Comisión Europea, BCE y FMI) intervenga el país. Ello supondría que nos prestarían ayuda a cambio de recortes y sacrificios aún más duros, como han hecho con Grecia. Y ya hemos visto el resultado. Pero frau Merkel, erre que erre, insiste en rescatarnos, para atarnos en corto.

Por tanto, cuando dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que todos somos culpables de la crisis habrá que matizar que unos más que otros, en especial los bancos y cajas españoles por acción -por endeudarse hasta las cejas y facilitar que lo hicieran familias y empresas- y el Banco de España, como policía del sistema financiero, por omisión -por hacer la vista gorda-. E indirectamente los Gobiernos que nombraron a Caruana y MAFO, porque es una falacia que el Banco de España sea independiente del poder político, no deja de ser un brazo más. Esa es la razón por la que Rajoy no quiere al socialista MAFO, porque no es de su cuerda, aunque le ha venido bien como chivo expiatorio al que culpar de la delicada situación de nuestra banca. Situación de la que también es culpable el Ejecutivo de Aznar, del que Rajoy fue vicepresidente primero, por impulsar el espectacular crecimiento de la economía española en la pasada década sobre pies de ladrillo con la complacencia de su hombre de paja en el Banco de España, Caruana.

Precisamente por ello aplaudo que la Fiscalía General del Estado haya trasladado a Anticorrupción una denuncia presentada contra el actual gobernador del Banco de España, MAFO, y contra su antecesor, Jaime Caruana, por no frenar a tiempo el acelerado crecimiento del crédito inmobiliario y evitar el bancatazo del país. Aunque yo extendería la denuncia a los dos últimos presidentes del Gobierno, Aznar y Zapatero, como han hecho en Islandia, y a sus vicepresidentes económicos, Rato y Solbes.

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Sobre el autor El Zurdo

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