Hoy

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¡Qué cruz!
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El Zurdo | 22-04-2014 | 17:56| 0

Semana Santa tras Semana Santa constato que la muy católica apostólica y romana España es politeísta. Sí, sí, los antiguos dioses y diosas paganos, por obra del rey de Roma, se han transfigurado en nazarenos montados en borriquitas, orando en el huerto, amarrados a la columna, cargando la cruz, crucificados… o vírgenes de los Dolores, la Aurora, la Soledad… Porque, aunque padre y madre no hay más que unos, dígale usted a un sevillano que su Macarena es igualita que la de Fátima o la de Lourdes. Y valga lo mismo para la legión de cristos que pueblan la piel de toro y desfilan a paso marcial en estos días de fúnebre carnaval; ser fiel del Cristo Negro o del Cristo de los Gitanos se ha convertido en algo similar a ser hincha del Barça o del Real Madrid. Bien mirado, jugárselo todo al mismo número divino no parece sensato y quizás hay más probabilidades de que alguien nos escuche y eche un cable en el cielo como en la tierra si diversificamos nuestra demanda. A dioses rogando y con el mazo dando. Amén de que depende de lo que uno pida, pues los santos varones y las santas hembras también se han especializado: si lo que buscas es novio encomiéndate a San Antonio; si te pilla una tormenta, a Santa Bárbara; si lo tuyo es imposible ponle una vela a San Judas Tadeo…

El caso es creer en algo en un momento en que la fe parece ser lo único que les queda a una multitud de españolitos sin nombre ni rostro que penan su desventura y cargan con la pesada cruz del desempleo o la precariedad laboral en una maratoniana y macabra procesión que no parece tener fin. España lleva de viacrucis seis años y parece que aún le quedan otros cuantos de calvario hasta que resucite de entre los muertos, en especial esas cinco regiones que tienen el triste honor de ser las campeonas del paro en Europa, entre las que están Andalucía y Extremadura. Esa es la infernal realidad que tapan los Palomos y otras cortinas de humo del barón rojo en la dehesa y con la que, al parecer, han mercadeado, en santa connivencia, gerifaltes ‘socialistos’, sindicalistas, empresarios y demás gente de mal vivir en la beata y beatífica Bética. ¡Ay, cuán lejos estamos del paraíso bávaro donde todos trabajan y son bien pagados! ¿Qué tenemos que hacer para que la Ángela de la Muerte nos abra las puertas de ese paraíso y nos acoja en su seno? Pues rogar menos y darle más al mazo.

Sin embargo, cada vez son más los que por no tener ya no tienen ni esperanza. Son esos hombres absurdos sobre los que filosofó Albert Camus que son conscientes de su insignificancia, de que la vida no tiene sentido, de que hay no nada más allá de la muerte y que, por tanto, los sacrificios y pesares en esta vida no tendrán recompensa en otra ultraterrena. Con esa visión, ¿merece la pena vivir? El suicidio parece la salida más lógica. No obstante, el hombre absurdo se empeña en vivir lo más posible, en cumplir su condena, como Sísifo, condenado por los dioses a empujar eternamente una enorme roca hasta la cima de una montaña, desde donde volvía a caer por su propio peso. Los dioses pensaron que no hay peor castigo que el trabajo inútil y sin esperanza. Pero el hombre absurdo halla el sentido de la vida no en la meta, sino en el camino; no en la victoria, sino en la lucha hasta la derrota final.

(Publicado en el diario HOY el 20/4/2014)

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Rebrotes verdes
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El Zurdo | 14-04-2014 | 17:42| 0

Hay una cosa en la que coincido con la gran Esperanza blanca de la derecha patria: «España tiene peores problemas que la multa a una sexagenaria». Muy cierto. Aunque nos quieran hacer creer que el país ya va como una moto, nuestra moto aún yace tirada en el suelo tras ser arrollada por el Toyota Auris de la crisis, al volante del cual iba la soberbia hija de Mammón, una simpapeles con parné que se dio a la fuga y se acabará yendo de rositas. Sí, sí, hemos tocado suelo, pero me temo que estaremos largo tiempo arrastrándonos por él. Vía rebaja de salarios –España es el tercer miembro de la OCDE, el club de los países ricos, donde más bajaron (un 1%) en 2013– quieren aumentar nuestra competitividad para impulsar nuestras exportaciones y convertirnos en la China de Europa. Pero vamos camino de ser el Japón del viejo continente, un enfermo económico crónico. El mal endémico que aqueja al país de sol naciente es la deflación. ¿Y qué es eso? Una caída generalizada y prolongada de los precios. Y el FMI ha advertido de que España es el país de la zona euro con mayor riesgo de caer en ella. El último dato de IPC lo corrobora: en marzo volvió a tasas negativas (-0,1%). Y sin el aumento de los impuestos los precios habrían bajado aún más. ¿Pero una bajada de precios suena bien? Pues no, es malísima de la muerte. ¿Por qué? Porque lastra la producción y, por tanto, la creación de empleo y dificulta la reducción de la deuda en un país tan endeudado como el nuestro. Por culpa de la deflación, su casa puede acabar valiendo menos, si no lo vale ya, de lo que paga de hipoteca por ella. ¿Y cómo se puede combatir? Dándole a la máquina de imprimir dinero. En la eurozona esa potestad la tiene el Banco Central Europeo (BCE), pero éste, de facto, es una sucursal del Bundesbank (banco central alemán) y tiene por misión casi divina y única controlar la inflación, la gran obsesión germana, que tiene su origen en la hiperinflación que asoló la República de Weimar en los años 20 y que se considera que dio alas al nazismo. No obstante, Supermario, fontanero jefe del BCE, dice que hay consenso para tomar medidas contra el riesgo de deflación. Veremos, el BCE suele actuar tarde y mal. También ayudaría que Alemania redujera su superávit por cuenta corriente, o sea, que exporte menos e importe e invierta más.

Mas no habrá verdadera recuperación hasta que se reduzca el paro significativamente. Y hasta los propios empresarios son escépticos. El empleo que se creó en marzo fue, en su mayor parte, temporal, a tiempo parcial y autónomo. Pero la mayoría de los autónomos que se están dando de alta en la Seguridad Social en los últimos meses son falsos, son asalariados precarios camuflados de emprendedores. No son gente que se lo monta por su cuenta, siguen siendo trabajadores a sueldo de un único patrón, con la ventaja para éste de que no tiene que cotizar por ellos y tampoco pagarles indemnización cuando los despida.

Otro tipo de contratación precaria en aumento (un 25,5% en marzo) es la a tiempo parcial, los famosos ‘minijobs’. Y son como las lentejas, o las comes o las dejas. Según Eurostat, el 57% de los contratados por horas en España querría tener una jornada completa. Esa tasa de subempleados duplica la media europea y es la segunda más alta de la UE.

En definitiva, los rebrotes verdes que atisban esos que cuando opositaban al poder se tronchaban de los que vislumbraban Zapatero y su tesorera, Elena Salgado, tienen pinta de ser de una planta alucinógena o de la risa. No se hagan ilusiones con el tercer año mariano.

(Publicado en el diario HOY el 13/4/2014)

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En mala hora
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El Zurdo | 07-04-2014 | 16:31| 0

Los españoles tenemos fama estadística de echar más horas en el trabajo que nadie, salvo que los chinos. Aun así somos poco productivos. Claro, porque no es lo mismo estar en el trabajo que trabajar. Y tenemos la insana costumbre de no marcharnos del trabajo antes que el jefe, aunque estemos perdiendo el tiempo mirando las musarañas, que ahora se dejan ver, sobre todo, en las redes sociales. No está bien visto irse a tu hora, aunque hayas cumplido con tu faena y en menor tiempo que tus compañeros, demostrando, por tanto, que eres más productivo. Una vez más, no importa ser sino parecer.

Y parece que ahora somos más competitivos. Sin embargo, la realidad es, como dice el economista Santiago Niño Becerra, que «la pobreza aumenta la competitividad de España, no la productividad buena: inversión». Los trabajadores españoles son más productivos porque son más pobres, amén de que cada vez menos y más cobardes. La aspiración de la mayoría silenciosa es quedarse como está, o sea, que no pase el tiempo.

Aunque en 1942 Franco nos puso en hora con sus amigos alemanes, seguimos más atrasados que ellos. Lo más cerca que estuvimos fue en enero de 2007, cuando el iluso de Zapatero, obnubilado por el espejismo de la burbuja inmobiliaria, aseguró: «Vamos a superar a Alemania y a Italia en renta per cápita de aquí a 2010». Llegó 2010 y Alemania obligó al incauto de José Luis a echar el freno, sacar las tijeras y prosternarse ante la nueva ‘führer’.

En definitiva, estar en hora con los alemanes no nos ha traído más que disgustos. Por eso, los expertos proponen que adoptemos la hora de Londres, que es la que nos corresponde solarmente, pero también los horarios laborales y de comidas de nuestros primos europeos, más racionales. En el resto de Europa casi todas las empresas están cerradas a las seis de la tarde y son más productivas. Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios Españoles, defiende que cambiar los horarios aumentaría el rendimiento de los trabajadores. Sin embargo, en España a las seis de la tarde está en casa apenas la mitad de la población; con lo que los españoles tenemos menos tiempo de ocio y que dedicar a nuestras familias, algo que está cambiando con la crisis, pues si algo le sobra a los parados es tiempo. No obstante, hay quien prefiere echar más horas en el tajo para escaquearse de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Como dice Buqueras, «si mandaran más mujeres, habría mejores horarios».

Somos víctimas de los hombres grises de ‘Momo’. Ellos nos han comido la cabeza y la moral con que todo lo que no sea trabajar es perder el tiempo. En realidad, nos están robando el tiempo. Sus enemigos son los niños, que no entienden el tiempo ni los negocios. Mi hijo Pablo, de seis años, me lo ha hecho ver. El otro día, ruborizado, me reveló un secreto. Cada jornada su maestra les hace soplar una vela y pedir un deseo. Pero estaba frustrado porque no se cumplía su deseo: que su padre juegue con él cuando vuelve del cole. Entonces lo vi claro: los hombres grises me han hecho creer que tienen secuestrados a mis hijos y que tengo que pagar un rescate por ellos (la hipoteca). Agobiado, he acabado trabajando a todas horas para intentar pagar ese rescate, sin parar apenas a comer y descansar y, lo que es más importante, a jugar con mis hijos.

(Publicado en el diario HOY el 7/4/2014)

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Sobre héroes y tumbas
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El Zurdo | 31-03-2014 | 17:59| 0

Adolfo Suárez hace más de un decenio que era contado con los muertos, era un muerto en vida o una vida muerta, un desmemoriado que ha tenido que morir para que resucitará su memoria. Ahora todos se mueren por sus huesos, hasta los que en 1980 le echaban el muerto de todo. No hay como espicharla para pasar de villano a héroe. Otros vendrán que bueno te harán. Suárez ahora es puesto como ejemplo de político pluscuamperfecto, como espejo en el que debería mirarse la secreta secta de los ciegos que nos mangonea, secta en la que el tuerto es el rey. Sin embargo, en su último mandato fue acosado hasta el derribo por propios y extraños de esa secta, incluidos el tuerto y, ay, Felipe de mi vida, el revoltoso seductor que primero enterró el marxismo, luego el Gobierno de Adolfo y la UCD y, por último, el socialismo. Pero ni el expresidente era Abaddón el exterminador antes ni un santo varón ahora. Al final de su mandato, España no veía el final del túnel, veía el futuro más negro si cabe que con Zapatero, otro muñeco del pimpampum que, a diestro y siniestro, recibió una somanta de palos de ciego en el ocaso de su desgobierno.

Cuando al Maquiavelo de León travestido de bambi le llegue la hora suprema, acuérdense, será recordado como el gran impulsor de los derechos civiles (como el matrimonio homosexual y el aborto libre) y la alianza de civilizaciones, y no por su miopía económica progresiva ni por bajarse los pantalones para recibir el palmetazo de frau Merkel ni por poner en marcha el martillo pilón con el que su sucesor está demoliendo los pilares del Estado del bienestar. Y Rajoy no pasará a la historia por su demoledora actuación, sino por lograr que la economía española tocase suelo y se arrastrase por él a la manera japonesa. Y seguramente Felipe –venerado ahora hasta por algunos de quienes le hacían los coros a Aznar cuando le espetaba aquello de: «Váyase, señor, González»– será rememorado por dejar España que no la conoce ni la madre que la parió, en vez de por ser la supuesta incógnita sin despejar de la ecuación de los GAL. Y Josemari quizá tendrá su panteón en la memoria colectiva por poner los cimientos y los ladrillos sobre los que se levantó el soberbio edificio España hasta rascar el cielo antes de derrumbarse, en lugar de por la foto de las Azores y la infamia del 11M.

En definitiva, hayan hecho lo que hayan hecho, nuestros presidentes serán honrados como héroes al pie de sus tumbas, mientras nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto, y menos aún de esos ya más de once millones de personas excluidas de la sociedad que sobreviven en nuestro país, un 60% más que antes de la crisis, según Cáritas, y que son invisibles para el tesorero del reino, don Cristobita, y demás lazarillos de la secta de los ciegos.

Según la oenegé católica, solo una «estricta minoría», uno de cada tres españoles, no pasa apuros. Y no hay democracia real si la mayoría no vive con dignidad, porque no es libre quien es esclavo de su estómago. Es necesaria una segunda Transición. En el alborear de la primera, el 9 de junio de 1976, en un discurso ante las Cortes previo a su elección como presidente, Suárez citó unos versos de Antonio Machado que considero bien traídos al momento actual: «Está el hoy abierto al mañana / mañana al infinito / Hombres de España: / Ni el pasado ha muerto / Ni está el mañana ni el ayer escrito».

(Publicado en el diario HOY el 30/3/2014)

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Edificio España
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El Zurdo | 24-03-2014 | 17:40| 0

Sigue la liquidación de España. Política y económica. La secesión de Crimea ha dado bríos al virrey Artur, que sigue afilando su Excalibur presto a cortar de un tajo la piel de toro y a arrancarle la cornucopia. Entretanto, la nación de naciones sigue de rebajas, para mal de muchos y bien de pocos. Proliferan los saldos, tras el desplome de precios causado por la crisis. España atisba el futuro con ojos japoneses y se vende a los chinos. Valga como paradigma la compra al Banco Santander del emblemático y madrileño Edificio España por el hombre más rico de China, Wang Jianlin, un milmillonario de película que ha hecho fortuna con el ladrillo y el celuloide. Wang pasó hambre de niño durante la Revolución Cultural de Mao, se alistó en el Ejército a los 16 años y a los 32 decidió hacer negocios sin dejar el Partido Comunista. Por eso, ejemplifica a la perfección la evolución de China desde el maoísmo al capitalismo de Estado, sistema que los plutócratas, disfrazados de tecnócratas, está imponiendo, a hambre y dinero, en todo el ‘mundo libre’.

De hecho, a riesgo de que me llamen ‘conspiranoico’, no me parece casual que la adquisición del Edificio España se haya cerrado justo después de que el PP derogara la justicia universal, que, entre otros casos, permitió a un juez español dictar una orden de captura contra dirigentes chinos, incluido el expresidente Jiang Zemin, acusados de tortura y genocidio contra el pueblo tibetano.

Por su parte, el Edificio España simboliza mejor que nada la metamorfosis de la economía nacional desde el desarrollismo neofranquista de los 60 y 70 (otra versión del capitalismo de Estado) hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Durante esa larga marcha, España caminó a paso de gigante pero sobre pies de ladrillo, pisando la siempre inestable arena de la playa y bajo un sol de justicia que nos hizo ver espejismos. Así el país dio un gran salto. Mas cuanto mayor es la subida, más dura es la caída. Y el batacazo ha sido de aúpa. El Edificio España, que llegó a ser el más alto de Europa, es una metáfora de ese ascenso y caída. Este rascacielos, que se finalizó en 1953, albergaba hasta 2006 el hotel Crowne Plaza, un centro comercial, apartamentos, viviendas y oficinas. Un año antes fue vendido por la inmobiliaria Metrovacesa al Santander. Ahora está vacío. Sólo conserva intacta su imponente fachada y el vestíbulo, ya que el resto se reformó durante la rehabilitación que se inició en 2007, cuando la bonanza tocaba techo. La obra es mostrada por Víctor Moreno en su documental ‘Edificio España’. El director cuenta que cuando entró a grabar se encontró con algo parecido a los restos de un naufragio, «era como si la gente hubiera huido tras una catástrofe nuclear». Luego conoció a los trabajadores. «Procedían de decenas de países distintos: era una Torre de Babel llena de fraternidad en un momento en que todavía no había llegado la crisis a nuestro país». Tres años después, en 2010, la situación económica había dado un vuelco: los obreros inmigrantes habían regresado a su tierra y, según la OCDE, los más desfavorecidos habían perdido un tercio de sus ingresos y los más pudientes apenas habían visto mermadas sus arcas. Moreno descubre así que sus imágenes «no solo hablan del edificio, sino que testimonian un momento crucial de nuestra historia reciente».

El filme acaba de estrenarse, con 15 meses de retraso, pues fue vetado por el Santander porque podía «afectar a sus operaciones comerciales». La presión popular llevó al todopoderoso Botín a rectificar. Otra metáfora de lo que la ciudadanía puede lograr si marcha unida por su dignidad.

(Publicado en el diario HOY el 23/3/2014)

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Cuentos
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El Zurdo | 18-03-2014 | 18:07| 0

“Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños”, canta Celtas Cortos. Y sí, niños y adultos necesitamos de las fábulas como el comer. Los cuentos tienen un poder sanador que la psicología ha convertido en terapia para tratar problemas emocionales y mejorar la salud mental de pequeños y mayores, como se cuenta en el último número del suplemento ‘Salud’ del diario HOY. Para la psicóloga y cuentoterapeuta María Valgo, los cuentos actúan en el mismo nivel que los sueños: “Cuando eres adulto es difícil modificar tus creencias, reconocer problemas y cambiar de actitud. El cuento realiza ese proceso en tu subconsciente”.

Conscientes de ello, los políticos también utilizan de forma espuria los cuentos para comernos el coco. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es un gran cuentista, un artero ‘gatopardo’ especialista en cambiar algo para que todo siga igual. El nuevo primer ministro italiano, el izquierdista Matteo Renzi, apunta maneras de vendedor de teletienda y puede que como embaucador supere al mismísimo Silvio Berlusconi, un gran bufón que con sus cuentos inmorales se metió a la plebe en el bolsillo, siendo quien más ha ocupado la presidencia del Consejo de Ministros de Italia, todo un logro en un país donde gobierno es sinónimo de casa de putas.

En España hemos tenido grandes cuentistas como Adolfo Suárez y Felipe González. Y no les digo por la dehesa, donde gobierna un barón rampante de roja faz pero sangre azul, diestro en manejar la izquierda, que empezó de apagafuegos, dio el gran salto como pirotécnico y está haciendo un negocio redondo vendiendo humo. Lo cierto es que este nuevo Mago de Oz es digno heredero de aquel otro ilusionista que se jactaba de romper cristales y ser más guerrista que Guerra, el que cocinaba los platos que servía Felipe González en bandeja de plata. Nuestro barón rojo también cuenta con un chef de primera, con el mismo talento para darnos gato por liebre que el cocinero del arzobispo del cuento de Juan Valera, ése que hacía pasar por un potaje de garbanzos y habichuelas lo que en realidad era un potaje de albondiguitas menudas hechas de jamón y pechugas de pollo, más riñoncitos de aves y trozos de criadillas de carnero. Gracias a tal engaño, el arzobispo pasaba por hombre austero y penitente. Ya decía Nicolás Maquiavelo que un príncipe no debe tener todas las cualidades morales pero debe parecer que las tiene.

No es el caso de Rajoy, que parece lo que es. El actual inquilino de la Moncloa, al igual que su padrino y enemigo íntimo, Aznar, tiene poco arte para contar cuentos y ya no engaña ni a los suyos. A Mariano le ocurre lo que al pastorcillo protagonista del cuento ‘Pedro y lobo‘, nos ha mentido tanto que ya no le creemos ni cuando dice la verdad. Y la verdad es que la economía se está recuperando, pero a paso de cangrejo. Por eso, el 56% de los españoles cree que en su próximo trabajo ganará menos, un 48% piensa que tendrá que trabajar más horas por el mismo sueldo, y un 50% prevé que sus condiciones laborales en cuanto a vacaciones, prestaciones o seguro médico empeorarán, según el informe ‘Hacia la recuperación de la demanda interna: el empleo’, impulsado por la compañía de seguros Genworth. En fin, las vidas de la mayoría de los ciudadanos son historias para no dormir. Lo demás son cuentos.

(Publicado en el diario HOY el 16/3/2014)

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La revolución de las mujeres
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El Zurdo | 10-03-2014 | 18:23| 1

El sábado se celebró el Día de la Mujer. Una mala señal. ¿Acaso hay un Día del Hombre? No, porque no necesita reivindicarse. Si es necesario dedicar un día a la mujer significa que la igualdad de oportunidades entre ambos sexos aún no es una realidad ni siquiera en el primer mundo. En éste, la mujer no es tratada como una esclava o una mercancía, como en la India y muchos países del tercer mundo, pero sí parte siempre con desventaja frente al hombre; llegar donde llega él siempre le cuesta más.

España no es una excepción. Las mujeres «no disfrutan de las mismas oportunidades profesionales y siguen estando subrepresentadas en importantes ámbitos y sectores». Pese a que son más de la mitad de las personas con estudios universitarios, ocupan un 30% de los puestos de dirección de las empresas y sólo representan el 16,6% de los consejos de administración de las compañías cotizadas. Lo dice la directora general del Instituto de la Mujer, Carmen Plaza. Asimismo, según Plaza, cobran de media un 16,3% menos que los hombres. Y su jornada laboral es más larga, pues dedican dos horas diarias más al cuidado del hogar y la familia que los varones. Para más inri, son carne de precariedad laboral: el porcentaje de contratadas a tiempo parcial o de forma temporal es muy superior al de contratados. Y la reforma laboral del PP ha agravado esa situación. Con todo, la tasa de paro femenina (26,9%) es aún superior a la masculina (25,3%), según la última EPA.

La crisis y las políticas de austeridad (principal anticonceptivo de país, pues no pone fácil ser madre, lo que se contradice con la ultramontana reforma de la ley del aborto) explican que la pobreza tenga rostro de madre soltera y que se haya recrudecido la llamada violencia económica. Es decir, las mujeres afectadas por la reforma laboral, los recortes en las ayudas a la natalidad, a la dependencia o a la conciliación de la vida familiar y laboral, así como por los despidos, sobre todo en la administración pública (donde han sido las principales víctimas), han vuelto a depender de sus maridos. Esa dependencia económica ha forzado a muchas víctimas de violencia machista a no denunciar a sus maltratadores. De hecho, las denuncias han disminuido casi un 10% en los últimos cinco años, según el Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género del Consejo General del Poder Judicial, que, no obstante, alerta de una «bolsa oculta de maltrato».

El hombre que discrimina, maltrata o mata a la mujer desprecia la vida, porque una mujer le dio la vida. De hecho, Eva, la primera mujer para el Génesis, significa en hebreo «dadora de vida». Pero a la mujer debemos además el conocimiento, según también el Génesis. Eva incitó a Adán a comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, pecado original por el que Dios los expulsó del edén. El primer libro de la Biblia, escrito seguramente por hombres, nos presenta así a la mujer como la culpable de todos nuestros males. En realidad, nos hizo un gran favor: gracias a la mujer, el hombre logró la libertad y el conocimiento, aunque ello le supuso ser arrojado fuera de ese Matrix primigenio que era el paraíso, donde era un esclavo feliz en su ignorancia. Eva, por tanto, fue la primera rebelde y puso en marcha una revolución que, de forma paulatina y silente, aunque con un alto coste en víctimas femeninas, es la que más ha contribuido a mejorar este mundo de machitos.

(Publicado en el diario HOY el 9/3/2014)

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Quiero ser Forrest Gump
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El Zurdo | 21-03-2014 | 17:19| 0

La que armó Jordi Évole con su falso documental sobre el golpe del 23-F. Pero esa farsa no tiene parangón con la que montó Rajoy en el debate sobre el estado de la nación. Esa sí que es para cabrearse. Évole, al menos, nos reveló al final que todo fue una mistificación, pero el gallego y sus voceros insisten en hacernos comulgar con ruedas de molino. ¡Que ha acabado la crisis! Vaya golpe el suyo, señor presidente. ¿Pero en qué país vive?, como le espetó otro que tal baila, el ‘socialisto’ de Rubalcaba, cuya credibilidad también es nula, pues, atrapado por su pasado, su «donde dije digo, digo Diego» ya no cuela. Por eso me importa un bledo quién ganó esa astracanada de duelo dialéctico. Me importa quién nos engañó más. Y ahí se lleva la palma don Mariano porque los datos son tozudos y le desmienten.

Rajoy y sus enchufados, los que se tomaron la dulce pastillita azul, viven aletargados en una realidad virtual, en Matrix. Pero yo tengo la desgracia de que mis padres me hicieron tragar al nacer la amarga píldora roja que me abrió los ojos y la conciencia. Y cuando moría el niño y se gestaba el hombre, en mala hora se cruzó en mi camino un quijote, don José María Otero, maestro de escuela y de vida, que me despertó la pasión por la lectura y la literatura. Atraído por su canto de sirena atravesé el deformante espejo catódico e inicié la persecución del conejo blanco. Y en esas sigo, pues aún no lo he alcanzado, lo que me causa no poca frustración, pero, como soy de natural testarudo, no cejo en el empeño. Mas esa terquedad me ha enemistado con alguna que otra reina de corazones que ha pedido mi cabeza.

Cuando se paría el hombre di en el instituto con un sombrerero loco, don José Luis Díez, que me descubrió la filosofía. Por su culpa pienso, luego existo, y no ceso de dudar de todo y de hacerme las preguntas de siempre sin encontrar nunca las respuestas definitivas.

Cuando empecé a dar mis primeros pasos como hombre me dio posada el gato de Cheshire, don Manuel de Unciti, quien me desenchufó de la corriente y me convirtió en una mosca cojonera, un cascahuevos, que diría el amigo Antonio Barquilla, preceptor de periodistas.

Perdone, don Mariano, todos ellos y algunas otras malas compañías son culpables de que sea tan quejica y siempre ande buscándole tres pies al gato. ¡Ay, mísero de mí, ay, infelice! Me gustaría ser como Forrest Gump: un idiota. Idiota tanto en el sentido actual del término (tonto) como en el etimólogico, el que le daban los antiguos griegos (un ciudadano egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos, sino solo de los propios). Forrest Gump era idiota pero feliz; él iba a lo suyo y corriendo hacia adelante, sin mirar atrás y sin rumbo definido, llegó lejos e incluso logró el reconocimiento de la gente, sin ser consciente de ello. En cambio, su amada es una infeliz atormentada por sus dudas existenciales que se pasa la vida dando tumbos, de unos brazos a otros, de paraíso artificial en paraíso artificial, en busca de una felicidad que solo encontrará efímeramente en compañía de Forrest, que de tonto, es bueno.

Conclusión: para ser felices sean tontos o háganse los tontos. Eso o, siguiendo al poeta Charles Baudelaire, embriáguense «para no ser los esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriáguense, embriáguense sin cesar! De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca». No quiero dar más la murga, pero si eres abstemio, chungo: ¡O-G-T!

(Publicado en el diario HOY el 2/3/2014)

 

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El dilema siberiano
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El Zurdo | 24-02-2014 | 19:03| 0

Venezuela y Ucrania, como Egipto y otros países árabes, se encuentran ante “el dilema siberiano”, expresión de los militares rusos que popularizó Martin Cruz Smith en el ‘bestseller’ ‘Gorky Park’. El dilema siberiano es la elección entre dos formas de morir congelado. Si se rompe el hielo y te caes al agua helada, morirás si no te sacan en cuatro minutos, pero si te sacan morirás igualmente en dos minutos a causa del aire helado. En definitiva, el dilema siberiano es elegir entre Guatemala y Guatepeor. Y en esas se encuentran venezolanos, ucranianos y egipcios, o lo que es lo mismo, entre la espada y la pared.

Los venezolanos solo pueden elegir entre el chavismo y una fragmentada oposición a sueldo de los viejos oligarcas corruptos. Dos formas de autoritarismo y de cleptocracia, al fin y al cabo, maquilladas de demócratas, aunque por democracia entiendan cosas bien distintas.

Por su parte, los ucranianos se debaten entre un gobierno hijo de Putin y una también variopinta y dividida oposición a la que sólo une su aparente europeísmo y, como en Venezuela, un odio visceral al oficialismo.

En el caso de Egipto, la ciudadanía ha sido abocada a elegir entre la teocracia de los Hermanos Musulmanes y un nuevo salvapatria, el mariscal El Sisi, una versión actualizada con facha democrática del caudillo Mubarak.

En el mismo dilema siberiano también se hallan esos inmigrantes forzados a elegir entre morirse de hambre en su casa o jugarse la vida por llegar al supuesto paraíso europeo, donde, si al final llegan, probablemente pasen igual o más hambre.

No muy distinto es el dilema al que hemos sido empujados los españoles. Aunque hay otras alternativas, nos han comido la cabeza de que solo hay dos útiles, que, en realidad, son dos derechas, una disfrazada de rojo y la otra de azul, dos formas de caciquismo que han creado una baja nobleza política, pobre de cuna y lecturas y rica en sinecuras, sin oficio pero con beneficio. De esa clase es la sultana andalusí y el rival que le ha elegido a dedazo el padrino de la Moncloa. Y tal es el beneficio de algunos de estos hidalgos, como el senador Granados, que les ha abierto las puertas del paraíso suizo. Porque los suizos, como los españoles, no son racistas, son clasistas. No tienen en cuenta el color de la piel, sino el del dinero. Con este visado, el moro se convierte en árabe, el negro en bwana, el sudaca en amigo americano, el chino en oriental, el rumano en europeo… El dinero no conoce fronteras ni concertinas ni pelotas de goma, siempre es bienvenido, con indiferencia de su origen.

Hay un término rioplantense que retrata bien a esos especímenes que viven del cuento e invaden nuestra política y nuestra burocracia, pero también nuestra economía, nuestros medios de comunicación y hasta nuestro fútbol: “falluto”. Según la definición de Mario Benedetti, “el falluto no es sólo el hipócrita. Es más y menos que eso. Es el tipo que falla en su suministro y en la recepción de la confianza, el individuo en quien no se puede confiar, ni creer, porque –casi sin proponérselo, por simple matiz de carácter– dice una cosa y hace otra, adula aunque carezca de móvil inmediato, miente aunque no sea necesario, aparenta –solo por deporte– algo que no es”.

(Publicado en el diario HOY el 23/2/2014)

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Resignados y cómplices
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El Zurdo | 17-02-2014 | 19:23| 0

Sorprende tanta calma chicha en un país con casi seis millones de parados. Con la que está cayendo, no ha habido ninguna insurrección masiva, solo conatos, como el 15M o Gamonal. Al final, la mayoría silenciosa que sostiene al Gobierno siempre acaba por imponerse.

Síntoma de esta indolencia popular es que las manifestaciones contra los manostijeras que nos mangonean no congregan a más de un puñado de ciudadanos. Para botón de muestra valga la concentración ante el ayuntamiento de Badajoz de hace una semana para urgir a la Junta a pagar la renta básica. Esta ayuda para extremeños sin ingresos (otro de esos negocios propagandísticos redondos a los que acostumbra el barón rojo) ha sido solicitada desde agosto por 5.000 pacenses, pero sólo se ha concedido a 50 y pagado a ocho, según la oposición. Sin embargo, apenas hubo un centenar de manifestantes. Ese escaso poder de convocatoria y eco explica, que no justifica, que una veintena de activistas del Campamento Dignidad de Mérida irrumpieran el pasado martes en el centro de TVE en Extremadura e interrumpieran el informativo para reclamar dicho pago. Fue un acto desesperado para llamar la atención sobre la desesperada situación de miles de familias extremeñas, el pataleo reflejo de alguien al que aprietan y ya ahogan. “Bandear la política espectáculo es legítima defensa del ciudadano”, dice el ensayista Paolo Flores d’Arcais. No obstante, erran el tiro quienes matan al mensajero. “Un ciudadano oprimido tiene sólo un medio para defenderse […], la prensa”, como consideraba el liberal francés Alexis de Tocqueville.

La misma hambrienta desesperación llevó a cientos de inmigrantes a tratar de cruzar el estrecho de Gibraltar a nado aun a riesgo de morir en el intento víctima de los elementos atmosféricos o antidisturbios. Empero, solo los pocos de siempre salieron a la calle a expresar su repulsa por la muerte de una quincena de subsaharianos recibidos a pelotazo de goma limpio por la Guardia Civil en la orilla de Ceuta. Todo por la patria, incluso la omisión de socorro. El Gobierno intentó, primero, ocultar y, luego, maquillar tal oprobio. Mintió, una vez más. “Solo la verdad es democrática”, subraya Flores d’Arcais, porque el político que miente (o el periodista a su servicio) nos hurta a los ciudadanos soberanía y nos trata como “un enemigo potencial”. Y mentir también es hacer política marketing o espectáculo.

Lo de Ceuta no nos diferencia de esa corta mayoría de suizos que ha votado en referéndum restringir la entrada de trabajadores europeos a propuesta de la Unión Democrática de Centro, partido que miente desde el nombre, pues tiene tanto de democrático y de centro como Le Pen. Lo fácil es ver en el extranjero la causa de todos nuestros males, cuando es tan víctima o más que nosotros. Siempre hay arteros demagogos que aprovechan ese prejuicio y miedo y agitan el odio al enemigo foráneo para pescar votos entre la masa amorfa embrutecida por la telebasura, esa mayoría silenciosa acrítica y resignada. Eso es lo peor, la resignación, como se queja Santomé, el protagonista de ‘La tregua’, de Mario Benedetti: “Los rebeldes han pasado a ser semi-rebeldes, los semi-rebeldes a resignados”. El sentir general es: “No se puede hacer nada”. Pero, como concluye Santomé, “en el principio fue la resignación; después, el abandono del escrúpulo; más tarde, la coparticipación”. El resignado es cómplice de los abusos y falacias del poder.

(Publicado en el diario HOY el 16/2/2014)

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