Hoy

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Vieja y nueva socialdemocracia
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El Zurdo | 13-06-2016 | 16:57| 0

El camaleónico Pablo Iglesias se ha travestido de socialdemócrata en su afán por dar el ‘sorpasso’ al PSOE, lo que, a tenor de las encuestas, es ya una realidad. Es más, Iglesias se ha erigido en el líder de la nueva socialdemocracia frente a la vieja que, dice, representa el Partido Socialista. Sin embargo, es al revés. El PSOE encarna la nueva, la que ha claudicado ante el pensamiento único neoliberal, y Podemos reivindica los tradicionales postulados socialdemócratas con los que se construyó el Estado de bienestar. Mas no es lo mismo predicar que dar trigo y está por ver si, en caso de alcanzar el poder, Podemos no recae en los viejos vicios de la nueva socialdemocracia, como Syriza, el espejo griego en el que se mira.

Según el CIS, la mayoría del electorado se declara de izquierdas (el 39,7%), frente al 24,3% que se dice de derechas, el 19,7% que se ubica en el centro y un 16,3% que no se coloca en ninguna posición ideológica (no sabe o no contesta). El PSOE se arroga la genuina representación del centroizquierda, pero el electorado cree que es más bien de centro (el 55,1%, mientras que sólo el 18,5% lo sitúa en la izquierda).

La transversalidad no es un invento de Errejón. Todos los partidos, en menor o mayor grado, aspiran a ella, a pescar votos a diestra y siniestra y especialmente en el centro, pues se entiende que son los que dan la victoria en las urnas. Pero de tanto mirar al centro, Podemos estaba perdiendo apoyos por la izquierda –de ahí su alianza con IU– sin ganar demasiados por el medio, donde tiene más competencia, al PSOE y Ciudadanos. De hecho, dos de cada tres españoles consideran a Podemos de izquierdas.

Timoneado por Felipe González, el PSOE hace décadas que emprendió el viaje al centro, pero tanto se ha centrado que se ha alejado de la izquierda, como toda la socialdemocracia europea. Esta, a finales de los 90, de la mano de Blair, Schroeder y compañía tomó la calle de en medio para contrarrestar la contrarrevolución neoliberal impulsada por Thatcher y Reagan en los 80. Esa tercera vía fue una claudicación ante el neoliberalismo hoy imperante en Bruselas y Berlín. La vieja socialdemocracia europea mutó así en socialiberalismo, un vano intento de darle un rostro humanoide al capitalismo.

El PSOE sólo amagó con virar de nuevo a babor durante el primer mandato de Zapatero. En el segundo, llegó Merkel con las rebajas y dio a ZP una bofetada de realidad que le volvió la cara del revés. No es extraño, por tanto, que el PSOE se sienta más cómodo pactando con C’s e incluso con el PP, como ha hecho Vara en Extremadura, que con Podemos. El presidente de la Junta, como en su día Bono en Castilla-La Mancha, tiene todas las cualidades para ser un excelente candidato popular. Por algo inició su carrera política en AP. Quien tuvo retuvo. Lo mismo que Monago lo tenía todo para ser el digno heredero de Ibarra. Si Vara es el hijo político del padrino del socialismo extremeño, Monago es su bastardo no reconocido.

La favorita de Vara para ocupar la silla de Pedro Sánchez, Susana Díaz, reúne lo mejor de las dos grandes corrientes del socialismo patrio: es guerrista en las formas y felipista en el contenido; es decir, populista de palabra y pragmática de obra. ¡Anda, como el joven Pablo Iglesias!

Por consiguiente, que diría el amigo de Carlos Slim, Podemos amenaza la hegemonía socialista en la izquierda porque hace tiempo que el partido que fundó el viejo Pablo Iglesias dejó vacante ese espacio.

 

(Publicado en el diario HOY el 12/6/2016)

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Libertad de expresión y pobreza
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El Zurdo | 07-06-2016 | 16:57| 1

Un diputado del partido gobernante pide encarcelar a dos periodistas por revelar la verdad. ¿En Venezuela? No, en España; en concreto, en Asturias, donde el diputado regional del Partido Popular David González Medina se querelló -querella que acabó retirando por la presión social- contra el redactor de ‘El Comercio’ Marcos Moro y su entonces director, Iñigo Noriega, por publicar en 2014 que fue condenado por tráfico de drogas en 2004 y sancionado por consumo de estupefacientes en 2011. El tal González no ponía en duda la veracidad de ambas noticias, lo que denunciaba es que, para lograr la información, el diario pudo «haber accedido a ficheros o bases de datos sin acceso autorizado», aunque durante el proceso de instrucción quedó probado que no fue así. Un atentado en toda regla contra la libertad de expresión más propio de la China ‘comunista’, la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan, esa a la que la UE paga para que sea un campo de concentración de refugiados, o la Venezuela de Maduro, que el mismísimo González Medina ha criticado en las redes sociales por cómo «se las gasta con los que piensan diferente».

No es este el único ni será el último ataque a la libertad de expresión en nuestro país. Recientemente una juez abrió juicio oral contra otros dos periodistas del diario ABC a los que también imputaba un delito de revelación de secretos por publicar una información en 2014 sobre Luis Bárcenas, el extesorero del PP. El fiscal llegó a pedir prisión para ambos, pero finalmente retiró su acusación y solicitó el archivo del caso, dado que la noticia se publicó una vez se levantó el secreto de sumario.

Asimismo, dos titiriteros pasaron cinco días en prisión acusados de enaltecimiento del terrorismo por sacar en una representación una pancarta con la frase ‘Gora Alka-ETA’, colocada por un títere policía a otro personaje para incriminarle. Los titiriteros fueron víctimas justo de lo que pretendían denunciar con su obra, que el poder utiliza el espantajo del terrorismo como pretexto para sofocar cualquier disidencia.

En su último informe anual, Amnistía Internacional (AI) advierte que las libertades de expresión y reunión se han visto restringidas en España por normas como la reforma del Código Penal, que amplía la definición de los actos considerados terroristas, o la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, la llamada ‘ley mordaza’, que criminaliza las protestas. Las repercusiones de esta ley preocupan al Comité de Derechos Humanos de la ONU, al igual que los crecientes casos de malos tratos y de un uso excesivo de la fuerza por parte de la policía española contra manifestantes e inmigrantes que trataban de entrar de forma irregular en Ceuta y Melilla desde Marruecos.

Este periódico se hacía ayer eco de un artículo de ‘The Economist’ que recordaba que, como apuntó el nobel Amartya Sen, ninguna democracia con prensa libre ha sufrido jamás una hambruna. De hecho, la libertad de expresión y demás libertades públicas han sufrido un retroceso en España durante los años de crisis de forma paralela al aumento de la pobreza. Entre 2009 y 2016, el porcentaje de ciudadanos en riesgo de exclusión social creció del 20,4% al 22,1%, según Cáritas. En consecuencia, defendiendo los derechos fundamentales también se combate la pobreza y la desigualdad social. Y viceversa.

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‘Venenozuela’
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El Zurdo | 30-05-2016 | 16:49| 0

La campaña electoral española se ha trasladado a Venezuela. Su crisis política y económica es un arma arrojadiza contra Unidos Podemos. Las amistades peligrosas del politburó podemita con el régimen chavista son utilizadas ‘ad nauseam’ por PP, PSOE y Ciudadanos para amedrentar al electorado biempensante. ¡Cuidado, que vienen los populistas!, advierten de forma goebbeliana.

Lo paradójico es que para frenar el «populismo que quiere destruirlo todo» echan mano de técnicas populistas como el venenoso mensaje del miedo. El más descarado ha sido el líder naranjito, quien a su regreso de Caracas, donde ha estado dos días haciendo campaña, lágrimas incluidas, clamó: «Lo que yo he visto en Venezuela no lo quiero para mi país», algo «incluso peor que una dictadura», «una tiranía arbitraria». El Gobierno ha reprochado a Rivera de acordarse de Venezuela solo en periodo electoral, mientras, a menos de un mes del 26J, se ha apresurado a elevar la crisis venezolana a la categoría de riesgo para la seguridad nacional.

En realidad, Venezuela está en la agenda política española desde que Podemos entró en liza y amenaza el bipartidismo reinante. Pablo Iglesias, Monedero y compañía han contribuido a ello por su pasado como asesores chavistas, por la aireada sospecha de que Caracas los financió y por no marcar distancias claramente con el régimen de Maduro. Bien harían en ello para despejar dudas, pues dicho régimen no es un buen espejo en el que mirarse.

Sin embargo, Hugo Chávez fue el fruto prohibido de un sistema corrupto en el que dos partidos, el democristiano Copei y la socialdemócrata Acción Democrática (AD), se turnaron en el poder durante cuatro décadas sin sacar de la pobreza a la mayoría de la población de un país que flota sobre petróleo y que, por ello, queda al albur de su precio. Es la maldición del oro negro. Eligiendo a Chávez, los venezolanos se limitaron, al final, a cambiar de ladrones. La democracia degeneró en una oligarquía bajo el turnismo de Copei y AD y en una demagogia bajo el régimen chavista.

La alternativa al chavismo tampoco invita a la esperanza, pues es una amalgama de partidos que van desde la izquierda radical a la derecha más rancia, antaño enemigos y hogaño unidos por una única causa: su antichavismo. Si desbancan al «loco como una cabra» de Maduro, una caricatura de Chávez, la pelea de gallos está servida.

El gallo opositor que más despunta es Leopoldo López. Maduro lo está llevando en volandas a la presidencia. Desde que lo metió en prisión, acusándolo de golpista e instigador de las manifestaciones de febrero de 2014 no autorizadas por las autoridades, en las que hubo 43 muertos, López no deja de ganar adeptos. Lleva el mismo camino que Chávez, cuya carrera hasta el Palacio de Miraflores se inició en 1992 con un fracasado golpe de Estado por el que fue encarcelado. Ese fracaso fue el principio de su éxito; lo convirtió en un mártir, un salvador para la mayoría pobre y, tras ser liberado, ganó las elecciones en 1998.

El Ejecutivo de Rajoy ha hecho suya la causa de López, porque eso de encerrar a los opositores no es democrático. Mas no utiliza el mismo rasero con teocracias como la saudí, a la que vende armas que emplea para cometer crímenes de guerra en Yemen, amén de esclavizar a las mujeres y ejecutar a los disidentes. Es lo que tiene la diplomacia, disfraz de la hipocresía política.

(Publicado en el diario HOY el 29/5/2016)

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Regreso al futuro
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El Zurdo | 25-05-2016 | 16:30| 1

El trabajo «fijo y seguro» es «un concepto del siglo XIX», ya que en el futuro habrá que «ganárselo todos los días», profetizó el presidente de la CEOE, Juan Rosell, el lunes. Solo le faltó añadir: «con el sudor de tu frente». Amén.

Mas, no, señor Rosell, lo que es un «concepto del siglo XIX» es la precariedad laboral, que tiene, sobre todo, rostro de mujer joven y se extiende como la mala hierba por esta burbujeante España de pladur y sol y playa abonada por la reforma laboral «extremadamente agresiva» perpetrada por el Ejecutivo de Rajoy que permite despedir a precio de saldo y rebajar salarios con ganancias. La semilla del diablo la sembró el desgobierno de Zapatero en sus estertores, coaccionado por la mano invisible del libérrimo mercado y la mano bien visible de la canciller de hierro germana.

La reforma laboral de marras ha sido como echar gasolina a un bosque en llamas. El infernal balance es para abandonar toda esperanza. La tasa de paro aún supera el 20%. Casi la mitad de los jóvenes no tiene oficio ni beneficio. España es el país de la UE con el segundo mayor índice de desempleados de larga duración (los que llevan más de un año sin trabajo): 11,4%, casi siete veces más que en 2007 y más del doble de la media comunitaria. Pero es que más de 1,4 millones de españoles llevan más de tres años de brazos caídos. Por ende, solo el 54,7% de los parados cobran alguna ayuda. En 2010 eran el 75%. Y el trabajo que se crea es precario: más de 1,5 millones de curritos están subempleados, es decir, el 54% de los contratados a tiempo parcial quieren trabajar más horas pero no pueden por falta de oportunidades. Es el tercer mayor porcentaje de subempleo de la UE, muy por encima de la media europea (22,4%). Para más inri, uno de cada cuatro trabajadores es temporal y solo uno de cada 20 contratos nuevos es fijo.

Para el patrón de patrones la culpa de la precariedad laboral es de los insolidarios trabajadores fijos, porque rehúsan ceder parte de sus privilegios a los temporales. Lo dejó caer en enero de 2014 cuando dijo: «Ojalá convenciéramos a los indefinidos para bajar ciertos derechos y dárselos a los temporales». Ya saben aquello de divide y vencerás.

En noviembre de 2013 apuntó su dedo acusador hacia los parados pontificando que la crisis acabaría cuando tengan un puesto de trabajo y «lo quieran y también luchen para tenerlo». Insinuó así que son unos parásitos que no se esfuerzan lo suficiente en buscar empleo por estar sobreprotegidos por papá Estado.

No, señor Rosell, la culpa del elevado paro estructural de este país es su modelo económico, sustentado en pilares de ladrillo levantados sobre arena de playa. Un modelo desarrollista que genera un empleo estacional y de baja cualificación que se destruye con la misma facilidad que se crea en cuanto explotan las burbujas que infla, amén de cebar la cultura del pelotazo y la corrupción. Por eso, sí coincido con usted, señor Rosell, en que España «corre peligro de perder el tren de la revolución digital», como ya perdió otros trenes, si no invierte más en I+D en vez de cicatear como ha hecho el Gabinete del doctor Rajoy.

El futuro que, cual Bruja Avería, el señor Rosell ve en su bola de cristal es ya nuestro presente, que es un regreso al pasado decimonónico retratado por Charles Dickens en ‘Tiempos difíciles’. A este paso de cangrejo retornaremos al feudalismo. Pero para el señor Rosell y los que representa no será suficiente; nunca es suficiente.

(Publicado en el diario HOY el 22/5/2016)

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Del 15M al 26J
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El Zurdo | 18-05-2016 | 17:51| 0

«En política, dos más dos no son siempre cuatro», habrán oído o leído hasta la hartura a propósito de la confluencia entre Podemos e IU. En efecto, la política no es matemática y, a tenor del último barómetro del CIS y otras encuestas, esa alianza causa rechazo en una pequeña parte de los votantes de Podemos y más entre los de IU, que temen ser engullidos por el Saturno morado y recelan de Pablo Iglesias, quien, por algo, es el segundo de los grandes líderes políticos peor valorado por los españoles –solo Rajoy provoca más animadversión–, mientras que Alberto Garzón recibe la mejor calificación. Para despertar más confianza, quizás Iglesias debería leer menos ‘El Príncipe’ de Maquiavelo y más la ‘Crítica de la razón práctica’ de Kant. Y, para no pecar de confiado, al bueno de Garzón no le vendría mal releer ‘Las amistades peligrosas’.

No obstante, esta unión puede tener un efecto multiplicador para ambas formaciones en el reparto de escaños y, por primera vez, la izquierda a la izquierda del PSOE puede dar el ‘sorpasso’ a los socialistas. Y no solo eso, puede dejarle al PP con menos de un tercio de los asientos en el Congreso (117), la minoría necesaria para bloquear cualquier reforma constitucional. Sin embargo, los populares también pueden vetarla en el Senado, donde gozan de mayoría absoluta. De ahí que Iglesias ofreciera al PSOE presentar listas electorales conjuntas a la Cámara Alta, pues era la única forma de superar al PP. Sin embargo, los socialistas han rehusado la envenenada oferta del candidato de Podemos, cuyo abrazo del oso temen más que los críticos de IU.

Con todo, está por ver que el escenario que salga de las urnas el 26J sea un calco del surgido el 20D. El PSOE se encontrará en la misma encrucijada, pero en una posición más débil. De nuevo tendrá que elegir entre tomar el camino de la derecha o el de la izquierda. Los dos a la vez ya ha comprobado que es imposible. El ruido de sables que se oye entre los barones es un presagio de que están esperando que Pedro Sánchez se dé el costalazo para, cual César, apuñalarlo y encumbrar a Susana Díaz. Y la sultana andalusí, que se mira en el espejo divergente del primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, ha dado ya muestras de tener poca mano izquierda y manejarse mejor con la derecha. Por ende, si, como vaticinan los sondeos, el PP gana las elecciones, no descarten que, esta vez sí, el PSOE dé su apoyo por activa o por pasiva a un gobierno popular.

Se consumaría así el triunfo en España de lo que el filósofo Santiago Alba Rico llama «la revolución negra». Esta, explica, es «fruto de la revolución democrática fallida de 2011 que empezó en el mundo árabe, cruzó como una metástasis saludable a España (vía el movimiento 15M, del que el domingo se cumplieron cinco años) y a Europa, llegó hasta Wall Street; pero aquella revolución fue derrotada y lo que tenemos ahora es una revolución negra». Una revolución que, según el filósofo, en Europa «tiene una vertiente económica ultraliberal, que ha desmantelado el estado del bienestar, los servicios sociales, etc., y una vertiente política que es propopulista, neofascista, protofascista».

Fracasada la revolución política, quizá no nos quede más que hacer la revolución poética, como propone el artista chileno Alejandro Jodorowsky, que cree que «la poesía salvará al mundo, es decir, la belleza, porque todos los problemas son por fealdad».

 

(Publicado en el diario HOY el 15/5/2016)

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Menos clase media, menos democracia
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El Zurdo | 09-05-2016 | 17:42| 1

La crisis ha golpeado con saña a tres millones de españoles que han pasado «de verse como clases medias participantes del progreso a sentirse vulnerables», según un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie. Hace una década, el 59% de los españoles tenían un nivel de renta medio; ahora son el 52%. En cambio, aquellos con bajos ingresos han subido del 31% al 39%. La clase alta solo ha bajado del 9,9% al 9,2%. Se confirma así que «los costes de la crisis se han repartido de forma desigual», abriendo la brecha entre ricos y pobres, como dice Francisco Goerlich, autor del trabajo, que apunta al paro y la precarización del mercado laboral como las principales causas.

La reducción de la clase media «es un riesgo para la economía y una amenaza para la democracia», avisa el economista francés Thomas Piketty. Aristóteles advierte en su ‘Política’ que «el verdadero demócrata debe velar para que el pueblo no sea demasiado pobre, pues esto es la causa de que la democracia sea mala».

Para el filósofo macedonio, la comunidad política administrada por la clase media es la mejor y pueden gobernarse bien las ciudades donde esta es numerosa y más fuerte que las otras dos clases (baja y alta), pues así, sumándose a cualquiera de ellas, inclina la balanza e impide los excesos de los partidos contrarios, «ya que donde unos poseen en demasía y otros nada vendrá o la democracia extrema o la oligarquía pura, o bien, como reacción contra ambos excesos, la tiranía». Según Aristóteles, casi todos los legisladores han cometido dos errores: conceder demasiado a los ricos y engañar a las clases inferiores. Como resultado, «la ambición de los ricos ha arruinado más Estados que la ambición de los pobres».

Nuestros legisladores y gobernantes persisten en los mismos errores. ¿La fatal consecuencia? Un aumento de las desigualdades sociales y, por ende, un deterioro de las instituciones democráticas. La crisis económica ha conllevado la crisis de la democracia.

Para justificar la desigualdad, la clase dirigente, en connivencia con ciertos medios de comunicación, ha demonizado a la clase obrera, como denuncia el británico Owen Jones. Según el autor de ‘Chavs’, se extiende la idea de que los miembros de las élites merecen estar donde están porque son más listos y trabajan más, mientras que los que están por debajo merecen estar ahí porque son estúpidos, vagos o maleantes. La pobreza y la desigualad ya no se presentan como problemas sociales sino como fracasos individuales.

Dice Aristóteles que los pobres, aun si son excluidos de las funciones públicas, no reclaman y permanecen en calma con tal de que no se les ultraje ni se les despoje de lo poco que poseen. Por eso, los obreros y parados demonizados, los expulsados del paraíso de bienestar y las clases medias temerosas de perder su estatus nutren de votos a los populismos, que se erigen en sus salvadores. El de izquierdas, como el podemita, canaliza la indignación ciudadana hacia los políticos corruptos, banqueros o evasores de impuestos. El de extrema derecha, como el que está en auge en Francia, Alemania o Reino Unido y encarna Donald Trump en EE UU, traslada la rabia de la gente contra los funcionarios, los inmigrantes, los musulmanes e incluso sus vecinos.

Para que la combinación política sea equitativa, Aristóteles considera preciso salarios para los pobres y multas para los ricos.

(Publicado en el diario HOY el 8/5/2016)

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‘Coaches’, profetas y líderes
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El Zurdo | 03-05-2016 | 19:08| 0

El 26 de junio estamos convocados de nuevo a las urnas, tras mostrarse incapaces de alcanzar un acuerdo los representantes que elegimos el 20 de diciembre. En realidad, nadie, salvo quizás Pedro Sánchez pero no todo el PSOE, tenía una voluntad sincera de pactar. En su fuero interno todos sabían que la repetición de las elecciones era inevitable porque nadie la quería evitar. En estos cuatro meses, nuestros amados ‘líderes’ se han dedicado a marear la perdiz, entablar un diálogo de sordos o un coloquio de perros, escurrir el bulto, pasarse la patata caliente, echar balones fuera, culpar al otro de todos nuestros males presentes y futuros; en fin, a hacer campaña electoral. Nuestros elegidos para la gloria, emergentes y sumergidos, han demostrado así una preocupante miopía política al no ver más allá de su ombligo.

Entretanto, el común de los mortales hemos contemplado esta riña de gatos como quien asiste al teatro a ver un sainete, a una casa de apuestas o, peor, al centro comercial en plenas rebajas. Ya lo advierte Byung-Chul Han en ‘Psicopolítica’: «Cada vez se asemejan más votar y comprar, el Estado y el mercado, el ciudadano y el consumidor». Como explica el filósofo surcoreano, el neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. «La libertad del ciudadano cede ante la pasividad del consumidor. El votante, en cuanto consumidor, no tiene un interés real por la política, por la configuración activa de la comunidad. No está capacitado para la acción política común. Solo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor ante las mercancías y los servicios que le desagradan».

Los partidos también siguen esta lógica del consumo y se degradan a proveedores que han de satisfacer a sus votantes-clientes. Según Byung-Chul Han, en última instancia no consumimos cosas sino emociones. De resultas, los partidos se han convertido en grandes proveedores de emociones. Su objetivo no es tanto apelar a la conciencia del ciudadano-consumidor como inocularse en su subconsciente y tocarle la fibra sensible. Los líderes políticos se comportan así cada vez más como ‘coaches’ o entrenadores motivacionales, una versión sofisticada de los charlatanes de feria. El mejor ejemplo de ello es Albert Rivera. A su lado, Pedro Sánchez es un mero aprendiz. Mariano Rajoy no motiva ya ni a los suyos. Y Pablo Iglesias no le va a la zaga a Rivera, aunque sus maneras son más de profeta.

Mas coincido con Slavoj Žižek en que hoy no necesitamos profetas, ni ‘coaches’, sino líderes no autoritarios. El filósofo esloveno entiende por un verdadero líder el que no da órdenes, no le dice a la gente lo que debe hacer, sino que la anima a hacer uso de la libertad, a lo que yo añado y de la inteligencia. Esta es la cualidad de saber escoger entre varias opciones.

Sin embargo, Byung-Chul Han advierte que solo tenemos elección entre ofertas que proporciona el sistema –incluida Podemos, que ha canalizado dentro del sistema la indignación prendida por el 15M–; por tanto, nuestra decisión no es libre, está limitada cuando no coaccionada. Es decir, como dice Žižek, somos esclavos, disfrutamos de pequeñas elecciones ‘libres’ pero en términos globales recibimos unas coordenadas impuestas. Para salir de ellas se necesita un verdadero líder, ese que, en palabras de Žižek, «nos confronta con el deber de hacer algo», sobre todo cuando nuestros delegados políticos no han hecho nada.

(Publicado en el diario HOY el 1/5/2016)

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El buen periodismo
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El Zurdo | 26-04-2016 | 18:12| 0

El buen periodismo no es el cuarto poder sino un contrapoder. Es el que somete a una estrecha y continua vigilancia al poder, le molesta, señala sus vergüenzas, le mete el dedo en la llaga, pisa sus callos. Ahora bien, su única arma debe ser la verdad, aunque duela, como decía mi maestro Manuel Unciti. Los medios de comunicación son libres de tener la línea editorial que crean oportuna, pero para su defensa solo deben echar mano de la verdad. El medio que obvia la verdad contraria a sus intereses o a los de sus titiriteros hace propaganda.

El buen periodista puede tener ideología, incluso carné de un partido, pero debe dejarlo en el perchero al entrar en la redacción. La relación entre el periodismo y el poder siempre ha sido de amor-odio. El poder, del color que sea, siempre pretende convertir a la prensa en su concubina y vocera. Hasta Jefferson pasó de decir que prefería periódicos sin gobierno, a gobierno sin periódicos, cuando aún era candidato a la presidencia de EE UU, a, ya instalado en la Casa Blanca, que «aquel que no lee nada de nada está mejor informado que aquel que solo lee periódicos».

Podemos y su amado líder no son una excepción. Son inquietantes algunos tics orwellianos de Pablo Iglesias. No obstante, creo exagerada la polémica generada por la ironía más maquiavélica que socrática que empleó contra un periodista de El Mundo en particular y la profesión periodística en general durante un acto universitario. Iglesias reconoció que se equivocó y pidió disculpas al periodista por personalizar en él sus críticas a «los propietarios de medios de comunicación que condicionan líneas editoriales», «porque el redactor es el eslabón débil».

En ‘Los cínicos no sirven para este oficio’, Ryszard Kapuściński divide a los periodistas en dos categorías: los siervos de la gleba y los directores, que «son nuestros patronos, los que dictan las reglas, son los reyes, deciden». Y advierte: «La mayoría de los directores y de los presidentes de las grandes cabeceras y de los grandes grupos de comunicación no son, en modo alguno, periodistas. Son grandes ejecutivos». «La situación empezó a cambiar –explica– en el momento en que el mundo comprendió, no hace mucho tiempo, que la información es un gran negocio» y «que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo». Y «cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella».

De resultas, la política se ha convertido en un espectáculo y el político en un ‘showman’. Bien lo sabe Iglesias y compañía, hábiles como nadie en la política de gestos, en emplear las emociones para optimizar la comunicación, porque, como dice el filósofo Byung-Chul Han, «la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo».

Sin embargo, más que la última salida de pata de banco de Iglesias, nos debería preocupar la ‘ley mordaza’, las ruedas de prensa a través de un plasma, al modo del Gran Hermano, la precarización laboral de los periodistas, las presiones políticas y económicas para vetar medios o el concubinato entre ciertos directores-comisarios (¿políticos?) y el poder. Estos sí son graves atentados contra la libertad de expresión y, como dice Albert Camus, «una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala».

(Publicado en el diario HOY el 24/4/2016)

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El Robin Hood de los ricos
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El Zurdo | 18-04-2016 | 21:21| 0

Mario Conde, el fénix de los chorizos de cuello blanco, ha vuelto a la cárcel ocho años después de que saliera tras cumplir ni la mitad de la pena de 20 años que se le impuso por saquear Banesto.

La encarnación de la España del pelotazo, quien enseñara el camino a los Blesa, Rato y otros pájaros de la misma ralea, se creía tan listo como para burlar a Hacienda y la Benemérita. Durante 15 años lo logró y, vía trile fiscal, este hijo de un inspector de aduanas utilizó ocho países para, presuntamente, blanquear y repatriar desde Suiza y otras cuevas de Alí Babá más de 13 millones de euros. Ese dinero, al parecer, es parte del botín que birló del banco que presidió hasta aquel, paradojas del destino, Día de los Santos Inocentes de 1993 en el que se cayó con todo el equipo y el Banco de España intervino Banesto tras destapar un agujero patrimonial que superaba los 3.600 millones. Una vez saneado con ayuda de todos –el Estado puso 600 millones–, Banesto acabó siendo engullido por los Lannister montañeses.

Hasta entonces, don Mario se había codeado con lo mejor de cada casa, incluida la real. Empresarios, periodistas y políticos de todo pelaje le habían bailado el agua. Los estudiantes de Económicas y Empresariales se habían mirado en su espejo babeantes. Hasta hubo quien vio en él la gran esperanza blanca del centro-derecha. Le sobraba el carisma del que carecía Aznar. Como el gran Gatsby, era un gran seductor y embaucador hasta el punto de ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense en un acto presidido por el mismísimo rey Juan Carlos. En ese momento de gloria tocó el cielo. Apenas seis meses después caería a los infiernos.

No obstante, no por nada don Mario fue el primero de la clase y pasó de abogado del Estado a abogado del diablo y caballero de fortuna en tiempo récord. Por ende, ya en Alcalá-Meco, no tardó en camelarse al director de la prisión, destituido en 2004 por el trato de favor dispensado a tan engominado recluso. Y tras abandonar el trullo se dedicó a vender aceite, como don Vito Corleone, y productos de belleza, amén de a escribir libros y pontificar como tertuliano en Intereconomía, despertando aún admiración en patrones rancios que veían en él un Robin Hood de los ricos. Asimismo, pese a ser el segundo mayor moroso de Hacienda y haber devuelto las raspas de lo que robó, seguía viviendo a todo tren. Y es que don Mario, con dinero y sin dinero, hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley; no tiene trono ni reina, ni nadie que le comprenda, pero sigue siendo el rey.

Mas Némesis volvería a castigar la ‘hybris’ del arrogante creso gallego. Ya saben, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La actual crisis nos lo ha demostrado.

La caída de Conde y Banesto fue el punto álgido de la fuerte resaca que sufrió España tras la juerga de 1992. Poco aprendimos de aquella lección. Una década después, la historia se repetiría multiplicada por seis. El Estado nacionalizaría Bankia y le inyectaría más de 22.000 millones en mayo de 2012, en lo más crudo de la gran recesión que estalló en 2008 tras otra etapa de excesos inmobiliarios, bancarios y bursátiles. Los casos Banesto y Bankia son las instantáneas que mejor retratan las consecuencias del capitalismo financiero y de amiguetes rampante.

(Publicado en el diario HOY el 17/4/2016)

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Hombres ricos, hombres pobres
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El Zurdo | 11-04-2016 | 17:31| 0

Estos días se ha desvelado lo que era un secreto a voces: un puñado de afortunados se han hecho un traje de papel moneda en Panamá escamoteándonos tela a todos los que somos Hacienda. Entre estos sastres hay gente de todo pelaje y profesión: tanto de sangre azul como roja, tanto de familia real como desleal, tanto hombres de letras y de opereta como analfabetos que tienen en los pies la cabeza, así como proxenetas de la casa pública, vendepatrias, faranduleros y bucaneros de cuello blanco reincidentes amnistiados por don Cristóbal, el tesorero del reino, mientras daba un palo al bolsillo de los sufridos e inocentes contribuyentes en lo más crudo del crudo invierno de la crisis.

Panamá no es el único paradisíaco rincón donde los más pudientes bergantes y heredados de la tierra entierran sus tesoros. En ‘La riqueza oculta de las naciones’, el economista francés Gabriel Zucman cifra en 5,3 billones de euros, el 8% de la riqueza del planeta, el dinero escondido en paraísos fiscales; de esa cantidad, 157.000 millones proceden de España. Por culpa del filibusterismo fiscal, el erario público español deja de ingresar 10.000 millones cada año, casi el 1% del PIB.

Al ser un problema mundial, el único modo de solucionarlo es alcanzar un gran acuerdo mundial. Sin embargo, falta voluntad política, porque, como explica Juan Hernández Vigueras, autor de ‘Los fondos buitre. Capitalismo depredador’, los paraísos fiscales forman parte del sistema financiero global y cuentan con su beneplácito. Hablando en plata, convienen a los ricos. Y «hay una relación estrecha entre este fraude sistémico y el endeudamiento de los países», advierte Hernández Vigueras, quien recuerda que la cumbre del G-20 de abril de 2009, en la que se proclamó la «desaparición» de los refugios de don Dinero, fue «una mera cortina de humo que escondía la incapacidad de los principales gobernantes del mundo para resolver los problemas de los mercados financieros globales, opacos e incontrolados».

«Mientras el proletariado esté distraído en su propia desesperación con acontecimientos ficticios creados por los medios de comunicación, los superricos no tienen nada que temer», lamenta Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias de 2010. En su libro ‘¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?’, este sociólogo polaco contesta a esta pregunta con un rotundo no, contradiciendo la doctrina neoliberal dominante. Y recuerda que ya lo advirtió uno de los padres del liberalismo económico, el escocés Adam Smith: «Dondequiera que hay gran propiedad, hay gran desigualdad. Por cada hombre rico debe haber por lo menos quinientos pobres».

Las estadísticas confirman que el capitalismo financiero rampante acrecienta y perpetúa la desigualdad. Es más, reflejan que no solo la riqueza se hereda de padres a hijos e, incluso, de hijos a padres, también la pobreza. Ocho de cada diez personas que vivieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia las están reviviendo como adultos, según el informe ‘La transmisión intergeneracional de la pobreza’ de la fundación Foessa, dependiente de Cáritas. «La pobreza presente genera pobreza futura», concluye su coordinador, Raúl Flores. Es una ley no escrita ni reconocida del capitalismo: la riqueza de unos pocos se sustenta en la pobreza de los muchos.

(Publicado en el diario HOY el 10/4/2016)

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