Hoy

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El pueblo abdica
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El Zurdo | 08-08-2014 | 11:20| 0

Algo se mueve en España, tras las movidas elecciones europeas. El pueblo ha caído en la cuenta de que si quiere, sí puede. En cambio, don Alfredo y don Juan Carlos ya no pueden más y se han apeado del tren cuando aún no ha salido del túnel. De noche todos los gatos son pardos y ellos, que saben más que los ratones ‘coloraos’, son conscientes de que algo tiene que cambiar para que todo siga igual. Gato blanco, gato negro, da igual, lo importante es que cace ratones.

El PSOE y la Monarquía mudarán de cara, pero está por ver si desempeñarán el alma que ha tiempo vendieron al diablo. Quizás un ‘lifting’ les baste a los socialistas para reconquistar el disputado voto de la izquierda –ya les dio resultado con Felipe y ZP– y a la Corona para recuperar el lustre. Mas un cambio de estética no presupone de ética y un cambio generacional no significa una regeneración. Y España necesita un cambio de aquel cambio que iba a dejar a España que no la iba a conocer ni la madre que la parió, según prometió Alfonso Guerra tras ganar el PSOE las generales el 28O de 1982. Para muchos, ese día acabó la transición a la democracia. Para otros fue el 23F de 1981, cuando el rey resistió la tentación de emular a su abuelo Alfonso XIII. O tal vez ha terminado con su abdicación. Yo creo que España sigue en transición, pues aún no ha alcanzado su plena democratización. Es más, ha dado alarmantes pasos de cangrejo.

Un salto hacia delante sería la instauración de la III República, dado que no puede ser una auténtica democracia aquella en la que el pueblo no pueda elegir a su jefe del Estado. No obstante, la república no culminaría el proceso democratizador del país ni sería la panacea que resolviera todos sus problemas, como tampoco lo sería la independencia para Cataluña. Sería el inicio de una segunda transición. Como dice el ensayista Paolo Flores d’Arcais, «la democracia es la revuelta permanente y jamás satisfecha para acercarse a la democracia». Y esta no será plena mientras siga secuestrada por don Dinero. No es realmente libre quien es esclavo de su estómago. No basta un cambio del sistema político; urge más un cambio del sistema económico y, sobre todo, de la mentalidad de la mayoría. Con los cambios de régimen, el poder nominal ha cambiado de manos, pero no el real. Los gatos pardos que cortaban el bacalao durante la segunda Restauración borbónica, lo siguieron haciendo durante la II República, la dictadura franquista y esta tercera Restauración; solo han mudado de pelaje. En realidad, acaso España no ha dejado de ser nunca una plutocracia; solo ha retocado su facha. Ya decía el comunista italiano Antonio Gramsci que el poder de las clases dominantes no está dado simplemente por el control de los aparatos represivos del Estado, sino fundamentalmente por la «hegemonía» cultural que ejercen sobre las sometidas, a través del control del sistema educativo, las instituciones religiosas y los medios de comunicación. De esta forma «educan» a los dominados para que vivan su sometimiento como algo natural y conveniente. Así, advierte Gramsci en su artículo ‘Odio a los indiferentes’, siguiendo la estela del ‘Discurso sobre la servidumbre voluntaria’ del francés La Boétie, «la masa ignora, porque no se preocupa»; «lo que ocurre no ocurre tanto porque algunas personas quieren que eso ocurra, sino porque la masa de los hombres abdica de su voluntad, deja hacer, deja que se aten los nudos que luego solo la espada puede cortar, deja promulgar leyes que después solo la revuelta podrá derogar, deja subir a los hombres que luego solo un motín podrá derrocar».

(Publicado en el diario HOY el 8/6/2014)

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Pablo y Marcos
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El Zurdo | 08-08-2014 | 11:23| 0

Las elecciones europeas han evidenciado el cabreo de los ciudadanos con la casta política que se turna en el poder durante esta tercera restauración borbónica. Ocho de cada diez españoles con derecho al sufragio no han votado a PPSOE, vistos como las dos caras de la misma moneda marcada. Y más de la mitad ni siquiera ha votado, signo del poco interés de la mayoría por un elitista proyecto europeo poco interesado en ella. Eso explica el ascenso electoral en la UE de fuerzas ultranacionalistas y xenófobas o que claman una Europa más social; es decir, de la extrema derecha y la extrema izquierda. «In medio stat virtus, quando extrema sunt vitiosa (La virtud está en el medio, cuando los extremos son viciosos)», Horacio dixit. Ay, pero cuando el medio es vicioso, la plebe busca la virtud en los extremos.

El caso palmario es el éxito de Podemos. En tiempo récord, la formación que lidera Pablo Iglesias, forjada al calor del 15M, ha canalizado en las urnas la indignación de un millón largo de españoles y ha hecho temblar la partitocracia. Sorprende que haya enervado más a los peperos, pese a que se ha nutrido de desencantados con el PSOE e IU, que aspiraba a sobrepasar a los socialistas y casi es sobrepasada por Podemos por alejarse de la calle cuanto más se ha acercado al poder (como en Extremadura). Gracias a la eterna división de la izquierda, el PP volvió a ganar, pero su victoria fue pírrica y ve peligrar la poltrona en los próximos comicios. Conscientes de ello, se han multiplicado las voces en IU, otras fuerzas progresistas e, incluso, entre las bases socialistas que piden armar con Podemos una suerte de frente popular. Veremos si les dejan sus castradores aparatos. Por lo pronto, mal va el PSOE convocando un congreso extraordinario para designar al sucesor de Rubalcaba y relegando las primarias abiertas ‘sine die’.

Mas, ¡ojo!, Podemos corre el riesgo de caer en los mismos vicios si traiciona su vocación horizontal y persiste en un proyecto personalista, en el que la organización se confunda con su líder, como en UPyD. Podemos ha exprimido ‘ad nauseam’ la presencia mediática de Iglesias, sabedora de la importancia de la imagen en esta sociedad en que todo es vodevil. Pero mal haría en tomar como referentes movimientos caudillistas como el chavismo (la eminencia gris de Podemos, Juan Carlos Monedero, fue asesor de Hugo Chávez) que se basan en el culto a la personalidad de sus «amados líderes» más allá del ideal que encarnan. Como advierte el protagonista de ‘V de Vendetta’ (la película), con un hombre se puede acabar, «pero 400 años más tarde los ideales aún pueden seguir cambiando el mundo». V se esconde tras una máscara, la del conspirador inglés Guy Fawkes (ejecutado en 1606), símbolo de los indignados, y bajo ella «hay algo más que carne y hueso, hay unos ideales y los ideales son a prueba de balas». Bien lo sabe el subcomandante Marcos, cabecilla de los zapatistas, que ocultaba su identidad tras un pasamontañas. Retirado hace años de la escena pública, reapareció hace unos días para anunciar la muerte de su personaje y su resurrección en el subcomandante Galeano, mote de un maestro zapatista asesinado. «Al asesinarlo a él o a cualquiera de los zapatistas los de arriba querían asesinar al EZLN», señaló. Por eso pensaron que debía morir Marcos para que Galeano viva. Moraleja: el ideal debe estar por encima de la persona que coyunturalmente lo represente. Toma nota, Pablo.

(Publicado en el diario HOY el 1/6/2014)

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El nuevo muro de Berlín
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El Zurdo | 26-05-2014 | 18:32| 2

La Unión Europea se jugaba el pasado domingo su porvenir en las urnas quizás más desunida y menos europea que nunca. Un nuevo muro de Berlín y un telón de plata divide Europa entre el norte y el sur, entre países acreedores y deudores, entre ricos y pobres. La casa común europea es una ruina. Eso pasa por empezar la casa por el tejado y dar más libertad a las mercancías que a las personas. Sí, porque la mayoría de los europeos compartimos poco más que el euro, una fastuosa cúpula que parece diseñada por Calatrava, pues amenaza con el derrumbe al ser levantada sobre pilares de papel moneda en vez de hormigón político armado con cohesión social. El lobo de Wall Street ha soplado con tal fuerza que ha resquebrajado tan endebles pilares. Sin embargo, nuestros capataces europeos han optado por parchearlos con celo bancario, mientras socavan los cimientos democráticos, maltratan a la mano de obra, a la que escatima el pan, el agua y la sal, y ahorran en materiales de calidad (sanidad, educación, seguridad social…), y ya se sabe que lo barato acaba saliendo caro.

Bajo el látigo de la jefa de los capataces, la canciller de hierro teutona, Europa se parece cada vez más a una versión actualizada y extendida de la Confederación Germánica, unión de estados alemanes surgida en 1815, tras la derrota de Napoleón; o peor, en su sustituta, la Confederación Alemana del Norte, que se estableció en 1867 y fue la primera piedra del Imperio alemán, fundado en 1871. La Confederación Alemana del Norte consolidó el poder de Prusia en el norte de Alemania y puso los cimientos del control prusiano sobre el sur, gracias a la ‘Zollverein’ (Unión Aduanera) y a tratados de paz secretos firmados con los estados meridionales. ¿Les suena?

No obstante, la luciferina Angela Merkel es la directora de esta superproducción neoexpresionista, pero no su productora, la que la financia. Europa ha vuelto a ser raptada, pero esta vez no por Zeus metamorfoseado en toro blanco sino por Mammón transformado en el broncíneo toro de la neoyorquina calle del Muro. Empujada por sus embestidas, Europa va camino de convertirse en una sociedad como la retratada en la película alemana ‘Metrópolis’ (1927), que se divide en dos clases: una élite de ricos propietarios y pensadores que tienen el poder y los medios de producción, que viven en la superficie, en rascacielos, rodeados de lujos; y una casta de obreros que trabajan sin cesar para mantener el modo de vida de los de arriba y condenados a sobrevivir en condiciones miserables en un gueto subterráneo, donde se encuentra el corazón industrial de la ciudad. Los primeros representan la razón y los segundos la fuerza. La moraleja del filme es que el mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón.

Y Europa cada vez tiene menos corazón y su cerebro, aislado en su torre de marfil bruselense y protegido por el nuevo muro erigido por Berlín, persiste en hacer realidad su monstruoso sueño con las manos atadas. Para recuperar el pulso, Europa necesita desatar y cuidar más sus manos y bombear sangre nueva y roja a su corazón. Si no, como en la cinta de Fritz Lang, instigadas por falsos profetas y mensajeros del miedo, las manos acabarán rompiendo amarras, se rebelarán contra el cerebro y, en un acto desesperado y suicida, tratarán de destruir el corazón.

(Publicado en el diario HOY el 25/5/2014)

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Crimen y política
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El Zurdo | 20-05-2014 | 16:46| 0

Cierto, el de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, no ha sido un asesinato político sino de un político. Sin embargo, voceros diestros en la intoxicación informativa se apresuraron a vincular torticeramente este crimen con los escraches, alertando de cuál puede ser la fatal consecuencia de señalar a políticos como culpables de problemas sociales y laborales. Los reprobables comentarios en las redes sociales celebrando o justificando el asesinato de Carrasco han dado argumentos a los que sostienen esa falacia, y nuestro ministro del Amor, Jorge Fernández, quiere endurecer los castigos para quienes hagan apología de la violencia, injurien, calumnien, vejen o inciten al odio a través de Twitter, Facebook o Youtube. Para algunas asociaciones judiciales eso es «cercenar la libertad de expresión», algo propio de dictaduras, porque «solo un estado autoritario puede equiparar mala educación y delito». Ya avisa el ensayista italiano Paolo Flores d’Arcais que con un gobierno de derechas la democracia está en libertad vigilada.

Ahora bien, este crimen es efecto de una forma caciquil, y no excepcional en el cortijo nacional, de hacer política, la de alguien no acostumbrada a rendir cuentas con la que han acabado ajustando cuentas. Es fruto del odio acumulado por una joven arribista y su posesiva madre contra la todopoderosa madrina a cuya sombra la hija quiso medrar y hacer carrera política y profesional. Mas la chica cayó en desgracia y su imperiosa jefa la mandó al ostracismo. Resentidas, madre e hija decidieron poner fin a esta historia de poder y ambición matando a la causante de su rabia.

Pero ni siquiera liberar a Roma de un tirano justifica el crimen de Bruto. Como dice Albert Camus, «crimen y rebeldía son contradictorios». El rebelde no reivindica la libertad absoluta, que es la de matar, sino una libertad que tiene su límite en la de otro ser humano. En este mundo de comerciantes y policías, «hoy más que nunca ‘democracia’ corre el riesgo de no significar nada» y de involucionar hacia la tecnocracia y la plutocracia, advierte Flores d’Arcais, para quien el principio básico de la democracia es «una cabeza, un voto». Así, el voto, a un tiempo un derecho y un deber, es la principal arma del ciudadano para luchar por la democracia frente a la peste política que la corrompe. Por tanto, no votar es claudicar. La abstención favorece el bipartidismo, es apoyar pasivamente, aunque no se pretenda, el ‘establishment’. Que se lo digan a IU en Extremadura. Solo tendría sentido como protesta si se exigiera que la participación superara el 50% para que unas elecciones fueran válidas. El 25 de mayo son las europeas y está en juego más de lo que parece. Para bien y para mal, España pertenece a la UE y muchas decisiones trascendentales para ella se toman en Bruselas. Por ende, no nos da igual quien mande en las instituciones europeas. Decía Camus: «Toda crisis histórica termina en instituciones. Si no podemos nada contra la crisis misma, (…) sí podemos algo en las instituciones, puesto que podemos definirlas, elegir aquellas por las que luchamos e inclinar así nuestra lucha en su dirección». Es hora de que movimientos como el 15M pasen de la plaza al Parlamento. Como dice Flores d’Arcais, «la indignación tiene sentido como prólogo de la acción, y la plaza debe hallar el coraje de conseguir su proyección parlamentaria, si no quiere que la política institucional, que al fin decide, siga siendo siempre ‘cosa de ellos’». En fin, si ‘ellos’ le indignan, no los mate ni los insulte, simplemente vote a otros.

(Publicado en el diario HOY el 18/5/2014)

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La coma justa
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El Zurdo | 26-05-2014 | 18:41| 0

Todo juez que se precie gusta de poner los puntos sobre las íes y atarse a la letra de la ley. Es de justicia. Para muestra, un botón: los 16 magistrados de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se han peleado por una coma. Su ausencia en un artículo de la reforma que restringe la justicia universal es la culpable de que los narcos duerman más tranquilos.

El artículo de la discordia establece que el tráfico ilegal de drogas por parte de extranjeros puede perseguirse «cuando se trate de la realización de actos de ejecución de uno de estos delitos o de constitución de un grupo u organización criminal con miras a su comisión en territorio español». Amparándose en este precepto, 13 de los 16 magistrados avalaron la puesta en libertad de 13 supuestos narcos egipcios detenidos hace un año cuando navegaban en un buque por el mar de Alborán con 16 toneladas de hachís. Para esos 13 jueces, nuestros tribunales sólo pueden juzgar a un foráneo detenido en el mar con droga si el barco es español, está en aguas territoriales españolas, los tripulantes son españoles o el destino de los estupefacientes es España. Otros tres jueces difieren e interpretan que pueden perseguir el narcotráfico en todos los casos. Se agarran a que el enunciado del artículo refleja dos supuestos diferentes, separados por la conjunción «o»: «Si el delito se ha realizado efectivamente es perseguible por la justicia española incluso habiéndose cometido fuera del territorio nacional por ciudadanos no españoles; y si se trata solamente de la constitución de grupos criminales con intenciones delictivas, puede la Justicia española intervenir sólo si la intención de estos grupos es cometer esos delitos en España». La Real Academia Española confirmó esta tesis. Pero la mayoría de la Sala, más papista que el papa, sostiene que para que la norma dijera eso tendría que ponerse una coma antes de la «o».

No seré yo el que discuta la importancia de la coma, «esa puerta giratoria del pensamiento», como la definía Julio Cortázar. Una coma puede salvar una vida. Célebre es la anécdota de ese rey al que pasaron una sentencia que decía: «Perdón imposible, que cumpla su condena». Magnánimo, cambió la coma de sitio y la suerte del condenado: «Perdón, imposible que cumpla su condena». Y por una coma puede perder dinero: 20,5 euros no es lo mismo que 2,05. Pero en este caso coincido con los tres togados discrepantes en que la interpretación de la mayoría es «errónea» y acarrea «niveles de impunidad» que no son «deseados por el legislador»; es decir, va contra el espíritu de la ley. ¿Y cuál es ese espíritu? ¿Acaso no es aplacar a las dos grandes potencias: la ascendente China y la decadente EE UU? Nuestros prestamistas chinos amenazaban con quebrarnos si seguíamos tocándoles la moral a sus timoneles con el genocidio tibetano. Y el tío Sam estaba hasta la madre de casos como el de Couso.

Mas ¿es justicia la que no es universal? ¿De qué vale la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU si sus miembros, especialmente los más poderosos, se la saltan a la torera cuando quieren con total impunidad y la aplican con una doble vara de medir a amigos y enemigos? La ley y la justicia deberían defendernos del abuso de la mayoría y de la minoría, pero, una vez más, se han puesto al servicio del más fuerte. Solo cabe rebelarnos y esperar el futuro con que soñaba Nietzsche: «En lugar del juez y del represor, el creador».

(Publicado en el diario HOY el 11/5/2014)

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Amos y esclavos
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El Zurdo | 07-05-2014 | 09:15| 0

El día siguiente al Primero de Mayo, este diario publicó una viñeta del siempre genial Sansón en la que aparecen dos tipos trajeados, uno de los cuales dice: «¡Caray, qué despiste el nuestro! Hemos abolido el trabajo, no la esclavitud». En efecto, las condiciones laborales de una creciente legión de trabajadores se aproximan a pasos de cangrejo a las de los esclavos. La vieja dialéctica hegeliana del amo y del esclavo –base de la dialéctica marxista que contrapone burguesía a proletariado y que considera la lucha de clases como motor de la historia– está lejos de resolverse. La historia no ha alcanzado ni el fin comunista profetizado por Marx ni el fin neoliberal sentenciado por Francis Fukuyama. No estamos ante la crisis universal definitiva que acabará con los antagonismos e instaurará el paraíso en la tierra. ¡Historias!

Con la coartada de la crisis, los nuevos amos siguen apretando las tuercas a los nuevos esclavos. Su sed de dominación no se sacia con los tijeretazos dados al Estado de bienestar ni con una «muy agresiva reforma laboral». Los patrones y sus corifeos no se cansan de clamar más libertad, a costa de recortar la de los curritos. Quieren más libertad de mercado y menos justicia social. Quieren más manga ancha para atar corto a la mano de obra. Exigen que se les hurte a los jueces los poderes que tienen para frenar los ERE. También piden que se rebaje más el coste del despido y el salario mínimo a personas sin formación. «Hay que dar trato desigual a formación desigual», arguyó la presidenta del Círculo de Empresarios hace poco más de una semana, porque hay un millón de empleados «con cero cualificación» y «te obligan a pagarles aunque no valgan para nada». Aboga por que cobren un sueldo de hambre hasta que produzcan lo que cuestan. Es el precio a pagar para crear empleo, sobre todo entre los jóvenes españoles, más de la mitad de los cuales está en paro. Tal revuelo causó la ‘dominatrix’ Oriol que acabó disculpándose dos días después por su latigazo verbal y reconoció que «todas las personas tienen dignidad y valía, con independencia de su formación profesional». Ay, doña Mónica, pero el mal ya está hecho; en realidad solo dijo en alta voz lo que la mayoría de los amos piensan.

La filósofa francesa Simone Weil decía que la condición obrera es dos veces inhumana: privada de dinero, primero, y de dignidad, después. Y privado de dinero y dignidad el trabajador no es sino un esclavo. Cuando el trabajo es una degradación, no es la vida, aunque cubre todo el tiempo de vida.

Nos acercamos a la sociocracia concebida por Auguste Comte, una sociedad donde los banqueros y técnicos serían los sabios que ejercerían una suerte de despotismo ilustrado. Según el monstruo producido por el sueño de la razón del considerado padre del positivismo y de la sociología, cada república sería gobernada por los tres principales banqueros. «Dos mil banqueros, cien mil comerciantes, doscientos mil fabricantes y cuatrocientos mil agricultores» le parecían a Comte «suficientes jefes industriales» para los 120 millones de habitantes que componían la población occidental en su época, la primera mitad del siglo XIX. «En este pequeño número de patricios se encuentran concentrados todos los capitales occidentales cuya activa aplicación deberán dirigir libremente, bajo su constante responsabilidad moral, en beneficio de un proletariado treinta veces más numeroso». Tal es la utopía capitalista que se está haciendo realidad, pero concentrándose el poder y el capital en aun menos amos pese a haber muchos más esclavos.

(Publicado en el diario HOY el 4/5/2014)

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Pobre política
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El Zurdo | 28-04-2014 | 17:31| 0

La mujer de César no sólo debe ser honrada, además debe parecerlo. Valga ese cuento también para César. Sin embargo, demasiados de nuestros césares y sus mujeres se quedan en la apariencia, y los hay que incluso parecen que no son trigo limpio. Esa es la impresión general de los españoles, para quienes, según el último barómetro del CIS, la corrupción es el problema más grave del país tras el paro.

Rajoy parece que no se ha hecho de oro con la política, pero también parece que le sobre más que le falte. Luis ‘el cabrón’, al parecer, ya se encargaba de que don Mariano fuera sobrado, como su padrino, don Josemari. Un juez ha dado la razón a ‘El País’ cuando publicó que el marido de la regidora de Madrid cobró sobresueldos del PP cuando ya era presidente del Gobierno. El cesáreo Aznar había demandado al diario por lo que tachaba de atentado contra su honor, que, visto lo visto, parece ser el de los Prizzi. A Rajoy, hasta ahora, no se le ha visto el cobre, aunque se le vislumbra. A su extesorero sí se le ha visto, y mucho, en Suiza. Ya saben: quien parte y reparte se queda con la mejor parte. Pero cuando Aznar repartía el bacalao, la Ley de Incompatibilidades vigente entonces prohibía a los ministros y al presidente recibir retribuciones dobles. Aunque, según Rubalcaba, en materia de incompatibilidades el que es un hacha es el titular de Agricultura y Medio Ambiente y cabeza de cartel de los populares en las elecciones europeas. Al diputado Arias Cañete le han sacado los colores por ocultar al Congreso las relaciones con la administración pública de una de sus empresas, Petrolífera Ducar, que no apuesta por las energías verdes, precisamente.

Sin embargo, contradiciendo a Platón, a quienes consideran que riqueza y política son compatibles. Es más, creen que mejor que el político sea rico, porque así no tiene necesidad de robar. ¡Ja! El ejemplo palmario es Berlusconi. Ya lo dice el refrán: quien más tiene, más quiere. Y ya lo decía un nazareno pobre de solemnidad: «Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». Y quien dice Dios, dice pueblo. Pero en este mundo solo hay un dios, Mammón, y Rockefeller es su profeta y la banca su iglesia. Y cuando cayó el diluvio universal de la crisis, el dios del dinero se apresuró a salvar el arca de las finanzas y un único mandamiento nos dio: el que paga manda. Razón por la que los tribunos de la plebe solo rinden cuentas ante los patricios que les financian y no ante sus votantes. Para acabar con el vicio de pedir hay sabios que proponen la virtud de dar más: el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás, aboga por la financiación pública de los partidos y por pagar mejor a los políticos. Ideal idea pero impopular y cuestionable. La tentación siempre vive arriba. Urdangarin y compañía son una prueba real.

Afortunadamente, aún hay honradas excepciones a la regla de oro que identifica poder con posesión, como el nepalí Koirala, el uruguayo Mujica y el iraní Rohani. Son los presidentes más pobres de la tierra. Son la encarnación del poder de los desposeídos, de «los destartalados» a los que reivindicó Elena Poniatowska al recoger el Premio Cervantes.

(Publicado en el diario HOY el 27/4/2014)

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¡Qué cruz!
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El Zurdo | 22-04-2014 | 17:56| 0

Semana Santa tras Semana Santa constato que la muy católica apostólica y romana España es politeísta. Sí, sí, los antiguos dioses y diosas paganos, por obra del rey de Roma, se han transfigurado en nazarenos montados en borriquitas, orando en el huerto, amarrados a la columna, cargando la cruz, crucificados… o vírgenes de los Dolores, la Aurora, la Soledad… Porque, aunque padre y madre no hay más que unos, dígale usted a un sevillano que su Macarena es igualita que la de Fátima o la de Lourdes. Y valga lo mismo para la legión de cristos que pueblan la piel de toro y desfilan a paso marcial en estos días de fúnebre carnaval; ser fiel del Cristo Negro o del Cristo de los Gitanos se ha convertido en algo similar a ser hincha del Barça o del Real Madrid. Bien mirado, jugárselo todo al mismo número divino no parece sensato y quizás hay más probabilidades de que alguien nos escuche y eche un cable en el cielo como en la tierra si diversificamos nuestra demanda. A dioses rogando y con el mazo dando. Amén de que depende de lo que uno pida, pues los santos varones y las santas hembras también se han especializado: si lo que buscas es novio encomiéndate a San Antonio; si te pilla una tormenta, a Santa Bárbara; si lo tuyo es imposible ponle una vela a San Judas Tadeo…

El caso es creer en algo en un momento en que la fe parece ser lo único que les queda a una multitud de españolitos sin nombre ni rostro que penan su desventura y cargan con la pesada cruz del desempleo o la precariedad laboral en una maratoniana y macabra procesión que no parece tener fin. España lleva de viacrucis seis años y parece que aún le quedan otros cuantos de calvario hasta que resucite de entre los muertos, en especial esas cinco regiones que tienen el triste honor de ser las campeonas del paro en Europa, entre las que están Andalucía y Extremadura. Esa es la infernal realidad que tapan los Palomos y otras cortinas de humo del barón rojo en la dehesa y con la que, al parecer, han mercadeado, en santa connivencia, gerifaltes ‘socialistos’, sindicalistas, empresarios y demás gente de mal vivir en la beata y beatífica Bética. ¡Ay, cuán lejos estamos del paraíso bávaro donde todos trabajan y son bien pagados! ¿Qué tenemos que hacer para que la Ángela de la Muerte nos abra las puertas de ese paraíso y nos acoja en su seno? Pues rogar menos y darle más al mazo.

Sin embargo, cada vez son más los que por no tener ya no tienen ni esperanza. Son esos hombres absurdos sobre los que filosofó Albert Camus que son conscientes de su insignificancia, de que la vida no tiene sentido, de que hay no nada más allá de la muerte y que, por tanto, los sacrificios y pesares en esta vida no tendrán recompensa en otra ultraterrena. Con esa visión, ¿merece la pena vivir? El suicidio parece la salida más lógica. No obstante, el hombre absurdo se empeña en vivir lo más posible, en cumplir su condena, como Sísifo, condenado por los dioses a empujar eternamente una enorme roca hasta la cima de una montaña, desde donde volvía a caer por su propio peso. Los dioses pensaron que no hay peor castigo que el trabajo inútil y sin esperanza. Pero el hombre absurdo halla el sentido de la vida no en la meta, sino en el camino; no en la victoria, sino en la lucha hasta la derrota final.

(Publicado en el diario HOY el 20/4/2014)

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Rebrotes verdes
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El Zurdo | 14-04-2014 | 17:42| 0

Hay una cosa en la que coincido con la gran Esperanza blanca de la derecha patria: «España tiene peores problemas que la multa a una sexagenaria». Muy cierto. Aunque nos quieran hacer creer que el país ya va como una moto, nuestra moto aún yace tirada en el suelo tras ser arrollada por el Toyota Auris de la crisis, al volante del cual iba la soberbia hija de Mammón, una simpapeles con parné que se dio a la fuga y se acabará yendo de rositas. Sí, sí, hemos tocado suelo, pero me temo que estaremos largo tiempo arrastrándonos por él. Vía rebaja de salarios –España es el tercer miembro de la OCDE, el club de los países ricos, donde más bajaron (un 1%) en 2013– quieren aumentar nuestra competitividad para impulsar nuestras exportaciones y convertirnos en la China de Europa. Pero vamos camino de ser el Japón del viejo continente, un enfermo económico crónico. El mal endémico que aqueja al país de sol naciente es la deflación. ¿Y qué es eso? Una caída generalizada y prolongada de los precios. Y el FMI ha advertido de que España es el país de la zona euro con mayor riesgo de caer en ella. El último dato de IPC lo corrobora: en marzo volvió a tasas negativas (-0,1%). Y sin el aumento de los impuestos los precios habrían bajado aún más. ¿Pero una bajada de precios suena bien? Pues no, es malísima de la muerte. ¿Por qué? Porque lastra la producción y, por tanto, la creación de empleo y dificulta la reducción de la deuda en un país tan endeudado como el nuestro. Por culpa de la deflación, su casa puede acabar valiendo menos, si no lo vale ya, de lo que paga de hipoteca por ella. ¿Y cómo se puede combatir? Dándole a la máquina de imprimir dinero. En la eurozona esa potestad la tiene el Banco Central Europeo (BCE), pero éste, de facto, es una sucursal del Bundesbank (banco central alemán) y tiene por misión casi divina y única controlar la inflación, la gran obsesión germana, que tiene su origen en la hiperinflación que asoló la República de Weimar en los años 20 y que se considera que dio alas al nazismo. No obstante, Supermario, fontanero jefe del BCE, dice que hay consenso para tomar medidas contra el riesgo de deflación. Veremos, el BCE suele actuar tarde y mal. También ayudaría que Alemania redujera su superávit por cuenta corriente, o sea, que exporte menos e importe e invierta más.

Mas no habrá verdadera recuperación hasta que se reduzca el paro significativamente. Y hasta los propios empresarios son escépticos. El empleo que se creó en marzo fue, en su mayor parte, temporal, a tiempo parcial y autónomo. Pero la mayoría de los autónomos que se están dando de alta en la Seguridad Social en los últimos meses son falsos, son asalariados precarios camuflados de emprendedores. No son gente que se lo monta por su cuenta, siguen siendo trabajadores a sueldo de un único patrón, con la ventaja para éste de que no tiene que cotizar por ellos y tampoco pagarles indemnización cuando los despida.

Otro tipo de contratación precaria en aumento (un 25,5% en marzo) es la a tiempo parcial, los famosos ‘minijobs’. Y son como las lentejas, o las comes o las dejas. Según Eurostat, el 57% de los contratados por horas en España querría tener una jornada completa. Esa tasa de subempleados duplica la media europea y es la segunda más alta de la UE.

En definitiva, los rebrotes verdes que atisban esos que cuando opositaban al poder se tronchaban de los que vislumbraban Zapatero y su tesorera, Elena Salgado, tienen pinta de ser de una planta alucinógena o de la risa. No se hagan ilusiones con el tercer año mariano.

(Publicado en el diario HOY el 13/4/2014)

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En mala hora
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El Zurdo | 07-04-2014 | 16:31| 0

Los españoles tenemos fama estadística de echar más horas en el trabajo que nadie, salvo que los chinos. Aun así somos poco productivos. Claro, porque no es lo mismo estar en el trabajo que trabajar. Y tenemos la insana costumbre de no marcharnos del trabajo antes que el jefe, aunque estemos perdiendo el tiempo mirando las musarañas, que ahora se dejan ver, sobre todo, en las redes sociales. No está bien visto irse a tu hora, aunque hayas cumplido con tu faena y en menor tiempo que tus compañeros, demostrando, por tanto, que eres más productivo. Una vez más, no importa ser sino parecer.

Y parece que ahora somos más competitivos. Sin embargo, la realidad es, como dice el economista Santiago Niño Becerra, que «la pobreza aumenta la competitividad de España, no la productividad buena: inversión». Los trabajadores españoles son más productivos porque son más pobres, amén de que cada vez menos y más cobardes. La aspiración de la mayoría silenciosa es quedarse como está, o sea, que no pase el tiempo.

Aunque en 1942 Franco nos puso en hora con sus amigos alemanes, seguimos más atrasados que ellos. Lo más cerca que estuvimos fue en enero de 2007, cuando el iluso de Zapatero, obnubilado por el espejismo de la burbuja inmobiliaria, aseguró: «Vamos a superar a Alemania y a Italia en renta per cápita de aquí a 2010». Llegó 2010 y Alemania obligó al incauto de José Luis a echar el freno, sacar las tijeras y prosternarse ante la nueva ‘führer’.

En definitiva, estar en hora con los alemanes no nos ha traído más que disgustos. Por eso, los expertos proponen que adoptemos la hora de Londres, que es la que nos corresponde solarmente, pero también los horarios laborales y de comidas de nuestros primos europeos, más racionales. En el resto de Europa casi todas las empresas están cerradas a las seis de la tarde y son más productivas. Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios Españoles, defiende que cambiar los horarios aumentaría el rendimiento de los trabajadores. Sin embargo, en España a las seis de la tarde está en casa apenas la mitad de la población; con lo que los españoles tenemos menos tiempo de ocio y que dedicar a nuestras familias, algo que está cambiando con la crisis, pues si algo le sobra a los parados es tiempo. No obstante, hay quien prefiere echar más horas en el tajo para escaquearse de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Como dice Buqueras, «si mandaran más mujeres, habría mejores horarios».

Somos víctimas de los hombres grises de ‘Momo’. Ellos nos han comido la cabeza y la moral con que todo lo que no sea trabajar es perder el tiempo. En realidad, nos están robando el tiempo. Sus enemigos son los niños, que no entienden el tiempo ni los negocios. Mi hijo Pablo, de seis años, me lo ha hecho ver. El otro día, ruborizado, me reveló un secreto. Cada jornada su maestra les hace soplar una vela y pedir un deseo. Pero estaba frustrado porque no se cumplía su deseo: que su padre juegue con él cuando vuelve del cole. Entonces lo vi claro: los hombres grises me han hecho creer que tienen secuestrados a mis hijos y que tengo que pagar un rescate por ellos (la hipoteca). Agobiado, he acabado trabajando a todas horas para intentar pagar ese rescate, sin parar apenas a comer y descansar y, lo que es más importante, a jugar con mis hijos.

(Publicado en el diario HOY el 7/4/2014)

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