Hoy

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Principio de incertidumbre
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El Zurdo | 17-01-2017 | 22:50| 0

La vida, de puro líquida, que diría el sociólogo Zygmunt Bauman, fallecido recientemente, se nos escurre entre las manos. Con todo, insistimos en aferrarnos a ella y, paradójicamente, estamos dispuestos a jugárnosla para mantenerla. Es el caso de la miríada de inmigrantes que intentan entrar en nuestro viejo y achacoso continente. Asumen todo tipo de riesgos, como el invernal frío, porque les va la vida en ello, ya que los peligros de los que huyen son mortales de necesidad: la guerra, el hambre y la miseria. Se lanzan a una odisea llena de incertidumbres escapando de la certidumbre de la muerte. La repentina disolución de su sólido mundo ha convertido sus vidas en un torrente sin freno. No saben qué les espera, pero no puede ser peor de lo que dejan atrás. Les impulsa una desesperada esperanza.

Por más diques que construyamos, no lograremos frenar este torrente, que acabará inundando nuestro sólido castillo, levantado sobre una ciénaga. Como explica Bauman en su obra magna, ‘Modernidad líquida’, los líquidos a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Para los fluidos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar, que sólo llenan «por un momento». Además, se desplazan con facilidad y, al contrario que los sólidos, no es posible detenerlos fácilmente; sortean algunos obstáculos, disuelven otros o se filtran a través de ellos. «Emergen incólumes de sus encuentros con los sólidos, en tanto que estos últimos, si es que siguen siendo sólidos tras el encuentro, sufren un cambio: se humedecen o empapan».

El miedo a mojarnos, a que los cimientos de nuestra confortable esclavitud se vengan abajo, a, en definitiva, perder nuestra identidad ha reavivado los nacionalismos y populismos. Estos tratan de hacer frente a la riada de la modernidad apelando a lo que el sociólogo alemán Ulrich Beck llama «instituciones zombis», que están «muertas y todavía vivas», como el Estado-nación, la familia y la clase. Mas estas se están disolviendo como un azucarillo en el magma de la globalización capitalista.

Esta y la consiguiente crisis han sacudido nuestras certezas. Bajo la cúpula de cristal del Estado de bienestar, nuestra vida era predecible. Ahora que dicha cúpula se resquebraja, el mañana no existe. Vivimos en una sociedad del conocimiento que ha aumentado nuestras incertidumbres. En la era de la posverdad, la verdad es un mutante con poderes sobrehumanos y aspiraciones de trascendencia pero la finitud de todo humano: nace, crece, envejece y muere. Saber es dudar, la duda aumenta la incertidumbre y esta genera ansiedad y, por ende, infelicidad. «La felicidad está en la ignorancia de la verdad», decía el poeta italiano Giacomo Leopardi. Y en la fe, que no es sino ignorancia disfrazada de verdad absoluta.

Hay estudios que determinan que los que creen en Dios son más felices que los agnósticos y ateos. La fe del creyente se sustenta en sólidas certezas aunque indemostrables. Sin embargo, como afirma Stephen Hawking, contradiciendo a Albert Einstein, «Dios no sólo juega a los dados, a veces también echa los dados donde no pueden ser vistos». En fin, nuestro universo se rige por el principio de incertidumbre. Tenía razón Marisol, la vida es un tómbola, aunque no siempre de luz ni de color.

(Publicado en el diario HOY el 15 de enero de 2017)

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Al este del edén
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El Zurdo | 10-01-2017 | 17:29| 0

Queridos Reyes Magos, me congratula que, un año más, hayáis podido cumplir vuestro cometido. Confieso que llegué a dudar de que os dejaran entrar en nuestros lares y cargados de paquetes sospechosos. La cosa se ha puesto tan fea que todo lo que viene de Oriente es visto con desconfianza cuando no terror. También temía que algún policía despistado os arrestara la madrugada del 6 de enero por allanamiento de morada y carecer de documentación en regla y acabarais en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), una de esas cárceles donde se encierra a los inmigrantes sin papeles a la espera de su deportación al este del edén. Los reclusos no viven mejor que el ganado en esos CIE, que están «absolutamente masificados» y en un estado «deplorable». La última en denunciarlo ha sido una juez de Algeciras, que ha recordado a nuestro ministro del Interior que España firmó el Convenio de Derechos Humanos en 1979, en cuyo artículo 5 reconoce el derecho a la dignidad de las personas.

Mas estos hijos de Caín no parecen ser dignos de ser considerados personas. Su único pecado ha sido osar entrar en nuestro paraíso sin permiso y con las manos sólo llenas de ilusiones y sueños frustrados. Como el hermano fratricida de Abel, han sido condenados por el inclemente Señor a un castigo demasiado grande para soportarlo: aunque cultiven la tierra, no les pagará con su fecundidad, y andarán errantes y fugitivos por el mundo. Por eso, son vistos como un peligro para nuestro bienestar, como advirtió la flamante ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, en la Pascua Militar.

Según la novia de la muerte, «la única barrera que existe hoy día es la que separa a los que creemos en la libertad, la democracia y los derechos humanos de aquellos que hacen todo lo posible por derribarlos». Pero la realidad no es tan bonita como la pinta mi generala. Los hijos de Abel, los elegidos por la divina Providencia, los que vivimos en libertad y democracia y gozamos de los derechos humanos, no queremos compartir nuestra dicha y, con la coartada de la amenaza terrorista, estamos levantando nuevas barreras para impedir la entrada a los hijos de Caín que no tienen nuestra fortuna y malviven al este del edén.

Mas, como se pregunta el escritor Max Aub, que tuvo cuatro nacionalidades (alemana, heredada de sus padres; francesa, por nacimiento; española, al afincarse su padre en Valencia siendo él niño, y mexicana, por elección propia al exiliarse tras la Guerra Civil), «¿Qué frontera separa / lo tuyo de lo mío? / ¿Quién acota la vida? / ¿Vives hoy o mañana? / Raíz, tallo, flor y fruto / ¿dónde empiezan y acaban? (…) / Cuestión bizantina. (…)».

Sin embargo, la paradoja de la globalización económica es que, al generar perdedores y ganadores, ha provocado un resurgir de los nacionalismos y ha reabierto el debate sobre la cuestión bizantina de cerrar las fronteras a los hijos de Caín. La tragedia de estos es que, sabiéndose rechazados, asuman como Cal, el personaje interpretado por James Dean en la película ‘Al este del Edén’, que ellos son los malos y nosotros los buenos y sólo encuentren aceptación y refugio en Alamut, entre los asesinos del Viejo de la Montaña. Nuestro rechazo les empuja hacia los brazos de los profetas de la yihad. Nuestro miedo alimenta su terror.

(Publicado en el diario HOY el domingo 8 de enero de 2017)

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El palacio de cristal
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El Zurdo | 19-12-2016 | 18:03| 0

Para describir el mundo globalizado o «sincrónico» actual, el filósofo alemán Peter Sloterdijk recurre a la imagen del palacio de cristal, acuñada por Fiódor Dostoievski en la novela ‘Memorias del subsuelo’ (1864): una metáfora que remite al famoso gran recinto de la Exposición Universal de Londres de 1851. El escritor ruso creyó ver en dicho palacio la esencia de la civilización occidental como en un último concentrado.

Según cuenta Sloterdijk en su obra ‘En el mundo interior del capital’, Dostoievski reconoció en el monstruoso edificio londinense una estructura devoradora de lo humano, un contenedor de culto en el que los seres humanos rinden homenaje a los demonios de Occidente: al poder del dinero, al movimiento puro y a los placeres narcoestimulantes. Ese palacio alberga el espacio interior del mundo del capital, que no es un ágora ni una feria de ventas al aire libre, sino un invernadero que ha arrastrado hacia dentro todo lo que antes era exterior. En definitiva, la metáfora del palacio de cristal ilustra bien lo que los economistas llaman «sociedad de consumo», una Babilonia horizontal en la que, como explica Sloterdijk, «la condición humana se convierte en una cuestión de poder adquisitivo y el sentido de la libertad se manifiesta en la capacidad de elegir entre productos del mercado o de producir uno mismo tales productos». Hablando en plata, tanto tienes, tanto vales.

En consecuencia, siempre y cuando dispongan de dinero, los habitantes del palacio disfrutan de una vida confortable y, por momentos, aburrida, dado lo previsible que es. Sin embargo, los desdichados, que son cada vez más, a los que la diosa Fortuna les da la espalda son invisibilizados, excluidos o expulsados. Y los otros, los de la periferia, los que sobreviven más allá del muro de cristal y nos miran con ojos suplicantes y anhelantes, tienen vetada la entrada si no tienen oficio ni beneficio; sólo una visa les abre todas las fronteras: la tarjeta de crédito.

En este sistema-mundo en el que el poder adquisitivo es la medida de todos los hombres-cosas, rige, por tanto, un ‘apartheid’ socieconómico que segrega la población según su capacidad de compra: entre campo y ciudad; urbanizaciones o residenciales de lujo y barrios obreros o suburbios; países desarrollados, en vías de desarrollo y subdesarrollados… Así el gran invernadero capitalista abarca apenas un tercio de la humanidad y un décimo de la superficie del planeta, lo que, según Sloterdijk, se explica por la imposibilidad de incluir a toda la humanidad en un sistema homogéneo de bienestar bajo las actuales condiciones técnicas, político-energéticas y ecológicas.

El problema es que cada vez más desheredados de la tierra están llamando a las puertas del cielo de cristal y solo caben dos respuestas: o bien se cambian las condiciones del sistema para poder acogerlos a todos, o bien se les deja fuera. Esta segunda opción es la que claman populistas como el estadounidense Donald Trump, el británico Nigel Farage o la francesa Marine Le Pen y que los ‘civilizados’ gestores europeos aplican ‘sotto voce’ o pagan a estados gendarmes como Turquía para que la apliquen, mientras dan lecciones de democracia y alertan sobre el auge del proteccionismo y la xenofobia. Mas esa no es la solución, porque no hay muro que resista eternamente la embestida de la desesperación y del hambre de justicia.

(Publicado en el diario HOY el 18 de diciembre de 2016)

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Elogio de la templanza
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El Zurdo | 15-12-2016 | 09:24| 0

La democracia está siempre sujeta a una doble pulsión: la oligárquica y la demagógica. A partir de las crisis del petróleo de los 70, se fue imponiendo la oligárquica de la mano de la contrarrevolución neoliberal, hasta alcanzar su punto álgido con la Gran Recesión. Esta ha provocado una reacción demagógica y antielitista al abrir la brecha entre ricos y pobres y socavar el estatus socioeconómico de las clases medias. A esta reacción responden los triunfos del ‘brexit’, Donald Trump y el no a la reforma constitucional en el referéndum celebrado el día 4 en Italia, así como el auge electoral de la ultraderecha en Francia, Holanda, Austria o Alemania, entre otros países.

Al igual que en la consulta británica y las elecciones de EE UU, en Italia ha ganado el no al ‘establishment’. Más que responder no a la enrevesada pregunta que se les formulaba, la mayoría de los italianos dijeron no a quien consideraban la encarnación de lo establecido, su primer ministro. El propio Matteo Renzi tiene la culpa, pues planteó la consulta como un plebiscito sobre su mandato al anunciar que dimitiría si la reforma, contestada en su propio partido, era rechazada en las urnas. Renzi ha intentado derrotar al populismo, tanto al de izquierdas del Movimiento 5 Estrellas (M5S) como al de derechas del resucitado Silvio Berlusconi y la xenófoba Liga Norte, en su propio terreno y ha salido trasquilado. Los italianos han hecho lo que les pidió el líder del M5S, el cómico Beppe Grillo: votar «con las tripas». La retórica incendiaria de Grillo recuerda a la del protagonista de la película ‘Network’ (1976), el presentador de televisión Howard Beale. Como este, un creciente número de ciudadanos de aquende y allende el Altlántico están más que hartos y no quieren seguir soportándolo. Saben que las cosas están mal, peor que mal, y que poco a poco su mundo se empequeñece. Están cabreados por la crisis, el paro, el terrorismo, la delincuencia… Y como la vieja y fría política no es capaz de resolver estos problemas se abren de orejas a la nueva y caliente política, la de los mesías catódicos como Beale. Pero estos tampoco les dan soluciones, sólo buscan cabrearlos más. «¡Todo lo que sé es que primero tienen que enojarse!», exhorta Beale a sus telespectadores.

En tiempos de cólera como los que vivimos, no caben medias tintas, escalas de grises, verdades incómodas, razones de peso, dudas metódicas ni tibios como Íñigo Errejón. «Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Mas por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca». No, no son palabras de Pablo Iglesias sino del Apocalipsis y más vigentes que nunca en estos días de ira en los que la templanza es un valor en baja. Sin embargo, es lo que necesitamos para encontrar soluciones consensuadas a los males que nos aquejan. Como explica Norberto Bobbio en ‘Elogio de la templanza’, esta es lo contrario de la arrogancia, la prepotencia, la perversidad, la vanidad y el abuso de poder, pero no debe confundirse con la pusilanimidad. «El pusilánime es aquel que renuncia a la lucha por debilidad, por miedo o por resignación. El moderado no: rechaza la destructiva competición de la vida (…)», aclara el pensador italiano. Tampoco es vengativo ni echa leña al fuego de los odios, reabriendo las heridas. En el mundo al que aspira no hay vencedores ni vencidos, ni fríos ni calientes.

(Publicado en el diario HOY el 11 de diciembre de 2016)

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Dios Fidel
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El Zurdo | 05-12-2016 | 12:38| 0

Ríos de tinta se han escrito sobre Fidel Castro desde que murió hace una semana. Fue, espero, el último dictador de América Latina (o mejor dicho, el penúltimo si no consideramos a su hermano Raúl su mera prolongación), donde los ha habido de todos los colores. Fidel era verde caqui por fuera y rojo por dentro; un falso mesías que traicionó la revolución que encabezó al poco de asaltar el cielo. No tardó en emular al caudillo que derrocó. Era la cara de la misma moneda trucada de la que Fulgencio Batista era la cruz. Batista fue un tirano Banderas apadrinado por el Tío Sam que hizo de Cuba el burdel y el casino de EE UU. Fidel, quien tras la máscara de Marat escondía el rostro de Sade, se sacudió el ala de la rapaz águila imperial americana, que se lo pagó con un embargo que solo sirvió para empobrecer más al pueblo cubano y apuntalar más el régimen castrista, que encontró la coartada perfecta para perpetuarse y hostigar al disidente.

Nadie que se declare demócrata y de izquierdas puede justificar una dictadura, ni siquiera la del proletariado. Fidel era un justo que proyectaba la sombra de un asesino; pertenecía a esa izquierda jacobina dispuesta a imponer la justicia social con el terror de Estado, a sacrificar la libertad en aras de la igualdad. En ‘El hombre rebelde’, Albert Camus recuerda que «todas las revoluciones modernas han conducido a un reforzamiento del Estado». Como Eduardo Galeano, «no creo, nunca creí, en la democracia del partido único ni creo que la omnipotencia del Estado sea la respuesta a la omnipotencia del mercado». En un artículo publicado en 2003 titulado ‘Cuba duele’, el escritor uruguayo recordaba que Rosa Luxemburgo, que dio la vida por la revolución socialista, discrepaba con Lenin en el proyecto de una nueva sociedad y escribió palabras proféticas: «La libertad solo para los partidarios del gobierno, solo para los miembros de un partido, por numerosos que ellos sean, no es libertad. La libertad es siempre libertad para el que piensa diferente». Y advirtió: «Sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, sin una lucha de opiniones libres, la vida vegeta y se marchita en todas las instituciones públicas, y la burocracia llega a ser el único elemento activo». Galeano constata que en el siglo XX y lo que va del XXI se ha consumado una doble traición al socialismo: la claudicación de la socialdemocracia y el desastre de los estados comunistas convertidos en estados policiales.

Los movimientos sociales que justificaban el asesinato por un «bienestar» futuro fueron anticipados por Fiodor Dostoievski en ‘Los endemoniados’ (traducida también como ‘Los demonios’), novela que Camus adaptará al teatro en ‘Los posesos’ y cuyo tema central trató años antes en ‘Los justos’. Un personaje de ‘Los endemoniados’, el filántropo Chigalev, un apasionado de la igualdad, llega a esta conclusión: «Partiendo de la libertad ilimitada, llego al despotismo ilimitado». Y añade que fuera de su fórmula social no puede haber otra. O sea, opone su despotismo al despotismo que combate, como hizo Fidel. Según Camus, «así fueron anunciadas las teocracias totalitarias de siglo XX, el terrorismo de Estado. (…) Para que el hombre se hiciera Dios, era preciso que la víctima se rebajara hasta volverse verdugo». El revolucionario ruso Kaliayev, protagonista de ‘Los justos’, rechaza la divinidad, porque rechaza el poder ilimitado de dar muerte. Su regla es: «Hay que aprender a vivir y a morir, y para ser hombre hay que negarse a ser Dios». Pero Fidel no se negó.

(Publicado en el diario HOY el 4 de diciembre de 2016)

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Rita y Ana
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El Zurdo | 28-11-2016 | 17:33| 0

La muerte física de Rita Barberá, la que pasó de ser la alcaldesa de España a la última de la fila, ha coincidido con su muerte política. Su muerte simboliza el fin de una forma de ejercer el poder más populachera que populista, más matriarcal que maternal, más ostentosa que ostensible. También es el epílogo de una época de ladrillos y gaviotas, de burbujas y excesos, la del milagro español que resultó ser un truco de ilusionismo, la edad de la inocencia de la que despertamos enfangados hasta las cejas en 2008. Y la Valencia de Rita quedará como el epítome de esa época en la que todas las madejas de corrupción conducían a la Gomorra levantina.

Con todo, ni Barberá era la mártir que ahora nos quiere vender el PP, que, no lo olvidemos, fue el que la defenestró para amarrar la investidura de su amigo Mariano, ni tampoco el demonio que nos quiere pintar Unidos Podemos. Era humana, demasiado humana, un ejemplo fáustico del alto precio que se cobra el mefistofélico poder. Por eso, como todos los muertos, la senadora valenciana merecía un respeto, y los morados se lo han faltado con su negativa a secundar en el Congreso un minuto de silencio en su memoria. Mala cosa es esa de confundir adversario con enemigo, de creerse santón y juez.

Ay, cuánto les queda por aprender a Iglesias y compañía de Marcos Ana, que falleció justo al día siguiente de Barberá. Como él mismo se retrataba, era un hombre sencillo, normal, al que la vida puso en algunas situaciones difíciles, «un hijo de la solidaridad». El vástago de Marcos y Ana nació Sebastián Fernando Macarro Castillo. Tenía 96 años, de los que él descontaba los 23 que pasó en las cárceles franquistas por ser comunista; fue el preso que más tiempo pasó entre rejas durante la dictadura. En la soledad de su celda perdió su juventud y se hizo poeta. La prisión fue su universidad. Ingresó en ella con 19 años y fue dos veces condenado a muerte sin pruebas acusado de tres asesinatos en Alcalá de Henares por los que ya habían sido fusilados otros compañeros. Le conmutaron la pena capital por 30 años de cárcel, a los que sumó otros 30 por publicar un periódico clandestino en el trullo. Salió en libertad, «virgen y mártir», aún un niño en el cuerpo de un hombre de 41 años, en 1961. A partir de entonces emprendió una campaña internacional contra la represión franquista y se erigió en un firme defensor de los derechos humanos y la democracia.

Amigo de Alberti, Neruda, Miguel Hernández o Saramago, Marcos Ana es un ejemplo de rebeldía y dignidad, que él entendía como ser fiel a uno mismo, un ejemplo que quiso transmitir a los jóvenes de hoy a través de su última obra: ‘Vale la pena luchar’, un «humilde manual» en el que, «sin rencor» y «sin venganza», alienta a seguir peleando por un mundo más justo. «El individualismo nos pierde. Nos resta fuerza… Siempre he pensado que vivir para los demás ha sido la mejor manera de vivir para mí mismo», escribe.

En manos de Marcos Ana, la poesía fue esa arma cargada de futuro que clamaba Gabriel Celaya; su poesía fue la de quien tomó partido hasta mancharse, poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que todos respiramos. Marcos Ana es la memoria histórica de los perdedores de la guerra. Frente a la torrencial y atronadora Rita Barberá, era una lluvia fina, una caricia de agua apenas sentida pero constante que acaba calándote hasta los tuétanos.

(Publicado en el diario HOY el 27 de noviembre de 2016)

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El triunfo de la posverdad
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El Zurdo | 24-01-2017 | 18:53| 0

El triunfo electoral de Donald Trump es, como el ‘brexit’, el triunfo de la posverdad. Esta es la palabra del año para el Diccionario Oxford, que ha constatado un espectacular auge de su uso.

«Posverdad» es lo relativo a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales. Un artículo de ‘The Economist’, titulado ‘El arte de la mentira’, dice que «Trump es el principal exponente de la política de la posverdad, que se basa en frases que ‘se sienten verdaderas’, pero que no tienen ninguna base real». El filósofo estoico Epicteto decía que «la verdad triunfa por sí misma, la mentira necesita siempre complicidad». Los cómplices de Trump son ciertos medios para los que, como advirtió el maestro Ryszard Kapuściński, la verdad ya no es importante, ni siquiera la lucha política lo es: lo que cuenta en la información es el espectáculo. Y de eso sabe mucho un empresario y ‘showman’ como Trump.

Para la directora de ‘The Guardian’, Katharine Viner, los elementos de la política de la posverdad son: unos políticos que apelan constantemente a los sentimientos; la situación de gran debilidad de los medios, necesitados de clics para su supervivencia; y el hecho de que cada vez más gente se informa a partir de contenidos seleccionados por algoritmos, es decir, a través de motores de búsqueda como Google y redes sociales como Facebook o Twitter.

Miquel Urmeneta, periodista y profesor en la Universitat Internacional de Catalunya, lo llama «la tiranía del algoritmo, que no tiene en cuenta ni la veracidad de las informaciones ni fomenta que las opiniones sean variadas y equilibradas. El usuario acabará atrapado en una esfera donde los contenidos cada vez serán más próximos a su ideología e intereses y donde tenderá a relacionarse sólo con usuarios afines». Clave en la victoria de Trump fue su estrategia digital. Supo emplear como nadie las redes sociales para pescar votos en el río revuelto de la antaño pujante región de los Grandes Lagos, donde es mayor el resentimiento contra el sistema de las clases medias y trabajadoras víctimas de la globalización y la crisis.

Para Manuel Arias Maldonado, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Málaga, «las emociones juegan, indiscutiblemente, un papel relevante en la vida política». Pero a veces «es algo peligroso: cuando invita al proteccionismo, al narcisismo, incluso al odio». Obama canalizó el voto de la esperanza y Trump se ha convertido en el banco de odio e ira de los heridos en su orgullo.

Peter Sloterdijk sostiene que la izquierda ha funcionado históricamente como «un banco de ira» donde «la gente depositaba sus frustraciones y otros gestionaban ese capital para devolverle los intereses en forma de autoestima para ellos y desprecio para sus enemigos». Según el filósofo alemán, la ira, la indignación han cobrado más fuerza, pero la izquierda ya no desempeña el papel de banco mundial de la ira y el islamismo es solo un banco local. A mi juicio, también lo son el populismo y el nacionalismo, si bien amenazan con provocar una deflagración mundial al no dejar de prender focos a uno y otro lado del charco. Como dice Arias, «el resultado es un paisaje en llamas, una amalgama de pasiones e hipérboles que se parece bien poco a la esfera pública sosegada que soñaron los ilustrados como fundamento para nuestras democracias representativas».

(Publicado el 20 de noviembre de 2016 en el diario HOY)

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Monstruos S.A.
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El Zurdo | 20-11-2016 | 22:27| 0

Tras el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales estadounidenses, circula por la redes sociales esta traducción bastante libre de una célebre cita del comunista italiano Antonio Gramsci: «El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos». Trump es uno de esos monstruos surgidos en este interregno o claroscuro que vivimos. En el que hubo entre las dos guerras mundiales, Gramsci estuvo encarcelado por orden de Mussolini, otro monstruo que, como Trump y el rijoso dragón Mal-Rodrigo de la obra teatral ‘Pelo de tormenta’, del recientemente fallecido Francisco Nieva, provoca, a la vez, temor y fascinación en el pueblo, que siente atracción por lo desconocido cuando está indignado con lo conocido.

En palabras del propio Nieva, el dragón «es la fenomética naturaleza del mundo para el que las instituciones, las reglas, las conductas morales que impone el hombre no significan nada (…) y vemos también que el pueblo es fundamental en la orientación de la vida y se mueve por impulsos, en los que no se niega ni se afirma el mal, pero es apasionado y violento, con las reacciones de un animal que se puede expresar con palabras».

Decía Aristóteles que en el justo medio está la virtud cuando los extremos son viciosos. ¿Pero qué pasa cuando el vicioso es el medio, ese que representaba el bipartidismo? Que la plebe buscará impulsivamente la virtud en los extremos. Según Gramsci el fascismo no es la expresión de toda la clase dominante, sino que es el producto político de la burguesía urbana y agraria que ha entregado el poder a la alta burguesía. Eso ha ocurrido en EE UU: las clases medias (la burguesía urbana y agraria), castigadas por la crisis y la globalización económica, han entregado el poder a la alta burguesía, o sea, a un multimillonario como Trump, que se presenta como un antisistema, como en su día Berlusconi, cuando, en realidad, es un hijo bastardo del sistema, lo mismo que el fascismo lo es del capitalismo.

En el interregno de los años veinte y treinta, las reacciones a la crisis del sistema capitalista desde la extrema izquierda y la extrema derecha, con ser muy diferentes, degeneraron en totalitarismos. Tras la II Guerra Mundial, Europa encontró el justo medio en el Estado democrático y social de Derecho o de bienestar, que nació del consenso entre socialdemócratas y democristianos. Pero tras las crisis del petróleo de los setenta, Reagan y Thatcher acaudillaron una contrarrevolución neoliberal, basada en la utopía de la autorregulación del mercado, que ha desembocado en un totalitarismo invertido: el poder ha pasado del Estado a don Dinero, de los parlamentos a los consejos de administración. Las víctimas de ese totalitarismo se están rebelando lanzándose al pozo del dragón.

Nos encontramos en el primer acto de una representación teatral furiosa en la que, como anuncia el personaje ciego de ‘Pelo de tormenta’, «se va a armar la gorda». Sin embargo, como en esta obra, cuando los alguaciles desalojen la fiesta quedará en el pueblo una resaca de vacío, de descontento y de frustración, porque «todo es ceniza, todo es teatro» y «el dragón sólo era las mañas embaucadoras de un bululú». No obstante, como juzgó el crítico teatral Moisés Pérez Coterillo, las obras de Nieva «pueden llamarse apocalípticas, porque anuncian el final de este mundo, pero al mismo tiempo dejan la puerta abierta a un posible renacimiento».

(Publicado en el diario HOY el 13 de noviembre de 2016)

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El verdadero cuarto poder
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El Zurdo | 07-11-2016 | 17:47| 0

No es la primera vez que escribo que el buen periodismo no es el cuarto poder sino un contrapoder. No obstante, la prensa es, con demasiada frecuencia, un instrumento al servicio del verdadero cuarto poder: don Dinero. Quien se sorprenda de ello es un ingenuo o un cínico, como Pedro Sánchez. Sus revelaciones a Jordi Évole no por verosímiles dejan de ser intencionadas: son el contrataque kamikaze de un ángel caído al que cortaron las alas sus iniciales valedores (políticos, mediáticos y económicos) porque quiso volar libre; ahora se apresta a reconquistar el trono perdido intentando atraer a su causa a los enemigos de sus enemigos presentándose como san Pedro bueno mártir.

Ryszard Kapuściński advierte que «los medios de comunicación son los más manipulados porque son instrumentos para determinar la opinión pública». El reportero polaco admite que «hay cientos de maneras de manipular las noticias y sin decir mentiras». Una manera es omitir un tema. «Si no hablamos de un acontecimiento, este, simplemente, no existe», pues «los temas principales que dan vida a las ‘noticias del día’ deciden qué pensamos del mundo y cómo lo pensamos», como reflejan los barómetros del CIS y las encuestas preelectorales, que pueden acabar condicionando nuestro voto.

Como apunta Joan Francesc Cánovas, periodista y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, los medios de comunicación se han convertido en colaboradores necesarios de las clases dirigentes para que puedan alcanzar sus objetivos y, por tanto, en actores fundamentales en la generación de opinión pública. Cánovas prologa el ensayo ‘¿Qué es la democracia?’, basado en el pensamiento del sociólogo alemán Jürgen Habermas. En él, la periodista Sol Bilbao analiza «cómo la existencia o no de democracia en un sistema político es consecuencia del tipo de opinión pública que se desarrolla en la sociedad».

Habermas distingue dos tipos de opinión pública: la ideal o paradigmática y la manipulativa. La primera es un requisito indispensable de la democracia y es una instancia crítica: los ciudadanos mantienen una comunicación racional, abierta y transparente con los representantes de las instituciones en la búsqueda de soluciones consensuadas para las cuestiones de interés general. La segunda es una instancia receptiva: los ciudadanos aislados no pueden entablar un diálogo real con los instalados en la «notoriedad pública» (las clases dirigentes), que solo buscan su aclamación, ya que utilizan una divulgación manipulativa de mensajes para reforzar su posición dominante.

Al ser los principales creadores de opinión pública, el estado de los medios es un preciso termómetro para comprobar la salud de nuestra democracia. A medida que la información deviene en un gran negocio, los medios mutan en empresas corrientes que ante todo pretenden ganar dinero y son presa de intereses ajenos que tratarán de influir sobre ellos, sea vía publicidad o entrando en su accionariado. Así, como dice Bilbao, «las manos privadas poseedoras de los medios se configuran como grupos de poder particulares, aglutinando a su vera intereses políticos que responden al reclamo publicitario» y «los intereses privados cobran relevancia política». Los medios pasan a ser fabricantes de una opinión pública manipulativa, legitimadora del Poder. Por ende, la concentración de los medios en cada vez menos manos refuerza las tendencias oligárquicas y socava la opinión pública crítica, garante de la auténtica democracia.

(Publicado en el diario HOY el 6 de noviembre de 2016)

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Podemos sin poder
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El Zurdo | 31-10-2016 | 18:03| 0

Rajoy sigue de presidente del Gobierno con permiso de Ciudadanos, el PSOE, pero también Podemos. Nadie quería al líder del PP, pero al final el partido naranja ha acabado apoyando su reelección por activa, los socialistas por pasiva y los podemistas por negativa. Sí, por su negativa a respaldar la investidura de Pedro Sánchez tras el 20D.

Sánchez fracasó en su intento de formar un «Gobierno del cambio» con C’s y Podemos por sus vetos cruzados y volvimos a votar el 26J. Y gracias al golpe de mano de los coroneles socialistas, el impasible y paciente general popular logró ayer, por fin, retener la poltrona de la Moncloa, pese a tener la camisa negra.

La historia podría haber sido distinta si Podemos hubiera votado a favor de la investidura de Sánchez y le hubiera dejado formar gobierno con Rivera y compañía sin entrar en él. Es algo que valoró el poli bueno y mente pensante de Podemos, Íñigo Errejón, pero que descartó el poli malo y brazo armado, Pablo Iglesias. Sin embargo, es lo que la formación morada hizo, por ejemplo, en Extremadura, donde respaldó la investidura del socialista Vara y se quedó en la oposición. Eso sí, luego Vara se lo agradeció arreglando las cuentas autonómicas con el PP.

Pero, como se ha visto, Sánchez tiene más mano izquierda que el diestro mayoral extremeño. Además, hubiera sido un contrasentido, difícil de entender por los electores y militantes socialistas, que quien se presentaba como alternativa del partido de la Gürtel llegara a alguna componenda con alguien al que tachó de indecente.

Es más que probable que si Podemos hubiera servido la presidencia a Sánchez en bandeja de plata sin sentarse a su mesa, hubiera gozado de un poder del que ahora carece siendo «la única y verdadera oposición». El Ejecutivo de Sánchez hubiera necesitado de su continuo plácet para sacar adelante los presupuestos o cualesquieras iniciativas legislativas.

Mas, entre lo malo y lo peor, Pablo Iglesias optó por lo peor, quizás pensando, a la manera leninista, que cuanto peor, mejor. Seguramente recordó lo que dijo Lenin en octubre de 1917 desde su retiro de Finlandia: «¡La crisis está madura! ¡Contemporizar se convierte en un crimen! ¡Hay que realizar inmediatamente la revolución y tomar el poder, de lo contrario todo se habrá perdido!».

Fagocitada IU, Iglesias se las prometía felices el 26J porque los augures le hicieron creer que le echaría la pata por encima al PSOE, pero al final este cuento acabó como el de la lechera. Ahora Iglesias se agarra al mito griego, cree que repetirá el éxito de Syriza y que el PSOE terminará como el Pasok. En junio de 2012, tras repetirse los comicios, Nueva Democracia (el PP heleno) formó un gobierno de coalición con los socialistas y una tercera fuerza de centroizquierda. Dos años y medio después, Syriza ganó las elecciones y el Pasok pasó a ser una fuerza irrelevante. La diferencia es que entonces Grecia estaba desesperada, al borde del abismo, y España hoy está hastiada y saliendo, mal que bien, del pozo.

Mas, como también dijo Lenin, «salvo el poder, todo es ilusión» y, como afirmó otro maquiavélico, Andreotti, «el poder desgasta sobre todo cuando no se tiene». Tras el 20D, Podemos tuvo en su mano la llave del Gobierno y la gobernabilidad y ahora, como ha advertido Errejón, corre el riesgo de convertirse en una fuerza marginal, «que es capaz de decir lo que no funciona, es capaz de enfadarse, de mantener a alguna gente muy fiel, pero no es capaz de construir una mayoría alternativa» que «incluya también a muchos de los que hoy todavía desconfían», como esos que se quedaron en casa el 26J.

(Publicado en el diario HOY el 30 de octubre de 2016)

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