Hoy

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El miedo a la risa
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El Zurdo | 12-01-2015 | 11:38| 0

El 7 de enero de 2015 es ya una fecha marcada en sangre para todos los que ejercemos el periodismo. La libertad de expresión, hecha papel en la satírica revista francesa ‘Charlie Hebdo’ y hecha carne en sus autores, fue atacada en nombre de Alá y su Profeta en la cuna de la libertad, igualdad y fraternidad y de la Ilustración. Los ejecutores fueron dos secuaces de la nueva Secta de los Asesinos, tipos cegados por la luz divina, narcotizados por el odio al infiel que pregona el nuevo Viejo de la Montaña y que, al parecer, padecen geliofobia, es decir, un miedo irracional a la risa, en este caso a la ajena.

De la misma fobia adolecía el monje benedictino ciego de ‘El nombre de la rosa’, Jorge de Burgos, que tampoco dudó en asesinar en nombre de Dios para mantener oculto el segundo libro de Poética de Aristóteles, dedicado a la comedia, porque podría enseñar a los hombres doctos que el humor es un instrumento de la verdad, que es permisible reírse de todas las cosas. Y eso para el venerable Jorge es inadmisible porque, a su implacable juicio, «la risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe, porque sin miedo al diablo ya no hay necesidad de Dios» y «si podemos reírnos de Dios el mundo desembocaría en el caos».

Sin embargo, son hombres sin sentido del humor y sin ningún tipo de sentido, temerosos de Dios y aún más del hombre, fundamentalistas de toda verdad y mentira, los que, en nombre de Alá, Yavé, el Altísimo, Mammón, la Patria o, incluso, la Libertad y la Democracia, han arrastrado al mundo al caos repetidamente. Y para ello se han valido del miedo. El miedo siempre ha sido la principal arma del poder para imponer su verdad. Por eso, el poder, temporal o divino, es geliofóbico por naturaleza. A quien más teme es a quien no le teme, a quien se ríe de él, al bufón, al que le señala sus vergüenzas y desata la carcajada popular. El cómico pone al poder frente a los espejos del callejón del Gato. Y eso no gusta al poder, porque la imagen que ve reflejada está deformada y provoca hilaridad.

Por eso al partido del Gobierno no le gusta que un bufón como Facu Díaz haga una parodia en un vídeo emitido por el programa televisivo ‘La Tuerka’ en el que aparece con un pasamontañas leyendo un comunicado similar a los de ETA con el que el PP anuncia el cese de «la actividad armada», la «entrega de las armas» y su disolución después de todos los casos de corrupción. Díaz ha sido imputado tras ser denunciado por la organización Dignidad y Justicia, que considera que el vídeo traspasa los límites de lo que ampara la libertad de expresión y constituye «una humillación, vejación, descrédito, menoscabo y escarnio» de las víctimas del terrorismo, tipificado en el Código Penal, si bien no hacía referencia a ellas. En un comunicado posterior a la emisión del ‘sketch’, Díaz hace suyas unas palabras del comediante inglés Ricky Gervais y se pregunta y contesta: «¿Hay algo sobre lo que no se deba hacer chistes? No, no hay nada con lo que no se pueda bromear, todo depende de lo que sea el chiste. La comedia viene de un lugar bueno o malo. Depende de tu criterio saber cuál es».

No podemos tomarnos en serio a alguien sin humor, a alguien que es incapaz de reírse de sí mismo. Alguien así no puede ser bueno. Como dice el Zaratustra de Nietzsche, «todas las cosas buenas se ríen».

(Publicado en el diario HOY el 11/1/2014)

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¿Cambio o cambiazo?
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El Zurdo | 10-02-2015 | 17:45| 0

Acabó 2014, el año del principio del fin de la crisis económica, dicen, pero también el año en que entró en crisis el sistema político consensuado en 1978. Y arrancó 2015, el año del despegue definitivo de la economía, dicen, pero… ¿será también el año del principio del fin del bipartidismo?

La explosión de la burbuja inmobiliaria puso término al, dicen, más largo ciclo virtuoso de la economía patria, que degeneró en vicioso. Y la irrupción electoral de Podemos puede poner término al, dicen, más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vivido por España, que degeneró en corrupción.

Soplan vientos de cambio de régimen, o más bien de esperanza de cambio, como hace justo 40 años. Entonces, el cambio se gestó desde arriba y su palanca fue UCD. Hoy, el cambio se ha gestado desde abajo y su palanca puede ser Podemos. Son muchos los que comparan Podemos con el PSOE de Felipe González que arrasó en las elecciones generales del 28-O de 1982. Sin embargo, yo también veo semejanzas entre Podemos y UCD. Cierto que Podemos nació de la costilla izquierda de Adán y UCD de la derecha, pero ambas surgieron con vocación de ser transversales y arcoíris, de aglutinar entorno a un líder carismático a gente de toda clase y condición y de casi todos los colores políticos. UCD se hizo con la hegemonía política articulando diferentes demandas ciudadanas en torno a una demanda común: la instauración de la democracia. Y Podemos las ha articulado en torno a una nueva demanda compartida: regenerar la democracia, lo que pasa por que el pueblo derroque a la ‘casta’ que lo mangonea. De la mano de Adolfo Suárez, UCD pilotó la transición de la dictadura a la democracia, pero se quedó a medio camino, porque, como sostiene el economista Juan Torres López, «en España el poder real lo tiene un grupo de mil a dos mil personas, con un poder financiero impresionante, que procede en la gran mayoría de los casos del franquismo». Y de la mano de Pablo Iglesias, Podemos aspira a pilotar una segunda transición: la de esa oligarquía con facha democrática a una democracia real. Sus detractores, en cambio, agitan el espantajo de que que Podemos convertirá el país en una demagogia (forma corrupta y degenerada de la democracia) u oclocracia (gobierno de la muchedumbre) al estilo de Venezuela.

Ahora bien, Podemos corre el riesgo de ser flor de un día, como le ocurrió a UCD. Esta implosionó cuando prescindió del pegamento que la mantenía unida, Adolfo Suárez, y la ciudadanía consideró que había cumplido el papel para el que fue creada ‘ex novo’: pilotar la transición. Papel que no hubiera podido llevar a cabo sin el apoyo tácito del Partido Comunista, lo que este pagó en las urnas. Lo mismo puede sucederle ahora a su heredera, IU, si decide respaldar a Podemos con el fin de impulsar la segunda transición.

El PC estuvo a punto de ser fagocitado por aquel camaleónico PSOE que en 1982 alcanzó la Moncloa con la promesa de un cambio que iba a dejar a España que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Para llegar al poder, los socialistas abjuraron del marxismo; para mantenerse en él, claudicaron ante el neoliberalismo y cambiaron la chaqueta de pana por la americana. Veremos si este será el año del cambio de aquel cambio o el año en el que nos vuelvan a dar el cambiazo y gato pardo por liebre.

(Publicado en el diario HOY el 4/1/2015)

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Inocentes
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El Zurdo | 30-12-2014 | 17:17| 0

Hoy es el Día de los Santos Inocentes, un día consagrado en Hispanoamérica y España a las bromas. Según cuenta la Wikipedia, en algunas zonas del Nuevo Continente hay que cuidarse de prestar bien alguno, sea objeto o dinero, pues el prestatario es libre de apropiarse de lo prestado y de mofarse del prestador con alguna de estas populares frases: «Inocente palomita que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada se puede prestar», o bien «Inocente palomita que te dejaste engañar, hoy por ser día 28 en nadie debes confiar».

Hoy, por tanto, están de enhorabuena Luis Bárcenas, Francisco Camps, Ricardo Costa, Francisco Correa, Carlos Fabra, Jaume Matas, Iñaki Urdangarin, Cristina de Borbón, Rodrigo Rato, Miguel Blesa, Ana Mato y exmarido, Francisco Granados, Jordi Pujol e hijos, Magdalena Álvarez, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y un largo etcétera de ilustres prebostes y capitostes. Felicidades a todos ellos, que han contribuido a que todos nuestros días sean 28 de diciembre.

Felicidades también para el actual inquilino de la Moncloa, un maestro de la ironía. Gracias, don Mariano, por alegrarnos la vida con sus jácaras. Lástima que haya aún gente lerda que no le haya cogido el punto y no entienda que usted siempre dice lo contrario de lo que piensa y va a hacer. Su última humorada es antológica, para enmarcar. ¡Que «2015 será un año muy bueno para la economía, el del despegue definitivo», dice el tío! Ja, ja, ja, ja. Y fue la monda cuando soltó aquello de: «Nunca hemos engañado a los españoles en cuanto a la realidad de la situación económica y hemos sido prudentes para que la realidad nos corrigiera en lo positivo no a la baja pero al alza». Si es que a ocurrente solo le gana el viajero mayoral de este cortijo. Una de sus últimas ocurrencias, la venta del caserón de Mérida, es de chiste. Una pena, penita, pena que el regidor romano tenga ese humor tan acedo y no le haya visto la puñetera gracia. Envidia cochina que le tiene, que se lo digo yo.

Y luego está el aguafiestas del ‘coleta’, siempre metiendo el dedo en la llaga. ¡Qué ‘saborío’ eres, mi ‘arma’! ¡Mira que eres pesaduzo con lo de la casta, que eso ya está más visto que el tebeo! Como sigas así vas a conseguir que don Mariano y el pavisoso de Pedro Sánchez se hagan amiguitos. El ‘presi’ ya le ha tirado los tejos al míster ‘socialisto’.

Mención aparte merecen la pareja cómica que forman el Arturito y el Oriol. ¡Qué cargantes son con lo de la independencia! ¡Anda y que les zurzan! Eso sí, que el Barça continúe jugando la liga española.

Ya los veo a todos ellos enfrentarse hoy a harinazo, huevazo y petardazo limpio en la Fiesta de los Enharinados o de la Justicia Nueva, que se celebra en la localidad alicantina de Ibi. A un lado, los enharinados, encabezados por don Mariano, como alcalde, al que acompañan sus alguaciles del Consejo de Ministros, un juez bizco y una fiscal sumisa. Al otro, la mal avenida oposición, liderada por el ‘coleta’, detrás del cual, haciéndole burlas, se tambalea el guaperas de Pedro, al que sostiene con mano flácida y mira con cara de pocos amigos la donairosa sultana andalusí. Ojo, esta batalla campal acaba siempre con la rendición de la oposición y el armisticio por el que se unen los dos bandos por una causa común.

(Publicado en el diario HOY el 28/12/2014 con otro título por error)

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El loco del pueblo
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El Zurdo | 22-12-2014 | 18:11| 0

El viernes nos desayunamos con la noticia de que un kamikaze había empotrado su coche contra la sede nacional del PP, en la madrileña calle Génova. Cargaba en el maletero una bomba casera y rudimentaria fabricada con dos bombonas de butano, gasolina, fertilizantes y cerillas. Afortunadamente, no explotó ni hubo que lamentar víctimas. Al principio se temió que fuera un ataque yihadista, como el de Sídney. Al final resultó que el autor es Daniel Pérez Berlanga, un parado de 37 años que vive en un pequeño pueblo de Teruel, Bronchales.

Daniel fue detenido y declaró a la policía que quería atentar contra los políticos porque «todos son iguales» y les culpa de no tener trabajo y de haberle arruinado. Al parecer, su intención inicial era empotrar su vehículo contra el Congreso, pero se perdió y eligió la sede popular porque sabía cómo llegar. El alcalde de Bronchales se mostró muy sorprendido y consternado pues no podía sospechar ni por asomo que Daniel fuera capaz de hacer algo así, pues es «absolutamente normal, no tiene problemas con nadie ni es agresivo», una opinión compartida por otros vecinos. No obstante, la policía sostiene que hace años estuvo en tratamiento psiquiátrico y tuvo problemas con las drogas y que es conocido como ‘el loco del pueblo’.

Al Gobierno le interesa que se difunda que este suceso es obra de un pirado más que de un desesperado. Puede que Daniel sea las dos cosas, pero este incidente me parece un síntoma exacerbado de las crecientes desesperación e indignación de la ciudadanía. Rajoy y sus voceros pueden decir misa, pero la inmensa mayoría de los españolitos no percibe aún la cacareada recuperación, como muestra el último barómetro del CIS.

Daniel no es el único al que se le ha pasado por la cabeza poner una bomba en el Congreso «para acabar con toda esa panda de chorizos». Es una idea que le he escuchado a más de uno y de dos respetables padres de familia y gente de buen vivir. Tal es su encono con los políticos. De acuerdo, son cosas que se dicen en un momento de crispación que, por suerte, quedan en palabras. Pero si no hay más Danieles, ‘lobos solitarios’, días de furia o revueltas como la de Gamonal es gracias a Podemos.

Podemos, lejos de ser antisistema como nos venden, está contribuyendo a sostener el sistema. Pablo Iglesias y sus círculos de confianza han canalizado el cabreo de las clases medias y bajas, las que más han sufrido la crisis, y les han dado una esperanza de cambio, como hizo el PSOE de Felipe González en 1982 y Obama, cuyo lema electoral era, precisamente, ‘Yes we can’ (‘Sí podemos’), en 2008 en EE UU. Podemos es la espita que está evitando que estalle esta olla a presión que es España. Podemos se alimenta del voto bronca. A la mayoría de sus potenciales votantes les da igual lo que proponga; solo quieren que barra del poder a PPSOE, a esa putrefacta ‘casta’ a la que, como Daniel, culpan de su ruina y la del país. Por eso, Podemos gana más adeptos cuanto más arremeten contra él socialistas y populares. Estos ya no tienen credibilidad. Podemos ha generado una ilusión en un pueblo al borde de un ataque de nervios. Porque el enfermo es este sistema capaz de enloquecer al más cabal. Y, como dice el escritor japonés Haruki Murakami en ‘De qué hablo cuando hablo de correr’, «no existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura».

(Publicado en el diario HOY el 21/12/2014)

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Correr
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El Zurdo | 14-12-2014 | 20:26| 0

Correr probablemente sea el deporte más antiguo del mundo, pero quizás nunca haya sido tan popular. Sus aficionados se han multiplicado exponencialmente en los últimos años, coincidiendo, curiosamente, con la crisis. Puede que sea porque correr es el ejercicio físico más barato y más eficaz para perder esos kilitos de más; aunque también porque ayuda como nada a prevenir las dos enfermedades más extendidas en nuestra sociedad capitalista: la depresión y la ansiedad, y más en estos tiempos difíciles en los que aún cuesta ver un claro en el cielo por más que diga nuestro señor presidente que «estas Navidades serán las primeras de la recuperación» y que «en muchos aspectos la crisis es historia del pasado».

Yo soy uno de esos noveles corredores populares que ha comprobado en sus carnes cuán cierto es aquello de «mens sana in corpore sano». Siempre he hecho algo de deporte y de lo que antes los esnobs llamaban ‘footing’ y ahora ‘running’, pero es en la segunda mitad de este año cuando me he puesto en serio a eso de correr, siguiendo, incluso, un plan de entrenamiento diseñado por mi amigo Antonio Lorenzo, avezado maratoniano con muchos kilómetros en las suelas de sus zapatillas. Es más, ya he participado en un par de medias maratones. Ser corredor de fondo me ha ayudado a tomarme la vida de otra manera, como una carrera de resistencia y persistencia, en la que no importa llegar antes sino llegar más lejos, en la que uno no compite para ganar, sino solo compite consigo mismo, buscando y ampliando sus límites, y en la que lo importante no es alcanzar la meta sino recorrer el camino que te lleva a ella. Ser corredor de fondo también te ayuda a ser disciplinado, tenaz y paciente y a tener una visión a largo plazo.

En este sentido, el fondista corre a contracorriente de la sociedad capitalista. El capitalismo es hijo de las prisas y la desmesura, es impaciente, impetuoso y cortoplacista, y valora el éxito rápido, efímero y fulgurante. El capitalismo necesita producir más y más en el menor tiempo posible y con el menor coste. Para ello, estimula en la gente una perenne insatisfacción que le incita a desear más y más y a consumir más y más para intentar, en vano, saciar esa ansiedad. El símbolo sagrado del capitalismo es la mercancía barata y su templo, el centro comercial.

El maratoniano alcanza su apogeo en la edad madura, pasados los 30, pues, amén de buenas piernas, debe tener la fortaleza mental para sufrir que dan los años. En cambio, el capitalismo exalta la impetuosa juventud y desprecia la serena madurez. Se da la gran paradoja de que mientras los gobiernos quieren que nos jubilemos cada vez más tarde para sostener el sistema de pensiones, pasados los 45 años ya eres un lastre, un capital humano obsoleto para las empresas. Los trabajadores mayores de 45 años despedidos van a la fosa común laboral, pues nadie los quiere contratar por viejos.

Como decía el mítico fondista checho Emil Zatopek, conocido como ‘La locomotora humana’, ganador de cuatro oros olímpicos y una plata, «si quieres ganar, corre los cien metros; si quieres experimentar la vida, corre maratones». Sin embargo, el capitalismo ensalza al velocista y ningunea al fondista, o lo que es lo mismo: antepone el triunfo a la vida, vencer a vivir.

(Publicado en el diario HOY el 14/12/2014)

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El poder del dinero
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El Zurdo | 08-12-2014 | 19:13| 0

Para los españoles, según el último barómetro del CIS, lo fundamental para ser feliz es la salud, luego llevarse bien con la familia y, por último, el dinero. La gran paradoja es que el dinero no es lo más importante de la vida, pero no se puede vivir sin él. Al menos en este mundo capitalista. El dinero todo lo puede y sin él nada se puede. Es el sumo hacedor y deshacedor. Es el gran alquimista, capaz de convertir cualquier cosa en oro y el oro en cualquier cosa. No hay conflicto que no pueda resolver ni causar. Todo lo puede comprar y vender. Puede limpiar la conciencia y manchar las manos. Puede liberar al necesitado y esclavizar al que no necesita más. Puede servir a la política o tiranizarla. Puede dar y quitar la razón. Es un medio con el que se puede llegar a cualquier fin y un fin al que se puede llegar por cualquier medio. Por dinero o con dinero se puede trabajar y dejar de trabajar, vivir y dar la vida, matar y morir, hacer la guerra y el amor. No hay dios con más fieles ni creencia ni idea que más fascine. «El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado», como dice el historiador israelí Yuval Noah Harari, quien, no obstante, advierte que «no confiamos en el extraño, ni en el vecino de la puerta de al lado; confiamos en la moneda que sostiene».

El dinero es la tela de araña invisible que nos tiene atrapados a todos, la verdadera fuerza de cohesión social del capitalismo. Más precisamente, como dice el filósofo John Holloway en ‘Agrietar el capitalismo’, lo que se expresa en el dinero: el valor, que nadie controla, «el impulso conquistador omnímodo» de la mercancía barata, la producida en el menor tiempo. El valor ha destruido todas las revoluciones del siglo XX. El paradigma es la china, devenida el símbolo de la mercancía barata. Quien intenta crear un sistema alternativo de producción (una cooperativa, un taller artesanal…) no podrá producir ni tan barato ni tan rápido. Si quiere sobrevivir y vender acabará produciendo a la manera capitalista. Igual ocurre en el mercado laboral: si no vendemos nuestra fuerza de trabajo al capital, ¿cómo sobrevivimos?

Todos terminamos manchándonos las manos con el dinero. También Pablo Iglesias y sus camaradas. El líder de Podemos es acusado por un antiguo socio de camuflar su productora de televisión como asociación sin ánimo de lucro y de pagar y cobrar en negro. Y su estratega electoral, Iñigo Errejón, ha sido suspendido de empleo y sueldo por la Universidad de Málaga, que le abonaba 1.825 euros brutos al mes sin cumplir, al parecer, con la obligación contractual de trabajar 40 horas a la semana desde el campus malagueño. Un pequeño lamparón al lado de la mierda que embadurna hasta los ojos a PPSOE o CiU. Pero en estos una mancha más ya no se aprecia; en cambio, si, como Podemos, se alardea de traje impoluto, la mínima mácula salta a la vista.

En fin, el dinero, como el poder, corrompe. Por eso, el dinero, como el poder, cuanto más se reparta, mejor para todos. Por ende, a más desigualdad social, más corrupción. España es, junto con EE UU, el país donde más ha crecido la desigualdad, según la Organización Internacional de Trabajo. Y de forma paralela se ha disparado la preocupación de los españoles por la corrupción: ya dos de cada tres consideran que es el principal problema del país, según el CIS.

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El impostor
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El Zurdo | 30-11-2014 | 22:45| 0

No voy a hablar del protagonista de la última novela de Javier Cercas, aunque bien podría serlo porque su vida es de fábula. Nuestro personaje es un joven imberbe de 20 años y mirada acuosa, con cara de cemento armado, pinta de haber recibido muchas collejas en el patio del colegio y delirios de grandeza, que comparte talento con Mr. Ripley. Llegó a codearse con lo más granado de la sociedad española, hasta llegó a colarse en la recepción que el rey Felipe VI dio el día de su coronación. Aún es un misterio cómo este farsante logró picar tan alto y por qué los servicios secretos y la policía decidieron pararle los pies.

Algo huele a podrido en toda esta historia, una versión libérrima y actualizada a las nuevas generaciones de ‘La vida del Buscón, llamado don Pablos’. Me da en la nariz que hay un poso de verdad en toda la película que se ha montado Francisco Nicolás Gómez Iglesias, llamado ‘el pequeño Nicolás’, un don nadie que se creyó alguien, un arribista criado, ironías del destino, en el barrio madrileño de Prosperidad, que medró como mancebo de FAES, el laboratorio de ideas del doctor Aznar, donde hizo influyentes contactos que le ayudaron a infiltrarse en determinados círculos del poder.

Esta ópera bufa, protagonizada por un falso pijo que parece salido de Los Happiness, el cuarteto ficticio que se hizo célebre con la satírica canción ‘neocon’ ‘Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio’, es una fábula de la España del régimen del 78. El ‘pequeño Nicolás’ es un reflejo de la ‘casta’, deformado por los espejos del callejón del Gato. Sí, porque en las instituciones patrias se han colado muchos impostores, arribistas, hombres de las mil caras, cuentistas, zascandiles, trileros y troleros, empezando por Felipe ‘el encantador’, pasando por Josemari ‘el amigo del americano’, José Luis ‘el bambi’ y su valido Alfredo ‘el químico’, y acabando con Mariano ‘el don Tancredo’. Sin olvidarnos de los que han pululado o pululan por estos lares, como Juan Carlos el ‘rompecristales’ o José Antonio ‘el barón rojo’. Y mención de deshonor aparte merece Jordi ‘el honorable’. Al lado de todos ellos, un chisgarabís como Adolfo ‘el Duque’ ha resultado ser un bendito.

Estos embaucadores nos hicieron creer que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió, que España iba bien y se podía permitir el lujo de poner los pies sobre la misma mesa que el amigo americano o fotografiarse con él en las Azores, que España jugaba en la Champions de la economía y tenía la banca más solvente del mundo… Tras esa España de ‘pladur’ que nos vendieron y por la que hipotecamos nuestro futuro se escondía un cenagal. Ahora el último embaucador dice que estamos saliendo de él reforzados. Pero todo es una gran farsa, un gran ‘show’ como el de Truman. Nuestros gerifaltes se comportan como productores de un espectáculo de telerrealidad del que éramos protagonistas sin saberlo. Muchos nos hemos dado cuenta del engaño y queremos abandonar el plató-prisión, pero los productores, como el Christof de la película, quieren hacernos creer que su programa llena de esperanza y felicidad a millones de personas, que ahí fuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que han creado para nosotros, mundo en el que no tenemos nada que temer porque nos conocen mejor que a nosotros mismos y saben lo que nos conviene. Pero, como le responde Truman a Christof, nunca han tenido una cámara en mi cerebro.

(Publicado en el diario HOY el 30/11/2014)

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Seiscientoseuristas
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El Zurdo | 24-11-2014 | 17:37| 0

El jueves hizo tres años que Mariano Rajoy ganó las elecciones. El viernes, su factótum, Soraya Sáenz de Santamaría, sacó pecho. «Se ha dado un vuelco a la situación económica», cacareó. Sin embargo, ese mismo día conocíamos un dato, publicado por la Agencia Tributaria, que refleja otra España bien distinta a la pintada por la vicepresidenta y el anuncio de la Lotería de Navidad. Uno de cada tres trabajadores españoles gana menos de 645 euros al mes, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional. Dicho de otro modo, 5,7 millones son ‘seiscientoseuristas’ y, por tanto, carne de exclusión social. Pero hay otros casi dos millones que ganan de 645 a 970 euros. Por tanto, casi 7,7 millones de asalariados, casi la mitad (el 46,4%), ingresan menos de mil euros mensuales, o sea, tienen un empleo que no les saca de pobre. Si hasta hace bien poco ser ‘mileurista’ era sinónimo de cobrar una mierda, ahora es un sueño para una creciente legión de jóvenes y no tan jóvenes.

Según Hacienda, el sueldo medio es de 18.505 euros anuales (1.342 mensuales), un 1,4% menos que el año anterior. Hay casi tantos ‘seiscientoseuristas’ como curritos con rentas medias (de 18.068 a 45.000 euros al año) y en este colectivo se ha concentrado el ajuste, porque hay 250.000 menos que hace un año. En contraste, solo hay 125.191 asalariados (7.000 menos), el 0,7% del total, que percibe más de 90.342 euros al año. Y su sueldo medio ha subido hasta los 147.320 euros desde los 146.312 de hace un año y los 129.852 del inicio de la crisis.

Estos datos confirman, una vez más, que durante la crisis la brecha entre la España rica y la España pobre no ha dejado de ensancharse. Reflejos extremos de esas dos Españas son Cayetana ‘la libre’, que deja a sus vástagos un patrimonio de 2.800 millones ganados con el sudor de los de enfrente, y Carmen ‘la desahuciada’, una vecina de 85 años de Vallecas desalojada de su casa el viernes, mientras se enterraba a la Duquesa de Alba, por avalar un préstamo impagado por su hijo.

En ‘Agrietar el capitalismo’, el sociólogo y filósofo irlandés John Holloway habla de dos formas de luchar para cambiar este mundo desigual: la política de la dignidad y la política de la pobreza. O sea, la política de los consejos y asambleas (la del 15M, las mareas, las marchas de la dignidad o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y la política de los partidos centrados en el Estado. La política hecha desde abajo, por el pueblo, y la política hecha desde arriba, en nombre del pueblo. Estas dos luchas, dice Holloway, se entremezclan y amalgaman a menudo en la misma organización e incluso en el mismo individuo. Ejemplo de ello son los procesos en Venezuela, Ecuador y Bolivia y también Podemos, que se mira en ellos. Pero en los cuatro ya predomina la lucha de partido estadocéntrica. Holloway la rechaza porque «actuar en nombre del pueblo, o en su beneficio, inevitablemente conlleva un grado de represión; si el pueblo no tiene la misma idea que el Estado, entonces, tiene que haber algún medio para imponer el bienestar del pueblo en contra de sus propios deseos. El movimiento revolucionario se vuelve represivo y también se debilita al perder el apoyo activo». Y el líder carismático acabará parafraseando al Rey Sol: «El pueblo soy yo» y «quien me ataca a mí, ataca al pueblo». Esta película de terror ya la hemos visto demasiadas veces.

(Publicado en el diario HOY el 23/11/2014)

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Política de altos vuelos
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El Zurdo | 17-11-2014 | 11:25| 0

Entre nuestros políticos, el que no corre, vuela. Y los hay que volando van, volando vienen y por el camino ellos se entretienen; ‘enamoraos’ de la vida que a veces duele. Sí, porque duele, y mucho, que a uno le metan la mano en los bolsillos para que otros cuando tienen frío, busquen candela a mi cuenta y la de ustedes. Luego les molesta que les llamen «casta», pero se lo han ganado a pulso.

«Casta», por cierto, es un «significante vacío» que lo mismo vale para un roto que para un descosido y que Podemos ha llenado con éxito con el significado peyorativo de «clase o élite política». No es un invento del ‘coleta’ y sus camaradas. El propio Pablo Iglesias ha explicado que ese sentido se lo dieron los periodistas de investigación Sergio Rizzo y Gian Antonio Stella en su libro ‘La casta’, publicado en 2007, en el que airean los privilegios, prebendas, corruptelas despilfarros, abusos, etc. de los políticos italianos. Casi dos años después, el periodista español Daniel Montero publica una obra de igual título, ‘La casta’, con dos elocuentes subtítulos: ‘El increíble chollo de ser político en España. Derroches, comilonas, regalos y privilegios inconfesables’.

El libro de Montero desnuda a nuestra clase política y la deja con las vergüenzas al aire, detallando, con profusos datos, cuánta factura nos pasan constantemente nuestros representantes. Entre otras muchas cosas, nos revela que los sueldos de los políticos elegidos en las urnas (casi 80.000) nos cuestan unos 720 millones de euros al año. También revela que los diputados y senadores, entre pitos y flautas, cobran más de 4.500 euros al mes. Es más, pueden utilizar a su antojo con cargo a las arcas del Estado aviones, trenes o barcos, y sin tener que justificar los gastos ni rendir cuentas. Como dice Montero, «la Casta, en España, es un grupo depredador, codicioso, que guarda sus secretos con un evasivo recelo», por lo que «es imposible conocer sin filtraciones» cuánto gastan sus señorías en teléfono móvil, gasolina, regalos, mantener sus despachos o viajes en avión. Por tanto, nuestro barón rojo no es una excepción, sino un botón de muestra de la política de altos vuelos que practican nuestros ‘cortesanos’.

Más de un siglo antes, el senador vitalicio italiano Gaetano Mosca destripó a la «clase política» en su obra ‘Teorica dei governi e governo parlamentare’. La define como una minoría organizada que detenta el poder frente a las masas, a las que manipula por medio de la «fórmula política», un conjunto de ideales y esperanzas que sirven para justificar la necesidad de ser gobernados. Según Mosca, dicha minoría controla el Estado incluso en una democracia, que considera útil como método de selección de élites. Para Mosca, el descontento popular puede provocar el derrocamiento de una élite y su sustitución por otra que surgirá inevitablemente de las masas. Mosca nunca creyó en la efectividad del sufragio universal por considerar que se basa en la falsa creencia de que los electores eligen a sus representantes, cuando la verdad es que el representante se hace elegir por ellos. Por ende, la nueva élite acabará ejerciendo el poder en nombre del pueblo, pero sin el pueblo, aunque a cuenta del pueblo. Un aviso para navegantes que aún creemos que podemos.

(Publicado en el diario HOY el 16/11/2014)

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Fuera de la realidad
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El Zurdo | 10-11-2014 | 17:50| 0

A ojos de nuestro presidente, estoy «fuera de la realidad», yo y todos los que dudamos de la «innegable» recuperación de la economía patria, ese 80% de los españoles que, según el CIS, no percibe que estemos mejor que hace medio año; es más, casi la mitad cree que estamos peor y dos de cada tres llegan con dificultades a final de mes. Pero para Rajoy «estamos creciendo de forma progresiva y continuada», pese a que la Comisión Europea y el BBVA han rebajado sus previsiones de crecimiento del PIB español para 2015, debido a que hemos empezado a acusar la inesperada debilidad de nuestros socios europeos, lo que ha avivado el fantasma de una tercera recesión. Bruselas pinta una España que avanza más que Alemania, pero con pies de barro: aumentando su deuda por encima del 100% del PIB, convirtiéndose en líder de la UE en paro en 2016 y necesitando un recorte adicional de 15.000 millones de euros para cumplir con el objetivo de déficit dentro de dos años.

Dice el poeta que nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Y el de don Mariano es rosa. Este parece vivir en Pleasantville, como Zapatero hasta mayo de 2010, cuando Merkel le despertó de un palmetazo y le forzó a ejecutar «el mayor recorte de derechos sociales de la democracia», que luego Rajoy superaría con un hachazo. Así, don Mariano ha logrado mejorar la percepción que los mercados tienen de la situación económica española, pero esta apenas ha mejorado. La prima de riesgo estará por los suelos, pero el paro sigue por las nubes y ya solo 57 de cada cien parados cobran la prestación. Por ende, para una creciente legión de españoles la situación va a peor. Ha mejorado para los que ya tienen de sobra. Los cien más ricos de España, según ‘Forbes’, suman 164.424 millones, un 9,2% más que el año pasado y 30.712 millones más que lo que el Estado espera ingresar en 2015. Y según Oxfam Intermón, los 20 más ricos del país incrementaron su riqueza en 12.100 millones en el último año y acumulan tanta como los 14 millones más pobres. Y la fortuna del 1% más rico supera la del 70% más pobre. España es el segundo país más desigual de la UE. Oxfam culpa de ello al pensamiento político dominante, que «insiste en defender que solo es posible un crecimiento económico sostenido reduciendo la intervención estatal y dejando que los mercados funcionen por sí mismos». Ese pensamiento justifica el secreto bancario suizo y paraísos fiscales como Luxemburgo. Se basa en la idea liberal de que la codicia es buena y que al hacerme rico yo beneficio a todos. En definitiva, el egoísmo es altruismo y cuanta más libertad se dé a los mercados mejor para todos. Pero, como dice el historiador Yuval Noah Harari en ‘De animales a dioses’, el «pequeño inconveniente» del capitalismo de libre mercado es que no puede asegurar que los beneficios se obtengan o se distribuyan de manera justa.

El dinero, como el poder –que en el capitalismo acaban confundiéndose–, si no se embrida se desboca. Parafraseando a Albert Camus, la justicia absoluta destruye la libertad, pero la libertad absoluta destruye la justicia, pues «es el derecho a dominar del más fuerte». La forma de equilibrar ambas es seguir la máxima de que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad de los demás. Esto es válido tanto para las personas físicas como las jurídicas.

¡Rajoy, entérate, es la desigualdad, amén de la corrupción, estúpido, lo que explica que Podemos siga ganando adeptos entre los que estamos «fuera de la realidad»!

(Publicado en el diario HOY el 9/11/2014)

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