Hoy

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Menos clase media, menos democracia
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El Zurdo | 09-05-2016 | 17:42| 1

La crisis ha golpeado con saña a tres millones de españoles que han pasado «de verse como clases medias participantes del progreso a sentirse vulnerables», según un estudio de la Fundación BBVA y el Ivie. Hace una década, el 59% de los españoles tenían un nivel de renta medio; ahora son el 52%. En cambio, aquellos con bajos ingresos han subido del 31% al 39%. La clase alta solo ha bajado del 9,9% al 9,2%. Se confirma así que «los costes de la crisis se han repartido de forma desigual», abriendo la brecha entre ricos y pobres, como dice Francisco Goerlich, autor del trabajo, que apunta al paro y la precarización del mercado laboral como las principales causas.

La reducción de la clase media «es un riesgo para la economía y una amenaza para la democracia», avisa el economista francés Thomas Piketty. Aristóteles advierte en su ‘Política’ que «el verdadero demócrata debe velar para que el pueblo no sea demasiado pobre, pues esto es la causa de que la democracia sea mala».

Para el filósofo macedonio, la comunidad política administrada por la clase media es la mejor y pueden gobernarse bien las ciudades donde esta es numerosa y más fuerte que las otras dos clases (baja y alta), pues así, sumándose a cualquiera de ellas, inclina la balanza e impide los excesos de los partidos contrarios, «ya que donde unos poseen en demasía y otros nada vendrá o la democracia extrema o la oligarquía pura, o bien, como reacción contra ambos excesos, la tiranía». Según Aristóteles, casi todos los legisladores han cometido dos errores: conceder demasiado a los ricos y engañar a las clases inferiores. Como resultado, «la ambición de los ricos ha arruinado más Estados que la ambición de los pobres».

Nuestros legisladores y gobernantes persisten en los mismos errores. ¿La fatal consecuencia? Un aumento de las desigualdades sociales y, por ende, un deterioro de las instituciones democráticas. La crisis económica ha conllevado la crisis de la democracia.

Para justificar la desigualdad, la clase dirigente, en connivencia con ciertos medios de comunicación, ha demonizado a la clase obrera, como denuncia el británico Owen Jones. Según el autor de ‘Chavs’, se extiende la idea de que los miembros de las élites merecen estar donde están porque son más listos y trabajan más, mientras que los que están por debajo merecen estar ahí porque son estúpidos, vagos o maleantes. La pobreza y la desigualad ya no se presentan como problemas sociales sino como fracasos individuales.

Dice Aristóteles que los pobres, aun si son excluidos de las funciones públicas, no reclaman y permanecen en calma con tal de que no se les ultraje ni se les despoje de lo poco que poseen. Por eso, los obreros y parados demonizados, los expulsados del paraíso de bienestar y las clases medias temerosas de perder su estatus nutren de votos a los populismos, que se erigen en sus salvadores. El de izquierdas, como el podemita, canaliza la indignación ciudadana hacia los políticos corruptos, banqueros o evasores de impuestos. El de extrema derecha, como el que está en auge en Francia, Alemania o Reino Unido y encarna Donald Trump en EE UU, traslada la rabia de la gente contra los funcionarios, los inmigrantes, los musulmanes e incluso sus vecinos.

Para que la combinación política sea equitativa, Aristóteles considera preciso salarios para los pobres y multas para los ricos.

(Publicado en el diario HOY el 8/5/2016)

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‘Coaches’, profetas y líderes
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El Zurdo | 03-05-2016 | 19:08| 0

El 26 de junio estamos convocados de nuevo a las urnas, tras mostrarse incapaces de alcanzar un acuerdo los representantes que elegimos el 20 de diciembre. En realidad, nadie, salvo quizás Pedro Sánchez pero no todo el PSOE, tenía una voluntad sincera de pactar. En su fuero interno todos sabían que la repetición de las elecciones era inevitable porque nadie la quería evitar. En estos cuatro meses, nuestros amados ‘líderes’ se han dedicado a marear la perdiz, entablar un diálogo de sordos o un coloquio de perros, escurrir el bulto, pasarse la patata caliente, echar balones fuera, culpar al otro de todos nuestros males presentes y futuros; en fin, a hacer campaña electoral. Nuestros elegidos para la gloria, emergentes y sumergidos, han demostrado así una preocupante miopía política al no ver más allá de su ombligo.

Entretanto, el común de los mortales hemos contemplado esta riña de gatos como quien asiste al teatro a ver un sainete, a una casa de apuestas o, peor, al centro comercial en plenas rebajas. Ya lo advierte Byung-Chul Han en ‘Psicopolítica’: «Cada vez se asemejan más votar y comprar, el Estado y el mercado, el ciudadano y el consumidor». Como explica el filósofo surcoreano, el neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor. «La libertad del ciudadano cede ante la pasividad del consumidor. El votante, en cuanto consumidor, no tiene un interés real por la política, por la configuración activa de la comunidad. No está capacitado para la acción política común. Solo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor ante las mercancías y los servicios que le desagradan».

Los partidos también siguen esta lógica del consumo y se degradan a proveedores que han de satisfacer a sus votantes-clientes. Según Byung-Chul Han, en última instancia no consumimos cosas sino emociones. De resultas, los partidos se han convertido en grandes proveedores de emociones. Su objetivo no es tanto apelar a la conciencia del ciudadano-consumidor como inocularse en su subconsciente y tocarle la fibra sensible. Los líderes políticos se comportan así cada vez más como ‘coaches’ o entrenadores motivacionales, una versión sofisticada de los charlatanes de feria. El mejor ejemplo de ello es Albert Rivera. A su lado, Pedro Sánchez es un mero aprendiz. Mariano Rajoy no motiva ya ni a los suyos. Y Pablo Iglesias no le va a la zaga a Rivera, aunque sus maneras son más de profeta.

Mas coincido con Slavoj Žižek en que hoy no necesitamos profetas, ni ‘coaches’, sino líderes no autoritarios. El filósofo esloveno entiende por un verdadero líder el que no da órdenes, no le dice a la gente lo que debe hacer, sino que la anima a hacer uso de la libertad, a lo que yo añado y de la inteligencia. Esta es la cualidad de saber escoger entre varias opciones.

Sin embargo, Byung-Chul Han advierte que solo tenemos elección entre ofertas que proporciona el sistema –incluida Podemos, que ha canalizado dentro del sistema la indignación prendida por el 15M–; por tanto, nuestra decisión no es libre, está limitada cuando no coaccionada. Es decir, como dice Žižek, somos esclavos, disfrutamos de pequeñas elecciones ‘libres’ pero en términos globales recibimos unas coordenadas impuestas. Para salir de ellas se necesita un verdadero líder, ese que, en palabras de Žižek, «nos confronta con el deber de hacer algo», sobre todo cuando nuestros delegados políticos no han hecho nada.

(Publicado en el diario HOY el 1/5/2016)

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El buen periodismo
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El Zurdo | 26-04-2016 | 18:12| 0

El buen periodismo no es el cuarto poder sino un contrapoder. Es el que somete a una estrecha y continua vigilancia al poder, le molesta, señala sus vergüenzas, le mete el dedo en la llaga, pisa sus callos. Ahora bien, su única arma debe ser la verdad, aunque duela, como decía mi maestro Manuel Unciti. Los medios de comunicación son libres de tener la línea editorial que crean oportuna, pero para su defensa solo deben echar mano de la verdad. El medio que obvia la verdad contraria a sus intereses o a los de sus titiriteros hace propaganda.

El buen periodista puede tener ideología, incluso carné de un partido, pero debe dejarlo en el perchero al entrar en la redacción. La relación entre el periodismo y el poder siempre ha sido de amor-odio. El poder, del color que sea, siempre pretende convertir a la prensa en su concubina y vocera. Hasta Jefferson pasó de decir que prefería periódicos sin gobierno, a gobierno sin periódicos, cuando aún era candidato a la presidencia de EE UU, a, ya instalado en la Casa Blanca, que «aquel que no lee nada de nada está mejor informado que aquel que solo lee periódicos».

Podemos y su amado líder no son una excepción. Son inquietantes algunos tics orwellianos de Pablo Iglesias. No obstante, creo exagerada la polémica generada por la ironía más maquiavélica que socrática que empleó contra un periodista de El Mundo en particular y la profesión periodística en general durante un acto universitario. Iglesias reconoció que se equivocó y pidió disculpas al periodista por personalizar en él sus críticas a «los propietarios de medios de comunicación que condicionan líneas editoriales», «porque el redactor es el eslabón débil».

En ‘Los cínicos no sirven para este oficio’, Ryszard Kapuściński divide a los periodistas en dos categorías: los siervos de la gleba y los directores, que «son nuestros patronos, los que dictan las reglas, son los reyes, deciden». Y advierte: «La mayoría de los directores y de los presidentes de las grandes cabeceras y de los grandes grupos de comunicación no son, en modo alguno, periodistas. Son grandes ejecutivos». «La situación empezó a cambiar –explica– en el momento en que el mundo comprendió, no hace mucho tiempo, que la información es un gran negocio» y «que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo». Y «cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella».

De resultas, la política se ha convertido en un espectáculo y el político en un ‘showman’. Bien lo sabe Iglesias y compañía, hábiles como nadie en la política de gestos, en emplear las emociones para optimizar la comunicación, porque, como dice el filósofo Byung-Chul Han, «la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo».

Sin embargo, más que la última salida de pata de banco de Iglesias, nos debería preocupar la ‘ley mordaza’, las ruedas de prensa a través de un plasma, al modo del Gran Hermano, la precarización laboral de los periodistas, las presiones políticas y económicas para vetar medios o el concubinato entre ciertos directores-comisarios (¿políticos?) y el poder. Estos sí son graves atentados contra la libertad de expresión y, como dice Albert Camus, «una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala».

(Publicado en el diario HOY el 24/4/2016)

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El Robin Hood de los ricos
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El Zurdo | 18-04-2016 | 21:21| 0

Mario Conde, el fénix de los chorizos de cuello blanco, ha vuelto a la cárcel ocho años después de que saliera tras cumplir ni la mitad de la pena de 20 años que se le impuso por saquear Banesto.

La encarnación de la España del pelotazo, quien enseñara el camino a los Blesa, Rato y otros pájaros de la misma ralea, se creía tan listo como para burlar a Hacienda y la Benemérita. Durante 15 años lo logró y, vía trile fiscal, este hijo de un inspector de aduanas utilizó ocho países para, presuntamente, blanquear y repatriar desde Suiza y otras cuevas de Alí Babá más de 13 millones de euros. Ese dinero, al parecer, es parte del botín que birló del banco que presidió hasta aquel, paradojas del destino, Día de los Santos Inocentes de 1993 en el que se cayó con todo el equipo y el Banco de España intervino Banesto tras destapar un agujero patrimonial que superaba los 3.600 millones. Una vez saneado con ayuda de todos –el Estado puso 600 millones–, Banesto acabó siendo engullido por los Lannister montañeses.

Hasta entonces, don Mario se había codeado con lo mejor de cada casa, incluida la real. Empresarios, periodistas y políticos de todo pelaje le habían bailado el agua. Los estudiantes de Económicas y Empresariales se habían mirado en su espejo babeantes. Hasta hubo quien vio en él la gran esperanza blanca del centro-derecha. Le sobraba el carisma del que carecía Aznar. Como el gran Gatsby, era un gran seductor y embaucador hasta el punto de ser investido Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense en un acto presidido por el mismísimo rey Juan Carlos. En ese momento de gloria tocó el cielo. Apenas seis meses después caería a los infiernos.

No obstante, no por nada don Mario fue el primero de la clase y pasó de abogado del Estado a abogado del diablo y caballero de fortuna en tiempo récord. Por ende, ya en Alcalá-Meco, no tardó en camelarse al director de la prisión, destituido en 2004 por el trato de favor dispensado a tan engominado recluso. Y tras abandonar el trullo se dedicó a vender aceite, como don Vito Corleone, y productos de belleza, amén de a escribir libros y pontificar como tertuliano en Intereconomía, despertando aún admiración en patrones rancios que veían en él un Robin Hood de los ricos. Asimismo, pese a ser el segundo mayor moroso de Hacienda y haber devuelto las raspas de lo que robó, seguía viviendo a todo tren. Y es que don Mario, con dinero y sin dinero, hace siempre lo que quiere y su palabra es la ley; no tiene trono ni reina, ni nadie que le comprenda, pero sigue siendo el rey.

Mas Némesis volvería a castigar la ‘hybris’ del arrogante creso gallego. Ya saben, el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. La actual crisis nos lo ha demostrado.

La caída de Conde y Banesto fue el punto álgido de la fuerte resaca que sufrió España tras la juerga de 1992. Poco aprendimos de aquella lección. Una década después, la historia se repetiría multiplicada por seis. El Estado nacionalizaría Bankia y le inyectaría más de 22.000 millones en mayo de 2012, en lo más crudo de la gran recesión que estalló en 2008 tras otra etapa de excesos inmobiliarios, bancarios y bursátiles. Los casos Banesto y Bankia son las instantáneas que mejor retratan las consecuencias del capitalismo financiero y de amiguetes rampante.

(Publicado en el diario HOY el 17/4/2016)

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Hombres ricos, hombres pobres
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El Zurdo | 11-04-2016 | 17:31| 0

Estos días se ha desvelado lo que era un secreto a voces: un puñado de afortunados se han hecho un traje de papel moneda en Panamá escamoteándonos tela a todos los que somos Hacienda. Entre estos sastres hay gente de todo pelaje y profesión: tanto de sangre azul como roja, tanto de familia real como desleal, tanto hombres de letras y de opereta como analfabetos que tienen en los pies la cabeza, así como proxenetas de la casa pública, vendepatrias, faranduleros y bucaneros de cuello blanco reincidentes amnistiados por don Cristóbal, el tesorero del reino, mientras daba un palo al bolsillo de los sufridos e inocentes contribuyentes en lo más crudo del crudo invierno de la crisis.

Panamá no es el único paradisíaco rincón donde los más pudientes bergantes y heredados de la tierra entierran sus tesoros. En ‘La riqueza oculta de las naciones’, el economista francés Gabriel Zucman cifra en 5,3 billones de euros, el 8% de la riqueza del planeta, el dinero escondido en paraísos fiscales; de esa cantidad, 157.000 millones proceden de España. Por culpa del filibusterismo fiscal, el erario público español deja de ingresar 10.000 millones cada año, casi el 1% del PIB.

Al ser un problema mundial, el único modo de solucionarlo es alcanzar un gran acuerdo mundial. Sin embargo, falta voluntad política, porque, como explica Juan Hernández Vigueras, autor de ‘Los fondos buitre. Capitalismo depredador’, los paraísos fiscales forman parte del sistema financiero global y cuentan con su beneplácito. Hablando en plata, convienen a los ricos. Y «hay una relación estrecha entre este fraude sistémico y el endeudamiento de los países», advierte Hernández Vigueras, quien recuerda que la cumbre del G-20 de abril de 2009, en la que se proclamó la «desaparición» de los refugios de don Dinero, fue «una mera cortina de humo que escondía la incapacidad de los principales gobernantes del mundo para resolver los problemas de los mercados financieros globales, opacos e incontrolados».

«Mientras el proletariado esté distraído en su propia desesperación con acontecimientos ficticios creados por los medios de comunicación, los superricos no tienen nada que temer», lamenta Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias de 2010. En su libro ‘¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos?’, este sociólogo polaco contesta a esta pregunta con un rotundo no, contradiciendo la doctrina neoliberal dominante. Y recuerda que ya lo advirtió uno de los padres del liberalismo económico, el escocés Adam Smith: «Dondequiera que hay gran propiedad, hay gran desigualdad. Por cada hombre rico debe haber por lo menos quinientos pobres».

Las estadísticas confirman que el capitalismo financiero rampante acrecienta y perpetúa la desigualdad. Es más, reflejan que no solo la riqueza se hereda de padres a hijos e, incluso, de hijos a padres, también la pobreza. Ocho de cada diez personas que vivieron graves dificultades económicas en su infancia y adolescencia las están reviviendo como adultos, según el informe ‘La transmisión intergeneracional de la pobreza’ de la fundación Foessa, dependiente de Cáritas. «La pobreza presente genera pobreza futura», concluye su coordinador, Raúl Flores. Es una ley no escrita ni reconocida del capitalismo: la riqueza de unos pocos se sustenta en la pobreza de los muchos.

(Publicado en el diario HOY el 10/4/2016)

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Uno de los nuestros
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El Zurdo | 04-04-2016 | 18:20| 0

Clama al cielo que la decrépita Europa considere a Turquía un «país seguro» para los refugiados. Es un eufemismo de la neolengua del poder que enmascara una verdad que no nos hará libres sino más esclavos de nuestro confortable miedo: pagamos a Turquía para que sea un gigantesco campo de concentración. Al frente está el ‘kapo’ Erdogan, el Putin turco, «que tal vez sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta», como dijo Cordell Hull, secretario de Estado de Roosevelt, de Somoza.

El lunes 4 de abril comienzan las deportaciones masivas desde Grecia a Turquía. El Parlamento heleno aprobó el viernes pasado una ley que las agiliza y reconoce como «país seguro» al eterno enemigo turco, lo que ha levantado ampollas en Syriza, el partido del primer ministro Tsipras, quien está demostrando más destreza que mano izquierda para hacer lo contrario de lo que prometió. Hay que recordar que la izquierda radical gobierna en coalición con Griegos Independientes (ANEL), cuyo líder, Kamenos, es el ministro de Defensa en un país donde el gasto militar por habitante es de los diez más altos del mundo. Este partido ultraconservador y nacionalista quiere frenar la inmigración y prometió respaldar a Syriza a cambio de que aparcara sus aspiraciones de separar la Iglesia ortodoxa del Estado y no redujera el gasto militar. Es como si en España hubieran pactado Podemos y Vox.

El escritor griego Petros Márkaris, quien no puede aceptar que Syriza «se declare de izquierdas si colabora con la extrema derecha», alerta de que los europeos no han aprendido de su pasado «ni quieren reconocer que el acercamiento a la ultraderecha puede acarrear desastres». «El odio a los musulmanes no difiere en nada del odio a los judíos», subraya. A su juicio, «los europeos viven en tal desastre que aceptan cooperar con un presidente como Erdogan», que encarcela a periodistas, tacha de terrorista al líder de la oposición y emprende una guerra en el sudeste del país.

Para ser considerado «seguro», el país al que un refugiado es devuelto debe garantizar que no va a perseguirlo ni deportarlo a su patria y que puede pedir asilo con las garantías contempladas en la Convención de 1951. Amnistía Internacional (AI) denuncia que Turquía no lo es y cada vez lo es menos, porque detiene y expulsa a Siria a cerca de un centenar de personas casi a diario desde mediados de enero. Es más, la guardia fronteriza turca ha matado a tiros a, al menos, 16 migrantes sirios, entre ellos tres niños, en los últimos cuatro meses. AI concluye que «lejos de presionar a Turquía para que mejore la protección de los refugiados sirios, en los hechos, la UE la incita a hacer lo contrario».

El nobel húngaro Imre Kertész, judío superviviente de Auschwitz que falleció el jueves, advierte en su última obra, ‘La última posada’: «Los extranjeros a los que se ha dejado entrar en la época liberal se han convertido hoy en una carga; por tanto, se ha virado a la derecha y ahora se confía en que, por así decirlo, se establezca el orden, esto es, que se limite la democracia. Enorme confusión e inseguridad; el terror ha intimidado a Europa, y Europa se postra ante el terror como una puta barata ante su proxeneta pendenciero». Y hace una pregunta retórica y profética: «¿No nos aguarda un fascismo discreto, con abundante parafernalia biológica, supresión total de las libertades y relativo bienestar económico?».

(Publicado en el diario HOY el 3 de abril de 2016)

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Luz que agoniza
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El Zurdo | 28-03-2016 | 17:43| 0

Cuando aún humean en la memoria los atentados de París del pasado noviembre, Bruselas ha sido blanco de otro ataque yihadista que viene a alimentar el creciente miedo de nuestra opulenta sociedad occidental. Una sociedad que agoniza víctima de sus contradicciones, porque su bienestar y sus libertades están construidas sobre la espalda y las rodillas de eso que llamamos tercer mundo.

De ahí que tenga razón el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, al advertir que «de alguna forma nos vuelve esa violencia que hemos contribuido a sembrar en el mundo». Violencia sembrada con guerras como la de Irak, como recordó su colega de Valencia, Joan Ribó. Guerra basada en una mentira y abanderada por el trío de las Azores, del que formaba parte el «amigo Ánsar». Y eso no es justificar el terrorismo yihadista, como han graznado torticeras gaviotas populistas y sus voceros, sino explicarla. «Comprender el mal no significa justificarlo, sino darse los medios para impedir su regreso», como dice Tzvetan Todorov, Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2008. Y al parecer de este filósofo búlgaro de nacimiento y francés de adopción, «el crimen cometido responde más al resentimiento y la venganza que a su religión; una reflexión que llevamos viendo desde la Antigüedad, también conocida como la Ley del Talión». Todorov aludía al ataque contra la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ en París en enero de 2015, pero sus palabras son extensibles a cualquiera perpetrado en nombre de Alá.

Pero «ojo por ojo y el mundo acabará ciego», advirtió Gandhi. Así, el mesianismo que dio lugar a la invasión de Irak, Afganistán y otros intentos de imponer por la fuerza la democracia se ha convertido en uno de los peores enemigos de nuestra democracia. Alerta de ello el propio Todorov en su ensayo ‘Los enemigos íntimos de la democracia’. Sí, porque la cruzada contra el terrorismo ha sido la gran coartada para recortarnos derechos y libertades y criminalizar al extranjero.

Uno de los mitos más extendidos es considerar a los migrantes y refugiados terroristas en potencia; sin embargo, los autores de los ataques islamistas cometidos en Europa eran, en su mayoría, ciudadanos europeos. Otro mito es asociar islam con terrorismo, cuando el grueso de las víctimas son fieles de Mahoma. El 87% de los atentados yihadistas perpetrados entre 2000 y 2014 ocurrieron en países musulmanes y la mitad en aquellos que han sufrido graves conflictos bélicos como Irak, Afganistán y Pakistán, según los datos de la Global Terrorism Database analizados por eldiario.es. Más de 72.000 personas murieron en ellos, 63.000 en lugares donde el Islam es la religión mayoritaria. Europa no es la más afectada ni siquiera entre los países cristianos. En Filipinas y Kenia, donde el 80% de la población es cristiana, ha habido casi un millar de ataques desde el inicio del nuevo siglo, falleciendo más de 1.800 personas. Solo se cometieron 22 en Europa Occidental, produciéndose 248 muertes, entre 2000 y 2014, un 0,1% de los 15.818 de todo el mundo. A ellos hay que sumar los del martes en Bruselas y los de enero y noviembre de 2015 en París, que suman casi 180 muertos.

La luz de la Ilustración agoniza en el jardín de las Hespérides. No es sacrificando nuestras libertades al dragón Ladón como se combate a la hidra yihadista. Lo advierte Todorov: «El miedo a los bárbaros es lo que amenaza con convertirnos en bárbaros».

(Publicado en el diario HOY el 27/3/2016)

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Rebelión en la granja
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El Zurdo | 21-03-2016 | 18:21| 0

Cuenta el maestro Orwell, más o menos, que había una vez una granja cuyos animales se rebelaron contra su duro amo, el señor Jones, que tenía algunos vicios, como la bebida, y a las bestias mal alimentadas. La rebelión había sido instigada por el Viejo Mayor, un cerdo majestuoso de aspecto campechano y muy estimado en la granja. En una de sus peroratas, con su acento caribeño, llamó a sus camaradas a eliminar al Hombre, al considerarle la fuente de todos sus males.

Poco después, el Viejo Mayor murió y tres jóvenes y prominentes cerdos tomaron su testigo: Napoleón, Snowball y Squealer. Napoleón era un verraco de aspecto feroz, larga y retorcida cola y con fama de salirse siempre con la suya. Snowball era más vivaz, pero de carácter más débil. Squealer, el más jovencito, era de ojos vivarachos y un orador brillante y muy persuasivo. Este trío, basándose en las enseñanzas del Viejo Mayor, elaboró un sistema de ideas, el Animalismo, que redujeron a siete mandamientos, sintetizables en la máxima: «¡Cuatro patas sí, dos pies no!».

El hambre sublevó a los animales, que expulsaron al señor Jones y se hicieron con el control de la hacienda, a la que bautizaron como ‘Granja Animal’. Los cerdos asumieron el mando. Cada domingo, todos los animales celebraban una asamblea. Los cerdos siempre proponían las resoluciones. Los otros animales votaban, pero nunca planteaban ideas propias. Snowball y Napoleón eran los más activos en los debates, pero siempre discrepaban.

La noticia no tardó en difundirse. Todos los días, Snowball y Napoleón mandaban palomas con instrucciones de mezclarse con los animales de otras granjas y contarles la historia de la rebelión. Los granjeros se solidarizaban con Jones, pero secretamente tramaban cómo beneficiarse de su desgracia. Esto fue una suerte para ‘Granja Animal’, así como que los dueños de las dos granjas colindantes, Pilkington y Frederick, fueran enemigos irreconciliables. Ambos estaban asustados y difundieron rumores de que las bestias de ‘Granja Animal’ se peleaban continuamente y terminarían muriéndose de hambre.

Lo cierto es que el enfrentamiento entre Napoleón y Snowball fue a más y los animales se agruparon en dos facciones. Un día que discutían sobre si construir o no un molino de viento, Napoleón puso el grito en el cielo y aparecieron nueve enormes y fieros perros que había criado en secreto y pusieron en fuga a Snowball. Napoleón, acompañado de sus canes, anunció que se habían terminado las asambleas dominicales y que todas las cuestiones de la granja serían resueltas por una comisión de cerdos presidida por él. Hubo conatos de protesta pero no tardaron en ser reprimidos.

‘Granja Animal’ comenzó a hacer negocios con las granjas vecinas, incluidas las de Frederick y Pilkington, y a matizar los mandamientos. El colmo fue cuando los cerdos echaron a andar a dos patas y las ovejas estallaron en un tremendo balido: «¡Cuatro patas sí, dos patas mejor!». Un semana después, el resto de animales observó con estupor como Napoleón y sus leales brindaban y jugaban a las cartas con un grupo de granjeros, entre ellos Pilkington. De repente, se desató una violenta riña entre este y Napoleón porque habían descubierto a la vez un as de espada cada uno. Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo, pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

(Publicado en el diario HOY el 20/3/2016)

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El gran mercado
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El Zurdo | 26-06-2016 | 16:41| 0

De la mano del capitalismo, el mundo se ha transformado en un gran mercado. Todo se compra o se vende; todo, incluidas las personas. Todo tiene un precio; todo, incluidas las almas. Una de las contradicciones más sangrantes de la globalización capitalista es que el dinero y las mercancías gozan de más libertad de movimiento que las personas, como está dejando patente la crisis de los refugiados.

El capitalismo antepone las mercancías a las personas; es más, convierte a las personas en mercancías. Las personas son valoradas no como tales sino según lo que tengan o produzcan. Con dinero o su promesa, todas las aduanas se abren; el dinero no conoce fronteras. El rendimiento es la medida de todas las cosas. Un sistema así es inhumano y, sin embargo, dura y perdura y de cada guerra o cada crisis sale reforzado.

El secreto del éxito del capitalismo es su camaleónica capacidad de adaptación y mimetismo. Su método para eliminar a los movimientos opositores es infalible: los imita hasta desvirtuarlos y reducirlos a objetos de consumo, a modas pasajeras. El capitalismo es el gran Leviatán que todo lo fagocita. Engulló al comunismo y lo está haciendo con su versión 2.0, la economía colaborativa, que se basa en el compartir en vez del poseer productos y servicios.

Byung-Chul Han nos advierte que es un error pensar que la economía del compartir, como afirma el economista y sociólogo Jeremy Rifkin en ‘La sociedad del coste marginal nulo’, anuncia el fin del capitalismo. «Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida». El filósofo surcoreano pone como ejemplo Airbnb, el sitio web que convierte cada casa en hotel y rentabiliza así incluso la hospitalidad. Palmario también es el caso de Facebook, que hace negocio de la amistad; sus usuarios y sus gustos son el producto, la mercancía que vende en el mercado publicitario. Algo similar hace Google. Y Uber, que pone en contacto a pasajeros y conductores, es otra desvirtuación de la economía colaborativa. Esta, bien entendida, es un modelo de cooperación sin ánimo de lucro; su paradigma sería Wikipedia: una enciclopedia gratuita que sale adelante gracias a la colaboración de miles de personas.

Sin embargo, la perversa lógica del capitalismo también se está imponiendo en la economía basada en la colaboración. Quien no tiene dinero tampoco puede acceder al compartir y queda excluido del sistema. El capitalismo divide a las personas en productores y consumidores. La mayoría somos ambas cosas, lo que Rifkin llama ‘prosumidores’, y los que no son ni una ni otra son marginados, son basura social: parados y personas dependientes sin ingresos, pobres de solemnidad, sintechos, simpapeles, solicitantes de asilo… Y nadie quiere la basura cerca de casa. Por eso, Europa está dispuesta a pagar a Turquía a cambio de que sea el guardián de Occidente, el basurero que contenga la riada de inmigrantes que huyen de Oriente Medio.

Como dice el Zaratustra de Nietzsche, los que dominan ahora llaman dominar a chalanear y regatear por el poder ¡con la chusma! Y como dice Byung-Chul Han, el capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía, lo que supone el fin de la revolución.

(Publicado en el diario HOY el 13/3/2016)

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Cansados
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El Zurdo | 07-03-2016 | 18:38| 0

El paripé de esta semana pasada en el Congreso me ha dejado exhausto. Me siento como la víctima de un vampiro psíquico. El espectáculo circense que han dado nuestros políticos ha acabado con la paciencia de más de uno y de dos, incluido el maestro de ceremonias. Hemos visto de todo: funámbulos, trapecistas, ilusionistas, domadores con sus fieras… y payasos, muchos payasos. Unos por otros y la casa sin barrer. Se están ganando a pulso una abstención récord el 26 de junio si se repiten las elecciones.

El viernes, tras la segunda sesión de la fallida investidura de Pedro Sánchez, un veterano demócrata de izquierdas de toda la vida, que acudió ilusionado a las urnas el 20D, me confesó que ahora se plantea no votar. Ese ciudadano, como muchos, más que harto está cansado de tanto politiqueo.

Cuando aún nos recuperamos de la depresión económica, con crecientes riesgos de recaída, estamos al borde de sumirnos en la depresión política y del colapso institucional; el escenario ideal para curanderos sin escrúpulos hechos de la pasta y con la facha de un Berlusconi o un Donald Trump. Lo más parecido que hemos tenido aquí a un tipo así fue Jesús Gil, pero no llegó más allá de Marbella. No se vislumbra ahora ninguno, pero en un escenario de desgobierno y de descrédito de los políticos similar al actual de España, en el que no había día que los imbornales de la prensa no vomitaran aguas fecales de las rebosantes cloacas de la casa pública, se alzó con el poder ‘Il cavaliere’ en Italia en 1994. Y el crecimiento de la desigualdad social en Estados Unidos durante la gran recesión, sumado a la gran decepción que ha supuesto la gran esperanza negra, Obama, han alimentado monstruos como Trump.

Este escenario también parece propicio para una revolución. Sin embargo, hoy no es posible la revolución, según Byung-Chul Han. Este filósofo surcoreano, afincado y formado en Alemania, sostiene que el neoliberalismo ha convertido al trabajador en explotador de sí mismo; en amo y esclavo a la vez. Los autónomos son el caso paradigmático; de ahí que partidos como el PP fomenten el autoempleo, eso que eufemísticamente llama emprendedores. Así la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo. Cuántas veces hemos oído que la causa de la crisis es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades o que nuestras clase política es un reflejo de la sociedad. En consecuencia, ¿contra qué protestar, contra uno mismo?

El poder estabilizador del sistema ya no es opresor, sino seductor, amén de invisible. En lugar de generar hombres obedientes, los hace dependientes. El sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento; se cree libre. Esta técnica de dominación amable neutraliza la resistencia, nos aísla, nos vuelve conformistas y resignados y nos aboca a la depresión, que es la enfermedad del cansado de vivir (no confundir con el vago). Y, como advierte Byung-Chul Han, no se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.

El neoliberalismo, por tanto, ha hecho realidad la pesadilla distópica de Aldous Huxley: «Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre».

(Publicado en el diario HOY el 6/3/2016)

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