Hoy

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Rebelión en la granja
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El Zurdo | 21-03-2016 | 18:21| 0

Cuenta el maestro Orwell, más o menos, que había una vez una granja cuyos animales se rebelaron contra su duro amo, el señor Jones, que tenía algunos vicios, como la bebida, y a las bestias mal alimentadas. La rebelión había sido instigada por el Viejo Mayor, un cerdo majestuoso de aspecto campechano y muy estimado en la granja. En una de sus peroratas, con su acento caribeño, llamó a sus camaradas a eliminar al Hombre, al considerarle la fuente de todos sus males.

Poco después, el Viejo Mayor murió y tres jóvenes y prominentes cerdos tomaron su testigo: Napoleón, Snowball y Squealer. Napoleón era un verraco de aspecto feroz, larga y retorcida cola y con fama de salirse siempre con la suya. Snowball era más vivaz, pero de carácter más débil. Squealer, el más jovencito, era de ojos vivarachos y un orador brillante y muy persuasivo. Este trío, basándose en las enseñanzas del Viejo Mayor, elaboró un sistema de ideas, el Animalismo, que redujeron a siete mandamientos, sintetizables en la máxima: «¡Cuatro patas sí, dos pies no!».

El hambre sublevó a los animales, que expulsaron al señor Jones y se hicieron con el control de la hacienda, a la que bautizaron como ‘Granja Animal’. Los cerdos asumieron el mando. Cada domingo, todos los animales celebraban una asamblea. Los cerdos siempre proponían las resoluciones. Los otros animales votaban, pero nunca planteaban ideas propias. Snowball y Napoleón eran los más activos en los debates, pero siempre discrepaban.

La noticia no tardó en difundirse. Todos los días, Snowball y Napoleón mandaban palomas con instrucciones de mezclarse con los animales de otras granjas y contarles la historia de la rebelión. Los granjeros se solidarizaban con Jones, pero secretamente tramaban cómo beneficiarse de su desgracia. Esto fue una suerte para ‘Granja Animal’, así como que los dueños de las dos granjas colindantes, Pilkington y Frederick, fueran enemigos irreconciliables. Ambos estaban asustados y difundieron rumores de que las bestias de ‘Granja Animal’ se peleaban continuamente y terminarían muriéndose de hambre.

Lo cierto es que el enfrentamiento entre Napoleón y Snowball fue a más y los animales se agruparon en dos facciones. Un día que discutían sobre si construir o no un molino de viento, Napoleón puso el grito en el cielo y aparecieron nueve enormes y fieros perros que había criado en secreto y pusieron en fuga a Snowball. Napoleón, acompañado de sus canes, anunció que se habían terminado las asambleas dominicales y que todas las cuestiones de la granja serían resueltas por una comisión de cerdos presidida por él. Hubo conatos de protesta pero no tardaron en ser reprimidos.

‘Granja Animal’ comenzó a hacer negocios con las granjas vecinas, incluidas las de Frederick y Pilkington, y a matizar los mandamientos. El colmo fue cuando los cerdos echaron a andar a dos patas y las ovejas estallaron en un tremendo balido: «¡Cuatro patas sí, dos patas mejor!». Un semana después, el resto de animales observó con estupor como Napoleón y sus leales brindaban y jugaban a las cartas con un grupo de granjeros, entre ellos Pilkington. De repente, se desató una violenta riña entre este y Napoleón porque habían descubierto a la vez un as de espada cada uno. Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo, pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.

(Publicado en el diario HOY el 20/3/2016)

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El gran mercado
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El Zurdo | 14-03-2016 | 18:38| 0

De la mano del capitalismo, el mundo se ha transformado en un gran mercado. Todo se compra o se vende; todo, incluidas las personas. Todo tiene un precio; todo, incluidas las almas. Una de las contradicciones más sangrantes de la globalización capitalista es que el dinero y las mercancías gozan de más libertad de movimiento que las personas, como está dejando patente la crisis de los refugiados.

El capitalismo antepone las mercancías a las personas; es más, convierte a las personas en mercancías. Las personas son valoradas no como tales sino según lo que tengan o produzcan. Con dinero o su promesa, todas las aduanas se abren; el dinero no conoce fronteras. El rendimiento es la medida de todas las cosas. Un sistema así es inhumano y, sin embargo, dura y perdura y de cada guerra o cada crisis sale reforzado.

El secreto del éxito del capitalismo es su camaleónica capacidad de adaptación y mimetismo. Su método para eliminar a los movimientos opositores es infalible: los imita hasta desvirtuarlos y reducirlos a objetos de consumo, a modas pasajeras. El capitalismo es el gran Leviatán que todo lo fagocita. Engulló al comunismo y lo está haciendo con su versión 2.0, la economía colaborativa, que se basa en el compartir en vez de poseer productos y servicios.

Byung-Chul Han nos advierte que es un error pensar que la economía del compartir, como afirma el economista y sociólogo Jeremy Rifkin en ‘La sociedad del coste marginal nulo’, anuncia el fin del capitalismo. «Todo lo contrario: la economía del compartir conduce en última instancia a la comercialización total de la vida». El filósofo surcoreano pone como ejemplo Airbnb, el sitio web que convierte cada casa en hotel y rentabiliza así incluso la hospitalidad. Palmario también es el caso de Facebook, que hace negocio de la amistad; sus usuarios y sus gustos son el producto, la mercancía que vende en el mercado publicitario. Algo similar hace Google. Y Uber, que pone en contacto a pasajeros y conductores, es otra desvirtuación de la economía colaborativa. Esta, bien entendida, es un modelo de cooperación sin ánimo de lucro; su paradigma sería Wikipedia: una enciclopedia gratuita que sale adelante gracias a la colaboración de miles de personas.

Sin embargo, la perversa lógica del capitalismo también se está imponiendo en la economía basada en la colaboración. Quien no tiene dinero tampoco puede acceder al compartir y queda excluido del sistema. El capitalismo divide a las personas en productores y consumidores. La mayoría somos ambas cosas, lo que Rifkin llama ‘prosumidores’, y los que no son ni una ni otra son marginados, son basura social: parados y personas dependientes sin ingresos, pobres de solemnidad, sintechos, simpapeles, solicitantes de asilo… Y nadie quiere la basura cerca de casa. Por eso, Europa está dispuesta a pagar a Turquía a cambio de que sea el guardián de Occidente, el basurero que contenga la riada de inmigrantes que huyen de Oriente Medio.

Como dice el Zaratustra de Nietzsche, los que dominan ahora llaman dominar a chalanear y regatear por el poder ¡con la chusma! Y como dice Byung-Chul Han, el capitalismo llega a su plenitud en el momento en que el comunismo se vende como mercancía, lo que supone el fin de la revolución.

(Publicado en el diario HOY el 13/3/2016)

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Cansados
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El Zurdo | 07-03-2016 | 18:38| 0

El paripé de esta semana pasada en el Congreso me ha dejado exhausto. Me siento como la víctima de un vampiro psíquico. El espectáculo circense que han dado nuestros políticos ha acabado con la paciencia de más de uno y de dos, incluido el maestro de ceremonias. Hemos visto de todo: funámbulos, trapecistas, ilusionistas, domadores con sus fieras… y payasos, muchos payasos. Unos por otros y la casa sin barrer. Se están ganando a pulso una abstención récord el 26 de junio si se repiten las elecciones.

El viernes, tras la segunda sesión de la fallida investidura de Pedro Sánchez, un veterano demócrata de izquierdas de toda la vida, que acudió ilusionado a las urnas el 20D, me confesó que ahora se plantea no votar. Ese ciudadano, como muchos, más que harto está cansado de tanto politiqueo.

Cuando aún nos recuperamos de la depresión económica, con crecientes riesgos de recaída, estamos al borde de sumirnos en la depresión política y del colapso institucional; el escenario ideal para curanderos sin escrúpulos hechos de la pasta y con la facha de un Berlusconi o un Donald Trump. Lo más parecido que hemos tenido aquí a un tipo así fue Jesús Gil, pero no llegó más allá de Marbella. No se vislumbra ahora ninguno, pero en un escenario de desgobierno y de descrédito de los políticos similar al actual de España, en el que no había día que los imbornales de la prensa no vomitaran aguas fecales de las rebosantes cloacas de la casa pública, se alzó con el poder ‘Il cavaliere’ en Italia en 1994. Y el crecimiento de la desigualdad social en Estados Unidos durante la gran recesión, sumado a la gran decepción que ha supuesto la gran esperanza negra, Obama, han alimentado monstruos como Trump.

Este escenario también parece propicio para una revolución. Sin embargo, hoy no es posible la revolución, según Byung-Chul Han. Este filósofo surcoreano, afincado y formado en Alemania, sostiene que el neoliberalismo ha convertido al trabajador en explotador de sí mismo; en amo y esclavo a la vez. Los autónomos son el caso paradigmático; de ahí que partidos como el PP fomenten el autoempleo, eso que eufemísticamente llama emprendedores. Así la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo: el que fracasa se culpa a sí mismo. Cuántas veces hemos oído que la causa de la crisis es que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades o que nuestras clase política es un reflejo de la sociedad. En consecuencia, ¿contra qué protestar, contra uno mismo?

El poder estabilizador del sistema ya no es opresor, sino seductor, amén de invisible. En lugar de generar hombres obedientes, los hace dependientes. El sometido no es ni siquiera consciente de su sometimiento; se cree libre. Esta técnica de dominación amable neutraliza la resistencia, nos aísla, nos vuelve conformistas y resignados y nos aboca a la depresión, que es la enfermedad del cansado de vivir (no confundir con el vago). Y, como advierte Byung-Chul Han, no se forma una masa revolucionaria con individuos agotados, depresivos, aislados.

El neoliberalismo, por tanto, ha hecho realidad la pesadilla distópica de Aldous Huxley: «Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre».

(Publicado en el diario HOY el 6/3/2016)

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VOTA AL PIE
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El Zurdo | 29-02-2016 | 18:52| 0

Pedro Sánchez me tiene perplejo. No entiendo qué pretende con su pacto con Albert Rivera, que pomposamente llama de legislatura y no le sirve ni para la investidura. Es un acuerdo que nace muerto, porque la suma de PSOE y C’s es harto insuficiente no solo para hacer a Sánchez presidente sino para que el Parlamento ratifique las medidas pactadas, en especial las que requieren una reforma de la Constitución, imposibles de aprobar sin el concurso del PP, ya que cuenta con una minoría de bloqueo en el Congreso (más de un tercio de los escaños) y mayoría absoluta en el Senado.

Una vez más, el Partido Socialista Obrero Español ha dejado patente que poco le queda de socialista y obrero y que está más cerca de la derecha que de la izquierda, de «una derecha civilizada, pero derecha al fin y al cabo», como Sánchez llegó a definir Ciudadanos antes del 20D.

No es la primera vez. Cuando en 1993 Felipe González perdió la mayoría absoluta optó por conchabarse con la CiU de Pujol en vez de pactar con la IU de Anguita. En su segundo mandato, en el que estalló la crisis, Zapatero también se apoyó en la derecha nacionalista catalana para sacar adelante los recortes que le impuso Merkel y compañía. Asimismo, el mismo ZP llegó a una componenda con Rajoy para perpetrar una reforma exprés del artículo 135 de la Carta Magna, a fin de garantizar a nuestros Shylock que pagaremos nuestras deudas aun en carne propia.

Ahora, dos de los barones con más peso en el PSOE, la andaluza Susana Díaz y el extremeño Guillermo Fernández Vara, han marcado la senda a Sánchez con más destreza que mano izquierda. Díaz tiene un acuerdo de legislatura con C’s y Vara ha preferido arreglar el presupuesto regional con el PP que con Podemos, que respaldó su investidura. Va a ser cierto que el PSOE es de izquierdas en campaña y de derechas cuando gobierna.

En esta ocasión, los socialistas han enseñado la patita diestra antes de tener la Moncloa atada y bien atada y todo apunta a que habrá elecciones el 26 de junio, salvo milagro de última hora en forma de abstención del PP o Podemos. No lo descarten; miren lo que pasó en Cataluña. Los sondeos auguran que las urnas cambiarán poco el panorama. Quizá suba algo el PP, pese a estar de mierda hasta los ojos, sobre todo si jubila a Rajoy y lo reemplaza por Soraya Sáenz de Santamaría. Puede que los de Pablo Iglesias logren dar el ‘sorpasso’ al PSOE, aun relevando Díaz a Sánchez. Mas nadie tendrá mayoría suficiente para gobernar en solitario. En definitiva, cambiará algo para que todo siga igual.

Solo la entrada en liza de una nueva formación podría trastocar el mapa político. Por ejemplo, del PIE, el Partido de la Izquierda Erótica. Este aparece en ‘El País de las Mujeres’, novela de la nicaragüense Gioconda Belli. Está integrado solo por mujeres y su ideología es el ‘felicismo’: tratar de que todos seamos felices. Como dice su líder, Viviana Sansón: «Ya hay mujeres presidentas. Eso no es novedad. Lo que no hay es un poder femenino». Es lo que pretende instaurar el PIE, que en su manifiesto dice: «Ninguno de ellos (los hombres) ha podido encontrarle el modo a las cosas y nosotras, las mujeres, ya estamos cansadas de pagar los platos rotos de tanto gobierno inepto, corrupto, manipulador, barato, caro, usurpador de funciones, irrespetuoso de la constitución. De todos los hombres que hemos tenido no se hace uno. Por eso nosotras hemos decidido que es hora de que las mujeres digamos: SE ACABÓ». Con este pie andaríamos mejor hasta los hombres.

(Publicado en el diario HOY el 28/2/2016)

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El principio del fin de la UE
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El Zurdo | 22-02-2016 | 18:25| 0

La Unión Europea está a los pies de los caballos. La han puesto el contraproducente austeridazo impuesto desde Berlín para atajar la crisis del euro, el golpe de Estado financiero de la troika en Grecia, la inoperancia e insolidaridad con la que está afrontando el éxodo de refugiados y el chantaje del Reino Unido para evitar su salida del selecto club. De no enmendar su rumbo, la UE parece abocada a ser el enfermo del mundo y a una lenta agonía.

«Una Europa que funciona así es una Europa herida, que no puede afrontar problemas muy graves», como ha dicho a eldiario.es el exministro de Finanzas griego Yanis Varufakis, que este pasado fin de semana presentó en Madrid, junto a otras figuras de la izquierda continental, un plan B para democratizar una UE dirigida por poderes económicos y organismos supranacionales que no han sido elegidos por los ciudadanos y que escapan a su control.

La construcción de la UE parecía haber cerrado las heridas por las que se desangró Europa en las dos guerras mundiales. Sin embargo, esas heridas no cicatrizaron bien porque se suturaron de forma chapucera, con más hilo económico que político, con más tecnocracia que democracia. La gran recesión y la diáspora siria han reabierto esas heridas y han reactivado el cáncer de los populismos y nacionalismos, disfraces del fascismo. El riesgo de metástasis es creciente si no se cambia el tratamiento ya.

Si algo han dejado patente el caso británico y el de los solicitantes de asilo es que los 28 socios europeos van a lo suyo y anteponen lo particular a lo común. Se están levantando nuevos muros y telones de acero y haciendo de la excepción regla con la coartada de la guerra contra el terrorismo. La mayoría de países miembros, en el fondo, desean lo mismo que el Reino Unido: estar sin estar en la Unión, solo para lo que le interesa. «Lo acordado es suficiente para que yo pida la permanencia en la UE» en el referéndum del 23 de junio, aseguró el primer ministro británico, David Cameron, tras el acuerdo alcanzado el viernes con sus pares del Viejo Continente. «Estaremos fuera de lo que no funciona para nosotros en la UE: las fronteras abiertas, los rescates y el euro».

Los que acaban pagando el pato para contentar a la Pérfida Albión son los de siempre: los otros. Cameron logró que, a regañadientes, sus colegas aceptaran que Londres pueda restringir el acceso a ayudas sociales a los inmigrantes comunitarios que trabajen en las Islas. El eurófobo David deviene xenófobo, como ya está demostrando con los refugiados, a los que está recibiendo con los brazos cerrados y medidas propias de un estado policial. El flemático ‘premier’ se pasa así por el puente de Waterloo la libre circulación de trabajadores y sus derechos, amparados por los tratados europeos y las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE, para contener el cáncer del nacional-populismo rampante, pero, en realidad, está favoreciendo que se propague. El ejemplo británico amenaza con cundir y sus socios de allende el Canal de la Mancha más recalcitrantes y duros con el extranjero seguro que han tomado buena nota y pedirán el mismo estatus especial para sí.

Como ha dicho el exdiputado de Syriza Costas Lapavitsas, la UE está en la fase previa a la muerte. Y el viernes, comenzó a cavar su tumba.

(Publicado en el diario HOY el 21/2/2016)

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Retablillo de don Mariano y maese Pedro
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El Zurdo | 16-02-2016 | 17:13| 0

Don Mariano es un hombre entradito en años que se resiste a ser marioneta del destino y quiere seguir moviendo los hilos, aunque en realidad no es más que un títere que le queda como un guante a doña Ángela la teutona.

Don Mariano se granjeó fama de buen médico con un método infalible: cortar por lo sano y no dejar títere con cabeza. Más que cachiporrero es estafermo y si le golpeas, al girar, te devuelve el golpe cuando menos te lo esperas si no te andas con cuidado.

Empero don Mariano no es un Dorian Gray y, por más que se maquille y que sus mediáticos pintores de cámara retoquen su retrato, su cara ya muestra las secuelas de una vida de excesos de la mano de titiriteros levantiscos y castizos que le tenían en la bolsa. Este viejo azulón ha perdido atractivo entre buena parte de su claque y, aun así, no quiere apearse del machito y busca desesperadamente una esposa sumisa y de buen ver. Le ha echado el ojo a la señá Rosita, que, aunque ya algo marchita, sigue teniendo encanto. La madre de Rosita, una andaluza de armas tomar, está dispuesta a entregar su hija a tan faunesco señor. Sin embargo, Rosita se quiere casar con un becerro nonato, con un caimán, con un borriquito, con un general, lo mismo le da… con cualquiera, menos con ese carcamal. Rosita con todos flirtea y don Mariano está que echa humo y ya le niega hasta el saludo, pues ve que se le pasa el turno.

Con todo, Rosita está prendada, de momento, del apuesto maese Pedro, que llegó, gallardo, a la venta de la madre de la descocada señorita con su teatrillo de marionetas para representar la liberación de Melisendra, la de las mil nacionalidades y lenguas, a quien tiene cautiva el rey polaco Carlos Montedearriba, monigote al que mueve con siniestra mano don Masilio.

No obstante, la atracción principal de maese Pedro es el mono morado que lleva con él, al que ha adiestrado (o viceversa) para que se le suba al hombro y se le acerque al oído como si le hablara. Posteriormente, maese Pedro repite las palabras del mono, que supuestamente puede ver sucesos pasados y presentes, mas no futuros.

Pero cuando el maese representa su retablo, don Mariano pierde la razón cual don Quijote y, creyéndose de todo en todo que es real lo que se representa, arremete contra títeres y titiriteros para asombro y desesperación de su fiel escudero Alberto, un Sancho Panza moderno que tiene mano con don Pedro.

Mas no puedo decirles, queridos espectadores, cómo acabará este cuento, aunque me temo que a cachiporrazos como toda farsa guiñolesca que se precie, para impaciencia del gran marionetista, don Dinero.

A la Virgen del Amor y los Ángeles Custodios ruego que no me tomen a mal esta obra de ficción, escrita no con ‘animus iniuriandi’ sino ‘iocandi’, aunque don Carnal ya haya dado paso a doña Cuaresma. No era mi intención ofender a nadie ni enaltecer ningún terror. Al contrario, solo pretendía, respetable público, ahuyentar su miedo con una pizca de humor, quizás, mal humor. No creo que por eso merezca ir a prisión, pero cosas veredes, como que se tema más al bufón que al mentiroso y al ladrón.

(Publicado en el diario HOY el 14/2/2016)

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El secreto del éxito
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El Zurdo | 09-02-2016 | 17:55| 0

Por qué siempre logran el éxito majaderos como Steve Jobs, Bill Gates, Jeff Bezos de Amazon o Donald Trump, que lleva el triunfo por apellido. Es más, pese a su fama de insoportables, negreros y arrogantes sus admiradores son legión.

Jeffrey Pfeffer, profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, responde a esa cuestión en un artículo de elocuente título, ‘Por qué los gilipollas ganan: el dinero triunfa sobre todo’, publicado en el ‘Journal of Management Studies’. Recalca que cada vez es más común que los grandes empresarios no sean valorados por su contribución al bienestar, la longevidad o la felicidad de los ciudadanos o a la sostenibilidad del planeta. «En su lugar, muchos comportamientos sugieren que al parecer no importa lo que un individuo o una compañía haga a otros seres humanos o al medio ambiente mientras que sean suficientemente ricos y exitosos», advierte.

El dinero es el fin que justifica los medios, la medida de todas las cosas, la llave que abre todas las puertas, una adictiva droga que nos da acceso a todos los paraísos artificiales, la «señal de competencia e importancia» definitiva. Tanto tienes, tanto vales.

¿Y cómo se convirtió el dinero en el único baremo del éxito? Porque, contesta Pfeffer, las escuelas de negocio y la práctica empresarial han pasado a centrarse en la producción de valor para el accionista y el interés propio; en plata, en ganar dinero sea como sea y en fomentar el egoísmo sobre el comunitarismo. Y eso se refleja en el lenguaje económico: las referencias a la felicidad y al bienestar de los trabajadores han sido sustituidas por «cuestiones prácticas de rentabilidad, productividad y eficiencia». El trabajador es visto como un capital o recurso humano; poco importa su dignidad. Ya no se habla de los efectos de los recortes en la población, sino de «consecuencias económicas y costes».

Pfeffer añade cinco mecanismos que nos llevan a aceptar lo inaceptable, «los comportamientos dañinos e inmorales» de los gilipollas que triunfan a costa de otros.

El primero es indentificarnos con las figuras del éxito; eso eleva nuestro estatus, al pasar a formar parte de su círculo de amigos y seguidores.

El segundo es creer que el mundo es justo y se autorregula, que, tarde o temprano, a cada cerdo le llega su San Martín; si alguien ha llegado tan lejos es porque se lo merece y sus rasgos negativos son menos relevantes que los positivos. No lo cita Pfeffer, pero, en ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’ (1905), Max Weber atribuyó el origen de ese pensamiento a la creencia calvinista en que el hombre de éxito es un elegido de Dios, está predestinado a la salvación eterna.

El tercer mecanismo es justificar el dudoso comportamiento del cabrón con quien hacemos negocios o nos vemos obligado a tratar porque nos da de comer.

El cuarto es la tendencia del ser humano a infravalorar la información que no encaja con su visión del mundo y asumir sólo la que refuerza sus ideas. Por tanto, «es inconsistente pensar que una persona, por una parte, se comporta de manera terrible y, por la otra, ha conseguido un increíble éxito financiero o de otro tipo».

El último mecanismo es juzgar a las personas a partir de sus resultados: si alguien triunfa damos por hecho que es muy listo o trabajador.

En fin, parafraseando al poeta Ramón de Campoamor, en este mundo traidor, nadie es bueno ni malo, todo es según el valor del dinero de quien se mira.

(Publicado en el diario HOY el 7/2/2016)

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El PSOE en las Termópilas
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El Zurdo | 02-02-2016 | 17:39| 0

Anda Pedro Sánchez como el rey espartano Leónidas en vísperas de la batalla de las Termópilas. Antes de entrar en combate, los espartanos consultaron el oráculo de Delfos y la respuesta fue: «Mirad, habitantes de la extensa Esparta, o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es; pero en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles. Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones ya que posee la fuerza de Zeus. Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos».

En plata, o bien Esparta perdería a su rey durante la batalla, o bien sería conquistada. Y en una encrucijada similar parece que se halla el PSOE. Si Sánchez decide coger el toro por los cuernos o lo que es lo mismo, la mano tendida por el ateniense Pablo Iglesias, puede acabar despeñándose en una misión que la gerusía de su partido califica de «suicidio». Si decide cruzarse de brazos y dejar que el persa popular gobierne, como le aconseja la pitón de Felipe González, el PSOE puede acabar pasado por la izquierda y conquistado por los podemitas en la próxima cita con las urnas, como le ocurrió al Pasok griego.

Muchos votantes socialistas no perdonarían al partido de sus amores que perdonara la corrupción del PP, lo mismo que es la corrupción del PSOE la que ha empujado a millones de sus votantes en brazos de Pablo Iglesias el joven. El ‘coletas’, que de bendito no tiene un pelo, ha visto la llaga abierta en el partido que fundó su homónimo y no ha dudado en meter el dedo, sabedor de que escocería, ofreciendo un regalo envenenado a Sánchez.

Pedro ‘el breve’ ha repetido ‘ad nauseam’ que no dejará gobernar al PP ni por activa ni por pasiva ni con Rajoy ni sin él, pero lo tiene muy difícil para formar un gobierno alternativo. Para ello, mira a izquierda y derecha, pero Podemos y Ciudadanos están empeñados en no entenderse, quizás porque aspiren a darle el abrazo del oso si se repiten los comicios. Iglesias lo ha puesto contra la espada y la pared: o conmigo o sin mí, pero nadie más (salvo Alberto Garzón, que sería el convidado de piedra). Pero Albert Rivera tampoco le deja muchas opciones, pues se comporta como el perro del hortelano tanto con PP como con PSOE.

Como le ha advertido su colega catalán Miquel Iceta, haría bien Sánchez en mirar también a su espalda. No faltan entre sus filas Efialtes, el tipo que traicionó a Leónidas en las Termópilas. Haga lo que haga Sánchez, si la caga, la gran beneficiada sería la reina socialista con la que ‘de facto’ comparte mando, Susana Díaz, que terminaría por asumir todo el poder; pues no nos engañemos, actualmente el PSOE es una diarquía, como Esparta.

La coronación de Díaz como monarca absoluta socialista podría producirse en mayo, antes incluso de la eventual repetición de las elecciones generales. Los socialistas elegirán su secretario general el 8 de mayo a través de primarias y celebrarán su congreso los días 21 y 22, como pedían los barones, quienes hacen las veces de los éforos espartanos en el partido y contrapesan el poder de la gerusía y de los reyes, aunque la mayoría se inclina más ante la reina que ante el rey. Y Díaz no se fía un pelo del arrogante Iglesias, le seduce más el principito Rivera y no hace ascos a prestarle vasallaje pasivo al persa.

(Publicado en el diario HOY el 31/1/2016)

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El peor enemigo de la democracia
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El Zurdo | 27-01-2016 | 17:17| 0

Decíamos la semana pasada que Hacienda no somos todos, claro. Esta semana la oenegé Oxfam Intermón ha presentado nuevas pruebas de ello. La fuga de capitales desde España hacia paraísos fiscales pasó de 98 millones de euros en 2013 a 2.073 en 2014, es decir, se multiplicó por más de veinte. Las compañías del Ibex aumentaron un 44% sus filiales en esas islas del tesoro y 17 de las 35 no pagan nada por el impuesto de sociedades, pese a que solo tres presentaron pérdidas. Ese año los ingresos del fisco por ese tributo aún eran un 58% inferiores a los de 2007, aunque las empresas ganaron apenas un 1% menos que antes de la crisis.

«Hay que acabar con los paraísos fiscales para reducir la desigualdad», clama Oxfam. Una desigualdad que ha ido a más durante la gran recesión. El año pasado 62 afortunados prebostes poseían la misma riqueza que la mitad de la población más pobre del planeta (3.500 millones de personas); en 2010 eran 388. Basta y sobra la estación invernal suiza de Davos para acogerlos a todos.

España no ha sido una excepción, todo lo contrario. El 1% de los más acaudalados concentra el mismo dineral que 35 millones de españoles (el 75%). Desde 2008, el número de ricachones ha crecido un 40%, hasta alcanzar los 178.000 (50.900 más que siete años atrás).

No hay refugio para el extraño que llama a las puertas del paraíso con los bolsillos vacíos y poco más que sueños. En cambio, el dinero, se vista de seda, chaqueta, sotana, guerrera o chilaba, siempre encuentra un paradisíaco refugio donde solazarse y multiplicarse.

El peor enemigo de la democracia es la desigualdad. Quien es esclavo de su estómago no es libre. Por ende, se tira en brazos del primer charlatán o mesías que promete sacarlo de pobre con su ungüento de serpiente. Estos ‘salvanadas’ canalizan el malestar de la plebe hacia una diana: los ricos, los políticos, los extranjeros, los españoles, en definitiva, los otros. Venden que muerto el perro se acabó la rabia, al carecer de la vacuna que la erradique. Por tanto, la desigualdad, aderezada con la ignorancia, alimenta el populismo y sus hijos bastardos, la xenofobia y el nacionalismo, y estos socavan los cimientos de la democracia hasta derrumbarla.

Sin embargo, frecuentemente, la democracia «ha sido designada responsable de la agravación de la crisis general, y esa acusación proviene precisamente de los propios medios económicos que se beneficiaban de sus estímulos, tales como los agrarios, los patronos y, en fin, también de ciertos elementos de las propias masas obreras», como escribió Karl Polanyi en 1932, en pleno auge de los fascismos y comunismos, en un artículo titulado ‘Economía y democracia’.

Este economista y filósofo sostenía algo que sigue vigente: «La derecha y la izquierda se enfrentan en la actualidad en nombre respectivamente de la economía y de la democracia». «La izquierda se polariza en torno a la democracia, mientras que la derecha lo hace en torno a la economía (…). Desde el bando de la democracia política surgen las fuerzas que afectan a la economía, la perturban y la obstaculizan. La economía, por su parte, responde mediante un asalto general contra la democracia, lo que supone optar por un economicismo irresponsable, poco realista». Polanyi advertía que una sociedad en la que los sistemas político y económico se combaten entre sí está indudablemente abocada al declive.

(Publicado en el diario HOY el 24/1/2016)

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No somos todos, claro
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El Zurdo | 18-01-2016 | 22:25| 0

Que «Hacienda somos todos» es un lema meramente publicitario, como arguyó la abogada del Estado Dolores Ripoll en el inicio del juicio del caso Nóos para defender la exoneración de la infanta Cristina, ya más que lo sospechábamos, claro. Pero escuece, y mucho, que te lo digan a la cara. Es una «falta de respeto», como replicó el juez José Castro, para los ingenuos ciudadanos que, pese a todo, nos creemos esa milonga y pagamos nuestros impuestos religiosamente, incluso más religiosamente que la Iglesia, que tiene bula fiscal como Dios manda.

Y duele aún más que te lo diga una defensora del Estado, o sea, de todos. Claro, que también está por ver que el Estado seamos todos. Acaso se confunda el continente con el contenido y el Estado no sea más que la jaula de hierro weberiana donde todos, o casi todos, estamos encerrados. Mas hay pájaros que logran salir airosos de ella y con el buche lleno de alpiste que nos han robado a los pardillos comunes. Las más de las veces les ayudan buitres diestros en pajarear y desplumarnos a las incautas aves zonzas de alas recortadas. Esos pajarracos son aves migratorias que no tardan en ahuecar el ala y tomar aires donde los traten como aves del paraíso. Levantan el vuelo y se creen inmunes e impunes. Y cuando se caen con todo el equipo, acabamos las aves tontas de siempre cargando con el mochuelo.

No hay que tener vista de águila para darse cuenta de que no todos somos iguales ante los ojos de halcón de Hacienda, por mucho que lo diga la Constitución. En su artículo 31 es meridiana: «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio». Sin embargo, según el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha), las grandes empresas pagan por el impuesto de sociedades un tipo efectivo del 6% (el nominal es del 30%), frente al 15% de las pymes (el nominal es del 25%). Y los asalariados españoles dan al fisco más de 40 euros de cada cien que cobran, según el ‘think tank’ Civismo, que sostiene que «pagan considerablemente más impuestos las rentas bajas y medias que las altas». Eso explica que la economía sumergida ronde el 20% del PIB. «En nuestro país hay una mayor economía sumergida porque a la emergida la asfixian con burocracia y la expolian a impuestos», a juicio del presidente de Civismo, Julio Pomés.

No obstante, Gestha calcula que más del 70% del fraude fiscal del país lo cometen pájaros de altos vuelos, pero el 80% de los recursos de la Agencia Tributaria se dedica a investigar a avecillas.

Tampoco los españoles somos iguales ante la ley, pese a que así lo asegure el artículo 14 de la Carta Magna. La Justicia no es ciega sino tuerta y mira con mejor ojo al que vuela alto, como el águila real, su familia de rapaces y otras aves de rapiña. La prueba es la ‘doctrina Botín’, un traje a medida que la Justicia le hizo al fallecido banquero cántabro para eludir la cárcel y con el que ahora se pretende vestir a la hermana del Rey para sacarla del banquillo.

No quiero ser pájaro de mal agüero, pero me temo que no hay azulón, pavo real, pato malvasía o mirlo naranja que arregle la pajarera nacional.

(Publicado en el diario HOY el 17/1/2016)

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