Hoy

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Tarjetas rojas
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El Zurdo | 07-10-2014 | 17:46| 0

Clama al cielo el chanchullo que se trajeron los exconsejeros y exejecutivos de Caja Madrid y el banco que se la tragó, Bankia, con las tarjetas de crédito B, opacas, negras, VIP o como quieran llamarlas entre 2003 y 2012. Es el enésimo capítulo de la interminable historia de la corrupción española, una serie que no tiene que envidiarle a ‘Boardwalk Empire’ o ‘Gomorra’. No obstante, este escándalo es una muestra muy representativa de lo que fueron los felices años de gaviotas y rosas que precedieron a la madre de las recesiones. En él se ve de forma meridiana que los ladrones son «gente honrada», que nadie vigila a los vigilantes, que la corrupción es transversal, se extiende de izquierda a derecha y desde el patrón hasta el sindicalista, y que hay una casta política y económica que goza de unos privilegios de los que no disfrutamos el común de los mortales. Casta de intocables zánganos y chupópteros que, acabada la juerga, apenas se ha tocado esos privilegios mientras nos han recortado derechos durante esta larga resaca en la que nos han sumido y de la que no acabamos de levantar cabeza ni con toda la magia monetaria de Supermario ni con la dieta a pan y agua a que nos somete el cocinilla Montoro siguiendo las prescripciones de la ‘master chef ’ Merkel.

Entre los exconsejeros que tiraron sin control de las ‘tarjetas negras’ –destinadas a sufragar gastos de representación– para costearse todo tipo de caprichos (restaurantes, viajes, compras en grandes superficies, ropa, hoteles…) y, al parecer, sin declarar ese dinero a Hacienda, están tipos de todos los pelajes y colores: 27 del PP, 15 del PSOE, 5 de IU, 11 sindicalistas de UGT y CC OO, dos exministros y un exjefe de la Casa del Rey. Como ven, especímenes de lo más granado de nuestra partitocracia. En total, dilapidaron más de 15 millones de euros. Y hay que recordar que la prodigalidad de los administradores de la entidad madrileña nos ha costado cara a todos los contribuyentes, pues tuvimos que rescatarla en mayo de 2012 con más de 23.000 millones, de los que se espera que recuperemos una pequeña parte. Algunos de esos exconsejeros han alegado que «todo el mundo sabía lo de las tarjetas desde 1987», incluso Hacienda. Sin embargo, fieles a su máxima de negar la mayor aunque les hayan pillado con el carrito de los helados, los partidos que los promovieron se rasgan ahora las vestiduras, solo tienen palabras de censura y hasta exigen comisiones de investigación. ¡Panda de hipócritas! Y todavía se preguntan por qué cada vez más ciudadanos piensan votar al ‘coletas’ y compañía siéndoles indiferentes sus propuestas. Están hartos de tanto juego sucio y quieren sacar tarjeta roja y expulsar de sus poltronas como sea a esos golfos apandadores. Al menos, piensan, los de Podemos no tienen aún las manos manchadas.

No obstante, tampoco seamos hipócritas nosotros. Porque, a ver, que tire la primera piedra quien no hubiera hecho lo mismo si le hubieran dado una de esas tarjetas B con barra libre de liquidez. Me temo que los más no hubieran tenido escrúpulos y hasta hubieran fardado de su liberalidad ante sus colegas de copas invitándoles a una ronda a cuenta de la empresa. Quisiera equivocarme, pero la casta que nos mangonea no es más que un reflejo de nuestra sociedad de pícaros, aunque ampliado por el espejo cóncavo del poder.

(Publicado en el diario HOY el 5/10/2014)

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La caída
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El Zurdo | 29-09-2014 | 18:18| 0

De sabios es rectificar. Y Rajoy, aunque no es sabio pero sí artero, ha rectificado y ha retirado la retrógrada reforma de la ley del aborto pergeñada por Alberto Ruiz-Gallardón. Sus motivos son electoralistas, pero, al fin y al cabo, ha hecho algo tan democrático como acatar el criterio de la mayoría, opuesta a la reforma. Si no lo hubiera pagado en las urnas, según constató su ‘master chef ’ de las encuestas, Pedro Arriola, cuya máxima es meridiana: «A mí no me pagan por cambiar la realidad, sino por ganar elecciones». Ese es el principal objetivo de todo partido. Si para eso don Mariano tiene que decir Diego donde dijo digo, lo dice y santas pascuas. En eso de prometer una cosa y hacer otra es un hacha. Sabedor de que la memoria histórica de la plebe es flaca, deja, con la paciencia de un entomólogo, que la mentira caiga en el olvido o que, a base de repetirla mil veces, se convierta en verdad.

Por otro lado, le honra a Gallardón que haya dimitido y dejado la política, una vez su jefe lo ha puesto a los pies de los caballos. Quién le ha visto y quién le ve, don Alberto. Era uno de los rostros más populares del PP, si hasta caía bien entre los ‘progres’, que lo hubieran intercambiado por José Bono. Como presidente y alcalde de Madrid se granjeó la fama de barón rojo y verso suelto de la que ahora hace gala Monago. Al igual que este, con fuegos de artificio, como la candidatura olímpica de Madrid, y obras faraónicas, como el soterramiento de la M-30, compró el cariño de los madrileños hipotecando su futuro, al generar una deuda que tardarán casi una generación en pagar. Y cuando se le jaleaba como sucesor de Rajoy, llegó este y le ofreció un regalo envenenado, una pala con la que cavar su tumba política: el Ministerio de Justicia, en el que sacó a la luz ese hombre más de derechas que su padre, José María, y su padrino, Manuel Fraga, que escondía tras una careta roja, dilapidando su popularidad en tiempo récord.

Don Mariano no es tan tonto como parece. Con esa sonrisa de ‘clown’, esa mirada de besugo y esa gran habilidad para hacer el don Tancredo subido a una escalera sin que se sepa si sube o baja, este hombre gris marengo ha ido desembarazándose de enemigos íntimos (su antaño mentor Aznar, Rato, Mayor Oreja, Cascos, Camps, Esperanza Aguirre, Gallardón…), a priori más notables y más dotados para el liderazgo que él, y sin recurrir a las purgas, como hiciera otro mediocre triunfante, Stalin, sino simplemente dejando que se quemaran a lo bonzo. Así ha ido trepando hasta alcanzar la cima de la Moncloa cuando nadie, ni propios ni extraños, daba un duro por él. Con la misma estratagema de dejar que pase la corriente, está vadeando los casos Gürtel y Bárcenas o el pulso independentista catalán. A don Mariano le han dado por muerto, incluidos los suyos, después de las dos derrotas electorales ante ZP y de que Luis ‘el cabrón’ levantara las alfombras de Génova. Sin embargo, ahí sigue impertérrito, atado al mástil cual Ulises, dejando que otros infaustos que se creen más grandes que él sean seducidos y devorados por las sirenas. Ahora se vaticina que se lo tragará el Polifemo de Podemos. No se fíe de este zorro con piel de pingüino y corazón de ave Fénix; no le desahucien prematuramente. Ya advierte el cínico protagonista de ‘La caída’, de Albert Camus, que «lo esencial es no ser libre y obedecer con arrepentimiento a alguien más pícaro que uno mismo. Cuando todos seamos culpables, entonces viviremos en democracia».

(Publicado en el diario HOY el 28/9/2014)

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La mentira revolucionaria
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El Zurdo | 25-09-2014 | 16:27| 0

No apoyo la independencia de Cataluña pero sí su derecho a decidir su futuro, como ha hecho Escocia. Lo contrario es tener miedo a la libertad y la democracia. Y en democracia solo cabe resolver los conflictos a través del voto o del pacto. No obstante, me parece un paso atrás que Cataluña se separe de España cuando Europa avanza, a trancas y barrancas, hacia su unión. Creo que a catalanes y españoles nos irá mejor juntos, pero no revueltos. Por tanto, urge discutir cuál es la mejor forma de encajar Cataluña en España: si con más autonomía, con un estado federal o confederal o con un concierto económico similar al vasco… Algo debe cambiar, pues no hay que obviar que la burbuja soberanista catalana se ha hinchado, no por casualidad, durante los años de crisis. Sí, porque Artur Mas ha utilizado la reivindicación de la consulta para distraer la atención de los catalanes de los fuertes recortes sociales que ha ejecutado en Cataluña –llegando incluso más lejos que Rajoy, de quien, cuestión nacionalista aparte, poco le difiere– y para vender la independencia como la panacea que curará a los catalanes de todos sus males, de los que responsabiliza solo a España. Todo nacionalismo recurre siempre a un discurso victimista y anhela el regreso a un arcádico pasado. Todo nacionalismo está fundado sobre un mito, es decir, sobre una mentira, como casi todas las religiones e ideologías, todo sea dicho.

Cierto que la mentira puede llevar a la verdad. «A veces se puede ver más claro en el que miente que en quien dice la verdad. La verdad, como la luz, ciega», sostiene el protagonista de ‘La caída’, de Albert Camus. Ese es el camino que sigue la literatura (y el arte en general), que, como cree Luis Landero con Juan Rulfo, «es una suma de mentiras cuyo producto es una verdad».

Mas, aunque se diga que es la literatura con prisas, el periodismo solo puede tener como divisa «la verdad siempre, aunque duela», como remachaba mi maestro Manuel Unciti. Al igual que la política. Sin embargo, nuestros políticos, con ayuda de sus voceros, son más dados a decir medias verdades, que no son sino mentiras disfrazadas de verdad, y a seguir la divisa de Joseph Goebbels, el ministro de la Propaganda nazi: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad». Pero, de tanto mentir, les está pasando lo que al zagal del cuento ‘Pedro y el lobo’, que ya no les creemos ni cuando dicen la verdad. Eso explica, sobre todo, fenómenos como el auge del independentismo catalán y la irrupción electoral de Podemos. Me temo que ambos se alimentan más del voto bronca que de una verdadera voluntad de cambio de la ciudadanía. Creo que la mayoría de los indignados añora un pasado idealizado y quiere recuperar lo que considera que le ha arrebatado la ‘casta’ política y financiera con la excusa de la crisis.

Pero el pasado nunca vuelve. Está germinando un cambio revolucionario; que sea a mejor o peor dependerá de si se basa en la verdad o la mentira. Dicen que la verdad siempre es revolucionaria, pero también puede serlo la mentira. Ahora bien, cuando la revolución se basa en una mentira, en una vana esperanza, en una quimera, la ciudadanía se limita a sustituir en el poder a una élite por otra, que no tardará en traicionar los principios revolucionarios. Porque si la verdad hace libre, la mentira esclaviza.

(Publicado en el diario HOY el 21/9/2014)

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Tywin Lannister
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El Zurdo | 16-09-2014 | 16:11| 0

No sé si siguen la serie ‘Juego de tronos’ o la saga literaria en la que se basa, ‘Canción de hielo y fuego’. Yo estoy enganchado a ambas. Si no conocen la historia pero tienen intención de ver la serie o leer la saga, no sigan leyendo, pues no quiero destripárselas. Es que… me ha sorprendido sobremanera la muerte de Tywin Lannister, por imprevista y súbita. Vale, no les daré más detalles, pero solo decirles que no lo ha matado el Rey-Más-Allá-del-Muro, ese coletas cambiapieles, ni tampoco el nuevo Rey en el Norte tras independizar Invernalia del Trono de Hierro. Tampoco el joven y apuesto Renly Baratheon, que se considera el legítimo heredero de su hermano Robert, del que es su misma imagen cuando era un pipiolo. Robert era un tipo simpático pero acabó deteriorándose embriagado por el poder y el vino y no tuvo un final feliz. Pero no se encariñen demasiado con el social Renly, no tiene mucho futuro. Bueno, no les cuento más.

A lo que iba, Tywin Lannister. Este era patriarca de una acaudalada familia que tiene por lema “Un Lannister siempre paga sus deudas” y de la que las malas lenguas decían que cagaba oro. Tywin nunca se sentó en el Trono de Hierro, pero fue el verdadero poder tras el trono, la eminencia gris. Sin su oro y sin su bendición, ningún rey de Poniente aguantaba en el trono mucho tiempo. Don Tywin era el único que podía tratar de igual a igual a su majestad. Ahora su heredera es su hija Cersei, igual de calculadora y despiadada.

Don Tywin no era ni zurdo ni diestro, sino ambidiestro; lo mismo fue aliado y Mano de los Targaryen que de la casa que les usurpó la corona, los Baratheon. Por eso inspiraba un temor reverencial a unos y otros, que tanto le deben. Pero el señor Lannister, como Guardián de Occidente, no quitaba ni ponía rey, pero ayudaba a su señor. Y su señor es poderoso caballero. Tan poderoso que devuelve las manos a los mancos y la vista a la Justicia, que siempre le hizo ojitos. Porque don Tywin imponía su propia ley a golpe de talonario. Después de convertirse en Señor de Roca Casterly, don Tywin se las arregló para restaurar el honor de la familia y su fortuna. Aniquiló y fagocitó a la Casa Reyne de Castamere y a los Tarbeck de Torre Tarbeck por su desafío al poderío de los Lannister y convirtió el pequeño reino que heredó en un imperio financiero, demasiado grande para dejarlo caer. Don Tywin se garantizó así el ‘amor’ incondicional de la corona, que siempre lo trató a cuerpo de rey, no solo ante la Justicia sino sirviéndole en bandeja de plata suculentos manjares, expulsando de su mesa a incómodos comensales y sus bastardos y colocando a los suyos y adláteres en puestos clave de los Siete Reinos.

Después de la rebelión contra Aerys II Targaryen, que se volvió loco, del usurpador Baratheon, que contó con el apoyo de los Stark de Invernalia, debido al excesivo gasto del rey Robert y gracias a su nueva relación como parte de la familia real, don Tywin prestó grandes cantidades de oro a la corona, con lo que la corte en Desembarco del Rey estaba gravemente endeudada con la Casa Lannister, que, hablando en plata, la tiene cogida por las arcas. Ya recitaba Quevedo: “Madre, yo al oro me humillo, / Él es mi amante y mi amado, / Pues de puro enamorado / Anda continuo amarillo. / Que pues doblón o sencillo / Hace todo cuanto quiero, / Poderoso caballero / Es don Dinero”.

(Publicado en el diario HOY el 14/9/2014)

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Ilusión y miedo a la libertad
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El Zurdo | 08-09-2014 | 11:06| 1

Cómo estará la cosa que hasta los presos renuncian a su libertad por un plato de lentejas y un techo bajo el que cobijarse aunque sea una jaula. Está pasando en la alicantina y hacinada prisión de Fontcalent. Los reclusos rechazan acogerse al tercer grado y salir de la prisión durante el día porque fuera no tienen recursos para subsistir ni encuentran trabajo. Y si lo encuentran no les saca de pobre. En cambio, si cumplen seis meses entre rejas y tienen familias a su cargo, adquieren el derecho a un subsidio de paro cuando sean puestos en libertad; derecho que ya están perdiendo cada vez más ‘hombres libres’ que se eternizan en el desempleo y que ya solo aspiran a que el barón de turno afloje la mano en vísperas de las elecciones y les dé una limosna en forma de renta básica.

La prima de riesgo y el precio del dinero podrán estar por los suelos, pero también aún la economía real. Los curritos, parados y autónomos todavía esperan la cacareada recuperación, como los cristianos la parusía o Vladímir y Estragón a Godot. Ni los trucos de magia monetaria de Supermario Draghi levantan a este muerto que dicen los que mandan que está muy vivo. Pero esos cada vez que hablan baja el pan y el fantasma de la deflación toma cuerpo. Tampoco funcionan las viejas y draconianas recetas neoliberales. Ya lo admiten hasta organismos internacionales que antaño las recomendaron como la OCDE. Este club de los países ricos ahora alerta de que seguir bajando los salarios «puede ser contraproducente» para la recuperación porque empobrece más a los ya pobres y deprime la demanda, es decir, nos deja sin ganas y sin blanca para consumir e invertir en el interior. Para más inri, no está dando el resultado deseado: volvernos más productivos y competitivos para que compren nuestra mercancía en el exterior. Todo lo contrario, en el primer semestre nuestras exportaciones frenaron en seco y la aportación del sector exterior a nuestro PIB fue negativa, o sea, restó.

Sin embargo, pese a todo, no hay motivos para quejarse, eh. Peor se vivía hace 70 años, como nos recuerda el ‘spot’ difundido por la Junta por el Día de Extremadura a través de los testimonios de tres abuelinas. Estas señoras me merecen todo el respeto del mundo por lo duro que han luchado en la vida para salir adelante, pero nuestro barón rampante las ha utilizado para vendernos que vivimos en la mejor de las Extremaduras conocidas, por lo que menos quejarse y «agila palante». Hay que reconocer que nuestro artero Mago de Oz nos da una lección con este truco de psicomagia de como jugar con el miedo y la ilusión de la plebe: miedo al pasado e ilusión por el futuro para soportar el presente. Rajoy, toma nota de tu barón rojo. Es un artista de la política espectáculo. Si hasta la farándula le quiere ya más que al de la ceja. Está tocado por la gracia divina de Ceres y como vendedor de ilusiones no tiene rival. No veo nadie mejor que él para protagonizar el próximo anuncio de la Lotería de Navidad.

En ‘El miedo a la libertad’, Erich Fromm nos recuerda estas palabras del también filósofo John Dewey: «La amenaza más seria para nuestras democracia no es la existencia de los estados totalitarios extranjeros. Es la existencia en nuestras propias actitudes personales y en nuestras propias instituciones de aquellos mismos factores que en esos países han otorgado la victoria a la autoridad exterior y estructurado la disciplina, la uniformidad y la confianza en el ‘líder’».

(Publicado en el diario HOY el 7/9/2014)

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Alcaldada
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El Zurdo | 03-09-2014 | 22:19| 0

A priori, la elección directa de los alcaldes parece un pasito adelante en el largo camino que debe recorrer este país para ser una democracia real. Pero la propuesta del PP es un pasito atrás, al menos la que ha trascendido a la opinión pública, pues Rajoy se niega a explicarla en detalle. Solo ha dejado claro que quiere que sea alcalde el candidato de la lista más votada, aunque no sume más de la mitad de los votos. Según se ha filtrado a la prensa, el PP baraja dos fórmulas: una, que sea elegido regidor y con mayoría absoluta de concejales el aspirante que logre un 40% de los sufragios; otra, una segunda vuelta entre los dos más votados.

La oposición en bloque rechaza un “pucherazo” que se nos quiere vender como una medida de regeneración democrática. El PP nos quiere dar gato por liebre. A nueve meses de las elecciones municipales quiere cambiar las reglas del juego porque ve peligrar el poder en muchos ayuntamientos tras los decepcionantes resultados que obtuvo en las europeas, en las que irrumpió Podemos, que no estaba ni se le esperaba pero que ha canalizado la indignación ciudadana con la partitocracia. Vamos, que quiere que aceptemos barco como animal acuático. Pero el Scattergories no es suyo, sino de los ciudadanos, y es a ellos a los que tiene que consultar si quiere cambiar las reglas o al menos a todos sus representantes en el tablero parlamentario.

Hasta la UE, el Consejo de Europa y la OSCE advierten que no se puede reformar la ley electoral a menos de un año de los comicios y sin consensuarla con la oposición, porque ello socava el proceso democrático y “los votantes pueden llegar a pensar, con razón o sin ella, que el derecho electoral es un instrumento que manipulan a su favor quienes ejercen el poder”. Ya saben, la mujer del César no solo debe ser honesta, sino, además, parecerlo. No obstante, el PP está dispuesto a salirse con la suya por bemoles, aun en solitario, imponiendo el rodillo de su mayoría absoluta en el Congreso. Y es que los populares no están acostumbrados a pactar ni consensuar nada desde que Aznar dejó de hablar catalán en la intimidad y de llamar a ETA Movimiento de Liberación Nacional Vasco. De ahí su reforma electoral (mejor dicho, electoralista), pues temen que los acuerdos y coaliciones entre varias fuerzas políticas les dejen compuestos y sin alcaldías. Da igual que la reforma pueda favorecer a ERC y Bildu. En este caso, los intereses partidistas están por encima de los patrióticos. O quizás es que el PP confunda partido con patria, como los movimientos totalitarios. Mas ¿qué será más representativo de la voluntad del electorado: un partido que obtenga el 40% de los votos o varios que sumen el 60%; un gobierno monocolor o uno arcoíris? Los pactos son la esencia de la democracia, que nace de un contrato social. Cuando la mayoría tiraniza a la minoría, la democracia degenera en una demagogia. Las normas y medidas consensuadas entre opuestos son las que perduran. Valgan de mal ejemplo las leyes de educación, que cambian con cada gobierno. Decía la filósofa Hannah Arendt que “el poder surge donde las personas se juntan y actúan concertadamente”. En cambio, como explica Arendt, los movimientos totalitarios fomentan un individualismo gregario, al hombre masa, incapaz de integrarse en ninguna organización basada en el interés común.

(Publicado en el diario HOY el 31/8/2014)

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Lumpemburguesía
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El Zurdo | 25-08-2014 | 22:15| 0

Hace 50 años, Martin Luther King tuvo un sueño que aún no se ha cumplido. Un botón de muestra es la muerte de un joven negro de 19 años en Ferguson (Misuri) tiroteado por un policía blanco. El presidente estadounidense será negro, pero negros y blancos todavía no son iguales ante la ley y la Justicia en Estados Unidos; quizás en el norte, pero no en el sur; quizás en Washington o Nueva York, pero no en Misuri. El negro es culpable hasta que se demuestre lo contrario. El negro tiene más puntos para ir a la trena y pasar una larga temporada en ella. No pocos blancos americanos miran aún con ojos de amos a los negros, a los que cuesta el doble ascender en la escala social y alcanzar los logros de los blancos. Porque la vieja dialéctica hegeliana del amo y el esclavo está lejos de resolverse. El poder es blanco, aunque se delegue en un negro, si bien de alma y bolsillos blancos. Porque quien dice poder, dice dinero. Y el dinero está en manos blancas. Y la pobreza tiene el rostro moreno. Ese es el quid. Creo que la mayoría de los estadounidenses blancos no son racistas, sino clasistas. No temen al negro; temen al negro pobre de solemnidad, ese que es carne de crack o cristal, ese predestinado a servir o recoger la basura a los blancos. Temen que ese se vuelva una pantera negra, se arranque definitivamente las cadenas que aprisionan su mente y reclame por las malas lo que no se le reconoce por las buenas. Temen que revueltas esporádicas como la de Ferguson devengan en una revolución.

Con igual mezcla explosiva de desdén y temor, no pocos payos españoles tratan aún «a los gitanos, moros, sudacas y gente de mal vivir». Porque entre pobres también hay clases; no es lo mismo comer altramuces que las cáscaras que desechamos. Hasta el nuevo adalid de los pobres de España, Pablo Iglesias, no está libre del pecado del clasismo. Lo demostró cuando tachó de «lúmpenes», «gentuza de clase mucha más baja que la nuestra» a unos chorizos con los que, en 2002, tuvo un enfrentamiento a puñetazos cuando irrumpieron para robar en un centro social okupado de Madrid en el que estaba reunido con compañeros de militancia. Cierto que luego pidió disculpas por su «desliz» y que admitió que fue un «arrogante» y que no podía excusarse ni en Karl Marx, quien calificaba como lumpemproletariado a los marginados sociales (mendigos, prostitutas, delincuentes de baja estofa…) sin conciencia de clase susceptibles de aliarse con la burguesía a cambio de su caridad.

Sin embargo, en la actualidad el principal aliado de las élites es la lumpemburguesía. Como tal, el economista y sociólogo neomarxista alemán André Gunder Frank definía a las clases medias y altas (mercaderes, abogados, industriales, etc.) latinoamericanas que colaboraban con los amos coloniales en la explotación de sus países. Esa lumpemburguesía también existe ahora en España, EE UU y otros países del primer mundo en crisis y son cómplices, por activa o por pasiva, de las élites extractivas (económicas y políticas) que, según los economistas Daron Acemoglu y James A. Robinson, se apartan de la obtención del bien común, ponen las instituciones a su servicio y elaboran un sistema que les permite, sin crear riqueza, detraer rentas de la mayor parte de la ciudadanía en beneficio propio. La lumpemburguesía apoya y perpertúa este expolio a cambio de las migajas que le dan esos golfos apandadores que han hecho negocio con la crisis que provocaron y que nos están robando el futuro. A estos hay que temer.

(Publicado en el diario HOY el 24/8/2014)

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El marketing del miedo
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El Zurdo | 25-08-2014 | 21:59| 0

El pasado domingo, 10 de agosto, don Agapito Gómez Villa tachaba de «terrorismo informativo» la excesiva cobertura mediática dada a la epidemia del ébola que ya ha matado a más de mil personas en África occidental, teniendo en cuenta que la malaria o el sida aún se cobran muchas almas en ese rincón perdido del mundo y ya apenas tienen sus 15 minutos de gloria en los telediarios. Y don Agapito sabe de qué habla, pues es médico. Hubo un tiempo, rememoraba, «en que no había otra cosa que sida y más sida». Pero el sida no alarmó a los países ricos hasta que, a principios de los 80, empezó a matar a blanquitos famosos como Rock Hudson. Y dejó de ser noticia cuando dejó de matarlos.

Lo mismo con el ébola. Tuvo que infectar a dos rostros pálidos americanos para que saltaran las alarmas en el primer mundo. Así lo denunció a HOY Peligros Folgado, presidenta de la Fundación Atabal, con proyectos de cooperación en Sierra Leona. Peligros aireó que durante meses las autoridades sierraleonesas ocultaron muertes a causa del ébola por intereses económicos, dado que «allí se están abriendo minas y eso haría que la gente se fuera por miedo». Y por intereses económicos, me temo, ahora el ébola está en boca de todos. Antes de este virus, como recordaba don Agapito, «el último grito de terrorismo informativo-sanitario» o de lo que Miguel Jara, periodista especializado en sanidad, llama «marketing del miedo» fue la falsa pandemia de gripe A (en 2009). Se está siguiendo una estrategia muy similar: grandes farmacéuticas mueven a sus mamporreros a sueldo en la OMS y los medios de comunicación para que se decrete el estado de emergencia mundial y tener así argumentos para sacar al mercado la panacea que acabará con el nuevo mal, aunque no esté suficientemente testada. Entonces, sus acciones se disparan en la bolsa y los gobiernos se lanzan a comprarles montañas de dosis del milagroso remedio, que terminarán, en su mayoría, durmiendo el sueño de los justos.

Dicho marketing del miedo ha encontrado un potente altavoz en la muerte de Miguel Pajares, uno de esos «hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos», a los que homenajea Albert Camus en ‘La peste’. Pero, como lamenta Peligros, «es increíble que solo se hable de Pajares en vez de impulsar actuaciones de ayuda» en los países afectados por el ébola. E igual de increíble fue que con el misionero toledano no fueran trasladados de Liberia a España otros dos compañeros de misión contagiados que acabaron falleciendo. Su único delito, no ser españoles. El mismo que el de los inmigrantes que son expulsados tras entrar en España cruzando el Estrecho en patera o saltando la valla de Melilla. Ellos se juegan la vida huyendo de la madre de todas las pandemias que asola África: la pobreza. Contra la que hay vacuna: la ayuda al desarrollo. Sin embargo, los matasanos que nos gobiernan prefieren poner la venda antes de la herida. Pero no se puede poner puertas al campo y la pandemia de pobreza se propaga por nuestro edén. A ello contribuyen nuestros matasanos, untados por las farmacéuticas de las finanzas (los bancos), debilitando las defensas del Estado de bienestar con la paradójica intención de salvarlo. Víctima de esa sangría ha sido el hospital donde se trató sin éxito al padre Pajares, el Carlos III de Madrid.

(Publicado en el diario HOY el 17/8/2014)

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El honor de los Pujol
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El Zurdo | 11-08-2014 | 11:40| 0

El ‘molt honorable’ y familia han resultado tener el honor de los Prizzi. Emborrachados de poder absoluto acabaron por confundir la patria con su patrimonio.

Al final, era cierto que robaban a los catalanes, pero el ladrón no era su padrastro sino su patriarca. Todo apunta a que don Jordi Pujol y familia señalaban como culpable al Estado español con una mano, mientras que metían la otra en la caja. El que parte y reparte se queda con la mejor parte. Y, al parecer, don Jordi y familia, carnal y política, exigían el pago del ‘pizzo’ a quienes daban parte del pastel. Un secreto a voces que convirtió en clamor el hoy desmemoriado y desnortado don Pasqual Maragall cuando puso en duda la honorabilidad de don Jordi y familia el 24 de febrero de 2005, 14 meses después de desbancarle como capo de Cataluña, al espetarle: «Su problema se llama 3%», en alusión a que, durante los 23 años de gobierno de don Jordi, su clan presuntamente cobraba de forma continuada comisiones ilegales del 3% por la adjudicación de obras públicas.

Pero, claro, entonces no era conveniente lanzar públicamente tamañas acusaciones contra don Jordi y familia pues estaba en juego la aprobación del nuevo Estatuto catalán con la aquiescencia de Zapatero. Así que don Pasquall acabó retractándose porque CiU amenazó con romper la baraja y no apoyar el ‘Estatut’. «Lo hago por una sola razón, que interesa mucho al país, y es que Cataluña tiene de ahora en adelante cosas muy importantes que hacer. Y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de cumplir su parte de obligación en los meses que vendrán, en los que se jugará el ‘Estatut’ de Cataluña, la Constitución Española y, en buena medida, nuestro futuro», se justificó don Pasqual ante Artur Mas, el heredero e hijo político de don Jordi, del que fue ‘consigliere’ antes de sucederle como padrino. Y vaya que fue así, pues el tal ‘Estatut’ fue el huevo de la serpiente de la deriva soberanista que ahora amenaza con romper las Españas.

No obstante, el Estado español no será culpable de obra pero sospecho que sí de omisión, porque se me hace imposible que tanta mierda se haya mantenido oculta sin que, como poco, oliera. Me da en la nariz que tanto los gobiernos de Felipe González, como los de Aznar y Zapatero hicieron la vista gorda y vendieron su silencio a don Jordi a cambio de su apoyo en las Cortes y de que embridara el nacionalismo catalán. París bien vale una misa y la Moncloa hablar catalán en la intimidad. Y me da que Rajoy ha roto la ‘omertà’ y ha dejado que tiren de la manta ante el órdago independentista de don Artur. Bah, tampoco hagan mucho caso a las especulaciones de este ‘conspiranoico’.

En fin, los Pujol, los Baltar de Orense, los Fabra de Castellón… son especímenes del neocaciquismo que, cual ébola, ha sangrado el país durante esta tercera restauración borbónica y ha infectado nuestra frágil democracia, que ya huele a muerto. Los matasanos que velan por su salud no han dado aún con la vacuna que la proteja de este mal. Quizás no les interesa, porque se les acabaría el chollo; nadie osa morder la mano que le da de comer. Mas dicho mal trasciende nuestras fronteras. Por eso, urge que se decrete la emergencia internacional para atajar esta pandemia. No habrá cura ni vacuna contra tan letales virus mientras encuentren refugio en islas del tesoro y otros paraísos fiscales y no se les obligue a repatriar lo que nos han robado. ¡Cuán largo me lo fiais, amigo Sancho, entre buyes no hay cornadas!

(Publicado en el diario HOY el 10/8/2014)

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La peste
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El Zurdo | 08-08-2014 | 11:06| 1

Los gazatíes se encuentran entre la espada israelí y la pared de Hamás. Son las víctimas colaterales del enésimo duelo a muerte entre un agigantado David que exhibe altanero una estrella gamada y un empequeñecido Goliat que porta adherido al cuerpo un cinturón de explosivos. Los gazatíes padecen dentro de su franja el temor de Alá impuesto por el Movimiento de Resistencia Islámico, que con una mano les da pan y con la otra, blandiendo el Corán y la Sharía, les martillea la cabeza. Y a la vez sufren la ira que Yavé descarga en ellos desde fuera, desde la tierra de promisión que les arrebataron los judíos.

Cuesta creer que parte de un pueblo que se cree elegido por Dios y perseguido hasta el holocausto nazi quiera borrar del mapa a otro. Mas hay que tener una fe ciega para convertirse en una bomba humana e inmolarse y matar en nombre de Dios.

Pero es que el sionismo (que no representa a todos los judíos ni israelíes) y Hamás (que no representa, ni mucho menos, a todos los palestinos) tienen su razón de existir en el exterminio del otro. La carta fundacional de Hamás parece escrita por Hitler. Y el régimen sionista parece diseñado por los ingenieros sociales bóeres que perpetraron el ‘apartheid’ en Sudáfrica. Para ambos bandos no hay más solución al conflicto israelo-palestino que la final, es decir, la eliminación del contrario. Nada de coexistencia pacífica de dos estados, como clama la comunidad internacional. Una comunidad, liderada por el amigo americano, que, no obstante, tolera a Israel lo que no tolera a sus enemigos árabes: pasarse por el arco del triunfo las resoluciones de la ONU y el Derecho Internacional. Si los palestinos hubieran hecho a los hebreos lo que ellos les están haciendo, me temo que ha tiempo que Estados Unidos les habría mandado los marines y que hubieran corrido la misma suerte que afganos, iraquíes y libios. Amén de que en ese culo del mundo no hay petróleo que valga, aunque está muy cerca de donde sí hay pozos de ambición. Esa es la justicia universal que aplica el gendarme del planeta con las manos pringadas de oro negro.

El Estado israelí no cumple ni la ley del Talión, porque por cada ojo y diente de lo suyos se cobra setenta veces siete ojos y dientes palestinos, sin discriminar por sexo o edad. Desde que el 8 de julio iniciara su última ofensiva sobre Gaza, las tropas hebreas han matado a más de 1.500 palestinos (la mayoría civiles y muchos niños) y las milicias de Hamás, que no obedece más ley que la islámica, a una sesentena de israelíes (casi todos soldados).

Ante tamaña barbarie uno no puede permanecer neutral. Pero repudiar el genocidio ejecutado por el Ejército israelí no significa apoyar a Hamás. Y oponerse a Hamás no supone alinearse con el Gobierno de Tel Aviv. Ambos bandos son plagas. Como Tarrou, personaje de la novela ‘La peste’, de Albert Camus, «sé únicamente que hay en este mundo plagas y víctimas y que hay que negarse tanto como le sea a uno posible a estar con las plagas» y, no pudiendo ser santo, hay que esforzarse en ser médico. Por eso, al igual que Tarrou, «me he decidido a rechazar todo lo que, de cerca o de lejos, por buenas o por malas razones, haga morir o justifique que se haga morir». Es la única manera de alcanzar la paz.

(Publicado en el diario HOY el 3/8/2014)

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