Hoy

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Correr
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El Zurdo | 14-12-2014 | 20:26| 0

Correr probablemente sea el deporte más antiguo del mundo, pero quizás nunca haya sido tan popular. Sus aficionados se han multiplicado exponencialmente en los últimos años, coincidiendo, curiosamente, con la crisis. Puede que sea porque correr es el ejercicio físico más barato y más eficaz para perder esos kilitos de más; aunque también porque ayuda como nada a prevenir las dos enfermedades más extendidas en nuestra sociedad capitalista: la depresión y la ansiedad, y más en estos tiempos difíciles en los que aún cuesta ver un claro en el cielo por más que diga nuestro señor presidente que «estas Navidades serán las primeras de la recuperación» y que «en muchos aspectos la crisis es historia del pasado».

Yo soy uno de esos noveles corredores populares que ha comprobado en sus carnes cuán cierto es aquello de «mens sana in corpore sano». Siempre he hecho algo de deporte y de lo que antes los esnobs llamaban ‘footing’ y ahora ‘running’, pero es en la segunda mitad de este año cuando me he puesto en serio a eso de correr, siguiendo, incluso, un plan de entrenamiento diseñado por mi amigo Antonio Lorenzo, avezado maratoniano con muchos kilómetros en las suelas de sus zapatillas. Es más, ya he participado en un par de medias maratones. Ser corredor de fondo me ha ayudado a tomarme la vida de otra manera, como una carrera de resistencia y persistencia, en la que no importa llegar antes sino llegar más lejos, en la que uno no compite para ganar, sino solo compite consigo mismo, buscando y ampliando sus límites, y en la que lo importante no es alcanzar la meta sino recorrer el camino que te lleva a ella. Ser corredor de fondo también te ayuda a ser disciplinado, tenaz y paciente y a tener una visión a largo plazo.

En este sentido, el fondista corre a contracorriente de la sociedad capitalista. El capitalismo es hijo de las prisas y la desmesura, es impaciente, impetuoso y cortoplacista, y valora el éxito rápido, efímero y fulgurante. El capitalismo necesita producir más y más en el menor tiempo posible y con el menor coste. Para ello, estimula en la gente una perenne insatisfacción que le incita a desear más y más y a consumir más y más para intentar, en vano, saciar esa ansiedad. El símbolo sagrado del capitalismo es la mercancía barata y su templo, el centro comercial.

El maratoniano alcanza su apogeo en la edad madura, pasados los 30, pues, amén de buenas piernas, debe tener la fortaleza mental para sufrir que dan los años. En cambio, el capitalismo exalta la impetuosa juventud y desprecia la serena madurez. Se da la gran paradoja de que mientras los gobiernos quieren que nos jubilemos cada vez más tarde para sostener el sistema de pensiones, pasados los 45 años ya eres un lastre, un capital humano obsoleto para las empresas. Los trabajadores mayores de 45 años despedidos van a la fosa común laboral, pues nadie los quiere contratar por viejos.

Como decía el mítico fondista checho Emil Zatopek, conocido como ‘La locomotora humana’, ganador de cuatro oros olímpicos y una plata, «si quieres ganar, corre los cien metros; si quieres experimentar la vida, corre maratones». Sin embargo, el capitalismo ensalza al velocista y ningunea al fondista, o lo que es lo mismo: antepone el triunfo a la vida, vencer a vivir.

(Publicado en el diario HOY el 14/12/2014)

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El poder del dinero
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El Zurdo | 08-12-2014 | 19:13| 0

Para los españoles, según el último barómetro del CIS, lo fundamental para ser feliz es la salud, luego llevarse bien con la familia y, por último, el dinero. La gran paradoja es que el dinero no es lo más importante de la vida, pero no se puede vivir sin él. Al menos en este mundo capitalista. El dinero todo lo puede y sin él nada se puede. Es el sumo hacedor y deshacedor. Es el gran alquimista, capaz de convertir cualquier cosa en oro y el oro en cualquier cosa. No hay conflicto que no pueda resolver ni causar. Todo lo puede comprar y vender. Puede limpiar la conciencia y manchar las manos. Puede liberar al necesitado y esclavizar al que no necesita más. Puede servir a la política o tiranizarla. Puede dar y quitar la razón. Es un medio con el que se puede llegar a cualquier fin y un fin al que se puede llegar por cualquier medio. Por dinero o con dinero se puede trabajar y dejar de trabajar, vivir y dar la vida, matar y morir, hacer la guerra y el amor. No hay dios con más fieles ni creencia ni idea que más fascine. «El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado», como dice el historiador israelí Yuval Noah Harari, quien, no obstante, advierte que «no confiamos en el extraño, ni en el vecino de la puerta de al lado; confiamos en la moneda que sostiene».

El dinero es la tela de araña invisible que nos tiene atrapados a todos, la verdadera fuerza de cohesión social del capitalismo. Más precisamente, como dice el filósofo John Holloway en ‘Agrietar el capitalismo’, lo que se expresa en el dinero: el valor, que nadie controla, «el impulso conquistador omnímodo» de la mercancía barata, la producida en el menor tiempo. El valor ha destruido todas las revoluciones del siglo XX. El paradigma es la china, devenida el símbolo de la mercancía barata. Quien intenta crear un sistema alternativo de producción (una cooperativa, un taller artesanal…) no podrá producir ni tan barato ni tan rápido. Si quiere sobrevivir y vender acabará produciendo a la manera capitalista. Igual ocurre en el mercado laboral: si no vendemos nuestra fuerza de trabajo al capital, ¿cómo sobrevivimos?

Todos terminamos manchándonos las manos con el dinero. También Pablo Iglesias y sus camaradas. El líder de Podemos es acusado por un antiguo socio de camuflar su productora de televisión como asociación sin ánimo de lucro y de pagar y cobrar en negro. Y su estratega electoral, Iñigo Errejón, ha sido suspendido de empleo y sueldo por la Universidad de Málaga, que le abonaba 1.825 euros brutos al mes sin cumplir, al parecer, con la obligación contractual de trabajar 40 horas a la semana desde el campus malagueño. Un pequeño lamparón al lado de la mierda que embadurna hasta los ojos a PPSOE o CiU. Pero en estos una mancha más ya no se aprecia; en cambio, si, como Podemos, se alardea de traje impoluto, la mínima mácula salta a la vista.

En fin, el dinero, como el poder, corrompe. Por eso, el dinero, como el poder, cuanto más se reparta, mejor para todos. Por ende, a más desigualdad social, más corrupción. España es, junto con EE UU, el país donde más ha crecido la desigualdad, según la Organización Internacional de Trabajo. Y de forma paralela se ha disparado la preocupación de los españoles por la corrupción: ya dos de cada tres consideran que es el principal problema del país, según el CIS.

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El impostor
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El Zurdo | 30-11-2014 | 22:45| 0

No voy a hablar del protagonista de la última novela de Javier Cercas, aunque bien podría serlo porque su vida es de fábula. Nuestro personaje es un joven imberbe de 20 años y mirada acuosa, con cara de cemento armado, pinta de haber recibido muchas collejas en el patio del colegio y delirios de grandeza, que comparte talento con Mr. Ripley. Llegó a codearse con lo más granado de la sociedad española, hasta llegó a colarse en la recepción que el rey Felipe VI dio el día de su coronación. Aún es un misterio cómo este farsante logró picar tan alto y por qué los servicios secretos y la policía decidieron pararle los pies.

Algo huele a podrido en toda esta historia, una versión libérrima y actualizada a las nuevas generaciones de ‘La vida del Buscón, llamado don Pablos’. Me da en la nariz que hay un poso de verdad en toda la película que se ha montado Francisco Nicolás Gómez Iglesias, llamado ‘el pequeño Nicolás’, un don nadie que se creyó alguien, un arribista criado, ironías del destino, en el barrio madrileño de Prosperidad, que medró como mancebo de FAES, el laboratorio de ideas del doctor Aznar, donde hizo influyentes contactos que le ayudaron a infiltrarse en determinados círculos del poder.

Esta ópera bufa, protagonizada por un falso pijo que parece salido de Los Happiness, el cuarteto ficticio que se hizo célebre con la satírica canción ‘neocon’ ‘Amo a Laura, pero esperaré hasta el matrimonio’, es una fábula de la España del régimen del 78. El ‘pequeño Nicolás’ es un reflejo de la ‘casta’, deformado por los espejos del callejón del Gato. Sí, porque en las instituciones patrias se han colado muchos impostores, arribistas, hombres de las mil caras, cuentistas, zascandiles, trileros y troleros, empezando por Felipe ‘el encantador’, pasando por Josemari ‘el amigo del americano’, José Luis ‘el bambi’ y su valido Alfredo ‘el químico’, y acabando con Mariano ‘el don Tancredo’. Sin olvidarnos de los que han pululado o pululan por estos lares, como Juan Carlos el ‘rompecristales’ o José Antonio ‘el barón rojo’. Y mención de deshonor aparte merece Jordi ‘el honorable’. Al lado de todos ellos, un chisgarabís como Adolfo ‘el Duque’ ha resultado ser un bendito.

Estos embaucadores nos hicieron creer que a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió, que España iba bien y se podía permitir el lujo de poner los pies sobre la misma mesa que el amigo americano o fotografiarse con él en las Azores, que España jugaba en la Champions de la economía y tenía la banca más solvente del mundo… Tras esa España de ‘pladur’ que nos vendieron y por la que hipotecamos nuestro futuro se escondía un cenagal. Ahora el último embaucador dice que estamos saliendo de él reforzados. Pero todo es una gran farsa, un gran ‘show’ como el de Truman. Nuestros gerifaltes se comportan como productores de un espectáculo de telerrealidad del que éramos protagonistas sin saberlo. Muchos nos hemos dado cuenta del engaño y queremos abandonar el plató-prisión, pero los productores, como el Christof de la película, quieren hacernos creer que su programa llena de esperanza y felicidad a millones de personas, que ahí fuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que han creado para nosotros, mundo en el que no tenemos nada que temer porque nos conocen mejor que a nosotros mismos y saben lo que nos conviene. Pero, como le responde Truman a Christof, nunca han tenido una cámara en mi cerebro.

(Publicado en el diario HOY el 30/11/2014)

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Seiscientoseuristas
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El Zurdo | 24-11-2014 | 17:37| 0

El jueves hizo tres años que Mariano Rajoy ganó las elecciones. El viernes, su factótum, Soraya Sáenz de Santamaría, sacó pecho. «Se ha dado un vuelco a la situación económica», cacareó. Sin embargo, ese mismo día conocíamos un dato, publicado por la Agencia Tributaria, que refleja otra España bien distinta a la pintada por la vicepresidenta y el anuncio de la Lotería de Navidad. Uno de cada tres trabajadores españoles gana menos de 645 euros al mes, es decir, por debajo del salario mínimo interprofesional. Dicho de otro modo, 5,7 millones son ‘seiscientoseuristas’ y, por tanto, carne de exclusión social. Pero hay otros casi dos millones que ganan de 645 a 970 euros. Por tanto, casi 7,7 millones de asalariados, casi la mitad (el 46,4%), ingresan menos de mil euros mensuales, o sea, tienen un empleo que no les saca de pobre. Si hasta hace bien poco ser ‘mileurista’ era sinónimo de cobrar una mierda, ahora es un sueño para una creciente legión de jóvenes y no tan jóvenes.

Según Hacienda, el sueldo medio es de 18.505 euros anuales (1.342 mensuales), un 1,4% menos que el año anterior. Hay casi tantos ‘seiscientoseuristas’ como curritos con rentas medias (de 18.068 a 45.000 euros al año) y en este colectivo se ha concentrado el ajuste, porque hay 250.000 menos que hace un año. En contraste, solo hay 125.191 asalariados (7.000 menos), el 0,7% del total, que percibe más de 90.342 euros al año. Y su sueldo medio ha subido hasta los 147.320 euros desde los 146.312 de hace un año y los 129.852 del inicio de la crisis.

Estos datos confirman, una vez más, que durante la crisis la brecha entre la España rica y la España pobre no ha dejado de ensancharse. Reflejos extremos de esas dos Españas son Cayetana ‘la libre’, que deja a sus vástagos un patrimonio de 2.800 millones ganados con el sudor de los de enfrente, y Carmen ‘la desahuciada’, una vecina de 85 años de Vallecas desalojada de su casa el viernes, mientras se enterraba a la Duquesa de Alba, por avalar un préstamo impagado por su hijo.

En ‘Agrietar el capitalismo’, el sociólogo y filósofo irlandés John Holloway habla de dos formas de luchar para cambiar este mundo desigual: la política de la dignidad y la política de la pobreza. O sea, la política de los consejos y asambleas (la del 15M, las mareas, las marchas de la dignidad o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y la política de los partidos centrados en el Estado. La política hecha desde abajo, por el pueblo, y la política hecha desde arriba, en nombre del pueblo. Estas dos luchas, dice Holloway, se entremezclan y amalgaman a menudo en la misma organización e incluso en el mismo individuo. Ejemplo de ello son los procesos en Venezuela, Ecuador y Bolivia y también Podemos, que se mira en ellos. Pero en los cuatro ya predomina la lucha de partido estadocéntrica. Holloway la rechaza porque «actuar en nombre del pueblo, o en su beneficio, inevitablemente conlleva un grado de represión; si el pueblo no tiene la misma idea que el Estado, entonces, tiene que haber algún medio para imponer el bienestar del pueblo en contra de sus propios deseos. El movimiento revolucionario se vuelve represivo y también se debilita al perder el apoyo activo». Y el líder carismático acabará parafraseando al Rey Sol: «El pueblo soy yo» y «quien me ataca a mí, ataca al pueblo». Esta película de terror ya la hemos visto demasiadas veces.

(Publicado en el diario HOY el 23/11/2014)

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Política de altos vuelos
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El Zurdo | 17-11-2014 | 11:25| 0

Entre nuestros políticos, el que no corre, vuela. Y los hay que volando van, volando vienen y por el camino ellos se entretienen; ‘enamoraos’ de la vida que a veces duele. Sí, porque duele, y mucho, que a uno le metan la mano en los bolsillos para que otros cuando tienen frío, busquen candela a mi cuenta y la de ustedes. Luego les molesta que les llamen «casta», pero se lo han ganado a pulso.

«Casta», por cierto, es un «significante vacío» que lo mismo vale para un roto que para un descosido y que Podemos ha llenado con éxito con el significado peyorativo de «clase o élite política». No es un invento del ‘coleta’ y sus camaradas. El propio Pablo Iglesias ha explicado que ese sentido se lo dieron los periodistas de investigación Sergio Rizzo y Gian Antonio Stella en su libro ‘La casta’, publicado en 2007, en el que airean los privilegios, prebendas, corruptelas despilfarros, abusos, etc. de los políticos italianos. Casi dos años después, el periodista español Daniel Montero publica una obra de igual título, ‘La casta’, con dos elocuentes subtítulos: ‘El increíble chollo de ser político en España. Derroches, comilonas, regalos y privilegios inconfesables’.

El libro de Montero desnuda a nuestra clase política y la deja con las vergüenzas al aire, detallando, con profusos datos, cuánta factura nos pasan constantemente nuestros representantes. Entre otras muchas cosas, nos revela que los sueldos de los políticos elegidos en las urnas (casi 80.000) nos cuestan unos 720 millones de euros al año. También revela que los diputados y senadores, entre pitos y flautas, cobran más de 4.500 euros al mes. Es más, pueden utilizar a su antojo con cargo a las arcas del Estado aviones, trenes o barcos, y sin tener que justificar los gastos ni rendir cuentas. Como dice Montero, «la Casta, en España, es un grupo depredador, codicioso, que guarda sus secretos con un evasivo recelo», por lo que «es imposible conocer sin filtraciones» cuánto gastan sus señorías en teléfono móvil, gasolina, regalos, mantener sus despachos o viajes en avión. Por tanto, nuestro barón rojo no es una excepción, sino un botón de muestra de la política de altos vuelos que practican nuestros ‘cortesanos’.

Más de un siglo antes, el senador vitalicio italiano Gaetano Mosca destripó a la «clase política» en su obra ‘Teorica dei governi e governo parlamentare’. La define como una minoría organizada que detenta el poder frente a las masas, a las que manipula por medio de la «fórmula política», un conjunto de ideales y esperanzas que sirven para justificar la necesidad de ser gobernados. Según Mosca, dicha minoría controla el Estado incluso en una democracia, que considera útil como método de selección de élites. Para Mosca, el descontento popular puede provocar el derrocamiento de una élite y su sustitución por otra que surgirá inevitablemente de las masas. Mosca nunca creyó en la efectividad del sufragio universal por considerar que se basa en la falsa creencia de que los electores eligen a sus representantes, cuando la verdad es que el representante se hace elegir por ellos. Por ende, la nueva élite acabará ejerciendo el poder en nombre del pueblo, pero sin el pueblo, aunque a cuenta del pueblo. Un aviso para navegantes que aún creemos que podemos.

(Publicado en el diario HOY el 16/11/2014)

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Fuera de la realidad
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El Zurdo | 10-11-2014 | 17:50| 0

A ojos de nuestro presidente, estoy «fuera de la realidad», yo y todos los que dudamos de la «innegable» recuperación de la economía patria, ese 80% de los españoles que, según el CIS, no percibe que estemos mejor que hace medio año; es más, casi la mitad cree que estamos peor y dos de cada tres llegan con dificultades a final de mes. Pero para Rajoy «estamos creciendo de forma progresiva y continuada», pese a que la Comisión Europea y el BBVA han rebajado sus previsiones de crecimiento del PIB español para 2015, debido a que hemos empezado a acusar la inesperada debilidad de nuestros socios europeos, lo que ha avivado el fantasma de una tercera recesión. Bruselas pinta una España que avanza más que Alemania, pero con pies de barro: aumentando su deuda por encima del 100% del PIB, convirtiéndose en líder de la UE en paro en 2016 y necesitando un recorte adicional de 15.000 millones de euros para cumplir con el objetivo de déficit dentro de dos años.

Dice el poeta que nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira. Y el de don Mariano es rosa. Este parece vivir en Pleasantville, como Zapatero hasta mayo de 2010, cuando Merkel le despertó de un palmetazo y le forzó a ejecutar «el mayor recorte de derechos sociales de la democracia», que luego Rajoy superaría con un hachazo. Así, don Mariano ha logrado mejorar la percepción que los mercados tienen de la situación económica española, pero esta apenas ha mejorado. La prima de riesgo estará por los suelos, pero el paro sigue por las nubes y ya solo 57 de cada cien parados cobran la prestación. Por ende, para una creciente legión de españoles la situación va a peor. Ha mejorado para los que ya tienen de sobra. Los cien más ricos de España, según ‘Forbes’, suman 164.424 millones, un 9,2% más que el año pasado y 30.712 millones más que lo que el Estado espera ingresar en 2015. Y según Oxfam Intermón, los 20 más ricos del país incrementaron su riqueza en 12.100 millones en el último año y acumulan tanta como los 14 millones más pobres. Y la fortuna del 1% más rico supera la del 70% más pobre. España es el segundo país más desigual de la UE. Oxfam culpa de ello al pensamiento político dominante, que «insiste en defender que solo es posible un crecimiento económico sostenido reduciendo la intervención estatal y dejando que los mercados funcionen por sí mismos». Ese pensamiento justifica el secreto bancario suizo y paraísos fiscales como Luxemburgo. Se basa en la idea liberal de que la codicia es buena y que al hacerme rico yo beneficio a todos. En definitiva, el egoísmo es altruismo y cuanta más libertad se dé a los mercados mejor para todos. Pero, como dice el historiador Yuval Noah Harari en ‘De animales a dioses’, el «pequeño inconveniente» del capitalismo de libre mercado es que no puede asegurar que los beneficios se obtengan o se distribuyan de manera justa.

El dinero, como el poder –que en el capitalismo acaban confundiéndose–, si no se embrida se desboca. Parafraseando a Albert Camus, la justicia absoluta destruye la libertad, pero la libertad absoluta destruye la justicia, pues «es el derecho a dominar del más fuerte». La forma de equilibrar ambas es seguir la máxima de que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad de los demás. Esto es válido tanto para las personas físicas como las jurídicas.

¡Rajoy, entérate, es la desigualdad, amén de la corrupción, estúpido, lo que explica que Podemos siga ganando adeptos entre los que estamos «fuera de la realidad»!

(Publicado en el diario HOY el 9/11/2014)

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Tangentópolis a la española
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El Zurdo | 03-11-2014 | 19:55| 0

En mi querida España, esta España mía, esta España nuestra es tanta la mierda acumulada en las cloacas del poder que se han desbordado. Hace tiempo que la olíamos, pero ahora la vemos salir a borbotones por los imbornales de la prensa. Ha dicho nuestro barón rojo que, «cuando las alcantarillas huelen, hay que limpiarlas a fondo, no taparlas». Muy bien, don José Antonio, de nuevo nos ha dado uno de esos titulares redondos que le cocina su Rasputín. ¡Ay, ese Iván es terrible! Pero estamos hartos ya de tanta cháchara. Obras son amores y no buenas razones. Y mal empieza su jefe limitándose a pedir perdón sin asumir responsabilidades y sin cortar cabezas porque es de humanos equivocarse. Pues yo no le perdono, don Mariano, yo le exijo tomar y poner enmienda, porque de sabios es rectificar, y que se vaya por donde vino porque, al menos, es responsable de poner la mano en el fuego por una panda de chorizos de cuello blanco, los Camps, Mata, Bárcenas, Rato, Acebes… La nómina es larga, tanto como la sombra de la corrupción, que, al parecer, llega hasta el mismísimo Aznar, que dejó sus principios en el cajón de FAES para hacer negocios con el sátrapa Gadafi. Don Mariano, no intente dárnosla con queso, una vez más, presentando a prisa y corriendo medidas de regeneración democrática y de transparencia que huelen a papel mojado que apestan. Déjese de prometer lo que no va a hacer. Eso es populismo y no el de Podemos, al que se lo están poniendo a huevo, como dice su enemiga íntima Esperanza, otra populista de tomo y lomo.

Mi querida España recuerda cada vez más a la Italia de la tangentópolis. Así era designado el sistema de corrupción por el que los políticos italianos cobraban comisiones (‘tangenti’, sobornos en italiano) a cambio de favores a empresarios: contratos, obras, subvenciones… En tamaña cadena de canchullos estaban pringados hasta las trancas los partidos que se repartían el poder (el socialista (PSI) de Craxi y la Democracia Cristiana (DC) de Andretotti). El sistema saltó por los aires cuando un pequeño constructor, harto de extorsiones, se avino a colaborar con la Justicia y ayudó al arresto de un dirigente del PSI, Mario Chiesa. Este, sintiéndose abandonado a su suerte por su capo, tiró de la manta. A partir de ahí, un grupo de intocables magistrados bautizados como ‘Mani Pulite‘ (Manos Limpias), liderados por Antonio di Prieto, un Garzón a la milanesa que acabó pasándose a la política y fundando su propio partido como Elpidio Silva, pusieron al descubierto entre 1992 y 1994 la tangentópolis. Hubo muchas detenciones, condenas y suicidios de implicados en la trama. Sin embargo, por culpa de los largos plazos de la justicia italiana, prescribieron algunos delitos, de lo que se benefició el mayor corrupto y corruptor de la República, Silvio Berlusconi, amiguete de Craxi.

Este macroproceso borró del mapa político al PSI y a la DC, pero, ¡ojo!, encumbró al populista Berlusconi. En 1994, ‘il cavaliere’ se hizo con las riendas del gobierno italiano y, con interferencias, ha sido quien más tiempo las ha llevado, pese a las muchas causas judiciales que se le han abierto, hasta que las soltó en 2013, al ser condenado por fraude fiscal. Los italianos tropezaron dos veces con la misma piedra; no hagamos igual los españoles, porque, recuerden, de todo lo pasado y por pasar somos responsables en última instancia con nuestro voto. ¡Ay, mi querida España, esta España viva, esta España muerta, despierta de tu santa siesta!

(Publicado en el diario HOY el 2/11/2014)

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Consejistas y bolcheviques
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El Zurdo | 27-10-2014 | 12:17| 0

Podemos ha andado decidiendo cómo organizarse para asaltar los cielos. No se conforma con ser la revelación de las elecciones europeas y meter el miedo en el cuerpo a «los partidos de la casta»; quiere ganarle la final olímpica a Estados Unidos. Dos eran las propuestas enfrentadas. La primera, abanderada por tres de sus cinco eurodiputados (Pablo Echenique, Teresa Rodríguez y Lola Sánchez), apuesta por un juego de equipo, una capitanía colegiada, repartida entre tres portavoces, y un ‘staff ’ técnico (el Consejo Ciudadano, máximo órgano entre congresos) con parte de sus integrantes elegidos por sorteo para asegurar la pluralidad interna. La segunda, promovida por su líder mediático, Pablo Iglesias, y su eminencia gris, Juan Carlos Monedero, aboga por que todo el equipo trabaje de forma disciplinada para un único capitán y estrella.

La primera propuesta resulta más fiel al espíritu asambleario con el que nació Podemos y más coherente con su reivindicación de una democracia más real y participativa. Hay que predicar con el ejemplo. El mundo se cambia con acciones que prefiguren el mundo que queremos. El fin no justifica los medios, sino que los medios justifican el fin. Hay que guardar las formas, porque la forma condiciona los contenidos. Y la propuesta de Iglesias dotaría a Podemos de una jerarquía que la haría más gobernable, pues agilizaría la toma de decisiones, pero la encarrilaría por las vías que han llevado a los partidos de la casta a los abusos de poder y corruptelas.

Las diferencias en el seno de Podemos evocan a las que había entre comunistas consejistas y leninistas. Los consejistas estaban inspirados por Rosa de Luxemburgo y su defensa de la «acción espontánea» de los trabajadores frente al dirigismo de las cúpulas y burocracias partidarias. Rechazan el «comunismo de partido» leninista y apuestan por la autoorganización del proletariado en soviets o consejos obreros (su equivalente en Podemos serían los círculos). En estos consejos, los trabajadores de cada fábrica o barrio elegían a sus delegados en instancias superiores de coordinación, siendo revocables en cualquier momento. Tales consejos fueron creados por las masas proletarias en los albores de la Revolución Rusa, pero acabaron siendo centralizados por Lenin y sus bolcheviques. Según Lenin, la clase obrera debía contar con un destacamento de vanguardia que dirigiera su lucha, el Partido Comunista, con unos objetivos que sólo podrían alcanzarse a través de una forma de organización disciplinada conocida por un oxímoron: centralismo democrático.

Tampoco resulta muy democrático decir, como ha dicho Iglesias parafraseando a Marx, que «el cielo no se toma por consenso; se toma por asalto» y que los promotores de la propuesta perdedora deberán echarse a un lado. El consenso es la base de la democracia. Cuando la mayoría tiraniza a la minoría degenera en demagogia. La oposición y la crítica interna son controles del poder, que, si no se embrida, se desboca. La forma de prevenir o mitigar los efectos perversos del poder es repartiéndolo lo máximo posible y sometiéndolo a una perpetua libertad vigilada. Además, desconfío de los que no dudan, de los talibanes que no admiten más verdad que la suya. La duda razonable protege contra la intolerancia y el error. Y siempre habrá más probabilidades de que se equivoque uno que tres. Por ello, me sumo a la propuesta de Albert Camus: «Si existiera un partido de los que no están seguros de tener razón, yo estaría en él».

(Publicado en el diario HOY el 26/10/2014)

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El fraude de don Rodrigo
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El Zurdo | 20-10-2014 | 17:52| 0

Don Rodrigo Rato ha resultado ser tan honorable como Jordi Pujol y tan fraude como el milagro económico español por el que sacaba pecho. Botín le calificó como «el mejor ministro de Economía que ha tenido la democracia» y le fichó como asesor del Santander, sinecura que aún compatibiliza con otra similar en Telefónica. Porque a don Rodrigo se lo han rifado las grandes corporaciones tras cruzar la puerta giratoria, pese a que el tal milagro resultó ser un truco de charlatán de feria.

Como taumaturgo de las finanzas patrias entre 1996 y 2004, don Rodrigo sembró los vientos de los que hemos recogido tempestades. Infló la burbuja inmobiliaria que nos estalló en la cara hace seis años, liberalizando el suelo y sosteniendo unos tipos de interés reales negativos, al camuflar la inflación con trucos contables como el déficit de tarifa eléctrica, que contuvo artificialmente el precio de la luz haciendo un creciente roto a las arcas del Estado. Ardides que encarecieron la vivienda hasta el infinito y más allá y estimularon la construcción (en España se llegó a iniciar al año más casas que en Alemania, Francia, Reino Unido e Italia juntos), la creación de empleo precario, la corrupción municipal y la especulación. El país dio pasos de gigante, pero de un gigante con pies de ladrillo que se derrumbó al primer soplido del lobo de Wall Street. Por tanto, Zapatero no tiene la culpa de la crisis, sino de no saber atajarla.

A ZP no le cundieron las dos tardes que Jordi Sevilla le enseñó economía. Mas don Rodrigo también se lució. En 2003 negó la burbuja y tampoco vio o quiso ver la crisis que se avecinaba desde una torre de marfil más alta, la dirección del Fondo Monetario (FMI), a la que llegó en 2004 y que abandonó en 2007. Años después de su espantada, el FMI publicó un demoledor informe que deja su gestión a la altura del betún.

Sin embargo, don Rodrigo se doctoró en 2003 con una tesis sobre su gestión como ministro, que bautizó como «círculo virtuoso de la economía española» y que consistía en reducir el gasto público al tiempo que se bajaban los impuestos para lograr un crecimiento acelerado del PIB. Para reducir el gasto, privatizó las joyas de la Corona española, al frente de las cuales Aznar colocó a amigos: Francisco González en Argentaria, Villalonga en Telefónica, Alierta en Tabacalera… Don Josemari puso a otro amiguete, Miguel Blesa, en la presidencia de Caja Madrid, el mejor botón de muestra de que el tal círculo virtuoso acabó siendo vicioso. Rajoy sustituyó a Blesa por don Rodrigo en enero 2010. Este pilotó la fusión con media docena de cajas de la que nació Bankia, que presidió hasta mayo de 2012, cuando dimitió dejando el banco en quiebra. Otra gestión ejemplar que le puede llevar al banquillo. Sus platos rotos y sus excesos, y los de sus compinches, con la tarjeta ‘black’ los estamos pagando todos los españoles. Parece que el doctor Rato no sabía distinguir entre sueldos en B y en A; es comprensible, lleva mucho tiempo en el PP, donde tampoco lo tienen muy claro.

Don Rodrigo no tenía necesidad de meter la mano, pues es rico de cuna. Pero ya se sabe que el dinero llama al dinero. De hecho, el número de ricos, con un patrimonio superior a 790.000 euros ha aumentado un 24% en España durante el último año, el doble que la media mundial, según un informe de Credit Suisse. Así, el 10% más pudiente posee ya el 55% de la riqueza nacional. Esto constata que la crisis ha sido el gran pretexto de los epulones como don Rodrigo para expoliar a los lázaros.

(Publicado el 19/10/2014)

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La culpa es tuya
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El Zurdo | 13-10-2014 | 12:54| 0

A ver si te enteras de una vez. La culpa de todo es tuya. La culpa de la crisis es tuya, irresponsable ciudadano, por vivir por encima de tus posibilidades. La culpa del paro es tuya, egoísta trabajador indefinido, por resistirte a las bajadas salariales y al abaratamiento del despido. La culpa de que no tengas empleo, parásito parado, es tuya por preferir cobrar la generosa prestación antes que aceptar un curro por horas por un sueldo de hambre. La culpa, mujer en edad fértil, de que no te contraten es tuya porque ningún patrón de bien se va arriesgar a que te quedes embarazada. La culpa, joven, de que no encuentras trabajo es tuya por dejar los estudios para subirte al andamio en los días de ladrillos y rosas; ahora no mereces que se te pague ni el salario mínimo; lo tomas o lo dejas y si no, emigra. La culpa, desahuciado, de que el banco te haya quitado la casa es tuya por hipotecarte hasta las cejas para tener un techo bajo el que cobijarte sin que nadie te advirtiera de los riesgos. La culpa del fraude fiscal es tuya, pícaro autónomo, por cobrar en negro y eludir el pago del IVA. La culpa de que te contagiaras de ébola, auxiliar de enfermería que voluntariamente asististe al padre Manuel, es tuya porque para quitarte o ponerte un traje protector no hace falta un máster; además, tan mal no debías estar para ir a la peluquería a depilarte. La culpa de los recortes en la sanidad es tuya, jubilado quejica o inmigrante sin papeles, por abusar del sistema, por llenar la casa de medicinas aprovechando que eran gratis e ir al médico a la mínima molestia.

Todo es por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa. ¡Que te jodan! Y no me vengas con disculpas reales: «Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir». Eso no cuela en tu caso porque no eres aforado ni cagas oro como el recientemente fallecido Tywin Lannister montañés para comprarte un traje judicial a medida. Tus deudas no serán perdonadas. Es más, estás condenado a pagar también las de ellos. Debes ser sacrificado como un perro para que ellos sigan tirando de tarjeta ‘black’ y viviendo a cuerpo de rey. Eso es así, la mayoría tiene que vivir cada vez peor para que una minoría viva cada vez mejor. Haber nacido rico, haber fundado un banco o haberte afiliado a un partido político o sindicato como Mammón manda. Ah, que tú vas de decente por la vida y tienes principios, pues ¡ajo y agua! Así no llegarás lejos.

Sé como te sientes, como si estuvieras encerrado en la celda de los salivazos, un método de tortura descrito por Albert Camus en ‘La caída’. Es una caseta de cemento fabricada de manera que el condenado está de pie pero no puede moverse. La única puerta se abre a la altura del mentón. Por lo tanto solo se ve el rostro del preso, sobre el cual cada guardián que pasa escupe abundantemente. El prisionero, emparedado en la celda, no puede limpiarse la cara, aunque es cierto que le está permitido cerrar los ojos. La escapatoria parece imposible. Pero no te rindas. La celda tiene grietas. Si no cesas de patalear, lo que es harto difícil, quizás acabe rompiéndose. Y la próxima vez piénsatelo dos veces antes de votar a los verdaderos culpables o a sus cómplices, encubridores y cooperadores necesarios.

(Publicado en el diario HOY el 12/10/2014)

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