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Retablillo de don Mariano y maese Pedro
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El Zurdo | 16-02-2016 | 17:13| 0

Don Mariano es un hombre entradito en años que se resiste a ser marioneta del destino y quiere seguir moviendo los hilos, aunque en realidad no es más que un títere que le queda como un guante a doña Ángela la teutona.

Don Mariano se granjeó fama de buen médico con un método infalible: cortar por lo sano y no dejar títere con cabeza. Más que cachiporrero es estafermo y si le golpeas, al girar, te devuelve el golpe cuando menos te lo esperas si no te andas con cuidado.

Empero don Mariano no es un Dorian Gray y, por más que se maquille y que sus mediáticos pintores de cámara retoquen su retrato, su cara ya muestra las secuelas de una vida de excesos de la mano de titiriteros levantiscos y castizos que le tenían en la bolsa. Este viejo azulón ha perdido atractivo entre buena parte de su claque y, aun así, no quiere apearse del machito y busca desesperadamente una esposa sumisa y de buen ver. Le ha echado el ojo a la señá Rosita, que, aunque ya algo marchita, sigue teniendo encanto. La madre de Rosita, una andaluza de armas tomar, está dispuesta a entregar su hija a tan faunesco señor. Sin embargo, Rosita se quiere casar con un becerro nonato, con un caimán, con un borriquito, con un general, lo mismo le da… con cualquiera, menos con ese carcamal. Rosita con todos flirtea y don Mariano está que echa humo y ya le niega hasta el saludo, pues ve que se le pasa el turno.

Con todo, Rosita está prendada, de momento, del apuesto maese Pedro, que llegó, gallardo, a la venta de la madre de la descocada señorita con su teatrillo de marionetas para representar la liberación de Melisendra, la de las mil nacionalidades y lenguas, a quien tiene cautiva el rey polaco Carlos Montedearriba, monigote al que mueve con siniestra mano don Masilio.

No obstante, la atracción principal de maese Pedro es el mono morado que lleva con él, al que ha adiestrado (o viceversa) para que se le suba al hombro y se le acerque al oído como si le hablara. Posteriormente, maese Pedro repite las palabras del mono, que supuestamente puede ver sucesos pasados y presentes, mas no futuros.

Pero cuando el maese representa su retablo, don Mariano pierde la razón cual don Quijote y, creyéndose de todo en todo que es real lo que se representa, arremete contra títeres y titiriteros para asombro y desesperación de su fiel escudero Alberto, un Sancho Panza moderno que tiene mano con don Pedro.

Mas no puedo decirles, queridos espectadores, cómo acabará este cuento, aunque me temo que a cachiporrazos como toda farsa guiñolesca que se precie, para impaciencia del gran marionetista, don Dinero.

A la Virgen del Amor y los Ángeles Custodios ruego que no me tomen a mal esta obra de ficción, escrita no con ‘animus iniuriandi’ sino ‘iocandi’, aunque don Carnal ya haya dado paso a doña Cuaresma. No era mi intención ofender a nadie ni enaltecer ningún terror. Al contrario, solo pretendía, respetable público, ahuyentar su miedo con una pizca de humor, quizás, mal humor. No creo que por eso merezca ir a prisión, pero cosas veredes, como que se tema más al bufón que al mentiroso y al ladrón.

(Publicado en el diario HOY el 14/2/2016)

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El secreto del éxito
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El Zurdo | 09-02-2016 | 17:55| 0

Por qué siempre logran el éxito majaderos como Steve Jobs, Bill Gates, Jeff Bezos de Amazon o Donald Trump, que lleva el triunfo por apellido. Es más, pese a su fama de insoportables, negreros y arrogantes sus admiradores son legión.

Jeffrey Pfeffer, profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, responde a esa cuestión en un artículo de elocuente título, ‘Por qué los gilipollas ganan: el dinero triunfa sobre todo’, publicado en el ‘Journal of Management Studies’. Recalca que cada vez es más común que los grandes empresarios no sean valorados por su contribución al bienestar, la longevidad o la felicidad de los ciudadanos o a la sostenibilidad del planeta. «En su lugar, muchos comportamientos sugieren que al parecer no importa lo que un individuo o una compañía haga a otros seres humanos o al medio ambiente mientras que sean suficientemente ricos y exitosos», advierte.

El dinero es el fin que justifica los medios, la medida de todas las cosas, la llave que abre todas las puertas, una adictiva droga que nos da acceso a todos los paraísos artificiales, la «señal de competencia e importancia» definitiva. Tanto tienes, tanto vales.

¿Y cómo se convirtió el dinero en el único baremo del éxito? Porque, contesta Pfeffer, las escuelas de negocio y la práctica empresarial han pasado a centrarse en la producción de valor para el accionista y el interés propio; en plata, en ganar dinero sea como sea y en fomentar el egoísmo sobre el comunitarismo. Y eso se refleja en el lenguaje económico: las referencias a la felicidad y al bienestar de los trabajadores han sido sustituidas por «cuestiones prácticas de rentabilidad, productividad y eficiencia». El trabajador es visto como un capital o recurso humano; poco importa su dignidad. Ya no se habla de los efectos de los recortes en la población, sino de «consecuencias económicas y costes».

Pfeffer añade cinco mecanismos que nos llevan a aceptar lo inaceptable, «los comportamientos dañinos e inmorales» de los gilipollas que triunfan a costa de otros.

El primero es indentificarnos con las figuras del éxito; eso eleva nuestro estatus, al pasar a formar parte de su círculo de amigos y seguidores.

El segundo es creer que el mundo es justo y se autorregula, que, tarde o temprano, a cada cerdo le llega su San Martín; si alguien ha llegado tan lejos es porque se lo merece y sus rasgos negativos son menos relevantes que los positivos. No lo cita Pfeffer, pero, en ‘La ética protestante y el espíritu del capitalismo’ (1905), Max Weber atribuyó el origen de ese pensamiento a la creencia calvinista en que el hombre de éxito es un elegido de Dios, está predestinado a la salvación eterna.

El tercer mecanismo es justificar el dudoso comportamiento del cabrón con quien hacemos negocios o nos vemos obligado a tratar porque nos da de comer.

El cuarto es la tendencia del ser humano a infravalorar la información que no encaja con su visión del mundo y asumir sólo la que refuerza sus ideas. Por tanto, «es inconsistente pensar que una persona, por una parte, se comporta de manera terrible y, por la otra, ha conseguido un increíble éxito financiero o de otro tipo».

El último mecanismo es juzgar a las personas a partir de sus resultados: si alguien triunfa damos por hecho que es muy listo o trabajador.

En fin, parafraseando al poeta Ramón de Campoamor, en este mundo traidor, nadie es bueno ni malo, todo es según el valor del dinero de quien se mira.

(Publicado en el diario HOY el 7/2/2016)

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El PSOE en las Termópilas
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El Zurdo | 02-02-2016 | 17:39| 0

Anda Pedro Sánchez como el rey espartano Leónidas en vísperas de la batalla de las Termópilas. Antes de entrar en combate, los espartanos consultaron el oráculo de Delfos y la respuesta fue: «Mirad, habitantes de la extensa Esparta, o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es; pero en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un rey de la estirpe de Heracles. Pues al invasor no lo detendrá la fuerza de los toros o de los leones ya que posee la fuerza de Zeus. Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos».

En plata, o bien Esparta perdería a su rey durante la batalla, o bien sería conquistada. Y en una encrucijada similar parece que se halla el PSOE. Si Sánchez decide coger el toro por los cuernos o lo que es lo mismo, la mano tendida por el ateniense Pablo Iglesias, puede acabar despeñándose en una misión que la gerusía de su partido califica de «suicidio». Si decide cruzarse de brazos y dejar que el persa popular gobierne, como le aconseja la pitón de Felipe González, el PSOE puede acabar pasado por la izquierda y conquistado por los podemitas en la próxima cita con las urnas, como le ocurrió al Pasok griego.

Muchos votantes socialistas no perdonarían al partido de sus amores que perdonara la corrupción del PP, lo mismo que es la corrupción del PSOE la que ha empujado a millones de sus votantes en brazos de Pablo Iglesias el joven. El ‘coletas’, que de bendito no tiene un pelo, ha visto la llaga abierta en el partido que fundó su homónimo y no ha dudado en meter el dedo, sabedor de que escocería, ofreciendo un regalo envenenado a Sánchez.

Pedro ‘el breve’ ha repetido ‘ad nauseam’ que no dejará gobernar al PP ni por activa ni por pasiva ni con Rajoy ni sin él, pero lo tiene muy difícil para formar un gobierno alternativo. Para ello, mira a izquierda y derecha, pero Podemos y Ciudadanos están empeñados en no entenderse, quizás porque aspiren a darle el abrazo del oso si se repiten los comicios. Iglesias lo ha puesto contra la espada y la pared: o conmigo o sin mí, pero nadie más (salvo Alberto Garzón, que sería el convidado de piedra). Pero Albert Rivera tampoco le deja muchas opciones, pues se comporta como el perro del hortelano tanto con PP como con PSOE.

Como le ha advertido su colega catalán Miquel Iceta, haría bien Sánchez en mirar también a su espalda. No faltan entre sus filas Efialtes, el tipo que traicionó a Leónidas en las Termópilas. Haga lo que haga Sánchez, si la caga, la gran beneficiada sería la reina socialista con la que ‘de facto’ comparte mando, Susana Díaz, que terminaría por asumir todo el poder; pues no nos engañemos, actualmente el PSOE es una diarquía, como Esparta.

La coronación de Díaz como monarca absoluta socialista podría producirse en mayo, antes incluso de la eventual repetición de las elecciones generales. Los socialistas elegirán su secretario general el 8 de mayo a través de primarias y celebrarán su congreso los días 21 y 22, como pedían los barones, quienes hacen las veces de los éforos espartanos en el partido y contrapesan el poder de la gerusía y de los reyes, aunque la mayoría se inclina más ante la reina que ante el rey. Y Díaz no se fía un pelo del arrogante Iglesias, le seduce más el principito Rivera y no hace ascos a prestarle vasallaje pasivo al persa.

(Publicado en el diario HOY el 31/1/2016)

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El peor enemigo de la democracia
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El Zurdo | 27-01-2016 | 17:17| 0

Decíamos la semana pasada que Hacienda no somos todos, claro. Esta semana la oenegé Oxfam Intermón ha presentado nuevas pruebas de ello. La fuga de capitales desde España hacia paraísos fiscales pasó de 98 millones de euros en 2013 a 2.073 en 2014, es decir, se multiplicó por más de veinte. Las compañías del Ibex aumentaron un 44% sus filiales en esas islas del tesoro y 17 de las 35 no pagan nada por el impuesto de sociedades, pese a que solo tres presentaron pérdidas. Ese año los ingresos del fisco por ese tributo aún eran un 58% inferiores a los de 2007, aunque las empresas ganaron apenas un 1% menos que antes de la crisis.

«Hay que acabar con los paraísos fiscales para reducir la desigualdad», clama Oxfam. Una desigualdad que ha ido a más durante la gran recesión. El año pasado 62 afortunados prebostes poseían la misma riqueza que la mitad de la población más pobre del planeta (3.500 millones de personas); en 2010 eran 388. Basta y sobra la estación invernal suiza de Davos para acogerlos a todos.

España no ha sido una excepción, todo lo contrario. El 1% de los más acaudalados concentra el mismo dineral que 35 millones de españoles (el 75%). Desde 2008, el número de ricachones ha crecido un 40%, hasta alcanzar los 178.000 (50.900 más que siete años atrás).

No hay refugio para el extraño que llama a las puertas del paraíso con los bolsillos vacíos y poco más que sueños. En cambio, el dinero, se vista de seda, chaqueta, sotana, guerrera o chilaba, siempre encuentra un paradisíaco refugio donde solazarse y multiplicarse.

El peor enemigo de la democracia es la desigualdad. Quien es esclavo de su estómago no es libre. Por ende, se tira en brazos del primer charlatán o mesías que promete sacarlo de pobre con su ungüento de serpiente. Estos ‘salvanadas’ canalizan el malestar de la plebe hacia una diana: los ricos, los políticos, los extranjeros, los españoles, en definitiva, los otros. Venden que muerto el perro se acabó la rabia, al carecer de la vacuna que la erradique. Por tanto, la desigualdad, aderezada con la ignorancia, alimenta el populismo y sus hijos bastardos, la xenofobia y el nacionalismo, y estos socavan los cimientos de la democracia hasta derrumbarla.

Sin embargo, frecuentemente, la democracia «ha sido designada responsable de la agravación de la crisis general, y esa acusación proviene precisamente de los propios medios económicos que se beneficiaban de sus estímulos, tales como los agrarios, los patronos y, en fin, también de ciertos elementos de las propias masas obreras», como escribió Karl Polanyi en 1932, en pleno auge de los fascismos y comunismos, en un artículo titulado ‘Economía y democracia’.

Este economista y filósofo sostenía algo que sigue vigente: «La derecha y la izquierda se enfrentan en la actualidad en nombre respectivamente de la economía y de la democracia». «La izquierda se polariza en torno a la democracia, mientras que la derecha lo hace en torno a la economía (…). Desde el bando de la democracia política surgen las fuerzas que afectan a la economía, la perturban y la obstaculizan. La economía, por su parte, responde mediante un asalto general contra la democracia, lo que supone optar por un economicismo irresponsable, poco realista». Polanyi advertía que una sociedad en la que los sistemas político y económico se combaten entre sí está indudablemente abocada al declive.

(Publicado en el diario HOY el 24/1/2016)

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No somos todos, claro
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El Zurdo | 18-01-2016 | 22:25| 0

Que «Hacienda somos todos» es un lema meramente publicitario, como arguyó la abogada del Estado Dolores Ripoll en el inicio del juicio del caso Nóos para defender la exoneración de la infanta Cristina, ya más que lo sospechábamos, claro. Pero escuece, y mucho, que te lo digan a la cara. Es una «falta de respeto», como replicó el juez José Castro, para los ingenuos ciudadanos que, pese a todo, nos creemos esa milonga y pagamos nuestros impuestos religiosamente, incluso más religiosamente que la Iglesia, que tiene bula fiscal como Dios manda.

Y duele aún más que te lo diga una defensora del Estado, o sea, de todos. Claro, que también está por ver que el Estado seamos todos. Acaso se confunda el continente con el contenido y el Estado no sea más que la jaula de hierro weberiana donde todos, o casi todos, estamos encerrados. Mas hay pájaros que logran salir airosos de ella y con el buche lleno de alpiste que nos han robado a los pardillos comunes. Las más de las veces les ayudan buitres diestros en pajarear y desplumarnos a las incautas aves zonzas de alas recortadas. Esos pajarracos son aves migratorias que no tardan en ahuecar el ala y tomar aires donde los traten como aves del paraíso. Levantan el vuelo y se creen inmunes e impunes. Y cuando se caen con todo el equipo, acabamos las aves tontas de siempre cargando con el mochuelo.

No hay que tener vista de águila para darse cuenta de que no todos somos iguales ante los ojos de halcón de Hacienda, por mucho que lo diga la Constitución. En su artículo 31 es meridiana: «Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio». Sin embargo, según el sindicato de técnicos de Hacienda (Gestha), las grandes empresas pagan por el impuesto de sociedades un tipo efectivo del 6% (el nominal es del 30%), frente al 15% de las pymes (el nominal es del 25%). Y los asalariados españoles dan al fisco más de 40 euros de cada cien que cobran, según el ‘think tank’ Civismo, que sostiene que «pagan considerablemente más impuestos las rentas bajas y medias que las altas». Eso explica que la economía sumergida ronde el 20% del PIB. «En nuestro país hay una mayor economía sumergida porque a la emergida la asfixian con burocracia y la expolian a impuestos», a juicio del presidente de Civismo, Julio Pomés.

No obstante, Gestha calcula que más del 70% del fraude fiscal del país lo cometen pájaros de altos vuelos, pero el 80% de los recursos de la Agencia Tributaria se dedica a investigar a avecillas.

Tampoco los españoles somos iguales ante la ley, pese a que así lo asegure el artículo 14 de la Carta Magna. La Justicia no es ciega sino tuerta y mira con mejor ojo al que vuela alto, como el águila real, su familia de rapaces y otras aves de rapiña. La prueba es la ‘doctrina Botín’, un traje a medida que la Justicia le hizo al fallecido banquero cántabro para eludir la cárcel y con el que ahora se pretende vestir a la hermana del Rey para sacarla del banquillo.

No quiero ser pájaro de mal agüero, pero me temo que no hay azulón, pavo real, pato malvasía o mirlo naranja que arregle la pajarera nacional.

(Publicado en el diario HOY el 17/1/2016)

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¿Qué pasa en Cataluña?
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El Zurdo | 11-01-2016 | 10:07| 0

Cuando a los hombres de la derecha y del centro se les pide una explicación de lo que pasa en Cataluña le cuentan a uno un cuento. Dos aldeanos van de camino. Uno de ellos lleva del ronzal una vaca. Encuentran un sapo, que repugna al de la vaca. El otro afirma que el sapo no es más ni menos repugnante que los demás seres vivos que sirven de alimento al hombre. «Te doy la vaca si eres capaz de comerte el sapo», le reta su compadre. La codicia y el amor propio fuerzan al aldeano a coger el sapo y comérselo, cerrando los ojos de asco y conteniendo las náuseas. El otro, ante el temor de quedarse sin la vaca, le propone: «¿Me devuelves la vaca si soy capaz de comerme el medio sapo que te queda?». El comedor de sapos ve un modo inmediato de librarse de su tormento y alarga el pedazo que le queda a su compadre, quien cierra los ojos y se lo traga. Siguen su camino silencioso. Al cabo de un rato se paran. Se miran y se preguntan: «¿Y por qué nos habremos comido un sapo?».

Con esta fábula, ese maestro del periodismo que fue Manuel Chaves Nogales trataba de explicar qué había pasado en Cataluña en un artículo escrito el 27 de febrero de 1936 en Barcelona para el diario ‘Ahora’. El Frente Popular acababa de ganar las últimas elecciones generales de la II República. Su aliado en Cataluña era el Front d’Esquerres, liderado por Lluís Companys, que recuperó la presidencia de la Generalitat tras ser amnistiado. Companys y su gabinete habían sido encarcelados por proclamar el Estado Catalán dentro de la República Federal Española el 6 de octubre de 1934, en el marco de la huelga revolucionaria socialista declarada al entrar en el Gobierno la derechista CEDA. El desafío de Companys se saldó con la suspensión de la autonomía catalana.

Chaves Nogales se pregunta por qué la izquierda y la derecha, que no querían la independencia, se comieron ese sapo. «Si las izquierdas no querían lanzarse a una aventura revolucionaria, ¿por qué la intentaron? Y si las derechas no pretendían acabar con el régimen autonómico, ¿por qué fueron contra él?». El periodista sevillano cree, «sencillamente, que es una cuestión de mutua desconfianza».

Al parecer, Companys tuvo una deriva similar a la de Artur Mas: desde el catalanismo moderado hasta abanderar el soberanismo para desactivar una revuelta social. Mas se lio la manta independentista a la cabeza en plena crisis para aferrarse al poder y tapar sus vergüenzas: los recortes en sanidad y educación (Cataluña es la segunda comunidad que más ha reducido su gasto social desde 2009) y las corruptelas del clan Pujol. El órdago de Mas le ha venido ni que pintiparado a Rajoy y sus compadres para cubrir sus mismas vergüenzas.

Como decía Chaves Nogales, «el separatismo es una rara substancia que se utiliza en los laboratorios políticos de Madrid como reactivo del patriotismo, y en las los de Cataluña como aglutinante de las clases conservadoras». Por eso, a su juicio, «en Cataluña no pasará nada. Es decir, no pasará nada de lo que el español no catalán recele… En Cataluña hay, por encima de todo, un hondo sentido conservador que se impondrá fatalmente».

Por lo pronto, la desmesurada ambición de Mas ha sido castigada por Némesis, metamorfoseada en la CUP.

(Publicado en el diario HOY el 10/1/2016)

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La izquierda, en el diván
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El Zurdo | 04-01-2016 | 17:43| 0

Año nuevo, vida nueva. Enero es el momento de tumbarse en el diván y hacer balance de lo hecho y dejado de hacer en los doce meses anteriores. También es el momento de los buenos propósitos, esos que en diciembre, en su mayor parte, siguen siendo propósitos. En eso anda la izquierda española: tanto la nominal como la emergente y la real.

El PSOE se debate entre matar al padre o el suicidio. Más bien, presenta síntomas propios de la psicosis por wendigo, un trastorno mental que se daba entre las tribus de pieles rojas norteamericanas. Quien la padecía dejaba de comer porque la comida habitual le provocaba náuseas o vómitos, podía sufrir insomnio o alucinaciones y temía que el wendigo (un espíritu) lo poseyera y lo convirtiera en un caníbal. Antes de que esto pasara pedía a su tribu que lo matara. El antropólogo Marvin Harris argumenta que estos episodios responden solo a un sistema de homicidio por prioridad en situaciones ambientales extremas, ya que se usaba el temor al wendigo como justificación para romper el tabú de matar a un compañero. Con ello se conseguía acabar con elementos problemáticos y aumentar las posibilidades de supervivencia del resto del grupo. Los casos de psicosis por wendigo se dan principalmente en hombres que han sufrido fracasos en la caza, sintiéndose abandonados, inútiles y desprovistos de poder.

En Podemos, su amado líder comienza a adolecer del síndrome de Jerusalén. Quien padece esta piscosis es un habitante o turista de Tierra Santa que se cree el Mesías, un profeta o algún personaje bíblico. Hay que recordar que ‘el coletas’ visitó como eurodiputado la ciudad vieja de Jerusalén en septiembre de 2014. Mes y medio después clamó ante una entregada claque aquello de: «El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto», y sus discípulos lo subieron a los altares. Aún no ha logrado asaltar el cielo, pero le ha bastado rozarlo para presentar también síntomas del síndrome de Hybris, más propio de quien lleva demasiado tiempo en el poder. Los afectados suelen mostrarse soberbios, narcisistas, con una exagerada confianza en sí mismos. En su fase más aguda, pierden el contacto con la realidad y se vuelven megalómanos y desconfiados: todos los que se oponen a él o a sus ideas son enemigos que le envidian. La hybris es un concepto griego que puede traducirse como «desmesura», la comete quien alcanza la gloria y borracho de éxito se comporta como un Dios, capaz de cualquier cosa. El castigo a la hybris es la némesis, que baja los humos al individuo y lo devuelve a la realidad a través de un fracaso.

Un baño de realidad es lo que está sufriendo IU tras desplomarse su suelo el 20D. Como Podemos, nació como un movimiento político y social, pero, como Podemos, cada vez fue siendo más político y menos social, más partido y menos movimiento. De la mano de Alberto Garzón ha iniciado la vuelta a sus orígenes. No obstante, corre el riesgo de caer en el síndrome de Cotard, llamado también delirio de negación o el síndrome del muerto viviente. El hipocondríaco paciente cree estar muerto, con sus órganos en putrefacción. Por momentos, se mira en el espejo y no reconoce su rostro: ve un cadáver en su reflejo. Puede llegar a creer que nunca morirá realmente y que será una suerte de zombi el resto de sus días.

(Publicado en el diario HOY el 3/1/2016)

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Condenados a entenderse
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El Zurdo | 28-12-2015 | 12:11| 0

El Congreso salido de las urnas el 20D es un sudoku de difícil pero no imposible solución. Eso sí, para resolverlo no basta una única mente pensante. El mandato de los ciudadanos a sus elegidos para la gloria es claro: estáis condenados a entenderos para sacarnos del atolladero. Otra cosa es que lo hayan entendido. O empujan todos a una, o la carroza nacional seguirá atascada en estos lodos que vienen de aquellos polvos sobre los que se sembraron vientos de los que, de no remediarlo, recogeremos tempestades. Nuestros responsables políticos afrontan hogaño una enorme responsabilidad fruto de su irresponsabilidad de antaño.

Los grandes líderes demuestran su valía ante retos como este. Y este reto no es solo formar gobierno, es reformar la Constitución, porque a punto de cumplir la cuarentena ya no satisface a nadie, ni siquiera a los que la recibieron con recelo y ahora se presentan como sus grandes paladines. Es el momento oportuno porque nadie puede tirar de rodillo, imponer su santa voluntad y pasarse por el arco del triunfo la opinión de la oposición. Cierto que el PP parte con una ligera ventaja: mayoría muy simple de escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado.

No obstante, en cuatro décadas de democracia no se ha dado una situación más idónea para alcanzar consensos: un Parlamento muy fragmentado. Sobre la mesa no hay poco que discutir: el blindaje de los derechos sociales (a la sanidad, la educación, la vivienda…), la reforma del sistema electoral, la despolitización del Poder Judicial, conceder más participación política a la ciudadanía (por ejemplo, reduciendo el número de firmas necesarias para presentar un proyecto de ley y otorgándole la posibilidad de revocar el mandato presidencial en un referéndum)… y, por supuesto, la sempiterna cuestión catalana y vasca, la más peliaguda de todas.

Se ha visto que el actual estado de las autonomías es insuficiente. No soy partidario de retener a nadie en contra de su voluntad; es una constante fuente de conflicto, amén de que alimenta el victimismo del nacionalismo, del color que sea, y le da una eficaz arma con la que extorsionar al Gobierno de turno, como hizo la CiU de Jordi Pujol con el último Ejecutivo de Felipe González, el primero de Aznar y los de Zapatero. Creo que la solución pasa por el referéndum de autodeterminación o una fórmula similar: cualquier otra medida será un parche que no resolverá el problema de forma definitiva.

La reforma de la Carta Magna no es un asunto de uno, dos, tres ni siquiera cuatro. Para acometerla se precisa de un gobierno de concertación nacional que incluya a todos los partidos con representación parlamentaria. Su mandato debería ser breve, de dos años, como el primero que lideró Adolfo Suárez entre 1977 y 1979, durante el que se redactó la Constitución de 1978. Después, siguiendo el procedimiento que establece el artículo 168, se elegirían nuevas Cortes, que deberían ratificar la reforma antes de someterla a referéndum.

Desde el golpe de Estado del 23F, nuestra democracia no había pasado por tamaña prueba de fuego. Más que nunca, urge una democracia más deliberativa que representativa. Más que nunca hay que exigir a nuestros representantes electos que se centren y que tengan destreza dialéctica y mucha mano izquierda. Nos va el futuro en ello.

(Publicado en el diario HOY el 27/12/2015)

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Del duopolio al oligopolio
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El Zurdo | 21-12-2015 | 17:19| 0

Por fin terminó esta eterna campaña electoral, que arrancó hace año y medio con las elecciones europeas. Todas las encuestas apuntan a que las urnas enterrarán el bipartidismo y parirán el cuatripartidismo, que se barrunta como una etapa transitoria hacia un nuevo bipartidismo. Habrá cambio, pero será tranquilo, gane quien gane.

Hoy quizás disfrutemos de un ‘revival’ de la histórica noche electoral del 28 de octubre de 1982, en la que el PSOE de Felipe González asaltó los cielos, aunque no tardaría en caer a los infiernos. Descuiden, la monarquía, una vez se le ha lavado la cara y se le ha hecho un ‘lifting’, y la democracia representativa siguen atadas y bien atadas. A la Constitución se le dará una o dos manos de pintura y quedará como nueva; se firmará una reactualización o versión 3.0 del Pacto de El Pardo, la iglesia de Mammón firmará un nuevo concordato con papá Estado pero no se bajará de su altar privilegiado. Y todos tan contentos, o casi.

Entonces para qué votar, se preguntarán. Hay que votar porque es el poder que tenemos los que no tenemos poder. No hay que olvidar que la infraestructura económica que sustenta nuestra superestructura democrática representativa es el capitalismo. Por ende, el ciudadano siempre es tratado como un consumidor incluso por los partidos políticos. Por eso, el marketing ha suplido a las ideas y los programas en las campañas electorales. Lo importante no es lo que venden sino cómo lo venden.

Mas el poder que tiene el ciudadano-consumidor es que aún puede decidir qué elige o no, qué compra o no, qué consume o no. La empresa, sea política (los partidos) o económica, si no tiene clientes quiebra. Somos su razón de existir. Sin nuestro concurso no hay negocio. Y cuanta más competencia, más beneficiado saldrá el ciudadano-consumidor, porque tendrá más opciones para elegir. A más jugadores, más rivalidad entre ellos por contentarnos y captar nuestra atención.

En este sentido, siempre será mejor un oligopolio político que el actual duopolio ‘de facto’ que ejercen PP y PSOE, como este es mejor que el monopolio franquista al que reemplazó. No obstante, seguiremos lejos de la competencia (democracia) perfecta: la situación de un mercado donde las empresas carecen de poder para manipular el precio y se da una maximización del bienestar. En un mercado de competencia perfecta existe gran cantidad de compradores (demanda) y de vendedores (oferta), de manera que ningún comprador o vendedor individual ejerce influencia decisiva sobre el precio.

En nuestro mercado, hay muchos vendedores, pero en realidad solo dos se han repartido el pescado, incluidos los tribunales de la competencia encargados de vigilarlos, y nos han hecho pagar un precio muy alto. Ahora serán cuatro. También hay muchos compradores, pero la inmensa mayoría responde a un mismo estándar. La demanda, por tanto, es muy homogénea y, en consecuencia, la oferta. Los productos que se venden a ese hombre unidimensional se diferencian más en el envoltorio que en el contenido. Y las más de las veces nos acaban dando gatopardo por liebre.

Sin embargo, en el comercio, la estafa es un delito que castiga la Justicia, salvo en el sector político. El empresario político que miente y engaña es un indecente que debería ser sancionado o, incluso, ir a prisión, pero entonces muy probablemente nuestras cárceles no tardarían en hacinarse.

(Publicado en el diario HOY el 20/12/2015)

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Teledirigidos
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El Zurdo | 14-12-2015 | 17:48| 0

Pese al crecimiento exponencial de internet, la televisión sigue siendo el medio de comunicación de masas por antonomasia. No hay casa sin esta ventana indiscreta. No hay arma de propaganda masiva más eficaz. De ahí que políticos de toda ralea se peguen por salir en ella en campaña electoral. En la actual, los principales candidatos han multiplicado sus apariciones televisivas como nunca se había visto, dado el alto porcentaje de votantes indecisos.

Si algo tiene la tele es que con su varita catódica todo lo convierte en espectáculo. Y en todo ‘show’ que se precie la forma está por encima del contenido; no es tan relevante lo que se muestra sino cómo se muestra. Lo importante es el marco (o la marca), no lo que se incluye en él (o ella). Lo explica de forma meridiana George Lakoff en ‘No pienses en un elefante’. Este lingüista avisa que esa idea de que los políticos deben decir la verdad se ha quedado anticuada; ahora se lleva infantilizar a los votantes y reemplazar el debate político por la contienda de los valores y las identidades.

Por eso, Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias nos hablan como si fuéramos adolescentes y tienden a hablarnos cada vez más como a niños. Es la conclusión de un estudio publicado por el suplemento ‘Papel’ del diario El Mundo que aplica a sus discursos el test de Flesch-Kincaid, que mide la complejidad de los textos en función del número de palabras por frase y el número de sílabas por palabra.

El opúsculo de Lakoff es la nueva ‘biblia’ de los demócratas de EE UU, porque ayudó a Obama a ganar las elecciones en 2008. Mirándose en el espejo del líder del ‘mundo libre’, Podemos y Ciudadanos (y Mas en Cataluña) lo están haciendo mejor que PSOE y PP. El fin es llegar al corazón del votante-espectador antes que a su razón; seducirle antes que persuadirle.

La televisión promueve el conflicto, la gresca dialéctica, los vencedores y vencidos –la fórmula ‘Sálvame’, que transforma el plató en un circo romano, se ha extendido a programas políticos como ‘La Sexta Noche’–, amén de contribuir al «proceso de sentimentalización de la política», como lo ha bautizado el profesor de la Universidad San Pablo CEU Juan Carlos Jiménez.

Prueba de ello es el debate a cuatro emitido por Atresmedia. La mayoría coincide en que ganó Iglesias porque tuvo más pegada, fue más directo e impactante y más emotivo, especialmente en su alegato final. ¿Y qué medidas concretas de su programa explicó? Una o ninguna, lo que demuestra que no importó lo que dijo sino cómo lo dijo.

El mensaje es el medio, como sentenció McLuhan, quien también advirtió que somos lo que vemos y que formamos nuestras herramientas y luego estas nos forman.

En este sentido, el politólogo Giovanni Sartori defiende en su ensayo ‘Homo videns. La sociedad teledirigida’ que la televisión empobrece la capacidad de entendimiento y abstracción del Homo sapiens desde niño; empieza a ‘telever’ antes de aprender a leer y escribir. La tele nos ha devuelto a la caverna platónica: produce imágenes y anula los conceptos, las ideas.

En apoyo de esta tesis acaba de publicarse un estudio en la revista médica ‘JAMA Psychiatry’ que asocia ver televisión más de tres horas diarias y hacer poco ejercicio en la juventud con peores funciones cognitivas en la madurez.

En definitiva, la tele atonta y fabrica lo que Sartori llama «un proletariado intelectual» que vota con el corazón en un puño y las tripas en la otra mano.

(Publicado en el diario HOY el 13/12/2015)

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