NOT THERE (live music invades hutongs)

 

 Anoche salí a ver un concierto, hace tiempo que no lo hacía. Salgo poco ahora por las frías noches de Pekín y casi se está más a gusto en casa con la familia.

 

En los hutones (胡同) de Pekín (los callejones del casco antiguo) hay mucha marcha. No es el Malasaña del Madrid de los 80 pero le gustaría serlo y en el terreno artístico y underground el momento que se vive en la capital china es muy similar a la explosión de libertad en España a principios de la década de los 80.

 Frente al Sanlitun siempre saturado de turistas y nuevos ricos, la noche de los “hutones” es más interesante, minoritaria y sórdida. Además anoche no hacía demasiado frío.

 

 

 

En el Hot Cat (东城区方家胡同46号) tocaban los NOT THERE y el concierto me encantó. Sonidos pregrabados con un bajo y una batería pontente y una guitarra eléctrica con punteos sugerentes. Un amigo inglés decía que le sonaban a Franz Ferdinand, un poco quizás.  

 

 

 

http://site.douban.com/not_there/

 

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)

Algunos apuntes sobre cine taiwanés

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(Eat drink man woman, Ang Lee, 1994)

 

El siguiente extracto lo escribí hace bastante tiempo (más de 10 años), cuando llegué a China para investigar sobre la hitoria del cine. Ahora tras la visita a Taiwán recupero este capítulo sobre el cine taiwanés y sus dos exponentes más importantes Ang Lee y Hou Hsiao Hsien. Obviamente no está actualizado pero puede ser interesante para los que quieran introducirse en el cine de Formosa.

 En 1954 existían en Taiwán 185 cines y el 70% de la producción procedía de Hollywood. A partir de 1960, la producción cinematográfica sufrió un gran desarrollo y en tan sólo tres años, de 1962 a 1965 se realizaron en la isla 434 largometrajes, la mayoría en dialecto taiwanés.

Las grandes puestas en escenas taiwanesas eran coproducciones con Hong Kong y con los Shaw Brothers. Algunas de estas películas, aunque de gran mediocridad artística, han sido presentadas en festivales europeos como La sombra hechicera (1959) y La concubina magnífica (1961). Ambas de Li Han-hsian, con una temática ya tratada en La emperatriz Yang Kwei Fei y por Kenji Mizoguchi en Los cuentos de la luna vaga.

Al final del siglo pasado dos son los directores taiwaneses que más han destacado internacionalmente, Hou Hsiao-Hsien[1] y Ang Lee[2].

También el director Tsai Ming-Liang, nacido en Malasia en 1957, es otra figura importante del cine taiwanés actual, en 1992 rueda Rebels of the Neon God y en 1994, Larga vida al amor[3] con la que gana el León de Oro en el Festival de Venecia de 1994. Presenta The hole en Cannes en 1998.

Edward Yang con Yiyi ganó un premio en la edición de Cannes del 2000, cinta sobre la batalla existencial de una familia china contemporánea a caballo entre el pensamiento tradicional y la ultra-modernidad de la isla.

 Hou Hsiao-Hsien

 Aunque este director nació en la China continental, concretamente en Meixian (Guangdong) en 1947, su familia se trasladó a la isla al año siguiente de proclamarse la República Popular en el continente. Infinidad de familias chinas temerosos de los comunistas emigraron hacia Taiwán.

Sus padres murieron cuando él era joven y en 1969 se matriculó en la Academia Nacional de Artes de Taiwán, realizando su ópera prima Cute girls en 1982, ese mismo año fue nominado por otra película, Green, green grass of home para el Caballo de Oro[4], el equivalente taiwanés al Oscar.

En 1984 dirige A summer at grandpa’s[5] y al año siguiente Tiempo de vivir, tiempo de amar[6] e Historia de Taipei[7].

Desde entonces ha sido premiado tanto fuera como dentro de su país, siendo además el productor ejecutivo de La linterna roja (Zhang Yimou). Pero su fama le llegó en Occidente cuando en 1993 recibió en el Festival de Cannes el Premio del Jurado por El maestro de marionetas, donde nos narra la historia real de Li-Tien Lu, uno de los tesoros nacionales de Taiwán, el gran maestro del arte de las marionetas chinas. Esta obra es la continuación de La ciudad de los pobres[8] (1989), formando las dos primeras partes de una trilogía sobre la historia contemporánea de su país.

La película comprende un período histórico de unos 30 años, desde el nacimiento de Li en 1909 hasta la caída de Japón en 1945, que marca el final de casi medio siglo de dominación nipona en la isla.

Li Tien-Lu nos cuenta él mismo a modo de narrador su trágica historia a lo largo de toda la cinta, apareciendo y desapareciendo en escena, lo que hace que la película gane en verosimilitud. Ante la cámara declara: “Mis manos  han dado vida a mis marionetas. Yo las he creado y yo he dirigido su alma dramática, casi como si hubiese sido el mismo Dios. Pero la verdad es que había detrás mía alguien moviendo los hilos…, yo mismo no era otra cosa que una marioneta del destino, mi vida ha sido al mismo tiempo una tragedia y un sueño”.

En 1998 presentó Flores de Shanghai[9] en Cannes.

 Ang Lee

 

       Ang Lee es el conocido director de Comer, beber, amar[10] que cierra la trilogía de Pushing hands[11] y El banquete de bodas[12]. Este cineasta taiwanés afincado en los Estados Unidos realiza películas sobre las relaciones familiares y los viejos valores tradicionales orientales que han comenzado a quebrantarse en un mundo cada vez más capitalista.

       Pushing hands es la historia del Sr. Chu[13], experto en artes marciales chinas y en Tai ji quan, quien se va a vivir con su hijo Alex a los EE.UU. Alex Chu está casado con una hiponcondríaca escritora norteamericana que no soporta la presencia de su suegro en la casa. No entiende como éste puede acusar de contenido violento a los programas de televisión y defender el kung-fu. La incomprensión es mutua, su suegro achaca sus problemas gástricos a un problema de armonía en la alimentación: no puede alimentarse sólo de verduras, ya que se rompe el eqilibrio entre el yin (las verduras) y el yang (la carne). Todo esto degenera en un ambiente doméstico tenso que intenta aplacar Alex angustiado entre el mundo en el que vive: la América que le ha dado un porvenir, y el mundo del que procede: la tradición china de Taiwán. Alex sufre el trauma del hijo desagradecido que choca con la moral confuciana de “cuidar a los padres como ellos te han cuidado a tí y rendirles respeto”.

       La cinta tiene momentos brillantes como esa acusación  del hijo del Sr. Chu a una amiga de su mujer, maoísta en la universidad y capitalista en la actualidad, cuando señala  que lo peor es una ex-comunista que se pasa al capitalismo, o la puntualización de su padre sobre el hecho de que resulta más fácil pasar juntos las penalidades que los días felices.

       Ang Lee está muy influído por Yasujiro Ozu, de hecho, El banquete de bodas es una versión moderna de Cuentos de Tokyo[14], donde un matrimonio de ancianos viaja a Tokyo para visitar  a sus hijos, demasiado ocupados para atender a sus padres. En la versión de Ang Lee, la acción se desarrolla en el Village neoyorquino, donde el joven y emprendedor Wai-Tung vive con su novio Simon. Los padres ignorantes de la homosexualidad de su hijo están intentando desde Taiwán buscarle una buena esposa, pero la primera candidata que envían a Nueva York resulta un fracaso, por lo que él decide montar un falso compromiso con una atractiva artista underground china, inquilina de uno de sus apartamentos.

De esa forma sus padres visitarán Nueva York y se quedarán tranquilos al comprobrar que su hijo se ha casado con una chica de su misma raza. El enredo se complica al insistir sus padres en la celebración de un gran banquete para la ocasión, donde vemos los momentos más divertidos de la cinta.

En el tradicional banquete no puede faltar el vestido rojo tradicional de la novia, mucho alcohol y las partidas de mah-yong, además Wai-Tung tendrá que dormir esa noche con la novia, mientras Simon sobrelleva toda la farsa montada por su novio y acompaña a los padres de Wai-Tung a casa.

La sorpresa aparece cuando la novia se ha quedado embarazada, sumiendo en absoluta alegría a los padres de Wai-Tung y en una difícil situación para la relación de éste con Simon. El propio Sr. Gao descubre la homosexualidad de su hijo pero guarda el secreto con Simon, ya que su estricta moral confuciana y el deseo de felicidad para Wai-Tung le impiden demostrar que sabe la verdad. Al final tras los celos y desavenencias del principio, el buen humor prevalece y la historia acaba en un curioso trío.

La última entrega de la trilogía, Comer, beber, amar se desarrolla en Taipei y la idea central está inspirada en la comedia musical hongkonesa Our Sister Hedy[15](1958). La cámara de Ang Lee retrata la deshumanización de una sociedad taiwanesa víctima de los excesos del feroz neocapitalismo y la pérdida de valores tradicionales chinos.

La película narra la relación entre un padre viudo, el Sr. Chu (Sihung Lung) experto cocinero y sus tres hijas, de las que una es una yuppie emprendedora, otra, una maestra reprimida y la más joven trabaja en un restaurante de comida rápida.

El Sr. Chu intenta mantener el equilibrio familiar y para ello se vale de largas comilonas los domingos con sus tres hijas que no pueden faltar a esta cita semanal. Uno de los encantos principales de la película es toda la exhibición del arte culinario del Sr. Chu.

Sus delicados manjares aportan refinamientoo y sensibilidad, simbolizando el mundo tradicional de la exquisita cocina china frente a la porquería que vende la más pequeña de sus hijas en el restaurante de fast-food, símbolo de la decadencia a la que irremisiblemente está abocada la sociedad taiwanesa. Las comparaciones gastronómicas con la mejicana Como agua para chocolate (Alfonso Arau, 1993) o la danesa El festín de Babette[16] (Gabriel Axel, 1986) son inevitables, e incluso podemos recordar la japonesa Tampopo (Juzo Itami, 1985) si bien las connotaciones gastronómicas de ésta última son más sexuales con un estilo marcadamente buñueliano.

Tras la trilogía, Ang Lee, totalmente integrado en la industria cinematográfica norteamericana rueda películas como la adaptación de la famosa novela de Jane Austen, Sentido y sensibilidad[17], o la más reciente La tormenta de hielo[18], según la novela de Rick Moody y con música de tendencias orientales compuesta por Mychael Danna, famoso por ser el autor de la música de Kamasutra (Mira Nair, 1996) y de Exotica (Atom Egoyan, 1995).

Su obra Crouching tiger, hidden dragon (1999), drama histórico, inauguró la sección Zabaltegi de la edición del Festival de San Sebastián del 2000.

Esta es la tercera y última entrada sobre Taiwán.

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)


[1] Hou Xiaoxian

[2] Li An.

[3] Aiqing wansui. Vive l’amour.

[4] Golden Horse.

[5] Dong dong de jia ji. Premio enNantes en 1984.

[6] Tong nian wang shi. The time to live and the time to love. Premio en Berlin en 1985.

[7] Qing mei zhu ma. Taipei Story.

[8] Bei qing chengshi. City of Sadness. Galardonada con el León de Oro en el Festival de Venecia 1989.

[9] Haishang hua. Flowers of Shanghai.

[10] Ying shi nan lü. Título basado en una sentencia de Confucio: “Ying shi nan lü ren zhi da yu ye (y es el deseo del hombre, beber, comer, amar…)”.

[11] Tui shou. El título hace refererencia a las técnicas utilizadas en el Tai ji quan de contacto.

[12] Xi yan.

[13] El actor Sihung Lung da vida no sólo al Sr. Chu de Pushing hands, sino al de Comer, beber, amar (donde conserva el mismo nombre). En El banquete de bodas es el Sr.Gao, el padre de Wai-Tung. Sihung Lung se ha convertido en un actor fetiche para Ang Lee.

[14] Tokyo monogatari.

[15] Si qianjin. Dirigida por Tao Qin.

[16] Babette Gaestebud. Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa en 1987.

[17] Sense and sensibility. Premio al Mejor Guión en el Festival de Cannes de 1997.

[18] The ice storm.

Los niños orientales suben la nota

 estudia, estudia

 …estudia, estudia

Ha aparecido en El País este interesante artículo sobre el rendimiento de los alumnos asiáticos en aulas españolas. Como profesor en China en los últimos cuatro años he de señalar que practicamente subscribo el texto y es verdad que los alumnos chinos que yo conozco son excelentes, pero no es oro todo lo que reluce. Tras el artículo explico algunas de mis experiencias: 

LOS NIÑOS ORIENTALES SUBEN LA NOTA

Los colegios privados y concertados animan a los inmigrantes asiáticos a matricularse en sus centros por los brillantes resultados académicos

JOAQUINA PRADES - Madrid – 20/11/2011

Estos escolares lo tienen todo en contra. Proceden de una cultura situada en las antípodas; han aprendido los primeros números con un sistema cuyo razonamiento lógico nada tiene que ver con el español. Su lengua se transcribe a un alfabeto donde los signos no son tales, sino ideogramas o cruces de líneas que expresan una frase completa o un estado de ánimo. Por si no fueran suficientes trabas, sus familias no suelen participar en las actividades del colegio. Y, sin embargo, los centros privados y concertados de primaria y secundaria reciben con entusiasmo a los 48.088 escolares asiáticos matriculados en España: su comportamiento es ejemplar, nunca faltan al respeto ni dan problemas. Y además bordean el sobresaliente en ciencias naturales, física y química y resultan imbatibles en matemáticas.

¿Son los niños orientales biológicamente más capaces que los occidentales? Los expertos no lo creen. Aseguran que no se trata de mayor inteligencia; de hecho, sus coeficientes son similares a la media nacional. La explicación hay que buscarla, añaden, en unos patrones culturales basados en la obediencia -la palabra del padre y del profesor no se discute; se acata como una orden-, la disciplina y el sentido del deber. Un sueño para los profesores.

Antonio Rodríguez, presidente de la Confederación Española de Centros Educativos, una red que engloba a cerca de 6.000 escuelas mayoritariamente confesionales, señala: “Nuestros directores hablan maravillas de los niños asiáticos. Son cracks en matemáticas y son brillantes también en ciencias naturales, física y química”. En estos colegios dan todo tipo de facilidades a la hora de matricularse porque “suben la nota media del centro” y eso redunda favorablemente en su prestigio. “Son igual de listos que los niños latinos o europeos. Pero son más disciplinados y trabajan mejor. Sus deberes son primorosos, cuidados, bien hechos”, añade.

El presidente de CECE destaca que el mayor problema de estos niños es lengua española. “Nunca acaban de dominar nuestro idioma del todo y, menos aún, el sentido de sus normas”. Sin embargo, su flexibilidad para el razonamiento les hace distinguir un sintagma de un campo léxico y un adversativo de un epiceno en tiempo récord. La asignatura hueso por excelencia en los colegios españoles es asimilada por los orientales a base disciplina y de repetición. Atribuir una infinita variedad de términos para analizar una sencilla frase de español no supone mayor dificultad para ellos; es solo cuestión de codos. Lo memorizan y con eso basta.

Todos reciben clases extra de español cuando llegan desde sus países de origen: China, Filipinas, India, Corea del Sur… “Afortunadamente ya nadie sostiene que hay que poner a todos los alumnos en el mismo nivel y pensar que ya se adaptarán, que los niños se adaptan a todo. Ese disparate, habitual hasta hace poco, sobre todo en la pública, ha sido corregido”.

Para Antonio Rodríguez, la gran baza académica de los orientales es la atención. “Nunca se distraen. Perecen seguir al pie de la letra su proverbio: La atención es el sol del entendimiento”. Y se nota cada vez más por el contraste con los alumnos occidentales, cuyo gran problema es precisamente la facilidad para la dispersión de pensamiento. Los nacionales, opina, necesitan estímulos, de lo contrario, pasan. “Los anglosajones ya se han dado cuenta y se están inventando estrategias para lograr la motivación casi niño por niño. Aquí falta mucho para eso. Mientras tanto, los orientales son para los profesores un remanso de paz”, añade Rodríguez.

Los niños del sureste asiático rompen el mito de que la inmigración es un lastre para las aulas. En esta apreciación coinciden tanto el presidente de la patronal privada como un portavoz de Escuelas Católicas (FERE- CECA), la asociación que engloba a la práctica totalidad de la escuela concertada en España. Para muestra, en FERE-CECA remiten a uno de sus colegios, La Purísima Concepción de Madrid, ubicado en un viejo caserón palaciego perteneciente a la Hermandad del Santo Refugio Pontificio y Real, regido por teresianas.

La seglar Gema Echezuri dirige desde hace 18 años este centro de 285 alumnos pertenecientes a 21 nacionalidades, la mayoría filipinos y latinos. “La población escolar china va en aumento y, sí, sus calificaciones son excelentes. Acaba de terminar la ESO una alumna china que apenas habla español y ha obtenido un 10 en lengua española”. ¿Cómo se explica? “No lo sé muy bien”, responde Gema Echezuri. “Les preguntamos y parece ser que recibir la primera instrucción en conceptos abstractos a través del ábaco tiene efectos milagrosos. Por eso y por muchas más razones nos gusta tanto la interculturalidad. Nos enriquece a todos”, concluye.

Piedad filial y otras normas

La profesora de lengua española y de lengua y cultura China en la Universidad Complutense de Madrid, Consuelo Marco, atribuye el éxito de los escolares del sureste asiático en las aulas extranjeras radica en el pensamiento de Confucio. “Desde hace milenios se les inculca el valor de la disciplina, el sentido del deber y, especialmente, el respeto reverencial por la autoridad, desde el padre hasta el jefe, pasando por el profesor”.

El concepto de “piedad filial” es la piedra angular en el pensamiento y la actuación de la comunidad oriental, añade Marco. “La palabra del padre es sagrada. El interés de la familia como conjunto se sitúa por encima de cualquier concepto. Y nadie discute nada”.

Son muy buenos estudiantes en aquellas actividades donde prima la memoria. Sus puntos débiles, por el contrario, son la creatividad, el espíritu crítico y el trabajo en equipo.

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/ninos/orientales/suben/nota/elpepisoc/20111120elpepisoc_5/Tes

 

 

Es verdad que son excelentes en ciencias e imbatibles en matemáticas, que su respeto por el profesor es profundo y que, como señala Consuelo Marco, todo tiene mucho que ver con la educación confuciana recibida.

Sin embargo, tienen otros puntos débiles con respecto a nuestros alumnos nacionales: apenas se les inculca la autocrítica y el placer por aprender y dudar de todo, es decir, estudian para ser los número 1 y son peligrosamente competitivos y egoístas.

 

Quizás las escuelas privadas españolas en esa obsesión yankee de buscar a los mejores alucinen con ellos y crean que han encontrado la gallina de los huevos de oro.

 

Como profesor yo busco otra cosa, aunque quiero que mis estudiantes se esfuercen (y es verdad que ahí fallamos en España porque la capacidad de sacrificio del estudiante es casi nula en comparación con China). No quiero que me memoricen todo, sino que me razonen. No quiero que me obededezcan sin rechistar, para eso sería militar y no profesor.

 

He visto estudiantes chinos en el campus de la Universidad de Pekin aprendiéndose de memoria el diccionario.

 

Donde trabajo, escuela de secundaria con alumnos entre 13 y 17 años de los que sólo algunos son chinos (hablo del Lycée Français International de Pékin) es cierto que los chinos son unos “cracks” en gramática y que te pueden memorizar textos y reproducirlos, pero a la hora de hablar en público o utilzar la lengua como método de comunicación oral muchos se bloquean. Aunque esto último pueda ser debido a una timidez innata del estudiante asiático y a su terror de no decir la frase perfecta, lo que dificulta el proceso de aprendizaje. Prefieren quedarse callados a cometer errores.

 

Pero, en general, es verdad que son excelentes y que para los profesores es muy fácil darles clase porque prestan atención y trabajan: las dos claves del éxito, justo lo contrario de mi experiencia sufrida en un High School de Connectituc durante el año 2004-2005.

 

 

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)

 

Fumar en China

www.eu.fotolia.com

 El nivel de civismo de los habitantes de un país se mide por el respeto del que hacen alarde frente a sus conciudadanos, por ejemplo: ceder el paso, no tirar basura a la calle, no dar voces hablando por el móvil y una larguísima lista que podríamos elaborar entre todos y que estoy seguro que el 99% estaríamos de acuerdo, digo 99 porque sabéis que siempre hay alguien que quiere / necesita dar la nota.

 Es cierto que el gobierno chino ha tomado algunas medidas para prohibir fumar en espacios públicos y restaurantes como se puede ver en el siguiente enlace, pero la verdad es que China, siendo uno de los países con más leyes y regulaciones para todo, al final cada uno hace lo que le da la gana.

 http://www.asiared.com/es/notices/2011/05/china__el_tercer_consumidor_mundial_de_tabaco__prohibe_fumar_en_los_espacios_publicos_1597.php

 Nosotros salimos mucho a comer fuera, en China es algo normal porque los precios son todavía asequibles. A veces vamos con mi hijo de cuatro años y mi mujer está embarazada de seis meses. Siempre le pregunto a la camarera si en la mesa que elijo se puede fumar o no, dice que sí que no pasa nada. Le respondo que no quiero una mesa de fumadores, sino todo lo contrario (¿no se ha percatado de la inmensa barriga de mi mujer o que un niño viene con nosotros?). Da igual en China todo vale. El restaurante está repleto de carteles de NO SMOKING en inglés y chino y justo en ese momento nuestro vecino saca un cigarrillo y se lo enciende tan ricamente. Llamo a la camarera, se lo hago notar (algunos chinos son especialistas en ver sólo lo que quieren ver) pero así y todo le cuesta llamar la atención al cliente.

 En una sociedad donde impera la jerarquía confuciana el cliente siempre tiene la razón, y una pobre inmigrante que acaba de llegar del campo y que cobra 50 euros al mes no es nadie para molestar a este sujeto que charla animadamente con sus amigos entre platos de comida, cervezas y aguardiente bajo una nube tóxica que han formado en tres minutos porque ahora todos los de la mesa están fumando.

Si un extranjero se queja cambian al extranjero de mesa pero al cliente chino no se le molesta.

 China tendrá mucha cultura y una civilización antiquísima de la que ellos se sienten orgullosos pero en lo que se trata de “respeto a los demás” lo que ellos llaman (li mao 礼貌) nada de nada y eso que para los JJ.OO. del 2008 hicieron una gran campaña de concienciación a la población para ser un país “civilizado” (wen ming 文明). Es normal ver que nadie respeta los semáforos, todos intentan colarse ante una ventanilla, se escupe en la calle y se fuma donde cada uno cree conveniente. Con toda la contaminación que tienen no dejan de comprar coches y eso de ver a un extranjero en bici les produce cierto asombro y cachondeo. Intentar hacer un discurso ecologista con ellos es tiempo perdido, están en otra onda, la de los “nuevos ricos” que tienen que mostrar su poder caiga quien caiga.

 Tendrán mucho desarrollo económico pero están a años luz de sociedades como las escandinavas donde el automóvil se utiliza sólo para la excursión a la nieve el fin de semana. Pero no nos engañemos, no son los únicos.

 En nuestro país el que será mañana muy probablemente presidente de gobierno por mayoría absoluta dice que no le gusta eso de la prohibición del tabaco. Será por su afición a los habanos. Algunos morirán de soberbia incluso antes de haber ganado y la sociedad española con ese mensaje de ataque a la “progresía” iremos una vez más en retroceso. Y lo dejo aquí porque en jornada de genuflexión (perdón de reflexión) nos mandan estar calladitos mientras ellos empiezan a sacar la tarta del horno para repartírsela.

 http://blogs.elpais.com/el-comidista/2011/11/carta-mariano-rajoy-ley-tabaco-fumar-restaurantes.html

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)

 

Taipeando

 

 

 

  

Como en muchas ciudades asiáticas, Taipei tiene una flota de motos que crece cada día. Allí, al contrario que en Pekín, no ves a nadie sin el reglamentario casco, que puede llevar desde el adorno hortera del pasador de pelo a la omnipresente Hello Kitty.

  

  

En muchas ciudades como Bangkok o Ho Chi Minh es la única forma de evitar atascos y llegar temprano a los sitios. La subida del carburante en China ha hecho que haya menos taxis en circulación (algunos taxistas dicen que no les compensa por lo poco que cuesta la carrera) y el consiguiente aumento de motocicletas de pequeña cilindrada.

 

Al igual que en cualquier isla tropical, la fruta y los zumos naturales se encuentran por todas partes a un precio muy asequible (1 € más o menos)

 

 Comer en Asia siempre es un placer y sin temor a equivocarme puedo asegurar que los mejores restaurantes son los puestos callejeros. Al contrario que en Pekín la cocina taiwanesa no es picante y no abusan de las grasas.

 peluquería de señoras

peluquería de señoras

  

la tontería de Halloween también ha llegado a Taiwán

 

 

  

Un pueblo con fuertes creencias budistas que no ha sufrido la represión política y la prohibición en sus cultos, Taiwán está llena de templos y la población practica numerosas formas de costumbres ancestrales como el quemar dinero falso y ofrecer comida y bebida a los espíritus siempre con la intención de que la suerte (léase: dinero) les llegue.

 

Algunas formas de medicina tradicional china casi siempre incluyen métodos para vivir más y mejor como esta limpieza de cerumen en los oídos.  

 

Asia, al contrario que Europa, es un continente joven en donde la crisis se nota menos y en donde las nuevas generaciones luchan por llevar el timón.

  

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)

Taiwán la rebelde

Hace trece años, cuando era estudiante en la Universidad de Pekín (Beida) me pasó una anécdota que me hizo mucha gracia: paseaba yo por una de las laberínticas calles del inmenso campus y me encontré delante de una tienda de esas en las que se venden (vendía) de todo y me acordé que tenía que escribir una carta a un conocido español que estaba trabajando al sur de la isla de Taiwán.

Me acerqué al mostrador y en mi pobre chino de entonces le pedí un sobre y un sello para correo nacional.

 

 

 

La chica, a la que acababa de despertar de su siesta y durmiente todavía con la marca roja en la frente de la dureza del mostrador, me preguntó a qué provincia iba a enviarla. Le respondí que a Taiwán (provincia china según el todopoderoso PCCh) y me dijo sorprendida que para Taiwán hacía falta comprar un sello internacional.

Insistí en que si Taiwán era un provincia de China el sello debería ser nacional (como si la carta fuese de Badajoz a Bilbao, bueno esto último lo pensé pero no se lo dije) pero ella continuó con la traca de que el sello era internacional.

Yo le dije que no quería discutir pero que si se seguía empecinando en la pertenencia de la “isla hermosa” a la RPC (República Popular de China) yo me negaba a pagar un sello más caro en lugar de uno más barato.

Pronto llegó una señora mayor con más mala leche que me dijo algo así como “mira guapo este es el precio para un sello de Taiwán, te guste o no” y dio la discusión por zanjada.

 

 

 

Esto que me pasó de verdad es para ilustrar el cacao que muchos tienen sobre este territorio rebelde en el que Chiang Kai-shek (蒋介石) y sus partidarios en torno al KMT (Guomindang 国民党) se refugiaron en 1949 tras perder la guerra contra los comunistas.

 

Taiwán (台湾) es un territorio con una extensión equivalente a Extremadura y una población aproximada a algo más de la mitad de España. Se encuentra situado frente a la costa china de la provincia de Fujian, y está separada del continente por el Estrecho de Taiwán. Los portugueses llegaron en el S. XVI y le dieron el nombre de “Formosa” debido a su belleza repleta de acantilados y montañas. Nosotros hemos pasado la última semana de octubre en su capital Taipei (台北) y alrededores.  

 

 

 

 

Hace mucho que tenía ganas de conocer Taiwán, pero como todo lo que está cerca (lo mismo nos pasa con Corea) se olvida y me alegro de no haberla conocido hace años porque me ha gustando tanto que haber conocido aquello antes muy probablemente hoy no estaría viviendo en Pekín.

 

 

De Taiwán siempre me habían hablado bien y he podido comprobar en mis propias carnes que es incluso mejor de lo que me habían contado. La gente es super agradable, nadie escupe por la calle, los coches paran ante los semáforos rojos y si ven a un peatón te ceden el paso aunque esté en verde. La isla es completamente verde gracias a una vegetación exhuberante donde llueve muchísmo y el cielo es azul cuando no llueve. Es en resumidas cuentas la China con la que todo el mundo sueña, como dice un amigo, la China que la RPC podía haber sido y no fue.

 

 

 

 

el peatón tiene prioridad, en Pekín este cartel sería una coña

 

 

mausoleo de Chiang Kai-shek, al fondo la torre Taipei 101

 

 

ojo al detalle: la dependienta de esta pastelería lleva un tipo de mascarilla en la barbilla

para que sus esputos no caigan sobre los productos

 

 

al igual que en toda Asia la obsesión por la telefonía móvil es patente

 

 

 

diseño con la Taipei 101 (uno de los rascacielos más altos del mundo)

 

 

 

el barrio de Ximen es el “Chueca” de Taipei

 

 

 

 

 

el “té de perlas con leche” es la bebida típica

 

 

taiwanesas alucinando con el pelo de mi hijo

 

 

el poder de Marianico llega hasta Taiwán

(estas barritas de chocolate que apoyan al PP las encontré en un 7 Eleven)

 

 

Copyleft. El azote de dios, 2011. (“Año del Conejo”)

 

Volviendo a la carga

Después de casi cuatro meses de silencio (dos de ellos en España) me dispongo a volver a escribir por cuarta temporada consecutiva en este blog del periódico HOY en la sección de Extremeños por el Mundo.

A finales de julio estuve una semana por tierras extremeñas y portuguesas, lo que quedará expuesto en un post que estoy terminando sobre mi vuelta a Extremadura tres años más tarde.

En unos días voy a Taiwán de vacaciones por lo que la primera entrada de esta nueva temporada estará dedicada a esta “ilha fermosa” como la bautizaron los marinos lusos.

Mi intención es centrarme en los temas que más me interesan de China: la gastronomía y el cine. En fin ya veremos como se desarrollan los acontecimientos, mientras tanto recibid un saludo desde Cambaluc hoy 19 de octubre de 2011.

Las nueve diferencias entre un chino y un chino chino

Por: Mikel López Iturriaga

TOTALMENTE DE ACUERDO CON LO QUE COMENTA MIKEL LÓPEZ ITURRIAGA EN ESTE ARTÍCULO. CONOZCO PERSONALMENTE EL DE ALICANTE Y ES UN CHINO IMPRESCINDIBLE.

La calidad media de los restaurantes chinos en España ha sido históricamente mediocre. Y eso siendo benévolos. Cualquier persona que haya viajado no ya a China, sino a otros países de Europa en los que hay chinos decentes, habrá podido comprobar que el rancho que se sirve aquí no tiene mucho que ver con la auténtica comida de aquel país, una de las más espléndidas del mundo. Por suerte, la presencia de una comunidad nativa cada vez mayor ha hecho que aparezcan restaurantes “chinos chinos”, que poco tienen que ver con los chinos a secas. Estas son las nueve pequeñas diferencias que los distinguen.

1. En el chino encuentras platos que jamás verás en China, sino que provienen más de los inmigrantes orientales en Estados Unidos: el arroz tres delicias, los rollitos primavera, el chop-suey, el cerdo agridulce… En un chino chino no tienen de eso, y si lo tienen, es sólo para los guiris como nosotros. A veces cuentan con dos cartas: una A para no chinos y otra B con las cosas buenas de verdad.

2. El chino chino ofrece auténticas delicias como sopas de tallarines, jiaozi (empanadillas), dim sum (aperitivos cantoneses), wonton (bolsitas de pasta rellenas), xiaolongbao (bollitos rellenos al vapor), hot-pots (una especie de fondue en caldo) o cualquiera de las mil variedades de comida regional que no se ven ni en pintura en los chinos sin más.

3. El chino chino sirve guisos brutales hechos con partes poco nobles de animales, que llevan la casquería a una dimensión desconocida. El chino no se atreve porque no quiere ofendernos con un pulmón de cerdo a la plancha, por ejemplo.

4. En el chino chino comen chinos. En el chino no.

5. El chino no abusa del picante para no molestar. Si estás en un chino chino cuyos dueños son del sur, las bocas arderán en el infierno como en el mismísimo Sichuán.

6. Los camareros de los chinos hablan un español más o menos decente, y puedes comunicarte con ellos sin grandes problemas. En los chinos chinos sólo suele haber una persona que sabe algo de castellano, y las equivocaciones con lo que has pedido son frecuentes. Pero es parte de su encanto, y así descubres nuevos platos.

7. Por lo general, la decoración de los chinos es espantosa, con sus réplicas de pagodas y sus lacados omnipresentes. Los chinos chinos son todavía más feos: el estuco veneciano, las sillas forradas de plástico y los cuadros imposibles están a la orden del día. El ambiente general es de decadencia, y sólo entras porque alguien te lo ha recomendado: si no, saldrías corriendo.

8. Los chinos se llaman “Buda Feliz”, “Gran Muralla” y similares. Los chinos chinos suelen tener o bien un nombre en chino o uno español heredado del negocio anterior, tipo “Don Pepe”.

9. El chino es barato, y comes entre mal y regular. El chino chino es igual de barato y comes como un emperador de la dinastía Ming. O casi.

¿DÓNDE ENCONTRAR CHINOS CHINOS?

Madrid es la ciudad en la que hay más. El pionero es el de la entrada al párking de la Plaza de España, pero también cuentan con buena reputación el Nihao (Silva, 20), el Hui Fon (Maestro Arbós, 3), el Ohua (Tomás García, 3) y el Rey de Tallarines (Plaza del Conde Toreno, 2). Si buscas una hot-pot, está el Yuè Lái (Hermosilla, 101)

En Barcelona hay un chino chino en la calle Ali Bei, número 65. No tiene nombre en castellano, es baratísimo y las sopas de pasta casera son sensacionales. Para hot-pots, una apuesta decente es La Olla de Sichuán (Dr. Letamendi, 11), y las berenjenas picantes de La Casa del Xinés también tienen su fama.

Valencia cuenta con el Bar Sueca (Sueca, 65), muy recomendado por los locales.

En Bilbao, los buscadores de chinos de verdad acuden en peregrinación al León de Oro, en la calle Fernández del Campo, 8.

Alicante ganaría el premio al mejor nombre de chino chino con el Mari Carmen, en la plaza de Galicia.

Si conoces algún buen chino chino, cuéntalo en los comentarios.

http://blogs.elpais.com/el-comidista/2011/07/restaurantes-chinos-chinos-de-verdad.html

Otra visión de China

En el momento de la redacción de este libro, su autor Rafael Poch – de – Feliu era corresponsal de La Vanguardia en Pekín.

Bajo el título La actualidad de China: un mundo en crisis, una sociedad en gestación, el periodista nos revela a lo largo de casi 700 páginas un profundo estudio del gigante asiático y su entorno, sin caer en los típicos clichés occidentales del enfrentamiento: China vs. nosotros.

Ya en la página 19 del capítulo 1 nos señala: “La conciencia de que todo se puede torcer súbitamente es muy viva entre los dirigentes chinos, que perciben y definen su sistema como algo profundamente imperfecto y abierto al cambio (nada que ver con la URSS anterior a Gorbachov, ni con la autosatisfacción occidental sobre la supuesta perfección y definitiva inmutabilidad de las democracias)”

“La actual República Popular es heredera de una tradición política continua de dos mil años y de una civilización de cuatro mil. Es como si en nuestros días existiera el Imperio Romano como entidad política, o como si el Egipto Faraónico hubiera mantenido su identidad cultural. Y los ideólogos más “formativos” de esa tradición, Confucio (551- 479 a. C.) y Lao Tse, fueron, más o menos, coetáneos de Sócrates y Herodoto” (p. 20)

He aquí algunos extractos más de este libro que me han parecido interesantes:

Como explica Lucien Bianco: sin los comunistas, los campesinos nunca habrían concebido la idea de una revolución. Al mismo tiempo, sin los campesinos y contra ellos, los comunistas nunca habrían podido imponerse en el país, vencer en la guerra civil y expulsar a los invasores japoneses” (p. 26)

Cuando Mao murió había, por primera vez en la historia para una gran parte de los chinos, suficiente comida, vestido y techo, acceso a educación básica y asistencia médica rudimentaria. Mejoró la condición de la mujer de forma radical, se acabó con el juego, el opio y la prostitución. El crecimiento económico medio anual fue del 6 por 100, se construyeron diques, ferrocarriles, industrias, hospitales, escuelas, la población de dobló en treinta años. Pese a todos los sufrimientos y barbaridades del maoísmo, al pueblo chino le fue mejor, en parámetros como consumo medio de alimentos, mortalidad y esperanza media de vida, que a la inmensa mayoría de los países del Tercer Mundo. China entró en la ONU, y en su Consejo de Seguridad, y fue reconocida como un gran factor internacional” (p. 35)

Si de Brasil se dice que es un país rico en el que sólo se ven pobres, de China puede decirse que es un país pobre en el que se ven relativamente pocos pobres. (…) hasta ahora la cuestión rural en China está mejor que en la mayoría de los grandes países en desarrollo, pese a que sus condiciones objetivas, como hemos visto, sean más difíciles. Y no hay favelas, ni caóticas megalópolis de estilo indio. Este es el milagro” (p. 38)

“En China hay corrupción, pero también hay lucha contra ésta” (p. 61)

En relación a la nueva China capitalista Poch – de – Feliu comenta en la página 274: “Haz tu vida y si no te pasas, la autoridad no se meterá contigo. Podría ser el lema. ¿Tolerancia? No exactamente, porque esa manga ancha vale para todo: corrupción, libertades, drogas, puterío, afirmación de la diferencia sexual… Algunos autores hablan de “anomía moral”, de un espacio social, moralmente fofo, vacío de valores. La tolerancia china es ancha siempre que se cubran las apariencias, se observe la discreción y se evite el escándalo

Hay una idea muy arraigada de que los trapos sucios no se han de ventilar delante de los forasteros. Y hay otra idea de casta absolutista que no consiente el desafío al principio de autoridad” (p. 281)

Un chino con complejo de inferioridad es un esclavo, un chino con complejo de superioridad es un tirano” (p. 338)

En lo referente a Corea del Norte dice el autor en la página 452:

“(…) para que todo esto cambie, es fundamental un ambiente político internacional sosegado, pero Estados Unidos utiliza una vieja receta, la misma fórmula de embargos y sanciones que en su día arrinconaron a China, Vietnam y Camboya y que hoy se mantiene contra Cuba. Esa política “inflama el nacionalismo, endurece las dictaduras y estimula el radicalismo”, dice Laurence Brahm, un conocido observador basado en Pekín. “Si en lugar de azuzar, Washington hubiera comerciado con China a partir de 1949, seguramente se habrían evitado el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural”, dice Brahm.

(…) “es fundamental que el régimen cambie de actitud, pero para ello necesita un ambiente internacional menos hostil” afirma la directora de Caritas responsable de Corea del Norte, Kathi Zellweger.

p. 567,568, sobre el Tíbet

“(…) es el carácter ambiguo de esa ayuda occidental: ningún estado apoya la independencia del Tíbet, pero esa ayuda, las medallas y las recepciones al más alto nivel, sugieren lo contrario. El resultado es nefasto: da falsas expectativas a los tibetanos. Esperanzas en la intervención de un aliado que, en el fondo, no existe. En el otro lado, esa ayuda, con sus ecos de guerra fría, evoca dolorosos fantasmas de intervencionismo extranjero entre los chinos. Con la guerrilla del pasado ocurría lo mismo. El objetivo de la CIA no era la independencia de Tíbet, sino crearle problemas a China, pero los guerrilleros tibetanos, que murieron a millares, creían luchar por la independencia de Tíbet.

Ahora el apoyo de Estados Unidos lleva a muchos tibetanos a pensar que Washington sostiene el programa del Dalai Lama, lo que fomenta la oposición a China. Si se reconociera la realidad, es decir, que ningún gobierno cuestiona la integridad territorial de China y que nadie tiene la menor intención de ir más allá de las declaraciones y los gestos, el exilio tibetano quizá formularía un programa más realista

En la p. 628 cita al sinólogo francés Jean Louis Rocca, al que conozco porque es el marido de una compañera de trabajo y en la 636 hace una reflexión bastante certera, a mi parecer, sobre el papel de los medios de comunicación occidentales en China:

Entonces, ¿qué? ¿No se puede criticar a China? Al contrario, es necesario, pero para que la crítica sea honesta y radical, la única solución es que parta de presupuestos muy diferentes a los habituales, que son la presunción de inocencia, bondad y superioridad de nuestros propios sistemas. Una vez más: sólo desde la crítica de nuestro sistema se puede criticar al sistema chino. Sólo de esa manera se puede influir en China de manera efectiva. El sistema chino, que se reconoce como profundamente imperfecto y que declara la imperiosa necesidad de su reforma y mejora, difícilmente podrá mantener un diálogo creíble y sincero con cualquier sistema que se considere perfecto y definitivo, más aun cuando en el pasado reciente de tal sistema se encuentre un espantoso dominio, abuso y maltrato de China, que hoy prosigue en otras latitudes.”

Para terminar en el último capítulo (39) titulado “La metáfora de la mujer embarazada” concluye:

La actualidad de China nos lleva a la metáfora de la mujer embarazada, una alegoría personal con algún fundamento objetivo y cierta sugerencia moral. Casi una parábola. Un país en desarrollo de la características de China o la India, con una población tan inmensa, una tradición civilizatoria tan importante, y un trace de cambio tan importante y complejo, tanto para el mundo como para quienes lo gobiernan, un país así es como una mujer embarazada. Su organismo social atraviesa un delicado proceso creador que precisa atenciones y cuidados especiales. La transición hacia una sociedad predominantemente urbana implica verdaderas “transformaciones hormonales” en la sociedad tradicional-agraria. Es un cambio de piel, de valores y pautas. Una tensión y un rompecabezas entre lo tradicional y sagrado, y lo nuevo e ineludible. Para la población implicada, es un viaje a lo desconocido, Para los políticos que intentan gobernar el proceso, un sinfín de riesgos y amenazas.

A un país en desarrollo y a una mujer embarazada no se las pueden pedir determinados rendimientos, cargas y actitudes. La idea es que cuando nos encontremos en el autobús a un país en desarrollo de esas características, nos levantemos para cederle el asiento. Ese gesto no puede confundirse con condescendencia paternalista, ingenuidad o discriminación (positiva) de género. Está claramente fundamentado por las leyes de la biología, por los valores universales, por la experiencia histórica y por la crisis global.

No hace mucho que en España éramos “país en desarrollo”, con dictadura, partido único, mayoría de población campesina y dominio de la lógica patriarcal sobre la idea de legalidad. Así que, recordando nuestro propio pasado, seguramente podríamos estar en una situación más favorables que otros en Europa y América del Norte, para hacer ese sencillo gesto de respeto y reconocimiento hacia la mujer embarazada” (pp. 647 – 648)

En fin, un libro imprescindible de lectura obligatoria para los que les interese el tema, entre tanto dogmatismo y verdades absolutas frente a ese peligro “amarillo” que tanto amenaza nuestra mediocridad occidental.

La actualidad de China: un mundo en crisis, una sociedad en gestación

Ed. Crítica, col. Memoria Crítica (Barcelona, 2009, 677 pgs)

Taxistas

Intento ser bueno y llevarme bien con todo el mundo, pero hay un colectivo que no soporto y con el que siempre he tenido problemas: los taxistas.

A lo mejor me equivoco, realmente quiero equivocarme y que alguien me haga ver las cosas de forma distinta sobre esta gente, pero siempre he tenido malas experiencias en un taxi.

Ojalá me hubiese tocado alguno cachondo tipo Roberto Benigni en “Noche en la tierra” de (Jim Jarmush)

http://www.youtube.com/watch?v=BiZnqPqifWk&feature=related

He tenido que tratar con muchos en muchas ciudades del mundo y casi todos parecen cortados por el mismo patrón.

En China tienes que pedirles que apaguen el cigarrillo y que abran las ventanas y mejor que no te eche el aliento en la cara porque te puedes desmayar. Muchas veces no saben como ir (pero nunca dicen “no”) o creen que el extranjero es idiota y no conoce la ciudad. Otras, como te ven guiri no te paran por temor a que no hables chino y no se enteren de donde te tienen que llevar.

El rasta que nos dió una vuelta de casi una hora el día que me casé en Manhattan antes de llevarnos a comer al “muelle 17” era de lo más desagradable que me he cruzado en mi vida.

El viernes de la semana pasada a las 5 de la mañana bajo una lluvia intensa estaba en Pekin intentando que me llevasen al aeropuerto para venirme a Hong Kong, mientras con una parsimonia desconcertante el taxista veía como me calaba y comenzaba a negociar el precio en lugar de poner el taxímetro.

En Etiopía, los Ladas blancos y azules destartalados que nos llevaban de un lado a otro de la ciudad se paraban en medio del trayecto a pedirte más dinero si querías que continuaran. Con mi mujer embarazada de siete meses estuvimos a punto de perder un vuelo porque el taxista con el que había negociado la noche anterior para que viniera a recogernos a casa se había quedado dormido.

Aquí en Hong Kong, hay que hacer colas interminables para pillarlos, ni se te ocurra hacerlo en zona no permitida porque pasarán a toda leche y si pueden pillar un charco y salpicarte mejor que mejor.

¿Porqué son así? en Madrid, les he visto pegarles unas clavadas impresionantes a los turistas indefensos que no hablaban ni papa de español. Están todo el día cabreados, todo el día con la úlcera que les produce escuchar doce horas seguida la Cope.

Estos fachas del volante quedan muy bien retratados en la película “Taxi” de Carlos Saura

http://www.youtube.com/watch?v=BZzfTZ39Bwc&feature=related

Imagino que todos no serán así y que haya gente maravillosa como Roberto Benigni al volante de un taxi, pero yo por desgracia no los he conocido.

Si algunos de vosotros sí, contad vuestra experiencia para poder cambiar la imagen tan negativa que tengo de este colectivo.

Gracias y un saludo desde Hong Kong.