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¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien?
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carlospajuelo | 09-01-2013 | 11:59

 

Unas niñas haciendo sus deberes escolares.

Unas niñas haciendo sus deberes escolares.

Ahora que el curso vuelve a reiniciarse,  ahora que los lunes vuelven a ser lunes y las vacaciones de navidad pasan a ser las pasadas navidades, ahora  que el bullicio de las vacaciones deja paso a  la rutina de lo cotidiano, me estoy acordando de los padres que mientras recogen los adornos navideños, dejan escapar algún que otro suspiro  seguido de un “¿qué te pasa?”, “¿que qué me pasa?,  que mañana tenemos que estudiar el relieve de interior”

Es curioso ver como en estos últimos años entre los temas de conversación que tenemos entre los padres abundan los contenidos curriculares,  los estudios de nuestros hijos. Así se puede escuchar a algunos disertando sobre las diferencias entre páramos, vegas y campiñas, esos padres son los que tienen a los hijos en 5º de Primaria.

Y si la conversación versa sobre la amplitud del ángulo resultante de dividir la circunferencia en 360 partes iguales, podrás escuchar a una madre, ufana, apostillar, “tú a lo que te refieres es a  los grados sexagesimales”, esa es madre de una de 2º de la ESO, y si los ves muy ansiosos y hablando de Pericles, los Sofistas y Platón, sin duda esos son padres de los de 2º Bachillerato.

Está demostrado que la implicación, el interés y la actitud de los padres ante los estudios de sus hijos influyen positivamente en la conducta de los hijos frente a los estudios.

            Implicación y actitud no deben de confundirse con padres haciendo de profesores particulares de sus hijos.

El dilema que se nos presenta a los padres es el siguiente: ¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien?

El tema de los estudios es una de las mayores preocupaciones que muchos padres tienen en estas edades, quizás porque el éxito académico de los hijos es un buen antídoto para calmar los temores por el futuro, y  por otra parte porque también creemos, erróneamente, que las notas van asociadas a la idea, al sentimiento, de ser buenos padres.

Es como si las notas trimestrales realmente no evaluaran el trabajo realizado por nuestros hijos, sino nuestra pericia como educadores. Sea por lo que fuere el caso es que en muchas de nuestras casas se preparan “tardes toledanas” a costa de los páramos, los grados sexagesimales y Pericles, los Sofistas y Platón.

Estudiar es un hábito, como lavarse los dientes después de comer o hacer la cama antes de irse al colegio. Un hábito no se adquiere de la noche a la mañana, requiere práctica y más práctica. Además, los hábitos están influidos por las características peculiares de la persona que lo realiza.

El papel de los padres es el de inculcar ese hábito, el de señalar que es el momento de realizar ese hábito, el de facilitar que se pueda realizar y el de reforzar su ejecución.

Y dejar claras también cuales son las consecuencias que tienen para nuestros hijos la práctica, o no, de dichos hábitos. Consecuencias que necesariamente tienen que ser de aquí y ahora y no esas vaguedades del futuro: “vas a ser un desgraciado”, “un fracasado”, un “don nadie” que, por lo general, asustan más a quién lo dice que al que lo escucha.

¿Cuál es nuestro objetivo como padres?, ¿que nuestros hijos sean autónomos en el estudio o que aprueben el próximo examen?  Si queremos que sean autónomos tendremos que dar los pasos para que nuestros hijos se responsabilicen de que estudiar es una tarea que les compete, fundamentalmente, a ellos.

Si por el contrario lo que queremos es que aprueben el examen cercano, pues entonces tendremos que ponernos a estudiar con ellos.

Hay muchos padres que han acostumbrado a sus hijos a que estudien en su compañía, de tal manera que son los hijos los que dicen eso de “mamá, venga a estudiar”, y los padres nos quedamos con unas ganas de decirles eso de “que me dejes”.  Pero allí estamos, sentaditos a su lado, leyendo la lección, explicándola, desmenuzándola , y de esta manera puede que nuestros hijos aprueben, o no,  pero no aprenden a estudiar. Aprenden a que les resumamos las ideas más importantes, aprenden a que les busquemos la información relevante, aprenden a aprobar,  pero también les enseñamos  que ellos solos no pueden, les enseñamos a ser dependientes, a sentirse un tanto incapaces.

Estudiar con los hijos también genera en numerosas ocasiones un montón de conflictos, “atiende”, “no te enteras”, “así no”, y la oportunidad de pasar unas tardes “de los nervios” inolvidables. Pero por otro lado nos permite en las conversaciones con vecinos, amigos y familiares, decir eso de “el fin de semana que viene igual nos vamos al páramo”. El saber no ocupa lugar.

Y muy relacionado con los estudios están las  notas, al final siempre vendrán las notas, y a veces nuestros hijos, que son mucho más que las notas que obtienen,  y que se han esforzado o no,  y que han estudiado o no, nos enseñan sus notas. Sus notas aprobadas, o notableadas y nosotros vamos y les soltamos eso de “está bien, PERO TU ERES DE SOBRESALIENTE”. ¡¡¡Toma ya!!!. Y nosotros como padres ¿somos de sobresaliente?.

 

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  • cersei

    No sabía yo que tenías un blog aquí, Pajuelo, que calladito lo tenías 😛

    Un saludo de una de tus alumnas!

  • drakernoise

    Muy interesante el artículo. Considero que tal como está planteado el sistema , de alguna manera nos obligan a hacer de profesores particulares muy a nuestro pesar. Hay trabajos,deberes y demás actividades que resultan imposibles de iniciar por los chicos de forma autónoma y hemos de ayudarles cuando menos a encontrar el punto de arranque y en el caso de los pequeños a filtrar la información que encuentran por el universo de internet tan lleno de basura.
    Yo aplico aquello de “los deberes son para tí y no para nosotros,yo puedo ayudarte con las dudas pero no esperes que te resuelva los problemas” .Mi esfuerzo va enfocado al hábito y no al resultado, de momento con éxito , ya llegará el “pavo” y con él y el “apantallamiento” y “tontificación” tan habitual en nuestros jóvenes.

    Saludos

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  • quintessence

    Coincido con drakernoise, es un artículo muy interesante.
    Tengo dos hijos y por mucho que me obstine en que hagan las cosas a mi manera, terminan haciéndolo a la suya.
    Me gustaría que no me necesitasen para hacer sus tareas escolares, pero no siempre me libro de eso.
    Pienso en mis padres en mi situación y nunca se me ocurrió preguntarles nada, pero claro, ellos apenas estudiaron lo suficiente para aprender a leer, escribir y hacer unos cuantos cálculos. Nuestros hijos tienen suerte con tenernos como apoyo, pero es cierto, yo tampoco creo que debamos ser sus profesores particulares y mucho menos que les evitemos el trabajo de aprender a estudiar bien, cada cuál deberá aprender la táctica que mejor le viene: subrayar, hacer resúmenes, esquemas, hacer ejercicios, entender lo que hacen y demás.
    Me alegra ver que alguien en educación es capaz de ponerse al frente de un blog así y tratar estos temas con esta soltura y delicadeza a la vez.
    Gracias Sr. Pajuelo.
    Por cierto, no me considero un padre de sobresaliente, aunque sí fui un alumno de esas notas en su momento y me gustaría que mis hijos me diesen una alegría por esa parte, pero todavía no ha llegado el momento.

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  • 5918718

    Muy buen artículo, muchos padres deberían leerlo detenidamente y entenderlo, se lo digo por la de veces que he oído ya a mis 28 años eso de… “no le pongas tantos deberes que no me da tiempo ni de ir a la compra, que nos pasamos 4 horas por la tarde haciendo las tareas…” dicho por los padres de alumnos, claro… Enhorabuena por el Blog.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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