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Carlos Pajuelo

Escuela de Padres

¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien?

 

Unas niñas haciendo sus deberes escolares.

Unas niñas haciendo sus deberes escolares.

Ahora que el curso vuelve a reiniciarse,  ahora que los lunes vuelven a ser lunes y las vacaciones de navidad pasan a ser las pasadas navidades, ahora  que el bullicio de las vacaciones deja paso a  la rutina de lo cotidiano, me estoy acordando de los padres que mientras recogen los adornos navideños, dejan escapar algún que otro suspiro  seguido de un “¿qué te pasa?”, “¿que qué me pasa?,  que mañana tenemos que estudiar el relieve de interior”

Es curioso ver como en estos últimos años entre los temas de conversación que tenemos entre los padres abundan los contenidos curriculares,  los estudios de nuestros hijos. Así se puede escuchar a algunos disertando sobre las diferencias entre páramos, vegas y campiñas, esos padres son los que tienen a los hijos en 5º de Primaria.

Y si la conversación versa sobre la amplitud del ángulo resultante de dividir la circunferencia en 360 partes iguales, podrás escuchar a una madre, ufana, apostillar, “tú a lo que te refieres es a  los grados sexagesimales”, esa es madre de una de 2º de la ESO, y si los ves muy ansiosos y hablando de Pericles, los Sofistas y Platón, sin duda esos son padres de los de 2º Bachillerato.

Está demostrado que la implicación, el interés y la actitud de los padres ante los estudios de sus hijos influyen positivamente en la conducta de los hijos frente a los estudios.

            Implicación y actitud no deben de confundirse con padres haciendo de profesores particulares de sus hijos.

El dilema que se nos presenta a los padres es el siguiente: ¿Estudiar con los hijos o ayudar a que los hijos estudien?

El tema de los estudios es una de las mayores preocupaciones que muchos padres tienen en estas edades, quizás porque el éxito académico de los hijos es un buen antídoto para calmar los temores por el futuro, y  por otra parte porque también creemos, erróneamente, que las notas van asociadas a la idea, al sentimiento, de ser buenos padres.

Es como si las notas trimestrales realmente no evaluaran el trabajo realizado por nuestros hijos, sino nuestra pericia como educadores. Sea por lo que fuere el caso es que en muchas de nuestras casas se preparan “tardes toledanas” a costa de los páramos, los grados sexagesimales y Pericles, los Sofistas y Platón.

Estudiar es un hábito, como lavarse los dientes después de comer o hacer la cama antes de irse al colegio. Un hábito no se adquiere de la noche a la mañana, requiere práctica y más práctica. Además, los hábitos están influidos por las características peculiares de la persona que lo realiza.

El papel de los padres es el de inculcar ese hábito, el de señalar que es el momento de realizar ese hábito, el de facilitar que se pueda realizar y el de reforzar su ejecución.

Y dejar claras también cuales son las consecuencias que tienen para nuestros hijos la práctica, o no, de dichos hábitos. Consecuencias que necesariamente tienen que ser de aquí y ahora y no esas vaguedades del futuro: “vas a ser un desgraciado”, “un fracasado”, un “don nadie” que, por lo general, asustan más a quién lo dice que al que lo escucha.

¿Cuál es nuestro objetivo como padres?, ¿que nuestros hijos sean autónomos en el estudio o que aprueben el próximo examen?  Si queremos que sean autónomos tendremos que dar los pasos para que nuestros hijos se responsabilicen de que estudiar es una tarea que les compete, fundamentalmente, a ellos.

Si por el contrario lo que queremos es que aprueben el examen cercano, pues entonces tendremos que ponernos a estudiar con ellos.

Hay muchos padres que han acostumbrado a sus hijos a que estudien en su compañía, de tal manera que son los hijos los que dicen eso de “mamá, venga a estudiar”, y los padres nos quedamos con unas ganas de decirles eso de “que me dejes”.  Pero allí estamos, sentaditos a su lado, leyendo la lección, explicándola, desmenuzándola , y de esta manera puede que nuestros hijos aprueben, o no,  pero no aprenden a estudiar. Aprenden a que les resumamos las ideas más importantes, aprenden a que les busquemos la información relevante, aprenden a aprobar,  pero también les enseñamos  que ellos solos no pueden, les enseñamos a ser dependientes, a sentirse un tanto incapaces.

Estudiar con los hijos también genera en numerosas ocasiones un montón de conflictos, “atiende”, “no te enteras”, “así no”, y la oportunidad de pasar unas tardes “de los nervios” inolvidables. Pero por otro lado nos permite en las conversaciones con vecinos, amigos y familiares, decir eso de “el fin de semana que viene igual nos vamos al páramo”. El saber no ocupa lugar.

Y muy relacionado con los estudios están las  notas, al final siempre vendrán las notas, y a veces nuestros hijos, que son mucho más que las notas que obtienen,  y que se han esforzado o no,  y que han estudiado o no, nos enseñan sus notas. Sus notas aprobadas, o notableadas y nosotros vamos y les soltamos eso de “está bien, PERO TU ERES DE SOBRESALIENTE”. ¡¡¡Toma ya!!!. Y nosotros como padres ¿somos de sobresaliente?.

 

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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