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Carlos Pajuelo

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¿A qué hora debe volver a casa mi hijo adolescente?

Las horas de llegada de los adolescentes suelen ser motivo de conflicto durante muchos años entre padres e hijos..

Las horas de llegada de los adolescentes suelen ser motivo de conflicto durante muchos años entre padres e hijos.

“Mamá, ¿a las doce?, pero si a esa hora soy la única que se vuelve a casa, todas mis amigas se quedan hasta la una y media. ¿Qué quieres que me venga sóla, por la calle? ¿No es mejor que espere una hora más y así me pueda venir con mis amigas?”.

Esto es curioso pero en un porcentaje importante de casos, la elección de la hora de recogida de un hijo adolescente a casa depende de cómo los padres respondan a esa pregunta. Que por lo general es, mejor que venga acompañada por sus amigas. O sea, que a veces dejamos que nuestros hijos estén en la calle una hora más con el único argumento  “para que no vuelvan solos”.

¿A qué hora se debería recoger un adolescente cuando sale los fines de semana? Menuda preguntita ¿verdad?. Y de respuesta compleja porque son muchos los factores que inciden a la hora de tomar una decisión. Esta pregunta es muy frecuente que me la hagan numerosos padres y madres de adolescentes que cuando sus hijos van entrando en edad de salir con su grupo de amigos se debaten, en la búsqueda de la hora justa, para no pasarse ni quedarse cortos.

Nuestros hijos adolescentes, unos más que otros, tienen ansia de libertad. Unas terribles ganas de ser adultos, ganas de que los consideremos como adultos,  ganas de poder estar con sus amigos sin el control de los  padres. Esta ansiada libertad es lo que les llevan a manifestar durante la adolescencia numerosos conflictos con sus padres y madres a causa del lógico control y supervisión que los padres debemos de establecer con nuestros hijos.

Para nuestros hijos adolescentes estar con sus amigos es lo más y lo mejor, y todo el tiempo del mundo les parece poco. Y los padres de preadolescentes y adolescentes  deberíamos de ir entendiendo que nuestros hijos no son tan mayores como ellos creen pero tampoco tan pequeños como nosotros los vemos. Así que debemos de fomentar su vida grupal, demostrar  interés por su vida grupal y por sus amigos.

Empiece por conocer a los amigos y amigas de sus hijos, invítelos a su casa, así podrá conocerlos y charlar con ellos, pero también es muy importante que contacte con los padres de los amigos de sus hijos, y así podrán también obtener más información para poder establecer el horario más adecuado.

¿Qué criterios deberíamos manejar?, pues yo creo que el primero es el de fijar una hora en función de la edad del hijo. Para fijar la hora lo mejor es que los padres nos pongamos en contacto y determinemos el horario. Una vez determinado, debemos hacer ver a los hijos que deben de ser muy estrictos en el cumplimiento del horario y, por ello, los padres también vamos a ser  estrictos.  Es verdad que cinco minutos más o menos no tienen importancia, pero os recuerdo que los estamos educando  y, concretamente con los horarios de salida, para que sean responsables.

Lo importante del horario de llegada es que les da la posibilidad de aprender a regular su conducta independientemente de sus deseos. Y éste es un aprendizaje a veces largo y conflictivo. Es lógico que nuestros hijos nos vean como irracionales, y nos digan eso de “que más da las 12 que las 12 y media, cosas malas las puedo hacer a las 4 de la tarde”, pero los padres sabemos por qué estamos poniendo esos límites.

Un segundo criterio debería de ser el grado de  responsabilidad de nuestros hijos. A mayor responsabilidad por parte de nuestros hijos, mayor nivel de autonomía que pueden alcanzar.

Con preadolescentes está claro que los padres deben de saber dónde van y con quién. Y que si van a cambiar de lugar debe de consultárselo. De vez en cuando dé una vuelta por el lugar donde está su hijo, así podrá ver qué cosas son las que hacen.

Es necesario el control y supervisión del estado en el que  llegan, pero para eso no hace falta acercarse a ellos, y empezar a aplicarles el tercer grado mientras los olisqueamos cual perro policía. De lo que se trata no es de ver si ha fumado o ha bebido, sino de comprobar el estado en el que llega a casa. Conozco a algún padre que se queda tan tranquilo cuando su hijo le dice “es que me han sentado mal los mejillones”. Nuestros hijos tienen que aprender a desarrollar conductas de autocuidado, y los padres nos debemos de ocupar de que, si ellos no las utilizan, tengan sus consecuencias.

Y por último, dormir fuera de casa para nuestros hijos a veces se convierte en ”el no va más”. Está bien que vayan a dormir fuera a casa de algún amigo o amiga, o que vengan a nuestra casa a dormir, pero siempre que tus hijos se vayan a estudiar o a quedar a dormir en casa de un amigo, llama a los padres del amigo para comprobar si es verdadm para enterarte de si va a haber algún adulto supervisando, y sobre el horario de salida que tienen en esa casa. Os recuerdo que la confianza no está reñida con el control y supervisión.

Y no te quede la duda de que tu hijo siempre te va a decir : “¡soy el que más temprano regresa a casa!”.

Otro día hablamos de madres y padres sentados en un sillon, de madrugada,  esperando a que lleguen sus hijos mientras están pensando todas las cosas malas que les pueden suceder.

La tarea de ejercer de padres

Sobre el autor

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.


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