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Fecha: noviembre, 2013
¿Qué no deben hacer los buenos padres?
Carlos Pajuelo 27-11-2013 | 5:45 | 0

Todos queremos ser buenos padres, y para eso es bueno recordar qué no debemos hacer.

Todos queremos ser buenos padres, y para eso es conveniente recordar qué no debemos hacer.

Todos los padres sabemos que educar es complejo, yque hay muchas circunstancias y factores que influyen en la educación. Aun así, nos centramos en el empeño de hacer bien las cosas para que, de esa manera, nuestros hijos hagan bien las suyas.  Pero este empeño de hacer bien las cosas provoca que nos sintamos amenazados cuando nuestros hijos se empeñan en no seguir nuestras indicaciones y que nos preguntemos, preocupados, ¿qué hago?

En este post de hoy me gustaría que reflexionáramos sobre algunas de las cosas que los padres sabemos que no deberíamos hacer pero que, sin embargo, estamos tentados en multitud de ocasiones a repetirlas:

1.- Fijarnos sólo en las conductas que nos preocupan (que, curiosamente, nos parecen negativas) de nuestros hijos, y no atender a las cosas positivas que hace. Si me fijo sólo en las conductas negativas  de mi hijo, me estaré forjando de él una idea negativa. No te centres sólo en lo negativo. Ten en cuenta también los aspectos positivos de tu hijo y, desde esa perspectiva, podrás construir una imagen más realista de tu hijo. Pero, ojito con los padres que no son capaces de ver nada más que lo bueno de los niños, porque esto es otra forma de equivocarnos.

2.-Dirigirnos a nuestros hijos con enunciados interrogativos (“¿Vas a recoger tu cuarto?”) en vez de hablarles con un estilo directo (“Recoge tu cuarto ahora”). No te puedo asegurar resultados si cambiamos la forma de hablar, pero creo que es mejor darles a los hijos instrucciones directas y claras sobre lo que queremos, que lanzarles preguntas que se pueden quedar sin contestación, y sin acción posterior.

 

3.- Algunas veces los padres, ante comportamientos que nos preocupan de los hijos, nos mostramos de manera un tanto melodramática, y en ese momento  utilizamos la “súplica”. Un ejemplo: “Hijo mío, por lo que más quieras, hazlo por mi”… O esa otra frase famosa:  “Te lo ruego, ¿no ves que nos estás destrozando la vida”?

Y como no discriminamos en mitad del drama, soltamos este tipo de frase igual a uno que ha suspendido tres, o que ha llegado con 20 minutos de retraso, que a un hijo que tiene problemas graves de conducta. Los padres no somos perfectos ya lo hemos repetido en este blog muchas veces, pero te recuerdo que  ir rogando a nuestros hijos,  mina nuestra propia autoestima como padres, y sólo nos conduce a confiar cada vez menos en nuestro rol de padres.

 

4.- Otra vertiente del “momento melodrama” es la versión ‘chantaje afectivo’, culpando a los hijos de nuestro malestar. En estos casos las frases típicas son: Me estás destrozando la vida”, “Con todo lo que yo hago por ti”, “Si me quisieras, no harías eso”, etc.

Está claro que la vida de nuestros hijos nos afecta, pero responsabilizar a los hijos de lo que es nuestra vida es una buena manera de terminar afiliado al club de los desgraciados/as punto com. Nos equivocamos si pensamos que el destino de nuestros hijos está ligado al nuestro.

5.- Después de mucha desesperación, de pronto, en pleno arrebato les decimos a nuestros vástagos:  “Mira hijo, paso, me da igual lo que hagas, tu verás”. El buen padre/buena madre ni es melodramático ni pasota. No se deben ignorar determinadas conductas de los hijos, actuar como si no pasara nada, con un “me importa un bledo lo que hagas”. A los padres nos importan nuestros hijos y se lo hacemos saber. Otra cosa diferente es hacernos los sordos de vez en cuando, que eso ayuda a no soliviantarse.

 

6.- Cuando se educa hay que tener cuidado con la tolerancia. Los padres que son tolerantes son aquellos que saben delimitar perfectamente lo que es intolerable. Las normas en la familia deben de ser pocas, pero “sagradas”. Si las vas cambiando, o no las cumples ni las haces cumplir tus hijos pensarán que “perro ladrador poco mordedor”.

7.- ¿Te has puesto alguna vez como los locos, o como las locas, dando gritos? ¿Lo pasaste bien? ¿Sirvió para algo? Pues toma nota. Perder el control es algo que a los padres nos hace vulnerables. Y por cierto, te recuerdo que todos los padres sabemos cuándo vamos a perder el control, y sólo en ese momento podemos controlarnos.

8.- Cuidado con la boquita: cuando estamos enfadados podemos llegar a decir cosas que salen de nuestra desesperación, y de las que luego nos vamos a estar arrepintiendo. Nuestros hijos están en proceso de construcción, así que es fácil que cometan errores, y muchos. Pero cuidado, porque  hay palabras que construyen, y palabras que pueden herir toda una vida.

9.- Amenazar es una señal de desesperación, así que intenta evitar las amenazas. Cuando se amenaza, parecemos más vengadores que padres educando. No amenaces a tus hijos. Es mucho más efectivo, si incumplen una norma, aplicarles una consecuencia. Las consecuencias no son un castigo, sino el resultado lógico de un comportamiento.

¿Que tal el repaso? Yo, que lo he escrito y que “tengo estudios”, necesito seguir mejorando. Nuestra tarea como padres consiste en ir dando pasos, cada día un poquito mejor. Y nodebemos olvidar que existe una estupenda palabra para cuando nos equivocamos: simplemente di perdón.

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No me gustan los amigos de mi hijo, ¿qué hago?
Carlos Pajuelo 18-11-2013 | 7:58 | 6

Los amigos, uno de los motivos de preocupación de los padres.

Los amigos, uno de los motivos de preocupación de los padres.

No me gustan las amistades de mi hijo, sobre todo uno que fuma y dice palabrotas, y realmente estoy preocupada por la influencia que puedan tener en su comportamiento,” me escribe  Carmen en un correo que me ha enviado,  y me pregunta: ¿Debo prohibirle salir con amigos que considero que son una mala influencia? ¿Le digo lo que pienso sobre sus amigos, o me callo y cruzo los dedos?

Ante las muchas preguntas que me hacen los padres sobre qué hacer con las presuntas malas amistades de sus hijos, yo siempre respondo al estilo gallego con otra pregunta: “¿Le vas a buscar tú los amigos que le convienen?” Ante la imposibilidad de esta medida, lo que tenemos que hacer los padres es intentar que aprendan qué es eso de la amistad, y para eso es necesario dos factores: tener la posibilidad de elegir sus propias amistades, y observar cómo sus  padres valoran y disfrutan de sus amigos.

Educar a los hijos tiene como finalidad enseñarles a gobernar su propia vida, que sean autónomos, que tengan metas, que se valoren para poder dar valor lo que les rodea, y éste es un camino en el que hay riesgos, riesgos que son inevitables porque,  como en todos los aprendizajes, la posibilidad de cometer errores está presente.

Y los padres tampoco debemos olvidar que cuando aparecen las dificultades en la relación con un hijo, tenemos una tendencia a predecir catástrofes respecto a su futuro.

Vimos  en el post anterior, sobre la adolescencia, que una de las características de la esta etapa es la predilección por los amigos.  Los amigos son muy importantes,  tan importantes  que deberíamos tener en cuenta que, nuestro interés por protegerlos, puede generar un conflicto si no actuamos con la cabeza fría.

Escribir un blog tan genérico como es el de Escuela de Padres me lleva a hablar de los casos más frecuentes, más generales y por lo tanto menos extremos. Está claro que si nuestro hijo sale con miembros de una banda callejera o de delincuentes tenemos que hacer todo lo posible por impedirlo. Es  nuestra obligación mientras son menores, y en casos extremos las medidas también han de ser extremas.

¿No te gustan los amigos de tus hijos? A lo mejor estas reflexiones te dan pautas para actuar:

1º) En primer lugar, piensa por un momento en tus propios amigos. ¿Tus hijos tienen la oportunidad de veros disfrutar con vuestro amigos?, ¿tienen la oportunidad de ver cómo os ayudáis en momentos difíciles?, ¿tienen la oportunidad de ver cómo habláis de ellos? Si tienes buenos amigos, y tus hijos ven y sienten el “ambiente” que generan, ya tienes recorrido una parte importante del camino.

2º) En segundo lugar, lo que deberíamos hacer es preguntarnos ¿qué tienen los amigos de nuestros hijos para no gustarnos, para asustarnos?, y responder de manera concreta (por ejemplo, no me gusta que fume,  no me gusta que diga palabrotas, no me gusta su forma de vestir, etc,) y  preguntarnos si no será que lo que nos da miedo es pensar que nuestros hijos se puedan dejar influenciar por dichas conductas.

Los padres tenemos que transmitir con claridad a nuestros hijos lo que consideramos una conducta aceptable y, por supuesto lo que consideramos que son conductas inaceptables. Pero ojo, les hablamos a los hijos de conductas, no de personas.

3ª) En tercer lugar, invita a los amigos de tus hijos a tu casa. Dile a tu hijo que quieres conocer a sus amigos. Así podrás observar en tu casa cémo se maneja ese amigo tanto con tu hijo, como contigo. Y tu hijo lo verá tambien.

4º) En cuarto lugar, nuestros hijos tienen que aprender a distinguir amigos que ejercen influencias positivas de amigos que ejercen influencias negativas. Pero lo tiene que descubrir ellos, no los padres. Cada vez que les decimos no me gusta ese amigo tuyo les estamos diciendo: “hijo no sabes ni buscarte amigos”.

Es mejor decirle “qué suerte tienes” por poder tener un amigo que se preocupa por ti, que te llama para salir, que no te obliga a hacer lo que no quieres, etc. Así nosotros le damos información de lo que un amigo hace, y que nuestro hijo compare con lo que hacen sus amigos.

5º) En quinto lugar, recordar que los factores que más influyen en la formación de relaciones de amistad son la proximidad y la semejanza. Eso quiere decir que a nuestros hijos les gustan los amigos que son parecidos en sus gustos, aficiones, valores, ideas, etc., pero a nuestros hijos adolescentes también les ocurre  eso de  “no hay nada más bello que lo que nunca he tenido” de ahí la tentación que provoca “el lado oscuro”. No desmitifiques a los amigos de tus hijos, ya tendrán ellos tiempo de decidirlo porque ¿tus amigos son perfectos?, ¿eres tu un perfecto amigo?.

Recordar que los amigos son muy valiosos y que el ejemplo vivo que damos los padres con  la manera en que vivimos nuestras relaciones de amistad es una estupenda manera de educar.

Y para terminar os recuerdo que para tener amigos, buenos amigos, lo mejor es no ir haciendo enemigos.

 

El poeta José Martí lo describe en este precioso poema:

Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

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“¿Qué hago con mi hijo adolescente?”
carlospajuelo 10-11-2013 | 7:41 | 6

Muchos padres no saben saben cómo ayudar a sus hijos cuando son adolescentes.

Muchos padres no saben saben cómo ayudar a sus hijos cuando son adolescentes.

Carlos, a mi hijo le pasa algo,  está mal y no sé cómo actuar, estamos desesperados. No le puedo decir nada porque enseguida monta una bronca. Y estamos asustados porque desde luego a este chico le pasa algo en la cabeza.” Esta es una frase recurrente en muchos padres de adolescentes que creen que la explicación del comportamiento de sus hijos se encuentra en que deben sufrir una especie de trastorno del que nadie parece darse cuenta.

Cuando los padres no encontramos una explicación razonable  del porqué de la conducta de nuestros  hijos nos asustamos con la idea del  “están trastornados”.

La palabra adolescencia en nuestra sociedad va asociada a “¡socorro!” y suele tener mala prensa cuando la realidad es que la adolescencia discurre con cierta normalidad en  la mayoría de las personas. Pero si nos fijamos sólo en las conductas conflictivas que se desarrollan en esta etapa es lógico que la consideremos como una edad complicada.

Desde que nacemos estamos adquiriendo habilidades para ser cada vez más autónomos. En la adolescencia sigue ocurriendo lo mismo, seguimos adquiriendo habilidades y destrezas para adaptarnos al  mundo en el que vivimos y este aprendizaje conlleva a veces desarrollar conductas que pueden tener sus riesgos. ¿A caso no aprende un niño a andar corriendo el riesgo de caerse y  darse un golpe en la cabeza? Y por muchas protecciones que pongas en la casa en un instante puede caerse y hacerse daño. El aprendizaje de la vida siempre conlleva riesgos y afrontar esos riesgos es lo que nos permite adaptarnos al mundo en el que vivimos. La adolescencia es un periodo más de aprendizaje, con riesgos, claro que sí, pero para eso educamos, no para evitar los riesgos sino para que aprendan formas de afrontarlos.

¿Pero por qué se comportan  así los adolescentes?

 La primera explicación y la más importante reside en que el cerebro del adolescente empiezan a madurar lo que se denominan funciones ejecutivas (la habilidades cognitivas que permiten la anticipación y el establecimiento de metas, la formación de planes y programas, el inicio de las actividades y operaciones mentales, la autorregulación de las tareas y la habilidad de llevarlas a cabo eficientemente). Aprender a poner en marcha esas funciones puede suponer alteraciones, dificultad, torpeza, porque cuando alguien aprende algo nuevo es normal que cometa fallos. Y en esta época los adolescentes están desarrollando una manera de pensar nueva, compleja que requiere mucho tiempo de aprendizaje. No se nos ocurre decir a un niño de 12 meses que está aprendiendo a andar que es un torpe por que se tambalea y sin embargo a un adolescente le exigimos que “funcione” rápidamente como un adulto.

Este aprendizaje  puede explicar los cambios y variabilidad del comportamiento de nuestros hijos adolescentes que pasan a comportarse en un instante de encantadores y afables criaturas a una especie de “niña del exorcista”, vamos, en pocas palabras, nuestros hijos convertidos en Dr. Jekyll y Mr Hide.

Una segunda explicación proviene del hecho de que los adolescentes prefieren la compañía de sus iguales más que en ninguna otra época de su vida. Los adolescentes descubren que frente a lo de siempre (la familia), está lo novedoso (los amigos), frente al “hijo ten cuidado”, “no hagas eso”, etc. se encuentra el “Carpe Diem”, “la transgresión de la norma”,  los amigos que dan apoyo incondicional a todas horas,  el gustazo por esta novedosa vida social o el “disgustazo” por no tenerla.

En tercer lugar y unido a  la aparición del gusto por los amigos está el placer por las emociones fuertes y por lo tanto la propensión a correr riesgos. Los adolescentes saben distinguir el peligro,  lo que les ocurre, a algunos, es que la recompensa que obtienen por hacer algo “peligroso” en presencia de los demás (la admiración de los amigos) puede más que la prudencia con la que actúa un adulto. Y es verdad que las consecuencias de estos riesgos pueden ser trágicas y esto es lo que nos asusta a los padres.

Por tanto la adquisición de nuevas herramientas cognitivas unido al influyente papel que juegan los amigos junto a la práctica de conductas de riesgo puede hacer que algunos adolescentes  lleguen a comportarse como si fueran en vez de hijos, despiadados enemigos. Os recomiendo la lectura de este ilustrativo artículo “Hermosos Cerebros”  que se publicó en  National Geographic  en 2011 donde diferentes estudios científicos proponen esta visión adaptativa de la adolescencia.

Pero a pesar de todo esto hay padres  y madres a los que sus hijos adolescentes se las hacen pasar  “como las de Caín” y no creo que les consuele mucho pensar que el comportamiento de su hijo tiene una explicación adaptativa y preferirían poder hacer algo para evitarlo. ¿Qué podemos hacer?

Confía en tu capacidad como educador y sigue educando, no te desesperes,  paciencia  y  sin dejar de señalarle  límites claros y precisos dale autonomía progresivamente.  Esta es una estupenda manera de actuar como padres, una buena manera responder frente al desconcierto que nos genera el comportamiento del adolescente. Educa sin miedo y verás como con el paso del tiempo irás viendo como tu hijo adolescente se va convirtiendo en un adulto. Pero recuerda que para comportarse como uno de 40 años hay que esperar a tener 40 años.

(A mis alumnos del Master de  Formación del Profesorado de Secundaria que están en el empeño de conocer a los adolescentes para quererlos (quererlos enseñar y quererlos querer)

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Nos divorciamos: ¿Cómo se lo decimos a los hijos?
Carlos Pajuelo 03-11-2013 | 8:14 | 8

Hay quien canta lo de “Se nos rompió el amor de tanto usarlo” o de usarlo poco, vaya usted a saber, pero es una realidad que en el año 2012 (según el Instituto Nacional de Estadística) en España contrajeron matrimonio 168 mil parejas y se separaron/divorciaron  110.764 parejas.

De estas 110 mil parejas, muchas se encuentran con una tesitura, cómo afectará a los hijos que sus padres se separen.  Espero que estas reflexiones puedan servir de ayuda.

La separación de una pareja, que además tenga hijos, conlleva daños directos (en la mayoría de las separaciones uno deja y otro es dejado y recuerdo que el dejado suele sufrir más que el que deja) y daños colaterales (los hijos de la noche a la mañana se encuentran con un cambio, a veces radical, en el panorama familiar). Solo en la medida que los padres sean conscientes de la existencia de estos daños  se podrán introducir medidas que intenten minimizar su efecto sobre los hijos.

No olvideis , padres y madres,  que los padres nunca se divorcian de sus hijos y por esa razón  el bienestar de los hijos requiere en los momentos difíciles de la generosidad de sus padres. Cuanto más generosos mejor podrán afrontar el proceso de la separación.

¿Cómo ser generosos?

1º.- No utilice una táctica de “hechos consumados” o de mirar para otro lado esperando que pase el tiempo, los hijos se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor  y la falta de información sólo consigue que los hijos hagan interpretaciones erróneas sobre lo que está ocurriendo a su alrededor. Así que anticipe a sus hijos qué ocurre y por qué ocurre.

2º.– En la medida de lo posible deben estar presentes ambos cónyuges para dar esta información.

3º.- No existe una fórmula para decirles a los hijos que sus padres se van a separar y que los hijos no “sufran”. Los hijos pueden sufrir por su propia vivencia de la separación y/o sufrir por los estragos que esta separación genera en su madre o su padre. Así que cuando se habla con los hijos el objetivo no se debe tratar de que no sufran, insisto que en muchos casos es inevitable, sino de asegurarles a los hijos que contarán incondicionalmente con el cariño, el apoyo, la presencia de sus padres. Y luego cumplirlo.

4º.- Dígales la verdad, no maree la perdiz, a los hijos lo que les interesa saber no es la razón por las que sus padres se van a separar que ya tendrán tiempo para entender o no sus razones, dígales con palabras sencillas y directas qué es lo que ocurre: que se va a vivir a otra casa porque no es posible vivir con el cónyuge o que ha conocido a otra persona y quiere irse con ella. No les diga eso de yo quiero mucho a mamá/papá pero… no intente suavizar esta situación porque esto puede generar una falsa expectativa en los hijos.

5º.- Tenga cuidado con lo que “promete”, no les diga que nada va a cambiar si al mes siguiente se van a ver haciendo las maletas cada 15 días trasladándose de casa. En una separación cambian muchas cosas y sobre todo para los hijos.

.- Haga un esfuerzo o un gran esfuerzo, pero ponga a salvo la imagen de su pareja ante sus hijos. No hable mal de su cónyuge (aunque se lo merezca) pues los hijos necesitan para crecer tener una buena imagen de sus padres y el padre que “malmete” tiene más que perder a medio y largo plazo.  Los hijos, más tarde o más temprano se dan cuenta de quién los quiere/cuida/educa y quién no. El tiempo es un juez implacable.

7º.- Permita que sus hijos expresen sus emociones y entienda su rabia, su pena, su ira, su enfado. No olvides que los hijos, sobre todo los más pequeños, tienden a pensar que ellos son responsables de todo lo que ocurre a su alrededor.

Los padres no se divorcian de sus hijos, nunca, nunca, nunca. Podrás abandonarlos, te podrán alejar de ellos pero dentro de nuestros hijos siempre vivirá la imagen de su padre o de su madre.

¿Quieres lo mejor para tus hijos? Pues quiérelos allá donde estés y haz que lo sientan continuamente. Se generoso aunque estés sufriendo, se generoso porque el tiempo pasa veloz y cuando tus hijos sean mayores entonces comprobarás que mereció la pena tu generosidad.

Ánimo.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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