Hoy

img
Fecha: diciembre, 2013
¿Somos los padres unos incompetentes?
Carlos Pajuelo 22-12-2013 | 6:28 | 24

Padre e hijo desayunando juntos.

Padre e hijo desayunando juntos.

A menudo leo en la prensa o por televisión o escucho a amigos, compañeros de trabajo que una buena parte de los problemas que presentan los niños y jóvenes hoy en día es por culpa de los padres que no saben educar.  Esta especie de “mantra”, de tanto repetirla, ha ido calando hasta en los propios padres

Los padres en estos últimos años son los más preocupados y ocupados por la educación de sus hijos, los que más tiempo dedican a educar,  los que disponen de la mayor acceso a la  formación para poder realizar esta tarea de educar y, sin embargo, son los padres que se sienten más insatisfechos por la tarea de educar, y además son los padres más criticados.

¿Son los padres unos incompetentes?, pues en mi opinión esto no es verdad, y en más de treinta años de trabajo con padres y madres, he tenido la oportunidad, casi cotidiana, de hablar con padres y madres que educan, padres y madres entregados a la tarea de educar,  que saben perfectamente qué y cómo educar.

Entonces ¿por qué esta sensación de incompetencia? Pues creo que el problema reside en que los padres nos empeñamos en vincular la tarea de educar con lo que los hijos hacen (resultados) y no con lo que hacemos los padres (educar). De tal manera que, si los hijos lo “hacen bien”, es porque están bien educados; y si “obran mal”, es porque algo hemos hecho mal. Y a esto le añadimos que todos somos unos expertos en educar… a los hijos de los demás.

Hace un año que comencé esta aventura de escribir un blog para padres, un blog que tiene un título engañoso “escuela de padres” porque realmente este blog no es una escuela de padres, sino un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos para motivarnos  con la tarea de ejercer de padres.

Un año en el que hemos compartido nuestro interés, aprecio y ganas por la tarea de educar, por eso recordar que somos competentes.

             Que somos padres competentes educando a nuestros hijos, pero no olvidemos que  nuestros hijos están “en construcción”, están aprendiendo a ser ellos mismos, y cuando uno está aprendiendo es muy fácil equivocarse.

Que sabemos que ejercer de padres conlleva las competencias de hablar, guiar y poner límites, y por ello sabemos que los conflictos con los hijos son inevitables, y no nos dan miedo porque los padres sabemos a dónde queremos llegar.

Que ejercer de padres es una tarea que está rodeada de una importante carga emocional, y mientras educamos, enseñamos también a nuestros hijos a que las emociones están presentes en todas y cada una de las actividades de la vida.

Las emociones no pueden guiar nuestras vidas, las emociones acompañan nuestros actos y por eso cuando educamos hay que tener mucho cuidado para no caer en la tentación de dejarse llevar por las emociones. No somos esclavos de lo que sentimos.

Que somos competentes porque frente a la incertidumbre de lo que puede pasar mañana, está la certeza de lo que hacemos aquí y ahora: educar.  Educamos hoy para que el mañana sea menos incierto.

Que no vivimos en el paraíso ni en el mejor de los mundos posibles, y que educar es también abrir los ojos ante estos peligros y enseñar a los hijos modos de afrontarlos. Enseñar es nuestra tarea, actuar la de nuestros hijos.

Que los padres sabemos que el tiempo discurre muy rápido mientras que  nuestros hijos sienten que va muy despacio. El único tiempo que existe de verdad es el presente así que, eduquemos con la vista en el futuro, pero con acciones en el presente.

Muchas gracias a todos los lectores del HOY.es que este año, con sus mas de cien mil lecturas de los diferentes posts que configuran el blog,  me han demostrado lo que para mí es una certeza: los padres son competentes para educar a sus hijos.

Así que, ánimo un día más, la tarea continúa y no se os olvide la tarea que propuse en el primer post, decir a los hijos te quiero, esa es la poderosa razón por la que educamos y seguimos educando.

¡Feliz Navidad!

 

Ver Post >
Guía para padres desesperados por los suspensos de sus hijos
Carlos Pajuelo 16-12-2013 | 11:30 | 13

No perder la calma es fundamental a la hora de abordar el problema. / HOY

No perder la calma es fundamental a la hora de abordar el problema. / HOY

Cuando los padres leemos el boletín de notas de nuestros hijos por lo general nos encontramos con algo que ya sospechábamos que pasaría. La lectura silenciosa de las notas, si éstas incluyen suspensos, termina con una mezcla de sentimientos de decepción, irritación y temor que no se manifiestan a partes iguales.

La razón de tanta preocupación  reside en que los padres  creemos que las notas son una señal que indica el rumbo que están tomando nuestros hijos. Desde esta óptica, la frase “Mi hijo ha suspendido” viene a ser algo así como “mi hijo está descentrado, mi hijo tiene problemas, como siga así va a terminar siendo un desgraciado”.

Y aquí estamos su madre y su padre, los que más lo quieren,  observando impotentes y asustados el inicio del fin.

Hoy me gustaría hablar del modo en que nuestros hijos “viven” sus suspensos. Así que hoy hablaremos de tipos de “suspendedores”, para que los padres sepamos cómo actuar ante ellos. Me vais a permitir que, aunque el tema es serio, yo lo aborde desde una vertiente menos dramática.

TIPOS DE “SUSPENDEDORES”

1) El suspendedor sobrado que, presentando un boletín de notas con media docena de suspensos, es capaz de mirar a sus irritados padres con cara de incredulidad mientras les dice  con absoluta certeza: “cómo os  ponéis por nada, si las voy a recuperar”.

Este tipo de suspendedor hace un repaso por cada una de las asignaturas suspensas  de tal manera que es capaz de demostrar  que, seis suspensos, realmente son tres.

A la preocupación por los suspensos, entonces se añade una mayor preocupación que se acompaña con una voz interior que te dice: “Madre mía, madre mía, este niño ¡está bobo!”.

 

2) También podemos encontrarnos al “suspendedor calimero”, que se caracteriza por  achacar los suspensos al “me estáis agobiando, me estáis amargando la vida”, o “es que no os dais cuenta de lo mal que estoy”, “qué asco de vida”  y “vosotros sólo os preocupáis por las notas”.

Este tipo de suspendedor provoca en los padres una doble preocupación: al  malestar por los suspensos, se une el agobio por pensar que al hijo le pasa algo, algo que lo hace sentirse desgraciado. Este tipo de suspendedor es capaz de acongojar a sus padres.  Sin embargo, cuando sale con sus amigos los fines de semana, se encuentra la mar de bien.

3) El “suspendedor indignado suele echar la culpa de sus suspensos a características del Sistema Educativo, a los profesores, al centro escolar, etc. Con frases del tipo “de nada sirve que me esfuerce porque  “me tienen manía”, “las clases son aburridas”, “el sistema educativo que tenemos, si viviéramos en Finlandia seguro que aprobaba” (sic), o el socorrido “han suspendido a casi toda la clase”, y además te dice, “yo, más, no puedo hacer”.

4) El suspendedor realista suele aceptar que la causa de los suspensos reside en que no ha estudiado lo suficiente. Este es el tipo de suspendedor que mejor puede comenzar a introducir modificaciones en su conducta con la finalidad de mejorar su rendimiento.

5) El suspendedor lastimero”, es aquel que suspende y va pregonando como un “quejío” a diestro y siniestro frases del tipo  “no sirvo para nada”, “soy un fracasado”, “os he decepcionado”,  y otras frases para acuchillar su autoestima.  Los padres de este suspendedor terminan consolando al hijo.

Además de estos suspendedores podemos encontrar una serie de “supendedores mixtos”, mezclas entre los diferentes tipos de suspendedor.

¿Y QUÉ HACEMOS LOS PADRES?

Los hijos suspenden en un porcentaje elevadísimo por la siguiente razón: NO ESTUDIAN (LO SUFICIENTE), y si sus hijos son capaces de admitirlo, entonces están dando pasos en la buena dirección, porque los hijos que ignoran la causa de sus suspensos tienen muchas posibilidades de volver a suspender.

En un post pasado ofrecía un decálogo con  orientaciones sobre cómo actuar los padres ante los suspensos. Un repasito no vendría mal.

Brevemente:

) Mantener la calma. Si las notas son muy malas o malas o regulares, y ves que te vas a enfadar cuando le digas lo que estás pensando, lo mejor es que te controles y le digas a tu hijo: “más tarde hablamos”.

2) No dramatizar. Hay padres que ante los suspensos de los hijos adoptan una actitud depresiva. “Hijo me estás matando”, le soltó un padre a uno de 17 años que había suspendido 6 asignaturas de 2º bachillerato. Si los suspensos nos matasen de verdad ¡anda que no iban a estudiar los niños! Cuando los hijos suspenden, necesitan padres animados a seguir la lucha.

3) Una vez tranquilos, preguntar a los hijos por qué creen que has obtenido esas notas. La respuesta, sí o sí, tiene que incorporar con absoluta claridad el mensaje “porque no he estudiado nada o lo suficiente”.

4) Tampoco debemos olvidar que los suspensos tienen unas consecuencias (que es una palabra más apropiada que castigo). Estudiar es su responsabilidad y, si no asumen su responsabilidad, algo van a dejar de obtener, algo van a perder.

5) Si nos dicen que lo que quieren hacer es dejar de estudiar os recuerdo que, desde bien pequeños, nuestros hijos tienen que tener claro que el tema de los estudios no es negociable, y que concluirá cuando alcance un determinado título.

6) Confeccionar junto a ellos un plan de trabajo. Que sea realista en cuanto al número de horas, y que permita a los hijos obtener algún privilegio si lo cumplen.

7) Tenemos que seguir ayudándolos a que desarrollen más motivación e interés por el estudio. La motivación de los hijos no está en nuestras manos, pero recordemos que la podemos estimular, y aprovechemos también el tiempo de vacaciones para seguir haciéndolo.

No es mi intención tomarme a “chanza” el tema de los suspensos. Simplemente intento hacer ver a los padres que, ante los suspensos, las respuestas trágico-drásticas no son eficientes y sí lo son aquellas que van acompañadas de calma, seguridad, decisión y confianza.

Para saber más: Cómo sobrevivir a los suspensos de tus hijos

 

Ver Post >
Cómo hablar de la muerte con los hijos
Carlos Pajuelo 10-12-2013 | 1:30 | 0

Una niña llora por la muerte de su hermano. / Ali Ali

Una niña llora por la muerte de su hermano. / Ali Ali

No me despedí de mi hermano, me quedé en mi cuarto jugando a la video consola y no le dije nada. Esa noche mi hermano se mató en un accidente de coche y yo no me despedí de él”. Este pensamiento y esta sensación amarga están presentes en la vida cotidiana de Manuel, un adolescente que perdió a su hermano cuando él tenía 10 años.  Un pensamiento alrededor del que ha generado una tremenda rabia contra el mundo que le rodea y contra él mismo. Un pensamiento que ha mantenido dentro de él, y allí dentro se ha hecho, a través de la culpa, la ira y la desesperación, poderoso y destructor.

Hablar de la muerte se ha convertido en nuestra sociedad actual en un tabú. La muerte hasta no hace mucho tiempo era algo que ocurría en el domicilio familiar y, sin embargo, en la actualidad es un tema sobre el que pasamos de puntillas y que raramente se aborda. Pero de lo que no hablamos, no podemos educar.

La muerte es una certeza que tiende a sorprendernos, pero sobre todo la muerte es un hecho al que nos vamos a tener que enfrentar, más tarde o más temprano,  a lo largo de nuestra vida.

La muerte de un ser querido puede generar, tanto en adultos como en niños y adolescentes, reacciones fuertes a nivel emocional, físico y espiritual. Reacciones que son normales ante la pérdida de un ser querido, pero que pueden generar importantes problemas en niños y adolescentes si no pueden identificar por qué se sienten así, si no pueden entender la lógica de sus reacciones.

¿No crees que deberíamos hablar de la muerte con nuestros hijos para poder tener información de lo que saben, de lo que no saben, de sus ideas equivocadas, de sus temores?   Es verdad que los desgarros de la muerte no se remiendan sólo hablando, pero si no hablamos con nuestros hijos, ¿cómo vamos a poder educarlos para enseñarlos a afrontar esta difícil situación?

Cómo hablar de la muerte con los hijos:

 1.- A lo largo de la vida hay muchas ocasiones en las que podemos hablar de la muerte de una manera natural, ya sea por una planta que se seca, una mascota que se muere,  o  también por la muerte de personajes públicos o alguna persona conocida puede servirnos de ayuda para introducir el tema, y así saber qué es lo que piensan acerca de la muerte.

2.- No ocultar la información y menos aún nuestros sentimientos. La muerte es un hecho natural, doloroso pero natural. Si los padres actuamos con temor, con miedo, eso es lo que transmitimos a nuestros hijos.

3.- Si los hijos son pequeños hay que hablarles con mensajes claros y cortos. La mejor manera de responder a la pregunta de un niño sobre qué pasa cuando uno se muere es incluir en la respuesta la desaparición de funciones vitales: “cuando uno se muere no habla, no piensa, no come, no siente, no respira…” y, a partir de ahí, estar atento a si hace más preguntas o, por el contrario, con esa información tiene suficiente por el momento.

Hay que tener cuidado para no explicar la muerte a los niños pequeños como algo asociado al descanso eterno,  el sueño, o a estar dormido. Algunos niños pueden temer irse a dormir, o a descansar si creen que eso es lo que hacen las personas que se mueren.

Cuidado también con información en la que se asocia la muerte a un viaje. Decir se “marchó” puede ser interpretada por los niños pequeños como un abandono. ‘Se marchó’ puede significar para ellos que el fallecido está en otro sitio, y que  no quiere venir aquí.

Igualmente hay que tener cuidado de no explicar la muerte en términos de “estaba enfermo” ni “era muy mayor”, porque los niños enferman, y para ellos los adultos somos todos mayores.

4.Los niños son unos magníficos observadores y “leen” nuestro comportamiento: nuestra seguridad al hablar del tema les da confianza, mientras que nuestras inseguridades les asustan. Si perciben que expresamos correctamente nuestras emociones ellos aprenderán a expresar con corrección sus emociones. Y llorar, estar triste, sentir pena son emociones que necesitan poder expresarse con naturalidad.

5.– En muchos casos los niños y adolescentes tienden a no hablar respecto a cómo se sienten porque temen poner tristes a sus padres, y los padres no hablan para evitar poner tistes a sus hijos. Y así cerramos la posibilidad de expresar nuestras emociones.

6.– Con niños más mayores y adolescentes, el tema de la muerte hay que abordarlo de manera más directa. En algunos casos, cuando se tiene información, como en el caso de enfermedades o accidentes muy graves, hay que hablar anticipando lo que va a ocurrir. En otros casos, debemos comunicarnos utilizando como ejemplo muertes que suceden a nuestro alrededor.

7.– La muerte de un ser querido puede ir acompañada de unos importantes sentimientos de culpa, de ira, de rabia. Y estas emociones machacan mucho. Por eso es necesario que los hijos sepan con certeza que ellos no tienen la culpa. Que sepan que es normal sentir rabia, que es normal sentirse enfadado con el mundo entero. Para eso hay que darles información real porque, si les falta información, entonces se pierden en un laberinto de emociones negativas que no les ayuda a afrontar la realidad.

8.– Todo esta información debe de estar “aderezada” con los valores que se transmiten en tu familia (religiosos, éticos, etc.). Los valores son un estupendo soporte para afrontar tanto las alegrías como las adversidades que la vida nos depara.

9.– Y por último, una herramienta fundamental a enseñar: El recuerdo. Cuando se muere un ser querido, lo único y más valioso que nos queda es el recuerdo. Recordar es la mejor pomada para aliviar el sufrimiento. Pero para ellos hay que aprender a recordar, recordar sin idealizar, recordar sin culpabilizar, recordar lo que se ha vivido junto a las personas que ya no están: hacer del recuerdo una herramienta de alivio, y no  de sufrimiento.

Enseña a tus hijos a recordar. Sienta a tus hijos a tu alrededor y, de vez en cuando, coge un álbum de fotos o videos y diles “vamos a jugar a recordar”. Y siembra en ellos el disfrute del recuerdo viendo los álbumes de fotos y los vídeos que están llenos de nuestros momentos felices y así, un día cuando falte alguno de nuestros seres queridos, será de más ayuda recordar lo que tuvimos, lo que vivimos, más que añorar lo que nunca existirá.

 

Para saber más:  una estupenda y detallada guía sobre cómo hablar de la muerte con los niños de la Fundación Mario Losantos del Campo

Ver Post >
Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

Otros Blogs de Autor