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Fecha: enero, 2014
Qué hacer cuando nuestros hijos tienen miedo
Carlos Pajuelo 29-01-2014 | 8:29 | 2

Un niño siente miedo viendo un programa de televisión.

Un niño siente miedo viendo un programa de televisión.

Irene me envía un correo en el que me dice que su  hijo de 5 años es muy miedoso hasta tal punto que ni por la casa quiere andar solo, hay que acompañarlo al baño, no se queda nunca sólo en su habitación vamos que no me deja ni a sol ni a sombra. ¿Alguna recomendación?

Los miedos  tienen una función adaptativa de ayuda a la supervivencia  que nos permite responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. Los miedos desde esta perspectiva son beneficiosos.

Sentir miedo es normal en la infancia, en la adolescencia, en todas las edades de la vida. Así mientras los niños pueden tener miedo a desplazarse solos por la casa (miedo a la oscuridad)  sus padres pueden tener miedo a la “prima de riesgo”, (miedo a un futuro incierto) y ambos miedos afectan a nuestra conducta, a nuestras emociones y a nuestros pensamientos.

A pesar de que los miedos puedan comenzar siendo normales algunas veces convierten a nuestros hijos en lo que yo llamo “niños pegatina”, os dejo unas reflexiones respecto a

Qué hacer ante el miedo de los hijos:

No se enfade porque su hijo o hija es “miedoso” (es muy probable que su padre o su madre también lo sean) llamarlos gallinas o lloricas no ayuda, entienda que es normal tener miedo y desde esa postura vamos a ayudarles a que los afronten.

Muéstrate sereno y confiado cuando tu hijo esté más asustado y así le ayudarás a que se serene mucho más que si te descontrolas. Hay padres que se ponen a buscar debajo de la cama, abren los armarios mientras les dicen algo descontrolados a los hijos ¡ves que no hay nadie! y el hijo mientras está pensando ¿entonces para qué andas buscando?

Asustar, meter miedo es una manera de controlar a los demás… come o te llevará ese señor le dijo el otro día una madre a un niño mientras le daba de comer y el niño empezó a comer sin quitarme el ojo de encima. Asustar tiene efectos inmediatos pero genera personas asustadizas a las que se les hace creer que el mundo en el que viven está lleno de peligros. Y esos miedos normales pueden convertirse en miedos irracionales que nos paralizan que se adueñan de nosotros y no nos permiten hacer una vida autónoma.

Vaya progresivamente retirando la ayuda a su hijo con miedo, por ejemplo si quiere que le acompañe al baño porque tiene miedo, no le diga que eso son tonterías es mejor que le pregunte por qué no quieres ir sólo. Y si te responde me da miedo, pregúntele ¿qué te da miedo? Y si dice no sé, tu le vuelves a preguntar a qué tiene miedo y si dice a que haya alguien o algo… tu le respondes “¿alguien?” y con seguridad le dices “no, no tengas miedo no hay nadie”. “Vamos, yo te acompaño” y lo acompañas hasta el baño.

La siguiente vez lo mismo pero hasta la puerta y así cada vez un poco más lejos. De lo que se trata es de que como padre sepas que si tu hijo cree que puede haber alguien entre la oscuridad pues es normal asustarse pero que de lo que se está asustando es de algo que no es real. Esto vale para acompañarlos al colegio (os recuerdo que no es necesario meterlos hasta dentro de la clase), para dejarlos en casa sólos, para cuando salen con sus amigos.

Sea comedido utilizando con los hijos eso de “ten cuidado”, el uso continuo de los “ten cuidado” hace que se dé igual importancia a cosas poco importantes con cosas que sí son peligrosas. Cuando los hijos son pequeños lo que hay que hacer es controlarlos continuamente, ya sé que eso exige tiempo y dedicación pero a un niño pequeño no se le puede controlar solo diciéndole, cuidado con eso, eso no, peligro, caca. No le ayuda y además sólo sirve para que se haga una idea del mundo que le rodea como un lugar peligroso.

Los padres miedosos tienen que ayudar a sus hijos a que sean autónomos en ciertas conductas que les ayudarán a superar sus miedos. No podemos llevar a nuestros hijos al colegio y meterlos casi en la clase, según la edad del niño vaya dándole espacio, acompáñelo pero progresivamente deje que vaya sólo algún tramo. Enséñele a respetar normas de seguridad vial básicas y a no hablar con extraños (pero sin decirle, te cogen, te llevan, te matan). Nuestros hijos necesitan oportunidades para poder sentirse autónomos, confiados y valiosos.  Recordad que son nuestros miedos los miedos que los hijos aprenden.

Por último, recordar que “el coco” no existe hasta que nosotros se lo presentamos a nuestros hijos. Por cierto, igual que la “prima-de-riesgo”,  fíjense la de cosas que hemos aceptado a costa del miedo a esta prima.

Os dejo un enlace de un antiguo post sobre miedos nocturnos.

Una persona con miedo no es cobarde, un cobarde es el que se refugia en sus miedos para no asumir el riesgo de vivir. Así que  ¡a vivir, educando, que son dos días!

 

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Adolescentes enamorados: ¿qué hacemos los padres?
Carlos Pajuelo 20-01-2014 | 8:05 | 4

El primer amor de nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles cómo debe ser una relación basada en el respeto y la libertad.

El primer amor de nuestros hijos es una buena oportunidad para enseñarles cómo debe ser una relación basada en el respeto y la libertad.

El otro día me escribía un correo la madre de Lucía, una chica que cursa segundo de Educación Secundaria, y me dice “Lucia ha sido siempre una chica muy abierta, simpática, alegre, buena estudiante. Pero desde hace un par de meses comenzó a mostrarse triste, introvertida, callada, muy irritable y  lo peor,  ha suspendido cinco asignaturas en la última evaluación.  Es obvio que algo le pasa,  yo intento hablar con ella y se cierra en banda y me dice que la deje que no me meta en su vida. En vista de lo rara que estaba llamé a una de sus amigas para que me contara si se había enfadado con ellas y me dejó de piedra cuando me soltó,  es que la ha dejado su novio, cómo quieres que esté. Mi primera reacción fue la de ir  a hablar con ella y decirle que eso son tonterías, que no tiene edad y que lo que tiene que hacer es centrarse en los estudios, pero la verdad es que la veo tan triste que no sé cuál será la mejor manera de ayudarla”.

Pues sí, esto que le ocurre a Lucia es algo que les suele ocurrir a muchos adolescentes y es que,  si no fuera suficiente con comportarse como adolescentes, algunos van y se enamoran, y se desenamoran y vuelven a enamorarse y sufren y se sienten inmensos y luego insignificantes… como si fueran en una montaña rusa. Y cuando los niños se enamoran, ¿qué podemos hacer los padres?

  • El enamoramiento de un adolescente es para ellos un hecho muy importante y muy significativo en su vida (¿a que recuerdas aún el nombre de tu primer amor?). Algunos padres se asustan cuando sus hijos adolescentes se enamoran y fruto de ese miedo tienden a minusvalorar los sentimientos de los hijos diciéndoles “eso es una tontería”, “qué vas tú a saber lo que es estar enamorado”.
  • Hazle ver que eso que siente es estupendo, que es algo hermoso que nos ocurre, aprovecha para hacerle ver que también es normal sentir dudas o temor por si la otra persona nos acepta o no. Y ya puestos,  no estaría mal que  le contaras  cómo os sentisteis  vosotros  cuando os enamorasteis por primera vez.
  • Enamorarse por primera vez es una buena oportunidad de enseñar y aprender lo bien que conjuga el amor con el respeto.  Sin respeto, no hay amor. Enseñarles también que  querer es un acto de libertad y la libertad no se impone, se ejerce. Enseñarles que para demostrar amor no hay que hacer nada que uno no quiera hacer.
  • Aprovecha esta situación también para hablarle lo que crees que es un comportamiento  adecuado, y lo que crees que es inadecuado  en su incipiente relación. Y háblale claro, no recurras a parábolas como la de “hija, ten cuidado  no te vayan a echar algo en la coca-cola” cuando tu preocupación realmente es otra. La educación afectivo-sexual de los hijos requiere que los padres les hablemos claro respecto a lo que ocurre o puede ocurrir cuando uno cree que está enamorado. No se trata de negar lo que nuestros hijos sienten, sino orientarlos respecto a la necesidad de responsabilizarse de sus decisiones, de sus acciones.
  • Los padres tenemos el deber de controlar y supervisar a nuestros hijos y los límites deben girar alrededor de los valores de cada familia. Son los valores que tú quieres inculcar a los hijos, y no el miedo lo que nos ayuda a marcar los límites respecto a lo que consideramos adecuado o no.
  • A los padres por lo general nos parece que nuestros adolescentes son demasiado jóvenes para enamorarse, pero no se lo digas porque pueden sentir que los consideras incapaces,  no apoyados, y puede que entonces no te quieran seguir contando nada.  Lo mejor es que le digas que es muy joven para salir en pareja, que es mejor que salgan con su pandilla, etc.
  • Conoce al “amorcito” de tu adolescente para que tengas información sobre cómo es y si no te gusta intenta no decirle “no me gusta nada”. Tampoco tienes que mentirle pero nada de ponerle motes y hacer mofas a costa del peinado, la vestimenta etc. Nuestros hijos tienen capacidad para darse cuenta de cómo son las personas con las que se relacionan y a veces hay que equivocarse para aprender.
  • Los amores, en todas las edades, pueden ser dolorosos. Ver sufrir a nuestros hijos por “culpa de un papanatas” a veces es duro, y no lo podemos evitar. Cuando los hijos sufren sólo necesitan nuestro apoyo.

¿Tu hijo adolescente se ha enamorado? Pues eso lo que significa es que tu niño o niña ya va dejándolo de ser. Sin miedo.

Otro artículo mio sobre este tema:  Adolescentes enamorados, madres y padres preocupados.

 

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Los mejores Reyes: jugar más con los hijos
Carlos Pajuelo 03-01-2014 | 4:59 | 4

Para los niños es más importante que sus padres jueguen con ellos que los regalos.

Para los niños es más importante que sus padres jueguen con ellos que los regalos.

A la hora de elegir un juguete adecuado para nuestros hijos, sobrinos, nietos, etc., parece que ponemos en marcha diferentes estrategias. La primera responde a la sencilla pregunta de ¿cuánto te vas a gastar? Y una vez decidida la cantidad, el mejor regalo es el que se aproxime a la cifra.

Otra estrategia mucho más elaborada es el de la búsqueda del  juguete perfecto, aquel que entretenga, llame la atención del niño, sea educativo y divertido  a la vez y  que permita desarrollar los mejores valores. Buscando este juguete,  los padres terminamos diciendo eso de “en mis tiempos con cualquier cosa nos entreteníamos”, y embebidos por el aroma Heno de Pravia añoramos lo de ¡un palooooo! Nostalgias aparte, os recuerdo que, hoy en día, un palo no cumpliría todas las directivas de juguetes seguros de la Unión Europea, por lo que habrá que buscar algo más acorde a los tiempos en los que vivimos.

Otra estrategia es preguntar en google (que lo sabe todo) ¿Qué regalar a niños y niñas que tienen de todo? Pero corremos el peligro de que nos salgan miles de páginas con miles de juguetes.

Nuestros hijos están, como los estamos los padres, inmersos en un mundo donde la publicidad ejerce una fuerte influencia, y al grito de ¡me lo pido! hemos ido configurando una lista de cosas que regalar a los hijos. Un trámite que, este año, volveremos a  repetir aunque nos juremos que no vamos a comprar tantas cosas.

No pretendo crear problemas de conciencia a los padres que tienen ya escondidos sus juguetes, padres que estamos muy ilusionados por la ilusión de nuestros hijos, pero estaría bien recordar algunos consejos para elegir los mejores Reyes para nuestros hijos:

1.- Que los juguetes son una estupenda manera para pasar tiempo con nuestros hijos. Menos juguetes y más tiempo con los hijos es una buena ecuación. Pero no te abrumes por la falta de tiempo: el tiempo de jugar es más cuestión de calidad que de cantidad. Estar disponible para los hijos conlleva el que, alguna vez, dejemos lo que tenemos entre manos para ponernos a jugar con ellos si nos lo piden.

2.- Que el amor, el cariño no está en relación con el coste y cantidad de regalos. El cariño se siente,  no se compra, y lo sentimos porque notamos que los que nos quieren están disponibles. Aunque los niños a veces se comporten de manera más que interesada,  esto es pan para hoy y hambre para mañana, porque con el paso del tiempo los hijos valoran el cariño, la atención, y no lo que te gastaste en ellos.

3.- Que los juguetes sirven para entretener, para divertir y cada persona sabe qué le entretiene y nuestros hijos también. (Por eso para algunos niños leer es un gran juego).

4.- Que cuando uno tiene más de lo que necesita  (mira el cuarto de tu hijo, ¿anda bien surtido?) no sabe qué pedir. En ese momento es bueno aprender a compartir. Pero no esperes a que salga del niño, hazlo tú, enséñale a compartir, enséñale a prescindir de algo prescindible, a ser generoso. El precio de un juguete puede convertirse en vacunas, alimentos o juguetes para niños que de verdad carecen de lo más básico.

5.- Disfruta de la ilusión de tu hijo, pero con los ojos abiertos. Hay padres que, como sus recuerdos de la noche de Reyes están cargados de decepción, parece que quieren compensarlo ofreciendo a sus hijos la noche que ellos nunca tuvieron.

Así que, si tus hijos te invitan a jugar, juega con ellos pero ponte a su disposición, no les organices cómo jugar. Y sobre todo disfruta, los hijos crecen rápido y algunos momentos de juego sólo se pueden vivir en unos determinados años.

Feliz año 2014 amigas y amigos lectores. Este blog sigue disponible para todos vosotros.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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