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Fecha: febrero, 2014
Qué prometer a los hijos sin gastar un euro
Carlos Pajuelo 24-02-2014 | 11:55 | 13

Laura, a sus padres:

Te prometo, hijo,  que siempre te voy a querer pero no te creas que eso significa que siempre te voy a dar la razón.

Te prometo, hijo, que siempre estaré a tu lado, que siempre podrás contar conmigo y siempre te alentaré, pero nunca olvides que tú serás el responsable de tu vida.

Te prometo, hijo, que siempre voy a respetar tus creencias, ideas, pensamientos y valores  porque anhelo que tú, al igual que yo, encuentres en las creencias, ideas, pensamientos y valores  el faro que ilumina el camino de la vida a sabiendas de que es un camino con innumerables atajos.

Te prometo que nunca te echaré en cara las lágrimas que vierta por ti.

Te prometo que, en esta vida tan efímera, en todosy cada uno de los días del calendario encontraré una razón para no perder mi confianza en ti.

Te prometo, hijo, que no me empeñaré en hacer de ti “mi ilusión”, pero te acompañaré en todo lo que tú quieras ser.

Te prometo que siempre tendrás mi mano tendida para que te aferres a ella cuando más lo necesites.

Y si un día sientes  que flaqueo en alguna de mis promesas, no te decepciones, solo  recuérdame todo lo que te quiero.

(Para Laura, que vino al mundo para darnos la oportunidad de hacernos mejores personas, y así hacer un mundo mejor.)

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Para educar hay que confiar
Carlos Pajuelo 17-02-2014 | 7:38 | 0

Para confiar, hay que mantener los ojos abiertos.

Para confiar, hay que mantener los ojos abiertos.

El problema que tengo es que no puedo confiar en mi hijo. He perdido la confianza en él y  mira que le he dado oportunidades, pero nada, una vez tras otra vuelve a fallar, a cometer los mismos errores. Y yo ya no se qué hacer porque lo de este chico no es normal, no tiene solución.  Discuto con mi mujer porque ella enseguida se hace ilusiones de que cambia para bien, y no se da cuenta de que lo que hace es engañarnos y engañarse. Estoy desesperado.” Esto es  parte del correo que me envió José Luis, pero estoy seguro que esto mismo lo pueden estar pensando en este momento algunos de mis lectores.

Si existe una herramienta necesaria para ejercer la tarea de educar esta es la confianza. Una herramienta tan necesaria como “delicada”, porque la confianza es fácil de perder y, una vez que se pierde, cuesta trabajo volver a encontrarla.

Para poder dar confianza a los hijos hay que tener confianza en los hijos. Tener y dar la  esperanza de que puedan conseguir  lo que desean y para ello hay que creer que los hijos han desarrollado o pueden desarrollar las competencias necesarias.  Confiar como herramienta educativa consiste en creer que nuestros hijos podrán gestionar su vida porque han aprendido todo lo que les hemos enseñado para ello.

¿Cómo confiar en los hijos?

Con los ojos abiertos. Los padres debemos de confiar pero no deberíamos “chuparnos el dedo”. No se trata de decir: “¿Mi hijo?, Mi hijo eso no lo hace”. Confiar no es esperar que nuestro hijo siempre se va a comportar como nosotros creemos que debe de comportarse.

Confiar a no es un acto de fe ciega en los demás, sino la simple constatación de que tenemos seguridad en nuestra manera de actuar/educar. Y muchos padres se preguntarán, pero ¿cómo voy a confiar en este insensato de hijo que tengo?  Y yo te contesto con un ejemplo: si tu hijo perdiera sangre, le pondrías una transfusión. No dirías pero ¡para qué le voy a poner sangre a este insensato si la va a volver a perder!  Pues la confianza es como la sangre,  necesaria para poder vivir.

Mientras educamos siempre es posible que nuestros hijos se equivoquen. La confianza reside en que cuando nuestros hijos se equivocan, aparte de aplicarles las consecuencias, les animamos a que se pregunten qué podrían haber hecho para evitar esa caída, y les hacemos ver que confiamos en que ellos sabrán buscar la respuesta apropiada la próxima vez. Y la siguiente. Y otra más. Y más. Los padres no nos podemos permitir el lujo de tirar la toalla.

Transmitiendo esperanza. Esperanza en que las dificultades que nuestros hijos puedan experimentar en su desarrollo no tienen su origen en que ellos no saben o en que son incompetentes,  sino en que equivocaron la elección. Esperanza significa que, al caerse, no se van a quedar en el suelo, sino que caerse es una importante razón para volver a levantarse.

Los padres que confían en lo que hacen trasmiten confianza. Muchos padres que educan a sus hijos estupendamente no tienen la confianza suficiente en lo que están haciendo, y por eso entran en un estado de desánimo.  Son ustedes unos padres competentes, se lo digo yo que de esto entiendo algo, y sí , claro que hay padres con “el papo mu gordo”, pero la mayoría de los padres están por la tarea de educar, y por eso leen este blog.

Los padres competentes también tienen hijos que, a veces, o por temporadas, se comportan como unos verdaderos “modorros”. Y cuando nuestros hijos modorrean es cuando más necesitan que los padres no perdamos la confianza (Robert Louis Stevenson  pone en boca del Dr. Henry Jekyll la frase “Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite”), así que confía en ti, en tu pareja, en tu familia, en tus amigos, en los maestros  y sobre todo en tus hijos.

¿Por qué es necesario  confiar?

 Hodding Carter, periodista y padre escribió:  “Sólo dos legados duraderos podemos dejar a nuestros hijos: uno, raíces; otro, alas”. Las raíces profundas son todas y cada una de las cosas que enseñamos a nuestros hijos mientras les educamos, y las alas son la confianza en que nuestros hijos, que conocen esas enseñanzas, harán uso de ellas.

La confianza en los hijos es una ayuda fundamental para el desarrollo de su autoestima. Qué tipo de autoestima podrá configurar un niño o un adolescente que sólo recibe información negativa sobre lo que él es (y no sobre lo que él hace).  Confiar da alas. Pero recuerda que, al comenzar a volar, es fácil cometer errores.

Ah! y que no se te olvide, creer y confiar en los hijos no está reñido con el control y la supervisión porque para aprender a volar hace falta una mano suave y  firme por si llegan las turbulencias.

¡Orgullo y confianza!

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Padres orgullosos, hijos más felices
Carlos Pajuelo 12-02-2014 | 7:21 | 2

Los hijos de padres que les reconocen el orgullo de ser sus padres son más felices.

Los hijos de padres que les reconocen el orgullo de ser sus padres son más felices.

“A mi hijo lo perdieron las drogas, a mi me da muchísima pena ver en lo que se ha convertido, pero yo no pierdo la oportunidad de decirle: hijo, me siento orgullosa de ti y, cuando le digo eso, llora como un crío desvalido.” Esto me decía María, una abuela que tiene en acogimiento a sus nietos porque a su hijo le han retirado su tutela.

María, una mujer “sin estudios”, que anda aún buscando qué no supo hacer para ayudar a su hijo, tiene claro que su hijo“es un desgraciado, pero yo siempre le hablo de las cosas buenas que hace o que ha hecho por las  que estoy orgullosa de él: ha intentado desengancharse, cuando está bien es muy cariñoso, es muy manitas, y me arregla cualquier desperfecto en la casa, etc.. Yo quiero estar orgullosa de él porque creo que, mientras yo no arroje la toalla, él podrá hacer algo para salir de la droga.”

María, una sabia mujer sin pisar la escuela,  me abrió los ojos, y me hizo ver que yo estoy orgulloso de mis hijos que, por cierto, no son perfectos, y han salido a su padre. Estoy orgulloso de mis hijos aunque aún no han encontrado trabajo, aunque, a veces,  suspenden porque no estudian lo suficiente.

Estoy orgulloso de mis hijos aunque no son los primeros de su promoción, orgulloso de mis hijos aunque piensan y se comportan de manera diferente a mí. Orgulloso de mis hijos aunque sus motivaciones e intereses no sean ni mis motivaciones ni mis intereses. Orgullos de mis hijos porque son mis hijos. Orgulloso de la manera que han elegido para vivir.

Y cuando tengo la oportunidad lo digo en voz alta a quién lo quiera escuchar. Pero sobre todo, me lo digo a mí mismo para que, en los momentos de debilidad, no se me olvide. Cuando los padres estamos abrumados por las conductas de nuestros hijos es cuando más necesitamos transmitir ese orgullo. Recordar las cosas que nos enorgullecen de nuestros hijos para no fijarnos sólo en las que nos asustan.

La vida discurre veloz, y nuestros hijos van creciendo sin parar y, a menudo estamos  esperando expectantes  sus logros, sus conquistas, sus triunfos como gran colofón a nuestra tarea educadora, y así van pasando los días y, por lo tanto, vamos perdiendo la oportunidad de decir “hijo estoy orgulloso de ti”. Pasan los días y nuestros hijos no nos oyen decir “estoy orgulloso de ti”. Es más, a veces lo que nos oyen decir es  “qué orgullosos tienen que estar los padres de otros.”

La vida de nuestros hijos será lo que nuestros hijos estén dispuestos a construir, es verdad que algunos pueden hacer  de su vida algo que a nosotros nos puede causar dolor. Les podría hablar de algunos padres, magníficos padres, como María y como otros  que han experimentado la amargura de comprobar cómo sus hijos, sus amados hijos, truncaron sus vidas y, ahora que son abuelos, tienen que hacer de padres de sus nietos. Abuelos que tienen acogidos a sus nietos y siguen, a pesar de los reveses de la vida, educando.

Es verdad, a veces no nos sentimos orgullosos por algunas de las cosas que nuestros hijos hacen, pero sí nos sentimos orgullosos de otras cosas, y sobre todo, nos sentimos orgullosos de  ellos porque son nuestros hijos, que comparten nuestras virtudes y nuestros defectos. Nuestros hijos que, a veces, se equivocan, y hay equivocaciones que marcan toda una vida.

Pero los queremos, los queremos por ser nuestros hijos, y sentirse orgulloso de los hijos y decírselo es una manera de hacerles ver y sentir que, cuando más perdidos puedan estar, sus padres sienten orgullo.  Orgullo frente a la desazón, la desesperanza. Sentir orgullo es una manera de amar generosamente sin esperar nada a cambio.

Sentir orgullo es una forma de hacerles ver que saben hacer cosas, que son competentes,  que no son un fracaso andante. Sentir orgullo es ofrecerles un lugar donde agarrarse fuerte cuando la vida zozobra.

Cuando están más perdidos, más fuerte hay que gritarles que estamos orgullosos de ellos. A los náufragos se les echa un cabo, un salvavidas una y otra vez, no se les deja a su suerte.

Decir lo que se siente, sentirse orgulloso de los hijos, esforzarse en sentir orgullo es una buena manera de ayudar a nuestros hijos cuando más nos necesitan.

Estoy orgulloso de mis hijos, y tú de los tuyos, también. Pues que no se nos olvide decirlo, no se nos olvide creerlo, no se nos olvide sentirlo.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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