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Cómo actuar cuando los hijos nos amenazan con irse de casa
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Carlos Pajuelo | 31-03-2014 | 09:19

Cuando les educamos, nuestros hijos nos retan y buscan nuestras debilidades.

Cuando les educamos, nuestros hijos nos retan y buscan nuestras debilidades.

Mi amiga Paqui, que a veces es muy flamenca, escuchó por primera vez a su hija con 5 años decir “qué ganas tengo de irme de esta casa” después de que su madre le hubiera metido prisa porque iban a llegar tarde al colegio. Al regresar del colegio, la niña se encontró con su maletita hecha en la entrada de la casa y a su madre, más flamenca que nunca, diciéndole: “¡ea!, ahí tienes la maleta, ya puedes irte”.

“¡Me voy de casa!” es una amenaza que nos hace cierta gracia en un hijo de 5 años,  pero nos aterra en uno de 16.

Los hijos, mientras los educamos, mientras les trazamos los límites de lo tolerable y lo intolerable, nos retan, nos desafían para poder comprobar si somos o no consistentes en las normas que les proponemos. Que los hijos nos “echen un pulso” es algo que debemos considerar como lógico en el proceso de educar.

Los hijos, además de resistirse, aprenden a buscar en nuestro comportamiento dónde están los puntos que nos hacen más vulnerables, qué es lo que más nos asusta, y lo encuentran fácilmente porque, entre otras cosas, se lo enseñamos nosotros. Una vez que aprenden qué es lo que más nos debilita, allí en donde nos machacan.

¿Qué hacer cuando los hijos menores amenazan con irse de casa?

Cuando un hijo amenaza con irse de casa lo que menos necesita es a unos padres descontrolados que,  o bien se toman a risa y menosprecian su amenaza con un “¡a dónde vas a ir desgraciado!”, “pues ahí tienes la puerta”, o por el contrario, padres que se paralizan por el miedo y dan un paso atrás en su tarea de educar.

Cuando estés tranquilo,  habla con tu hijo para que te diga por qué dice eso, escúchale sin interrupciones, y así podrás darte cuenta si es un intento de manipulación (que es lo más frecuente) para evitar normas y responsabilidades, o por el contrario se siente muy presionado por la rigidez de las normas en casa (menos frecuente pero también ocurre).

En ambos casos, los padres debemos de trasmitirles con total tranquilidad tres cosas a nuestros hijos:

1) Que lo que deseamos es su  bienestar, su felicidad y

2) que esa es la razón por la que los educamos, y por último

3) que no olvide nunca que nuestra casa es su casa, y que las puertas están siempre abiertas.

Si son menores, hay que hacerles saber que si se van, nosotros los vamos a buscar por dos razones: la primera,  porque “los queremos”, y la segunda, “porque es nuestra responsabilidad como padres”.

En este punto me gustaría recordar a los padres que, si vuestro hijo os dice algún día si se puede quedar un amigo a dormir en casa, es obligatorio que el amigo os dé el teléfono de su casa para asegurarse de que los padres saben dónde está su hijo. Una simple llamada puede resultar de un inmenso alivio para otros padres.

No es nada aconsejable ayudarles a hacer las maletas (esto  es propio de padres que se sienten muy frustrados al oír a sus hijos decirles que no quieren vivir con ellos). Y no es aconsejable porque, sin pretenderlo, les estamos diciendo “atrévete“, y nos centramos además en la conducta de irse de casa, yla reforzamos.

¿Tú nunca has dicho algo que no sientes en un momento de enfado? Pues si lo haces tú, que tienes “taytantos”, ¿no lo van a hacer nuestros hijos que están forjándose como personas?

Y menos aún, hay que decirles que si salen por esa puerta, aquí no vuelves a entrar. Conozco a algún modorro que se ha ido de casay ha estado hasta 48 horas por ahí esgrimiendo como único argumento “mi padre me dijo que no volviera”. Son modorros, modorros.

Ante los inevitables pulsos de los hijos mientras los educamos,  los padres tenemos que decidir cómo queremos vivir: asustados, por lo que los hijos puedan hacer, o confiados por lo que los padres vamos a hacer.

No es fácil, pero tú decides.

 


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    Escuchar , esa es la palabra y la acción, la escucha debe ser en AMBAS DIRECCIONES Y NO SÓLO EN UNA SÓLA DIRECCIÓN. Escuchar NO ES IMPONER, tampoco OBLIGAR. En definitiva hay que enseñar si los hijos no saben, ayudar si no pueden, ayudarles a comprender y ver en el caso que no quieran, lamentablemente “el reto” a veces crea la necesidad, para evitar un mal mayor, de obligar, en ese caso, si la obligación es una imposición “forzada”, puede conducir al abandono. ¿no te parece Carlos lo importante que es educar en la participación activa y la escucha plurilateral de los hijos?. Me quedo con lo mejor: la ESPERANZA DE QUE NO EXISTE NIEBLA TAN DENSA (O PROBLEMA) QUE EL SOL NO DISIPE (Ó LA CAPACIDAD DE EMPATIZAR Y AMAR). De nuevo te doy las gracias por tu magistral clase y por tu ayuda a muchas familias. Atte. José Manuel Núñez y Domínguez. BADAJOZ.

    • carlos pajuelo

      Muchas gracias Jose Manuel y completamente de acuerdo contigo, escuchar es una buena herramienta para “disipar la niebla más densa”. un cordial saludo

  • José Manuel Núñez

    Escuchar , esa es la palabra y la acción, la escucha debe ser en AMBAS DIRECCIONES Y NO SÓLO EN UNA SÓLA DIRECCIÓN. Escuchar NO ES IMPONER, tampoco OBLIGAR. En definitiva hay que enseñar si los hijos no saben, ayudar si no pueden, ayudarles a comprender y ver en el caso que no quieran, lamentablemente “el reto” a veces crea la necesidad, para evitar un mal mayor, de obligar, en ese caso, si la obligación es una imposición “forzada”, puede conducir al abandono. ¿no te parece Carlos lo importante que es educar en la participación activa y la escucha plurilateral de los hijos?. Me quedo con lo mejor: la ESPERANZA DE QUE NO EXISTE NIEBLA TAN DENSA (O PROBLEMA) QUE EL SOL NO DISIPE (Ó LA CAPACIDAD DE EMPATIZAR Y AMAR). De nuevo te doy las gracias por tu magistral clase y por tu ayuda a muchas familias. Atte. José Manuel Núñez y Domínguez. BADAJOZ.

    • carlos.pajuelomoran

      Muchas gracias Jose Manuel y completamente de acuerdo contigo, escuchar es una buena herramienta para “disipar la niebla más densa”. un cordial saludo

  • Verónica Sánchez García

    Como siempre nos enseñas que el miedo no puede paralizar nuestra labor como padres. Un placer leerte

    • carlos pajuelo

      Muchas gracias Verónica. Y es verdad, el miedo es un mal compañero para la tarea de educar. Un saludo

  • Verónica Sánchez García

    Como siempre nos enseñas que el miedo no puede paralizar nuestra labor como padres. Un placer leerte

    • carlos.pajuelomoran

      Muchas gracias Verónica. Y es verdad, el miedo es un mal compañero para la tarea de educar. Un saludo

Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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