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Fecha: mayo, 2015
Mi hijo juega con muñecas. ¿Qué hago?
Carlos Pajuelo 19-05-2015 | 5:22 | 0

Las preferencias de juego de los niños no predicen nada respecto a su futuro

El otro día recibí este mensaje de un padre agobiado: “Mi hijo Daniel tiene 4 años, es un niño encantador, muy bueno, siempre se muestra feliz tanto en casa como en el colegio. Estoy verdaderamente preocupado, más que preocupado estoy asustado, porque  cuando juega en casa siempre busca cualquier prenda de vestir o un mantel o trozo de tela para ponérselo a modo de falda y se coloca un pañuelo en la cabeza como cabellera que mece al viento. Mi hijo juega con muñecas y su madre y yo cada vez estamos más aturdidos. El otro día me enfadé con él mientras le gritaba que estaba harto de verlo disfrazado jugando con muñecas. A veces me siento avergonzado por perder el control de la manera en la que últimamente lo pierdo;  y es que todo esto me pone de los nervios. Gracias por prestarme atención”.
Cuando el miedo por un incierto futuro, contagia nuestra actividad como padres, nos desestabilizamos. Tener miedo cuando educamos a nuestros hijos es normal ya que el acto de educar no es una tarea heroica.
Los padres tenemos que aprender, también, a ponerle nombre a aquello que nos asusta, ya que no se puede combatir a aquello que desconocemos, aquello que no tienen nombre. Y, a los padres de Daniel, igual que a muchos otros padres, lo que les asusta tiene nombre. Tienen angustia, temor por la futura orientación sexual de su hijo o de su hija, miedo a que se orienten hacia personas de su mismo sexo.

A lo largo de estos años he hablado con muchos padres y madres sobre este tema. Siempre les digo que es normal que los padres se descontrolen cuando tienen que enfrentarse a esta situación, porque los seres humanos somos muy convencionales, nos tranquiliza la semejanza, semejanza de ideas, de creencias, de comportamientos (que es a lo que llamamos normalidad) y nos genera incertidumbre y sobre todo mucho miedo lo diferente.

Nuestros hijos tienen, desde la séptima/octava semana de gestación, un sexo biológico; posteriormente, a lo largo de la infancia, van adquiriendo una identidad sexual (el sentido psicológico de ser hombre o mujer) y  desarrollan un rol social del sexo, con la observancia de las normas culturales de lo que se considera una conducta femenina y masculina. Y por último, se presenta la orientación sexual, una atracción emocional, romántica, sexual o afectiva duradera hacia otros que puede ser heterosexual, homosexual o bisexual.

Queremos tanto a nuestros hijos que nos paraliza la idea de que nuestros hijos e hijas puedan transitar un camino que creemos que les va a hacer sufrir. El camino de la incomprensión, de la no aceptación de las diferencias, sobre todo aquellas que están en relación con la orientación sexual.

¿Qué hacemos entonces?

En primer lugar los juguetes y los juegos no tienen la culpa de nada, no son el origen ni la causa de la violencia, ni de la orientación sexual, ni de la inteligencia. Los juguetes son medios, simplemente medios. Son nuestras actitudes, las actitudes que los padres mostramos mientras nuestros hijos juegan los que dotan al comportamiento de los hijos de la etiqueta de violencia, de sexismo o de educativo.

Me gustaría dejar claro que, tanto los niños y niñas que juegan respectivamente con juguetes (mal llamados)  de niñas o de niños, como aquellos que adoptan ademanes y gestos característicos del rol diferente a su sexo biológico, no tienen por qué terminar definiéndose sexualmente como personas del sexo opuesto. Hay muchos niños que juegan con muñecas, o niñas que juegan con coches y balones, que se desarrollan y crecen sintiéndose niños y niñas respectivamente.

Igualmente decirles que hay niños y niñas que desde pequeños van mostrando inequivocamente que su orientación sexual se dirige hacia personas de su mismo sexo.

Y si las señales son claras y diafanas, lo que hay que hacer es: Amar y respetar;  así de sencillo, así de difícil. Lo mismo que se hace para educar a cualquier hijo.

No ridiculices, fruto de tu inseguridad y tu miedo, a tus hijos llamándoles “nenazas” o “machoperícos”. Con ello sólo lograrás que se avergüencen gratuitamente de sí mismos. Y menospreciarse, avergonzarse de lo que eres no es la mejor manera de construir una personalidad segura y confiada. Si como padre te avergüenzas de la orientación sexual de tu hijo tienes una importante tarea por delante, la de dejar de pensar en los dimes y diretes de la “sociedad” y centrarte en cómo ofrecer a tu hijo tu amor y respeto, para que tu hijo aprenda a amarse y respetarse.

La orientación sexual no es una elección. Esto es así, no porque lo diga yo, sino porque hay suficiente evidencia científica que lo respalda. La mayoría de los científicos en la actualidad acuerdan que la orientación sexual es más probablemente el resultado de una interacción compleja de factores biológicos, cognitivos y del entorno. En la mayoría de las personas, la orientación sexual se moldea a una edad temprana. Además, hay pruebas importantes recientes que sugieren que la biología, incluidos los factores hormonales genéticos o innatos, desempeñan un papel importante en la sexualidad de una persona.(Asociación Americana Psicología)

La orientación sexual no puede interpretarse como una elección acertada o equivocada. Es una orientación personal e intransferible. Es verdad, por desgracia, que nuestra sociedad es mezquina si tu orientación no es la convencional. El sufrimiento a lo largo de nuestra vida es inevitable; pero hay algunos sufrimientos que se pueden hacer más llevaderos, sobre todo aquellos en los que hay aceptación, apoyo, comprensión  y respeto por parte de los que están a nuestro alrededor. Si un padre o madre no acepta la orientación sexual de su hijo o hija, ¿qué podemos esperar de los demás?

Los hijos son un bien preciado que no nos pertenecen, y conozco casos en los que padres y madres los rechazan y los pierden por puros convencionalismos sociales; esto no dice mucho sobre nuestra capacidad de amar y respetar.

No quieras tu propia felicidad para tus hijos; ayúdales con amor y respeto a que ellos elijan, sean dueños, protagonicen su viaje a la felicidad.

Salud, queridos padres y madres, que lo demás es mentira.

Badajoz a 18 de Mayo

 

 

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Gemelos, ¿juntos en clase, o separados?
Carlos Pajuelo 11-05-2015 | 4:54 | 3

Separar como norma a los gemelos, cuando se escolarizan, carece del más absoluto rigor y priva a estos gemelos, en pro de una no se sabe qué mejoría, del bienestar que les produce estar juntos.

El camino de la educación de nuestros hijos está sazonado, entre otras cosas, con diferentes “leyendas urbanas”, creencias, mitos,  que nos acompañan cotidianamente dando valor y credibilidad a lo que son simples costumbres carentes de base científica que los avalen.

Me voy a referir a una de estas  falsas creencias, que tiene que ver con la escolarización de hermanos gemelos, mellizos, trillizos, y es la de que es bueno separar a los gemelos cuando se escolarizan  porque es lo más adecuado tanto para su aprendizaje como para su desarrollo personal.

Quiero partir de la base de que muchos hermanos mellizos o gemelos han sido separados en diferentes clases,  sin ninguna razón que lo justifique, y esta separación en la escuela no ha tenido a posteriori ningún perjuicio pero tampoco ningún beneficio.

Es por esto que, a falta de evidencia científica o mayor conocimiento, separar  como norma  a los gemelos, cuando se escolarizan, carece del más absoluto rigor y priva a estos gemelos, en pro de una no se sabe qué mejoría, del bienestar que les produce, por lo general, estar juntos.

Por esta razón deberían de ser los padres los que determinaran cómo quieren que se escolaricen sus hijos, si en la misma clase o en clases diferentes y la historia escolar y de aprendizaje de sus hijos les irá aportando información suficiente y necesaria para realizar otro tipo de planteamientos.

Me gustaría señalar la poca consistencia de los argumentos que se utilizan para separar de clase a los “múltiples” que es un palabro muy feo para referirnos a los hijos gemelos, mellizos, trillizos, etc.

Uno de los argumentos más utilizado es el de “para que puedan desarrollar su personalidad sin el influjo del hermano”. Vamos a ver, todos nosotros desarrollamos nuestra personalidad, además de por la importante influencia de factores genéticos, por nuestras experiencias individuales y colectivas, con los demás. Esos demás que nos influyen son los padres, los hermanos, los maestros, los compañeros de clase, los otros… ¿Por qué un hermano gemelo iba a ser “peor” influencia que, por ejemplo,  la de un compañero que sólo se dedica a “chinchar” (que mal haces la ficha, no sabes dibujar, que fea es tu camiseta, que feo es tu pelo, etc., .)?

Otro argumento es el de que la separación de los hermanos ayuda a su “desarrollo de la identidad”. Argumento erróneo porque los gemelos saben perfectamente quiénes son y cómo se llaman. Los que tenemos más dificultades para saberlo somos los que estamos a su alrededor. ¿No será que los separamos para que los adultos y compañeros sepamos con cuál de los hermanos estamos hablando? En caso de duda pregúntaselo al niño, que ya he dicho que ellos lo saben perfectamente.  Los gemelos y mellizos desarrollan sus mecanismos de identidad como el resto de los mortales así que porqué vamos a pensar que un hermano gemelo va a ser un obstáculo para el desarrollo de la identidad de su otro hermano y no aplicamos ese mismo criterio respecto de los padres, los profesores, los amigos de esos gemelos, la televisión, la sociedad, etc.

Otro argumento que se escucha es el de ” para que así puedan ampliar su vida social”, podría parecer que los hermanos gemelos tienen más cubierta esa necesidad, ya que desde pequeños se tienen el uno al otro y por esa razón, en el inicio de su escolarización, pudiera ser que no se sientan muy atraídos por hacer nuevas amistades, pero eso no quiere decir que, por estar juntos, no vayan a poder realizar estas actividades sociales con la misma destreza que sus compañeros. Son los contextos familiares y escolares los que tienen que propiciar situaciones de interacción social entre los niños porque esa es la manera de ampliar la vida social y relacional.

A falta de argumentos a favor de la separación nos encontramos con argumentos, que por el contrario, señalan la importante vinculación emocional que algunos gemelos, y otros hermanos aunque no sean gemelos ni mellizos, desarrollan. La seguridad emocional nunca puede ser un impedimento para el aprendizaje sino todo lo contrario un eficaz propulsor de estos.

La escolarización de los gemelos en aulas diferentes no cuenta con ningún respaldo en las leyes que regulan la escolarización ya que no hay ninguna recomendación basada en evidencia científica que la sostenga. Así que vamos a dejar que los padres sean los que decidan si quieren que sus hijos estén juntos o separados al inicio de la escolarización que tiempo habrá para poder determinar, si es que hubiera dificultades de aprendizaje, cual es el origen de éstas dificultades y cuáles son las medidas más oportunas para intervenir.

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Las otras madres coraje.
Carlos Pajuelo 04-05-2015 | 5:30 | 0

A tu alrededor hay muchas madres y padres coraje. No los verás ni en la prensa, ni en la tv, pero no son invisibles.

Las imágenes de una madre sacando, a tortazos, a su hijo adolescente de una manifestación en Baltimore, han dado la vuelta al mundo. Madre coraje, Supermadre, madre viral, madre que se ha convertido en la bandera e imagen  de todos aquellos que creen que los padres y madres son omnipotentes y que, por lo tanto, el mundo sería un lugar más habitable con madres como la señora Toya Graham.

A mí me gustaría hablaros hoy de las madres y padres coraje que conozco y que seguro que tú también. Conozco a cientos de madres corajes solas, o junto a sus respectivas valerosas parejas, pero estos no salen en la televisión, ni son trending topic, ni casi nadie habla de ellas.

Ana, que crió a su hija con el cariño con el que la inmensa mayoría de madres y padres  crían a sus hijos. Ana veía crecer a una hija que parecía tener el don de hacer sentir bien a los que la rodeaban, fueran su familia, sus profesores, sus amigas.  Una mañana, casi sin avisar, Ana presenció cómo su hija tuvo que dejar su vida cotidiana aparcada para dedicarse a combatir una grave enfermedad. Allí estuvo Ana, día a día, noche a noche, codo con codo, al lado de su hija, con el coraje con el que madres y padres acompañan a los hijos que se enfrentan a enfermedades de final incierto. Varios años de lucha y después un tremendo vacío. Lucha y determinación que ahora le parecen estériles mientras mira el cuarto vacío de su hija. Ana en silencio, está aprendiendo ahora a tener coraje para vivir con el corazón, los huesos y el ánimo hecho jirones, a la espera de que las hojas del calendario le den un respiro.

Luisa, que estaba convencida de que, en su casa, la educación era lo único que no podía esperar a mañana. Y se dedicó, como se dedican cientos de padres, a esa cotidiana tarea que es la de guiar, poner límites, señalar modelos y querer  a sus hijos. Su hijo menor cuando apenas comenzaba a disfrutar de su  adolescencia, jugando como niño que aún era, se cayó de la bicicleta y entró en un sueño profundo, un sueño que, para todos, ya dura demasiado tiempo, menos para su madre que día a día cuida de su hijo con la esperanza de que en cualquier momento despierte.

Carmen que nada más nacer su hijo recibió, como un mazazo, la noticia de que su hijo “no va a ser como los demás” y estuvo unos días, lógicamente, paralizada por el miedo a si estaría preparada, si sabría ser una buena madre para  “un niño así”. Pero cuando las lágrimas se despejaron de sus ojos y se pudo mirar al espejo vio que su cara era la misma cara, que ella era la misma persona y que en la cuna quien estaba era su hijo. Se pintó los labios y, simplemente, se puso a educarlo, a quererlo desde ese momento, como solo las madres y los padres saben querer y educar a sus hijos. Día a día. Con los ojos abiertos. Así  descubrió que  la sonrisa de su hijo era como las sonrisas de los demás. Sabe que su hijo nunca será independiente, por eso lo educa día a día.

Saray, que trabaja limpiando casas más horas de las que caben en un convenio. Trabaja que trabaja porque quiere sacar a sus hijos del vecindario en el que vive, para darles la oportunidad de vivir en un “barrio humilde, de gente trabajadora“. Y cada moneda que gana con el sudor de su frente la acercan a llevar a sus hijos a un lugar donde los niños puedan jugar lejos de donde se venden drogas. Pero cada moneda también se va comiendo su maltrecha salud.

Jenny, que no dudó en embarcarse en la Odisea de los que nada tienen que perder y  por eso se metió con sus hijos en una patera, simplemente porque quería llevar a sus hijos a la vida. No, no es que quisiera lo mejor para ellos, sus hijos no tenían nada en su casa. Lo hizo, con el empeño, con la decisión de que sus hijos pudieran vivir. Simplemente vivir.

Cientos de madres y padres corajes, anónimos, padres y madres que luchan para que sus hijos tengan una vida mejor, los educan, pelean con ellos,  porque saben que  educar no es un camino fácil. Padres y madres que, sin necesidad de dar mamporros, están confiados en que educar y amar a los hijos es lo que hacen las madres y padres coraje: educar y amar gratis sin esperar nada a cambio.

Ana, Jenny, Saray, Carmen y Luisa, son madres coraje pero, tristemente, invisibles. Abre los ojos porque están a tu alrededor, tu sonrisa, tu reconocimiento, les dará luz.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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