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Padres y Maestros, mejor aliados para educar
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Carlos Pajuelo | 01-09-2015 | 18:51

Comienza un nuevo curso y con el inicio de éste, llegan tres clásicos protagonistas: el de comenzar un curso de idiomas; el de ir pensando en un plan de adelgazamiento para eliminar cada una de las “lorcitas” que el verano se empeña en dejarnos de recuerdo y por último, el famoso síndrome postvacacional. Aunque mi amiga Paqui dice que los que tienen el síndrome postvacacional no deben de tener hijos porque ella sólo pensar que se acerca el inicio de curso, y con él la vida “normal”, lo que le entra es una alegría.

En un par de semanas nuestros hijos volverán a sus colegios y a nuestra casa regresarán las tareas escolares, los estudios, las notas, los maestros y maestras, las tutorías, etc.

Para comenzar el curso me gustaría volver a tratar el tema de la relación entre padres y profesores, que todos sabemos que es fundamental pero que es una relación que el Facebook definiría como “es complicado”.

Una de las razones que hacen compleja esta relación entre padres y profesorado proviene del hecho de que donde los padres vemos hijos los profesores, los maestros, ven alumnos. Y un hijo y un alumno son dos personas muy diferentes, aunque físicamente se parezcan mucho. Los padres vemos hijos y esa es una percepción incompleta, sesgada, parcial. Los maestros ven alumnos y esa es otra percepción incompleta, sesgada y parcial. Pero ambas son reales. Si somos capaces de compartirlas podremos ampliar mejor nuestro conocimiento, el de nuestro hijo y el de nuestro alumno y así podremos educar mejor.

A mí siempre me ha sorprendido esa afirmación que se hace de que los niños tienen que venir educados de casa. Está claro que a los hijos hay que educarlos en casa, que los padres tenemos un compromiso, y sobre todo, una responsabilidad a la hora de educar pero la educación de un hijo necesita de todas las manos posibles, ya sabéis el famoso proverbio africano “para educar a un niño hace falta toda la tribu”.

Los profesores educan, educan y mucho. La escuela educa y también educa mucho. Los maestros y maestras se pasan la jornada escolar educando, porque es imposible enseñar sin educar a la vez. Aprender es una actividad, una actividad producto de una interacción, de la comunicación, y por lo tanto conlleva una fuerte carga emocional. Cuando se enseña hay emoción, cuando se aprende hay emoción y si hay emoción, no lo dudes, hay educación.

Es por esta razón que esa cantinela de se educa en casa y se “instruye” en el colegio, es solo una frase de postureo carente de veracidad y que no tiene más finalidad que la de echar balones fuera.

Mientras padres y profesores no nos pongamos de acuerdo lo único que logramos es crear dos realidades paralelas: la casa y la escuela.  Dos realidades que se miran entre sí con cierta suspicacia y además no se perciben mutuamente como colaboradoras en la tarea de educar.

Lo  mejor que le podemos dar a nuestros hijos es educación, lo mejor que le podemos dar a nuestros alumnos es educación. Somos padres cuando educamos y somos profesores cuando educamos.

Así que, querido padre lector, querida madre lectora, no se te olvide, al comenzar el curso, decir a tus hijos: (repaso de un post del inicio del curso paado)

1.- Tu maestro, tu maestra, todos los profesores tienen un trabajo complejo, muy complicado que es el de ayudarte a desarrollar todas tus competencias. Con su trabajo nos ayudan y colaboran con nosotros, tus padres, a hacer posible esta tarea.

2.- Así que no olvides que tu maestra, tu maestro, tus profesores:

No son perfectos, pero aprende a no fijarte en sus defectos, y valora el resto, que son sus virtudes.

No son sabios, pero aprende a aprender de lo que saben. Con un poco que aprendas de cada uno de ellos, obtendrás mucho.

No son jueces ecuánimes pero aprende a respetar, aprende a expresar tus ideas, y a aceptar sus decisiones.

No son magos, pero aprende que aprender sí es mágico.

No son infalibles, pero aprende que no sólo se equivocan los que aprenden sino también los que enseñan a los que aprenden.

3.- Tu maestro, tu maestra, tienen un trabajo muy difícil, todos esperan de ellos que te enseñen a leer, escribir, sumarrestarmultiplicardividir, ríos y montañas, sintagmas, predicados y además hábitos saludables, valores democráticos, seguridad vial, ecología, respeto a la diversidad… y por otra parte,  tienen que tener tiempo para enseñarte a pensar porque, querido hijo, Ikea no amueblará tu cabeza.

4.- Por todo esto, ponte a querer a tu maestra, a tu maestro y quiérelos. La forma de querer a un maestro solo requiere tu respeto.  Esfuérzate en esta tarea tan agradable que es querer respetando.

5.- Quiérelo gratis, sin esperar nada porque lo que un maestro o maestra da es un ejemplo que no se te olvidará el resto de tu vida.

6.- Yo te prometo también que me esforzaré por hacer lo mismo que tú.

Si tú valoras al profesorado, tus hijos lo harán también. Si tú valoras a los maestros y maestras te será más fácil hablar con ellos cuando surjan las diferencias. Si tú valoras al profesorado estarás contribuyendo a una mejor escuela.

Se educa en casa, claro que sí. Hay hijos, desgraciadamente, que no tienen la suerte de tener una familia que educa. Por eso es fundamental la escuela porque gracias a sus maestros muchos niños reciben algo tan valioso como la educación. Se educa en la escuela también, claro que sí.

Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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