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Fecha: agosto, 2016
Educar hijos, otra manera de adelgazar y aprender idiomas
Carlos Pajuelo 31-08-2016 | 9:48 | 0

Comenzamos el curso. Ánimo y confianza.

Todos los Septiembres se inician con los mismos buenos propósitos, perder kilos, unos kilos que ya nos tienen tanto cariño que les cuesta trabajo dejarnos; aprender idiomas para que se nos quite de la cara esa sonrisa tontorrona que se nos pone cuando no nos estamos enterando de nada de lo que nos dicen cada vez que viajamos a otros paises; y por último, superar ese síndrome postvacacional que fundamentalmente aparece en los telediarios o iniciar un coleccionable que nunca terminará de coleccionarse.

¡Qué buenos propósitos nos inspira Septiembre!

Con los hijos nos ocurre igual, ya llevamos varios días pensando lo que este curso vamos a hacer, pase lo que pase y le pese a quién le pese. Dándonos ánimos, diciéndonos que este curso no vamos a cometer los errores que cometimos en el pasado: “Hijo, curso nuevo. Vamos a empezar bien”.

Pero la verdad es que la cabra tira al monte y algunos padres y madres también.

Comienza el curso nuevo y te recuerdo solo tres cositas:

Tus hijos necesitan educación, esto quiere decir que necesitan modelos de comportamientos correctos, estables y sistemáticos. Nuestros hijos aprenden de lo que ven hacer a sus padres. Si, por eso educar, a veces, es tan agotador porque nos exige estar alerta, atentos a lo que hacemos y decimos delante de ellos.

Tus hijos necesitan responsabilizarse, de manera progresiva, de su propia vida. Para ello necesitan normas y límites que les sirvan de guía.  Responsabilizarse progresivamente de sus estudios es tarea de tus hijos y requieren tu ayuda para ello.

Tus hijos necesitan certeza de que algo les va a ocurrir cuando se salten las normas o no se hagan cargo de sus responsabilidades. El castigo no es una venganza, es una consecuencia. Y los hijos cuando están privados de hacer algo que les gustaría se enfadan, se cabrean, dejan de hablarte, despotrican. Así es la vida.  Pero tienen que aprender a tolerar la frustración  en sus propias carnes.

Educar adelgaza porque para educar hay que mover el culo; educar te ayuda a entender el idioma en el que hablan tus hijos y sobre todo, educar a tus hijos es el mejor coleccionable que vas a hacer en tu vida. Y por si fuera poco todo lo anterior, educando no te afecta el famoso síndrome postvacacional.

Aquí estamos un curso más para ayudarte en esta tarea.

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De los Juegos Reunidos Geyper al Pokemon Go.
Carlos Pajuelo 10-08-2016 | 3:49 | 0

Las nuevas tecnologías introducen cambios en muchos de nuestros comportamientos cotidianos de tal manera que ya podemos hacer operaciones bancarias desde el móvil, hacer la compra, buscar novia/o, reservar un hotel, etc.
El mundo de los juegos también está influido por estos avances y todos los padres y madres somos testigos de cómo nuestros hijos se ven atraídos por estos juegos. Asistimos al fenómeno que ha supuesto el juego de Pokemon Go que nos trae como locos en la búsqueda de Pikachu y compañía por las calles y plazas de todas las ciudades.

Ante estas novedades es bastante habitual escuchar a personas echar pestes con las consabidas frases “estos niños no saben jugar ahora” mientras evocamos, al más puro estilo “heno de pravia” los juegos tan maravillosos a los que jugábamos cuando eramos zagales: el pincho, rayuela, el escondite, el burro, etc. Y sumidos en esa invasión de melancolía nos crecemos y hablamos del palo, de ese palo mágico que se transformaba de espada en fusil y de fusil en arco.  Luego, más tranquilos, terminamos el repaso con el monopoly, y como no, con los Juegos Reunidos Geyper. ¡qué infancias y adolescencias las nuestras!
Yo creo que es un síntoma de vejez muy claro eso de creer que nuestras infancias y adolescencias son mejores que las de nuestros hijos. Porque no son mejores, son simplemente diferentes.

Pokemon Go, como muchos otros juegos es una estupenda oportunidad de enseñar a nuestros hijos a utilizar las nuevas tecnologías y a utilizarlas de forma responsable.

Interésate por los juegos que les gustan a tus hijos, así, si a tus hijos les gusta el juego, sal con tu hijo a buscar Pokemon y así le podrás enseñar a poner límites de tiempo a los videojuegos.

Muestra interés por los diferentes tipos de Pokemon  que “caza”. Comparte su alegría, cuando descubra uno raro y hazla tuya. Aprovecha para que haga cálculo mental, los Pokemon dan para hacer muchas cuentas, haciéndoles preguntas diferentes. Que practique su memoria recordando nombres y evoluciones.
Andar y pasear por la ciudad es también una manera, no sólo de hacer ejercicio y salir de casa, sino también de descubrir lugares que tiene su “historia”.

Recuérdale que  hay normas que respetar y sobre todo enseñale a que se quede con ganas de seguir jugando. Aunque se enfade. Enséñale a que a prenda a diferir las recompensas

La vida familiar se construye haciendo cosas en familia. Así que aprovecha la oportunidad que nos brinda la búsqueda de Pokemon para enseñar a nuestros hijos a “hacer familia” mientras aprenden a utilizar las nuevas tecnologías.

Compartir une, criticar y minusvalorar no.

Pokemon pasará, pero la infancia de nuestros hijos también pasa… ¿Te la vas a perder? , ¿te la vas a pasar poniéndoles pegas a sus juegos? Aprovecha para crear recuerdos para toda una vida.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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