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Fecha: septiembre, 2017
No se pega, se educa.
Carlos Pajuelo 13-09-2017 | 9:13 | 0

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Yo puedo entender el miedo, la desesperación, la rabia en unos padres y madres ante las conductas de sus hijos. De verdad que entiendo el descontrol de padres y madres y no me parecen unos monstruos, pero si creo que se equivocan. Y además las bofetadas que crees que desahogan luego originan culpabilidad, los padres y madres no se sienten bien despues de haber pegado a sus hijos.

No se pega.

¿Alguno de los lectores se atrevería a justificar pegar a una mujer? Pues pegar a un menor, a un niño o adolescente, por modorro que sea, tiene menor justificación aún. Los niños y adolescentes son personas en construcción y se equivocan y dan “castigo”, pero están aprendiendo.

No existen las bofetadas pedagógicas, no se enseña nada abofeteando a un hijo.  Todas las bofetadas que se dan a los hijos las dan padres y madres asustados, desbordados, frustrados, descontrolados y no existen las bofetadas a tiempo pues el tiempo de las bofetadas siempre tiene que ver con el tiempo del descontrol.   Descontrolados no se puede educar.

Lo vuelvo a repetir yo comprendo a esos padres y madres pero les digo: no se pega.

Yo escucho mucho decir eso de que “a mi de pequeño me pegaron mis padres y ni me traumatizó, ni les guardo rencor”, y yo siempre contesto, ¿tú le pegas a tu hijo? ,¿ le darías bofetadas para que comiera?, ¿para que se durmiera? ¿Por despertarse en mitad de la noche?, ¿por hacerse pis?, ¿por suspender?, ¿por contestarte mal?, ¿por desobedecer?, ¿Qué le enseñaría una bofetada?, ¿Que eres su padre?, ¿Que eres su madre?.

No creo que la solución sea condenar a padres y madres que pegan, creo que la solución es convencer que el descontrol se combate con control, con firmeza, con constancia. No, no se pega.

Educar, educar, remangarse y a educar.

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Padres: “Mi hijo va con malas compañías”.
Carlos Pajuelo 08-09-2017 | 5:07 | 0

Educar es la mejor manera de influir en nuestros hijos.

Educar es la mejor manera de influir en nuestros hijos.

¿Te has sorprendido alguna vez, mientras miras a tus hijos, preguntándote cómo se les puede querer tanto? ¿Has sentido una fuerza y valor que te desborda si hay que protegerlo? Y claro que lo vas a defender, no vas a permitir que nada ni nadie lo dañe, no vas a consentir que nada ni nadie ensombrezca su sonrisa, nada ni nadie.

Pero más temprano que tarde tu hijo, tu príncipe o princesa, tiene que abandonar su castillo de marfil para ir al mundo real, un mundo lleno de niños y niñas de todas las clases, de todos los colores, que piensan, sienten y actúan mientras nuestros hijos piensan, sienten y actúan.  Niños que influyen en tus hijos, porque eso es lo que va a ocurrir durante el resto de su vida que un montón de personas que viven alrededor de tus hijos les van a influir día a día.

Influyendo en tu hijo que es “tan bueno, tan confiado, tan cándido, tan sin malicia” y allí estamos padres y madres, atentos, asustados, seleccionando el trigo limpio, separando las malas hierbas, “este me gusta”, “este no me gusta”, temiendo que es precisamente, en ese que no me gusta, es en el que el modorro del niño o la niña se fija.

Sí, tu hijo va a convivir con niños, con compañeros, con personas. Todos le influirán, unos más que otros, pero todos influirán, “tus zapatillas son muy feas”, “no juegas conmigo”, “no sabes pintar”, “tu trenza es gorda”, “hueles a pollo”, y otras lindezas que los niños se sueltan a bocajarro. “Vamos a insultar a ese”, “no seas nenaza, fuma”, “si me quisieras de verdad me mandarías esa foto”, “bebe”, “tus padres te comen el coco”, etc, etc influidos de manera insidiosa, hoy dejo de ponerme esa camiseta, mañana no quiero llevar mi mochila, luego discuto tus ´normas y así poco a poco los amigos van ocupando un espacio en la vida de tus hijos que antes ocupabas tú.

Las malas compañías aterran a padres y madres, el miedo nos atenaza. El miedo nos lleva a creer que podemos limpiar las malas hierbas si lo apartamos de los que son así y también de los que son de esta manera. Nos podemos organizar en combativo grupo de padres bienpensantes que a golpe de grupo de whatsapp defiende el bienestar de sus hijos luchando por la expulsión a las malas hierbas, las malas influencias.  Fuera del colegio los aprendices de hijoputa, fuera los malos ejemplos, luego presos del miedo podemos expulsar a los raros y por qué no vamos también contra los que no estudian, los peligrosos repetidores, los malencarados, los que no tienen remedio. Dejamos de ser padres para ser inquisidores, dejamos que el miedo nos gobierne y dejamos de ver niños o adolescentes para ver malas personas.

Tu hijo va a tener malas compañías y hasta es posible que tu hijo pudiera ser mala influencia para el hijo de otros. No lo olvides. Por eso es tan importante EDUCAR.

Educa en vez de ser un inquisidor. Enseña a tu hijo a defender sus opiniones, sus elecciones, sus gustos, sus creencias.  Enséñale a decir no. Enséñale a confiar en sus elecciones, a recuperarse de sus equivocaciones.

Educa en vez de buscar la comodidad de apartar a tu hijo de las malas compañías. Todos influimos y todos somos influidos por los que nos rodean. Sé una buena influencia para tus hijos.

Educa para que tu hijo aprenda a convivir, a respetar y a ser respetado.

Te recuerdo que tu hijo crece al lado de otros niños, de otros menores. Es verdad que algunos de esos niños, menores, no tienen la suerte que ha tenido tu hijo de tener a alguien como tú, pero tienen padres y madres que sienten como tu sientes, ¿no les puedes echar una mano?

¿Quieres proteger a tus hijos de las malas influencias? Sigue educando, educa, educa y educa. Es nuestra tarea. Enseña a tu hijo maneras de actuar ante estos niños, busca ayuda con sus profesores, pero no olvidéis nunca que son menores, menores en construcción. Son menores, no malas hierbas.

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Nuevo curso: menos discursos y más consecuencias.
Carlos Pajuelo 03-09-2017 | 5:22 | 0

Menos discursos porque el camino escolar quién lo tiene que recorrer es tu hijo.

Menos discursos porque el camino escolar quién lo tiene que recorrer es tu hijo.

Comienza un nuevo curso y, por lo tanto, estamos en la semana de ofertas de discursos de inicio de curso, los hay de los buenos principios, la semana de la “oportunidad para cambiar”, la semana de volver a repetir a los niños: “con un poquito que te organices…”. Discursos y discursos, mitad ruego, mitad súplica. Discursos amenazadores, discursos proféticos.

En esta semana muchos padres y madres inaugurarán el curso como Dios manda, con un buen discurso a sus hijos. ¿Un discurso nuevo?. ¡Qué va!, el mismo de todos los años (como los discursos de los gobernantes en Navidades) Y seguramente con similares efectos.

Tu hijo necesita menos discursos y más consecuencias. No vale con lo de “Te lo dije, mira que te lo dije”. No es suficiente tampoco decirle: “mira, si te organizas y estudias un poco todas las tardes, vas a tener tiempo luego para tus actividades de ocio: si estudias un poco irás aprobando por parciales, y todo será más sencillo”, porque tu hijo te va a contestar “sí papá, sí mamá, a mí este año no me pilla el toro como el curso pasado”, y tú vas a mirar a tu cari como diciéndole “mira, el niño ha madurado, ha hecho clic”. Hasta que lleguen las notas, y el niño vuelva a su estado natural: “este es un inmaduro, un niñato, un modorro, etc.

1.- El camino del aprobado lo tiene que transitar tu hijo. Tú puedes guiar, aconsejar, supervisar, etc., etc. Pero, desde el inicio del curso, haz que tu hijo se responsabilice de sus tareas escolares, de sus estudios. Si tú asumes el mando, en verdad te digo que el niño hará las tareas, pero te vas a chupar unas cuantas horas al día poniéndote al borde de un ataque de nervios. Y al final te vas a ver preguntado en el grupo de whatsapp las tareas del niño. Otra vez, otro curso más, y la misma historia que en el anterior.

2.- Confía en el colegio. Confía en sus maestros y maestras. Y te recuerdo que a los maestros y maestras de tus hijos les pasa lo mismo que a los padres y madres, y a los hijos e hijas: nadie es perfecto. La escuela no es perfecta, las familias tampoco lo son. Pero nos necesitamos mutuamente, y más de lo que nos creemos.

3.- Confía en ti. El que tiene que cambiar eres tú como padre y como madre. Así que actúa. Dile a tu hijo, con claridad, lo que esperas de su comportamiento durante este curso, pero sé realista. No te pongas metas que te ilusionen a ti, sino aquellas que tu hijo sea capaz de alcanzar. Dile a tu hijo, igualmente con claridad, qué vas a hacer tú, y lo que vas a dejar de hacer si él no asume sus responsabilidades. Y cúmplelo. Hay que poner y cumplir las consecuencias que se han advertido.

4.- Estudiar (para niños y adolescentes) no es negociable. Déjalo bien claro, y muestra constante interés por la vida académica de tus hijos, pero procura no estar preguntándoles insistentemente: “¿no tienes nada que estudiar? Porque siempre tienen algo que estudiar. Es mejor que, desde el principio de curso, tu hijo te presente cuál va a ser su horario de estudios, y tú le puedas orientar para que sea un horario realista y asequible a su edad y curso. Así, en vez de decirles lo de “no tienes nada que estudiar, lo cambias por la siguiente frase: son las 5, y en tu horario dijiste q a las 5 estarías estudiando”. Sin más discusión ni gasto de saliva.

5.- El inicio de curso no es una oportunidad de cambio. Lo que es una oportunidad de cambio es que tus hijos vean que tú has cambiado, que tú no repites, año tras año, los mismos errores, que tú actúas, que tú estás confiado y seguro con lo que haces como madre o padre. Y que la frase “esto es lo que hay” no es una amenaza expresada a voces, sino una cotidiana realidad: todos nuestros actos tienen sus consecuencias.

Comienza un nuevo curso; una oportunidad más para que continuemos educando.

blogs.hoy.es/escuela-de-padres

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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