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Fecha: noviembre, 2017
Los hijos que decían que sus padres les “amargaban la vida” ( y otras frases lapidarias)
Carlos Pajuelo 26-11-2017 | 5:35 | 1

Los hijos tambien sueltan frases lapidarias mientras los educamos

Los hijos tambien sueltan frases lapidarias mientras los educamos.

 Toda madre y todo padre, que se precie como tal, debe de estar preparado para escuchar en la boca de sus hijos una serie de frases lapidarias, cargadas de emoción y dichas con tal contundencia y cierta carga de desprecio, dignas de Scarlett O´Hara, del tipo: “lo único que queréis es amargarme la vida”.

El problema no es que nuestros hijos e hijas lancen esas frases cual mamporro directos a la barbilla de sus progenitores, el problema es lo mal que le sientan a algunos padres y madres que sus retoños sean tan severos, dramáticos y contundentes a la hora de juzgar el comportamiento de sus padres como educadores. Los hijos te hacen sentir como si, padres y madres, nunca hiciéramos algo bien.

Repasemos algunas de estas frases lapidarias que escuchamos a nuestros hijos e hijas:

Los padres de mis amigos sí que son buenos padres”,  ¡pues claro que sí!. De hecho, en las casas de los amigos de tus hijos tú gozas de una reputación estupenda. Todos los hijos tienen la sensación de que el día que repartieron padres y madres les tocó lo que no quería nadie. Educar a los hijos de los demás es lo más sencillo porque para los hijos de los demás tenemos comprensión, calma y palabras llenas de confianza. A los nuestros tenemos que educarlos, o sea, tenemos que incomodarlos e incomodarnos.

“¡Qué ganas de irme de esta casa!”. Esto de largarse de los sitios en los que tenemos conflictos es muy antiguo. A nuestros hijos, mientras los estamos educando, los estamos sometiendo sistemáticamente a un conjunto de normas y límites: “Estudia hija; recoge hijo; come; eso no; a las 10 en casa; etc…”  y los hijos creen que, en cuanto se vayan de casa, van a poder vivir en un estado de libertad absoluta (¡qué ingenuos!). Cuando los hijos amenazan con irse de casa, tú recuérdales que estás encantado o encantada de vivir con ellos, y no se te ocurra decirles eso de ahí tienes la puerta. Y menos aún lo de ” y si te vas, aquí no vuelvas a entrar”.  No te pongas a ser más “flamenco” que tu hijo, pues te recuerdo,  que tú eres el que tiene que poner el cerebro en los conflictos con los hijos.

Sólo queréis amargarme la vida”. Esto te lo dice tu hija o tu hijo cuando le has impedido ir a un concierto nocturno de un grupo musical que, aparte de desconocido, tiene nombre de parte pudenda del organismo. ¿Qué quieres? ¿que te abrace y te diga: ¡olé mi madre y olé mi padre! que vigilan y cuidan por mi bienestar?. Educar nos obliga a limitar, poner coto, negar, prohibir… y es normal que los hijos lo sientan como una absurda postura de unos absurdos padres que sólo tienen el objetivo de fastidiarles. de hacerles sufrir. Cuando te digan esto, tú no te enfades, simplemente recuerda que están contrariados por las normas y límites que guían nuestra manera manera de educar. Pero esto es lo que hay.

“¡Pues no haberme tenido!”, le espetan algunos hijos a sus padres cuando estos les están haciendo ver las consecuencias de sus conductas, y a la que algunos padres, irritados responden, frases desafortunadas del tipo “¡desde luego, con lo tranquilo que estaba yo!”. Lo más sencillo en estos casos es decirles tranquilamente, de manera sencilla, “hijo, hija, pues yo te quiero”.

Te recuerdo que tus hijos están en construcción, así que no te pierdas en sus formas y céntrate en tu tarea de educar.

Los hijos son como las olas del mar: a veces apacibles y serenos, y otras veces originan tormentas de efectos devastadores. Los padres somos el faro que guía, y te recuerdo que los faros son más útiles y necesarios cuanto más grande es la tormenta.

 

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Educar para prevenir el abuso
Carlos Pajuelo 19-11-2017 | 6:00 | 1

Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Solo hay hombres y mujeres, mujeres y hombres. Iguales en derechos.

Enseñamos a nuestras hijas desde que son pequeñas a que aprendan a protegerse de los comportamientos de abuso. Pero, ¿educamos a nuestros hijos varones para que no sean abusadores, cómplices de los abusos, espectadores pasivos?

Educa a tu hijo en algo tan sencillo como es que la especie humana está dividida en hombres y mujeres. Sólo hay hombres y mujeres. No hay maricones, ni putas, ni engendros; solo hay hombres y mujeres.

Enseña a tu hijo que las compañeras de su clase son mujeres. No se les dice ni guarras, ni calentonas, ni facilonas, tienen nombre, son iguales que tú. No permitas que las traten como si fueran “cosas”, “objetos de consumo”. Trabaja con ellos la empatía, tienes que hacerles ver que cuando denigra a una compañera o permite que otros lo hagan está haciéndoselo a todas las mujeres, así que dile cosas como: “¿te gustaría, hijo, que los que te rodean me insultaran, a mí, a tu madre, a tu hermana, a tu mejor amiga?, ¿cómo crees que se puede sentir una persona a la que llamas puta?, ¿cómo se sentirían sus padres si te escucharán?, ¿y sus amigos? .

Educa a tu hija a que se sienta fuerte, a que haga frente al abuso, a que lo denuncie. Haz que se sienta orgullosa de sí misma, de sus decisiones. Empodera a tu hija.

Enseña a tu hijo que a las mujeres se les respeta porque es la única manera de relacionarse entre seres humanos, respetándonos. Que la palabra NO significa que no. Y que cuando una persona no está en condiciones de manifestar su voluntad (porque haya bebido, por ejemplo) estás abusando de esa persona aunque no diga no.

Educa en la sexualidad afectiva, consentida y con sentido, equilibrada. Si no hay equilibrio en la relación entonces hay abuso. Y si abusas no eres un enfermo, eres un abusador, un desgraciado que destroza vidas de personas que, a pesar de el daño que les has hecho, pueden seguir intentado hacer su vida normal, aunque nadie más que ellas saben el daño con el que tienen que vivir.

No, yo nunca veo putas. Veo niñas, veo mujeres. Como mi madre y como la tuya, como mis hermanas y como las tuyas, como mis sobrinas y como las tuyas. Por eso me ofenden quienes llaman putas a las mujeres, quienes abusan de las mujeres, quienes las tratan como si no fueran seres humanos.

Madres y Padres, nuestra responsabilidad es trasmitir este mensaje a nuestros hijos e hijas con nuestro ejemplo cotidiano, como hombres y como mujeres, como padres y madres, como pareja. Pero también necesitamos que desde la escuela, desde los medios de comunicación, desde la política, desde la justicia, etc., todos pongamos nuestro granito de arena para dar un paso hacia adelante y así evitar la aparición de más  “manadas”.

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“Tu hijo es diferente”
Carlos Pajuelo 01-11-2017 | 4:02 | 9

todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Todos los hijos , todos, tienen los mismos derechos.

Eso les dicen, como un disparo a bocajarro, a algunas madres y padres cuando se refieren a sus hijos. Y por si el disparo en medio de la cabeza no hubiera hecho suficiente efecto, les añaden un tiro de gracia: “te lo digo por tu bien y por el de tu hijo”.

¿Hijos diferentes? ¿Qué significa eso? ¿Les estamos diciendo a padres y madres que sus hijos son de otra clase, que no tienen sitio en nuestra estupenda, plácida y homogénea sociedad? ¿Que molestan? ¿O quizás lo que les queremos es abrir los ojos a los padres y madres porque creemos que no “ven lo que tienen en casa”? ¿Estamos diciendo que la avería está en sus hijos y que, ante eso, no podemos hacer nada más que decir, “pobrecitos” y “pobrecitos padres lo que estarán pasando”? ¿Les estamos diciendo: buscad un sitio en donde los diferentes pasen desapercibidos entre otros diferentes?

El problema es aún más sangrante porque los que les dicen a unos padres y madres “Tu hijo es diferente” muchas veces son otros padres y madres.

Los padres y madres solo tienen hijos e hijas. Hijos e hijas que comparten las mismas necesidades (afecto, educación, salud, integración social). Sólo existen  los diferentes cuando los otros les negamos el acceso a los espacios comunes porque creemos que están mejor en espacios diferentes.

Inclusión es una palabra muy bonita, pero de nada sirve si lo que tienes es miedo a los “diferentes”.

La inclusión no busca la invisibilidad de los hijos diferentes, lo que busca es lo contrario: señalar que la diversidad es una característica de los seres humanos.

Inclusión es una palabra muy bonita pero supone realizar un esfuerzo, el esfuerzo de dedicar tus recursos y organizarlos para atender a la diversidad en cualquier espacio.

Los padres y madres de los hijos “diferentes” necesitan que los otros padres y madres piensen que los hijos de los demás son tan hijos como los suyos. Y por lo tanto, que tienen derecho a lo mismo que sus hijos. A eso lo llamamos empatía.

Los padres y madres solo tienen hijos. Seres humanos. Personas. No lo olvides, cuando hablas con sus padres estás hablando de su hijo.

Cuando alguien te diga que tu hijo es diferente, la mejor manera de contestar es decir: Sí, es verdad, pero tú también eres diferente, así que échame una mano para que mi hijo pueda disfrutar de los mismos derechos que disfrutas tú.

Algunos padres y madres lo único que necesitan es comprensión, esperanza, ánimo, ayuda para poder seguir educando a sus hijos.

Ser empáticos  no cuesta dinero.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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