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Fecha: enero, 2018
Los niños que mataban en vez de jugar.
Carlos Pajuelo 23-01-2018 | 9:13 | 0

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La maldad está conviviendo con la bondad. (FOTO El Correo)

Nuevamente nos sorprende una noticia de esas que nos asola el corazón, un par de críos de 14 y 16 años asesinan, en  Bilbao, a un matrimonio mayor para robarles,  ¿Cómo es posible?, ¿cómo puede ser que unos adolescentes, casi unos niños, sientan tal desprecio por la vida de unos seres humanos?

No, no te eches las manos a la cabeza diciendo qué monstruos estamos creando. No vivimos en un mundo perfecto y estos desmanes y otros por el estilo los cometen adultos, a diario. (Accidentes que causan muertes por culpa del alcohol, las drogas o el incumplimiento de normas de tráfico; violencia de género, hombres que matan mujeres por despecho; violaciones, asesinatos, robos, el desprecio, el odio que manifestamos a través de las redes sociales por las personas que piensan diferente que nos lleva a difamar, amenazar, desear lo peor, etc.)

Un menor, por ser menor, necesita protección y no hay mejor protección que aprender el valor de las normas y los límites, un menor no es un adulto, un menor no está “terminado de construir”, un menor necesita guía y supervisión. Pero también un menor necesita asumir responsabilidades acorde a su edad. Ser menor no quiere decir que tengas vía libre para hacer lo que te dé la gana. Claro que hay menores cuyos comportamientos, totalmente repudiables, precisan de consecuencias inmediatas.

No es cuestión de “mano dura” es cuestión de mano firme, de seguridad y de convicción. Es mejor que lloren los hijos por que no entiendan las normas y los límites a que tengamos que llorar los padres por lo que nuestros hijos hacen.

Yo creo que estos actos violentos, todos los actos violentos, nos deben abrir los ojos y hacernos reflexionar sobre  la responsabilidad que tenemos todos y cada uno de nosotros, porque todos somos responsables de lo que ocurre en nuestra sociedad.

Actos como este me reafirman en la importancia de educar. Sencillamente actuemos cada uno desde nuestra responsabilidad, en las familias concretamente siendo sistemáticos con las normas y los límites que nuestros hijos necesitan. Y comprando pañuelos de papel porque las normas y los límites generan mucha llantina a los que tienen que seguirlos y no a los que les corresponde proponerlos.

No basta con mirar y fruncir el ceño, todos podemos y todos debemos actuar y esto no sólo es un problema de hijos mal criados o de padres y madres desbordados. Si todos respetáramos, si todos asumiéramos el valor de normas y límites, si la ley estuviera por encima de lo que cada uno de nosotros quiere porque todos es más importantes que uno. Así daríamos ejemplo a los menores. Es fácil decir que “asco de sociedad”, es fácil decir que  “la culpa es de los padres”, que suerte tenemos que la avería siempre es “de la calle” y la averia a veces consiste en no mirar la maldad, no ponerle nombre a la maldad

Somos los seres humanos capaces de crear belleza, arte, capaces de amar, de ayudar, de solidarizarnos, capaces de lo mejor  pero no lo olvidéis los seres humanos somos también capaces de odiar, de odiar despiadadamente, de alegrarnos por las desgracias del prójimo, de desear lo peor a otros seres humanos. Unos odian y matan por twitter y otros odian o simplemtnte matan en directo. La única manera de educar frente al mal es ser conscientes de lo fácil que podemos ser malvados. Normas y límites nos hacen falta porque la maldad vive cerca. Normas y límites para proteger a tus hijos de la maldad.

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Cómo echar a los hijos, adultos, de casa.
Carlos Pajuelo 21-01-2018 | 4:56 | 2

Se enseña a los hijos a ser autónomos desde que son pequeños.

Se enseña a los hijos a ser autónomos desde que son pequeños. (FOTO LC Rosario)

Es “ley de vida” que los hijos terminen abandonando el hogar familiar  pero también nos encontramos, cada vez más frecuentemente, con hijos que no encuentran el momento para levantar el vuelo. Esos hijos no es que vivan en casa de sus padres, es que están instalados en casa de sus padres. Son huéspedes, pero huéspedes privilegiados que viven a cuerpo de rey. Y papá y mamá los abnegados y mosqueados posaderos. Eso sí, algunos padres están hasta contentos de hacerle la camita, la comidita, cuidando la ropita, a la criaturita de 32 años.

También hay hijos que han levantado el vuelo y abandonado el nido pero lo que hacen es llevarse al gallo y a la gallina a su casa, o sea a sus padres, porque los implican a base de taperwares, bolsas con ropa sucia, o directamente en el cuidado de sus hijos, o sea de sus nietos. Pero de esto ya hablaremos en otro artículo.

Todo en la vida tiene su tiempo, tenemos que educar a  nuestros hijos para que levanten el vuelo, para que se vayan a vivir su vida, para que sean protagonistas de ella. Porque los padres también tenemos que vivir, una vez pasado el tiempo de crianza de los hijos, nuestra vida.

¿Por qué no se van de casa?

En la mayoría de los casos porque hay padre-madres tipo “Gallina Clueca” que nunca terminan de ver que sus hijos no los necesitan y los mantienen en sus casas, les animan a que continúen con ellos  porque hacen del cuidado de sus hijos la razón de su existencia. Los hacemos unos comodones y un poco inútiles.

Otros hijos no se van, aunque son adultos que trabajan y que tienen un sueldo, porque prefieren gastarse el dinero en “vivir bien” (coche, viajes, ropa) y no quieren abandonar la pensión, que es gratis. A éstos los seguimos haciendo comodones y con una cartilla de ahorros que ya nos gustaría.

Algunos,  por situaciones de pérdida trabajo, divorcios u otros problemas, vuelven a casa a buscar “cobijo” de forma coyuntural, pero terminan convirtiendo la situación en permanente.

¿Qué hacer para que se vayan, los hijos adultos, de casa?

No olvides que la razón por la que educamos a los hijos es para que sean independientes, autónomos, para que vivan su propia vida como ellos crean conveniente. La autonomía es algo que se enseña de manera progresiva poco a poco, en cada edad hay oportunidades para ir practicando esa autonomía: asumir responsabilidades, tomar decisiones, y sobre todo, aunque parezca paradójico, tener en cuenta las necesidades de los demás.

Existe una clara diferencia entre ser solidario con la situación que viven los hijos y “echarles una mano” a estar obligado a atender a los hijos toda la vida. La solidaridad es recíproca, los hijos deben de entender que bastante han hecho sus padres toda su vida mientras los han criado como para “obligarles” a que tengan que ayudarles, porque para eso son tus padres.

Enseñad a los hijos a que deben pensar en las necesidades de sus padres y a entender las consecuencias que les acarrea a los padres el egoísmo de éstos: Menos autonomía para los padres, pérdida de libertad cuando creían que ahora era el momento de dedicarse tiempo para ellos. Hay padres que les agobia incluso irse de viaje porque a sus hijos (bien mayorcitos) igual no les viene bien, quién los va a atender, etc.

Animad a los hijos a que se vayan a vivir su vida, enseñarles a ir siendo autónomos, que se hagan la comida, que sepan poner la lavadora, tender, ¡planchar! Un hijo que sabe planchar y escurrir el spontex con las dos manos está preparado para vivir con autonomía.

Habladles clarito, construir la propia vida, ser independiente, es más costoso porque no van a tener todas las comodidades que tienen en casa, pero hay que salir del nido familiar y construir su propio nido.

Decidles muchas veces eso de que “cuando estés en tu casa podrás hacer lo que quieras”, pero decírselo con alegría, con motivación y no como si estuviéramos hastiados de convivir con ellos.

No lo olvides, educamos a los hijos para que vuelen, para que vivan su vida. Y nosotros, los padres, la nuestra.

 

 

 

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Cómo me convertí en “la peor madre del mundo”
Carlos Pajuelo 14-01-2018 | 5:41 | 0

#Edadmumala

#Edadmumala

En esta entretenida tarea que es la de educar hijos e hijas algunas madres y padres se encuentran, de repente, con que sus criaturas que antes les profesaban algo parecido a la adoración pasan a mostrarles una especie de inquina, mezcla de desesperación, manía, desprecio, hastío que se manifiesta con frases del tipo: “no te soporto”, “eres odiosa”, deja de fastidiarme la vida” acompañadas de destierro, se van a su cuarto y te castigan con el látigo de la indiferencia.

Triste y sola se queda la madre y el padre, preguntándose qué hemos hecho para merecernos esto. Por qué nuestras criaturas que hasta hace nada nos decían papito bonito, mamita guapa, nos han convertido en una mezcla de Ángela Channing, Cruella de Vil, el Jocker, Darth Vader, Maléfica y ni nuestra presencia soportan.

¿Sabes por qué te has vuelto, a sus ojos, tan odiosa o tan odioso?

Porque le estás marcando límites.

Porque las normas siguen siendo válidas y eso molesta a los que las incumplen.

Porque les dices que fumar-beber es malo por mucho que ellos te lo quieran justificar como si el tabaco-alcohol fuera una aspirina.

Porque a veces no se aguantan y les molesta hasta que les digas buenos días.

Porque les recuerdas que no están haciendo lo que tenían que hacer (y no me refiero solo a estudiar).

Porque, a veces, realmente eres muy pesada o muy pesado.

Porque lo que para ti es protección ellos lo interpretan como asfixia.

Porque los padres y madres de los demás, como no les dicen nada a ellos, son un encanto.

Sí, un día te convertirás en un ser odioso a los ojos de quién más quieres. Pero espabila, ¿qué quieres que te digan, olé mi madre, olé mi padre, gracias por guiar mis pasos y mi vida?

No educamos para que nos hagan la ola. No educamos para ser unos padres guays. No educamos para tener hijos modélicos. Educamos porque alguien tiene que mostrar el camino a nuestros hijos y a menudo nuestros hijos se ven tentados por los atajos.

Así que cuando te digan odiosa-odioso, malvado-malvada, amargada-amargado y se encierren en su habitación, tú solo contesta, con cariño: “pues yo te quiero”.

Te recuerdo que el adolescente no eres tú. Así que no te pongas en plan dramático y a seguir educando.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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