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Autor: carlos pajuelo
¿Prohibir los deberes en vacaciones?
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Carlos Pajuelo | 19-06-2016 | 7:54| 0

las vacaciones son para descansar. Pero nunca se descansa de aprender.


El tema de los deberes escolares no es más que un síntoma de un problema para mí mayor, la falta de sintonía, en algunos temas educativos, entre escuela y familia. Una falta de sintonía que tiene como consecuencia una cierta radicalización de posiciones entre los que piensan o dicen abiertamente “es que los padres no quieren aguantar a sus hijos ” y los que piensan o dicen “los maestros venga a poner tareas y ellos tan tranquilos en su casa”.

Y de esta manera, cada vez que surge la ocasión, aprovechamos, familias y profesorado, para atizarnos.

Establecer un debate para ver quién tiene razón si los “deberistas” o los “antideberistas” me parece, además de aburrido, inútil. Porque los deberistas tienen razón en algunas de sus propuestas  y los antideberistas tienen razón en algunas de su propuestas y ambos, a la vez están, según mi criterio,  equivocados en algunos de los argumentos de sus propuestas.

Hace tiempo publiqué un artículo respecto a los deberes escolares en el que los deberes se entienden de forma diferente según pongas el énfasis en la escuela como favorecedora del desarrollo o la escuela cono favorecedora del rendimiento.

Está claro que en el tema de los deberes escolares, como en casi todos los temas que hacen referencia a la educación, es conveniente hacer análisis lo menos apasionados posibles. Los deberes no son ni buenos ni malos en su esencia. La bondad o maldad vendrá dada por su manera de ser utilizados.

Las vacaciones son para descansar, claro que sí. Pero nuestros hijos menores están en proceso de formación y por ello están en periodo de aprendizaje constante. Viven y aprenden y en vacaciones se viven muchas situaciones que ayudan a aprender.

En las vacaciones se hacen cosas diferentes, se cambia el “chip” por eso no se trata de “repetir” el mismo formato de la escuela, se trata de utilizar lo aprendido en la escuela en otros formatos diferentes.

¿Es acaso la lectura un deber? ¿No tenemos los padres el deber de animar a la lectura donde se pueden vivir aventuras?,

¿Es acaso escribir un relato, un diario, un resumen de una película vista o de un video juego un deber?

¿No tenemos los padres el deber de animar a nuestros hijos a que aprendan a relatar sus experiencias en diarios, comics, libros de viaje, etc.?

¿Es acaso, escuchar música o tocar un instrumento musical o grabar un cd con canciones para un amigo o amiga especial, un deber? ¿No tenemos los padres el deber de animar a nuestros hijos a practicar ejercicios que faciliten el manejo de ese instrumento musical, o enseñar a disfrutar escuchando música y seleccionando aquello que más se ajusta a lo que sentimos?

¿Es que, acaso, aprender es algo negativo y perjudicial en vacaciones?

La escuela hace una propuesta sobre lo que sus alumnos deben de reforzar en vacaciones. Y claro está, las familias tienen la potestad de decidir si están de acuerdo o no con que su hijo haga, o no, dichas tareas y desde luego elegir también el medio para hacerlas. Pero esto último requiere tiempo por parte de los padres, por eso son tan socorridos los libritos de ejercicios y ¡hasta que no hagas dos páginas no vas a la piscina!

Ya sabéis que mi opinión frente a los deberes es muy clara, los que NO tiene que hacer los deberes son ni los padres ni las madres.

El aprendizaje, aprender, es emocionante. Una aventura ésta la de aprender. Y las vacaciones siempre son estupendos momentos para hacer cosas emocionantes.

Esperemos que el tema de los deberes no se convierta en un asunto de estado y sí en una necesidad para establecer mejores vínculos de comunicación entre  familias y escuela.

Las vacaciones son para disfrutar, claro que sí. La sensatez ayuda mucho a disfrutar de las vacaciones y de los hijos también.

 

Otros artículos sobre el tema de los deberes:

¿Tienen muchos deberes nuestros hijos?

Quién tiene que hacer deberes en tu casa?

Cómo deben de organizarse los deberes?

 


 

 

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Menos whatsapp y más comunicación
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Carlos Pajuelo | 12-06-2016 | 8:56| 0

¿te lo vas a perder?

La semana pasada iba yo dando un paseo cuando vi a una madre, pero podía ser de igual forma un padre, paseando mientras empujaba el cochecito de su bebé. Me llamó la atención porque la madre iba entretenida con su teléfono móvil. Su bebé, que tendría unos 6 o 7 meses la miraba a la vez que emitía una serie de vocalizaciones. Pero la madre estaba absorta con su móvil. El bebé hablando y la madre sin contestar.

Los bebés en el primer año de vida necesitan a los adultos para poder poner en marcha todas las potencialidades emocionales, cognitivas, comunicativas que le ayudaran a construirse como persona.

Los seres humanos somos fundamentalmente seres sociales, tenemos una inteligencia eminentemente social y es a través de esta interacción social como aprendemos a establecer vínculos, a sentirnos emocionalmente seguros, a interaccionar, a comunicarnos.

Las pantallas, ya sean videos que estimulan la inteligencia, aplicaciones que entretienen en móviles o tabletas, son sólo medios que en los primeros años siempre deben de utilizarse acompañados por la presencia de los adultos. Usad el móvil no para entretener, sino para reforzar las conductas de interacción y comunicación de los niños con los adultos significativos, padres, madres, abuelos, etc.

El bebé nada más nacer comienza a presentar comportamientos que necesitan una respuesta y en la medida que obtengan esa respuesta por parte de los adultos, se va a ir generando y afianzando tanto el interés por la comunicación y la interacción a la vez que se establecen vínculos afectivos que dan seguridad emocional. Si no obtienen respuesta es probable que dejen de utilizar esa conducta.

Así que mira a tu bebé, habla con tu bebé, enséñale a tu bebé las cosas y o personas que hay a su alrededor, refuerza cada vez que mira hacia donde tú diriges la mirada, refuerza cuando te mire a ti e inmediatamente mire a otro objeto, hazle notar que le entiendes, que sabes lo que quiere. La imitación va a ser una herramienta extraordinaria para que tu hijo aprenda todas estas habilidades. Para imitar es necesario tener un modelo a imitar.

Cuando tu bebé empiece a balbucear interpreta todos sus balbuceos como si te estuviera hablando y diciéndote “olé las madres guapas”, “olé los padres bonitos” y míralo, sonríele y dile “bonito o bonita tú”, y dale el suficiente espacio de tiempo para que te “responda” con un nuevo balbuceo y vuelve a responderle tú. Así enseñamos a hablar a nuestros hijos, hablando.

Utiliza las nuevas tecnologías como un instrumento para comunicarte con tu hijo, no para que esté entretenido y te deje tranquilo o tranquila (bueno, diez minutitos de tranquilidad tampoco es malo). Pero no le dejes que interaccione con las máquinas porque las máquinas no responden, no sonríen, no enseñan. Tú sí.

Tu hijo va a crecer rodeado de móviles, tabletas, ordenadores, y todos le van a ser muy útiles pero recuerda que tener amigos, charlar, comunicarse es una estupenda medicina para cuando vienen los días malos, así que no dejes de comunicarte, tú hazlo porque eso deja huella.

Los bebés crecen rápido, muy rápido. ¿te lo vas a perder?

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Los hijos que maltrataban a sus padres
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Carlos Pajuelo | 22-05-2016 | 5:36| 0

 

El silencio, la culpa, la verguenza, alimentan el maltrato.

Te voy a dar de hostias, gilipollas”. Esto es lo que le dijo María, una adolescente de 14 años, a su madre después de que ella entrara en el cuarto a pedirle que bajara la música. “Tuve miedo, Carlos, un pánico que me paralizó. Me parecía una pesadilla, algo imposible, que mi hija pudiera hablarme así, con ese desprecio”.

Mentiría si os dijera que este es un hecho aislado, la realidad es que son algunos los padres que se ponen en contacto conmigo para exponerme situaciones parecidas. Y digo yo que deben de ser muchos más porque a los padres nos cuesta mucho trabajo contar cosas como estas, porque o nos avergüenzan o nos culpabilizan y no sé cuál de esas dos emociones es peor a la hora de educar.

Mirad, yo cuando escucho a unos padres contarme cosas así, no me escandalizo. Ni pienso para mis adentros el socorrido “una buena bofetada a tiempo”, ni tampoco me rasgo las vestiduras diciendo: “¡qué asco de sociedad estamos construyendo!  Intento abrir los ojos a los padres para que, por una parte, entiendan porqué ocurre esto y por otra, para exhortarles a que actúen. Porque algo hay que hacer. Vivir la educación de los hijos como si fueran hemorroides “sufriendo en silencio” no ayuda para nada a dar respuesta a estos hechos.

Vamos a llamarlo por su nombre, esto es maltrato, sí, maltrato. Pero os recuerdo que estamos educando a nuestros hijos, que con catorce años no están “terminados”, que claro que saben que eso no se le dice a una madre, ni a un padre, ni a nadie. A nadie. Estamos educando y por lo tanto somos espejo, somos modelo, somos guía. Somos padres dispuestos a afrontar los envites de hijos que tienen que aprender que ellos son los protagonistas de su vida y por tanto del malestar de su vida. Padres dispuestos a enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración por no poder hacer algo que deseas hacer, por tener que hacer cosas que no les apetecen. Padres dispuestos a enseñar a sus hijos las consecuencias que tiene no aprender a controlar su malestar.

La autoridad de un padre no se mide por lo que hacen los hijos sino por la capacidad de aplicar,  sistemáticamente, las consecuencias que determinamos van a tener los comportamientos de nuestros hijos.

¿Le vas a dar un bofetón para enseñarle que no se habla así?, ¿Le vas a meter miedo para que aprenda a no meter miedo? ¿De eso va la autoridad? ¡Qué va!, hay palabras que valen más que las bofetadas. Hay decisiones que valen más que las bofetadas, hay seguridad y convicción en la tarea educadora, en lo que los padres hacemos, que vale más que mil bofetadas.

Ante el maltrato, no te calles. Tus hijos tienen que saber perfectamente que todo su entorno familiar y escolar va a ser conocedores de esa conducta. Muchos padres se callan ante el resto de su familia, amigos, profesorado y ese silencio es abono para el maltrato. Lo repito, que un hijo insulte a sus padres puede ocurrir sin necesidad de que la criatura sea un presunto delincuente pero callándote no le ayudas ni al hijo ni a ti.

Habla con tu hijo, pero deja pasar unas horas o un par de días, hablar para que escuche, una por una, las palabras que te ha dichote voy a dar de hostias”, “me das asco” o lo que a la criatura se le haya ocurrido decir. Dile que escuchar eso, en la boca de quien quieres, te hace sentir mal. Dile que si por insultarte, cree que es mejor persona; dile que si le gustaría escuchar a otros diciéndoles esas mismas palabras  a su padre o a su madre; dile que si es más hombre, más mujer, por asustar, por intentar meter miedo. Dile que no le tienes miedo, que tú vas a luchar por no tenerle miedo porque no se teme a quien se ama. Que no se le olvide eso, que no lo olvide nunca, no hay ningún amor sano que provoque el más mínimo ápice de temor.

Habla con la familia, con tus amigos o con su tutor. No es por avergonzarlo, un padre que educa no pretende avergonzar, lo que debe de avergonzar es la conducta de maltratar no la de educar. No me callo porque no me das miedo.

Y luego lo dejas sin teléfono, sin maquinita,  sin salir, sin excursión o lo que creas que es conveniente y ajustado a lo que ha hecho el hijo, no por venganza sino porque tu hijo tiene que aprender que todos los hechos tienen consecuencias.

Y cuida tu entorno, cuida lo que haces y lo que dices, porque nuestros hijos se fijan mucho en lo que hacemos los padres. Se fijan en todo.

Y si te pide perdón, lo perdonas. Pero le recuerdas que lo que ha pasado, ha pasado, y eso ya no tiene remedio,  que tiene muchos días por delante para seguir aprendiendo. Pero que no le tienes miedo, lo que le tienes es cariño, amor.

Son niños, adolescentes, menores que están aprendiendo. De ti padre y madre depende que tu hijo aprenda nítidamente qué hacer para no convertirse en un maltratador.

Ánimo. Pero esto es lo que tiene ser padres, que a veces, los que más quieres, te hacen sentir fatal.

¿La culpa? No pierdas el tiempo buscando culpabilidades, hay opiniones para todos los gustos. Tú a lo tuyo, actúa. Educa.

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“Déjate de tonterías y estudia”
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Carlos Pajuelo | 18-05-2016 | 6:39| 0

Los padres y madres nodeben de ser pesados, deben de ser sistemáticos

David, un chico de 13 años, me cuenta que se ha enamorado “hasta las trancas” y que lo que le ocurre es “lo mejor que me ha pasado en toda mi vida” y añade con la  intensidad con la que sazonan sus vidas los adolescentes, “por primera vez, sé qué es la felicidad”. Me dijo que se lo contó a sus padres mitad por un arranque de sinceridad, mitad porque sentía que le ocurría algo propio de adultos y maduros; y la respuesta que obtuvo fue una sonrisa de su padre mientras le decía “déjate de tonterías y estudia”.

En las actividades que realizo con adolescentes cuando hablo con ellos respecto a cómo perciben a sus padres me llama la atención que una mayoría de ellos considera que “lo único que le importa a mis padres de mí, son los estudios.

Tu y yo sabemos que esto no es verdad, que nos importa todo de nuestros hijos pero de lo que no estoy tan seguro es de que les trasmitamos esa información con nitidez. Una cosa es lo que pensamos y otra lo que hacemos.

Ya hemos dicho muchas veces en este blog que los padres consideramos que los estudios y las notas son un indicador respecto a cómo va discurriendo el desarrollo de nuestros hijos, o sea, un indicador de nuestra “tranquilidad” o “intranquilidad”.

Por esta razón los “estudia, niño estudia” son un mantra que los padres repetimos por los pasillos de las casas con el deseo de que nuestros hijos no nos asusten y que por lo general tienen como respuesta sus consabidos ¡que me dejes!, ¡qué pesados sois!”.

Déjate de tonterías que el tiempo pasa volando, déjate de tonterias que no tienes ni idea de que va esto, déjate de tonterias que qué sabrás tú. Así se van instalando entre nuestra vida y la de nuestros hijos los dejatedetonterías. Estoy convencido de que conoces otras palabras y otras frases que podemos colocar entre nosotros y nuestros hijos y que, además de no ningunear, son más constructivas que los dejatedetonterías.

¿Te responden tus hijos que eres un pesado, una pesada? Pues no te enfades, tú solo contéstales: “De pesado nada, lo que soy es sistemático.” Y a seguir con la tarea de educar.

¡Si es que esto de educar hijos es muy entretenido!

 

 

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La familia, algo más que una tribu.
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Carlos Pajuelo | 15-05-2016 | 5:58| 0

La familia es una escuela y un aprendiz a la vez.

Encierra una gran verdad el proverbio africano que dice que para educar a un niño hace falta toda la tribu. Hacen falta todos y cada uno de los miembros de nuestra sociedad, pero es la Familia la que ejerce el liderazgo en la educación de sus hijos, es la Familia la responsable y los demás somos responsables de colaborar. La Familia es mucho más que la Tribu por diferentes razones pero por una fundamental: para educar a un niño hay que quererlo, quererlo de verdad,  y convendrán conmigo que como se quiere en Familia, con sus aciertos y errores, no se quiere en otras partes de la tribu.

La palabra Familia tienen un montón de significados, de sinónimos, a cada cual más hermoso. Hoy es el día de la familia y en muchas casas habrá risas, en otras lágrimas, miedo, orgullo, confianza, recuerdos, desazón, nostalgia, esperanza, etc.,  pero en todas, amor.

Mi familia, tu familia no son un jardín idílico ni un remanso de paz, en nuestras familias vivimos las mismas crisis que se viven en la sociedad con la diferencia de que estas tensiones las originan nuestros “seres queridos”. La familia se construye día a día porque está viva. Para construir Familia estás tú, arquitecto de familia, albañil de familia, artesano de familia, constructor de espacios en los que crear y crecer, espacios donde vivir, donde sentir.

Mi decálogo para construir familia:

1.   La familia es la propia esencia de la diversidad, en ella caben todas las religiones, todas las ideas, todas las creencias, todos los sexos y todas las razas.

2.  La familia es un Universo, una Patria a la que se pertenece siempre que alguien te reconozca como miembro de su familia. Cuantas veces les decimos a personas que queremos, “como si fueras de mi familia”.  Un bien a proteger, patrimonio de la humanidad, eso es la familia.

3.  La familia es una escuela en la que aprender, pero también es aprendiz, porque está viva y sabe que, para sobrevivir, hay que adaptarse. La familia continuamente está enfrentándose a nuevos retos que le demandan nuevos aprendizajes, nuevas respuestas.

4.  La familia es inclusiva y acepta a todos sus miembros, tiene siempre las puertas abiertas porque sabe perfectamente que dentro de ella es posible el rechazo, el cuestionamiento y el conflicto. El conflicto en la familia es normal porque está compuesta de personas diferentes, con edades e intereses diferentes.

5.  La familia es un lugar donde acoger es un hecho natural y no una manifestación de altruismo. La familia es el espacio donde aprendemos y posteriormente enseñamos el significado de la aceptación incondicional.

6.  La familia educa, porque sabe de la importancia que tienen los modelos para aprender. La familia educa para que sus miembros aprendan a tomar decisiones, a elegir. Solo se es libre si hay posibilidad de elección.

7.   La familia trasmite valores dando ejemplo. Los valores no se imponen.  Los valores se viven, no se pregonan. Son guías, no son espadas.

8.   La familia apoya porque sabe que es imposible ser perfecto, porque la vida se vive con aciertos y errores, porque caemos y recaemos y al final siempre hay alguien que te tiende una mano, esa mano es tu familia

9.   La familia ama. El amor es el pegamento que mantiene unida a la familia. Aunque los miembros estén dispersados en el espacio, el vínculo familiar no entiende de fronteras ni de distancias ni de tiempo.

10.  La familia es generosa, y en ella vive la palabra perdón justo al lado de la palabra responsabilidad.

Hoy, al igual que ayer y mañana, necesitamos a la familia, a la tuya, a la mía, a todas las familias. La familia necesita ayuda, todas son pocas, pero lo que más necesita la familia es que tú cultives y cuides a la tuya.

Si, es verdad, para educar se necesitan todas las manos posibles pero la Familia es indispensable.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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