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Autor: carlos pajuelo
Cómo educar a los hijos para que vivan sus emociones
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Carlos Pajuelo | 19-10-2014 | 6:03| 0

Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones.

 

Es muy frecuente que los padres vivamos conversaciones de este tipo con alguno de nuestros hijos:“¿Qué te pasa hijo? ¿A mi? ¡Nada!. Hijo es que te veo como si te pasara algo. ¡Que no me pasa nada, pesados, dejadme en paz!”.

Es curioso que con lo que a los padres nos preocupa todo lo que hace referencia con el desarrollo de nuestros hijos tenemos mucha dificultad para movernos en el terreno de la educación de las emociones. Quizás esta dificultad venga dada porque a nosotros nadie nos “educó emocionalmente” de hecho yo escucho a muchos padres decir eso de “tengo un no sé qué” como forma de identificar sus sentimientos. Los nosequés no dejan de ser más que emociones que no son reconocidas y por lo tanto no podemos  hacer nada para actuar sobre ellas por lo que terminamos siendo dominados, vividos por nuestras emociones.

Las emociones juegan un papel importante en nuestra vida (recordar post sobre educando con inteligencia emocional) y en la de nuestros hijos. Educar es también enseñar a los hijos el peso que las emociones tienen en nuestra vida cotidiana, es enseñar a aprender a convivir con las emociones. Educamos para que nuestros hijos decidan con libertad y no como esclavos de sus emociones.

¿Cómo ayudar a que nuestros hijos sean emocionalmente inteligentes?

1.- Haciéndoles  ver que sentir emociones es algo normal. Cuando digo normal quiero decir natural. Es tan natural sentir rabia, celos, envidia como sentir alegría, amor, etc.  Las emociones en sí no son ni malas ni buenas,  son respuestas ante una determinada situación.  Lo bueno y  lo malo de las emociones viene dado por las consecuencias que tienen en nuestra vida la manera en la que las manifestamos.

2.- Haciéndoles  saber que las emociones que sienten además de ser naturales tienen un nombre. Los padres enseñamos a nuestros hijos el nombre de  los objetos físicos y sociales que les rodean, pero en el terreno de las emociones, sobre todo en las mal llamadas emociones negativas,  lo que les enseñamos es a decir  “Estoy harto”, “No puedo más”, “Me va a dar algo”, “tengo un no sé qué”, “no puedo más”, etc.  Sería más ilustrativo cambiarlo por  “Estoy enfadado cuando…”, “estoy  irritado porque…”,  “estoy sorprendido”, “estoy contento…”  Dar nombre a las emociones nos ayuda a saber qué es lo que  estamos sintiendo en un momento determinado y ese es un buen punto de partida para saber qué hacer.

3.- Explicándoles  a los hijos que se pueden sentir varias emociones a la vez.  Uno puede estar enfadado por algo en concreto pero no es necesario estar enfadado con todo lo demás.  A veces estamos enfadados con nuestros hijos por algo  en concreto y nos comportamos como si estuviéramos enfadados con el mundo entero.  Puedo estar  enfadado con mi hijo porque no ha recogido su cuarto pero no necesito tener la cara de amargado todo el día.

4.- Ayudar a  los hijos a que entiendan que entra dentro de lo lógico no querer reconocer determinadas emociones que presentamos. Nadie quiere reconocer que siente envidia (de la mala) ni ira ni otras emociones que tiene mala prensa y presentan una imagen negativa de nosotros y los seres humanos queremos que los demás nos quieran y aprecien. Pero es fundamental reconocer lo que se siente para poder decidir posteriormente si  debes o no controlarlo.

5.- Hazles ver la relación que existe entre lo que  pensamos,  lo que sentimos y cómo nos comportamos.  Esta relación entre pensamiento, emoción y conducta  guía nuestra vida. Si pienso que soy competente me sentiré bien y actuaré de manera competente si por el contrario pienso que soy inútil, me sentiré triste y no me atreveré a hacer cosas  por temor a hacerlas mal.

Para educar en emociones hay que ser consciente de cómo vivimos con emociones.

En el próximo artículo hablaremos de cómo autoregular las emociones.

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Educar: la agotadora tarea que no acaba
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Carlos Pajuelo | 13-10-2014 | 7:28| 0

La tarea de educar es a veces agotadora. Fotografía de Esther Cossio (http://instagram.com/esthercossio)

Hija, déjame que te explique por qué bostezo.

Antes de que tu aparecieras en nuestra vida igual que aparece un trueno después de un relámpago, como una ansiada cuenta atrás, como el mejor de los deseos concedido por una estrella fugaz, los segundos, las horas, los días, semanas y meses solo nos servían como parámetros para organizar nuestra vida.

Cuando te asomaste a nosotros se rompieron los calendarios y relojes y el tiempo dejó de ser aquel espacio en el que discurría nuestra vida para convertirse en el escenario donde vas creciendo.

Eres lo mejor que nos ha pasado, aunque durante tres años no supimos qué es eso de dormir ocho horitas, ¿ocho? Ni la mitad.

Eres lo mejor que nos ha pasado,  aunque no podíamos dejarte ni un instante sola porque bajo esa carita angelical crecía  una mezcla de zipi y zape con mucha curiosidad y sin la más mínima idea de lo que era el peligro. Delegaste en nosotros la tarea de ser tu colchoneta, tu red, los vigilantes a jornada completa.

Eres muy zalamera pero cuando enfermas te desovillas de tal manera que nos da miedo que se te olvide hasta respirar.

Cuando nos llaman del colegio y nos dicen que no estudias, que no haces las tareas, que contestas, nos preocupa hasta dónde llegará el límite de tu osadía.

Cuando sales con tus amigas y llega la hora del regreso y no has aparecido, nos asustamos.

Cuando la vida te sacude un bofetón porque un carajota te ha roto el corazón, nos duele tu dolor.

Cuando te desesperas porque el mundo es un asco lleno de injusticias y te vuelves paladín de las causas perdidas, sonreímos.

Cuando coqueteas con las drogas o el alcohol nos invade el miedo y más aún cuando tu arrogante seguridad intenta tranquilizarnos.

Cuando los pájaros anidan en tu cabeza, intentamos ser un faro al verte “desnortada”.

Pero siempre, vayamos cuesta arriba o vayamos  cuesta abajo, vamos viviendo sin mirar atrás.

¿Sabes? Es muy difícil sentirse un buen padre cuando uno además de conocer su egoísmo, limitaciones y carencias, es señalado por los demás cada vez que su hijo se equivoca.

Desde el momento en que llegaste y movidos por el amor que nos inspiras comenzamos esta ardua tarea de educar y  no olvides que en todos y cada uno de esos instantes, los buenos y los malos, TE EDUCAMOS, NO DEJAREMOS DE EDUCARTE, nos esforzamos con aciertos y equivocaciones y cuando desfallecemos, nos desesperamos, maldecimos,  nos basta con pensarte y en ese instante nos vienen unas fuerzas que nunca imaginamos poseer que nos permiten seguir y no arrojar la toalla. Un esfuerzo que agota, un cansancio físico y mental,  un esfuerzo en el que tu madre y yo vamos gastando la vida.

Por eso a veces estoy cansado, agotado  y entonces me apoyo en un poste y con la mirada perdida  bostezo. Pero este bostezo, querida hija,  no significa que esté  ni aburrido, ni hambriento y menos aún desesperado.

Este bostezo solo significa: Que te quiero. ¡Cuánto te quiero hija!

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Padres y Abuelos: cinco cosas que sus hijos-nietos agradecerán.
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Carlos Pajuelo | 05-10-2014 | 4:57| 0

El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable.


Hace unos días me encontré con una antigua alumna mía que iba de paseo con su niño de dos años y con su madre. “Mira mamá, este es Carlos Pajuelo, que fue profesor mío en la Universidad y es el que escribe el blog para padres en el periódico Hoy”.  La madre me plantó dos besos mientras me decía  con un tono irónico y mirando de reojo a su  hija, “Hijo, pues a ver si escribes en el blog ese que los abuelos no somos tontos y que si hemos sabido criar a nuestros hijos  igualmente sabemos criar a los nietos”. Mientras su hija escuchaba a su madre, se mordía los labios con un gesto de resignación  para, nada más callarse su madre, replicar  “también puedes escribir un artículo sobre los abuelos que se creen que sus hijos son tontos y no saben educar”.  En estas situaciones siempre es cuando imagino que si hubiera sido fontanero esto no me hubiera pasado.

Por muchas y diferentes razones de tipo social, laboral, económico, etc., los abuelos cada vez juegan un papel más importante en la educación de nuestros hijos. En muchas familias son los abuelos los encargados del cuidado de los nietos mientras los padres trabajan. Este nuevo rol de abuelos conlleva la implicación de éstos en las tareas educativas. Por todo esto es muy normal que en esta situación puedan darse roces entre personas que tiene en común el amor que profesan por el hijo-nieto pero que pueden tener diferentes o muy diferentes opiniones en cuanto a la manera de plantearse la educación.

Cinco cosas que deberían de tener en cuenta los abuelos cuando educan a sus nietos

1.- Por mucho que los quieras, no son tus hijos. Tienen padre y madre que son los responsables de la educación de los hijos.  Así que asume tu estupenda e imprescindible tarea de colaborador.

2.- No les recuerdes constantemente a los padres de tus nietos todo lo que la experiencia te ha dado. La experiencia es un don de uso exclusivamente personal por lo tanto no puede transferirse.  Y recuerda que los hijos se educan “aquí y ahora” por lo que no valen las comparaciones con otros tiempos que ya pasaron.

3.- No les digas “lo estáis mal criando” y les busques los defectos que tú crees que tienen. Mira mejor sus virtudes y refuérzaselas. A educar se aprende educando.

4.- No rivalices con sus padres con frases del tipo “pues aquí duerme la siesta”, “aquí se lo come todo”, etc.  Ni te metas por medio cuando los padres riñen a tus nietos.

5.- Respeta las “normas” que los padres tienen para sus hijos y si no estás de acuerdo con ellas lo mejor es que te pongas “a sus órdenes” en vez de pensar y hacer lo que “me dé la gana”.

Cinco cosas que deben de tener en cuenta los hijos cuando solicitan ayuda de los abuelos.

1.- Los abuelos son más espabilados de lo que a veces pensamos los hijos. Así que procura no dejar al niño con un listado de instrucciones muy grande. Los frigoríficos de los abuelos están llenos de esas  instrucciones en las que se les explica con detalle toda y cada una de las cosas que no se deben de olvidar los abuelos. Así que cuanto más grande es la lista más puedes “mosquear” a los abuelos.

2.- Los abuelos te ayudan a cuidar y a educar a tu hijo. Así que no les exijas la perfección que por cierto los padres tampoco tenemos.

3.- Los niños saben perfectamente qué pueden hacer y dónde lo pueden hacer. Hay abuelos que dejan que sus nietos les potreen el sofá pero esos mismos niños en su casa no lo hacen.  No le digas a los abuelos “lo estáis mal criando” es más fácil decirles “os va a estropear el sofá”.

4.- No rivalices con los abuelos. Vas a perder. Un abuelo, por lo general, tiene todo el tiempo del mundo cuando está con su nieto. Tu no.

5.- Sé flexible con tus normas cuando dejas a tu hijo con los abuelos, ellos te ayudan encantados pero no olvides que los abuelos están también encantados haciendo otras cosas además de cuidar a tus hijos.

Un abuelo le va a dar a tus hijos lo que solo un abuelo puede dar. El cariño de los abuelos es de un valor emocional incalculable. Los abuelos son unos estupendos maestros enseñando el valor del recuerdo. (No estaría mal repasar el post en el que hablé de los efectos positivos de enseñar a recordar a nuestros hijos).Entre todos vamos a fomentarlo, vamos a disfrutarlo.

Educar es una manera estupenda de practicar la generosidad. Educar es una estupenda manera de compartir. Recordad que para educar a un niño “hace falta toda la tribu”.

Así que este post vá  para todos los abuelos y abuelas que educan. Con nuestro cariño y reconocimiento.

 

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¿Cómo deben organizarse los deberes?
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Carlos Pajuelo | 21-09-2014 | 5:26| 0

Mejorar las tareas un reto para padres y maestros

“Te dejo Carlos que ya hemos empezado el curso y  con él llegan las tareas y  me tengo que poner a leer con la niña y con la caligrafía del otro… ¡Madre mía con las ganitas que tenía de que empezaran las clases! y no veas qué tardes, discuto más que los tertulianos del “sálvame”. Y no te rías”, fue lo último que me dijo mi amiga Paqui mientras se marchaba como alma que lleva el diablo.

Este, el de las tareas escolares, es un tema de mucha enjundia y que considero que su regulación y  su justificación se encuentran en una especie de  “limbo” que tiene que ver más con el “uso y la costumbre” que con una planificación coordinada entre familia y escuela del papel de las tareas en el ámbito familiar.

En un pasado post hablé sobre cómo ayudar a los hijos en las tareas escolares, y en éste me gustaría hacer hincapié en algunos aspectos para optimizar el valor de las tareas para que éstas no se conviertan en una situación de crispación, pelea, llantos y además durante todo un curso.

¿Son necesarias las tareas escolares?

De entrada yo digo que las tareas son buenas, y si además están bien diseñadas, organizadas y coordinadas entre centro y familia, son muy buenas.

1.- Los deberes deberían tener como función principal la de dar apoyo y consolidar los aprendizajes realizados en el colegio, y no la de “sustituir” lo que no se ha hecho en el colegio. Ya sé que muchos padres estareís pensando “es que como no me ponga con mi hijo a hacer las tareas no aprueba el curso“.

2.- Los deberes requieren una importante coordinación entre los profesores del centro para que distribuyan la carga de las tareas de manera equitativa porque se puede dar el caso que alumnos con diferentes profesores se vean sometidos a una ingente cantidad de tareas.

3.- Los deberes tienen que tener en cuenta las características personales del alumno. Porque los alumnos no son iguales, no todos tienen las mismas necesidades ni las mismas capacidades a la hora de aprender.

4.- Lo que se busca con los deberes es la calidad y no la cantidad. El aburrimiento por realizar una tarea repetitiva mina la motivación. Hacer 20 sumas cuando has demostrado que haces bien cinco sumas, es solo sumar por sumar.

5.- Los deberes necesitan, sobre todo, de una buena coordinación entre profesores y padres para que a ambos les quede claro que el tipo de tareas que se van a realizar tienen un porqué y un  tiempo que le tienen que dedicar. Cuanta más comunicación, mayor entendimiento y por lo tanto mayor posibilidad de que los deberes no se conviertan en un punto de fricción entre padres y profesorado y sobre todo entre padres e hijos.  (“El niño se puede quedar atrás y yo tengo que seguir la marcha de la clase” es una frase que a veces escuchan los padres, y si no se les explica bien pueden entender que lo que se les pide es que la “avería” hay que repararla en casa.)

6.- ¿Cuánto tiempo haciendo tareas/estudiando?

El horario al final va a depender de cómo es el alumno-hijo; hay algunos que hacen las tareas en poco tiempo y otros que se eternizan. Lo mejor es hablar  con los tutores de tus hijos para junto con ellos determinar cuál debe ser el horario más apropiado. Te recuerdo que las actividades extraescolares también cansan, física y mentalmente, no son un “recreo” por lo que influyen en el horario de hacer deberes y estudio.

  • En Educación Infantil es bueno comenzar a crear el hábito de sentarse un ratito todos los días de lunes a viernes y que las criaturas “jueguen” a hacer tareas. (Ojeando cuentos, realizando dibujos, puzles, construcciones, etc., en los que la única instrucción es terminar lo que se empiece.)
  • En Educación Primaria, en el primer ciclo las tareas no deberían de ocuparles más de 30 minutos al día. 45-60 minutos como máximo en el segundo ciclo y hasta una hora y media en el tercer ciclo.  Insistir en que esto hay que hacerlo todos los días de lunes a viernes y en el fin de semana o bien sábado o bien domingo el mismo tiempo para repasar.
  • En Educación Secundaria, creo que entre una hora y media y dos horas y media es más que suficiente para hacer tareas y estudiar.

Os dejo que tengo tareas.

 

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Seis cosas que tienes que decir a tu hijo al empezar el cole
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Carlos Pajuelo | 15-09-2014 | 3:45| 0

Una maestra con alumnos de Preescolar.

Una maestra con alumnos de Preescolar.

Comienza un nuevo curso, con sus certezas y sus incertidumbres. Estoy convencido de que los padres podemos hacer muchas cosas para mejorar eso que llamamos “escuela”, “colegio” o “instituto” al que asisten nuestros hijos, porque realmente la escuela, colegio o instituto son mejorables tal y como mejorables somos los padres educando.

La relación entre padres y profesorado  juega un papel importante en el éxito escolar. Es verdad que este tema tiene mucha “tela que cortar”, pero vamos a empezar con algo más que buenas intenciones. Ahora que nuestros hijos empiezan el colegio, hay seis cosas que les tenemos que decir:

1.- Tu maestro, tu maestra, todos los profesores tienen un trabajo complejo, muy complicado que es el de ayudarte a desarrollar todas tus competencias. Con su trabajo nos ayudan y colaboran con nosotros, tus padres, a hacer posible esta tarea.

2.- Así que no olvides que una maestra, un maestro:

-No es perfecto, pero aprende a no fijarte en sus defectos, y valora el resto, que son sus virtudes.

 –No es sabio, pero aprende a aprender de lo que sabe. Con un poco que aprendas de cada uno de ellos, obtendrás mucho.

No es un juez ecuánime pero aprende a respetar, aprende a expresar tus ideas, y a aceptar sus decisiones.

No es un mago, pero aprende que aprender es mágico.

No es infalible, pero aprende que no sólo se equivocan los que aprenden sino también los que enseñan a los que aprenden.

3.- Tu maestro, tu maestra, tienen un trabajo muy difícil, todos esperan de ellos que te enseñen a leer, escribir, sumarrestarmultiplicardividir, ríos y montañas, sintagmas, predicados y además hábitos saludables, valores democráticos, seguridad vial, ecología, respeto a la diversidad… y por otra parte,  tienen que tener tiempo para enseñarte a pensar porque, querido hijo, Ikea no amueblará tu cabeza.

4.- Por todo esto, intenta querer a tu maestra, a tu maestro y quiérelos como si fuera yo. La forma de querer a un maestro solo requiere tu respeto.  Esfuérzate en esta tarea tan agradable que es querer respetando.

5.- Quiérelo gratis, sin esperar nada porque lo que un maestro o maestra da no se te olvidará, para bien o para mal, el resto de tu vida.

 6.- Yo te prometo también que me esforzaré por hacer lo mismo que tú.

Si tu valoras al profesorado tus hijos lo harán tambien. Si tu valoras a los maestros y maestras te será más facil hablar con ellos cuando surjan las diferencias. Si tu valoras al profesorado estarás contribuyendo a una mejor escuela.

Feliz curso…,  y que la “fuerza” nos acompañe a todos.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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