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Categoría: Adolescentes
Adolescentes enamorados, madres y padres preocupados.

Educar la mejor manera de combatir el miedo.

Educar la mejor manera de combatir el miedo.

El tema de adolescentes enamorados es un tema que preocupa mucho a madres y padres pero que por lo general ninguneamos en nuestras casas al grito de: ¡Qué sabrás tú qué es eso de estar enamorado, déjate de tonterías y estudia!

En un pasado artículo le daba a los padres una orientaciones sobre cómo actuar ante esta situación. Hoy me gustaría hablar respecto a cómo se enamora un adolescente y a la necesidad de educar para combatir nuestros temores.

Un adolescente se enamora igual que se enamora un jovencito o jovencita, un treintañero o treintañera, un madurito o madurita… con la conjugación de tres factores interdependientes entre sí:

1.- Con una importante excitación fisiológica, si me refiero a una importante activación. Y es que los mamíferos tenemos una tendencia biológica a la “coyunta” a través del despliegue de una serie de activadores (adrenalina, serotonina, y otras inas), que tienen como función poner en acción a nuestro organismo, activarlo a base de bien.

2.- Este desasosiego genera un desasosiego de ideas que tenemos que interpretar, tenemos que darle una explicación cognitiva a qué es lo que me pasa, por qué estoy tan activo, por qué duermo menos, por qué tengo menos apetito, etc. y claro las canciones, las películas, la literatura y sobre todo el grupo de iguales nos informan de que a lo mejor estamos “enamorados” porque los días son más bonitos,  porque no puedo dejar de pensar en esa persona, porque tengo mariposas en el estómago…

3.- Todo esto acompañado de un repertorio de comportamientos, que son los que de verdad asustan a los padres: nuestros adolescentes tienen urgencia de estar continuamente con su “cari”(en presencia real o presencia whatssapiana, así que ¡ojo con las fotos!), de decirse “te quiero”, de hacerse regalos para estar presentes en la vida del otro, de hacer revelaciones secretas, de hacer o solicitar demostraciones del tipo que sea para que vean que el amor es verdadero (ojo otra vez con las fotos y vídeos), de besarse, de seguir besándose, y no te asustes padre o madre, tienen ganas de iniciarse en nuevas experiencias relacionadas con el sexo.

¿Están enamorados o están “hormonorevolucionados”? Da igual, tú tienes que educar y no es suficiente con que le digas que son pequeños aún para preocuparse por este tema y des carpetazo.

Habla del desarrollo de la afectividad con tus hijos y eso te obligará a hablar de sexo con tus hijos e hijas, háblales para que tú puedas saber todo lo que ellos saben y les puedas reconducir en alguna idea errónea. Habla sin miedo, sin tapujos, sin vergüenza, informa a tus hijos e hijas, bien clarito, sin metáforas. Y no esperes que ellos y ellas estén encantados con esa conversación.

Habla de biología aplicada, no te quedes en lo de los óvulos y los espermatozoides y dile a tu hijo o hija, que en este camino de construirse como un adulto maduro tiene también posibilidades de tener experiencias negativas (eyaculador precoz, incapaz de tener erección, falta de disfrute, asco, etc.) y que si no saben interpretar correctamente estas experiencias pueden condicionar su futura vida sexual.

Hablad de educación afectivo-sexual porque el camino de la sexualidad, es un camino que hay que recorrer y que como padres tenemos la obligación de informar, de trasmitir valores y de poner límites.

La actividad sexual está cerca de tus hijos (ahora no se juega a las cerillas, ahora se juega al semáforo) y mirar para otro lado, pensando “¿mi hija?, pero si es una niña; ¿mi hijo?, si es muy inocente…” no les va a ayudar en su educación.

Tus hijos se hacen mayores. ¡Quién dijo miedo!

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Los padres que creían tener tesoros en vez de hijos

 

Los hijos no son un tesoro, el verdadero tesoro es educar a los hijos.

                      Los hijos no son un tesoro, el verdadero tesoro es educar a los hijos.

Mi tesoro, mi tesoro” con esa frase Gollum se trastorna, y bien trastornado, en la trilogía del Señor de los Anillos. No digo yo que los padres nos trastornemos con nuestros “tesoros” caseros, pero la verdad es que quizás, algunas veces, tanto brillo nos deslumbre y no nos deje ver con claridad que nuestros “príncipes” y “princesasno son más que niños y niñas, que, además de parecerse un montón a su padre y/o a su madre, lo que necesitan es educación. Educación porque, además, muchos de esos “príncipes y princesas” van a mutar en adolescentes “republicanos” y para esos días ya tienes que tener adelantada mucha tarea.

Ver a los hijos como niños y niñas en vez de verlos como tesoros nos permite verlos como son, con sus defectos y sus virtudes y esto es lo que más nos puede ayudar a la hora de educarlos, a la hora de establecer límites, a la hora de afrontar los momentos difíciles, a la hora de señalar lo que los padres consideramos tolerable y lo que es intolerable.

No seas injusto, ver a tu hijo como un tesoro lo que hace es que te quitas la responsabilidad de educar.Mi niño es un tesoro, un figura, un no veas lo que sabe, etc.” y cuando se haga adolescente, “¡ayyy, este niño ha cambiado!, ¡ay, se está perdiendo!, ¡ay, ha mutado de encanto a cactus con pinchos”. O sea, otra vez la culpa del niño.

Abre los ojos, educas a una persona, le estás dando a tu hijo o a tu hija herramientas para que se construya, para que aprenda a vivir en una sociedad en la que va a recibir múltiples influencias y la tuya es fundamental.

Si crees que tienes un tesoro vas a dejarlo huérfano, huérfano de guía, huérfanos de límites, huérfano de maneras de actuar.

Si crees que tienes un tesoro vas a hacerle creer que el mundo que le rodea es hostil cuando no vea su brillo.

Si tratas a tus hijos como si fueran tu tesoro solo vas a ver “piratas patapalo” al acecho de tu tesoro. Nadie será lo bastante bueno para tu tesoro.

Si crees que tienen un tesoro no querrás que sufra, le evitarás todo el sufrimiento posible, le vivirás su vida. Le engañarás. Y el día que tenga que enfrentarse al sufrimiento se vendrá abajo y tú detrás de él o de ella. Y ¿quién va a poner orden, tranquilidad, guía, etc. entonces?

Si crees que tienes un tesoro, te perderás la vida real de tu hijo o de tu hija y sufrirán porque ellos saben que no son unos tesoros y nada de lo que hagan podrá satisfacer las altas expectativas que tienen sus padres puestas en ellos.

Abre los ojos, tienes algo mucho mejor: eres padre, eres madre y ejercer esa tarea, educar, si que es un tesoro para tus hijos. 

El tesoro de educar.

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No se pega, se educa.

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Yo puedo entender el miedo, la desesperación, la rabia en unos padres y madres ante las conductas de sus hijos. De verdad que entiendo el descontrol de padres y madres y no me parecen unos monstruos, pero si creo que se equivocan. Y además las bofetadas que crees que desahogan luego originan culpabilidad, los padres y madres no se sienten bien despues de haber pegado a sus hijos.

No se pega.

¿Alguno de los lectores se atrevería a justificar pegar a una mujer? Pues pegar a un menor, a un niño o adolescente, por modorro que sea, tiene menor justificación aún. Los niños y adolescentes son personas en construcción y se equivocan y dan “castigo”, pero están aprendiendo.

No existen las bofetadas pedagógicas, no se enseña nada abofeteando a un hijo.  Todas las bofetadas que se dan a los hijos las dan padres y madres asustados, desbordados, frustrados, descontrolados y no existen las bofetadas a tiempo pues el tiempo de las bofetadas siempre tiene que ver con el tiempo del descontrol.   Descontrolados no se puede educar.

Lo vuelvo a repetir yo comprendo a esos padres y madres pero les digo: no se pega.

Yo escucho mucho decir eso de que “a mi de pequeño me pegaron mis padres y ni me traumatizó, ni les guardo rencor”, y yo siempre contesto, ¿tú le pegas a tu hijo? ,¿ le darías bofetadas para que comiera?, ¿para que se durmiera? ¿Por despertarse en mitad de la noche?, ¿por hacerse pis?, ¿por suspender?, ¿por contestarte mal?, ¿por desobedecer?, ¿Qué le enseñaría una bofetada?, ¿Que eres su padre?, ¿Que eres su madre?.

No creo que la solución sea condenar a padres y madres que pegan, creo que la solución es convencer que el descontrol se combate con control, con firmeza, con constancia. No, no se pega.

Educar, educar, remangarse y a educar.

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Padres: “Mi hijo va con malas compañías”.

Educar es la mejor manera de influir en nuestros hijos.

Educar es la mejor manera de influir en nuestros hijos.

¿Te has sorprendido alguna vez, mientras miras a tus hijos, preguntándote cómo se les puede querer tanto? ¿Has sentido una fuerza y valor que te desborda si hay que protegerlo? Y claro que lo vas a defender, no vas a permitir que nada ni nadie lo dañe, no vas a consentir que nada ni nadie ensombrezca su sonrisa, nada ni nadie.

Pero más temprano que tarde tu hijo, tu príncipe o princesa, tiene que abandonar su castillo de marfil para ir al mundo real, un mundo lleno de niños y niñas de todas las clases, de todos los colores, que piensan, sienten y actúan mientras nuestros hijos piensan, sienten y actúan.  Niños que influyen en tus hijos, porque eso es lo que va a ocurrir durante el resto de su vida que un montón de personas que viven alrededor de tus hijos les van a influir día a día.

Influyendo en tu hijo que es “tan bueno, tan confiado, tan cándido, tan sin malicia” y allí estamos padres y madres, atentos, asustados, seleccionando el trigo limpio, separando las malas hierbas, “este me gusta”, “este no me gusta”, temiendo que es precisamente, en ese que no me gusta, es en el que el modorro del niño o la niña se fija.

Sí, tu hijo va a convivir con niños, con compañeros, con personas. Todos le influirán, unos más que otros, pero todos influirán, “tus zapatillas son muy feas”, “no juegas conmigo”, “no sabes pintar”, “tu trenza es gorda”, “hueles a pollo”, y otras lindezas que los niños se sueltan a bocajarro. “Vamos a insultar a ese”, “no seas nenaza, fuma”, “si me quisieras de verdad me mandarías esa foto”, “bebe”, “tus padres te comen el coco”, etc, etc influidos de manera insidiosa, hoy dejo de ponerme esa camiseta, mañana no quiero llevar mi mochila, luego discuto tus ´normas y así poco a poco los amigos van ocupando un espacio en la vida de tus hijos que antes ocupabas tú.

Las malas compañías aterran a padres y madres, el miedo nos atenaza. El miedo nos lleva a creer que podemos limpiar las malas hierbas si lo apartamos de los que son así y también de los que son de esta manera. Nos podemos organizar en combativo grupo de padres bienpensantes que a golpe de grupo de whatsapp defiende el bienestar de sus hijos luchando por la expulsión a las malas hierbas, las malas influencias.  Fuera del colegio los aprendices de hijoputa, fuera los malos ejemplos, luego presos del miedo podemos expulsar a los raros y por qué no vamos también contra los que no estudian, los peligrosos repetidores, los malencarados, los que no tienen remedio. Dejamos de ser padres para ser inquisidores, dejamos que el miedo nos gobierne y dejamos de ver niños o adolescentes para ver malas personas.

Tu hijo va a tener malas compañías y hasta es posible que tu hijo pudiera ser mala influencia para el hijo de otros. No lo olvides. Por eso es tan importante EDUCAR.

Educa en vez de ser un inquisidor. Enseña a tu hijo a defender sus opiniones, sus elecciones, sus gustos, sus creencias.  Enséñale a decir no. Enséñale a confiar en sus elecciones, a recuperarse de sus equivocaciones.

Educa en vez de buscar la comodidad de apartar a tu hijo de las malas compañías. Todos influimos y todos somos influidos por los que nos rodean. Sé una buena influencia para tus hijos.

Educa para que tu hijo aprenda a convivir, a respetar y a ser respetado.

Te recuerdo que tu hijo crece al lado de otros niños, de otros menores. Es verdad que algunos de esos niños, menores, no tienen la suerte que ha tenido tu hijo de tener a alguien como tú, pero tienen padres y madres que sienten como tu sientes, ¿no les puedes echar una mano?

¿Quieres proteger a tus hijos de las malas influencias? Sigue educando, educa, educa y educa. Es nuestra tarea. Enseña a tu hijo maneras de actuar ante estos niños, busca ayuda con sus profesores, pero no olvidéis nunca que son menores, menores en construcción. Son menores, no malas hierbas.

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Nidos vacíos. ¿Y ahora, qué?

Se van los hijos y de repente hay que aprender, re-aprender, a vivir en pareja o en elegida soledad.

Se van los hijos y de repente hay que aprender, re-aprender, a vivir en pareja o en elegida soledad.

El otro día me contaba una amiga,  cuyos hijos “por ley de vida” han ido “abandonado el nido”, la sensación de tristeza que tuvo al pasar por un pasillo del Mercadona y mirar el estante donde estaban los tarros de la nocilla y pasar de largo porque en su casa ya no hay nadie que la utilice. “Tantos años comprando nocilla y de pronto mi cesta se queda huérfana de nocilla. Tantos años criando hijos y ahora qué.”

1.- Los hijos se van, unos antes que otros la verdad, y nos dejan para hacer su vida. Desde que nacen todo lo que van aprendiendo les lleva a ser cada vez más independientes, educamos a nuestros hijos para que el día que salten lleven la maleta cargada de herramientas para que vivan su propia vida.

Los hijos no son nuestra razón de ser, los hijos no son el sentido de nuestra vida. Los hijos no nos pertenecen, se pertenecen a sí mismos y por eso los educamos para que sean lo que ellos quieran o sean capaces de ser.

Dañinos amores esos que se basan en que “tú eres el aire que necesito para respirar”, terribles amores los amores egoístas, los amores idolatrados, los amores que pasan factura. Se van tus hijos y ese día es para estar satisfechos con la tarea que hemos ejercido, ser padre, ser madre. Porque si los padres no enseñamos a amar con total generosidad, ¿quién se lo va a enseñar? Si, llega el día en el que tus hijos se van de casa ¿Y ahora qué?

2.- Ahora te quedas a solas, o bien con tu “cari”, o bien contigo.

No es fácil el tránsito este de ser madre y/o padre que ejerce la tarea de ser padre o madre para pasar a ser una especie de padre-madre honorífica, o padre-madre de escayola. Dejas de ser padre o madre y vuelves a “pareja de”, o a “single”  durante 24 horas al día.

Se van los hijos y de repente hay que aprender, re-aprender, a vivir en pareja o en elegida soledad, porque los últimos veintitantos años nos hemos dedicado a eso de la crianza. Hemos sido fundamentalmente más padres y madres que parejas, más padres y madres que hombres o mujeres.

Y convendrás conmigo que con los y las “caris” se tiene menos paciencia, “que si no me hables desde la cocina que no te entiendo (como que si hablar desde el salón hacia la cocina fuera más audible); Que si mira como roncas, que si lee, que si estás leyendo todo el día, que si no comas tanto que vas a reventar o come algo que te va a dar un yuyu y claro luego yo a cuidarte…Se van los hijos y nos dejan frente a frente a nosotros con nuestros caris, solos ante el peligro, sólo ante nuestra vida. Solos frente a un futuro en el que las únicas certezas son la pastilla de la mañana, la del medio día y la de la noche.

De un día para otro y sin anestesia uno deja de ejercer la tarea de ser madre o padre y entonces qué. Sí, la casa más recogida. La casa más silenciosa. La casa organizada. Se van los hijos y nos dejan una buena papeleta, ¿quién nos enseña a envejecer en compañía o en escogida soledad?

Tendré que empezar a escribir un blog que se llame “Escuela de Caris”, antes de que sea tarde.

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Cómo mejorar como padres y madres

Somos imperfectos por eso siempre podemos mejorar

Somos imperfectos por eso siempre podemos mejorar

Queridas madres y queridos padres, y lectores de este blog:  se acerca el fin de curso y, como bien sabéis, los finales de curso siempre son una estupenda oportunidad para que TODOS podamos reflexionar sobre cómo podemos mejorar.

Mejorar es el objetivo de la educación: debemos aspirar a ser mejores padres, mejores madres y mejores personas porque así enseñaremos a nuestros hijos e hijas cómo pueden mejorar ellos.

¿En qué cosas debemos mejorar?

1.- Tenemos que mejorar en comunicación con los hijos, tenemos que decirles claramente qué es lo que creemos y qué es lo que sentimos respecto a su comportamiento y, sobre todo, hacerlo de manera tranquila y serena. Hablar con los hijos es fácil, lo complicado es que te escuchen, pero la tarea de enseñar a comunicarse nos corresponde a los padres.

2.-Tenemos que mejorar en autonomía. Para ser una madre o un padre autónomo lo que necesitas es que te convenzas de que tu hijo es el que tiene que hacer muchas cosas de las que tú haces por él o por ella. Responsabilizad progresivamente a los hijos de su vida, que bastante tenemos los padres con la nuestra.

3.- Tenemos que mejorar en paciencia. Tus hijos están en construcción, no están terminados y por esa razón se equivocan, se confunden y te asustan. Los hijos dan quebraderos de cabeza, y eso es lo normal y habitual, no significa que estén “estropeados”.

4.- Tenemos que mejorar en sistematicidad. La tarea de educar es cansina porque nos lleva a repetirnos muchas veces, pero ya sabes: ser madres y padres sistemáticos no es ser pesados.

5.- Tenemos que mejorar en entender a los demás, en entender a sus maestros y maestras, en entender a sus amigos, en entenderlos a ellos. Entender no significa estar de acuerdo, pero ayuda a no ver enemigos donde solo hay otras maneras de percibir la realidad.

6.- Tenemos que mejorar en confianza. La confianza en sí mismo es una poderosa herramienta para construirnos como personas. No podemos estar diciendo todo el día a los hijos que no se puede confiar en ellos porque ellos no hacen lo que queremos que hagan. Trasmite confianza, y cuando se salten los límites, ¡zasca! Aplica consecuencias. Pero sigue mostrando confianza.

7.- Tenemos que mejorar en liderazgo. Los padres y madres son los que mandan en casa. Y cuando eres el que mandas te salen un montón de contestatarios. Pero no podemos educar a nuestros hijos si no ejercemos con convicción eso de “porque soy tu padre, porque soy tu madre”.

8.- Tenemos que mejorar en afrontamiento de adversidades. Si educamos a nuestros hijos solo para que sean felices, los vamos a hacer infelices. Eduquemos para hacer frente a la vida, a la vida que vivimos, no a la que nos gustaría vivir.

9.- Tenemos que mejorar en optimismo. Nuestros hijos van a ser lo que ellos decidan ser. Nuestra tarea como padres es enseñarles cómo consideramos que hay que vivir. Somos un ejemplo. Mejor ser un ejemplo que confía en el futuro, y no un ejemplo de profetas agoreros.

10.- Tenemos que mejorar todos, porque tenemos la suerte de no ser perfectos. Así nuestros hijos sentirán que no es necesaria la perfección para vivir, que lo que se necesita son manos a nuestro alrededor, manos que apoyen, que empujen, que nos acompañen mientras nos hacemos protagonistas de nuestras propias vidas.

Queridas madres y padres:  tengo la suerte de poder seguir aprendiendo junto a todos y cada uno de vosotros. los estupendos padres y madres imperfectos que educan a hijos e hijas porque están convenidos del valor de educar.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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