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Categoría: Sí, podemos
10 ideas para educar con sentido común.

No hay método infalible para educar, lo que si hay son madres y/o padres que educan porque sin ellos los hijos andarán perdidos

En esta sociedad del éxito, de la felicidad, de la eficacia y la eficiencia, educar hijos se está convirtiendo es una especie de disciplina académica, un mastercheff educativo en la que el objetivo de la educación es la búsqueda de recetas para “cocinar” hijos que no den problemas, en vez de acompañar y guiar a los hijos en su tarea de construirse como personas adultas e independientes.

Es verdad que en la “ciencia” podemos encontrar ayuda para educar, mucha y muy buena, pero la ciencia no educa. Los que educan son personas que sirven de modelo, solo las personas pueden educar porque la educación es un acto de amor incondicional, de comunicación constante, algo cotidiano que se realiza 24 horas al día y 7 días a la semana.

Educar con sentido común es:

1.- Educar en presente e intentar no fantasear con un futuro que desconocemos.

2.- Dar ejemplo, la mejor herramienta educativa que tenemos para nuestros hijos. Lo demás son solo palabras y sermones.

3.- Entender que los hijos e hijas mientras los educamos nos pueden generar malestar, mucho malestar. Y que este malestar no es “castigo” sino parte de la vida natural de las personas. Los hijos no decepcionan, lo decepcionante es que los padres y madres les demos la espalda cuando aún no “están terminados”. Luego llegará un momento en que decidan cómo quieren vivir, esa es su responsabilidad.

4.- Centrarse en lo que haces como padre o como madre en vez de obsesionarte con lo que hacen tus hijos. La conducta de nuestros hijos lo que nos demanda es actuar como padres.

5.- Educar con sentido común, es entender que mientras se aprende aparecen muchas equivocaciones (aprendemos a ser padres y madres mientras nuestros hijos aprenden a ser personas).

6.- Entender que las lágrimas y los enfados de los hijos son inevitables. No les ahorres lágrimas, cómprales pañuelos y márcales bien clarito los límites y las normas.

7.- Tener confianza en uno mismo como educador y evitar culpabilizar a los demás.

8.- Hacer de la crianza un acto de generosidad, de empatía y no un tiempo de malestar.

9.- Que no existe ningún método infalible para educar, pero lo que sí es seguro es que sin madres y/o padres que eduquen nuestros hijos estarán perdidos.

10.- Educar con sentido común no es cuestión de tener certezas sino de tomar decisiones.

 Educar es una siembra, a veces, de cosecha lejana. No sembramos para obtener buenos frutos, sembramos para que los frutos aprendan a lidiar con las tormentas, los vendavales, las sequías. A lidiar con la vida. La vida pasa.

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Educa, y deja educar a los demás

Educar hijos es una tarea apasionante, pero todo lo que que se hace con pasión genera temor e inseguridad

¿Sabéis que es lo que necesita de verdad una madre y un padre que se inician en la tarea de ser padres? Que los dejemos vivir en paz su maternidad y su paternidad. A ser madre o a ser padre no te enseña nadie.  Es como muchas experiencias de nuestra vida: una construcción personal, única, individual, intransferible.

Padres y Madres  se las tienen que ver con una legión de entusiastas coaches (entrenadores), que les dicen constantemente, y sin el más mínimo pudor, qué es lo que tienen que hacer con sus criaturas, y que además también les recuerdan constantemente qué es lo que no están haciendo bien. Son sabios y sabias dispuestos a decirles qué, cómo, dónde y cuándo educar a una criatura.

Educar en soledad y rodeados de incomprensión: esta es la verdadera y triste historia de muchas madres y padres cuando se tienen que enfrentar a la cotidiana tarea de educar. “Os quejáis por nada. Cuando yo te tuve a ti no había los medios que tenéis ahora…”. Así comienzan muchas conversaciones después que una madre o un padre abra su corazón a alguien cercano, y les muestre su incertidumbre, su preocupación, sus dudas respecto a la manera en la que están educando a sus hijos; respecto a las dudas sobre cómo actuar ante los comportamientos de sus hijos mientras están siendo educados.

Educar a los hijos de los demás es una tarea muy sencilla, porque para los hijos de los demás tenemos muchas certezas respecto a cómo actuar. Veo a muchas madres y padres que dicen ufanos, ante una situación en la que un niño o adolescente se descontrola: “Si fuera hijo mío se iba a enterar”, mientras miran a esa madre o ese padre que está intentado educar con cara de esas que disparan la sentencia de “serámalpadre-malamadre”. Esto de educar a los hijos de los demás es tan fácil, que no hace falta ni tener hijos para aconsejar, guiar, incluso amonestar a las madres y padres dubitativos. Hay mucho coach por ahí suelto.

Más de una vez he dicho que este blog, aunque se llama Escuela de Padres, aquí no se enseña nada, lo que pretende ser es un espejo para padres y madres, un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos, con el objetivo de motivarnos  en la tarea de ejercer de padres.

Los padres y madres que educan necesitan comprensión. No es tarea fácil. No es sencilla, no está ausente de situaciones dolorosas, de miedos descontrolados. Pero mala ayuda es la que sólo juzga; mala ayuda es la que sólo critica. Mala ayuda la que solo compara. Si los padres quieren coger a su criatura en brazos, déjalos y no le digas “lo vais a acostumbrar a los brazos” como si, entre los brazos de una madre/de un padre, se estuviera mal. A mí me gusta que me abracen, y no veo que sienten mal los abrazos.

Los padres y madres que educan necesitan que se les trasmita confianza, que se les refuerce en la idea de que van a ser competentes para criar a sus hijos. Así que, cuidadito con los comentarios críticos, irónicos, con aire de suficiencia. Si una madre o un padre necesitan algo es confianza, sentir que los demás les apoyan porque están convencidos que srán unos estupendos padres y madres para sus hijos.

Hay mucha tontería e idealización de la paternidad y la maternidad. Criar hijos es una tarea apasionante, pero todas las cosas que se hacen con pasión conllevan malestar, miedo e inseguridad. Esto lo sabemos todos los que hemos criado hijos pero parece que, con los años, se nos olvida y entonces nos sale eso del “os quejáis por nada”, “cuando yo…” y otras historietas de lo fabuloso que éramos en la antigüedad.

Anima, anima a educar, anima a que tengan paciencia los nuevos educadores, anima a que sean perseverantes, anima en los momentos difíciles, y hazles sentir competentes. Y, sobre todo, recuérdeles que equivocarse cuando educamos a los hijos, es lo que nos hace cambiar el rumbo.

Y si a pesar de todo, te viene alguien y se empeña en decirte “erre que erre” cómo tienes que hacerlo, no lo dudes ni un momento, ¡mándalo a tomar por coach!

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Ni machotes ni princesas: Cómo educar a nuestros hijos en igualdad.

Educar en igualdad para prevenir el maltrato

Los hijos y las hijas son iguales, y sin embargo, nuestra sociedad genera discriminación.  Te has preguntado ¿Quieres discriminar a tus hijas?, ¿Quieres que tu hijo piense que una mujer vale menos que él?, ¿Quieres que tu hija acepte esa discriminación o que lo tenga bien clarito y defienda la igualdad? Educar en igualdad si que puede salvar muchas vidas.

Sigamos educando, 10 consejos para educar en igualdad.

1.- Haz que tus hijos e hijas sientan personas valiosas. Una persona valiosa es una persona que se ve poderosa. Educar es enseñar a los hijos a que reconozcan y aprecien lo que valen.  Hay padres y madres que nunca están satisfechos con lo que hacen sus hijos y siempre quieren que hagan más y mejor, o por el contrario, padres que apenas tienen expectativas de éxito en sus hijos o hijas y tanto  este exceso de celo educativo por la excelencia, como la falta de expectativas puede provocar que hijos e hijas crean que no son valiosos, que no tienen poder, porque son incapaces de satisfacer las expectativas de sus padres. Expectativas que a veces son diferentes en función de si se es hijo o hija. No le pongas techo a lo que tus hijos e hijas pueden alcanzar, anímalos a que crean y confíen en ellos mismos.

2.- Educa a tus hijas (como haces con tus hijos) para que no les frene el miedo. Tenemos que educar a nuestras hijas para que se “coman el mundo”, para que tomen decisiones y se vean capaces, seguras, convencidas de poder afrontarlas y no para que sean dóciles y sumisas. Lo que piensas te tus hijos e hijas es lo que les trasmites.

3.- Educar en la responsabilidad. Tenemos que promover que hijos e hijas practiquen la responsabilidad. Para eso hace falta que tengan responsabilidades en casa acordes con su edad. Las responsabilidades en una casa no se distribuyen en función del género. No se trata de repartos diferenciados por ser niño o niña, no se trata de ayudar al otro, sino de asumir, todos y cada uno, como propias las tareas comunes que surgen en todos los hogares.

4.- Educar en el respeto. Y para ello hay que hablar en casa con respeto de todas las personas que viven en la casa y fuera de casa. Mediante el lenguaje, les mostramos a nuestros hijos que hay personas a las que podemos despreciar, denigrar, e insultar si no nos gusta lo que dicen o lo que hacen o cómo lo dicen o como lo hacen.

5.- Educar a personas, no a niños o niñas. Si piensas que hay que educar a tus hijos e hijas de forma diferente, es porque crees que no son iguales. Y son iguales, son sencillamente hijos a los que educar. Acaso no es igual de bueno lo que enseñas y cómo lo enseñas, a un hijo que a una hija.

6.-Educar en el buen trato a las personas. No les digas a los hijos que a las mujeres, madres, hermanas, amigas, etc., hay que tratarlas bien porque son mujeres. Hay que tratarlas bien porque son personas. Ser mujer o ser varón es solo una cualidad: ser personas es lo sustancial.

7.- Actúa cuando detectes actitudes discriminatorias: Cuando tus hijos hagan algún comentario despectivo de alguien por razón de sexo, raza, idea, orientación sexual, capacidad, etc., actúa. Pero no lo hagas por convencionalismo o porque quede mal, en plan “eso no se dice”. Tenemos que decir a nuestros hijos que nos duele escucharlos hablar así de otra persona, de una mujer o de un hombre. Pregúntales cómo se sentirían ellos si alguien les dijera eso mismo.

8.- Hablar del amor. Enséñales, cuando son adolescentes, qué es eso de estar enamorado o enamorada. Enséñales qué conductas son incompatibles con amar (desconfiar, anular, exigir, chantajear) y díselo bien claro:  si controlas el teléfono de tu chica, estás maltratando a tu chica. Si dejas que te controlen, estás dejando que te maltraten. Si le dices a tu chica, si me quisieras entonces tu harías… es maltrato. Enseña a tus hijos y a tus hijas, a reconocer qué es el maltrato para que no sean maltratadores y para que no se dejen maltratar.

9.- Sed beligerantes con el maltrato. Hay que educar para enseñar a no tolerar cualquier tipo de maltrato: no a las bofetadas a tiempo, a las palabras que ofenden, a cualquier manifestación de desprecio y de violencia.

10.- Tienes que creer que existe la discriminación, que está muy cerca de nosotros y que es muy peligrosa, porque la discriminación mata.

Hace falta una marea de padres y madres que eduquen a sus hijos e hijas como iguales, personas iguales. Y hay que educarlos así para que los hijos e hijas se lo crean y lo vivan.

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Padres y madres adoptivos, sencillamente padres y madres

Los padres y madres adoptantes son sencillamente padres y madres

 ¿Qué hace falta para ser padre, para ser madre? Sencillamente querer criar, con todo lo que conlleva, a un hijo.

Tener hijos es un deseo común en muchas familias. Y como tenemos una gran diversidad de familias nos encontramos en esas familias tanto a personas que desean tener hijos y la naturaleza se lo pone fácil; a personas que desean tener hijos y, por diferentes razones, la naturaleza se lo pone imposible como a personas que desean ejercer la tarea de padres y eligen la adopción para ello.

Es un gran reto para estos padres, tengan hijos o no, y que tienen el mismo deseo e ilusión que el resto de padres, tener que afrontar la adopción como una vía para tener hijos, para poder ejercer la tarea de ser padres.

Cinco cosas para tener en cuenta:

1.- ¿Habías caído en la cuenta de que a los únicos padres a los que se les examina para ver si tienen capacidad, competencia, habilidad para ser padres es a los padres adoptivos? Así empieza su andadura.

2.- Una vez examinados y considerados aptos, comienza su espera. El “embarazo”, la espera de los padres y madres adoptivos puede durar 30 meses o más. Y durante todo ese tiempo están atentos, esperanzados e ilusionados, pero también están asustados, con inseguridad, con dudas  y temores, cómo dice mi amigo José Lucas: “Muchos meses viajando en una montaña rusa”.

3.- Los padres y madres adoptivos son igualitos que los padres biológicos, son simplemente padres, pero sus hijos no. Los hijos adoptivos, por sus circunstancias, pueden acarrear unas carencias en la formación del apego, de la seguridad emocional que generen trastornos del vínculo. Muchos de los niños entregados en adopción han padecido abandono desde los primeros días de su vida, porque sus padres, por razones económicas, sociales, personales no han sabido, o no han podido, ocuparse de ellos. Así los niños, desde estos primeros años de vida, se vuelven inseguros, desconfiados y suelen tener dificultad para establecer vínculos firmes y seguros emocionalmente con un adulto.

4.- Por esta razón los padres y madres adoptantes tienen que ayudar a sus hijos a que recobren esa confianza en los demás, a que forjen su autoestima dañada y este proceso lo tienen que realizar conviviendo, muchas veces, con la incomprensión de muchos de los que les rodean.

Tienes que saber que:

Los trastornos del vínculo pueden originar durante la infancia y la adolescencia problemas de conducta en esos niños, problemas de atención, de hiperactividad, conductas para llamar la atención, etc.

Por eso es conveniente no caer en el error de decirles a esas padres frases del tipo: “claro, es que como lo habéis deseado tanto pues lo tenéis malcriado” y otras frases que menoscaban la competencia educativa de estos padres y madres.

Los padres y madres adoptantes tienen que luchar hasta la desesperación para que entiendan que los problemas de conducta de los niños adoptados no son debidos, por lo general, a malas prácticas educativas y sí a que los niños han sufrido una carencia de la que cuesta mucha dedicación y tiempo para recuperarse.

Los padres se desesperan porque esa falta de comprensión se da tanto en el ámbito familiar, con las amistades, como en los centros escolares, y hace que se sientan solos e incomprendidos en la tarea de educar a sus hijos. Y nos necesitan a todos.

Necesitan algo tan sencillo como que entendamos que no se les puede comparar con otros niños. Necesitan que, en vez de reproches, les tendamos la mano. Necesitan ser escuchados. Necesitan lo que necesitamos todos los padres, que se nos valore y refuerce como padres que educan.

5.- Los padres adoptantes son generosos y su generosidad hace posible no solo que puedan ejercer la tarea de ser padres sino también, la de dar un hogar, una familia a unos hijos que estaban empezando a perder la confianza en los demás.

Los padres adoptantes son como tú y como yo. Sienten como tú y como yo sentimos. Quieren a sus hijos como tú y como yo queremos a los nuestros.

A veces los padres y madres lo único que necesitamos es que alguien nos escuche y nos entienda.

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Los hijos que “robaban” a sus padres

Los hijos nos dan continuamente oportunidades para seguir educándolos

Atacar el monedero de los padres es una tentación a la que los hijos se pueden ver sometidos durante el tiempo en el que conviven con sus padres.

Cuando los padres se percatan de esta situación se suelen llevar un gran disgusto porque los padres tendemos a pensar que esto de “robarle” a los padres es una conducta incomprensible que nos hace sentirnos defraudados, perdemos la confianza y sobre todo asustados por si nuestra criatura se estuviera convirtiendo en un delincuente.

Esto, lo de sisar en el monedero, ocurre y ocurre más de lo que pensamos y en vez de rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo, lo mejor que podemos hacer los padres es educar. Educar sin temor.

¿Por qué un “modorro o modorra”, que “lo tiene todo”, ataca al monedero o a la tarjeta de crédito de sus padres?

Por una parte, lógicamente, los hijos no deben disponer de dinero fácilmente. Mientras los educamos les estamos enseñando el valor de las cosas y los hijos deben, para ello, manejar una cantidad de dinero acorde a su edad. En un pasado artículo hablé de este tema.

Pero por otra parte, vivimos en una sociedad de consumo, donde se genera continuamente la conducta de adquirir bienes como fuente de felicidad o bienestar (la publicidad está metida en nuestras vidas hasta la médula). Y nunca es suficiente con lo que se tiene.

Poseer “cosas” es durante la adolescencia y pre-adolescencia es una manera de situarte frente a tu grupo en una posición de poder, lograr la aceptación de los demás no solo por los bienes que poseo, sino también, trasmitiendo una imagen de “mira que audaz soy, que le cojo dinero a mis padres”.

En último lugar, porque, en este ambiente de tentación continua, los padres dejamos los monederos y carteras a mano de cualquiera en casa. Es más, algunos padres hacen compras en internet con sus hijos y no se dan cuenta que les están dando la llave con la que se abre su tarjeta de crédito.

¿Qué hacer?

Lo primero es tranquilizarse, porque el miedo es muy malo para educar.

En segundo lugar, pregúntale por qué lo ha hecho. Algunos hijos lo niegan de manera insistente. Tú no te desesperes y sigue preguntando.

En tercer lugar, te dé las razones que te dé, hay que abordar el tema de la conducta de robar. Los hijos y algunos padres, tienden a quitarle importancia, “pero si solo fueron 10 euros” y ahí los padres tenemos que ser implacables. Robar es robar, un euro o un millón, porque el problema es la conducta de robar, la cantidad es una circunstancia. Habla de cómo al “robar” se perjudica a la familia y como le perjudica a él.

En cuarto lugar, no te vayas al futuro augurándole que va a ser un desgraciado. Quédate en el presente, y hazle ver las consecuencias que va a tener esta conducta. La principal  consecuencia debe de ser la de la reparación total y lo más rápida posible, de todo lo “sisado”, esto supone empezar a descontar de la paga semanal, de los regalos que reciba por cumpleaños, etc. la cantidad de dinero hasta la recuperación.

En quinto lugar, estamos educando a adolescentes o niños, así que hay que seguir mostrando cariño y confianza. Pero no se te olvide tener el monedero a buen recaudo. Siempre.

Y por último, te recuerdo que tus hijos ven lo que tú haces. Así que hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos y decimos delante de ellos. Os recuerdo que los comportamientos corruptos también se pueden aprender en casa.  No, no se coge nada que no sea tuyo porque si uno coge algo que no es suyo y se calla, o lo dice, jactándose, está enseñando un camino peligroso a los hijos.

No vendría mal un repasito a los artículos: Cómo explicar la corrupción a los hijos y el de Educando en la ejemplaridad.

 

 

 

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10 consejos útiles para educar

Educar es una tarea en la que no se puede tirar la toalla.

Educar es una tarea en la que no se puede tirar la toalla.

El blog Escuela de Padres ya ha cumplido cuatro años de historia, en la que hemos acompañando a algunos padres y madres en esta tarea de educar a sus hijos e hijas. Hemos compartido casi 150 artículos con la finalidad de hacer sentir bien a tantos padres y madres que educan, de hacerlos sentir bien, de hacerlos sentir competentes, de animarlos a seguir con la tarea.

Los hijos, a veces pasan por estados de “modorrez” que nos desesperan, nos asustan, nos hacen sentirnos tan mal. Pero educar es gratis, educamos porque queremos a nuestros hijos, así que tenemos seguir educando porque esa es la tarea de ser padres, la tarea de ejercer de padres.

He tenido la  suerte de haber conocido en estos años a padres y madres de diferentes tipos de familia que me han enseñado, y me siguen enseñando el Valor de la tarea de educar. De todo lo aprendido, podría extraer 10 consejos útiles para educar:

1.- Educar no hace posible construir hijos perfectos que nos ilusionen. Cuando educamos, ofrecemos a nuestros hijos herramientas para que ellos se vayan construyendo. Ser padres y madres ilusionados con lo que hacéis es la la mejor manera de transmitir ilusión también a nuestros hijos.

2.-Educar es una manera de influir en nuestros hijos, pero es breve el tiempo que tenemos para ejercer esta tarea porque nuestros hijos crecen rápido. ¿Tienes ganas de tirar la toalla? Agáchate, recógel, una y otra vez, y demuestra a tus hijos que, los que educamos, confiamos en lo que hacemos.

3.- Los padres valientes tienen miedo, pero no dejan que el miedo sea el que eduque a sus hijos. El miedo es el mayor lastre a la hora de educar, no dejes que te paralice.

4.- Educar es una estupenda manera de aprender lo fácil que es equivocarse. No somos perfectos, y por eso nos equivocamos. Y por eso se equivocan también tus hijos.

5.- Educar a los hijos de los demás es facilísimo, pero alguien tendrá que educar a tus hijos y ese alguien eres tú. Los padres necesitamos apoyo, empatía y no solo esa crítica constante que nos hace responsables absolutamente de todo lo malo  que hacen nuestros hijos.

6.- Las situaciones complicadas ponen a prueba el talento de los que educan. Cuando tus hijos se descontrolen es cuando más necesitan que sus padres estén controlados. Educar requiere tomar decisiones importantes. Por eso, a veces hay que esperar a que se le pase a uno el enfado, el susto, el miedo antes de actuar.

7.- Educamos a hijos que están en construcción, no están “terminados”. Te lo recuerdo porque, a veces, no tenemos la paciencia que hay que tener cuando se educa.

8.- Educar no se lleva bien con el verbo comparar. Siempre encontrarás a alguien que es más que, o menos que, pero educando debemos intentar que nuestros hijos solo se comparen con ellos mismos, porque a nosotros nos molesta mucho cundo nos dicen “los padres de fulanito, esos sí son buenos padres”.

9.- Para educar hijos es necesario confiar en los hijos. Establecer normas y límites es la mejor manera de sembrar confianza.

10.- Mientras educamos hay que decir mucho “te quiero”: “te quiero, pero no sales”, “te quiero, pero recoge”, “te quiero, pero estoy disgustado con tu comportamiento”, “te quiero y me encanta como te queda esa camisa”, “te quiero y por eso no me desanimo y no voy a dejarte, porque te quiero.”

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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