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Cómo enseñar a los hijos a ser responsables

Para ser responsable alguien te tiene que enseñar a ser responsable.

¿Tú quieres educar a tus hijos e hijas para que sean responsables? Qué pregunta más absurda, ¿verdad? Pues claro que todas las madres y padres quieren que sus hijos sean responsables, muy responsables y, además, prontito.

Conozco a muchos padres y madres desesperados que dicen, a modo de súplica: “¡cuando va a madurar esta criatura!”, como si esto de madurar, hacerse responsable, fuera una cuestión del azar. Pues no, la responsabilidad tiene mucho que ver tanto con la personalidad de nuestros hijos (y por lo tanto con los genes que heredan), como con las pautas educativas con las que enseñamos en nuestra casa a ser responsables.

¿Quieres hijos responsables?

1º.- No olvides que los padres no construimos hijos, lo que hacemos es dar a nuestros hijos herramientas para que se vayan construyendo. Así que céntrate en ofrecerle estas herramientas durante el tiempo en el que estamos educándolos. A esto de ofrecer herramientas es a lo que llamamos educar, y se hace todos los días durante muchos años.

2.- Para aprender a ser responsables hay que tener responsabilidades de las que ocuparse. Responsabilidades acordes a la edad de cada hijo. Pero no te creas que, con decir “Tú pones la mesa”, o “tú recoges tus juguetes”, o “Tú te lavas los dientes”, etc. es suficiente.  No, así no funciona, tú tienes que establecer esa responsabilidad, y enseñar a tu hijo o hija cómo se hace: le acompañas al principio, y cada vez le vas dejando que lo haga lo más autónomamente posible. Y las responsabilidades se practican siete días a la semana.

3.- Los padres somos modelo de comportamiento para nuestros hijos. Enseña cómo tú ejerces tu responsabilidad, y no lo utilices como arma arrojadiza, tipo: “Yo todos los días voy a trabajar y sin embargo tú…”. Se supone que responsabilizarse de lo que uno tiene que hacer es algo que nos debe de llenar de satisfacción, así que ten cuidado con decir que estás harta o harto de cumplir con tus responsabilidades, porque si los hijos las perciben como un castigo o una incomodidad, huirán de ellas. Enseña a tus hijos que tener responsabilidades no es un castigo, ni una ayuda. Es más sencillo: “en esta casa nos repartimos las tareas”.

4.-  Si hay responsabilidades, tiene que haber necesariamente consecuencias cuando alguien no asuma sus responsabilidades. Por ejemplo, si le dices a tu hijo que tiene que recoger sus juguetes y no los recoge, déjale claro que juguete que esté en el suelo significa que no lo quiere, por lo que “guarda” ese juguete durante unas semanas. Y si llora cuando pregunte por su juguete, contesta con tranquilidad: “quedamos en que recoger los juguetes es tu responsabilidad, si no los recoges es porque no quieres ese juguete”. Pero tiene que tener una consecuencia, si recoges tú sus juguetes, lo único que va a pasar es que te va a doler la espalda de tanto agacharte, y la cabeza de tanto comerte el tarro.

5.- Aprender a tomar decisiones es una buena manera de aprender a responsabilizarse. Ofrecerle, siempre que puedas, la posibilidad de que elija entre dos opciones. Esto le ayudará a tomar una decisión y a asumir lo que ha decidido. Por ejemplo: Fruta o yogur; el pantalón rojo o el verde; un juguete u otro, etc. Y si dice fruta, le das la fruta que es lo que él ha elegido, y si a mitad de la fruta dice que no, que lo que quiere es yogur, le recuerdas que él decidió la fruta, o el pantalón rojo, o tal juguete.

6.- Si quieres hijos responsables, tienes que darles autonomía. Si no les das autonomía tú siempre estarás decidiendo por ellos y, por lo tanto, tú asumirás sus responsabilidades. Y luego te quejarás.

Os recuerdo que los niños, los adolescentes, no están terminados de hacer y dan mucha lata y hay que estar pendientes de ellos por esa razón tienen madres y padres que se ocupan de ir educando.

No tengas prisa. Lo que tienes que tener es constancia. 

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Enseña a tus hijos a decir NO a las drogas

Tú nunca estarás con tu hijo o hija cuando tenga que decir NO. Así que a educar.

Las drogas están alrededor de nuestros hijos, esto es una realidad que los padres no debemos ni podemos obviar. Están tan cerca de nuestros hijos que a veces están hasta en nuestra propia casa. No, no lo digo para asustar, lo digo sencillamente con la finalidad de que los padres abramos los ojos y sepamos qué decir y cómo actuar. Es verdad que cada hijo es un mundo, que cada familia tiene sus circunstancias y, aunque no hay métodos infalibles para educar, yo creo que padres y madres, en el tema de drogas, podemos y debemos:

1º.-  Buscar Información.  ¿Qué sabes de las drogas?, pero qué sabes, de verdad. Cómo vas a educar sobre algo que desconoces. Conozco a padres que, con cara de angustia, les hacen jurar a sus hijos que nunca van a tomar drogas y piensan que, con eso, es suficiente. El conocimiento, la información son los mejores acompañantes en la tarea de educar. La guía “Hablemos de drogas. Una realidad que debe tratarse en familia”, de la Obra Social de la Caixa es una estupenda herramienta para informarse.

2º.- Hablar con tu hijo sobre drogas. Al finalizar la Educación Primaria, con 12 años, es una edad apropiada para comenzar. Pero habla con serenidad, porque esa es la manera en la que hablan las personas que saben de lo que están hablando.  No metas miedo ni exageres porque está demostrado que “asustar” no educa. Habla con tu hijo para conocer su opinión sobre las drogas, y no te desesperes si te dicen perlas como “la marihuana es buena porque es mejor que el tabaco”. Los adolescentes suelen tener una visión demasiado “optimista” sobre las drogas, y los adultos, una visión cercana al pánico, por esta razón lo que hay que hacer es EDUCAR para tener una visión “realista”.

3º.- El mensaje que tienes que trasmitir es: Tomar drogas es siempre un riesgo. Esto es difícil de hacérselo entender a los adolescentes, por eso conviene repetir este mensaje apoyado en datos reales, contrastados, no basados en tópicos, sin exageraciones.  Las drogas secuestran de manera silenciosa a nuestro cerebro  y afectan a todas sus funciones (cognitivas, emocionales, relacionales, etc).

4º.- No les preguntes directa e insistentemente sobre si han tomado drogas. Es mucho mejor pedirles su opinión (qué piensan del consumo de drogas por parte de algunos adolescentes, qué peligros ven en ello) y darles nosotros nuestra opinión. No entres en peleas con tus hijos para convencerles de que la razón la tienes tú, porque con esas discusiones es fácil conseguir un efecto contrario al que deseamos, y no es otro que la defensa de las drogas por parte de tu hijo se convierta en una afirmación de su identidad.

.- Enseñar a los hijos a responsabilizarse de sus acciones es una de las mejores cosas que los padres podemos hacer mientras educamos. Responsabilizarse requiere asegurar a los hijos que siempre los vamos a apoyar pero que ellos tienen que asumir las consecuencias de sus actos. Para educar en responsabilidad necesitamos marcar una línea clara de lo que creemos que es tolerable y lo que consideramos intolerable en el tema de las drogas. La realidad es que al final va a ser nuestro hijo el que decida, el que tenga la última palabra.

6º.- Si tu hijo comienza a “flirtear” con las drogas no te paralices, no lo lleves en secreto. Busca ayuda. Habla con sus profesores, con la familia, con profesionales.  Entrar en contacto con las drogas en la adolescencia no es sinónimo de ser un drogadicto. Negar una realidad, sin embargo, sí que puede conllevar problemas mayores. Cuando tenemos problemas en la educación de los hijos necesitamos todas las manos. No te calles.

7º.- ¿Quién dijo miedo? Controlar el miedo que nos invade con las palabras drogas, adolescencia, alcohol…  Con miedo no se educa. Así que lee, infórmate, y manos a la obra. No hagamos tragedias de situaciones de apendizaje. Los adolescentes están en construcción, los escarceos con las drogas no son indicadores de ningún problema, son indicadores de que tu hijo o hija necesita que sus padres sigan educando: normas, valores, limites. Y esto lleva  su tiempo, no te desesperes.

8º.- Confía en ti, en tu capacidad para educar, en tu sistematicidad, confía en tu ejemplo, confía en tus enseñanzas. Y sobe todo confía en que tus hijos serán capaces de gobernar su propia vida. Pero hasta que llegue ese momento, recuérdales que no vas a mirar para otro lado, que siempre vas a decir: Drogas No.

9º.- No culpabilices a las amistades de tus hijos o hijas, considerándoles malas influencias. Prepárate para ser tú una buena influencia, una influencia que desde el cariño, la comprensión, envía mensajes claros respecto a cómo actuar, cómo decir no, como mantenerse firme en las convicciones. Y recuerda que las amistades son, para los adolescentes, lo mejor de lo mejor.  No rivalices, simplemente sigue ejerciendo tu tarea. Lo que tú les trasmites les queda dentro y hace más efecto del que tú crees.

10º.- Es un tema serio este de las drogas en el que los padres tenemos una responsabilidad durante un tiempo, el de la educación, luego serán nuestros hijos los que determinen qué y cómo quieren vivir.

¿Estás educando? Pues no pares, sigue. Somos muchos los que te apoyamos.

 

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Educa, y deja educar a los demás

Educar hijos es una tarea apasionante, pero todo lo que que se hace con pasión genera temor e inseguridad

¿Sabéis que es lo que necesita de verdad una madre y un padre que se inician en la tarea de ser padres? Que los dejemos vivir en paz su maternidad y su paternidad. A ser madre o a ser padre no te enseña nadie.  Es como muchas experiencias de nuestra vida: una construcción personal, única, individual, intransferible.

Padres y Madres  se las tienen que ver con una legión de entusiastas coaches (entrenadores), que les dicen constantemente, y sin el más mínimo pudor, qué es lo que tienen que hacer con sus criaturas, y que además también les recuerdan constantemente qué es lo que no están haciendo bien. Son sabios y sabias dispuestos a decirles qué, cómo, dónde y cuándo educar a una criatura.

Educar en soledad y rodeados de incomprensión: esta es la verdadera y triste historia de muchas madres y padres cuando se tienen que enfrentar a la cotidiana tarea de educar. “Os quejáis por nada. Cuando yo te tuve a ti no había los medios que tenéis ahora…”. Así comienzan muchas conversaciones después que una madre o un padre abra su corazón a alguien cercano, y les muestre su incertidumbre, su preocupación, sus dudas respecto a la manera en la que están educando a sus hijos; respecto a las dudas sobre cómo actuar ante los comportamientos de sus hijos mientras están siendo educados.

Educar a los hijos de los demás es una tarea muy sencilla, porque para los hijos de los demás tenemos muchas certezas respecto a cómo actuar. Veo a muchas madres y padres que dicen ufanos, ante una situación en la que un niño o adolescente se descontrola: “Si fuera hijo mío se iba a enterar”, mientras miran a esa madre o ese padre que está intentado educar con cara de esas que disparan la sentencia de “serámalpadre-malamadre”. Esto de educar a los hijos de los demás es tan fácil, que no hace falta ni tener hijos para aconsejar, guiar, incluso amonestar a las madres y padres dubitativos. Hay mucho coach por ahí suelto.

Más de una vez he dicho que este blog, aunque se llama Escuela de Padres, aquí no se enseña nada, lo que pretende ser es un espejo para padres y madres, un espejo donde podemos mirarnos, no para aprender algo que no sabemos, sino para reflexionar sobre lo que somos, sobre lo que hacemos, lo que sentimos mientras educamos, con el objetivo de motivarnos  en la tarea de ejercer de padres.

Los padres y madres que educan necesitan comprensión. No es tarea fácil. No es sencilla, no está ausente de situaciones dolorosas, de miedos descontrolados. Pero mala ayuda es la que sólo juzga; mala ayuda es la que sólo critica. Mala ayuda la que solo compara. Si los padres quieren coger a su criatura en brazos, déjalos y no le digas “lo vais a acostumbrar a los brazos” como si, entre los brazos de una madre/de un padre, se estuviera mal. A mí me gusta que me abracen, y no veo que sienten mal los abrazos.

Los padres y madres que educan necesitan que se les trasmita confianza, que se les refuerce en la idea de que van a ser competentes para criar a sus hijos. Así que, cuidadito con los comentarios críticos, irónicos, con aire de suficiencia. Si una madre o un padre necesitan algo es confianza, sentir que los demás les apoyan porque están convencidos que srán unos estupendos padres y madres para sus hijos.

Hay mucha tontería e idealización de la paternidad y la maternidad. Criar hijos es una tarea apasionante, pero todas las cosas que se hacen con pasión conllevan malestar, miedo e inseguridad. Esto lo sabemos todos los que hemos criado hijos pero parece que, con los años, se nos olvida y entonces nos sale eso del “os quejáis por nada”, “cuando yo…” y otras historietas de lo fabuloso que éramos en la antigüedad.

Anima, anima a educar, anima a que tengan paciencia los nuevos educadores, anima a que sean perseverantes, anima en los momentos difíciles, y hazles sentir competentes. Y, sobre todo, recuérdeles que equivocarse cuando educamos a los hijos, es lo que nos hace cambiar el rumbo.

Y si a pesar de todo, te viene alguien y se empeña en decirte “erre que erre” cómo tienes que hacerlo, no lo dudes ni un momento, ¡mándalo a tomar por coach!

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Padres y madres adoptivos, sencillamente padres y madres

Los padres y madres adoptantes son sencillamente padres y madres

 ¿Qué hace falta para ser padre, para ser madre? Sencillamente querer criar, con todo lo que conlleva, a un hijo.

Tener hijos es un deseo común en muchas familias. Y como tenemos una gran diversidad de familias nos encontramos en esas familias tanto a personas que desean tener hijos y la naturaleza se lo pone fácil; a personas que desean tener hijos y, por diferentes razones, la naturaleza se lo pone imposible como a personas que desean ejercer la tarea de padres y eligen la adopción para ello.

Es un gran reto para estos padres, tengan hijos o no, y que tienen el mismo deseo e ilusión que el resto de padres, tener que afrontar la adopción como una vía para tener hijos, para poder ejercer la tarea de ser padres.

Cinco cosas para tener en cuenta:

1.- ¿Habías caído en la cuenta de que a los únicos padres a los que se les examina para ver si tienen capacidad, competencia, habilidad para ser padres es a los padres adoptivos? Así empieza su andadura.

2.- Una vez examinados y considerados aptos, comienza su espera. El “embarazo”, la espera de los padres y madres adoptivos puede durar 30 meses o más. Y durante todo ese tiempo están atentos, esperanzados e ilusionados, pero también están asustados, con inseguridad, con dudas  y temores, cómo dice mi amigo José Lucas: “Muchos meses viajando en una montaña rusa”.

3.- Los padres y madres adoptivos son igualitos que los padres biológicos, son simplemente padres, pero sus hijos no. Los hijos adoptivos, por sus circunstancias, pueden acarrear unas carencias en la formación del apego, de la seguridad emocional que generen trastornos del vínculo. Muchos de los niños entregados en adopción han padecido abandono desde los primeros días de su vida, porque sus padres, por razones económicas, sociales, personales no han sabido, o no han podido, ocuparse de ellos. Así los niños, desde estos primeros años de vida, se vuelven inseguros, desconfiados y suelen tener dificultad para establecer vínculos firmes y seguros emocionalmente con un adulto.

4.- Por esta razón los padres y madres adoptantes tienen que ayudar a sus hijos a que recobren esa confianza en los demás, a que forjen su autoestima dañada y este proceso lo tienen que realizar conviviendo, muchas veces, con la incomprensión de muchos de los que les rodean.

Tienes que saber que:

Los trastornos del vínculo pueden originar durante la infancia y la adolescencia problemas de conducta en esos niños, problemas de atención, de hiperactividad, conductas para llamar la atención, etc.

Por eso es conveniente no caer en el error de decirles a esas padres frases del tipo: “claro, es que como lo habéis deseado tanto pues lo tenéis malcriado” y otras frases que menoscaban la competencia educativa de estos padres y madres.

Los padres y madres adoptantes tienen que luchar hasta la desesperación para que entiendan que los problemas de conducta de los niños adoptados no son debidos, por lo general, a malas prácticas educativas y sí a que los niños han sufrido una carencia de la que cuesta mucha dedicación y tiempo para recuperarse.

Los padres se desesperan porque esa falta de comprensión se da tanto en el ámbito familiar, con las amistades, como en los centros escolares, y hace que se sientan solos e incomprendidos en la tarea de educar a sus hijos. Y nos necesitan a todos.

Necesitan algo tan sencillo como que entendamos que no se les puede comparar con otros niños. Necesitan que, en vez de reproches, les tendamos la mano. Necesitan ser escuchados. Necesitan lo que necesitamos todos los padres, que se nos valore y refuerce como padres que educan.

5.- Los padres adoptantes son generosos y su generosidad hace posible no solo que puedan ejercer la tarea de ser padres sino también, la de dar un hogar, una familia a unos hijos que estaban empezando a perder la confianza en los demás.

Los padres adoptantes son como tú y como yo. Sienten como tú y como yo sentimos. Quieren a sus hijos como tú y como yo queremos a los nuestros.

A veces los padres y madres lo único que necesitamos es que alguien nos escuche y nos entienda.

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5 consejos para padres de adolescentes

¡Que me dejes!, el grito de guerra favorito de los adolescentes

Hay una realidad y es que, en general, los adolescentes actualmente tienen “mala prensa”, bueno, mala no, lo siguiente. Yo escucho con mucha frecuencia a adultos echar pestes de ellos “son unos mal criados”, “son unos niñatos irresponsables y egoístas que sólo van a lo suyo” y que “con una buena bofetada les quitaba yo todas las tonterías”. Para culminar con ese, “en mis tiempos anda que…

Y yo os recuerdo que los adolescentes no son más que personas que están en formación, que no son un “producto” terminado, están en construcción. Y creedme si os digo que no es fácil ser adolescente, que son muchos y vertiginosos los cambios físicos, cognitivos, emocionales, a los que se enfrentan nuestros hijos en esta edad.

Los adolescentes de hoy en día, al igual que los niños, son el resultado de cómo una sociedad valora a la infancia o a la adolescencia. Y me temo que tal y como comenté en un pasado artículo, queremos que los niños y adolescentes crezcan rápido, que se hagan mayores, obedientes, maduros, que no molesten (como si el mundo de los adultos no estuviera lleno de desobedientes, inmaduros y molestos).

Los conflictos educando hijos o educando alumnos son inevitables. Educando niños y adolescentes surgen conflictos, conflictos inevitables y que van a poner en evidencia el talento, la capacidad de los padres, de los profesores, para afrontar estos conflictos.

Si, los adolescentes y los niños se descontrolan, esto lo saben legión de padres, madres y el profesorado. Por eso necesitan educadores que ante ese descontrol actúen de forma serena y decidida.

Mi primer consejo para los padres y madres es que cuando tengan que hablar/pelear con su hijo adolescente, que probablemente esté en “estado modorro”, tienen que procurar estar tranquilos, a veces hay q dejar pasar dos horas o dos días para hablar con un adolescente,  porque cuando estamos alterados (y los adolescentes son unos profesionales en sacar de quicio a sus padres o profesores) decimos cosas que ayudan muy poco a educar. Cuando los hijos están descontrolados necesitan padres controlados porque si nos descontrolamos también, ¿quién va a educar?, ¿quién va a mostrar a los hijos cómo se afrontan las situaciones conflictivas?

Mi segundo consejo es: firmeza. Firmeza significa que lo que los padres dicen que van a hacer, lo hacen. A veces por cansancio, por comodidad, por dar “otra oportunidad” no hacemos lo que les hemos dicho que íbamos a hacer. Y nuestros hijos lo saben y lo utilizan. Pasa ser firme hay que tener tranquilidad.

El tercer consejo, es que padres y madres no se deben contradecir. Os recuerdo que los adolescentes tienen un Máster en “echar a pelear a sus padres”. La firmeza ayuda a evitar esta situación.

El cuarto consejo: Cuida lo que sale por tu boca mientras educas. Hace unos días colaboré en un artículo que se publicó en el PAIS respecto a frases quedeberíamos evitar decirles a nuestros hijos. Procura no decir “me estás amargando la vida” porque los hijos tienen padres para que los eduquen no para que les ilusionen. Procura no decir “Ahí tienes la puerta, pero si sales no vuelvas a entrar“, esto es muy típico de padres flamencos, que por cierto tienen hijos flamencos que aceptan el envite. No les digas, “Tú no tienes ni idea de que va la vida“, porque nadie tiene ni idea, lo que tenemos los padres son años de vida vivida y eso no se puede enseñar, eso solo se puede vivir. Procura no decir “Como sigas así vas a ser un desgraciado” porque esa frase solo asusta al que la dice. ¿No ves que después de discutir con un adolescente, se duerme como un profesional sus 8 horas mínimo y sin embargo los padres estamos desvelados a punto de trankimazin? Procura no decir, “Qué ganas tengo de que crezcas y te vayas de casa“. Como si te molestara que tu hijo viviera la vida que tiene que vivir. Pero sobre todo no le digas nada con hastío, con desgana,con rabia, derrotado. Cuando tu hijo adolescente tenga 40 años se comportará como uno de 40, con 14 se comporta como uno de 14.

Mi quinto consejo, es que te centres en lo que tú como padre o madre vas a hacer para educar, para seguir educando y no en el comportamiento de tu adolescente. Algunos adolescentes dan muchos quebraderos de cabeza, es verdad. Pero más verdad es que, ante el descontrol de los “modorros”,  los padres lo que tenemos que seguir haciendo es perseverar educando.

Si es que la revista “Ser padres” se tenía que llamar “¿Vas a ser padre?, te vas a enterar” para que entendamos que educar hijos es una tarea, que como la vida misma, conlleva buenos y malos .momentos. Ánimo.

Otros artículos sobre adolecentes:

Qué hago con mi hijo adolescente

¿le estoy cogiendo  manía a mi hijo?

El síndrome del niño cabrón

 

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La mejor familia, la tuya.

Cambian las épocas pero el VALOR de la Familia perdura

En la familia caben todos. La familia nos hace igual a todos.

En familia aprendes, en familia te equivocas.

La familia te da tu sangre , tus huesos, una cara, un cuerpo, unos apellidos pero sobre todo, te da un HOGAR.

En familia te construyes, en familia atesoras, amas y vives.

Se llora en familia, se comparte sufrimiento, te tambaleas.

La familia enseña a querer.

En familia hay conflictos, peleas, distanciamientos, desazón.

La familia enseña a perdonar, a aceptar. No es  la familia lugar para el rencor.

La familia no es una fiesta para divertirse, es un lugar de convivencia donde aprender a vivir.

La familia es el mejor hotel, el mejor restaurante, la mejor escuela.

La familia crea familias.

La familia es patrimonio inmaterial de la humanidad.

El mejor lugar donde invertir. La mejor inversión, tu familia.

En la familia, en los momentos malos, encontramos la mejor ayuda.

A menudo la familia es la tabla de salvación a la que aferrarse, la que le da sentido a la vida.

La familia no es un concepto abstracto, ni rancio, ni arcaico. La familia es el presente, el pasado y el futuro.

Cuidemos nuestras familias. Cuida tu familia.

Me gustan las familias. Todas las que se sienten familias. Especialmente la tuya.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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