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5 consejos para padres de adolescentes
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Carlos Pajuelo | 23-01-2017 | 22:52| 1

¡Que me dejes!, el grito de guerra favorito de los adolescentes

Hay una realidad y es que, en general, los adolescentes actualmente tienen “mala prensa”, bueno, mala no, lo siguiente. Yo escucho con mucha frecuencia a adultos echar pestes de ellos “son unos mal criados”, “son unos niñatos irresponsables y egoístas que sólo van a lo suyo” y que “con una buena bofetada les quitaba yo todas las tonterías”. Para culminar con ese, “en mis tiempos anda que…

Y yo os recuerdo que los adolescentes no son más que personas que están en formación, que no son un “producto” terminado, están en construcción. Y creedme si os digo que no es fácil ser adolescente, que son muchos y vertiginosos los cambios físicos, cognitivos, emocionales, a los que se enfrentan nuestros hijos en esta edad.

Los adolescentes de hoy en día, al igual que los niños, son el resultado de cómo una sociedad valora a la infancia o a la adolescencia. Y me temo que tal y como comenté en un pasado artículo, queremos que los niños y adolescentes crezcan rápido, que se hagan mayores, obedientes, maduros, que no molesten (como si el mundo de los adultos no estuviera lleno de desobedientes, inmaduros y molestos).

Los conflictos educando hijos o educando alumnos son inevitables. Educando niños y adolescentes surgen conflictos, conflictos inevitables y que van a poner en evidencia el talento, la capacidad de los padres, de los profesores, para afrontar estos conflictos.

Si, los adolescentes y los niños se descontrolan, esto lo saben legión de padres, madres y el profesorado. Por eso necesitan educadores que ante ese descontrol actúen de forma serena y decidida.

Mi primer consejo para los padres y madres es que cuando tengan que hablar/pelear con su hijo adolescente, que probablemente esté en “estado modorro”, tienen que procurar estar tranquilos, a veces hay q dejar pasar dos horas o dos días para hablar con un adolescente,  porque cuando estamos alterados (y los adolescentes son unos profesionales en sacar de quicio a sus padres o profesores) decimos cosas que ayudan muy poco a educar. Cuando los hijos están descontrolados necesitan padres controlados porque si nos descontrolamos también, ¿quién va a educar?, ¿quién va a mostrar a los hijos cómo se afrontan las situaciones conflictivas?

Mi segundo consejo es: firmeza. Firmeza significa que lo que los padres dicen que van a hacer, lo hacen. A veces por cansancio, por comodidad, por dar “otra oportunidad” no hacemos lo que les hemos dicho que íbamos a hacer. Y nuestros hijos lo saben y lo utilizan. Pasa ser firme hay que tener tranquilidad.

El tercer consejo, es que padres y madres no se deben contradecir. Os recuerdo que los adolescentes tienen un Máster en “echar a pelear a sus padres”. La firmeza ayuda a evitar esta situación.

El cuarto consejo: Cuida lo que sale por tu boca mientras educas. Hace unos días colaboré en un artículo que se publicó en el PAIS respecto a frases quedeberíamos evitar decirles a nuestros hijos. Procura no decir “me estás amargando la vida” porque los hijos tienen padres para que los eduquen no para que les ilusionen. Procura no decir “Ahí tienes la puerta, pero si sales no vuelvas a entrar“, esto es muy típico de padres flamencos, que por cierto tienen hijos flamencos que aceptan el envite. No les digas, “Tú no tienes ni idea de que va la vida“, porque nadie tiene ni idea, lo que tenemos los padres son años de vida vivida y eso no se puede enseñar, eso solo se puede vivir. Procura no decir “Como sigas así vas a ser un desgraciado” porque esa frase solo asusta al que la dice. ¿No ves que después de discutir con un adolescente, se duerme como un profesional sus 8 horas mínimo y sin embargo los padres estamos desvelados a punto de trankimazin? Procura no decir, “Qué ganas tengo de que crezcas y te vayas de casa“. Como si te molestara que tu hijo viviera la vida que tiene que vivir. Pero sobre todo no le digas nada con hastío, con desgana,con rabia, derrotado. Cuando tu hijo adolescente tenga 40 años se comportará como uno de 40, con 14 se comporta como uno de 14.

Mi quinto consejo, es que te centres en lo que tú como padre o madre vas a hacer para educar, para seguir educando y no en el comportamiento de tu adolescente. Algunos adolescentes dan muchos quebraderos de cabeza, es verdad. Pero más verdad es que, ante el descontrol de los “modorros”,  los padres lo que tenemos que seguir haciendo es perseverar educando.

Si es que la revista “Ser padres” se tenía que llamar “¿Vas a ser padre?, te vas a enterar” para que entendamos que educar hijos es una tarea, que como la vida misma, conlleva buenos y malos .momentos. Ánimo.

Otros artículos sobre adolecentes:

Qué hago con mi hijo adolescente

¿le estoy cogiendo  manía a mi hijo?

El síndrome del niño cabrón

 

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Los hijos que “robaban” a sus padres
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Carlos Pajuelo | 15-01-2017 | 18:18| 0

Los hijos nos dan continuamente oportunidades para seguir educándolos

Atacar el monedero de los padres es una tentación a la que los hijos se pueden ver sometidos durante el tiempo en el que conviven con sus padres.

Cuando los padres se percatan de esta situación se suelen llevar un gran disgusto porque los padres tendemos a pensar que esto de “robarle” a los padres es una conducta incomprensible que nos hace sentirnos defraudados, perdemos la confianza y sobre todo asustados por si nuestra criatura se estuviera convirtiendo en un delincuente.

Esto, lo de sisar en el monedero, ocurre y ocurre más de lo que pensamos y en vez de rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo, lo mejor que podemos hacer los padres es educar. Educar sin temor.

¿Por qué un “modorro o modorra”, que “lo tiene todo”, ataca al monedero o a la tarjeta de crédito de sus padres?

Por una parte, lógicamente, los hijos no deben disponer de dinero fácilmente. Mientras los educamos les estamos enseñando el valor de las cosas y los hijos deben, para ello, manejar una cantidad de dinero acorde a su edad. En un pasado artículo hablé de este tema.

Pero por otra parte, vivimos en una sociedad de consumo, donde se genera continuamente la conducta de adquirir bienes como fuente de felicidad o bienestar (la publicidad está metida en nuestras vidas hasta la médula). Y nunca es suficiente con lo que se tiene.

Poseer “cosas” es durante la adolescencia y pre-adolescencia es una manera de situarte frente a tu grupo en una posición de poder, lograr la aceptación de los demás no solo por los bienes que poseo, sino también, trasmitiendo una imagen de “mira que audaz soy, que le cojo dinero a mis padres”.

En último lugar, porque, en este ambiente de tentación continua, los padres dejamos los monederos y carteras a mano de cualquiera en casa. Es más, algunos padres hacen compras en internet con sus hijos y no se dan cuenta que les están dando la llave con la que se abre su tarjeta de crédito.

¿Qué hacer?

Lo primero es tranquilizarse, porque el miedo es muy malo para educar.

En segundo lugar, pregúntale por qué lo ha hecho. Algunos hijos lo niegan de manera insistente. Tú no te desesperes y sigue preguntando.

En tercer lugar, te dé las razones que te dé, hay que abordar el tema de la conducta de robar. Los hijos y algunos padres, tienden a quitarle importancia, “pero si solo fueron 10 euros” y ahí los padres tenemos que ser implacables. Robar es robar, un euro o un millón, porque el problema es la conducta de robar, la cantidad es una circunstancia. Habla de cómo al “robar” se perjudica a la familia y como le perjudica a él.

En cuarto lugar, no te vayas al futuro augurándole que va a ser un desgraciado. Quédate en el presente, y hazle ver las consecuencias que va a tener esta conducta. La principal  consecuencia debe de ser la de la reparación total y lo más rápida posible, de todo lo “sisado”, esto supone empezar a descontar de la paga semanal, de los regalos que reciba por cumpleaños, etc. la cantidad de dinero hasta la recuperación.

En quinto lugar, estamos educando a adolescentes o niños, así que hay que seguir mostrando cariño y confianza. Pero no se te olvide tener el monedero a buen recaudo. Siempre.

Y por último, te recuerdo que tus hijos ven lo que tú haces. Así que hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos y decimos delante de ellos. Os recuerdo que los comportamientos corruptos también se pueden aprender en casa.  No, no se coge nada que no sea tuyo porque si uno coge algo que no es suyo y se calla, o lo dice, jactándose, está enseñando un camino peligroso a los hijos.

No vendría mal un repasito a los artículos: Cómo explicar la corrupción a los hijos y el de Educando en la ejemplaridad.

 

 

 

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10 consejos útiles para educar
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Carlos Pajuelo | 30-12-2016 | 19:05| 2
Educar es una tarea en la que no se puede tirar la toalla.

Educar es una tarea en la que no se puede tirar la toalla.

El blog Escuela de Padres ya ha cumplido cuatro años de historia, en la que hemos acompañando a algunos padres y madres en esta tarea de educar a sus hijos e hijas. Hemos compartido casi 150 artículos con la finalidad de hacer sentir bien a tantos padres y madres que educan, de hacerlos sentir bien, de hacerlos sentir competentes, de animarlos a seguir con la tarea.

Los hijos, a veces pasan por estados de “modorrez” que nos desesperan, nos asustan, nos hacen sentirnos tan mal. Pero educar es gratis, educamos porque queremos a nuestros hijos, así que tenemos seguir educando porque esa es la tarea de ser padres, la tarea de ejercer de padres.

He tenido la  suerte de haber conocido en estos años a padres y madres de diferentes tipos de familia que me han enseñado, y me siguen enseñando el Valor de la tarea de educar. De todo lo aprendido, podría extraer 10 consejos útiles para educar:

1.- Educar no hace posible construir hijos perfectos que nos ilusionen. Cuando educamos, ofrecemos a nuestros hijos herramientas para que ellos se vayan construyendo. Ser padres y madres ilusionados con lo que hacéis es la la mejor manera de transmitir ilusión también a nuestros hijos.

2.-Educar es una manera de influir en nuestros hijos, pero es breve el tiempo que tenemos para ejercer esta tarea porque nuestros hijos crecen rápido. ¿Tienes ganas de tirar la toalla? Agáchate, recógel, una y otra vez, y demuestra a tus hijos que, los que educamos, confiamos en lo que hacemos.

3.- Los padres valientes tienen miedo, pero no dejan que el miedo sea el que eduque a sus hijos. El miedo es el mayor lastre a la hora de educar, no dejes que te paralice.

4.- Educar es una estupenda manera de aprender lo fácil que es equivocarse. No somos perfectos, y por eso nos equivocamos. Y por eso se equivocan también tus hijos.

5.- Educar a los hijos de los demás es facilísimo, pero alguien tendrá que educar a tus hijos y ese alguien eres tú. Los padres necesitamos apoyo, empatía y no solo esa crítica constante que nos hace responsables absolutamente de todo lo malo  que hacen nuestros hijos.

6.- Las situaciones complicadas ponen a prueba el talento de los que educan. Cuando tus hijos se descontrolen es cuando más necesitan que sus padres estén controlados. Educar requiere tomar decisiones importantes. Por eso, a veces hay que esperar a que se le pase a uno el enfado, el susto, el miedo antes de actuar.

7.- Educamos a hijos que están en construcción, no están “terminados”. Te lo recuerdo porque, a veces, no tenemos la paciencia que hay que tener cuando se educa.

8.- Educar no se lleva bien con el verbo comparar. Siempre encontrarás a alguien que es más que, o menos que, pero educando debemos intentar que nuestros hijos solo se comparen con ellos mismos, porque a nosotros nos molesta mucho cundo nos dicen “los padres de fulanito, esos sí son buenos padres”.

9.- Para educar hijos es necesario confiar en los hijos. Establecer normas y límites es la mejor manera de sembrar confianza.

10.- Mientras educamos hay que decir mucho “te quiero”: “te quiero, pero no sales”, “te quiero, pero recoge”, “te quiero, pero estoy disgustado con tu comportamiento”, “te quiero y me encanta como te queda esa camisa”, “te quiero y por eso no me desanimo y no voy a dejarte, porque te quiero.”

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La mejor familia, la tuya.
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Carlos Pajuelo | 21-12-2016 | 17:06| 0

Cambian las épocas pero el VALOR de la Familia perdura

En la familia caben todos. La familia nos hace igual a todos.

En familia aprendes, en familia te equivocas.

La familia te da tu sangre , tus huesos, una cara, un cuerpo, unos apellidos pero sobre todo, te da un HOGAR.

En familia te construyes, en familia atesoras, amas y vives.

Se llora en familia, se comparte sufrimiento, te tambaleas.

La familia enseña a querer.

En familia hay conflictos, peleas, distanciamientos, desazón.

La familia enseña a perdonar, a aceptar. No es  la familia lugar para el rencor.

La familia no es una fiesta para divertirse, es un lugar de convivencia donde aprender a vivir.

La familia es el mejor hotel, el mejor restaurante, la mejor escuela.

La familia crea familias.

La familia es patrimonio inmaterial de la humanidad.

El mejor lugar donde invertir. La mejor inversión, tu familia.

En la familia, en los momentos malos, encontramos la mejor ayuda.

A menudo la familia es la tabla de salvación a la que aferrarse, la que le da sentido a la vida.

La familia no es un concepto abstracto, ni rancio, ni arcaico. La familia es el presente, el pasado y el futuro.

Cuidemos nuestras familias. Cuida tu familia.

Me gustan las familias. Todas las que se sienten familias. Especialmente la tuya.

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Los hijos incapaces de padres incapaces
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Carlos Pajuelo | 12-12-2016 | 12:30| 0

El pasado día 3 de diciembre fue el Día Internacional de la Discapacidad. ¿Qué es lo que celebramos ese día? Que en el siglo XXI la discapacidad nos sigue inspirando lastima y compasión. Que en el siglo XXI la discapacidad es una especie de “aciaga lotería” que te regala la vida y al que le toca, le toca. Poco que celebrar y mucho que pensar. Por eso yo quiero hablaros de los 364 Días Internacionales de la INCAPACIDAD. De los hijos incapaces, de sus padres incapaces, de la Sociedad incapaz.

¿Cuál es nuestra incapacidad? Pues sencillamente la de no aceptar la diversidad, no ver valor en la diversidad. Obsesionados por el rendimiento, obsesionados por el éxito, por triunfar, obsesionados por las comparaciones, todo aquello que creemos que es “menos que” pasa a la categoría de “los pobrecitos”, pobrecitos padres y pobrecitos hijos, y para acallar conciencias nos escudamos en “cubrir sus necesidades” desde una óptica paternalista en vez de reconocer a las personas con discapacidad como titulares de derechos.

Somos incapaces porque nuestro trato hacia las personas con discapacidad lo convertimos en un acto de compasión del que enorgullecernos, y así, lo que estamos haciendo es que nuestros hijos aprendan a tener lástima de las personas con discapacidad, a que nuestros hijos aprenden a ser incapaces.

Somos incapaces porque los tratamos con ñoñería, los convertimos en héroes y san se acabó, a seguir con lo nuestro. No son héroes las personas con discapacidad, ni sus cuidadores. No precisan de nuestra admiración, ni de nuestra compasión. Son personas, hijos como tus hijos, que lo que precisan es de que seamos capaces de entender que caben entre nosotros, que no solo hay que hacerles hueco que lo que hay es que darles respuesta, respuesta a sus derechos educativos, sanitarios, sociales y laborales. Y hay que creerlo de verdad. Les decimos héroes para acallar conciencias, las conciencias de los incapaces.

Somos incapaces de ver que no basta con la igualdad que hay personas que necesitan más que otras personas. Eso se llama equidad.

Incapaces porque en el siglo XXI la atención a la discapacidad sigue necesitando de beneficencia.

Sí, es verdad, igual esto te parece exagerado. ¡Claro que las cosas han cambiado! Pero pregúntaselo a cualquier padre o madre con un hijo con discapacidad o a cualquier adulto que presente una discapacidad. Incapaces somos porque no podemos ver lo que no queremos ver.

El día que todas las personas tengan los recursos que se necesitan para poder acceder a los servicios educativos, sociales, sanitarios y al mundo del trabajo en condiciones de equidad, ese día no existirán personas con discapacidad ni personas con incapacidad, ese día nuestra ciudad estará llena de personas, simple y sencillamente personas.

No te fijes en la discapacidad, quédate con la persona.

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¿Padres pesados? No, padres sistemáticos.
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Carlos Pajuelo | 27-11-2016 | 16:07| 7

A menudo nuestros hijos, mientras los estamos educando, nos sueltan frases del tipo: ¡sois unos pesados!, todo el día repitiendo lo mismo, que si estudia, que si recoge, que si dónde estás, ¿me queréis dejar en paz?, ¡me estáis amargando la vida!.

A menudo los padres, mientras educamos, les decimos, una y otra vez, frases del tipo: ¡pero cuántas veces te tengo que repetir lo mismo!, ¡es que como yo no esté encima!, ¡ estoy harto de repetirte todos los días lo mismo!.

Ya ves, un drama doméstico en dos actos, que tiene toda la pinta de terminar en portazo, alguna voz más alta que otra, miradas asesinas, llantos  y sensación de hartura.

Lo peor de todo esto es que muchos padres y madres tienen la sensación de que son unos pesados con sus hijos  y que, además, su pesadez no sirve para lograr que  modifiquen sus hábitos y sí para sentirse unos padres incompetentes.

Para educar hay que repetir muchas veces las lecciones que queremos enseñar, por eso nuestros hijos nos llaman pesados.

¿Tú crees que eres un padre o una madre pesada?.  Puede que creas que eres una madre pesada o un pesado padre pero los padres no tienen que sentir que son unos pesados lo que tienen es que sentir que educan de manera sistemática.

¿Cómo diferenciar ser pesado de ser sistemático?

1.- Los padres pesados repiten las instrucciones con desesperación y enfado. Los padres sistemáticos repiten las instrucciones con seguridad y firmeza.

2.- Los padres pesados hablan constantemente. Los padres sistemáticos actúan constantemente.

3.- Los padres pesados recuerdan a sus hijos las cosas que hacen mal. Los padres sistemáticos recuerdan constantemente cómo se hacen las cosas bien.

4.- Los padres pesados dan respuesta a todas las demandas de sus hijos y, además, les llaman pesados. Los padres sistemáticos  animan a sus hijos a que busquen las respuestas.

5.- Los padres pesados tiene la necesidad de saber constantemente, qué están haciendo y dónde están sus hijos y para ello entran es sus cuartos, o  los llaman al móvil,  cada dos por tres; los padres sistemáticos se informan previamente de dónde están sus hijos y de qué van a hacer y saben cómo supervisar.

6.- Los padres pesados no confían en sus hijos, los ven siempre más ingenuos, más incapaces, menos preparados y se sienten en la obligación de protegerlos; los padres sistemáticos ponen normas y límites y dejan claras cuales son las consecuencias de saltarse dichas normas.

7.- Los padres pesados, tienen mucho miedo y lo trasmiten a sus hijos; los padres sistemáticos también tienen miedo, pero no dejan que sea el temor el que eduque.

8.- Los padres pesados se consideran los mejores padres; los padres sistemáticos saben que todos los días se aprenden lecciones nuevas y,  a veces, de los propios hijos.

9.- Los padres pesados  nunca están lo suficientemente satisfechos con lo que hacen sus hijos; los padres sistemáticos procuran estar satisfechos con ellos mismos para que sus hijos lo vean y lo escuchen.

10.- Los padres pesados son compañeros pesados, cuñados pesados, amigos pesados, son unos pesados allá donde vayan y los padres sistemáticos educan a los que tienen en casa y cuidan a sus amigos, a su familia, a sus compañeros.

Efectivamente, hay que repetir a los hijos muchas veces las cosas, hay que recordar y volver a recordar lo que es tolerable y lo que no lo es. ¡Claro que hay que educar a todas horas!, y te recuerdo que ya seas pesado o sistemático, tus hijos siempre van a llamarte pesado.  Pero tú a lo tuyo, a educar.

Así que ya sabes, la próxima vez que tu hijo te llame pesado o pesada contéstale:

 ¿Pesada yo?, No hijo, llámame sistemática.

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Los padres que vivían la vida de sus hijos
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Carlos Pajuelo | 20-11-2016 | 20:53| 0

¿Quieres tranquilidad? Educa más y protege menos

El día 20 de noviembre celebramos el día Internacional de los Derechos del Niño, por lo tanto hoy es el día Internacional de los Padres, las Madres, Maestras y Maestros, de los Gobernantes, de la Sociedad, porque los niños nos necesitan a todos para que hagamos valer sus derechos. Así que voy a aprovechar esta fecha para hacer un alegato sobre el importante papel de los padres, de la Familia, como máximos responsables de proveer de estos Derechos a los niños.

Me duele cuando escucho que los “niños de hoy en día” son una colección de maleducados y caprichosos. Porque los niños son lo que los adultos les enseñamos a ser. Lo que tu y yo les enseñamos a ser.  Así que aprovechemos el día de hoy para recordar a las familias, a la escuela, a todos nosotros, que los niños tienen derechos.

El derecho  a tener unos padres que educan con los ojos abiertos y no unos “forofos” con ensoñaciones.

El derecho  a tener niñez, a vivir su niñez, a reír, a disfrutar su niñez, pero también tienen derecho a llorar en su niñez, tienen derecho a aprender a afrontar el malestar que también es parte de la niñez, y en la infancia se sufre como se sufre en otras etapas de la vida. No nos confundamos: evitarles a nuestros hijos todas las situaciones de potencial riesgo para su “felicidad”, lo que hace es alelarlos, hacerlos dependientes, dubitativos, inseguros, hacerlos sentir “poca cosa”. Enseñarles a afrontarlas les dará seguridad y autoconfianza.

El derecho a acertar y a equivocarse.

Los niños tienen derecho a asumir responsabilidades acordes a su edad.

Tienen derecho a vivir en el presente y no ser considerados unos opositores a futuro adulto.

Los niños tienen derecho a enfadarse y tienen derecho a que se les enseñe cómo manejar sus enfados.

Los niños tienen derecho a jugar y también tienen derecho a aprender, a que se estimule su curiosidad.

Tienen derecho a tener éxito pero también tienen derecho a que les alentemos en sus fracasos.

Los niños tienen derecho a ser queridos, tienen derecho a ser aceptados incondicionalmente, a que se les quiera por lo que son y a que se les eduque por lo que hacen.

Tienen derecho a no ser considerados unos incordios y tienen derecho a que sus padres les enseñen progresivamente a no incordiar. Tienen derecho a que se les pongan normas y límites para que no vayan por la vida dando bandazos.

Muchos padres y madres hoy día viven con tanta intensidad la vida de sus hijos que terminan viviéndoles la vida a sus propios hijos.

Los niños tienen DERECHOS pero los derechos no son dádivas o regalos llovidos del cielo. Los derechos de nuestros niños son simplemente un indicador de calidad de cómo valora la familia y la sociedad, a la infancia.

El mejor activo que tiene una sociedad es su infancia. Todo lo que hagas por la infancia redundará en nuestra sociedad.  Así que manos a la obra que hay mucho que hacer.

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Los niños que jugaban a ser mayores
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Carlos Pajuelo | 04-11-2016 | 11:50| 1

Jugar a ser mayor no es un juego para niños (https://www.reddit.com/r/pics/)

La muerte de una niña de doce años por un coma etílico al acudir a un botellón es una de esas noticias que, como padre o madre, te dejan totalmente confundido, asustado.

Hace un mes escribí un post sobre la infancia robada, sobre cómo nuestra sociedad, o sea todos y cada uno de nosotros, empuja a los niños y niñas a “jugar a ser mayores” antes de tiempo.

El tiempo de poder ser niños cada vez es más corto porque generamos la idea de que los niños son “molestos”. Los niños “revuelven, corren, gritan, invaden”, es verdad,  por eso, la naturaleza que es sabia, los dotó de padres y madres para intervenir en esas situaciones, y no para mirarlos con cara de hartazgo y decir, “ a ver si crecen ya de una vez

Un niño o una niña de 12 años son un niño o una niña. No son ni un hombrecito ni una mujercita. Los de 14 años, no son un hombrecito ni una mujercita, son adolescentes.

Los niños y los adolescentes necesitan supervisión. Muchos padres no tienen ni idea sobre qué hacen sus hijos cuando salen de casa. ¡Mi hijo no bebe!, ¡mi hijo no fuma!, ¿mi hijo? No, mi hijo no. Y muchos además de los que me estáis leyendo pondríais la mano en el fuego asegurando que vuestros hijos no van al botellón. Así huele tanto a chamusquina. Los botellones no están llenos de huérfanos, están llenos de hijos que saben que sus padres ignoran que ellos están allí.

Espabilad papás y mamás.

No se puede ser condescendiente con las conductas que suponen un riesgo para nuestros hijos y para su salud. Un niño tiene que tener horarios de niños, actividades de niños, responsabilidad de niños, vida de niños y padre y madre de niños,  aunque el niño “vaya teniendo pelitos”.

Y entérate, un niño monta una bronca a sus padres si otros niños (también con pelitos) amigos suyos, tienen un horario más relajado. ¿Y qué esperabas? ¿Que te dijera Papá, Mamá, gracias por educarme?

Educar a los hijos nos obliga a incomodarlos y a incomodarnos. No queda otra. No existe una forma de educar en la que no existan los conflictos, los conflictos son parte inherente a la educación.

Papás y mamás, ya es hora de que a vuestros hijos no los eduquen los padres y madres de los demás.

Papás y mamás, ya es hora de aguantar los envites de los hijos y mostrarse seguros y confiados en lo que hacemos.

El tiempo pasa, pasa rápido y los niños terminarán siendo hombres y mujeres y entonces podrán comportarse como tales.

¿Que a qué hora tiene que llegar tu hijo a casa? A la que tú digas, no a la que vuelvan sus amigos. Y llama a los padres de los amigos de tus hijos y se lo cascas.

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“¿Se puede saber a dónde vas con esa pinta?” (los hijos eligiendo su ropa)
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Carlos Pajuelo | 09-10-2016 | 20:45| 0

Lo importante de nuestros hijos es lo que tienen dentro, la ropa solo es envoltorio. (FOTO Xiaobanya)

Mi amiga Paqui, que llevaba un tiempo tranquila con sus niños, me llamó el otro día para hablarme de su nuevo desasosiego: “Carlos, mi hijo se pone camisetas y vaqueros rotos y es como un uniforme siempre vestido igual, y no te quiero ni decir cómo lleva los pelos, se pasa 15 minutos delante del espejo, peinándose un despeinado. ¡Qué pinta lleva! No me gusta cómo va y no sé si debo ceder u obligarle a que se vista más normal”. Y a renglón seguido me dice:”¿Qué hago?”

Y eso me lo pregunta a mí, que soy el asesor de madres-padres, pero todas las mañanas tengo la duda de qué ropa ponerme, si pega o no pega y echo de menos a mi cuñada Tete Cabezas que tiene la habilidad de organizarte “conjuntos” en un periquete.

La ropa y el peinado es lo de fuera y lo importante de nuestros hijos es lo de dentro, así que no hagamos dramas con ropas y pelos, porque esta no es la pelea de los padres.

Algunas ideas respecto a cómo actuar en estos casos.

1.- Que los niños y niñas tengan la posibilidad de elegir qué quieren vestir y cómo, de entrada, es una buena opción, muestra que tienen claro qué es lo que quieren, su autonomía, sus gustos. Los padres podemos ayudarles, cuando sean pequeños, a que ellos decidan presentándoles un par de opciones. Cuidado con lo de “esto no pega con esto” que no tenemos hijos para que luzcan en el Instagram, es mejor asesorarles con mensajes del tipo, “este suéter combina mejor con este pantalón, pero al que le tiene que gustar es a ti”. Cuidado con lo de “eso es de pijos” o “eso es de canis” Los hijos son bonitos porque son nuestros hijos no por que vayan más o menos “monos”, no les convirtamos en unos racistas textiles, organizando el mundo en función de cómo visten las personas.  Y además para gustos los colores.

2.- Está claro que si tu hija adolescente quiere salir vestida como si fuera una bailarina de Reggaetón (Me lo pido el taxi, me lo pido el taxi…)  pues tendrás que hacerle ver que ese tipo de vestimenta es inapropiado para niñas de su edad y ya tendrá tiempo cuando sea mayor de vestir como alguien mayor. Los adolescentes pueden y deben de elegir qué ropa les gusta, pero creo que el criterio “hipersexualización” es un buen límite para decir NO, esto no corresponde ahora. Pero no te creas que va a ir tu hija a abrazarte y decirte mamá gracias por preocuparte por mí. Te va a montar un buen pollo.

3.- Los adolescentes y preadolescentes quieren vestirse como lo hacen el resto de sus amigos. Pero tienes que tener claro el criterio “marcas”, ya que  hay  marcas que cuestan un ojo de la cara. Los padres vestimos a nuestros hijos, pero lo que no debemos de hacer es gastarnos lo que no tenemos para que nuestros príncipes y princesas vayan a la moda. Y cuando le digas que no a la compra de una determinada marca tampoco van a ir corriendo a abrazarte para decirte “mamá, papá, que guais sois”.

4.- Que le gustan las camisetas, pues que se compre 7 camisetas. Pero ten en cuenta, como bien dijo JR. Alonso de la Torre en su artículo del Hoy,  estas camisetas hacen que huela la sobaquera y si lo añadimos a que los portadores de las camisetas son unas bombas de hormonas andantes… no hay botafumeiro capaz de eliminar el olor. “Ponte lo que quieras, pero limpio, muy limpito. Ponte los pelos como quieras, pero duchadito. La limpieza es la lucha, no la ropa.

5.- Dentro de 15 años cuando vean sus fotos de adolescencia les pasará lo mismo que te pasa a ti cuando ves tus fotos de juventud, que te das cuenta que en el pasado todos éramos unos horteras.

 

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La infancia robada
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Carlos Pajuelo | 02-10-2016 | 17:33| 0

Los niños no son futuros adultos, son niños que necesitan vivir su infancia.

¡Qué ganitas tengo de que crezcan los niños! piensan o verbalizan muchos padres y madres mientras realizan la tarea de educar a sus hijos. Tus hijos van a crecer y lo harán más rápido de lo que imaginas pero hay un tiempo para ser niños, un tiempo imprescindible y necesario para poder crecer.

Hay una realidad en la educación familiar, la de que educar es una tarea que necesariamente consume el tiempo (el tiempo libre)  de padres y madres y que además es una tarea que no está exenta de conflictos.

¿Estamos robando la infancia a nuestros hijos?, ¿Somos una sociedad que considera la infancia como una “enfermedad” pasajera, como una academia para convertirse en personas adultas?

Somos la sociedad en la que vivimos. Es verdad que nuestros niños y niñas no viven las penalidades que viven miles de niños y niñas en otras partes del mundo. Pero creo que nuestra sociedad desarrollada, de otra manera, también contribuye a “robar” la infancia de los niños.

Y no lo digo porque los bebés salgan de los hospitales maternos con vaqueros y zapatillas de deportes; ni porque busquemos desde bien pequeños la excelencia en lugar del desarrollo; ni porque juegan con tecnología desde pequeños pero no juegan solo por divertimiento, juegan para que los padres podamos disponer de tiempo para nosotros mismos.  Se escolarizan con tres años o menos y esperamos de ellos que además de saberse limpiar el culete, permanezcan cinco horas siguiendo el guión, porque si no van a tener problemas. Pensamos en su futuro, todo lo que hacemos es por su futuro, los padres vivimos acuciados por el futuro mientras nuestros hijos viven y crecen en el presente.

De tanto escuchar que ganitas tengo de que crezcan, ellos terminan creyéndose que cuando crezcan todo será mejor. Y empiezan a creerse que son más mayores de lo que son. Imitan a los adultos y con 10 o 12 años cuando comienzan a salir lo hacen copiando a los adultos. En vez de al botellón van a tiendas de chucherías , y en grandes grupos se entretienen mientras las comparten, el chuchellón.  Así todo, absolutamente todo, se adelanta, el coqueteo con el alcohol, los horarios de regresar a casa y todo esto patrocinado por los mismos padres y madres un tanto prisioneros del “como lo hacen todos”.

Una sociedad hipersexualizada que promueve “modas” en las que los niños y niñas visten como adultos, se peinan como adultos. Todos los programas de éxito televisivo tienen una versión infantil. Una sociedad que les dice “¡vamos, daos prisa en crecer!

Una sociedad que,  como ignora la infancia, no genera espacios públicos para la infancia. ¿Dónde pueden ir nuestros niños y niñas para que convivan, jueguen, estén protegidos, donde puedan ser lo que son, niños y niñas?

La infancia es necesaria pero no para preparar a futuros adultos. La infancia es necesaria para poder llegar a ser adultos. La infancia no es una etapa preparatoria. La infancia es una etapa para vivir, que tiene su propia entidad. Tenemos una gran responsabilidad, los padres y madres, las escuelas, los ayuntamientos, tú y yo. Devolvamos la infancia a nuestros hijos, para ello necesitan que se reconozcan sus derechos, el derecho a ser niños y niñas, el derecho a vivir como niños y niñas.

Esto es tarea de todos, individual y colectivamente. Necesitamos políticas que de verdad promocionen la natalidad, el cuidado de la infancia; políticas que permitan de verdad conciliar la vida familiar y profesional. Pero además necesitamos políticas locales para que tu pueblo o ciudad se convierta en amiga de la infancia y, por último, necesitamos que tú y yo también nos hagamos amigos de la infancia.

Sin estas políticas, le robaremos la infancia a nuestros hijos y sin infancia no hay futuro. A veces pequeños pasos nos llevan a alcanzar grandes logros.

Termino recordando el proverbio africano  del que ya hemos hecho mención en otros artículos,  “Para educar a un niño hace falta toda la tribu“.  Claro que educar es responsabilidad de la familia pero las familias necesitan la colaboración de toda la tribu porque todos nos beneficiamos de la infancia.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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