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Los niños que jugaban a ser mayores
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Carlos Pajuelo | 04-11-2016 | 11:49| 1

Jugar a ser mayor no es un juego para niños (https://www.reddit.com/r/pics/)

La muerte de una niña de doce años por un coma etílico al acudir a un botellón es una de esas noticias que, como padre o madre, te dejan totalmente confundido, asustado.

Hace un mes escribí un post sobre la infancia robada, sobre cómo nuestra sociedad, o sea todos y cada uno de nosotros, empuja a los niños y niñas a “jugar a ser mayores” antes de tiempo.

El tiempo de poder ser niños cada vez es más corto porque generamos la idea de que los niños son “molestos”. Los niños “revuelven, corren, gritan, invaden”, es verdad,  por eso, la naturaleza que es sabia, los dotó de padres y madres para intervenir en esas situaciones, y no para mirarlos con cara de hartazgo y decir, “ a ver si crecen ya de una vez

Un niño o una niña de 12 años son un niño o una niña. No son ni un hombrecito ni una mujercita. Los de 14 años, no son un hombrecito ni una mujercita, son adolescentes.

Los niños y los adolescentes necesitan supervisión. Muchos padres no tienen ni idea sobre qué hacen sus hijos cuando salen de casa. ¡Mi hijo no bebe!, ¡mi hijo no fuma!, ¿mi hijo? No, mi hijo no. Y muchos además de los que me estáis leyendo pondríais la mano en el fuego asegurando que vuestros hijos no van al botellón. Así huele tanto a chamusquina. Los botellones no están llenos de huérfanos, están llenos de hijos que saben que sus padres ignoran que ellos están allí.

Espabilad papás y mamás.

No se puede ser condescendiente con las conductas que suponen un riesgo para nuestros hijos y para su salud. Un niño tiene que tener horarios de niños, actividades de niños, responsabilidad de niños, vida de niños y padre y madre de niños,  aunque el niño “vaya teniendo pelitos”.

Y entérate, un niño monta una bronca a sus padres si otros niños (también con pelitos) amigos suyos, tienen un horario más relajado. ¿Y qué esperabas? ¿Que te dijera Papá, Mamá, gracias por educarme?

Educar a los hijos nos obliga a incomodarlos y a incomodarnos. No queda otra. No existe una forma de educar en la que no existan los conflictos, los conflictos son parte inherente a la educación.

Papás y mamás, ya es hora de que a vuestros hijos no los eduquen los padres y madres de los demás.

Papás y mamás, ya es hora de aguantar los envites de los hijos y mostrarse seguros y confiados en lo que hacemos.

El tiempo pasa, pasa rápido y los niños terminarán siendo hombres y mujeres y entonces podrán comportarse como tales.

¿Que a qué hora tiene que llegar tu hijo a casa? A la que tú digas, no a la que vuelvan sus amigos. Y llama a los padres de los amigos de tus hijos y se lo cascas.

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“¿Se puede saber a dónde vas con esa pinta?” (los hijos eligiendo su ropa)
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Carlos Pajuelo | 09-10-2016 | 17:35| 0

Lo importante de nuestros hijos es lo que tienen dentro, la ropa solo es envoltorio. (FOTO Xiaobanya)

Mi amiga Paqui, que llevaba un tiempo tranquila con sus niños, me llamó el otro día para hablarme de su nuevo desasosiego: “Carlos, mi hijo se pone camisetas y vaqueros rotos y es como un uniforme siempre vestido igual, y no te quiero ni decir cómo lleva los pelos, se pasa 15 minutos delante del espejo, peinándose un despeinado. ¡Qué pinta lleva! No me gusta cómo va y no sé si debo ceder u obligarle a que se vista más normal”. Y a renglón seguido me dice:”¿Qué hago?”

Y eso me lo pregunta a mí, que soy el asesor de madres-padres, pero todas las mañanas tengo la duda de qué ropa ponerme, si pega o no pega y echo de menos a mi cuñada Tete Cabezas que tiene la habilidad de organizarte “conjuntos” en un periquete.

La ropa y el peinado es lo de fuera y lo importante de nuestros hijos es lo de dentro, así que no hagamos dramas con ropas y pelos, porque esta no es la pelea de los padres.

Algunas ideas respecto a cómo actuar en estos casos.

1.- Que los niños y niñas tengan la posibilidad de elegir qué quieren vestir y cómo, de entrada, es una buena opción, muestra que tienen claro qué es lo que quieren, su autonomía, sus gustos. Los padres podemos ayudarles, cuando sean pequeños, a que ellos decidan presentándoles un par de opciones. Cuidado con lo de “esto no pega con esto” que no tenemos hijos para que luzcan en el Instagram, es mejor asesorarles con mensajes del tipo, “este suéter combina mejor con este pantalón, pero al que le tiene que gustar es a ti”. Cuidado con lo de “eso es de pijos” o “eso es de canis” Los hijos son bonitos porque son nuestros hijos no por que vayan más o menos “monos”, no les convirtamos en unos racistas textiles, organizando el mundo en función de cómo visten las personas.  Y además para gustos los colores.

2.- Está claro que si tu hija adolescente quiere salir vestida como si fuera una bailarina de Reggaetón (Me lo pido el taxi, me lo pido el taxi…)  pues tendrás que hacerle ver que ese tipo de vestimenta es inapropiado para niñas de su edad y ya tendrá tiempo cuando sea mayor de vestir como alguien mayor. Los adolescentes pueden y deben de elegir qué ropa les gusta, pero creo que el criterio “hipersexualización” es un buen límite para decir NO, esto no corresponde ahora. Pero no te creas que va a ir tu hija a abrazarte y decirte mamá gracias por preocuparte por mí. Te va a montar un buen pollo.

3.- Los adolescentes y preadolescentes quieren vestirse como lo hacen el resto de sus amigos. Pero tienes que tener claro el criterio “marcas”, ya que  hay  marcas que cuestan un ojo de la cara. Los padres vestimos a nuestros hijos, pero lo que no debemos de hacer es gastarnos lo que no tenemos para que nuestros príncipes y princesas vayan a la moda. Y cuando le digas que no a la compra de una determinada marca tampoco van a ir corriendo a abrazarte para decirte “mamá, papá, que guais sois”.

4.- Que le gustan las camisetas, pues que se compre 7 camisetas. Pero ten en cuenta, como bien dijo JR. Alonso de la Torre en su artículo del Hoy,  estas camisetas hacen que huela la sobaquera y si lo añadimos a que los portadores de las camisetas son unas bombas de hormonas andantes… no hay botafumeiro capaz de eliminar el olor. “Ponte lo que quieras, pero limpio, muy limpito. Ponte los pelos como quieras, pero duchadito. La limpieza es la lucha, no la ropa.

5.- Dentro de 15 años cuando vean sus fotos de adolescencia les pasará lo mismo que te pasa a ti cuando ves tus fotos de juventud, que te das cuenta que en el pasado todos éramos unos horteras.

 

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La infancia robada
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Carlos Pajuelo | 02-10-2016 | 16:35| 0

Los niños no son futuros adultos, son niños que necesitan vivir su infancia.

¡Qué ganitas tengo de que crezcan los niños! piensan o verbalizan muchos padres y madres mientras realizan la tarea de educar a sus hijos. Tus hijos van a crecer y lo harán más rápido de lo que imaginas pero hay un tiempo para ser niños, un tiempo imprescindible y necesario para poder crecer.

Hay una realidad en la educación familiar, la de que educar es una tarea que necesariamente consume el tiempo (el tiempo libre)  de padres y madres y que además es una tarea que no está exenta de conflictos.

¿Estamos robando la infancia a nuestros hijos?, ¿Somos una sociedad que considera la infancia como una “enfermedad” pasajera, como una academia para convertirse en personas adultas?

Somos la sociedad en la que vivimos. Es verdad que nuestros niños y niñas no viven las penalidades que viven miles de niños y niñas en otras partes del mundo. Pero creo que nuestra sociedad desarrollada, de otra manera, también contribuye a “robar” la infancia de los niños.

Y no lo digo porque los bebés salgan de los hospitales maternos con vaqueros y zapatillas de deportes; ni porque busquemos desde bien pequeños la excelencia en lugar del desarrollo; ni porque juegan con tecnología desde pequeños pero no juegan solo por divertimiento, juegan para que los padres podamos disponer de tiempo para nosotros mismos.  Se escolarizan con tres años o menos y esperamos de ellos que además de saberse limpiar el culete, permanezcan cinco horas siguiendo el guión, porque si no van a tener problemas. Pensamos en su futuro, todo lo que hacemos es por su futuro, los padres vivimos acuciados por el futuro mientras nuestros hijos viven y crecen en el presente.

De tanto escuchar que ganitas tengo de que crezcan, ellos terminan creyéndose que cuando crezcan todo será mejor. Y empiezan a creerse que son más mayores de lo que son. Imitan a los adultos y con 10 o 12 años cuando comienzan a salir lo hacen copiando a los adultos. En vez de al botellón van a tiendas de chucherías , y en grandes grupos se entretienen mientras las comparten, el chuchellón.  Así todo, absolutamente todo, se adelanta, el coqueteo con el alcohol, los horarios de regresar a casa y todo esto patrocinado por los mismos padres y madres un tanto prisioneros del “como lo hacen todos”.

Una sociedad hipersexualizada que promueve “modas” en las que los niños y niñas visten como adultos, se peinan como adultos. Todos los programas de éxito televisivo tienen una versión infantil. Una sociedad que les dice “¡vamos, daos prisa en crecer!

Una sociedad que,  como ignora la infancia, no genera espacios públicos para la infancia. ¿Dónde pueden ir nuestros niños y niñas para que convivan, jueguen, estén protegidos, donde puedan ser lo que son, niños y niñas?

La infancia es necesaria pero no para preparar a futuros adultos. La infancia es necesaria para poder llegar a ser adultos. La infancia no es una etapa preparatoria. La infancia es una etapa para vivir, que tiene su propia entidad. Tenemos una gran responsabilidad, los padres y madres, las escuelas, los ayuntamientos, tú y yo. Devolvamos la infancia a nuestros hijos, para ello necesitan que se reconozcan sus derechos, el derecho a ser niños y niñas, el derecho a vivir como niños y niñas.

Esto es tarea de todos, individual y colectivamente. Necesitamos políticas que de verdad promocionen la natalidad, el cuidado de la infancia; políticas que permitan de verdad conciliar la vida familiar y profesional. Pero además necesitamos políticas locales para que tu pueblo o ciudad se convierta en amiga de la infancia y, por último, necesitamos que tú y yo también nos hagamos amigos de la infancia.

Sin estas políticas, le robaremos la infancia a nuestros hijos y sin infancia no hay futuro. A veces pequeños pasos nos llevan a alcanzar grandes logros.

Termino recordando el proverbio africano  del que ya hemos hecho mención en otros artículos,  “Para educar a un niño hace falta toda la tribu“.  Claro que educar es responsabilidad de la familia pero las familias necesitan la colaboración de toda la tribu porque todos nos beneficiamos de la infancia.

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El chupete: instrucciones de uso
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Carlos Pajuelo | 26-09-2016 | 16:18| 0

El chupete es una buena herramienta para calmar niños. Pero leete las instrucciones de uso.

Carlos, ¿Es bueno el chupete? Me preguntaron en una reunión de padres y madres en un Centro Infantil. Y yo le pregunté a la madre, ¿es bueno el Dalsy? Y a todos los padres y madres se les alegró la cara porque para muchas madres y padres es el Dalsydemisamores o San Dalsy.

El Dalsy, bajo prescripción facultativa, es bueno, bueno no, lo siguiente para combatir algunos síntomas de malestar infantil. Pero puede tener, al igual que la mayoría de los medicamentos, efectos secundarios no deseables.

Igualito que el Dalsy, el chupete tiene el beneficio de que es un calmante natural, un relajante muscular, un tranquilizador de desasosegados pero puede tener efectos secundarios perniciosos si no se usa adecuadamente, efectos secundarios de carácter físico: paladar excavado, síndrome del respirador bucal, hipotonía en labios, mordida abierta, etc. vamos un dineral a gastar en dentistas y logopedas; efectos secundarios en el desarrollo, si un niño tiene todo el día el chupe en la boca, no aprende a autocalmarse, no habla porque tiene la boca ocupada, desarrolla una “adicción”.

El principal problema del chupete, es el de la del “chupetadicción”, que se genera por un mal uso, que es lo que lleva al abuso, así al igual que hay adultos que se meten un paracetamol para el cuerpo a la mínima, tenemos a padres de niños que al primer “ay ay ay“ de su niño les cascan el chupete y sanseacabó. Y los chupetes enraízan en las bocas fácilmente.

¿Por qué esta afición a chupar? Los niños nacen con reflejo de succión, un reflejo que asegura la supervivencia y que dota al niño de experiencias emocionales precoces, así mientras mama está en brazos de su madre, la huele, siente su calorcito, su olor y en medio de este bienestar se forja el vínculo que les da seguridad emocional. Aprenden de esta manera los niños la asociación que existe entre chupar y bienestar.

¿Cómo utilizar bien el chupe? El chupe, el chupete beneficioso, necesita de interacción, de un adulto que mientras te pone el chupe, te habla, te canta, te mira o te abraza… y en cuanto cumple su misión te lo retira. El chupe es una herramienta de quita y pon.

El chupe no está pensado para “que se calle el niño”, ni para “desenchufarlo”. Sí, para calmarlo y una vez calmado ya no es necesario. Pero para que se calme un niño necesita que los calmadores estén calmados.

Los bebés se comunican mediante el llanto así que la tarea de los padres es identificar las causas de ese llanto, que tiene hambre pues a comer; que está sucio, pues a cambiar el pañal; que tiene ganas de brazos, pues un poquito de brazos con sus achuchones correspondientes; que tiene sueño, pues a intentar dormirlo. Cada necesidad del niño tiene una posible acción por parte de sus padres pero si cada vez que la criatura llora le cascamos el chupe, le estamos reforzando que se manifieste chupetedependiente y no le damos la oportunidad de que aprenda a autorregularse, a calmarse sin necesidad de chupe.

Pero no olvides que la presencia del adulto está ligada al buen uso del chupete.

¿Hasta qué edad dejar el chupete?, preguntan también los padres. Pues cuanto antes se deje de utilizar mejor, porque cuanto más se use más probabilidad de desarrollar algún efecto perjudicial. De todas maneras cada niño es un mundo y cada familia un universo. No ser dogmáticos es una buena manera de afrontar los retos de la crianza y no olvidar que los niños lo que más requieren y necesitan cuando son bebés es nuestra atención, nuestra serena interacción, nuestra manifestación de calma, aceptación, sosiego que les ayuda a establecer sólidos vínculos emocionales.

¿Chupete? Si gracias. Pero léete las instrucciones.

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Frases que ayudan a educar: “Esto es lo que hay”
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Carlos Pajuelo | 18-09-2016 | 17:35| 0

Los padres que aman a sus hijos no les evitan lágrimas, les proveen de pañuelo (Foto ABC.es)

¿Alguna vez estás temerosa o temeroso por la reacción que pueda mostrar tu hijo cuando le vas a pedir, decir, preguntar algo?, ¿Llevas en tu bolso alguna chuminada que usas como un “kit antipollo” por si tu criatura te monta un número por la calle?, ¿Eres de lo que creen que la tarea de ser padres consiste en hacer felices a los hijos? Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, sin duda, necesitas utilizar en tu repertorio educativo la frase:  “esto es lo que hay”.

¿En qué consiste? Pues sencillamente en presentarles a los hijos algunas situaciones de la vida cotidiana como actividades que no se pueden cambiar, aunque estas situaciones les generen malestar o disgusto. Por ejemplo, para merendar toca fruta y tu criatura comienza a descontrolarse gritando que no quiere eso, entonces tú, con toda tranquilidad, le dices: “Esto es lo que hay”. Que quieren ver la tele  y no es el horario que les tienes marcado para poder hacerlo, desconectas la tele y les dices: “esto es lo que hay”.

Se trata de enseñar a los hijos que en nuestra vida no siempre vamos a hacer lo que nos apetece, que no siempre es posible elegir y que hay situaciones que o las aceptas o las rechazas pero no hay posibilidad de cambiarlas por otras. Vamos, en pocas palabras, enseñar a los hijos a afrontar que en la vida cotidiana hay malestar con el que hay que convivir.

¿Cómo actuar? Con tranquilidad, seguridad y firmeza. (Ya sabes, controlando la ingurgitación yugular) Pero te recuerdo que tu criatura ya tiene hecho un máster sobre cómo salirse con la suya y por lo tanto va a poner a prueba tu capacidad de mantener la tranquilidad, la seguridad y la firmeza. Recuerda que cuando le pones límites a tu hijo es normal que se enfade, tenga un berrinche, de un portazo,  pero tú estás educando, que además es lo que tienes que hacer, así que no te enfades por hacer lo que tienes que hacer. Tranquilidad porque  “esto es lo que hay”.

¿Para qué? Para que tu criatura no se vuelva un déspota; para que aprenda a tolerar la frustración por no poder alcanzar lo que desea; para que aprenda a auto regular su conducta; para que aprenda a entender las necesidades de los otros; para que no sea un indolente caprichoso/a que no tuvo la suerte de tener unos padres que mostraron su cariño poniendo límites en vez de mirar hacia otro lado para que su criatura no sufriera, con argumentos del tipo “es tan pequeño aún”, “qué más da, ya tendrá tiempo de aprenderlo”, “por no escucharte, que eres muy cansino”, etc.  Los padres que aman a sus hijos no les evitan las lágrimas sino que les proveen de pañuelo mientras les muestran apoyo y comprensión ante esas lágrimas. Esto es lo que hay.

Esto es lo que hay, no te engañes no es fácil ni sencillo pero los hijos crecen y por desgracia nos encontramos con adolescentes, y algo más que adolescentes, desnortados porque, por temor o comodidad, nadie les señaló nunca que “esto es lo que hay”. Y no son mejores padres los que esconden el sufrimiento y malestar a sus hijos sino aquellos que los preparan para afrontarlo.

Queridos padres y madres, nuestros hijos viven en este mundo, un mundo de sombras y luces,  las luces son muy bonitas y a los hijos les encanta que sus padres los iluminen pero tus hijos también necesitan aprender a tolerar las sombras y esto, esto es lo que hay.

Apúntate al movimiento educativo #EstoEsLoQueHay

Te dejo aquí un enlace a otro artículo que escribí con otra frase que ayuda a educar: “Porque soy tu madre, porque soy tu padre

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Los hijos que van a estudiar fuera de casa
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Carlos Pajuelo | 11-09-2016 | 16:48| 0

Los hijos crecen. Estudiar fuera de casa una estupenda oportunidad para poner en práctica todo lo que les hemos enseñado.


Pues sí, muchos padres y madres se enfrentan en estos días al hecho de que sus retoños, aunque les parezcan aún unos “críos” se van a vivir, transitoriamente, fuera de casa.

Se van los hijos, desde el mismo día que nacieron todo lo que aprenden tiene como objetivo ser independientes, construir su propia vida. Y llegó ese momento, tu príncipe o tu princesa, cambia de castillo.

Se van fuera de casa y a los padres nos entra un cierto “canguelo” porque, de repente, se nos viene a la cabeza todas sus limitaciones, reales e imaginarias, “pero si no se sabe hacer la cama, pero si mira como tiene su cuarto, pero si  no le hago la cena no cena, etc”.

Cómo actuar

Con confianza. Está claro que tu hijo puede hacer absolutamente las cosas que en tu casa no hace (porque ya las haces tú). Confianza en que sabrá organizarse. Confianza en que sabrá responder a los retos que se le presenten. Confianza en que será capaz de hacer frente a los buenos y a los malos momentos por los que, si o si, tendrá que pasar.

Con seguridad. Tienes que trasmitir a tu hijo que estáis convencidos de que está preparado para esta nueva etapa de su vida. Así que procura no ser “pájaro de mal agüero” anunciando calamidades.

Con normas. Si, tu hijo está fuera pero eso no quiere decir que no existan las normas. Una fundamental, está fuera para estudiar. A mí me llama la atención que muchos padres y madres asumen ya que el primer año es de “preparación” con lo que les trasmiten a sus hijos la idea de que se pueden relajar. Tu hijo debe de saber con claridad meridiana lo que supone de coste a las arcas familiares que esté estudiando fuera ( o en casa). Tu hijo tiene que saber que sus padres están dispuestos a hacer ese esfuerzo por sus hijos pero ellos tienen la obligación de hacerse corresponsables de ese esfuerzo. En el artículo que escribí sobre cómo ayudar a los hijos a elegir carrera hablé de cómo hacer esto.

Por esta razón hay que hacerles ver que el compromiso es mutuo. Yo doy y tú das. Hacerse mayor es lo que tiene que uno se ha de responsabilizar de sus actos, flaco favor le hacemos a los hijos si los padres miramos hacia otro lado.

Crecen, los hijos crecen. Y cada vez nos necesitan menos y cada vez tienen que hacerse cargo de ellos mismos. Sufrirán, claro que sí y te enterarás de ello pero también se divertirán (y eso te lo contarán menos).

Pasa la vida. Así que a vivir.

 

 

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Los hijos que no hablan a sus padres (y viceversa)
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Carlos Pajuelo | 06-09-2016 | 16:09| 0

Dejar de hablar a los hijos es como adentrarse en un laberinto del que es difícil salir

“Mi hija no me habla”, esto es lo que me dijo, el otro día, una amiga que estaba preocupada porque su hija se había enfadado con ella, por cualquiera de los infinitos motivos que un hijo puede encontrar para dejar de hablarles a sus padres, y que esa actitud de rebeldía silenciosa se iba acentuando con el paso de los días. Me dijo que estaba desesperada y que no sabía qué podía hacer, “Carlos, ¿qué puedo hacer?”. Y yo le pregunté, “¿y tú le hablas a ella? Pues tampoco, me dijo tajantemente.

Educar hijos, sobre todo cuando éstos son adolescentes o postadolescentes (que son esos que ya son más mayores y viven en nuestras casas a menudo como si estuvieran en un hostal, eso si hostal con servicio de lavandería y cocina), es una tarea en la que inevitablemente surgen los conflictos y más de una vez utilizamos como forma de resolver ese conflicto el silencio. Nos dejamos de hablar hasta que se nos pase el enfado.

A veces, ese enfado se enquista y se hace continuo en el tiempo. Conozco alguna historia triste de padres e hijos que no se hablaban y en ese tiempo de pertinaz silencio un accidente, una  doméstica tragedia,  se lleva por delante la vida de un padre o de un hijo que no se hablaban y que desde ese momento nunca más podrán hacerlo. Nuestra vida es frágil, la vida no se detiene, no hay posibilidad de dar al botón de “pausa”. Se vive, se vive tal y como la vivimos.  Y esto, te recuerdo, lo enseñamos los padres desde que nuestros hijos son pequeños. No lo olvides.

Qué hacer si tu hijo no te habla

En primer lugar, entender las razones de su enfado, aunque a ti no te parezcan suficiente, es SU enfado. Entender no significa que estés de acuerdo. No le digas que ese es un comportamiento pueril, que no tiene razón, etc., etc. Todos tenemos derecho a sentirnos enfadados o molestos.

En segundo lugar, una vez que conocemos la causa de su enfado podemos determinar si debemos de dar alguna explicación o disculparnos, de pedir perdón porque nuestro comportamiento haya molestado, te recuerdo que a veces los padres decimos cosas a nuestros hijos que llevan una carga considerable de “mala leche” o bien, podemos decirle a nuestros hijos que entendemos que les haya molestado nuestra acción o nuestra decisión pero que eso es parte de nuestra tarea de educar.

En tercer lugar, tú no dejes de hablarle. Aunque no te conteste. Háblale. ¿Qué no te llama por teléfono?, pues llama tú, no de manera insistente pero si frecuente. Mantén siempre la disposición al diálogo. Siempre. Sin desaliento, sin desanimo.

En cuarto lugar, no olvides que tener diferentes ideas políticas, diferentes estilos de vida no significa que tu hijo o hija estén equivocados. Enseña, practicando, el respeto a lo que es diferente a ti. Todos los padres deseamos que nuestros hijos tengan sus propias convicciones para que sean menos influenciables y el día que tienen sus propias ideas, ¿los vas a criticar?.

En quinto lugar, padres e hijos tenemos derecho a estar enfadados. Pero hasta estando enfadados podemos encontrar la manera de continuar hablando a los que más queremos. Así le enseñaras a tus hijos que el rencor es un lastre.

¿No le hablas a tu hijos?, Ya estás tardando, llama. Eso es dar ejemplo.

Por cierto este artículo también sería muy recomendable para que lo leyeran Mariano, Pedro, Pablo, Albert y compañía.

En el artículo que escribí, Para educar hay que hablar, encontrarás algunas claves para mejorar tu comunicación.

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Educar hijos, otra manera de adelgazar y aprender idiomas
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Carlos Pajuelo | 31-08-2016 | 21:48| 0

Comenzamos el curso. Ánimo y confianza.

Todos los Septiembres se inician con los mismos buenos propósitos, perder kilos, unos kilos que ya nos tienen tanto cariño que les cuesta trabajo dejarnos; aprender idiomas para que se nos quite de la cara esa sonrisa tontorrona que se nos pone cuando no nos estamos enterando de nada de lo que nos dicen cada vez que viajamos a otros paises; y por último, superar ese síndrome postvacacional que fundamentalmente aparece en los telediarios o iniciar un coleccionable que nunca terminará de coleccionarse.

¡Qué buenos propósitos nos inspira Septiembre!

Con los hijos nos ocurre igual, ya llevamos varios días pensando lo que este curso vamos a hacer, pase lo que pase y le pese a quién le pese. Dándonos ánimos, diciéndonos que este curso no vamos a cometer los errores que cometimos en el pasado: “Hijo, curso nuevo. Vamos a empezar bien”.

Pero la verdad es que la cabra tira al monte y algunos padres y madres también.

Comienza el curso nuevo y te recuerdo solo tres cositas:

Tus hijos necesitan educación, esto quiere decir que necesitan modelos de comportamientos correctos, estables y sistemáticos. Nuestros hijos aprenden de lo que ven hacer a sus padres. Si, por eso educar, a veces, es tan agotador porque nos exige estar alerta, atentos a lo que hacemos y decimos delante de ellos.

Tus hijos necesitan responsabilizarse, de manera progresiva, de su propia vida. Para ello necesitan normas y límites que les sirvan de guía.  Responsabilizarse progresivamente de sus estudios es tarea de tus hijos y requieren tu ayuda para ello.

Tus hijos necesitan certeza de que algo les va a ocurrir cuando se salten las normas o no se hagan cargo de sus responsabilidades. El castigo no es una venganza, es una consecuencia. Y los hijos cuando están privados de hacer algo que les gustaría se enfadan, se cabrean, dejan de hablarte, despotrican. Así es la vida.  Pero tienen que aprender a tolerar la frustración  en sus propias carnes.

Educar adelgaza porque para educar hay que mover el culo; educar te ayuda a entender el idioma en el que hablan tus hijos y sobre todo, educar a tus hijos es el mejor coleccionable que vas a hacer en tu vida. Y por si fuera poco todo lo anterior, educando no te afecta el famoso síndrome postvacacional.

Aquí estamos un curso más para ayudarte en esta tarea.

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De los Juegos Reunidos Geyper al Pokemon Go.
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Carlos Pajuelo | 10-08-2016 | 15:49| 0

Las nuevas tecnologías introducen cambios en muchos de nuestros comportamientos cotidianos de tal manera que ya podemos hacer operaciones bancarias desde el móvil, hacer la compra, buscar novia/o, reservar un hotel, etc.
El mundo de los juegos también está influido por estos avances y todos los padres y madres somos testigos de cómo nuestros hijos se ven atraídos por estos juegos. Asistimos al fenómeno que ha supuesto el juego de Pokemon Go que nos trae como locos en la búsqueda de Pikachu y compañía por las calles y plazas de todas las ciudades.

Ante estas novedades es bastante habitual escuchar a personas echar pestes con las consabidas frases “estos niños no saben jugar ahora” mientras evocamos, al más puro estilo “heno de pravia” los juegos tan maravillosos a los que jugábamos cuando eramos zagales: el pincho, rayuela, el escondite, el burro, etc. Y sumidos en esa invasión de melancolía nos crecemos y hablamos del palo, de ese palo mágico que se transformaba de espada en fusil y de fusil en arco.  Luego, más tranquilos, terminamos el repaso con el monopoly, y como no, con los Juegos Reunidos Geyper. ¡qué infancias y adolescencias las nuestras!
Yo creo que es un síntoma de vejez muy claro eso de creer que nuestras infancias y adolescencias son mejores que las de nuestros hijos. Porque no son mejores, son simplemente diferentes.

Pokemon Go, como muchos otros juegos es una estupenda oportunidad de enseñar a nuestros hijos a utilizar las nuevas tecnologías y a utilizarlas de forma responsable.

Interésate por los juegos que les gustan a tus hijos, así, si a tus hijos les gusta el juego, sal con tu hijo a buscar Pokemon y así le podrás enseñar a poner límites de tiempo a los videojuegos.

Muestra interés por los diferentes tipos de Pokemon  que “caza”. Comparte su alegría, cuando descubra uno raro y hazla tuya. Aprovecha para que haga cálculo mental, los Pokemon dan para hacer muchas cuentas, haciéndoles preguntas diferentes. Que practique su memoria recordando nombres y evoluciones.
Andar y pasear por la ciudad es también una manera, no sólo de hacer ejercicio y salir de casa, sino también de descubrir lugares que tiene su “historia”.

Recuérdale que  hay normas que respetar y sobre todo enseñale a que se quede con ganas de seguir jugando. Aunque se enfade. Enséñale a que a prenda a diferir las recompensas

La vida familiar se construye haciendo cosas en familia. Así que aprovecha la oportunidad que nos brinda la búsqueda de Pokemon para enseñar a nuestros hijos a “hacer familia” mientras aprenden a utilizar las nuevas tecnologías.

Compartir une, criticar y minusvalorar no.

Pokemon pasará, pero la infancia de nuestros hijos también pasa… ¿Te la vas a perder? , ¿te la vas a pasar poniéndoles pegas a sus juegos? Aprovecha para crear recuerdos para toda una vida.

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Educar en el respeto: “No hijo, no somos mejores que los que piensan diferente”
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Carlos Pajuelo | 12-07-2016 | 16:57| 0

El respeto es la base de la educación

Esta tendencia patria a creernos poseedores de la razón genera el convencimiento de que nuestras ideas son siempre mejores que las de los demás, nuestros pensamientos más acertados, nuestro partido político el único que se salva de la mediocridad y nuestro equipo de futbol el único que defiende la esencia de lo que es el futbol. La razón es nuestra y los demás simplemente están equivocados o, lo que es peor, son unos “mierdas” o unos “gilipollas” que no tienen derecho a nada que nos molestan con sus creencias.

Lo vemos en las redes sociales continuamente y en las tertulias de los medios de comunicación, lo vemos en nuestros trabajos, en los bares y, a veces, en nuestras casas. Un desprecio a lo diferente que lleva a situaciones extremas.

Los padres tenemos la obligación de educar a nuestros hijos y una de las bases de la educación reside en el respeto.

Respetar  a los demás defendiendo tus ideas, tus posiciones, tus creencias, mostrando el valor de tus ideas, tus argumentos y tus creencias. Y no denigrando, difamando, ofendiendo, a los que piensan de forma diferente.

Respetar tus ideas puede llevarte a hacer proselitismo de ellas, a defenderlas, a hacer de ellas tu modo de vida. Pero si no respetas las ideas de los demás, por mucho que te resulten molestas, por mucho que te creas superior moral o intelectualmente, solo serás un forofo, más o menos “hooligan” pero forofo.

Llamar “mierdas” a los que no piensan como tú solo demuestra nuestra propia incapacidad para defender nuestras ideas. Más defensa de nuestros valores y menos soberbia intelectual o moral.

Espectáculos de odio mutuo como al que hemos asistido con la reciente muerte de un torero son una evidencia de que aún tenemos mucho que aprender. Nos obligan a plantearnos qué es lo que queremos trasmitir a nuestros hijos.

Y entre tanto odio, nos encontramos con una bocanada de aire fresco, un niño portugués, con su bandera en la mano, nos dio una lección de empatía, de respeto, al finalizar la copa de Europa. Consoló a un hincha del equipo contrario que lloraba por su derrota y cuando se aseguró de que el perdedor ya no estaba presente desplegó su bandera. No quiso que su júbilo pudiera herir a otros.

Si lo hace un niño lo podemos hacer todos. Si nos lo enseña un niño es que debe de ser fácil enseñarlo. Mira a tus hijos y piensa si te gustaría que defendieran sus ideas ofendiendo a los demás. Pues da ejemplo.

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Sobre el autor Carlos Pajuelo
Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Empleo. Durante 21 años ha sido profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. Miembro del Comité Científico y Vocal del Observatorio de la Familia y la Infacia de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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