Augures extremeños: cuando las aves describen el futuro | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

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Israel J. Espino

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Augures extremeños: cuando las aves describen el futuro

Ilustración: Jimber

Extremadura abunda en adivinos. De hecho, “adivinos” es el nombre que reciben habitualmente los habitantes de la localidad de Almoharín.

Y es que conocer de antemano lo que sucederá en el futuro ha sido siempre una necesidad inmanente en el hombre.

Parece comprobado que los augures lusitanos hacían sacrificios humanos como método adivinatorio, aunque también adivinaban analizando las venas del costado o incluso utilizando simplemente el tacto, lo que a todas luces era más limpio menos embarazoso para el analizado.

 Con la llegada de los romanos a Lusitania los humanos dejan de servir de “horóscopo” y las aves pasan a ocupar su puesto. La adivinación romana era un proceso sumamente complejo, por lo que se requería una estricta especialización dentro del Colegio de los Augures.

Interpretar el vuelo de las aves no era cosa fácil (Fotografía: Jimber)

Y una de las primeras lecciones era diferenciar el augurio del auspicio. El augurio se busca ex profeso, se manifiesta en unas aves determinadas y se toma en la ciudad; el auspicio se presenta sin buscarlo, se manifiesta en cualquier ave y se toma fuera de la ciudad.

Los adivinos romanos veían el futuro en las entrañas y en el comportamiento de las aves. Según Sobral Centeno, los augures tenían claro que si el pulmón se hallaba hendido, era imprescindible aplazar todos los proyectos que se  pretendieran realizar.

El estudio del hígado era una de las asignaturas más importantes. Y no para hacer paté. Uno de los lados del hígado habla a quien le pregunta, y el otro lado habla sobre sus enemigos, por lo que el vigor de esta parte daba “mal rollito”.

Las extremidades salientes del hígado son las partes más recargadas de presagios, sobre todo la llamada “cabeza” del hígado, protuberancia situada en el lado derecho. Su ausencia presagia la muerte. Mal rollito otra vez. Cuando es doble anuncia separaciones o rupturas. Si está partida anuncia una revolución. Casi nada.

El examen continúa durante la cocción de las entrañas. Una vez cocidas y sacadas según las prescripciones del ritual, se mezclan con trozos de otros miembros, formando una masa compacta que es consumida en el altar una vez espolvoreada con harina salada.

Los augures son los especialistas  en obtener auspicios del vuelo de las aves y de sus graznidos. Las aves  augurales se dividen en dos clases: las “alites” (de las que se interpreta el vuelo) y las “oscinas” (de las que se interpretan sus graznidos).

Las aves consagradas a las divinidades latinas más antiguas, como el picoverde de Marte o el quebrantahuesos de Vesta, tienen la virtud de poseer las dos propiedades. El águila, el gavilán y el buharro son “alites”. El cuervo, la corneja y el mochuelo son “oscinas”.

El trabajo del augur no es fácil, aunque lo parezca. No solo debe conocer tipo de aves y pajarracos, sino que una vez localizado el bicho alado debe observar primero la dirección en la que vuelan, después la altura que alcanzan, las trayectorias que toma y el ritmo del aleteo.

En el caso de las oscinas, además de estas observaciones, conviene tener muy presente la intensidad, frecuencia y duración de los graznidos. No es conveniente que la corneja sea demasiado charlatana, o que el cuervo grazne con voz ronca. Tiene importancia, incluso, dónde se posa el ave. Es favorable  que el graznido del picoverde y de la corneja procedan del lado izquierdo, pero con el cuervo sucede lo contrario. En fin, de nota.

Los augures de la Lusitania Romana han sobrevivido hasta nuestros días, disolviéndose un poquito en cada uno de nosotros. Y es que de todos es sabido que cuando alrededor de una persona  vuela una paloma  blanca, es porque se va a recibir una buena noticia. Si la paloma es negra la noticia será mala. Todo muy básico.

El cuco conoce lo que ha sido, lo que es y lo que será... (Fotografía: Jimber)

Y es que los antiguos augures se ocultan incluso en los corazones de las jovencitas extremeñas. El cuco es un ave que augura en toda la región, y afirma Domínguez Moreno que en Galisteo, Guijo de Coria, Guijo de Galisteo, Calzadilla y Torreorgaz se le tiene por el pájaro más sabio de la creación, ya que nunca muere, y puesto que siempre vive en el mismo sitio, conoce todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá en su hábitat eterno.

A esta inmensa sabiduría recurren las muchachas extremeñas con un sencillo ritual. Hay que salir al campo las tardes de primavera con la esperanza de oír el canto del cuco. Cuando esto ocurre, la joven se debe dirigir solícita al pájaro  con la siguiente pregunta:

“Cuquino del rey, patinas de alambre,

¿cuántos años me quedan para casarme?”.

A la pregunta sigue la respuesta del ave. Cada “cu…cu” equivale a un año de espera. Las mozas aseguran que nunca falla. Pero cuando el cuco calla los modernos augures discrepan. En algunos pueblos dicen que si el cuco enmudece es porque la preguntona se quedará “para vestir santos”, mientras que en otros pueblos aseguran que el silencio del cuco es señal de que la joven se casará ese mismo año.

Lo que demuestra que, ayer como hoy, más vale novio en mano que marido volando. O algo así.

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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