El tesoro del rey Jayón | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

Blogs

Israel J. Espino

Extremadura Secreta

El tesoro del rey Jayón

Ilustración: Borja González Hoyos

Por nuestras tierras camparon reyes legendarios cuyos nombre hoy solo recuerda el viento que mece las hojas encinas centenarias. Pero hay otros cuya vida, real o imaginaria, pasó a convertirse en leyenda. Como el Rey Jayón.

 

Jayón, que en nuestros días da nombre a una ruta, a una sierra y a una impresionante mina, era moro y ciego, y también rey de un pequeño reino Taifa que se encontraba en la bella Campiña Sur. Jayón tenía una hija, la princesa Erminda, a quien se le apareció “in person” nada  más y nada menos que la mismísima Virgen María, para decirle que si se convertían al cristianismo devolvería la vista a su padre.

Mina La Jayona (Fotografía: Israel J. Espino)

Mina La Jayona (Fotografía: Israel J. Espino)

 

Pero no es mi propósito hablar aquí de chantajes divinos ni de apariciones celestiales, que eso ya lo hacen otros mejor que yo, y sí del legendario tesoro que el Rey Jayón ocultó en el  Valle de Palma, en la Sierra Jayona.

Allí, según cuenta Manuel Vilches, se alzaba, desde tiempo remotos y sobre un blanco pedestal de mármol surcado de arañazos, una ennegrecida estatua de bronce del anciano Rey Jayón, de pie, que  señalaba con un dedo y gesto melancólico a un lugar impreciso del valle. Al pie de la estatua, con oxidadas letras de azófar emborronadas por una humedad mohosa de siglos, podía distinguirse la siguiente inscripción:

 

 “donde señala el  moro está el tesoro”

 

El lugar donde se erigía la estatua era propiedad de un rico campesino de la zona, quien cegado por el ansia de multiplicar su riqueza, decidió buscar el tesoro del Rey Jayón.

 

Así, un amanecer comenzó a cavar allí donde parecía que el moro señalaba, trabajando durante todo el día sin hallar nada.  Sudoroso y decepcionado, pero no vencido, decidió seguir cavando al día siguiente, pero cual no sería su sorpresa cuando, al amanecer, descubrió que la estatua del moro señalaba justo en el lado opuesto del valle. Un día más estuvo cavando hasta que la noche se le echó encima y tuvo que volver a casa.

 

Al día siguiente, el moro, como burlándose de él, señalaba en otra dirección distinta.  El campesino, rotas ya todas sus esperanzas y con un mosqueo monumental y comprensible, blandió su enorme azadón contra la estatua del moro y le acertó un certero golpe en el turbante, partiendo al moro en dos mitades de las que empezaron a saltar centenares de monedas de un brillo dorado y refulgente.

El Rey Jayón y su hija Erminda, en la ermita de la Virgen del Ara, en Fuente del Arco (Fotografía: Israel J. Espino)

El Rey Jayón y su hija Erminda, en la ermita de la Virgen del Ara, en Fuente del Arco (Fotografía: Israel J. Espino)

Pero aunque este tesoro ya se encontró, no porfien vuesas mercedes, porque aún queda mucho oro que encontrar en los alrededores de Fuente del Arco. Cuentan que en un arroyo conocido como “La Palma”, en la finca de Nuestra Señora Del Ara,  existe otro tesoro escondido. Es un pellejo de buey lleno de oro, enterrado en el suelo y oculto por una gran piedra de granito con una argolla. Esta argolla aparece en sitios diferentes a lo largo del arroyo y solamente a aquellas personas que sean sensatas y creyentes.

 

Hasta la fecha no se conoce a nadie a quién se le haya aparecido esta argolla. Lo único cierto es que cuando llueve y el arroyo se hincha de agua arrastra entre la arena y las  piedras algunas monedas antiguas.

 

Quizás sean, simplemente, las lágrimas aureas del Rey Jayón, que llora con sus ojos ciegos la pérdida de su reino, su hija y su tesoro.

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


julio 2012
MTWTFSS
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031