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Israel J. Espino

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Astrólogos extremeños: cuando las estrellas hablan castúo

Ilustración: Borja González Hoyos/

La astrología, reverenciada a veces y maldita otras cuantas, existe desde  que el hombre es hombre, y en tierras extremeñas tampoco faltan los ejemplos. Porque astrólogos castúos “haberlos, haylos”.

 

Ya en la Edad del Cobre algún extremeño tempranero se dedicó a observar el sol durante años y a grabar una roca en Los Barruecos que se ilumina en los equinoccios.

 

Cinco mil años después el historiador Juan Rosco descubre el secreto que se oculta en esta roca cercana a las “Peñas del Tesoro”: se trata de un observatorio astronómico que ilumina a un ser antropomorfo y un disco solar.

 

Frente a esta roca hay una gran mole de granito a la que se puede subir  gracias a varios peldaños tallados en la piedra, y que constituye una plataforma ideal para contemplar el cielo.

 

Desde ese momento y hasta bien entrado el siglo XX, la astronomía y la astrología crecen entrelazadas como hermanas siamesas.

Abraham_Zacut, o Zacuto, trabajó en Extremadura (Eulogia Merle)

Abraham Zacut, o Abasurto, fue catedrático de astrología y escribió  en Extremadura (Eulogia Merle)

 

En el siglo XV el último Maestre de Alcántara, don Juan de Zúñiga, funda la llamada Academia de Zalamea, (que primero estuvo en Gata) corte literaria donde  se fomentan las artes, las ciencias y la astrología, sin discriminación de razas ni religiones, pues en ella trabaja el judío Abraham Zacut , más conocido  como Abasurto, catedrático de astrología de la Universidad de Salamanca, que escribe bajo su mecenazgo en 1486 el Tratado breve de las influencias del cielo y juicio de los eclipses”.

 Abasurto afirma que la astronomía es fundamental para la medicina, ya que los signos del Zodíaco influyen en cada una de las partes del cuerpo, lo que ayuda a determinar los pronósticos de las enfermedades. Según este astrólogo, no sólo hay que tener en cuenta el signo zodiacal del enfermo, sino también el del médico. Y  sobre todo, hay que observar a la luna:

 

 Quien se quisiere sangrar este la luna en signos de fuego que son aries y sagitario pero no en leon, y tras estos son convenjentes los signos del ayre ( …) y asi si estouiere la luna en el camjno de la leche que estan allj estrellas muchas pequenas de natura de mars y stonces se dize quemada y no es buena allj la sangria…

 

Al importantísimo Juan de Zúñiga estas cosas le encantan, disfruta haciéndose leer la esfera, y es tanta la pasión que experimenta por la ciencia de los caldeos que en el techo de su aposento extremeño ordena que le pinten un cielo con planetario y signos zodiacales.

 

Algunos astrólogos también adivinan por las rayas de las manos (Fotografía: Jimber)

Algunos astrólogos también adivinan por las rayas de las manos (Jimber)

En la comarca de La Vera y por las mismas fechas se mueve  Miguel Ruiz, gran conocedor de las estrellas, lector de libros de Astrología e intérprete de las rayas de las manos. Fermín Mayorga nos descubre a este extremeño cazado por la Inquisición por seguir veredas proscritas.

 

Organista, vecino de Jaraiz, se defirió que miraba las manos y por las rayas de ellas y por las estrellas decía algunos sucesos de larga y corta vida, así como de hijos a tener, presagiaba buenos y malos temporales, y cosas así aunque del todo no los afirmaba. Presentó ante el Inquisidor unos papeles de Astrología malentendida y peor escrita, los cuales se le tomaron; siendo advertido de que no usase más de esas cosas, por la fama que hubo de que acudían hasta él muchas personas.”

 

 Pero no solo la plebe ignorante acude a los astrólogos. Otro insigne personaje que se deja aconsejar por las estrellas es el emperador Carlos V (quien, por cierto era piscis, lo que explicaría su gran afición a las carpas rellenas) decide elegir el extremeño rincón de Yuste para su retiro “inspirado por Dios” y “por consejo de sus astrólogos”.

Las señales del cielo tampoco faltaron a la hora de su muerte. Se afirma que un cometa comenzó a acercarse al Monasterio de Yuste a medida que se agravaba la enfermedad del emperador, y que un extraño pájaro mitad blanco y mitad negro llegó a Yuste desde el Oriente durante cinco noches consecutivas, y emitiendo una especie de ladrido se posaba en el techo del monasterio  para partir al amanecer hacia el Poniente.

 Y como a las señales del cielo hay que hacerles caso, el emperador murió un 21 de septiembre, una fecha “notable y fatal para los astrólogos”, según afirman las crónicas. Y todavía más fatales para los emperadores, añado yo.

 Por las mismas fechas muere otro extremeño experto en las lides de buscar respuestas en las estrellas. Se trata del escritor e impresor judío Vasco Díaz Tanco, que  nace en Fregenal de la Sierra y que también se dedica a la astrología y a adivinar el porvenir. De hecho, entre otras muchas obras, escribe “el astrolabio natalicio”. Hoy tiene en su pueblo una calle de casas blancas desde cuyos balcones, por la noche, pueden verse las estrellas. Que menos.

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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