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Saturnalia o las navidades romanas: Ave, ave, ave… la Marimorena
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Israel J. Espino | 17-12-2012 | 22:44

 

 

Ilustración: Borja González Hoyos

No salimos de unas para meternos en otras. Acabamos de pasar el Samhain celta, las Faunales romanas y ya estamos metidos de cabeza en las Saturnalia. Yo les cuento lo que hacíamos cuando éramos Lusitania pura y ustedes me dicen a qué les recuerda… ¿empezamos?

 

Cuando éramos romanos, del 17 al 23 de Diciembre tenían lugar las Saturnalia, celebradas para recordar aquel tiempo mítico de una supuesta Edad de Oro en la que reinaba Saturno, una época en la que, al parecer, también llegamos a vivir por encima de nuestras posibilidades. Y es que no escarmentamos.

 

El 17 de Diciembre comenzaban las fiestas, celebradas sobre todo en Roma, pero extendidas a todo el imperio (y por ende a Lusitania) por obra y gracias de la virtud que tienen las fiestas para expandirse y por aquello de que tampoco eran tan nuevas. Las fiestas en estas fechas no son invento romano, sino que se pierden en el origen de los tiempos. El solsticio de invierno es mágico  para todos, y aquí ya celebrábamos algo parecido.

En Saturnalia los escolares tenían vacaciones (Foto: Jimber)

 

 

En ciudades como Emérita Augusta, la antigua Mérida, la alegría se palpaba por las calles: suspendíamos la actividad política, cerrábamos los tribunales, dábamos vacaciones a los escolares, aplazábamos las ejecuciones, liberábamos a algunos  prisioneros, realizábamos sorteos de lotería, permitíamos los juegos de azar y celebrábamos banquetes públicos.

 

Ahora también se suspende la actividad política y administrativa, damos vacaciones a las criaturas, aplazamos las ejecuciones (de desahucio, principalmente) y el estado se encarga de liberar a algunos “prisioneros”, preferentemente banqueros, empresarios estafadores y amiguitos de correrías.

 

También nos jugamos lo que no tenemos en sorteos y lotería y celebramos banquetes públicos con compañeros de trabajo a los que no tragamos, amigos a los que nunca vemos y familia a la que vemos demasiado.

 

 

,,, y salíamos a la calle a bailar y cantar... (Foto: Jimber)

Cuando éramos romanos salíamos a la calle a bailar y cantar con el pelo adornado con guirnaldas y velas en las manos. Visitábamos a parientes y amigos y les llevábamos  regalos, especialmente frutas, velas y figuritas de terracota.

 

También era habitual cometer todo tipo de excesos con la comida y la bebida, siendo estos unos días de desenfreno y bacanales, hasta el punto que los cristianos terminaron por utilizar el término “saturnalia” cuando se referían a una orgía.

Las taberneras hacían su agosto en diciembre con la venta de vino (Foro: Jimber)

 

 

Ahora también nos adueñamos de las calles cantando “La Marimorena”, bailando “el baile del caballo” y llevando en el cabello diademas rojas y blancas con cuernos de ciervo (¡si Cernnunos levantara la cabeza!). Visitamos a parientes y regalamos sin ton ni son detallitos del “Todo a un euro”, posiblemente por efecto de los vapores etílicos o de los litros de grasa que taponan nuestras venas estos días, que impiden que pensemos con claridad. Los excesos se pagan, ayer como hoy.

 

 

Cuando éramos romanos, el 19 de Diciembre celebrábamos las Opales, las fiestas en honor de Ops, diosa de la abundancia. Para qué queríamos más.

 

El calor de los fuegos y los vapores del vino embriagan los cuerpos y las mentes, y la ciudad se transforma en una gran burla en la que los esclavos son servidos por sus amos y las mujeres decentes pueden vestirse de libertinaje sin  que pierdan por ello su buena reputación. O eso dicen.

 

 

Los ejércitos elegían un "rey de las fiestas" al que se terminaba sacrificando (Foto: Jimber)

Cuando éramos romanos, el 22 de Diciembre  los ejércitos elegían, entre los condenados a muerte, a un “rex saturnaliorum” o  rey de las fiestas, al que se vestía con regios ropajes, sus deseos se acataban como órdenes y al que se hacía disfrutar de la vida hasta el límite de sus posibilidades. Y más le valía disfrutar, porque al final de la fiesta se le sacrificaba en un altar levantado en honor a Saturno.

 

Ahora el sacrificio es menos cruel, pero más universal e igual de doloroso: lo llamamos resaca.

 

El 23 de Diciembre, coronando esta vorágine, tiene lugar el gran acontecimiento cósmico: el Solsticio de Invierno. El Sol comienza su ascensión, el tiempo de luz irá creciendo desde ahora hasta alcanzar su cenit en el solsticio de verano. Este solsticio de invierno, dedicado también a Jano, el de las dos caras, (Jano-Juan como guardián de las puertas)  es considerado como la “puerta de los dioses”, el acceso al reino de la luz. Es el momento de sembrar para, más tarde, recoger.

 

Pero de eso hablaremos la semana próxima, cuando el 25 de Diciembre celebremos el nacimiento de Jesús. Y el de Mitra. Y el de Osiris. Y el de Buda. Y…

 

 

 

 

 

 

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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