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Israel J. Espino

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Las culebras que mamaban de las mujeres

Hablábamos hace un tiempo de la querencia de los lagartos extremeños por las partes pudendas femeninas, y retomamos hoy el tema con el mito de la atracción fatal que tienen las culebras por la leche, preferentemente de moza lactante.

 

Como cuando no hay lomo, tocino como, las culebras extremeñas se apañan, cuando no hay mujeres por medio, con la leche de cabras y vacas, pero en los buenos tiempos reptiléneos en los que las extremeñas pasábamos algunas noches en chozos y majadas, las serpientes autóctonas se ponían las botas aunque no tuviesen pies en qué calzárselas.

 

En  El Carrascalejo me contaron hace tiempo de una mujer de Mirandilla que vivía en un chozo y que tenía una hijo pequeño al que amamantaba. El niño no crece, y amanece cada día con escamas en la boca. La pobre mujer deduce que la causa es una “alicante”, quien cada vez que ella se duerme amamantado a la criatura succiona su pecho, introduciendo al mismo tiempo su cola en la boca del pequeño para que no llore. Un buen día decide poner ceniza en el suelo para seguir el rastro de la serpiente. Así encuentran su escondrijo y consiguen matarla, salvando al mismo tiempo la vida de su hijo, casi muerto de inanición.

 

Este método detectivesco de la ceniza es muy conocido en toda Extremadura, pero no es el único. En la misma Mirandilla cuentan como cierta una historia parecida de Arroyo de San Serván, donde una mujer que vivía en chozo tenía un niño pequeño al que daba de mamar, pero una culebra se estuvo aprovechando de la situación hasta que el médico se dio cuenta de lo que ocurría, al ver la lengua del niño llena de escamas. Solo quedó estar atentos y matar a la bicha.

 

La víctima perfecta de la serpiente mamona ha de dormir en un chozo y ser madre reciente (Foto: Jimber)

La víctima perfecta de la serpiente mamona ha de dormir en un chozo y ser madre reciente (Foto: Jimber)

En Valverde de Llerena afirman que cuando esto sucede se  nota porque se le pone la boca negra al niño. En otros pueblos afirma el investigador Domínguez Moreno que se cree que los granitos de los bebés se producen porque han mamado de unos pechos que previamente fueron libados por una serpiente. Para que tal cosa no ocurra, en la comarca de la Sierra de Gata las madres, antes de la correspondiente tetada, se lava los pezones con un paño impregnado de aguardiente. Por esos mismos lares (el norte de  Extremadura) se cree que a estos niños, de mayores, le salen escamas en la piel, como a las culebras.

 

Tan arraigada está la creencia que al investigador  Flores del Manzano le contó una anciana de El Torno como cuando era joven y estaba amamantando a su hija en un chozo, despertó al notar una “culebra gorda” entre los pechos. La mujer seguía convencida de que la serpiente venía a “mamarla”.

 

Pero, afortunadamente, existen remedios para librarse del inesperado y sorprendente chupóptero. Se queman gomas alrededor de la casa o se hacen pequeños zahumerios en la habitación donde duermen los padres y el niño. Cuenta Domínguez que así actúan en Navalvillar de Ibor, Pedroso de Acim y comarca de Trujillo. Flores del Manzano afina aún más afirmando que el zahumerio debe hace con suela de alpargatas, guindillas y el “cobre” de las ristras de ajo.

 

La misma piel de la serpiente funciona como remedio (Foto: Jimber)

La misma piel de la serpiente funciona como remedio (Foto: Jimber)

En Torrejoncillo, Casillas de Coria, Ahigal y Sierra de Gata colocan un plato con leche en la ventana del hogar o junto a la gatera de la puerta para que la serpiente sacie allí su sed y deje tranquilos los pechos femeninos.  De hecho, es sabido que aún hoy, en algunos lugares de Extremadura se utiliza la leche como cebo para cazar víboras.

 

Los amuletos, por su parte, ahuyentan igualmente a los reptiles. Cuenta Domínguez que el más empleado fue siempre la higa de azabache, que la madre llevaba al cuello o colgaba a la cabecera de la cama. En la comarca de la Tierra de Granadilla se utilizó la cabeza de serpiente desecada al sol, siguiéndole a poca distancia la quijada de un lagarto. Ambos amuletos debían permanecer próximos a la cabecera de la lactante. En Zarza solían mantener un lagarto vivo en la casa, ya que el lagarto es el  enemigo de las serpientes. Si la culebra entra en la casa se supone que el lagarto hace cosquillas a la mujer con su hocico, avisándola del peligro, aunque teniendo en cuenta las querencias del lagarto con las entrepiernas femeninas no se si es peor el remedio que la enfermedad…

 

Pero hay veces en las que las mujeres no toman medidas contra las inoportunas visitas de las serpientes, y hay que atajar el mal cuando éste ya ha hecho mella en la piel del niño. Entre los remedios está el de envolver al cuerpo del pequeño una camisa de culebra, que se quema después. Con el fuego se consume el mal que el niño ha transferido a la camisa. Esta práctica fue usual en Arroyo de la Luz y en Malpartida de Cáceres.

 

Y como en casi todas las enfermedades “extrañas” de nuestra tierra, también existe la fórmula pseudocatólica recogida por el impagable Dominguez en  Oliva de Plasencia, donde hasta no hace mucho, el niño recobraba la salud si la madre, después de rociarlo con agua bendita, recitaba la siguiente plegaria:

 

Una culebra llegó

y de mil pechos mamó,

pero la Virgen María

mamando la sorprendió.

 

Por beber de esa leche

yo te condeno

que por el día y por la noche

andes arrastra por el terreno.

 

y para que así ande

toda la vida,

recemos a Dios un Padrenuestro

y un Avemaría.

 

Pues amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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