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Las brujas de Cáceres: escobas para no barrer
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Israel J. Espino | 22-02-2013 | 07:33

 

Ilustración: Borja González

Sé quién es y cómo es

la bruja dende chiquillo,

y la conozco al deíllo

del derecho y del revés.

 

…decía Luis Chamizo, y cierto es que aquí conocemos a nuestras hechiceras desde hace miles de años.

 

Hace muchos, muchos siglos, en estas mismas fechas, el  19 de febrero las viejas lusitanas hacían sacrificios a la ninfa Lala, la bruja del silencio y madre de los Lares.

 

La bruja hace girar siete habas negras en la boca y tuesta una cabeza de anchoa a la que le ha cosido la boca.

 

- “Hemos encadenado las lenguas enemigas y cerrado las bocas malevolentes”.

Las brujas abundan en Extremadura (Foto: Jimber)

 

Muchos siglos  después, en 1639, la historia se repite. El investigador Fermín Mayorga rescata los legajos en los que la inquisición detiene a María Megías, alias “La Novela” natural de La Parra, acusada de bruja y hechicera y  a Dominga Rodríguez, alias “La Palancanatural de Cañamero.

 

Se les acusa de realizar el conjuro de las habas negras, metiéndolas en los ojos de un gato negro muerto y enterrándolo a media noche, donde había de permanecer hasta que granasen nuevas habas. Después se molían y se lanzaban al umbral de la persona a la que se quería dañar.

 

No era lo único que hacen estas brujas. Ofrecen remedios para que los hombres quieran más a las mujeres dando seso de asno negro, desligan hombres embrujados con agua bendita y gente de tres parroquias, separan enamorados utilizando ladrillos de las sepulturas del cementerio, y mezclándolos con agua bendita…

 

Y es que nuestros camposantos han sido siempre muy frecuentados por brujas y encorajadas. Nos cuenta Publio Hurtado que en a finales del siglo XIX  era fácil ver a la bruja más famosa de Cáceres, llamada Ana La Casareña, apostada por las noches  junto al cementerio o dentro de él, donde, según los cacereños, iba  desenterrar cadáveres de niños para utilizar las vísceras en sus maléficos ungüentos.

 

 

En el arco de Santa Ana vivía la posesa Inés Panduro (Foto: A. Briz)

Quizás tuvo algo que ver La casareña con lo que le ocurrió a la pobre Inés, que pasó en un tris de devota a posesa. Nos encontramos en el Postigo, junto al arco de Santa Ana de la ciudad de Cáceres, donde a mediados del siglo XIX vivía un herrero llamado Lesmes junto a su mujer y a su cuñada, llamada Ines Panduro, natural  de Salvaleón.

 

Mujer piadosa y religiosa era querida por sus vecinos, hasta que un mal  día, de repente, se le colaron los demonios en el cuerpo. Aborreció el pan y se enervaba ante la vista de una cruz o de un rosario, gritaba ante el agua bendita y le era imposible pasar cerca de alguna iglesia. Y afirman que en una ocasión en que por la calle se encontró de boca con el viático, sufrió un colapso que le duro tres horas.

 

La trasladaron a su pueblo natal, por ver si mejoraba. Y dicen que se curó, no se sabe si por el cambio de aires o por como se la gastaba la iglesia en aquellos tiempos a la hora de exorcizar endemoniadas.

Aunque las brujas extremeñas se reunen en Barahona, Cáceres debía estar muy ambientada por esa época, porque tenía hasta “escuela de brujas”.  Allí   da lecciones brujeriles “La Aragonesa”, casada con el  “tío Lagaña”.

Una de sus discípulas es doña Mónica Rega. Es una discípula aventajada, pues con pocas clases se encuentra ya en disposición de volar. La ilusionada alumna se llena de gozo con la noticia, y adereza su cuerpo con grasa para el aquelarre. Colocada la escoba entre las piernas, se lanza por una ventana, gritando:

 

- “¡A Barahona!”

 

Se rompe una pierna y se le quitan las ganas de montar escobas y aquelarres.

Y es que ser bruja nunca ha sido fácil… ¿O si?

 

Sobre el autor Israel J. Espino
Mitos, creencias y leyendas de Extremadura http://extremadurasecreta.com/

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