Prisciliano: De herejes, brujos y santos | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

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Israel J. Espino

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Prisciliano: De herejes, brujos y santos

 

 

A Prisciliano, que caminó por nuestras tierras en el siglo IV, le cabe el dudoso honor de ser el primer sentenciado a muerte en nombre de la Iglesia Católica, acusado de herejía.

 

Fue una especie de niño prodigio de familia bien que hasta estudió en el extranjero. Atrevido, erudito, buen orador, nada codicioso y parco en comer y beber, aunque Sulpicio empaña este bello retrato afirmando que

 

con estas cualidades mezclaba  gran vanidad, hinchado con su falsa y profana ciencia, puesto que había ejercido las artes mágicas desde su juventud

 

Y es aquí, en Lusitania, donde Prisciliano triunfa. El priscilianismo arraiga con fuerza entre colonos y esclavos, y alza su voz contra una iglesia corrupta, excesivamente enriquecida e integrada en el aparato del poder. Y el poder establecido no tarda en revolverse.

 

Se acusa a los priscilianistas de “costumbres indeseables” como de contar con

 

mujeres que asisten a lecturas de la Biblia en casas de hombres con quienes no tienen parentesco; el ayuno dominical y la ausencia de las iglesias durante la cuaresma; la recepción de las especies eucarísticas en la iglesia sin consumirlas de inmediato; el apartamiento en celdas y retiros en las montañas; y andar descalzos.

El baile era parte importante de la liturgia prisciliana (Jimber)

 

 

Como argumento, flojito… Lo cierto es que sus reuniones, frecuentemente nocturnas, se celebran en bosques, cuevas o villas alejadas de las ciudades, y con el baile como una parte importante de la liturgia, que incluía tanto a hombres como a mujeres. Sustituye la consagración oficial con pan y vino por leche y uvas; acoge a las mujeres y los esclavos en las sesiones de lectura de textos bíblicos (incluyendo los apócrifos), intenta la reforma del clero a través de la pobreza voluntaria, y aboga por la interpretación directa de los textos evangélicos. Exige que la Iglesia vuelva a unirse a los pobres. Niega la resurrección de los cuerpos, pero admite la trasmigración de las almas.

 

El clero extremeño consigue imponer la candidatura del hereje, pero las cosas han ido demasiado lejos. Hidacio, metropolitano de la Lusitania, excomulga  a los priscilianistas de Mérida acusándolos de indisciplina. Prisciliano llega  a la ciudad, entra en la iglesia cuando el patriarca está predicando y lo interpela. Sicarios sin rostro lo zarandean y lo expulsan del templo. Es la gota que colma el vaso. El hereje busca un techo amigo  y por primera vez empuña la pluma para defenderse. En pocos días redacta el Liber Apologeticus y clava esa declaración de principios en las puertas de la seo emeritense para que amigos y enemigos se enteren de lo que piensa. Es el predecesor de Lutero.

 

 

Al final el obispo se salió con la suya... (Jimber)

Para no cansar mucho, diré que al final se salieron con la suya. Detenido en Alemania, es tendido en el potro y después de varias “sesiones” admite brujería, haber orado desnudo y en promiscuidad de sexos y haber hecho el amor después de celebradas las ceremonias religiosas. Oficialmente se le acusa de ofrecer cosechas al sol y a la luna y se le inculpa de practicar rituales mágicos que incluyen danzas nocturnas, el uso de hierbas abortivas y la astrología cabalística.

 

Es condenado a muerte. El indulto llega cuando acaba de rodar su cabeza y las de cuatro de sus compañeros. Sus seguidores extremeños traen a España sus restos, a los que ofrecen culto en la clandestinidad.

 

Afirma Menéndez  Pelayo que tras la muerte del hereje

 

no se interrumpieron los nocturnos conciliábulos, pero hízose inviolable juramento de no revelar nunca lo en ellos pasaba.

 

Unidos así por los lazos de toda sociedad secreta, llegaron  a ejercer un verdadero dominio en la iglesia y produjeron un verdadero cisma.

 

Pero no acaban aquí las sorpresas del hereje. Porque muchas voces afirman que quien esta realmente enterrado en Santiago de Compostela es Prisciliano, y no Santiago, quien, por cierto, se rumorea que estuvo enterrado en Mérida. Vaya trajín.

 

Les cuento: en el año 813 un ermitaño le cuenta al obispo de Iria Flavia que en el bosque Libredón se ven unas luces extrañas. El obispo, buscando el origen de las luces halla un sepulcro, que no duda en atribuir inmediatamente al apóstol Santiago.

 

Sin embargo, en el año 1900 el hagiógrafo Louis Duchesne publica un artículo en el que sugiere que el que realmente está enterrado en Compostela es Prisciliano, basándose en el viaje que sus discípulos hicieron con los restos mortales del hereje hasta su tierra natal. Posteriormente Sánchez-Albornoz y Unamuno se hacen eco de esta hipótesis que ha pasado a convertirse en una hipótesis muy popular, alternativa a la tradición cristiana, y seguida entre otros por Atienza y Sanchez Dragó.

Inscripción aparecida en la iglesia de Santa María de Mérida

 

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Por otra parte, y para acabar de enmarañar la madeja herética, el abad e historiador Pérez de Urbel afirma que el apóstol Santiago estuvo enterrado en Mérida hasta que los tonsurados portugueses se lo llevaron a Galicia para salvarlo de los moros. Como demostración esgrime el hallazgo en la ciudad de cierta lápida del siglo VII donde se afirma que la iglesia emeritense de Santa María custodiaba las reliquias de los dos hijos de Zebedeo.

 

En fin, que como diría aquel, “este muerto está muy vivo”, y más que lo estará. Porque en el siglo XVI Prisciliano resucita en nuestras tierras en una nueva herejía: La de los Alumbrados. Pero esa es otra historia…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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