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Fecha: diciembre 5, 2017
La Chicharrona de Las Hurdes, Señora de las Matanzas
Israel J. Espino 05-12-2017 | 6:02 | 2

 

La Chicharrona, bajando de la sierra (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

La Chicharrona, bajando de la sierra. (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

 

VER GALERÍA COMPLETA AQUÍ  (AUTOR: JORGE ARMESTAR)

Sopla un viento helado y cortante que desciende desde la sierra de las Corujas, una montaña mágica y legendaria en la comarca extremeña de Las Hurdes. Allí, al pie de su cumbre, tiene su gruta la Chancalaera, hermanastra mitológica de la Serrana de la Vera, harpía extremeña mitad mujer y mitad ave que seduce a los hombre para luego matarlos.   Pero hoy la Chancalaera permanece oculta en su guarida, porque quien desciende de la sierra es otra extraña figura femenina: La Chicharrona.

Su nombre, “Chicharrona”, le viene por su relación con uno de los rituales más enraizados en la cultura rural extremeña: La Matanza. Con la ella llegan las mantecas, y con las mantecas del cerdo se hacen los chicharrones, unos deliciosos bollos de harina y azúcar.

Suele encarnarse cada año en alguna vecina hurdana, habitualmente moza de cierta belleza y con las características que la tradición y el legado de los antepasados asignan a este personaje, una mujer de cabellera rubia y larga. Es La Chicharrona una mujerona silvana y mitológica, vestida de pieles de cabra, que cubre su pajiza cabellera con un viejo gorro de piel de zorra o pelo de lobo, y que calza unas enormes “chancáh”, una especie de zuecos o antiguas almadreñas. Lleva las pieles animales sujetas por un cinturón ancho, de donde cuelgan cencerros y calabazas vinateras. En su cuello, grandes collares formado por mazorcas de maíz ya desgranadas y chorizos enroscados.

En sus manos, los símbolos de su poderío: una vejiga de cerdo rellena de agua y un garrote, emblema de la mujer salvaje. En su regazo el símbolo fructificador de un fardel con castañas, nueces e higos pasos. De su zurrón sobresale un pergamino enrollado: La licencia. Y aún trae más en su bolsa encantada: el frío invernal.

 

En el zurrón lleva el frio

Que reparte a manos llenas

Traigamos el aguardiente

Compadre, siga la fiesta

 

Y es que si la Chicharrona baja a las alquerías hurdanas es porque hoy es 8 de diciembre, cristianizado como el día de la Inmaculada Concepción, “La Pura”, La Virgen de las Matanzas. Es el día en que los aires fríos se adueñan de esta parte del mundo, y la fecha indicada desde tiempos inmemoriales para que La Chicharrona descienda de sus dominios mágicos con la licencia para que los humanos puedan iniciar los rituales matanceros.

 

“De entre la nieve branca

abaja la Chicharrona,

licencia trae pa matar

el cebón y la cebona”

 

Antiguamente, cuando La Chicharrona llegaba a la aldea con los primeros rayos del amanecer, la esperaban los niños tocando zambombas hechas con pucheros viejos o haciendo sonar tapaderas de latón y ruidosos cencerros. La señora de las Matanzas lanzaba al aire los frutos secos, y perseguía con sus rústicas armas a los chavales que se burlaban de ella.

 

Los vecinos reciben a la Chicharrona con antiguos cantares (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Los vecinos reciben a la Chicharrona con antiguos cantares (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Ahora que ya casi no quedan niños que la esperen le sale al paso el tamborilero, y en las calles del pueblo la reciben los ancianos con coplas vetustas y antiguas tonadas que hablan del frío seco que trae la Dama Salvaje, de las alquerías hurdanas, de la sierra mágica y del momento mítico en el que los dos mundos se encuentran. Y somos los adultos, lugareños y foráneos, los que nos acercamos a besar a La Chicharrona, con el convencimiento de que traerá suerte a nuestras vidas y carne a nuestras despensas.

Antiguamente los muchachos recorrían las casas recolectando comida para la “jogará”, la hoguera comunitaria, en la que se asaban patatas, chorizos en aceite y restos de la matanza anterior.

Los vecinos besan a la Chicharrona, en el convencimiento de que les traerá fortuna y condumio (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Los vecinos besan a la Chicharrona, en el convencimiento de que les traerá fortuna y condumio (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Este año se ha escoltado a La Chicharrona hasta la era de lanchas de la alquería de El Mesegal, que con tan buena voluntad limpiaron los vecinos de la aldea. Allí la aguarda El Chicharrón, macho cabrío antropomorfo ataviado con pieles y coronado por cuernos que comienza un lúbrico cortejo que cristaliza en una danza ancestral al son de la gaita y el tamboril.

Danza lúbrica y ancestral entre el Chicharrón y la Chicharrona (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Danza lúbrica y ancestral entre el Chicharrón y la Chicharrona (Jorge Armestar) GALERIA DE FOTOS

Ya no quedan muchachos que corran por las calles haciendo resonar los valles con ruido de cencerros, entrechocar de latas y estrépito de zambombas, ya no crece el clamor cuando la noche cae sobre las casas hurdanas, porque el ruido, de todos era sabido, espantaba a las brujas para que no vinieran “a maliciar la chacina”.

Dicen que todavía quedan casas en las que, cuando la oscuridad y la noche ya se han enseñoreado de los valles hurdanos, se hacen los “seranos” las tertulias nocturnas donde se cuentan cuentos y se cantan coplas.

Y ya en la noche cerrada, cuando las últimas luces se apagan y el silencio se adueña de la aldea, los hombres duermen, pero los ritos no acaban. Porque en algunas viviendas “dejaban un pote de castañas cocidas con un cacho de tocino, arrimado a la lumbre. Y es que decían -cuenta Félix Barroso, etnógrafo y rescatador de tradiciones hurdanas- que, cuando todos estaban dormidos, entraba La  Chicharrona a cenar en las casas. Había que tenerla contenta para que el año próximo también trajera la licencia y el tiempo frío y seco para poder hacer las matanzas”.

Este ritual, curiosamente, tiene una enorme similitud con otros que hemos encontrado durante la Edad Media en lugares tan alejados como Centroeuropa, antiguos ritos italogermánicos en los que las familias depositaban ciertas noches del año comida y bebida para la Dama Abundia, con el convencimiento de que con este ágape nocturno se ganarían la benevolencia de las Buenas Damas y la abundancia de la familia para todo un año.

Pero del Cortejo de las Damas Buenas hablaremos en otra ocasión. Con la licencia, por supuesto, de La Chicharrona. Faltaría más.

 

 

 

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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