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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

La cueva de Los Postes: Dioses, antropófagos y poseídos

Grupo de homo sapiens en la cueva de los Postes de Fuentes de León/
Grupo de homo sapiens en la cueva de los Postes de Fuentes de León

Grupo de homo sapiens (Cueva de los Postes de Fuentes de León)

En el momento en que uno se adentra en las profundidades de las cuevas  que horadan el subsuelo de Fuentes de León siente que está entrando en un extraño mundo donde las épocas se confunden y la realidad se convierte en magia.

Fuentes de León es santiaguista y templaria, y bajo su legendario castillo del Cuerno se abren las grutas que esconden maravillas, misterios y sorpresas aun sin descubrir.

Al abrigo de un cerro conocido en la antigüedad como “la patada de Dios” y anteriormente la “Patada de Alá”, en las ultimas estribaciones de Sierra Morena, se encuentra este encantador pueblo de arquitectura serrana. Y a siete kilómetros de la localidad, entre encinas y bajo tierra nos encontramos con la cueva de Los Postes.

Fue en el año 2001 cuando un grupo de geólogos descubre en ella restos óseos junto a diversos restos arqueológicos; hallazgo que originaría el comienzo de las excavaciones por un equipo de expertos, dirigidos por el entusiasta arqueólogo Hipólito Collado, uno de los muchos lujos que tenemos en Extremadura.

Entrada a la Cueva de los Postes (Fuentes de León)

Entrada a la Cueva de los Postes (Fuentes de León)

Collado, en sus excavaciones, ha llegado hasta una capa, bajo las coladas, que los geólogos han tasado en 200.000 años de antigüedad. Allí, junto a restos de osos pardos (los más antiguos de la península ibérica), megaciervos ya extinguidos de enormes cornamentas, mamuts, uros, hienas, y tortugas gigantes apareció un objeto casi imposible… ¡Un peine!

Los arqueólogos se excitan ante el hecho, ya que si ha aparecido un peine es posible que aparezcan restos humanos de esa antigüedad… y efectivamente, el hueso que están buscando, aparece. Aparece lo mínimo que se despacha, pero lo suficiente como para dar la vuelta a la historia.

El descubrimiento es una pequeña falange humana. La falange del primer neandertal de Extremadura, posiblemente incluso preneandertal, lo que tiraría por tierra la teoría oficial de que los humanos entraron en la península ibérica por los pirineos, y demostraría que el hombre pudo entrar en la península ibérica por el sur.

La hipótesis es tan impactante y el proyecto tan prometedor que tanto el gran paleontólogo Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, como su equipo, se han interesado y han colaborado en las excavaciones extremeñas.

Cueva de los Postes (Fuentes de León)

Interior de la Cueva de los Postes

A medida que avanzamos en el tiempo llegamos a la época neolítica, momento en el que, gracias a algunos restos aparecidos dan fe de su utilización como cementerio secundario. En un primer momento se pensó que aquellos hombres dejaban a sus difuntos en el exterior de la cueva, en un pudridero, y luego eran depositados en su interior con su ajuar funerario, ya que hachas de piedra, cuchillos de sílex, puntas de flecha y otros elementos han aparecido disgregados junto a los fragmentos óseos.

De hecho, observando con atención la cueva es posible descubrir a simple vista restos cerámicos, incluso una vasija invertida soldada con el carbonato cálcico, como base de una estalagmita; fragmentos de una costilla, un fémur o una tibia humana, y el brillo de pequeñas piezas dentales incrustadas en el ocre de los sedimentos. En total ya han sido desenterrados los restos óseos de un centenar de individuos.

Pero está hipótesis del cementerio ritual quedó descartada al descubrirse cráneos y huesos asados y cocinados, con señales de dientes humanos. Pero los habitantes de la cueva de los postes no eran caníbales, sino antropófagos, es decir, no mataban a sus congéneres, solo se los comían, posiblemente debido a la necesidad, ya que se han encontrado restos de pino negro, un árbol que solo crece en climas muy fríos, casi glaciales, lo que indica que esa parte de Extremadura, en esos momentos, estaría cubierta de nieve, los ríos estarían congelados y sería muy difícil conseguir comida.

La naturaleza adversa hizo que nuestros antepasados derivaran en una antropofagia por necesidad, y de hecho, sabían perfectamente que partes del cuerpo tenían que comer para aprovechar mejor los nutrientes, ya que se han encontrado una columna vertebral a la que se le había arrancado la médula.

Los estudios óseos describen a niños muertos prematuramente, y a adultos que no superaban los 30 años, que era la edad estimada de supervivencia. Muchas mujeres mueren en el parto. En algunos huesos aparecen trazas de canibalismo, con raspaduras, fracturas y señales de haber sido cocinados. Después de consumir los animales domésticos, las semillas, los restos vegetales y la escasa caza las familias ofrecían a la comunidad sus componentes más débiles, niños y ancianos. Curiosamente no tenían caries, porque no consumían azúcar, pero sufrían un terrible desgaste molar que llevaba a los más viejos a morir por desnutrición, porque llegaba un momento en que no podían masticar y morían, literalmente, de hambre.

Cráneo trepanado de la cueva de los Postes (Fuentes de León) . (Fotografía cedida por Hipólito Collado).

Cráneo trepanado de la cueva de los Postes. (Fotografía cortesía de Hipólito Collado).

 De este tiempo se ha hallado un extraño cráneo, que en un principio se pensó que era de un mono. Pero los estudios revelaron que era humano de unos 18 años, que estaba deformado y trepanado y que pertenecían a un individuo al que los arqueólogos han llamado, entre ellos, “El tarao”.

Lo que inicialmente confundió a los antropólogos fue la extraña deformación de su frente, cuyo análisis ha revelado que la deformación se debió a que el sujeto permaneció amarrado fuertemente con un correaje en la cabeza dentro de la cueva durante buena parte de su vida, como si el resto de la comunidad creyera que estaba poseído por algún espíritu o temiera que supusiera alguna amenaza para ellos.

Quizás por eso sufrió la trepanación de su cráneo hasta tres veces en vida, tal vez para curar alguna dolencia, dejando, según sus creencias, que el causante de ese mal saliera por el orificio  practicado. Estas creencias eran asumidas y las trepanaciones practicadas en tribus de África y en Egipto.

Sin embargo, “El tarao” no murió por ninguna de las tres trepanaciones, sino por una fractura en el cráneo, no sabemos si asestada por los miembros de la tribu para que dejase de sufrir, o bien por el propio individuo por no soportar el dolor.

Y seguimos avanzando en el tiempo. Hace sólo dos mil años los romanos venían aquí a rezar a dioses ignotos y ctónicos, utilizando el lugar como santuario sagrado. Por eso, nada más descubrirse la cueva los arqueólogos encontraron en las primeras capas de sus excavaciones restos de cerámicas, monedas romanas, terracotas con imágenes de dioses, vasijas, cuencos o lucernas, objetos de culto a antiguas deidades.

 

Lucerna romana aparecida en el santuario de la Cueva de los Postes

Lucerna romana hallada en la Cueva de los Postes

Como afirma Collado, la última gran ocupación detectada en estas cuevas nos traslada hasta la época romana, “momento en el que las cuevas son utilizadas nuevamente como espacios rituales, en donde se depositan ajuares para rendir culto a divinidades relacionadas con el mundo subterráneo, manteniendo de este modo rituales, que posiblemente ya eran realizados por los grupos indígenas ya asentados en esta territorio”.

Los romanos utilizan la cueva como santuario importante, al que se desplazan, para hacer sus ofrendas, desde un poblado que se halla a unos tres o cuatro kilómetros, remontando la ribera de un río próximo, y en el que todavía son visibles las columnas y capiteles de la antigua villa romana. Vestigios de esta ocupación romana también aparecen en la Cueva del Caballo y en la Cueva del Agua.

Con el tiempo, la entrada a la cueva se derrumba, y se convierte, literalmente, en una madriguera. De hecho, un zorrillo mostró el camino a los descubridores. Curiosamente, a los habitantes de Fuentes de León se les apoda “los zorros”.

En el año 2001, con la entrada del milenio, se inician las excavaciones en la cueva de Los Postes, unas grutas que actualmente (Y excepto en los momentos de campaña) cualquiera puede visitar junto a otras maravillosas cuevas  de la zona.

Para poder visitar el Monumento Natural “Cuevas de Fuentes de León”, solo es necesario pedir cita con antelación al 924 724 174 (Oficina de Turismo). Desde allí se ofrecen visitas guiadas a las cuevas. Vale (y mucho) la pena.

Palabra de sapiens.

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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