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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

Ni Truco ni Trato: Chaquetía.

Ilustración: Borja González Hoyos/

Parece que de un tiempo a esta parte el marketing estadounidense nos ha metido con calzador las tradiciones anglosajonas relacionadas con “Halloween”, y hay voces que se levantan contra esa nueva invasión.

Quizás muchas de estas personas se sorprendan al comprobar que estos rituales son los mismos que ya teníamos hace cientos de años, solo que envueltos en papeles brillantes y máscaras plastificadas, como todo lo que exporta el país más consumista del mundo.

Ya hemos escrito en otra ocasión de las calaveras conquis extremeñas, (remanentes de nuestro pasado celta y de las fiestas de Samahin) como antecedente de las calabazas de Halloween, y vamos a desgranar ahora cómo también teníamos en estas tierras hasta hace muy poquitos años, el famoso truco o trato.

Hasta no hace mucho tiempo, en un área enorme que comprende parte de Europa, Asia menor y Asia central, turbas de niños y niñas, durante los doce días entre Navidad (25 de diciembre) y el día de Reyes (6 de enero) , solían ir de casa en casa cantando letanías y mendigando dulces y pequeñas sumas de dinero. Los improperios o maldiciones que acompañaban a una eventual negativa a la donación conservaban una antigua connotación agresiva recogida ya por Asterio, un obispo capadocio, en el año 400. La costumbre, en Extremadura, ha sobrevivido hasta nuestros días, aunque trasladada a los primeros días de “la época oscura”: el mes de noviembre.

En numerosas áreas geográficas era clásica  hasta hace muy poco tiempo la imagen de los monaguillos pidiendo casa por casa “limosna para las ánimas benditas“.

Calabaza en la fiesta de La Diabla, de Valverde de Leganés (Israel J. Espino)

Calabaza en la fiesta de La Diabla, de Valverde de Leganés (Israel J. Espino)

En esta turba de chicos y chicas que corrían por el pueblo (algunos con esas “calaveras” de melones y sandías iluminadas por velas) algunos historiadores como Ginzburg ven claramente una representación de la Compañía de los Muertos, que según la tradición se aparecía con especial frecuencia durante esos doce días. Y lo cierto es que, a poco que rasquemos en la imagen, la identificación de los pequeños pedigüeños con los muertos es innegable.

En primer lugar, la tradición oral afirma que no solo la recolecta es para las propias ánimas, sino que son ellas mismas las encargadas de recogerlas, encarnadas en los vecinos del pueblo que ejercen el ritual petitorio, como recoge esta copla recogida por Guadalajara Solera en Navaconcejo.

 

Las ánimas a tu puerta

Pidiendo limosna están

No les digas que perdonen

Pudiéndolo remediar.

 

En Garrovillas de Alconétar, como contaba  Moisés Marcos De Sande  en vísperas de Todos los Santos (en inglés, All Hallow’s Eve, o Halloween)  los monaguillos recorrían el pueblo de casa en casa al conjuro de “Tous los Santus”, recibiendo limosnas en dinero y en especie para la cena y la fogata, y dibujando una artística cruz con carboncillo en las fachadas de las casas donde les dieron limosnas, para que no entrase el diablo en ellas. Pedían también leña para calentarse en la torre, donde estaban toda la noche tocando las campanas que “doblaban” a difunto.

Los niños piden por las casas en el día de Los Santos (Jimber para Extremadura Secreta)

Los niños piden por las casas en el día de Los Santos (Jimber para Extremadura Secreta)

Sin embargo, y con el tiempo, esta “chaquetía” (o “chaquetilla” , o “saquitía”, según  el pueblo) que se pedía para hacer la noche en vela de los monaguillos menos dura en el campanario, poco a poco se fue extendiendo al resto de los niños y jóvenes, quienes pedían productos para poder luego degustar esta comida comunal en el campo.

Así, por las tierras de Hurdes Bajas, dan el nombre de “chiquitía” a una colecta infantil que se realiza la mañana del día de Todos los Santos. Cuenta el etnógrafo Felix Barroso como cuadrillas de muchachos van a casa de sus abuelos, padrinos y otros familiares y allegados, donde se les entregan diferentes donativos: higos pasos, nueces, granadas, membrillos, dinero…

Jóvenes vestidos de calaveras mejicanas (Jimber para Extremadura Secreta)

Jóvenes vestidos de calaveras mejicanas (Jimber para Extremadura Secreta)

De hecho, el chantaje del trick-or-treat (truco o trato) anglófono tiene sus antecedentes en la amenaza que en algunos lugares, como cuenta Jose Maria Dominguez Moreno que se hacía en las aldeas del río Esperabán, donde a la hora de pedir por las casas se cantaba aquello de:

 

Tía, me dé la chiquitía,

que si no, viene el gatu rabón

y le tira la puerta

con un empujón.

 

En otros lugares  la amenaza era igual parecida:

 

Tia María

demi vusté la chaquetía

o si no le cortu el su rabu

i la su torzia

 

O el más expeditivo de:

Los Santos o te rompo los cántaros

Ante esta amenaza latente los adultos, como sucedía en Ceclavín, el día de Todos los Santos,  tenían en la entrada de la casa, ya preparada, una cesta con higos para ofrecer a los niños que iban pidiendo por las casas … Si esto no es el antecedente directo de los caramelos del Halloween estadounidense, que vengas los dioses celtas y lo vean.

 

 

 

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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