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Israel J. Espino

Extremadura Secreta

Los cercos de demonios

El ritual no era difícil: consistía en trazar en la tierra o en el suelo un cerco o circunferencia realizada con carbón, yeso, cal, candelillas, un cuchillo o incluso un clavo.

Normalmente la hechicera recitaba el conjuro pertinente y apremiaba a los diablos, que aparecían en forma de macho cabrío, de perro grande, de cerdos negros y hasta de  pequeños ratones.

Una vez los tenía delante, las hechiceras les exigían que les respondieran a todo aquello que ellas preguntaban, convirtiéndose así en conocedoras de lo oculto y adivinadoras del futuro de sus clientes.

Como algunos funcionarios, algunas de ellas se excedía en su sus funciones, como  Mari Rodríguez, una hechicera de Fregenal de la Sierra que tenía la villa cuajadita de cercos demoníacos. Según recoge el investigador Fermín Mayorga   ponía un cerco en la audiencia, otro en el matadero y otro en la carnicería, y llamaba a los demonios por sus nombres.

Fregenal de la Sierra estaba repleto de cercos de diablos (Extremadura Secreta)

Fregenal de la Sierra estaba repleto de cercos de diablos (Extremadura Secreta)

Mayor Mejía era otra hechicera  aficionada a estos círculos diabólicos. En  Jerez de los Caballeros hacía cercos para que los hombres acudiesen a ver a las mujeres que se lo pedían. Para ello, hacía un círculo en el suelo con un clavo de hierro que después hincaba en la tierra, a un lado del cerco. Dentro del círculo colocaba un baño de agua y una escudilla con aceite y nueve  velas o candiles, recitando solemnemente un conjuro en el que mencionaba al diablo Cojuelo y con el que  conseguía mágicamente que el hombre invocado acudiese junto a la mujer que la había contratado.

Pero no todos los demonios invocados en los cercos eran tan folclóricos como el diablo Cojuelo. Catalina Flores, una hechicera de Brozas, realizaba los cercos con candelillas e invocaba a Barrabás, Satanás y Gayfás, la plana mayor del infierno para conseguir que un marido quisiese a su mujer.

Y para lograrlo, no reparaba en medios, por muy truculentos que fueran, ya que algunos clientes la vieron sacarle el corazón a un gallo mientras estaba vivo. Y una vez que tenía el corazón en las manos, lo atravesaba, aún palpitante, con «agujas para hechizos», ante la estupefacción de los testigos.

Los gallos y gallinas sacrificados a los demonios tenían que ser negros y robados (Jimber para Extremadura Secreta)

Los gallos y gallinas sacrificados a los demonios tenían que ser negros y robados (Jimber para Extremadura Secreta)

El sacrificio ritual de los gallináceos a las fuerzas infernales debía estar a la orden del día, pero no valía cualquiera. Debían ser negros y robados, como la gallina que les ofrecía Sebastiana Gómez, una hechicera de Aceituna que ejercía en Coria y que ponía una vela a Dios y otra al diablo encargando misas al cura para que los demonios no la maltratasen cuando los invocaba.

Para hablar con ellos, Sebastiana encendía tres velitas y cogiendo una paja o un palo encendido hacía un cerco alrededor. Después hacía otro más pequeño y se metía dentro, tras lo que comenzaba a pronunciar las palabras del conjuro. Una vez terminada la invocación, bramaba y saltaba de forma maravillosa, mascullando entre dientes y murmurando sin que se entendiese lo que decía.

Contaba Sebastiana que entonces venía al cerco «una danza de demonios» y hablaba con ellos. Los demonios le pedían un miembro o un dedo a cambio de su ayuda, a lo que ella se negaba y prometía para sus adentros tres misas a Dios si la libraba de ellos. Entonces los diablos, que no querían irse de vacío, le pedían que les diese alguna cosa, y ella les daba una gallina negra que había robado anteriormente, porque los demonios solo la aceptaban si tenía esas características. Una vez tenían los demonios la gallina en su poder, daban a Sebastiana lo que ella les pedía, que solían ser polvos de amor, granos para ganar en el juego y ser valiente con la espada y huesos para conquistar mujeres difíciles.

También a Satanás invocaba Isabel García, la santera de la ermita de Nuestra Señora de Fontidueñas, en Plasencia, una mujer calificada por sus vecinos de bruja. La santera hacía el cerco con granos de mijo y con una vara de mimbre, y no se andaba con chiquitas, porque invocaba al mismísimo Satanás.

Y claro, cuando no era capaz de manejarlo (poca hechicera para tanto maligno), el diablo la apalizaba, y la pobre Isabel andaba todo el día repleta de cardenales que mostraba como medallas y que ponía como excusa para que subir el precio a sus clientes, esgrimiendo que su trabajo era arriesgado y peligroso no solo para el alma, sino también para el cuerpo.

Satanás se le aparecía algunas veces en forma de cabrón, que es la que toca, pero otras veces aparecía en figura de puerco, y otras ocasiones en diferentes figuras con largos cuernos y uñas de perro.

Satanás le contestaba a todo lo que ella le preguntaba, pero a cambio tuvo que «mandarle» el dedo meñique, y soportaba sus palizas, porque lo que el diablo quería era su alma, y ella no terminaba de dársela. También pegaba a la santera  por nimiedades, como si fuera un marido maltratador cualquiera, amparándose en la mínima excusa, como que Isabel se había  liado con las palabras de la invocación, o que  no la había hecho en condiciones, o porque había ido a confesar o a comulgar.

Isabel normalmente lo conjuraba por el dedo que le tenía dado, como al parecer hacía también La Macharra, una hechicera de Garrovillas de Alconétar que tenía un dedo torcido y a la que se le aparecían los demonios no en forma de cabrones ni de perros, sino de cerdos, que es algo mucho más autóctono.

La Macharra hacía unos cercos y unas crucecitas en los corrales y acudían unos cochinos negros a los que preguntaba lo que quería saber, aunque a veces los cerdos respondían que no conocían la respuesta a sus preguntas. Se ve que los cerdos, aunque de pata negra y parlantes, no eran omniscientes.

Y es que no se puede tener todo, ni aún con la ayuda del mismísimo demonio. Y si no, que se lo pregunten a Fausto.

 

 

 

 

 

 

 

Una puerta abierta a nuestros mitos

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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