El enigma de los descabezados extremeños | Extremadura Secreta - Blogs hoy.es

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Israel J. Espino

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El enigma de los descabezados extremeños

Desde tiempos ancestrales hasta épocas recientes se han podido observar por Extremadura extraños personajes sin cabeza que se han paseado por nuestros campos, nuestros caminos y nuestras cuevas ajenos a la realidad que los circundaba. Seres acéfalos que emergen de cuevas prehistóricas, descabezados como el espanto de Rubiaco,  jinetes sin cabeza como el de  Horcajo o celestiales mendigos decapitados como el  de Logrosán.

 

Acéfalos en la prehistoria

 

En las sierras de la comarca de La Siberia, escondidos en cuevas apenas accesibles encontramos los vestigios de los primeros descabezados de Extremadura. En un abrigo, el de Puerto Alonso y en el interior de una cueva del Cerro Estanislao se contemplan, entre otras figuras, cuerpos acéfalos.

Algunos de ellos ya fueron catalogados en el valle del Aliso por el abate francés Breuil, pero es un futuro historiador extremeño, Juan José Benítez, quien ha descubierto una verdadera colección de “descabezados” pateando las sierras y los riscos cercanos a Cabeza del Buey, su pueblo natal.

Acéfalos del abrigo del capellán (Capilla) (Juan José Benítez Ruiz Moyano y Casimiro Sánchez Iglesias)

 

Aunque no podemos saber con exactitud quienes son ni cuál es su significado antropológico, pero sí sabemos que están ahí desde el inicio de los tiempos. El profesor alemán Herbert Kühn consideraba que las figuras acéfalas que aparecían en el arte rupestre eran el reflejo de creencias en seres sobrenaturales y los descabezados serían representaciones figuradas de espíritus o seres míticos, benéficos o maléficos, de las montañas y de los bosques.

Sin embargo, y tal como recoge el antropólogo Juan Francisco Jordán estos seres acéfalos, o con cualquier otra deformación física llamativa. “podrían caer dentro de la categoría de los espíritus malditos. espectrales o fantasmales, es decir, de aquellos seres humanos que perecieron de forma violenta, por accidente u homicidio y que están condenados a vagar en los paisajes y comunidades que los albergaron, ocasionando males a sus antiguos parientes y conocidos, pues no pueden momentáneamente acceder al Paraíso”.

 

El ángel de Logrosán

 

Sea como sea, los descabezados continuaron exhibiendo su falta de cabeza por estas tierras a lo largo de los siglos. Cuenta el insigne teósofo Roso de Luna cómo su familia, pobre y desvalida, llegó por primera vez a Logrosán, el pueblo de las Villuercas donde nacería el Mago Rojo, en una tempestuosa noche del mes de marzo. El vehículo que la conducía se detuvo  cerca de la célebre Mina de fosforita y frente a la ermita llamada del “Cristo de las Angustias”.

Mina Costanaza (Logrosán), en cuyas cercanías tuvo lugar el encuentro de Roso de Luna con el mendigo decapitado (Extremadura Secreta)

 

Y es precisamente por ese lugar por donde su padre, ya asentado en Logrosán, solía llevarle de paseo . En uno de esos paseos, a finales del siglo XIX, un joven Roso de Luna creyó estar alucinando a causa de una enfermedad que lo aquejaba cuando vio, tendido en la cuneta de la carretera, a un singular mendigo sin cabeza.

Lo curioso es que poco después, en circunstancias similares, paseando nuevamente con su padre, vieron ambos que avanzaba por la carretera en dirección a ellos, “y con paso tan gallardo que parecía no tocar el suelo, un joven hermosísimo, rubio y de excelentes colores. Cubrían su cuerpo unos andrajos singulares, parecidos a los de la alucinación anterior, pero en manera alguna repugnantes”.

El mendigo paso junto a ellos din decir palabra, cautivándolos con su hermosura. A ninguno de ellos dos se le ocurrió volver la vista atrás para seguirle, pero se miraron fijamente, rompiendo simultáneamente a llorar, embriagados por la emoción que les trasmitió el misterioso personaje tan parecido, según ellos, a un ángel. Lo cierto es que a los siete días se curó de su enfermedad.

 

El descabezado de Rubiaco

 

Espíritus, ángeles o demonios, los descabezados no han abandonado nunca Extremadura. Y mucho menos una comarca tan dada a lo sobrenaturales como Las Hurdes.

Los periodistas Lorenzo Fernández e Iker Jiménez mencionan en sus libros a una extraña aparición de la que fue testigo Julián Sendín cuando regresaba de Salamanca, de realizar estraperlo, allá por el mes de agosto de 1947.

Julián Sendín y sus acompañantes Marcelo Martín y Fausto Domínguez regresaban atravesando los montes de Serradilla del Arroyo, en la provincia de Salamanca, con unos sacos de harina dispuestos a llegar hasta el pueblo hurdano de Nuñomoral. Se encontraban ya  apenas a dos kilómetros de la alquería de Rubiaco , en el  paraje de  Arrolagüetre, cuando estupefactos, comenzaron a escuchar “una algazara como si hubiera treinta o cuarenta tíos palmeando y cantando por detrás”.  “como una cantidad de ruidos muy chirriantes, como muchos instrumentos tocando a la vez, como si bailaran, tocaran castañuelas, palmearan. Hielan la sangre.”

La luna iluminaba perfectamente los campos, y cuando se acercaron lo suficiente, los tres hurdanos observaron estupefactos como a la cabeza de esta extraña comitiva se hallaba un un hombre de mas de dos metros de altura vestido de blanco, con una cinta negra al cuello, y sin cabeza, que movía los brazos como un militar.

El descabezado pasó a pocos metros de los testigos sin prestarles atención y se alejó de ellos andando a grandes zancadas.  Cuando dejaron de verla y de escuchar el sonido que hacía cogieron los sacos con los que venían cargados y regresaron raudos a sus hogares situados en  Vegas de Coria.  No volvieron a salir de noche desde entonces, y  menos, por aquellos parajes. Por miedo al espanto. El espanto de Rubiaco.

La alquería de Rubiaco, en cuyos alrededores apareció el extraño cortejo presidido por el decapitado (Extremadura Secreta)

 

Los tres hurdanos que se enfrentaron a esta extraña experiencia lo desconocían, pero lo que acababan de presenciar tenía numerosos elementos de un fenómeno bien conocido en la Europa de la Edad Media: la Mesnada Hellequin, uno de los múltiples aspectos del mito indoeuropeo de la Caza Salvaje.

En la noche del 31 de diciembre al 1 de enero de 1092 (la noche de la víspera de Año Nuevo), el párroco de un pueblecito francés llamado Bonneval volvía de noche  de visitar a un enfermo cuando,  de repente, escucha un estruendo aterrador y se oculta tras unos árboles, desde los que observa  a un hombre, de imponente estatura y  a todo un “ejército salvaje” marchando tras él.

En la tradición medieval se habla de las huestes o el cortejo de Hellequin, descrito como un desfile carnavalesco de almas hacia el Más Allá. Unas almas que cantan con voces chirriantes, y tocan instrumentos desafinados, y se ven envueltas en un “charivari” estruendoso y terrorífico.

En el caso hurdano, como en otros muchos lugares de Europa, este “ejército salvaje” o cortejo sobrenatural , solo se escucha, aunque no se ve. El estruendo infernal que acompaña la aparición indica su carácter demoníaco y loco. La presencia del gigante representa, para muchos estudiosos del tema,  una deidad del Otro Mundo.

 

El jinete sin cabeza

 

El detalle de que el personaje de Rubiaco carezca de cabeza es un rasgo habitual en este tipo de apariciones relacionadas con la Caza Salvaje, entre las que se encuentran los fantasmales jinetes sin cabeza alemanes, antecedentes del más famoso de ellos, el literario soldado decapitado que surcaba los campos de la aldea norteamericana de “Sleepy Hollow”.

Y sin embargo, no tenemos que cruzar océanos para encontrar jinetes sin cabeza, basta con quedarse en las Hurdes, y concretamente en la alquería de Horcajo en la que, ya entrando en el siglo XXI, cuando los jóvenes iban de fiesta a los pueblos cercanos, las personas mayores del pueblo les amedrentaban asegurándoles que en la noche cabalgaba un caballo con un jinete sin cabeza, que llevaba una antorcha en la mano y una espada en la otra. Les decían que si veían una antorcha en la noche corriesen con todas sus fuerzas, porque eso quería decir que el jinete iba a por ellos.

Como para no correr.

Como para perder la cabeza.

 

 

Leyendas y creencias de una tierra mágica

Sobre el autor

Periodista especializada en antropología. Entre dioses y monstruos www.lavueltaalmundoen80mitos.com www.meridasecreta.com


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