Hoy

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Autor: Alista
Las pantarujas vuelven a arder en las hogueras
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Israel J. Espino | 01-02-2015 | 11:19| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Llega la noche de las candelas.

 Cada familia de labrantines

tiene su lumbre junto a la puerta,

y ¡ay de la casa sin candelorio!;

 más le valiera

 que la tomaran las pantarujas

 para sus grajas y sus cornejas.

 

 

 

Luis Chamizo en su obra Las brujas ya menciona a las pantarujas, y es que brujas y pantarujas primas son, si no hermanas.

Brujas y pantarujas, primas hermanas (Fotografía: Dolores Guerrero Hernández)

Anoche Almendralejo ardía en llamas. Mas de medio centenar de hogueras  en las que ardían unos terribles personajes que aterrorizan a los niños del pueblo: las pantarujas. Pero la historia viene de lejos, con intermedios incluidos.

Hagamos memoria… Cuando éramos celtas, el 1 de febrero celebrábamos la fiesta de Imbolc, o de la purificación, en honor de la diosa Brigit, protectora del hogar, diosa del fuego y cuyo nombre deriva de Bricta, la “luminosa”. Imbolc era el día en que Brighid recorría la tierra y recogía la leña que necesitaba para el resto del invierno.

Cientos de años más tarde, cuando éramos romanos, el 2 de Febrero celebrábamos la fiesta  de las luces o de las antorchas: Durante toda la noche anterior, las mujeres acompañaban a Deméter con teas encendidas en la búsqueda de su hija Perséfone, que ha sido raptada por Hades -Plutón- y llevada a la profundidad de los infiernos.

También cuándo éramos romanos iluminábamos las calles  con decenas de antorchas y teas en honor de Februa, madre de Marte, a fin de que el dios, movido por el tributo a su madre, nos concediese la victoria sobre los enemigos del Imperio. También ofrecíamos sacrificios a Febrio-Plutón para que fuese propicio con las almas de los muertos. Le ofrecíamos víctimas y nos pasabamos la noche con antorchas encendidas en su honor.

Avanzando en el tiempo, la llegada a nuestras tierras de la iglesia católica transforma estos rituales en la fiesta de la Candelaria o purificación de la Virgen tras el parto de Jesús.

La celebración de Las Candelas está documentada en Almendralejo desde el siglo XVII, aunque con interrupciones, ya que la celebración ha tenido diferentes grados de popularidad a lo largo del tiempo, llegando a ser incluso una tradición casi perdida.

Los sexagenarios aún recuerda cuando las pantarujas estaban prohibidas. aunque aún así ardían las hogueras  gracias a los trastos viejos que cada casa  había guardado durante el año y sacaba esta noche a la calle  para que ardiesen en las hogueras populares. La hoguera se completaba, hoy como ayer, con cepas viejas, sarmientos y ramas de olivo recogidos en el campo… ¿Recuerdan que la diosa celta  Brigit  recorría esta noche el mundo recogiendo la leña que necesitaba para el resto del invierno?

Las pantarujas que ardieron anoche en Almendralejo (Dolores Guerrero)

Pero volvamos a las pantarujas, que han sido siempre en Extremadura una especie de brujas o fantasmas que aparecían en las calles oscuras de los pueblos, aunque en Almendralejo no eran más que fantoches disfrazados con cestos en la cabeza y cubiertos por sábanas blancas… hasta que en el tercio final del siglo XX se incorporan de nuevo a la tradición, una fiesta que no solo resurge con fuerza, sino que consigue  convertirse, desde el año 1991, en Fiesta de Interés Turístico de Extremadura.

La pantaruja simboliza el mal que tiene que arder, que desaparecer... (Fotografía: Dolores Guerrero Hernández)

El día 1 de febrero, a las 8 en punto de la tarde, comienza el repique de campanas en la Torre de los Almendros de la Iglesia de la Purificación, una torre que se ilumina sólo por este día imitando los destellos del fuego, ardiendo como si hubiera una hoguera en su interior.  Es la señal para el encendido de la Candela Oficial. Poco después los fuegos artificiales señalan el momento del encendido del resto de las candelas.

Las hogueras purificaron anoche las calles de Almendralejo (Dolores Guerrero)

En estas candelas se queman las pantarujas, brujas, demonios y  personajes realizados de tela, cartón o papel que representan el Mal, con mayúsculas, y los malos espíritus… Arden para purificar a los vecinos, a las casas,a las calles, al pueblo. Arde el Mal y arden las pantarujas en las hogueras, y un año más Almendralejo se levanta hoy limpio de maldad y a salvo de brujas , fantasmas y demonios. Al menos durante un tiempo…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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El milagro de Reyes de la Dama Negra
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Israel J. Espino | 06-01-2015 | 12:50| 6

Ilustración: Borja González

Nada hacía suponer hace apenas un mes, en una fría noche de invierno, cuando realizaba una conexión desde el hospital Perpetuo Socorro de Badajoz, que estaba destapando la caja de los truenos.

La conexión era con Cuarto Milenio, el programa del periodista Iker Jiménez, que se había interesado por los casos de apariciones que se sucedían no sólo en este  hospital, sino también  en el Materno Infantil, que se comunica con el anterior gracias a interminables pasillos y túneles. Numerosos testigos de toda edad y profesión me habían reconocido haberse encontrado con lo insólito en estas paredes, y después de haberlo dado a conocer en el Hoy lo estaba  contando para la televisión.  Le comentaba a Iker, desde las puertas del hospital, la reacción de los muchos testigos que habían visto, deambulando por el edificio, a una misteriosa Dama de Negro que se esfumaba en los rincones y desaparecía delante de ellos ante puertas cerradas y huecos de ascensores.

La conexión que alertó a la familia Díaz.

En ese momento, en algún lugar de Extremadura, una joven no puede evitar asombrarse: esa mujer es la viva descripción de la señora que se apareció a su madre hace 20 años y que salvó a su hermana. Un secreto de familia que solo ellos conocían. Y deciden escribir al programa para contar su experiencia.

Soy testigo de que convencer a la familia Díaz no fue fácil. Los temores ante las burlas aún estigmatizan a los que son testigos de lo extraño, y hasta el último momento el matrimonio se negó a pisar el plató del programa televisivo. Pero por fin, animados por María, su  hija, lo hicieron. Y recordaron.

Recordaron como hace unos veinte años tuvieron que llevar a María, muy enferma, al Hospital Materno Infantil de Badajoz. Como los médicos empalidecieron cuando vieron a la criatura. Acababan de perder a un niño con ese mismo diagnóstico: Sepsis meningogócica, una rara y grave  enfermedad que potencialmente mortal.

Los padres de María, Mari Carmen y Gabino, pasaron dos días terribles en el hospital, mientras la pequeña María se debatía entre la vida y la muerte. Hasta que un buen día una señora apareció de la nada y se sentó al lado de la madre. Era una señora vestida entera de negro, y muy pálida, “con una blancura y una palidez que no era natural”, y  con el pelo negro, muy negro, como ala de cuervo.

Se lo que te pasa,- afirmó la mujer- y te voy a dar esta estampa. Pero no se la des a nadie, ni la prestes, no la pierdas nunca… a partir de ahora va a mejorar…

La madre contempló incrédula la estampa del Cristo de Serradilla que le había puesto en las manos.  Cuando volvió a mirar a la mujer de negro, había desaparecido, dejando tras de sí la estampa milagrosa y una voz dulce como nunca había oído.

Al poco tiempo los llamaron: la pequeña María había tenido una recuperación milagrosa. Sus padres, a día de hoy, guardan esta estampa en una caja fuerte y  están convencidos de que la señora que se les apareció es la  misteriosa Dama Negro que deambula por el hospital de Badajoz.

La familia Díaz tras contar su historia en Cuarto Milenio

Pero las sorpresas no habían hecho más que empezar. Nada más emitirse el reportaje y la entrevista comienzan a llover cartas al programa contando la misma historia sucedida en diversos hospitales. Pero entre ellas, una nos llama poderosamente la atención: mismo caso, misma época, mismo hospital y los que es más sorprendente: misma enfermedad y mismo mes: enero.

Sucedió hace justo 17 años. Joaquina Carrasco estaba asustada: su hijo de tres años estaba enfermando por momentos y decide llevarlo al hospital Materno Infantil de Badajoz, donde los médicos se encuentran con la misma enfermedad, ya muy desarrollada: Sepsis meningogócica. Y el diagnóstico la aterroriza: le dan seis horas de vida.

Joaquina se pasó dos noches rezando, mientras su pequeño, a las puertas de la muerte, continúa inconsciente en la UCI. La segunda noche, estando Joaquina sola, aparece una señora que se sienta a su lado y le habla con la voz más dulce que ha escuchado nunca:

Señora, está muy triste…

– Es que tengo a mi hijo muy malito… –balbucea Joaquina sin levantar la mirada.

Señora, ¿Sabe qué día es mañana?

Joaquina solo tiene que pensarlo un momento… la fecha, sabiendo en qué estado se encuentra su pequeño, hace que le duela aún más el alma.

Los Reyes Magos– consigue articular- Mañana son los Reyes Magos…

La voz de la desconocida vuelve a sonar a su lado, arropándola, transmitiéndole paz y tranquilidad:

– Pues no le pida regalos a los Reyes, pídale por su hijo, y pídaselo con mucha fuerza.

La mujer se levanta y ese fue el único momento en el que Joaquina eleva la mirada y la contempla. La desconocida se aleja mientras desliza sus últimas palabras:

–       Señora, los reyes son muy mágicos…

 

Al día siguiente, la doctora fue corriendo a llamar a Joaquina

–       ¡Entre, señora, pase, que el niño ha despertado!

Y afirma Joaquina que durante los dos años que estuvieron acudiendo a las revisiones, a su hijo le llamaban en el hospital “El niño del milagro”. De ser cierto, nunca los Reyes Magos dejaron mejor regalo…

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Las plañideras de la muerte: lamentatrices, lloronas, ofrenderas y rezanderas
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Israel J. Espino | 13-11-2014 | 7:10| 6

Ilustración: Borja Gonzalez Hoyos

Las plañideras existen desde la más remota antigüedad. Incluso el propio Dios las contrata, ya que para expresar de un modo más enérgico la desolación que debía causar al pueblo judío la devastación de Judea, el profeta Jeremías dice que el Dios de Israel mandó a su pueblo a hacer venir lloronas que él designa bajo el nombre de lamentatrices. Este uso del pueblo hebreo pasó a otras naciones y sobre todas, se conservó entre los griegos y romanos.

 

Esta última tradición se ha recuperado recientemente en Mérida, aunque sea de manera  figurada, por la Asociación recreacionista Emérita Antiqua, quienes montaron un funus o funeral con plañideras digno del cadáver del mejor de los legionarios.  

 Las plañideras, cabello revuelto lleno de cenizas, llevaban un pequeño recipiente en el  que recogían las lágrimas que derramaban. Estos vasos llamados lacrimatorios se encerraban con mucho cuidado dentro de la urna donde se depositaban las cenizas del difunto.

 

Imagen encontrada en una iglesia de Garrovillas de Alconétar (Jimber)

En el siglo XVIII el pueblo llano siguió manteniendo costumbres muy arraigadas que serán muy combatidas tanto por los ilustrados como por la Iglesia, que tratarán de mantener la ortodoxia tradicional y tacharán algunas de estas manifestaciones populares de “heréticas”. A veces sucede, como afirma Marcos de Sande que en Garrovillas de Alconétar,  las  “lloronas” reciben por sus servicios un celemín de higos (acomulgau), de ahí la expresión :

“lloramí bien llorau

 y te daré un acomulgau“,

 

Esta costumbre ancestral parece remontarse a la Edad Media y puede tener incluso, un origen más remoto. Hasta tal punto llega esta práctica en la localidad, que según afirma Jose María Velaz, los llantos descompuestos de estas mujeres llorosas y lastimeras no sólo interrumpían al sacerdote que oficiaba el funeral, sino que eran motivo de cachondeo por parte de los feligreses que acompañaban al difunto y a sus familiares. Por esta razón, el visitador don Domingo Merino Larrañaga, daba el siguiente mandato a la parroquia en la primera década del siglo XVIII, con el fin de erradicar la costumbre que califica propia de gente “bárbara”:

 

“…por quanto emos visto y reconocido que en los entierros lloran en esta villa las mugeres con descompostura de que se origina lo uno la perturbazion de los sacerdotes que estan zelebrando y lo otro la indezencia que en el templo se origina, moviendo a irrision a los fieles, siendo las yglesias dedicadas a dios para que los cristianos lloren sus culpas siendo los llantos mencionados arriba especie de Barbarismo que debe remediarse, mandamos que ninguna muger llore en semejantes funciones, pues menos inconveniente es que se queden en sus casas que no vaian a alborotar la yglessia, lo qual cumplan pena de excomunion mayor y de doze reales aplicados a la fabrica de esta yglesia…” (ADC. Libro de Visitas. Parroquia de San Pedro. Leg. 96. Garrovillas de Alconétar)

A pesar de la prohibición, en muchos pueblos extremeños el oficio se mantuvo escondido de las autoridades eclesiásticas de Roma, y todavía a principios del siglo XX, en los antiguos entierros rurales, las familias ricas contrataban a plañideras para que lloraran y proclamaran a grito pelado las virtudes del difunto, que ya se sabe que hasta el peor bicho pasa a ser bueno cuando se muere.

 

Por este singular oficio se conocerá a Garrovillas como el pueblo de los llorones, pero lo cierto es que no sólo existió aquí este singular trabajo, sino que también existieron lloronas en Hervás y Coria . Y si famosas fueron las lloronas de Garrovillas de Alconetar también lo fueron las plañideras de Guijo de Granadilla. Cuenta el investigador Félix Barroso que “todavía queda memoria en la gente mayor de las lloronas por Tierras de Granadilla, que, en el cortejo fúnebre, incluso se revolcaban por el suelo, dando enormes alaridos. Incluso cuentan que una de ellas, metida tan de lleno en su papel, se aferró al ataúd cuando lo metían en el “bochi” y cayó al hoy abrazada a él“. 

Angela la rezandera (Hoy)

En Casar de Cáceres para los ricos se hacían entierros de pan y cera, a los que iban cincuenta pobres con velas encendidas. A estos especiales acompañantes, según nos cuenta el historiador Jose María Domínguez Moreno, se les daba dos pesetas de propina. En este pueblo destacaba en los entierros la figura de la ofrendera. La típica mujer iba vestida con doce sayas superpuestas, dos pañuelos de merino colocados al pecho y una mantilla larga, y adornada con un rosario grande de madera. Su función era la de llevar a la iglesia cinco cirios alumbrando en una mano, así como una cesta con pan y una jarra de vino de misa en la otra. Y es que el oficio ha cambiado, pero no ha desaparecido. Las que antes eran lloronas ahora son rezanderas o rezandoras. Ángela Galán tiene 90 años y una gran sordera debido a su edad, pero hasta hace poco continuaba  rezando en Casar de Cáceres, donde además recitaba salmos, rezaba, encendía velas y hasta cuidaba de los trámites legales y los documentos del muerto en representación de sus parientes.

 En la iglesia de Nuestra Señora de Asunción, en Campanario, es donde Facunda Santiesteban ejerce de rezandera. Le molesta que la llamen plañidera, entre otras cosas porque ella no llora, y afirma  que tampoco cobra, y que lo que pagan los parientes por rezar a sus muertos se lo queda la parroquia. “La cuenta la lleva el cura”, me confiesa Facunda, quien me aclara que en los últimos tres meses ha rezado  a 13 difuntos. “A seis euros el difunto, 78 euros que dono a la iglesia”, afirma.

 

Y es que el oficio es vocacional. “Yo lo hago por vocación– me comenta- porque mi hermana murió con 45 años y a mí eso me marcó. Yo soy muy creyente. Rezo todos los días, y con devoción”. Ella, según me cuenta, es como los médicos, que tiene que estar siempre de guardia, “porque algún día estaba en el campo con la familia y me han avisado de que había un difunto y he tenido que volverme al pueblo”. Un auténtico servicio público.

 

Pero a diferencia de las profesionales del siglo pasado —que gemían a alto volumen y llegaban a rasgarse las ropas, golpearse el pecho y arrancase cabellos durante sus actuaciones en misas y funerales— las plañideras del siglo XXI son discretas y rezan en silencio, como lo hizo hasta hace poco, según me contaban en el pueblo, “La pestañita blanca”, la última rezandera de Garrovillas de Alconétar.

 

Y aunque existen empresas de plañideras que pueden llorarle a voces a su difunto o difunta, nos tememos que, con el tiempo, tiene todas las papeletas para  terminar desapareciendo. Y cuando llegue ese día… ¿Quién llorará a las plañideras?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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13 lugares donde pasar miedo en Extremadura
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Israel J. Espino | 31-10-2014 | 1:07| 6

  1. Cementerio de Aceitunilla (Angel Briz)

    La carretera de Aceitunilla 

     

Bebés monstruosos que gritan y berrean flotando en la noche, niños que atraviesan flotando la pared del cementerio, luces extrañas, demonios negros con ojos como ascuas… todo es posible en esta sinuosa carretera comarcal que une la alquería hurdana de Aceitunilla con el pueblo de Nuñomoral.  Imprenscindible acercarse de noche.

La casa del miedo de La Codosera (Angel Briz)

 2. La casa del miedo de La Codosera

Puertas que se abren solas, cántaros que se rompen, manos invisibles que abofetean a los incautos que se acercan … ahora la casa del miedo está abandonada y devorada por las zarzas, pero sus paredes pintadas y los esqueletos de animales que tapizan el suelo te avisan de que estás en La casa del Miedo.

El Teso, Cambroncino (Angel Briz)

 3. El Teso (Cambroncino)

Una sola calle de casas ruinosas en medio del monte. Un  lugar donde se hablaba de brujas en voz baja.  En lo alto, el pico de la Corderina, donde en 1920 destriparon en forma de cruz a Francisca Sanchez, una pastorcilla de 12 años. Le punzaron el cuello y se bebieron su sangre aún caliente.  De El Teso  hacia Rivera Oveja, el vado donde una misteriosa luz hizo enfermar de miedo a hombres hechos y derechos. Enfermar hasta morir. Morir de miedo.

La Diabla, Valverde de Leganés (Angel Briz)

 4.Valverde de Leganés

Buen sitio para pasar miedo, sobre todo si se acerca uno por San Bartolomé. Cuando la Diabla que permanece encerrada durante todo el año en la torre de la iglesia consigue librarse de sus cadenas y toma el pueblo con su legión de diablos. Si llaman esa noche a tu puerta, no abras…

El callejón del Miedo, en Alburquerque (Angel Briz)

 5. El callejón del Miedo (Alburquerque)

Con ese nombre no podía faltar en la lista. Allí fue donde el pobre de Jose Miguel Gemio se encontró de frente con los hábitos negros de la pantaruja una fría madrugada de diciembre del año 2005. Pero fueron más, muchos más, los se toparon con ella en ese invierno. Luego, tan misteriosamente como había aparecido, desapareció. Mientras, el callejón del miedo sigue dándolo.

Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz (Angel Briz)

 6.Hospital perpetuo Socorro  (Badajoz)

Monjas muertas que ofrecen medicinas, damas de negro que flotan por los pasillos, voces sin cuerpos, materializaciones extrañas… Más de veinte años de apariciones paranormales que parecen sucederse cada vez con más frecuencia. Como para caer malo.

Castillo de Arroyo de la Luz (Angel Briz)

 7.El castillo de Arroyo de la Luz

Indispensable para pasar miedo en las noches del tórrido verano extremeño.Las mejores películas de terror proyectadas sobre  las vetustas murallas de un castillo reutilizado como cementerio.  Para cinéfilos amantes de las emociones fuertes.

Convento San Juan de Dios, en Olivenza (Angel Briz)

 

 

Muertos y enterrados, manos invisibles que recorren las cortinas, fantasmas con ropas andrajosas que bajan antiguas escaleras , relojes que se paran siempre a la misma hora, susurros, voces, enfermos que no dejan de deambular, eternamente, por sus blancos pasillos, música que sale de no se sabe dónde, pianos que tocan solos, cánticos sin gargantas… la antigua escuela de arte no ganaba para sustos.

La Asamblea de Extremadura, antiguo hospital San Juan de Dios (Angel Briz)

 

9. La Asamblea de Extremadura

El antiguo hospital San Juan de Dios sigue conservado a algunos de sus antiguos moradores. No solo aparecieron enterramientos de varias épocas, sino que al parecer el presidente se sienta sobre la cripta de los antiguos frailes. Cafeteras que se encienden solas, ascensores que suben y bajan, misteriosas figuras que se asoman por las ventanas y presencias que se adivinan detrás de sus columnas de piedra. En la Asamblea de Extremadura hay fantasmas, y no solo de día…

Carantoña de Acehuche (Angel Briz)

 10.Las carantoñas (Acehuche)

Vale que la fiesta pagana se haya cristianizado, vale que sepamos que detrás hay humanos y vale que el valeroso San Sebastián termine domándolas,pero les aseguramos que encontrarse con los colmillos ensangrentados de una de estas fieras míticas en una mañana invernal de niebla impresiona al mas pintado. Y a los demás también

Convento de la Luz, en Brozas (Angel Briz)

  11. El convento de la Luz  (Brozas)

Cuando quedó en ruinas la gente del lugar ya sabía que no estaba deshabitado del todo, y cuando se convirtió en hotel de lujo fue vox populi que un monje fantasma recorría de noche sus estancias. Incluso un famoso rejoneador se lo encontró flotando una noche delante de su pasillo. Lo que el toro no le daba se lo dio el fraile: miedo.

Calle de la calavera, en Ahigal (Angel Briz)

 12.Ahigal

Quizás, el pueblo más encantado de Extremadura. Duendes que campan por los alrededores, lamias con patas de cabra, pájaros de la muerte, manos peludas que se arrastran sin cuerpo, pozos con encantos, prados encantados, animales mitológicos de los que se adoran las reliquias, brujas transformistas, polvos mágicos y fabulosos narradores. No les falta de nada. Hasta tienen una “calle de la calavera”. Como para perder la cabeza.

Las carreteras extremeñas pueden dar mucho miedo (Jimber)

 13. Carreteras fantasmales

El hombre alto y vestido de negro que continúa suicidándose en la curva de Mirabel, la dama blanca que aparece sentada en las noches de tormenta en la carretera que une Casar de Caceres y Arroyo de la Luz, la joven de la recta de la de la carretera Montehermoso-Pozuelo de Zarzón, la dama de rojo de Miajadas, la niña vestida de comunión que se acerca a los coches en la carretera de Peraleda de la Mata, o “La Portuguesa”, la mendiga ensangrentada que sigue pidiendo justicia en la antigua carretera nacional de Talavera la Real. Como para quedarte sin gasolina…

 

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Zajoriles: los druidas hurdanos
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Israel J. Espino | 20-10-2014 | 7:11| 6

Ilustración: Borja González Hoyos

Con el nombre de zajoriles son conocidos en las Hurdes altas aquellos hombres especiales dotados de extrañas facultades. Aunque el nombre, deformado por la pronunciación aspirada de la zona, proviene de la palabra zahorí, que es el aquel que tiene el poder de encontrar aguas subterráneas, estos hombres sabios no se limitan a esta acepción, sino que poseen poderes adivinatorios, producen fenómenos mágicos y tienen la virtud de curar con recetas secretas, e incluso algunos  poseen dones más sobrenaturales como el de conjurar las tormentas, la facultad de levitar o de curar con el aliento o la saliva (como los saludadores).

Empleaban sus poderes con fines benéficos y eran hombres sabios, respetados por la comunidad de cada alquería, que guardaban y transmitían la sabiduría popular hurdana. Se trataba de hombres buenos y justos que, a decir del antropólogo Flores del Manzano, ponían paz en pleitos y pendencias. Poseían amplios conocimientos sobre medicina popular, artesanía, tradición oral y costumbres hurdanas.

Las enfermedades eran combatidas con un recetario donde tan importantes eran los productos como la fase que tuviesen los astros y el lugar exacto en que fuesen arrancados de la tierra. Estos «pequeños milagros»,en los que actuaban otras fuerzas y energías además de las propias del elemento curativo, aportaban a los zajoriles un halo brujeril que era aceptado y venerado de buen grado en Las Hurdes.

Los zajoriles eran escuchados y respetados (Foto:Jimber)

Desde los primeros escritos sobre esta zona se habla de la casta de personas que instruían a sus semejantes, haciendo acopio de unos conocimientos desbordantes sobre todas las materias de la naturaleza y la vida. Corriendo por los afluentes de tres o cuatro familias, la sangre de los zahoriles fue renovándose hasta el siglo XX, cuando, a pesar de la masiva llegada de personas ajenas a la región, continuaron siendo más respetados que cualquier mandatario o sacerdote.

Buscadores de agua, de metales preciosos, médicos y veterinarios con el poder de sus manos y su intransferible recetario, archivos vivientes de las viejas y reales historias sobre los «seres imposibles», trovadores y poetas sin necesidad de haber aprendido las letras, echadores de responsos para provocar tormentas y cosechas, alejadores de plagas, administradores de ley y razón a falta de jueces y autoridades…, los zahoriles eran un importante epicentro de la vida social en las antiguas Hurdes”.

 Así los describe el periodista Iker Jimenez , quien afirma también que

“Ahora, como si los mejores tiempos no requiriesen de su presencia, han decidido marcharse en silencio hasta la «otra orilla». Aquella llena de ánimas y seres extraños que tan bien conocían. Los últimos nos dejaron hace bien poco, pero su recuerdo permanece en cada rincón de sus Hurdes”.

Y uno de ellos, quizás el más importante zajoril de la historia reciente, ha sido Eusebio Martín Domínguez, más conocido como “Tío Eusebio”, que nació y vivió en El Gasco, y murió un triste día de otoño de 1987.

Incluso Maurizio Catani, profesor de sociología en París, realizó uno de sus grandes trabajos sobre la figura del zahoril hurdano, para lo que  estuvo dos años viviendo junto a Tío Eusebio en la minúscula alquería de pizarras negras enclavada en Las Hurdes.

Pero aunque el último zajoril fue Tio Eusebio, otros quedan en la memoria de los hurdanos: Tío Alberto Azabal, de Pinofranqueado; Tío Anastasio Marcos Bravo, de Las Mestas; Tío Pedro Alejandrino Lemos, de Nuñomoral; Tío Santiago Guerrero, de Casares de Las Hurdes; Tío Moisés Crespo, de Martilandrán; o Tío Baldomero Duarte Velaz, de El Cerezal, o el Tío Tomás de Casar de Palomero.

Cuentan que el Tio Godencio quedó dueño de un pueblo... (Jimber)

 

Y aunque estos zajoriles son reales y recientes, aún hay otros que se pierden en los borrosos límites de las Hurdes legendarias, como el Tío Godencio.  Pedro Alonso Iglesias, de 63 años, vecino de la alquería de Asegur,  le contaba en agosto de 1996 al investigador Felix Barroso que antiguamente existía un pueblo entre Asegur y Nuñomoral que se llamaba La Rocasqueru, del que todavía se pueden ver los cimientos de las casas.

En una poza del río vivía una anguila, que salía de vez en cuando a las orillas para aparearse con un bastardo. La anguila se fue haciendo grande, ya pesaba unas cuantas libras, y de grande pasó a enorme, y como no sería de enorme que un mal día la cazaron los del pueblo y tuvieron para comer todos los vecinos.

Y como había para todos, todos comieron. Todos menos el viejo Tio Godencio, un sabio zajorí, que era sabio, además de por sus años,  porque  tenían una cruz  debajo de la lengua y había hablado en el vientre de su madre antes de que lo dieran a la luz, que es la gracias con la que nacen los sabios.

El tio Godencio, que para eso era sabio, les advirtió que no comieran de la anguila, pero el hambre es muy mala y hace a los oídos sordos, y al comer la anguila preñada de veneno del bastardo enfermaron y murieron todos los habitantes del pueblo.

Se quedó solo el zajorí; se quedó dueño y único heredero de todo el pueblo. Era viejito ya el hombre, y decidió ir a pedir asilo a  Nuñomoral. Pero allí todo el mundo le cerró las puertas, a pesar de ser un zajorí.

Entonces el hombre se dio media vuelta y cogió el camino de la Asegur, pero antes, cuando estaba en el lombu de la Cruz, donde se paraban a los difuntos cuando iban a enterrarlos al cementerio de Nuñomoral,   miró al cielo gris y dijo:

-Que una nubi de garrapatas caiga sobre esi puebru de Nuñumorá y que les chupi la sangri a los vecinus y a los ganaus.

Y así sucedió: cayó una nube de garrapatas que oscureció hasta la luz del día.

Cuando el hombre llegó a La Asegur lo trataron a cuerpo de rey. Y en agradecimiento les dejo a todos los vecinos  su pueblo de La Rocasqueru. Por eso todos los huertos y toda la parte de La Rocasqueru es propiedad de los vecinos de La Asegur.

Y por eso, dicen, a los de Nuñomoral todavía se les conoce con el nombre de “Garrapatas“.

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Sobre el autor Israel J. Espino
Periodista especializada en antropología Entre dioses y monstruos http://extremadurasecreta.com/

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